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jueves, 6 de noviembre de 2008

Entre la Locura y Certeza, ya valió verga...



Estoy esperando que caiga la noche, sé que nos salvará, pues cuando todo está oscuro, respiramos fuera de la realidad, como en un lugar lóbrego y tranquilo.

Hay una estrella en el cielo que, junto al brillo de la luna, guía mi camino. Escucho ese sonido en la calma, sé que vendrás con tus pasos firmes a darme la fe y así dejaré de apretar mis manos nerviosamente, el miedo se esfumará por completo.

Cuando comencé a olvidar, el mundo pareció teñirse de ocre. Era como si los ángeles descendieran e inundaran la habitación final con un dulce sabor en el aire. Desperté de nuevo y, para mi sorpresa, con los ojos entreabiertos las cosas parecían mejores que antes.

Las palabras se tornan violentas, irrumpen con estruendo en este pequeño mundo. Me resultan dolorosas, me atraviesan. Mi dulce amigo, las balas no te harán daño. Ni siquiera los insultos, tampoco te dañarán como a mí las blasfemias lanzadas a mi Dios. Tus ojos optimistas resultaron un paraíso para alguien como yo. Seguí el camino del inocente, aunque sé con certeza que al decir inocente, debería decir ingenuo. Miénteme con convicción, hazme creer que hay algo cierto en esta parodia.

Sé que dijeron que eras inverosímil, que no podría seguirte concibiendo, mucho menos hacerte permanecer en el mundo. Yo muté, muté al mundo, lo hice apto a ti, le di nuevo color, lo moldeé. El precio incluyó habitaciones blancas y mangas largas atadas a mi dorso. Desaprobaciones, burlas y calumnias. Un par de vidas y muchas lagrimas.

Puede que mis crímenes parezcan atroces ahora mismo pero, ¿Cuál señor debería seguir entonces? Lo hice por amor, por fidelidad. El precio por mi libertad fue considerable, una vida a cambio de otra, la tuya. Una vida que no comprendieron jamás, te juzgaron sin verte, te culparon sin escucharte, te ignoraron y, a pesar de que siempre estás a mi lado, fui yo quien dio la cara por los ambos. No te reprocho, lo agradezco, sé que son tus pruebas, siempre supe que con ellas encontraría redención al final del túnel, a lado tuyo y con los demás elegidos. Los Ángeles del edén.
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En esta silla, estoy sentada por última vez frente a los espectadores, símbolo de un precio que no vislumbré antes, te veo ataviado, pensativo, tan transparente como siempre. Jamás comprenderé por qué sólo yo podía verte, me resultaste siempre tan real. Aún no me resigno a negar tu liturgia.

Se ha hecho tarde y el verdugo está preparando su golpe final. Siempre fui templada al dolor. Me consuela saber que, por lo menos esta vez, seremos homogéneos, esta última vez, volverás a verme sonreír, así como cuando te vi nacer desde el centro de mi cabeza, esa mañana de albores nuevos.

jueves, 30 de octubre de 2008

Asústame pa.....



Había anunciado desde el día anterior que se inmolaría en protesta por la violación y muerte de una pequeña la semana pasada. Desde las primeras horas de la mañana, la gente comenzó a aglomerarse frente a la plaza pública con un morbo exacerbado. El hombre, petulante, aunque no poco impresionado por la acogida de su lamentable anuncio, fue recibido en medio de una ovación y, sin pensarlo dos veces, se vació encima un galón de gasolina. Pero cuando se disponía a encender el fósforo fatídico, sintió un frío escozor en lo más recóndito de su ser y por primera vez vio el rictus sardónico de la muerte. Quiso arrepentirse e intentó escapar, pero ya era demasiado tarde. La multitud se había abalanzado tras él en un bombardeo de fósforos encendidos y trapos empapados de gas, y él cayó envuelto en llamas mirando con rabia la burla de aquel crepúsculo de rostros desdibujados contra un cielo que, de pronto, se tornó gris, muy gris... infinitamente gris.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Contra reloj ^^



Me acerqué despacito, sin hacer ruido para no molestarla. Levantó el rostro, me miró indiferente, y continuó sollozando con la cabeza inclinada sobre la mesa. El cuchillo, hábil entre sus dedos, se desahogaba despanzurrando los vegetales del almuerzo. Le dije que no llorara, pero su rostro se contrajo con fuerza detrás del torrente de lágrimas. Se llevó el revés de la mano a los ojos, y haciendo un esfuerzo me dijo con voz entrecortada, que ella trataba de ser fuerte pero que... que no podía soportarlo. Su hermosura empapada de lágrimas. Sus lindos ojos llorosos. Nunca he soportado ver llorar a una mujer, aunque no fuera yo el culpable. De pronto el rostro comenzó a congestionárseme y dos lágrimas gordas y desiguales se asomaron a mis ojos. Ella, al verme, me dijo, que era natural que yo también llorara. Y yo comprendía que era natural, pero lucíamos tan tristes y solos llorando los dos que le pedí, que por favor dejara de pelar esas cebollas.

jueves, 16 de octubre de 2008

Supernova



Soy como un gato que regresa de fuera, que regresa para hacerlo de nuevo, arrastrado por la lluvia. Sabes que volveré por más, atraída por un imán invisible, embelesada en un mordaz frenesí.

Lo entendemos fuera de nuestro alcance, como una ley oculta, la manzana que cae, el destino que llama, destino que sigo como un peón en la eterna tabla, jamás seguro de la mano maestra que le moverá. Camino ciegamente hacia delante, y el cielo está frente a mí; tu cielo llama mi atención.

Bebo del río que fluye, sucumbo ante el que todo lo sabe, le alcanzo. Me estoy quemando, destrozando en una supernova, y siento las sogas sobre mí, convirtiéndose en algo parecido al amor. Soy como la polilla abrasada por la luz, me quedare aquí y me quemaré cada día y todas las noches, pues soy también el sol que ilumina la línea del fondo, línea que tú sigues, estando dentro de mí.

Y sólo siendo quien soy, cuando tú estás adentro; solamente así, soy mejor que tú. Y permanecemos sublimes en el cosmos sabiendo que somos uno solo.

jueves, 9 de octubre de 2008

Designios


Una ves más estaba en prisión, pero esta vez no era mas una visita, llego ahí porque descubrió que el diablo tenia rostro de mujer, una vez mas. Esa mañana era calida como el verano en la playa, no podía sospechar nada del designio que le deparaba mientras entraba a su celda entre el barullo que ahogado en su inconciente hacia no menos eco que una risilla en un bosque. Le había pedido tiempo antes de rodillas que se llevara el miedo, que perdonara todos sus actos deliberados. Había esperado suficiente desde que su cuerpo comenzó a consumirse por la ansiedad, un cambio en los planes habría arruinado el viaje. La deseaba desde que la vio, no le podía dibujar como menos que un cielo de enmarcados ojos negros y cintura de sirena. Ella jamás le miraba, estaba lo suficiente satisfecha con caminar por los portales después de tomar un americano para detenerse a considerar a su paso un extraño más. Día a día encontraba en su camino la ambigüedad con el sendero de ella, siempre, cada día posada con arrogancia y en sus manos un cigarro y algún libro en los portales del café, menester obligatorio para el observarle reír cuando bromeaba con el mesero amigo suyo. Con los días los celos fueron reclamando espacio en su cabeza sin que jamás flaqueara su aplomo. Ese cuerpo de rollizas y esbeltas proporciones tenía que ser el manjar próximo en el menú. El estaba inmerso en algún pensamiento, cuando recordó que sobre el escritorio en su apartamento había olvidado la cordura, al verla pasar a su lado rozando su mano, pudo darse cuenta cuando ella reparo dos segundos su mirada sobre el, su corazón enfureció. El tren estaba a punto de partir y ambos abordaron con la despreocupación en sus rostros. La siguió hasta el último compartimiento del vagón y se sentó en la cabina frente a ella sin dejar de mirar sus piernas firmes relamiéndose el labio superior. Era una tremenda coincidencia que se dirigiesen al mismo lugar esa mañana de sábado, pero el ya conocía hacia dos semanas el destino del viaje. Pasaron solamente diez minutos cuando se deslizo hacia la cabina de ella para preguntar su nombre. Ella con los ojos fijos en el paisaje neblinoso contesto secamente, Dafne. Un momento sintió la frialdad de sus palabras lastimando su apremio. Era su momento advenedizo cuando la invito al siguiente vagón a tomar café. En una mañana fría difícilmente podría negarse a un humeante café. Faltando solo una mitad de hora para el destino, le contemplaba impasible recostada sobre sus muslos mientras aprisionaba sus senos con ambas manos, mientras a ella el invierno comenzaba a endurecerle el cuerpo. Estaba ansioso por llegar a la cabaña que había alquilado al planear el viaje, tenia que llevarla a pesar de que inerte ya no era tan rosada como cuando sus ojos veían el agreste sol asomar. Le llevaba en brazos al salir de la estación, nadie estaba extrañado, una mujer tan placidamente dormida en los brazos de un hombre de rostro franco, era lo mas romántico que muchos de ellos habían visto, pero nadie se cercioro de que las cosas marchaban al compás inexistente de un corazón cómplice de un apócrifo respirar. Era medio día cuando ampuloso comenzó a cortar sus ropas con un cuchillo de doble filo hasta dejarla en nada más que su piel. Acaricio con abrasante desesperación todo el cuerpo y se volvió absorto cada segundo al sabor de la humedad entre sus piernas. No había nada mas extasiante para el que la apatía en ella; tomo el cuchillo e hizo el primer corte en su muslo derecho, colocando en el cesto de mimbre los grandes trozos que con toda destreza arrebataba de su carne. Una vez desnudos los huesos de ambos muslos, se decidió por cercenar las nalgas haciendo un corte profundo y tajante. Desnuda hasta los huesos ausente de figura, le guardo en un cofre de caoba con hilitos plateados. Prueba que mas tarde yo misma pondría en la situación adecuada para encarcelarle. Esa noche el banquete era excepcional, resulto ser la mas jugosa y dulce carne que había comido desde que descubrió su abominable deseo por digerir los corderos humanos que le brindaba la tierra de sus semejantes, no le bastaba una unión carnal, era completamente una saciedad espiritual hacer parte de su cuerpo a su nueva amada devorándola. El viaje le resulto enternecedor, no cambiaria nada en la circunstancias, estaba satisfecho al no solo creer ferviente que ahora eran uno solo, sino que lo creyo desde el momento en que veía sus pedazos freír en la sartén. Era la única forma de atrapar el alma de Daphne, no concebía hacerla suya de otra manera, solo así permanecerían juntos para siempre, cuerpos de analogías interminables. Hacia el recuento de su última obsesión y eterno amor en horas de almuerzo, ataba a la viga principal de su celda la soga cómplice del desenlace mortal que yo permití. Sin tiempo mas tarde estábamos en el juicio, era Yo juez, el irrevocable y único juez. Juez de cielo e infierno. -Este hombre merecía ser condenado-, me lo decían incesantes los concejales de la Justicia Divina. No condenaría un hombre fiel a sus designios, mas sin embargo tenia presente aun a la dulce Daphne, a la que nada le esperaba una vida llena de vació. No, no merecía ser cegada de esa manera. No debió disponer de esa forma, cualquier vida en sus manos un hombre, por muy franco que fuera su rostro, no había en el nada cercano a la omnipotencia. Respete hasta la ultima instancia el libre albedrío, pero ahora era mi decisión la que todos tendrían que dar por sentada, este hombre me era agradable con una sonrisa de alivio y la creencia infalible de que su amada estaría la eternidad unida a el. No podría yo destruir una fe ciega, la fe ciega es injustificable e irrevocable, la única unión sostenida entre la divinidad y los hombres. Simplemente tome mi decisión. Una soleada mañana de lunes, en cuerpo nuevo y resplandeciente; un niño de ojos agudos y apetito mordaz estaba de nuevo sentado en el columpio de una cabaña sacudida dos semanas antes por el invierno crudo. Si, otra vez esta en la tierra, mi nuevo emisario de Fe Ciega, por que sencillamente, vivir contemplado las parodias mortales, es la entrada gratuita al paso del tiempo. Esta vez haré que coma entero un país, solo para quemar en él, unos años de la eternidad que me queda. Y entonces, desperté esta mañana de jueves.
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