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domingo, 24 de enero de 2010

Dx-Rx



Tomo las precauciones necesarias, que a éstas alturas son patada de ahogado. He barrido la casa y lavado los pisos con el más potente desinfectante.
Consumo altas dosis diarias de vitamina C y procuro mantenerme alejada de los cambios bruscos de temperatura. Me he puesto tantos ungüentos de eucalipto que parezco una lata humana de VapoRub. Ya no sólo sigo los tres pasos básicos que recomienda el frasquito, sino que he optado por sustituir mi crema hidratante por el alcanfor. Por ahí me dijeron que hasta se borran las estrías.

A la sombra me da frío, en el sol, sudo copiosamente, mientras tanto tengo la boca seca y mis ojos lagrimean alternadamente, como esos hologramas religiosos que tanto le gustan a Rosalinda.

La nariz se me ésta cayendo a pedazos. He usado todas las marcas de pañuelos desechables, desde el pachoncito, con aloe y no sé cuanta mamada, pero la resequedad en mis fosas nasales continúa; alguien me recomendó usar pañuelos de tela, sí, a la vieja usanza, pero mis fluidos nasales son tan potentes que han terminado por desgarrar las delicadas prendas.

Sí, todo lo que me recomiendan es seguido a cabalidad. Té de canela, dos rodajas de cebolla, un ajo y un limón cuya cáscara se debe marcar con una cruz. Nada. Miel con leche y dos desenfrioles. Nada. Media bolsa de bombones rositas disueltos en leche semidescremada hirviendo. Nada. En cambio tuve una diarrea atroz que para suerte de males aun conservo como una ligera incomodidad, como una peca rosada en medio de la mejilla.

Examen de AH1N1, TB, VIH, he pasado por más pruebas que un condón en control de calidad. Nada. Nadie sabe que origina esta enfermedad.

Soportaría estoicamente esto de no ser por el maldito martilleo en la cabeza, un dolor insoportable que amenaza con desaparecer justo cuando me he acostumbrado a ello. De pronto, el pinche vecino cabrón de enfrente pone a todo volumen a sus ídolos del flow.

-Bájale a tu ruidajo mocoso o cuando me recupere te voy a partir la madre

-Pinche doña, amargada que no sabe quien es Wisin & Yandel.

-Doña tu jefita, a mi háblame de tú y ya te dije cuando se me quite esta gripa te voy a partir la madre.

Han pasado semanas desde que proferí tal amenaza. Del reggaeton ya no me acuerdo, o bueno sí pero ya no me molesta tanto, mis oídos se han reventado y el único sonido que detecto es esta gripa gritando : “Aquí estaré un rato más”.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Los libros que cambiaron mi vida



Yo crecí entre libros, lo digo sin pretensiones y con un leve enfado.

Sí, mi padre lejos de ser un bouquiniste respetado, desde que abandonó sus estudios universitarios tuvo que vender libros y enciclopedias para mantener a su estirpe.

Siempre fui muy apegada a mi padre, así que los recuerdos de mi infancia oscilan entre sábados lluviosos etiquetando ediciones carísimas y las paellas de Santa Rosalía en Eje Central después de ayudarle a verter los reportes de ventas en una IBM más vieja que la Atlantis.

Mi padre trabajó para muchas editoriales, Bruguera, Espasa Calpe, Océano, Marín, Alfaguara, Anagrama, FCE y por último Atrium de la que nunca más se supo nada.

Sobra decir que en mi casa había más libros que inmobiliario, los ejemplares amarillentos se apilaban a lo largo de la vivienda: debajo de la cama; sobre la mesa y bajo ella para nivelar una pata; en la cuna de mi hermana; en la sala; sobre la barra de la cocina; pero donde nunca nunca había era en el baño, pese al grandísimo placer de cagar y leer un entretenidísimo tomo.

Para mi padre había cierta mística en los libros, “los libros no se rayan”, “los libros no se prestan”, “los libros no se recortan”, y yo debía creerle, después de todo “los libros me daban de comer”.

¿Y éste de que se trata?— le preguntaba a mi papá cada viernes cuando llegaba con un libro nuevo, así obtuve por respuesta, “es Cosmos, de Carl Sagan”, “El símbolo en el niño, de Piaget”, “Trópico de Cáncer”, “Las cartas de Ayahuasca”, “Epistemología Neuronal”, “Poesía rebelde Latinoamericana II”, “Lotus 1, 2, 3”. Los títulos eran tan dispares y se acumulaban sin orden en casa que con empeño me gustaría pensar que hasta el Necronomicon se hallaba perdido en algún rincón.

“Velos bien Tania, son el único legado que voy a dejarte cuando me vaya”— le gustaba decir a mi padre, señalando hacia todas las direcciones donde hubiera libreros.

Con empeño quise leer tanto como me fuera posible, aunque tuve un desafortunado comienzo, por meses rumié el Capital el cual nunca pude pasar más allá de la Introducción, hasta que lo encerré en el cuarto de artículos inservibles de donde nunca debí sacarlo.

Fui de las desafortunadas niñas que en lugar de la Barbie astronauta, azafata, maestra o supercabello, tuvieron por regalo la colección más lujosa del Códice de Borgia. Para desgracia de mi nula popularidad, mis cumpleaños eran celebrados en las múltiples ediciones de la Feria Infantil y Juvenil del Libro, a donde acudíamos religiosamente y sin posibilidad de soplarle a las velitas.

En la escuela siempre fui objeto de burla, me decían desde “Pitufa Filosofa”, “Hija de Gutenberg”, hasta “Zuly- Brito”, para convertir en gramema mi apellido y hacer más desdichada mi existencia. Sin embargo, siempre fui respetuosa del destino que me tocó vivir, nunca renegué de los libros y lo poco útiles que me serían en un país como este, obedecía con diligencia las especificaciones de mi padre.

Pero cuando el muy cabrón nos abandonó en 1994, para irse a vivir a Cuba y pelear por una Revolución que sólo sobrevivía en los afiches, decidí olvidarme de todos los rituales, junté los libros que me heredó, algunos los subrayé, hice anotaciones y dibujos de zombies follando, recorté fotografías e ilustraciones y con el dinero que obtuve de vender el resto, baratísimos, muy por debajo de lo que costaron, me compré una Barbie y una televisión, después de todo “los bienes son para resolver los males”, y eso también me lo enseñó mi padre.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Se le olvidó vivir



Mi abuelo paterno murió el 4 de abril de 2007, justo después de rasurarse, frente a un espejo despostillado. Tenía 97 años de edad, los pocos documentos que tenía así lo indicaban.

Mi abuelo quedó huérfano durante la Revolución, unos jesuitas lo recogieron y le pusieron el nombre más católico que encontraron, Jesús de la Cruz, pero, si en el nombre los religiosos no se esforzaron tanto, su fecha de nacimiento fue un verdadero guiño a la simpleza, 1 de enero de 1910.

Cada año, desde que mis padres se divorciaron, mis hermanos y yo nos echábamos un volado para decidir en que casa nos pasaríamos la Navidad y el Año Nuevo, no sé porque razón la Nochebuena siempre era en cancha de los Brito y el aburridísimo Año Nuevo con mi abuelo “Chucho”.

Mientras todos en sus casas hacían la cuenta regresiva, tragaban uvas y se ponían calzones rojos, nosotros cantábamos la Mañanitas y le repetíamos con calma a mi abuelo nuestros nombres.

-No abuelo, no soy tu hijo, soy tu nieto y me llamo Alejandro.

-No abuelo, ya no tienes que ir a trabajar, en primera porque es Año Nuevo, tu cumpleaños y porque te jubilaste hace más de 30 años.

Mi abuelo no entendía su condición, y francamente nosotros tampoco, el tema se evitaba, quizá pensábamos que si no se mencionaba, pronto, hasta la misma enfermedad olvidaría seguir apoderándose de mi abuelo.


Vivir con él era lo más parecido a sentirte atrapado dentro de un video VHS que se rebobina una y otra vez, cada vez más deteriorado, cada vez más borroso. Justo cuando se levantaba de la mesa volvía a sentarse argumentando que tenía un hambre feroz ya que desde el desayuno no había probado bocado.


Cierta ocasión mi abuelo tomó las llaves, su gabardina y un paraguas, salió a la calle y se perdió. Mi padre y sus hermanos en la desesperación total se echaban unos a otros la culpa por el descuido. Unos vecinos encontraron a don Chucho en la colonia de enfrente, totalmente ensopado por la lluvia y el rostro aterrado.

No recordaba quien era. Ni su nombre, ni dirección, ni a ninguno de sus hijos que insistían en llevar adentro de la casa para que se secara, lo que sí recordaba era que tenía que recoger a mi abuela a su trabajo, una fábrica de medias que se había ido a pique en 1962. Por aquel entonces mi abuela también estaba en la decadencia, no pasó mucho tiempo para que muriera de cirrosis, sí era alcohólica y muy probablemente una mujer atormentada.

Pero volvamos a mi abuelo, ese día, después de que un médico lo revisara ya no se pudo esconder lo que era evidente. Tenía Alzheimer y el matasanos nos preparó para lo siguiente: “poco a poco se olvidara de todo, incluso de vivir”.

Mi familia en un intento por evitar la muerte de mi abuelo nos esforzamos en mantener vigentes sus recuerdos, comenzamos por grabar todo, lo convertimos en un testigo omnisciente de lo que ocurría a su alrededor. Tapizamos su casa con post-it y cartelones con instructivos de uso hasta para las tareas más simples, hicimos que todos usaran un ridículo gafete con nombres y parentesco. En fin, decidíamos que debía recordar y que no.

En la nueva vida que le inventamos a mi abuelo no hubo infidelidades, ni despidos, ni terremotos del 85, una vida de la cual sentirse tan orgulloso que fuera muy fácil aferrarse a ella.

Pero todo por servir se acaba, y mi abuelo cansado de vivir una vida que no era suya se dirigió hacia mi hermano y a mí, nos persignó, dijo que iría a recoger a mi abuela, se metió al baño y se rasuró.

Lo que sucedió después, todo mundo lo sabe.

Mi abuelo paterno murió el 4 de abril de 2007, justo después de rasurarse, frente a un espejo despostillado, con un agujero en la sien por donde se le escaparon los últimos recuerdos de una vida que ya no sabía si había llegado a vivir.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Impulroca, una colonia rasposa


Parte de mi infancia transcurrió en una de las colonias más ordinarias del Estado de Mexico. Aunque a tres calles de mi casa ya era Distrito Federal, los que ahí vivíamos nos negabamos a ser incluidos en el término de chilangos. Pobres ilusos.

Impulsora Popula Avícola era el ostentoso nombre registrado en las oficinas de Catastro, sin embargo, de avícola sólo tenía el nombre, en cambio lo de popular le venía de perlas, de eso me di cuenta cuando los fraccionamientos aledaños comenzaron a cercar y colocar puertas metálicas para dosificar la entrada o paso de los que vivíamos en la "Impulroca".

Nadie quería intimar con nosotros, los populacheros y nacos colonos de la Impulroca.
Es por eso que los de Bosques , Valle, Prados y Plazas Aragon nunca admitían que conseguían mejores precios y productos en el apestoso mercado y tianguis de la colonia. Polvosa hasta decir basta, orgullosa locación de cuatro películas del consagrado actor Alberto Ballesteros. Referencia obligada de ufólogos desde que un aparato metálico cayó pocos minutos antes del eclipse total de Sol el 11 de julio de 1991. Célebre por varias explosiones en bodegas de fibra de vidrio, salió varias veces en Primer Impacto como nota principal de los hermanos Brenan.

U
n sitio muy pintoresco, sobre todo si tenemos en cuenta que los primeros habitantes eran personas como doña Ofelia, mi abuela, quien en una partida de canasta ganó un pequeño terreno en la essquina de Hacienda de Solis y La Noria. Como le parecieron pocos los metros cuadrados donde construyó su primer local, adquirió casi la totalidad de la manzana con la que hizo jugosos negocios por concepto de compraventa.

Mi santa abuela, cuya obesidad prematura no le impedía calzar tacones altos y utilizar entallados vestidos hasta la rodilla, fue la primera en llamar Impulroca a la colonia , como las calles eran de tierra, incitó a los vecinos a pavimentar en breve aunque fuera con cemento y piedras, de ahí que las vialidades quedaran boludas y con ese aspecto de piedra pomex, es por eso también, que justo la esquina de mi casa tuviera una falla estructural en el asfalto provocando cerca de 358.7 accidentes fatales en solo seis años.

Cuando había un choque, a mis primos y a mi nos encantaba treparnos a la zotehuela y desde ahí contemplar el amasijo de carne y pelos prensado entre el volante y el asiento del conductor. En cierta ocasion pudimos adelantarnos al suceso funesto y ver con absoluta excitación como un chimeco (ineficientisimo y peligroso medio de transporte por antonomasia) arrolló a una familia completa (padre, madre, hijo y bolsa del mandado) dejando visceras expuestas y el zaguán de un vecino de enfrente totalmente sumido.

Pero no solo me gustaban los choques, también disfrutaba contemplar el desfile aéreo cada 16 de septiembre, con la cabeza echada hacia atrás y una sonrisa idiota y babeante imaginaba que esos F-150 dejaban caer bombas sobre la torre Latino o el edificio de la SRE que se percibían a lo lejos, muy apenitas por encima de las parabólicas del fraccionamiento Bosques de Aragón, en mi casa no teníamos parabólica como era de suponerse, teníamos una antena larguísima de aluminio que en más de una ocasión atrajo algún rayo desperdigado en el frío de una tormenta eléctrica.

Cada 27 de noviembre se celebraba la fiesta de la iglesia, curiosamente ostentaba un nombre por la mañana, Iglesia de la Medalla Milagrosa , y por la tarde, Iglesia Vespertina de la Santa Reencarnacion Dolorosa, el número de adeptos en uno y otro horario variaba considerablemente, y era de esperarse teniendo en cuenta la carga semántica que cada un6 ofrecía al mercado de almas.

Era un fiestonón en grande, una prueba más de lo absurdo que la palabra ahorro devenga en los católicos. Había puestos de comida grasosa a reventar; alcohol suficiente para cauterizar a media trinchera de la primera guerra mundial; juegos mecánicos cuya estructura oxidada no impedía que el más precavido se subiera en ellos hasta vomitar, o hasta que el transformador tronara en chispas multicolor justo en el momento en el que la Krakatoa Turbo Max estuviera en el punto más alto de su parábola convirtiendo ese momento de diversión asegurada en tu boleto de tres pesos, los segundos más aterradores de tu vida; el apagón era típico, si no había uno no se podía decir con seguridad que hubiera habido pachanga.

Era este momento, cuando el sacerdote de la parroquia, aprovechaba para dar la señal y quemar cerca de una tonelada de cohetes y castillo pirotécnico incluido. Los fuegos artificiales se prohibieron años más tarde cuando en pleno transe extático el padrecito en cuestión, queriendo emular a San Nemesio se arrojó al fuego purificador de los buscapies. Lejos de conseguir la canonización, se ganó las mentadas de madre y rechifla de la prole que ni su investidura y las quemaduras de segundo y tercer grado en el 58 % de su cuerpo pudieron evitar.

Como orgullosos impulsorenses, la mayoría de los que ahí vivían gustaba de ponerle Impulsora a sus comercios, sin embargo, el pleito comenzó cuando en lugar de una Farmacia Impulsora había tres, dos tortillerías, tres recauderías, cinco fondas, dos molinos, 17 tiendas de abarrotes, ocho dulcerías, cuatro neverías y dos dispensarios médicos, todos con el nombre Impulsora, hasta que a falta de entendimiento y poca disposición por cambiarle el registro a los locales, se comenzaron a enumerar y rotular Impulsora I, II, III, fue así que aprendí a los numeros romanos.

Una colonia que mal o bien sobrevivía gracias a los que ahí vivían, sin mayores desgracias de la que pudiera tener un pueblo chico, pero como en todos lados, las cosas cambian. Fue en 1996 cuando, a pesar de la objeción de los vecinos, se abrió el primer antro de la colonia: Bar La Rasposa, llamado así por una bebida aguardientosa que poco a poco ganó adeptos entre los colonos. Pasaron de ser rasposos a raspados.

De ahi pa'l real, todo fue en declive, la Impulroca dejó su tan bien ganado sitio como lugar populachero para convertirse en templo de perdición y lugar de origen de la "rasposa", bebida 100% embriagante y según mi abuela Ofelia, la causante de todos los males que ahora afligen a la colonia.

domingo, 11 de octubre de 2009

Anónimo, sólo cuando no hay tiempo

Los últimos tres años trabajé en un periódico cuyo éxito dependía de la equilibrada combinación de nota roja, denuncia ciudadana y un par de tetas suculentas en la página central.
Con devoción edité cada portada, 16 caracteres debidamente colocados para aumentar las ventas y competir con publicaciones más serias. Y cosas por el estilo. Me devané los sesos para no repetir los encabezados durante los 107 días más violentos que me hayan tocado vivir en Tijuana.

En una ciudad como esta donde se le da más importancia a los grandes operativos policiacos, a las disparatadas líneas de investigación criminal, a las declaraciones de nuestras falstaffianas autoridades de seguridad pública, la víctima del delito común no tiene cabida, ese lugar de lujo en los rezos del Arzobispo, está reservado a los magnates secuestrables a los que pueden pagar una portada trágica con lágrima a cuadro. Sin embargo, en más de una ocasión estos eventos escasearon y tuve que echar mano de los “malandros” locales o las víctimas de robo y violencia domestica para llenar con 180 palabras las páginas de las breves policiacas, sacarlos del anonimato.

Cuando había oportunidad recorría el lugar del crimen, con un poco de suerte podría encontrar a varios testigos señalándome con santo y seña la forma en la que ocurrió todo. De pronto esas 180 palabras se convertían en un dossier con todo y biografía del delincuente en turno. Esto llevaba horas, incluso días, pero no importaba, para mi había tiempo de sobra. Incluso le robaba horas a mi descanso.

Antes del otoño de 2008, cada uno de los muertos que "ilustraban" mi primera plana tenían nombre y apellido, aún cuando no tuvieran ID y las indagatorias de los peritos los remitieran a una pila de casos sin resolver, me gustaba inventarles una vida, hacer un breve repaso por lo que hubiera sido su última jornada. ¿Habrán sabido que ese día no volverían sanos y salvos a casa?

Evidentemente este vulgar ejercicio de subjetividad obedecía a un profundo y doloroso sentimiento de culpabilidad, por una parte era mi chamba y adoraba hacerlo, pero por otra, maquilar notas de ejecutados y torturados casi de forma industrial inquietaba mis breves horas de sueño. Pero ya no.

La cantidad de asesinados y delincuentes comunes se disparó exponencialmente. Tratar de recabar historias no solo se convirtió en una tarea difícil de ejecutar, sino peligrosa, cualquier pregunta sobre lo sucedido levantaba sospechas aun entre el vecino más confiado. Dejé de buscarle tres pies al gato, y cuando la cifra de muertos llegó a 600 de plano me di por vencida. De ahí pa´l real, todos los sustantivos de la nota roja fueron sustituidos por el impersonal anonimato y desde entonces, aunque no lo crean duermo mejor.

domingo, 27 de septiembre de 2009

El lado más salvaje de la vida


Hay sucesos en la vida que te cruzan la calle hacia un punto de no retorno. Llámenle madurar, llámenle envejecer, pero lo cierto es que es imposible volver a ser el mismo una vez que caminas por el lado más salvaje de la vida.

Recuerdo a Manolo, uno de mis mejores amigos, drogarse religiosamente los domingos. Durante muchos años trabajo en un cine, encargado de las salas de proyección, disfrutaba ser el censor de las escenas eróticas, cortaba de cada una de ellas los frames exactos para reproducir después, en su casa, una secuencia a su antojo. Con sus ahorros pudo comprarse un auto color huevo que siempre soñó, para ello tuvo que dejar de visitar el Cacahuate' s Bar y racionar sus dosis de "vidrio soplado". Nunca pagaba un motel, prefería la incomodidad del asiento trasero, las cuevas cercanas al malecón o la cama de su madre usufructuada a escondidas.

Siempre con deudas, la vena y el ojo púrpura por tanto inyectarse mientras leía. Es el único que sin inmutarse, me dijo que se masturbaba pensando en todas las mujeres de su vida. Yo lo amaba y admiraba realmente. En fin, él siempre caminaba por el lado más salvaje de la vida.

Tenía un par de años sin verle, hasta este domingo. A diferencia del Manolo entrañable que hace diez años vi por primera vez, este me resultó desconocido. Mudó su empleo en el cine por el de burócrata en una dependencia. Su ovotransporte, por una camioneta familiar con seguros para niños. Cambió a Michi Panero por Savater. Dejó de ir al Cacahuate' s Bar definitivamente y ahora tenía en su cartera membresías para Sea World.


Al despedirnos, consciente de mi mirada atónita, me dio un beso y susurró en mi oído: -No te equivoques, yo sigo caminando por el lado más salvaje de la vida, esta vez fuiste tú la que cambió de acera.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Una nariz grande, siempre es una nariz fálica

Tengo una nariz grande, bulbosa, sin exagerar puedo afirmar que mi nariz es la más enorme que jamás podrán ver sobre la tierra, tan grande que al verme de perfil es imposible no imaginar que algo sorprendente ocurrirá al final de trayecto que se debe dar para poder rodearme.

Una nariz grande, siempre es una nariz fálica, quizá por eso muchas de mis amigas se conforman con alguien de nariz grande y pito pequeño.

Como es de imaginarse, mi aparato olfativo también multiplica la percepción que tengo de los olores, de todos y cada uno de los que pueden reproducirse sobre la tierra. Me pregunto si las personas de ojos grandes pueden ver más que las que los tienen pequeños.

Puedo decir que soy una persona privilegiada, pero rastrear aromas no siempre ha sido una bendición, sobre todo en la secundaria cuando tuve que chutarme la mezcolanza de humores de 50 adolescentes distintos, los días que íbamos a educación física eran los peores, pero no solo por aquellos a los que el desodorante estaba ausente en su diccionario personal, sino por las 23 adolescentes menstruantes que inundaban con ese aroma dulzón el reducido salón de clases.

Las feromonas latentes en el ambiente me hacían enamorarme de cualquiera que se me pusiera enfrente, de cualquiera repito, evidentemente las decepciones amorosas también fueron lugar común en ese momento de mi vida, hasta que aprendí a masturbarme y ser feliz con ello.

Otro sufrimiento se había convertido el ir en metro sobre todo en la línea 1 a las horas pico, pero nada era tan terrible como el imaginar que algún día mi capacidad olfativa se perdería o normalizara. Pensaba en lo frustrante que sería la vida de un anósmico, desquiciado por no ser comprendido sobre todo en educación parvularia al aferrarse al hecho de tener solo cuatro sentidos y no cinco como la gente "normal".

Algunas veces despierto ensopada en sudor, la pesadilla recurrente es que por alguna razón pierdo mi nariz, no solo el olfato, sino mi nariz, entonces compruebo rápidamente que mi "nona" como le llamo de cariño sigue ahí, pegada a mi rostro inamovible, majestuosa como la esfinge de Egipto.

A pesar de lo grande que puede ser, evito en la medida de lo posible, snifar coca o inhalar cualquier otra cosa que pudiera ponerla en riesgo.

Con el tiempo aprendí a modular mi excitación ante un aroma nuevo, ante el descubrimiento que supone la experiencia de reconocer un olor familiar, aprehenderlo y hacerlo mío, traer del pasado un recuerdo y sentirlo tan presente que a veces me vuelvo loca definiendo que es real y que es evocado.

Es una lástima que muchas personas no reparen en la existencia de su nariz y su sentido del olfato, hasta que un hedor despreciable o un aroma les remueve las entrañas, hasta que un olor les da un golpe de conciencia a veces tan duro que es difícil reponerse. Es por eso que ahora más que nunca ese maldito olor de tu sexo, viene a mí desde tu ausencia, impregna cada una de las cosas que hay en esta habitación y me impide olvidarte de una puta vez.

domingo, 23 de agosto de 2009



Eran más de las cuatro de la mañana cuando un ruido proveniente de la cocina nos despertó. Mi departamento era pequeño, te lo advertí, sin embargo insististe en venir a vivir conmigo. Cruzamos el estrecho pasillo y ahí, sobre la barra estaba un diminuto ratón, mi primer impulso fue gritar, pero como si adivinaras mi intención, llevaste rápidamente tu enorme mano a mi boca y con un golpe seco acallaste cualquier sílaba de terror que pudiera emitir.

— ¡Shhh!, no ves que se van a despertar los niños.— cielos, casi lo olvidaba, tus dos pequeños hijos se encontraban durmiendo plácidamente, el más chico, sobre el sofá reclinable, ese que tiene un hueco especial para poner las cervezas, y el más grande sobre el restirador que te regaló mi padre. Pobre viejo, vive engañado pensando que eres arquitecto. Ninguno de tus retoños despertó, si acaso un leve movimiento sugirió que se acurrucaban pensando en las tetas de su madre. Es tarde— me dijiste — mañana compraremos veneno para matarlo y sanseacabó.

Estuve de acuerdo contigo en que pronto amanecería, pero de ninguna manera permitiría que el roedor muriera con las tripas desecadas por algún toxico, escondido en algún lugar de mi departamento. Imaginé que su lecho de muerte pudiera ser el cajón de la ropa interior de tus hermanas y me escandalicé. No permitiría que una bola de pelos quedara tiesa sobre las tangas y finos encajes que les regalé. Tienen 10 y 12 años — me dijiste — no creo que a mis hermanas les importe, es más, ni siquiera se van a enterar. Me tranquilicé cuando dijiste que todos los días revisarías los cajones y te cerciorarías de que el ratón no muriese en el olvido.

El veneno no funcionó terminó engulléndose dos paquetes enteros y cada vez había más mierda por todos lados, una mierda azul y gris que, advertían las instrucciones del empaque, significaban que el final estaría cerca. Pero el final no llegó, lo bueno es que tus hijos se divertían jugando a Hansel y Gretel y yo simulaba ser la bruja hasta que tu ex esposa llegaba, preparaba la cena, barría los rastros de mierda ratonil y se iba. Tu ex mujer debió ser muy bella antes de que la embarazaras ese fatídico miércoles de ceniza que tanto me cuentas — bonita y virgen — afirmaste mientras enderezabas un poco el retrato de bodas que colgaste en la sala, el marco era dorado y muy pesado por eso constantemente teníamos que acomodarlo para que no se viera torcido. Yo hubiera preferido que ese cuadro se lo quedara ella pero me dijiste que tu madre nunca lo hubiera aceptado.

Compramos una trampa para ratones, intentamos poner una carnada suculenta y te insistí en que el queso llenaba ese lugar por antonomasia. El queso apenas fue olisqueado, supuse entonces que el roedor estaría muriéndose de hambre, igual que nosotros desde que tu primo Edgardo prometió duplicar nuestros ahorros en una inversión segura y de jugosos intereses. Algo debe estar mal en esta trampa, activamos el mecanismo y comprobamos que, las leyes de la física y mecánica aun son infalibles. Mientras tu abuela cambiaba el tapiz de las dos habitaciones, se percató que el peludo inquilino había comido casi en su totalidad nuestra colección completa de ciencia ficción, fue ahí cuando me encabroné sobremanera, porque chingados no se tragó a Kristeva, al menos le hubiera dado una puta indigestión.

Los siguientes días fueron una locura, trampas de todo tipo fueron instaladas en la casa, pegatinas, trampas de agua, cables eléctricos, hasta un gato amarillo que conseguiste prestado. Nada funcionaba y la existencia del ratón se volvió menos interesante que todos los dispositivos acumulados.

En cuanto amaneció saliste disparado de la cama, voy a matar a ese ratón me dijiste con tanta determinación que casi me provocas un orgasmo, algo muy raro en ti pero quizá por lo poco usual de la situación te concedí como autor de mis fulgores uterinos.

Ven, cógeme Jesús, estabas tan caliente que hasta hiciste caso omiso de que mencionara el nombre de tu hermano y no el tuyo. Te apresuraste a desvestirte, me colocaste al filo de la cama, estaba a punto de sentir tu embestida pero una presencia extraña llamó tu atención. Con mis piernas arcadas en tus caderas volteaste hacia la puerta y ahí estaba, parado casi en dos patas, con su naricilla bulbosa contrayéndose una y otra vez, los ojos rojos miraron fijamente a los tuyos, fue entonces cuando algo sobrenatural pasó entre el pinche ratón y tú, un entendimiento que rara vez se logra en la vida. Ninguno de los dos reculó, cada quien parado a dos patas en su sitio. No puedo matarlo — me dijiste, y tu cara ya no era la del semental que hace unos segundos me hubiera domado, sino la de un pequeño niño que balbucea sus miedos con la esperanza de ser cobijado. Pero no te entendí, en cambio te reproché la falta de conciencia ¿Qué no vez que no cabe aquí? ¿Qué pretendes, adoptarlo, vacunarlo y sacarlo a pasear por las tardes? Pude soportar varias cosas, pero eso era el colmo. Tomé mi maleta y salí de mi propio departamento. Hay cosas que en definitiva no puedo permitir, hice tanto ruido como pude, y al final te grité desde las escaleras:
¡Maldito libertino! ¿Qué no ves que tres ya son multitud?

domingo, 2 de agosto de 2009

Mi trabajo es arrepentirme


Mentir en las entrevistas de trabajo no es delito, al menos eso pienso cuando no tengo en mi pasado laboral algo de qué congratularme. Desde los 16 años he trabajado en los empleos más absurdos que un adolescente, primero, y un adulto joven, después, pueda tener acceso.

El primer trabajo que tomé fue en una botánica, ayudaba a Leidi (si Leidi no Lady) Guerrero a preparar tés y duchas para después de un aborto (eso sí ella nunca provocó uno directamente), pociones para atraer el amor, quitar la gota, impotencia y hasta el Sida.


Era realmente milagrosa. Con todo gusto podría dar fe de sus curaciones pero tuve que huir cuando le cerraron el local que funcionaba también como conexión con polleros y traficantes de armas. Así fue como conocí al Hacha, me prometió un trabajo sencillo, de pocas horas y mucho dinero. Obvio, no soy pendeja, me aseguré que no se trataría de trata de blancas y en efecto con mi cara y las secuelas de una varicela masiva ni quien me quisiera coger y pagar por ello.

El trabajo era sencillito, tal cual me lo prometió. Lo acompañaba hasta el hotel el Greco, cuya decoración recordaba una mala copia de de película de Mauricio Garcés. En el segundo piso, hasta donde llegaban los sonidos de la improvisada cantina de la entrada, se agolpaban varias decenas de personas, algunos en familia pero la mayoría sin compañía. Son “pollos” me dijo el Hacha y en seguida comenzamos a venderles burritos y agua para soportar el trayecto hasta un campo donde pizcarían hasta bien llegado el otoño. De la Bimbo, me dices ¿eh? No te creo Hacha si la Bimbo es mexicana, que tendría que hacer explotando paisas en otro país y además pagarles en dólar. Como respuesta solo alzó los hombros y me dio un billete invitándome a no decir nada a nadie so pena de mandar a golpearme. Con el tiempo me gané la confianza del tipo, y pasé de vender burritos a distribuir heroína y algo de crystal, también cambié de giro gastronómico y ahora lo que llevaba eran tortas pero a los del cuarto piso donde tenían secuestrados a los que sabían podrían sacarle mucho mas dinero a sus familias y no tener que conformarse con el pago único para cruzarse al otro lado.

Me iba bien pero a mi madre no le gustaba la idea de que no tuviera seguridad social y me urgió a conseguirme un empleo en una fast food donde por lo menos cotizara en el IMSS, además habrá muchachos de mi edad le dije al Hacha entre mortificada y un intento por convencerle, extrañamente no dijo nada y nunca más lo volví a ver.

Mi siguiente empleo fue en una pizzería, de botarga en el playland del lugar, el calor era insoportable pero nadie notaba si me lavaba o no el cabello, en ese momento no me llamaba la atención masturbarme pero uno que otro colega me comentaba como se hacía puñetas aprovechando el espacio interior, a decir verdad, nadie reparaba en la mano flácida del ratón Chuck y los espasmos arrítmicos que confundían con bailes, era solo hasta que llegaba mi turno que notaba el grosero aroma del semen cristalizándose en la entrepierna. Tuve que dejar un letrero: “No sean cochinos favor de usar aunque sea ropa interior”. Ese verano nos llegó la noticia de que un chico que usaba una botarga de Pluto murió arrollado por un carro alegórico en el desfile de luces de Disney ante la mirada horrorizada de cientos de niños. La carne quedo tan molida que fue imposible desprenderlo de su vestimenta, la imagen de un Pluto sanguinolento, muerto y enterrado me produjo una carcajada sonora y terminaron corriéndome ya que les parecía un insulto haberme burlado tan abiertamente de la tragedia de uno de nuestro gremio.

No batallé mucho para conseguir los siguientes trabajos, fui proyeccionista en un cine, en poco tiempo supe la diferencia entre una máquina cristie y una análoga, entre el scope y el flat, era sencillo, excepto cuando la cinta tenía que ser cambiada de plataforma o era exhibida en dos salas al mismo tiempo. La cinta era pesada y debía ser cortada y pegada con mucha precisión y rapidez, desde luego esa labor no la hacía yo, estaba destinada a los más fuertes y con experiencia, entonces me asomaba por la ventana contigua al lente y contaba a las parejitas que cogían en las ultimas filas, pobres, no saben que desde mi privilegiada escotilla se veía todo.

Poco después entré al business de las llamadas telefónicas, me pagaban un quarter por cada minuto que pudiera mantener jadeando al que estaba del otro lado la línea. Después de 10 minutos, la paga subía consecutivamente hasta colocarse casi a 50 centavos de dólar por cada minuto. Tuve que dejar el empleo, se me terminaron las ideas candentes y mi voz sufrió una terrible transformación, me quede afónica y emitía jadeos y frases soeces pero repetitivas a la menor provocación, defendí mi trabajo como una profesional, pero entonces tuve que decidirme por mi salud.

En los siguientes meses seguí cambiando de trabajo, como quien cambia de calcetines. Trabajé en un hospital psiquiátrico, en un casino, en una compañía lechera catando yogurt, fabricando bolsas para cargar perros, mostrando las bondades de un jabón arranca grasa, limpiando un incinerador de perros callejeros en Parral Chihuahua. De todo, hasta que terminé la universidad y decidí abandonarlo todo por un trabajo acorde a mi vida de profesionista, y así fue, entré a trabajar a este pinche lugar de donde me arrepiento profundamente de haber mentido, de haber omitido la referencia de todos a los que alguna vez les presté mis servicio, de haber fingido que era apta para el empleo, de meterme en camisa de once varas, pero sobre todo de que este sea el único trabajo del que se supone no tendría que avergonzarme ni arrepentirme.

Después de todos estos años en el Frontera lo único que espero es que alguien de recursos humanos se apiade de mí y me liquide con todas las de la ley.

domingo, 12 de julio de 2009

La hija del Caníbal


El 14 de octubre de 2007 en la primera plana de muchos medios impresos reconocidos, (Alarma, Metro, La i, Segunda Edición del Mexicano, y varios más por el estilo), aparecía la fotografía de José Luis Calva Zepeda, (A) “El Caníbal de la Guerrero” o “Poeta Caníbal”, detenido un día antes cerca de su domicilio de donde se había lanzado al verse acorralado por la Policía. En el interior del domicilio, un trozo de carne presumiblemente humana se freía en un sartén. Sobre la mesa, los restos refocilantes de una nalga, no, un brazo de su ahora extinta pareja sentimental eran las tristes bagatelas de una relación amorosa que culminó en homicidio. A decir de algunos agentes de la Policía capitalina, una rodaja de limón exprimido fue la prueba más convincente de que el Caníbal se había echado a su novia y esta vez también en el plato.

Calva Zepeda, poeta y dramaturgo mexicano, tal y como lo describen algunos sitios de Internet, publicó solamente dos tristes obras La noche anterior y La Espera, dejando inconclusa una donde relataba actos caníbales. Estos libros, para mi sorpresa se encuentran disponibles en los tendederos del Chopo, lugar en el que a pesar de haber vivido algún tiempo en el DF nunca visité, más por premuras económicas que por esnobismo inexistente. Ahí estaban, recargaditos uno con otro, impresos en papel revolución con el mínimo diseño editorial en un puesto donde el olor a “chemo” y una reproducción del soporífero Nocturno a Rosario de Manuel Acuña me hacían recordar la Secu 85.

El Caníbal de la Guerrero, pese a sus sobadísimas estrofas, a la agreste sintaxis de sus textos, a la nula posibilidad de trascender con su literatura, se hizo famoso, aunque fuera por sus aptitudes culinarias. Según el DSM IV se trata de un sicópata, igualito que a la “Mataviejitas, pero con la diferencia exponencial de que El Poeta Caníbal era aspirante a escritor, algunos especialistas en la materia lamentan la ausencia de estudios en México que les permita analizar este caso de asesino serial. Serial porque se le atribuyen otras muertes, incluso la de una ex novia pretérita a la que hallaron descuartizada en una caja de cartón cuyo contenido mordisqueaba felizmente un perro. Pero además, lamentan que el suicidio de Calva Zepeda en el interior de su celda, las irregularidades en la averiguación previa y las deficiencias en el sistema judicial mexicano no permitieran darle continuidad al primer caso de antropofagia literaria documentada.


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Yo no conocí a mi mamá, esta murió muchos años antes de que yo naciera explica mi padre en un vano intento por convencerme de que no fue precisamente abandono a lo que recurrió mi madre al verse acorralada, no por la Policía, sino por la vida. Mis padres eran felices, supongo. Una pareja rara, pero no por ser un roto para un descosido, sino rara ante el mundo, capaces de cometer los actos más absurdos e irresponsables en su corta vida juntos. Mi padre, al igual que el Poeta Caníbal, escribía poesía y dramaturgia, también vivía en la Guerrero los años inmediatamente posteriores a su exilio, y, como es de suponerse también comía.

domingo, 5 de julio de 2009

Una buena mamada



Qué te puedo decir, al final, todos lo que realmente buscan es una buena mamada. Siempre se podrá dejar atrás el delito más herrumbroso, cualquier pasado censurado con clasificación PG-13 o la ofensa más insulsa sobre su madre amén de ofrecer una buena mamada. Cada vez quedan menos caminos por recorrer, todos los rincones anatómicos se van convirtiendo en un mapa lleno de vestigios.

― ¿Y esa cicatriz?
― Ah, me la hice con un novio cuando caímos de la moto
― ¿Pero cómo? me has dicho que temes subirte conmigo a una
― Claro, porque he caído de una anteriormente.

Nunca antes, he amado a alguien como tú. Nunca antes había tenido un sexo tan genial como contigo. Nunca antes se habían venido en mi boca. Nunca antes he vivido con alguien como tú. Nunca antes. Nunca antes he comido gomitas con alguien como tú.

Tal como dice tu amiga Ana, conforme te vas de picada en este precipicio llamado madurez, te quedan menos cosas que ofrendar, superficies inmaculadas ya no quedan, algún rincón virtuoso en tu memoria resulta inoperable. Desde siempre has buscado una mujer lo suficientemente zorra pero con un currículum amoroso incipiente. Que no te niegue el placer de las carnes pero que te evite las amarguras de enterarte de algún pretérito oneroso. No puedes borrar el pasado y mucho menos el tuyo, pero hay un momento específico en el que deja de importar incluso para el más aplicado de los celosos en retrospectiva.

Tarde entendí que la cortesía a mis principios de feminista de clóset y a todas las mujeres de nombre imposible de hacer diminutivos con las que desde hace 30 años tu madre insiste en que visites para escuchar lo hijueputa que son los hombres, no me hayan permitido mandar a todos a la chingada y decir a bocajarro: al final lo que te hace especial, lo que en verdad buscan, lo que hará sublimarte, realmente es una buena mamada y me jacto.

Y si no quedó claro ... a la chingada

domingo, 21 de junio de 2009

No pero sí

¿Estás seguro que ya tocaste fondo?. Anda Pepe, nadie te va a recriminar que eres un tecatón pero no vengas con tu cara políticamente correcta a pedirme que te preste dinero para tus trabajos de la escuela, si todos saben que te han expulsado de la escuela. Si todos sabemos que le robas dinero a tu madre, a tu padre, a tu abuela y hasta al pinche ciego ese que ya tiene dominada la esquina. ¿Tons qué, te presto o no te presto?
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Está bien Angélica, plasmo mi rúbrica en esa carta abierta para exigir la renuncia del nuevo director del Centro de Artes, pero por favor, no me digas que no te gusta coquetear con esos poetas fronterizos a los que no les viene nada mal su beca sempiterna. Admite que es más fácil conseguir que publiquen tu mierda si acuestas con la persona correcta en lugar de patearle el trasero a la cúpula "cultural" de Tijuana. ¿Ándale, dime dónde firmo?
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¿Te gusta cómo te la chupo, aunque cada diez minutos pongas en duda mi pretérito sexual? Pasarte una lista de referencias personales no creo que sea buena idea, han habido aplauso y bostezos, pero si quieres te la sigo chupando mientras te preguntas dónde habré aprendido eso.
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Entonces, dentro de nuestro código de ética no podemos aceptar chayote. ¿Por qué entonces estamos publicando notas de un solo partido?
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A ver Karlita, cómo es que es que no estás a gusto con tu peso si quieres seguir tragando como cerdo. Ah, ya... hacer ejercicio es peligroso y a ti por supuesto no te gustan las emociones fuertes. Pero no, no se te ve apretado ese vestido.
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Claro madre, yo sé que nos educaste para que fuéramos independientes, para no darte lata yendo a comer a tu casa, acabarme tu jabón cuando lavo mi ropa, desquiciarte dejándote nietos a tu cuidado, interrumpiendo tus lecturas vespertinas con mi molesta presencia, entonces, ¿Por qué te molesta que desde Navidad no haya ido a vistarte?
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¿Quieres que me vaya? ¿Para qué me preguntas entonces si quiero quedarme?
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No, gracias no quiero redondear, no me interesan los niños con "capacidades diferentes", qué acaso practican la telequinesis o prenden fuego con la mirada, entonces no me interesa ayudar a Slim con el redondeo.
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Ya sé que me toca escribir los domingos ¿Pero que acaso no dura 24 horas un día? Entonces técnicamente las 23:59 horas todavía es domingo.

domingo, 7 de junio de 2009

El método mi reina...



Al conocer el tema semanal ¿Tienes algún método para decidir cómo abordarlo y qué rumbo tomará?

No, en lo absoluto, no tengo algún método para decidir cómo abordarlo y qué rumbo tomará.

Apenas tengo cuatro semanas participando en Recolectivo y resueltamente una, sin bombardearme de prejuicios y autocomplacencias, aunque para qué me hago pendeja es divertido leer los comentarios incluso los más ofensivos.

Lo más cercano que he estado de un método es pensar en el final y escribir el resto inmediato anterior. Por supuesto esto no siempre me ha traído buenos resultados, sobre todo en la universidad. Estudié Historia y aunque existe un método científico (sí así como suena, la Historia es una ciencia), nunca lo tomé en cuenta al momento de escribir en el IIH-UNAM. Siempre partía de la parte más cómoda, a veces, hasta tenía terminadas las conclusiones antes de poder afirmar con testimonios y fuentes secundarias la existencia de un hecho histórico.

Mi corriente favorita siempre fue la Microhistoria italiana, indagar a partir de un indicio individual -como el diario de un molinero en el siglo XVI- la ambientación de la clase subalterna, la forma en la que comían, rezaban, cogían y si no tenía con qué comprobarlo siempre existían las benditas hipótesis perfectibles, pero ese ya no era mi pedo sino de los sinodales y el cuerpo colegiado. En rigor, me dieron una patada en el culo, me dijeron que dejara de inventar las partes de la historia que faltaban, que ese momento de mi (flamante) carrera lo mejor era ponerme a documentar las fluctuaciones macroeconómicas del proceso de sustitución de importaciones, después hacer una maestría auspiciada por alguna paraestatal o empresa privada, luego poner a todos mis becarios a fabricarme una tesis doctoral y después (no antes) ya te me podría inventar que Maximiliano era joto o que a Porfirio Díaz le gustaba el chorizo verde de Toluca.

“El método mi reina, el método es el modo”, me decía cierto profesor y sinodal. Me di cuenta que el resto de mi generación siguió esas reglas, A para llegar a B. A pesar de quejarnos abiertamente de los paradigmas de Conacyt, de su falta de pericia para evaluar a los investigadores fui la única que continuó con esa rebeldía de pacotilla hasta convertirlo en diletantismo pragmático. Y sinceramente, me ha traído mayores libertades.

domingo, 31 de mayo de 2009

El más maravilloso aparato para realizar sueños idiotas



Hey usted, señor, señora, muzuelo, niño, niña, acérquese, le traigo el invento más increíble para hacer sus sueños realidad.

Empresas Ayjavadrim International pone a su disposición el aparato con el que tendrá la oportunidad de realizar su deseo más oculto y profundo. Nada es imposible para el más maravilloso producto de nuestra empresa. Hoy el mundo estará a sus pies, Ayjavadrim International le regala el más grande de los secretos para materializar sus sueños. Nunca había estado usted tan cerca de evitar que todo lo sólido se desvanezca en el aire.

Deje de imaginarlo, hoy tiene la facilidad, el alcance y la bendición de que sus sueños dejen de ser una simple ilusión, una forma de escapar a su miserable vida, hoy, grábeselo bien, hoy usted podrá comenzar una nueva vida, tal y como lo soñó desde el primer día que adquirió conciencia.

Ayjavadrim international le ofrece, sin costo alguno, sí lo oyó bien, sin costo alguno, totalmente gratis el aparato que le hará dejar de soñar para empezar a vivir.

Lo único que tiene que hacer es descargar el siguiente archivo y seguir las instrucciones que estarán enseguida. DESCARGA ARCHIVO PINCHE AQUÍ

¿Está usted listo para disfrutar de los beneficios que le otorga el más fantástico y prodigioso aparato de la empresa Ayjavadrim International? Si es así, manos a la obra.

Tome su increíble aparato único de Ayjavadrim International, colóquelo sobre una superficie lisa, no tema hágalo, no importa si está en su casa, trabajo, baño o parque. Hágalo.

Doble el asombroso aparato por la mitad en su lado más angosto. Posteriormente sujete una de las puntas que no están dobladas y llévela hacia el extremo doblado de manera que quede un triángulo isósceles, repita la operación del otro lado simétrico.

Luego doble nuevamente el extraordinario aparato de nuestra empresa Ayjavadrim International desde la punta del triángulo más alejada a la arista del ángulo que sobresale del magnífico aparato de Ayjavadrim International.

Repita la operación del otro lado simétrico y repita el paso anterior otra dos veces más. Al concluir estas instrucciones usted está a sólo dos pasos de hacer realidad sus sueños.

A continuación escriba su sueño más secreto y profundo en uno de los costados del maravilloso aparato Ayjavadrim International, sea específico, no escatime en detalles, es decir si usted sueña con hacerse rico defina que es "hacerse rico".

Por último, arroje con todas sus fuerzas y anhelos el aparato para realizar sueños idiotas de la empresa Ayjavadrim International, si el aparato en lugar de materializar su sueño, se incrusta en el culo de la persona más cercana a usted o en su defecto en el culo propio. repita nuevamente las instrucciones de este increíble, espléndido y más más más maraviloso aparato para realizar sueños idiotas de la empresa Ayjavadrim.

domingo, 24 de mayo de 2009

Manejo de variables


A los cinco años de edad, me di cuenta que era demasiado grande para regresar al vientre de mi madre, de ahí pa’l real todo anhelo quedó supeditado a las leyes de lo posible y lo factible.

Nena, usted no será reina de belleza pero si le estudia mucho, chance y se gane una beca para estudiar en otro país donde la consideren exótica. A ver si con el tiempo se le compone el ojo chueco. A ver si con esta pomada se le hace la nariz respingadita. A ver si con el tiempo le crecen la tetas. A ver si con el tiempo conoce a alguien que la quiera por sus sentimientos.

Mis deseos de ser Nadia Comaneci se fueron al carajo en el momento en que mi madre, temiendo que pudiera lastimarme o en su defecto romperme el himen y no tener sello de garantía en mi noche de bodas, decidió no inscribirme en gimnasia ni en alguna otra disciplina. Ahora entiendo que evitarme la penosa escena de mí en leotardo dando brinquitos ridículos y una descalcificación inducida sirvió para años más tarde darme cuenta que la flexibilidad con la que abría las piernas era innata, sobra decir que casarme me produce alergia y que la primera vez que cogí ninguno de los presentes reclamó la ausencia de sangrado.

La suerte no existe, el destino menos, de ahí la importancia de fijarse a ambos lados de la calle antes de cruzar. Aunque algunas veces, las menos, ocurre que el chingadazo no proviene de las direcciones conocidas, es decir, en un plano cartesiano x/y resulta de pronto que hay “z” y en breve un jet con todo y secretario de gobernación te cae en la cabeza. Siempre cabe la posibilidad de que se te escape un punto cardinal.

Llevo más de diez años trabajando en un periódico local, en diciembre se hizo el recorte de personal más grande que haya experimentado la empresa a lo largo de sus 120 años de posicionarse como el diario más “vendido”. Con paciencia esperé estar dentro de la lista de lo corridos y con ello aprovechar la jugosa liquidación en menesteres más placenteros que buscar señoritas semidesnudas de 1750 pixeles mínimo para rellenar las páginas centrales. Todos fueron desfilando por la guillotina, hasta los que resueltamente consideraba intocables, todos, menos yo y otros cinco incautos de una plantilla de 37. ―revisa bien la lista Rubí― le dije a la de recursos humanos ―¿estás segura que no estoy en el recorte?― Y heme aquí, cinco meses después sigo haciendo el trabajo de 5 con el mismo pinche sueldo unitario.

No hay esperanza inocente, todas son premeditadas y por lo mismo se convierten en un discurso meramente político. Esperar que suceda lo contrario a la lógica es tan ocioso como creer en los milagros, en el cohecho divino; luego entonces la Guadalupana es más corrupta que Elba Esther. “Por favor, que no me vaya a caer la policía con todo esta coca”. “Por favor, que esta vez sí gane las elecciones”. “Por favor, que este vestido S contenga mi cuerpo L”. “Por favor que me atiendan rápido esta apendicitis en el Seguro”. Hasta en la ruleta rusa se tiene la certeza de que algún momento, si se recorre todo el carrete el chingadazo que te vuele los sesos será inminente.

En las Ciencias Sociales, al realizar muestreos y triangulación de datos existe un término para definir un resultado inesperado, raro y accidental a esto le llamamos serendipia. Sin embargo, las variables siempre son conocidas, lo que te saca de quicio es la descabellada combinación de las mismas.

Es por eso que no entiendo cómo después de tanto autoconvencimiento en mis fabulaciones y decidida convicción en desdecir el destino. En negarme la explicación fácil y desconfiar de los eventos afortunados, considere un hecho inexorable que tú y yo, tantas veces habiéndonos desplazado en líneas paralelas, al fin hubiésemos coincidido.

domingo, 17 de mayo de 2009

Del ¿Y yo por qué? al ¿Por qué a mi?



El despertador me arruina el sueño justo cuando estuve a punto de convencer a dos morochas de pechos firmes de que cumplieran mi fantasía, ya no de un coito colectivo si no de cogerme a alguien que no se parezca a mi madre.

Abordo el transporte público y a pesar de ser temprano está a reventar, a reventar de gente fea, sudorosa y con las vestimentas pringosas, al menos el vaho hace menos notorio el pinche frío. Alguien tose y pide disculpas. Alguien estornuda y pide disculpas. Nadie se adjudica la autoría de un pedo agrio que ofende a todos. Un sopor inmenso me agobia en el momento en el que empiezo a inventarle vida privada a cada pasajero. Esta vez no había puta alguna, siempre es más fácil imaginar eso que construirles una trayectoria académica frustrada con expulsión inequívoca del catálogo del Conacyt.

De súbito el vehículo se ha vaciado, al fin queda un asiento al que apuro desde la cola del camión, cojo el pasamanos oxidado con fuerza ya que el accidentado camino me sacude lo suficiente como para darme cuenta que soy un gris empleado de baja estofa. Al llegar a mi objetivo los ojos de una mujer embarazada a quien he podido ganarle el lugar por unas décimas de segundo, me reprocha la falta de educación por no cederle el sitio.

¿Y yo por qué? Que se lo ceda otro, total yo no la embaracé y si de caballerosidad se trata hay que tener cuidado en no cogerse viejas tan feas como esta.

Las miradas se multiplican, los reproches silenciosos también, en la radio dan el reporte de garitas, 300 autos por línea con una espera mínima de seis horas. Me paralizo, trato de fijar la vista hacia la ventana. "Mi ruca forever" cita un graffiti en el vidrio, intento leer el periódico pero el vientre de la mujer se encarama entre las notas policiacas y el resultado final Pumas- Tecos, su circunferencia invade mi espacio vital e imagino una barriga inmensa que quiere sofocarme. Sacudo la mano como si de moscas se trataran, la embarazada no recula. Volteo alrededor y ni un pinche cristiano que le ofrezca el lugar.

¿Qué me ven putos, yo por qué tengo que darle el asiento?

Continúan los desplantes y las agresiones veladas, parece que ella está empeñada en arruinarme el día. Suficiente tengo con que es inicio de mes y debo la renta de hace tres meses. Un estudiante de cabello engomado me reta con la mirada y telepáticamente me dice "Ora cabrón dale el asiento", lo mismo hace un sacerdote de hábitos franciscanos, un vendedor de bolis, un guardia de seguridad, un cornudo irredento, un, un...un, hasta que me levanto y pido la parada.

La embarazada se aferra a mi otrora asiento y con ello se regodea en un triunfo que todos celebran entre dientes. Imagino las intenciones y las sentencias aderezadas con refranes anacrónicos "Tarde o temprano la justicia llega", no soporto que puedan estar en lo correcto y antes de descender del camión les escupo un "Por si no lo saben mugrosos, aquí bajaba", apresuro un brinco frenético que me cala desde el talón hasta el occipucio. Pero sonrío, aunque tenga que caminar las 20 calles de anticipación con las que me bajé.
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