lunes, 6 de abril de 2009

Modular

A veces no es lo que uno dice, si no como lo dice. Me doy cuenta que lo que dije en aquella mañana de Lunes no fué lo que la hizo dejar de volver, sino la manera en que la miré para decírselo. Y no es que no la extrañe mucho, es que no estoy acostumbrado a caerme así... y el maldito orgullo me hizo que, una vez que bajaba la escalera de caracol rumbo a la calle, no saliera corriendo a abrazarla, sino que puse música muy fuerte y me puse a hacer aseo. El primer día me funcionó. Para el Miércoles, con amargura empecé a empacar sus cosas.

Entonces, mientras comía cereal en las mañanas y gelatina por las noches, empecé a ensayar las palabras exactas en las que reflejaría mis sentimientos. Intercalaba en "te extraño" y "te amo" palabras de reproche velado, de generosidad sentimental, y es que me interesaba dejarle en claro que estaba yo regalándole una oportunidad más. Suertuda. Pero no. No salí a buscarla y llegó el Viernes. Los Viernes, si mal no estaba, eran los días en que llegó a irse con su "amigo" Adrián desde hacía ya 5 meses... y yo no lo sabía, pues estaba engolosinado jugando a las escondidas, follando con otras y palomeando con los cuates. Eso pasaba y yo, arropado en mi cama, viendo la tv, me la imaginaba bailando, tomándose una cerveza, moviendo el culo al ritmo de una vulgar cumbia, me imaginaba su voz, modulando las palabras para pedir un acostón que, de una vez por todas, me mandara a chingar a mi madre con todo y el tono de magnanimidad que pensaba imprimirle a mi "ya pues, chingado, te quiero".

Estaba ya dormido cuando soñé que aquel Adrián, que nunca conocí, estaba dándole un tremendo cogidón. ¡Putazo! me paré en chinga y me vestí como un dandy, le marqué a su celular, y antes de que timbrase al menos una vez, corté la llamada. No, no tenía moduladas ni afinadas las palabras para que me abriera la puerta, menos aún las piernas... yo no quería charlar, sino llegar y avasallarla sexualmente... darle una de esas que tanto le gustan, que la hacen gemir a muerte y apretarse contra mi cuerpo, pero... no, no era hora.

Me fui, en cambio, a un bar en el que, sabía, ella iba junto con su grupito de amigas. ¡Ah, y el hijo de puta del Adrián!... Si, funcionó la seda y el perfume, la actitud y la mirada... entonces ensayé mi entonación y mi dicción, no fuese a perder el toque. Amanecí el Sábado todavía montando a Jessica. Tan pronto encontré pretexto, la subí a un taxi y adiós... pero no estaba listo para llamar a ese celular de nuevo. Desempaqué sus cosas, las acomodé primorosamente, cepillé su chamarra de cuero, mala idea ponerla junto con su toalla... acomodé las fotos en el espejo y reinstalé su cepillo de dientes en el baño... era cosa de que acomodara bien mis palabras, hacerla venir y al ver el despliegue de lindura, ya no querría irse a escondidas con nadie más. Pero no llamé.

Por la tarde, vino Arlem a verme. Le entregué sus trabajos terminados y el Domingo se fué, una vez que terminé de mitigar la soledad. Pensé en que, si estuviese haciendo una película con mis acciones diarias, no querría que ella la viera. Bueno... que nadie la viera, a decir verdad. Pasé el Domingo inventando historias fantásticas de como salí a hacer unos reportajes, de como me costó esquivar balas y cañones con el fin de sacar una fotografía... pero de nada sirvió porque menudearon las chelas y me quedé dormido temprano.

Empezó otra semana y justo cuando pensé que tenía finalmente mi discurso hecho, se me adelantó la casualidad y me la encontré en el centro de la ciudad. Ella, hermosa y segura de si misma... nada de tristeza, y eso modificó una vez más mi discurso, por lo que me escondí tras unos tipos formados fuera del banco. Se fue. Mi idea se fué también. El Martes vino el Gobernador, hubo rueda de prensa y con los colegas, se hizo la tertulia. Perdí la amistad de Pepe, pues ya al calor de los sones besuquee a su novia. Pepe se fué enojado, apenas dos tres intentos de darme un par de cachetadas marraneras. Su novia se fué conmigo... bueno, su ya-no-tan-novia.

Y llegó el Viernes de nuevo, y Alicia, la ex de Pepe, excitada por a novedad, pasaba la mirada cada que llegaba a acostarse conmigo, me empezó a preguntar por quién era la de la foto, de quien eran los converse rojos chiquitos... preguntas que evité guardando las cosas obvias en un cajón. No me funciona todavía el discurso ideal para hacer que Eréndira vuelva conmigo. La amo, de verdad que no me imagino la vida sin ella, sin su amor tibio, sin sus besos... pero ella cometió el error de querer cobrarse mis gandalladas de igual a igual y ahora... sé que me extraña y yo quiero pedirle perdón, pero no hallo las palabras correctas... mientras que eso pasa, Alicia dice que conoce un hotel con tina. Habrá que seguir ensayando.

7 comentarios:

Simple Poeta+ dijo...

buena historia (aplauso de 12 segundos puesto de pie) chido

Anónimo dijo...

Creo que las de ese nombre pecan de lo mismo.
Canallada por canallada.
A huevo!

Anónimo dijo...

Te quedo muy chido, el como nos debatimos en días y días por querer volver con alguien pero sin caer en el termino de rogarle....

El hijo de la chingada dijo...

A mi gusto, le faltó.

Nefesh Bleu dijo...

Fidelidad es hacerlo siempre con la misma mientras se piensa en otras. Lealtad es hacerlo con otras mientras se piensa en la misma.

Sé que quizá sea un lugar común lo que voy a decir, pero no estaría mal aderezar la lectura de este relato con la rola "Sin Embargo" del maestrazo Joaquín Sabina.

Enhorabuena.

Luis dijo...

De todo lo que has escrito, esto es, sin duda, lo que más me ha gustado, bién cabrón.

El Cha dijo...

bravo!! mientras yo sufro por una, me has dado catedra de lo que deberia estar haciendo, ademas de beber heroicamente (divertido al final de cuentas)...
un aplauso y mis respetos, buena historia.

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