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sábado, 10 de enero de 2009

Crack



Hace dos días estaba Dios sentado en una nube con su rifle sniper disparándole a gente al azar, los cuales morían tras un ataque cardiaco. En eso le sonó su cel y era el Diablo.

Dios: Prrrronto?
Diablo: Kiuuubole pinche cara de tlacuache bodeguero?
Dios: Eseeeee vato! Qué pedo pinche cara de mis huevos? Qué onda eh?
Diablo: Aquí nomás, oye mira te hablo rapidito para pedirte un paro porfa.
Dios: No pues sí, me imaginé, nomás pa eso me hablas culero parece que me debes lana.
Diablo: Ay ay que mamón. Te hablé el siglo antepasado te acuerdas? Era miércoles.
Dios: Ahhh.. no no me acuerdo. Andaba crudo ese día por cierto no vayas a los tacos de curry enseguida del Taj Majal, son de rata, neta.
Diablo: Pues mira te acuerdas del otro milenio cuando te dije lo del Job, que si me lo prestabas para probar su fe y la madre?
Dios: Mmm.. Job.. Job.. me suena un putero. Esperame verás- voy a estornudar... ACHUU!!

Cuatrocientos mil niños en Africa fueron infectados con SIDA al instante con el estornudo divino.

Diablo: Salud. Un vato aca súper justo no te acuerdas, de tus mejores ovejas y waralá? Que me lo prestaste para hacerle cagadero para ver si te seguía queriendo y todo ese pedo?
Dios: Pero Job qué? Cómo se apellida? Cómo le dicen o qué pedo?
Diablo: Le maté a todos sus hijos, sus cabras, quemé su casa, a su esposa, y que el vato terminó acá tirado en las cenizas y se empezó a echar tierra en la cabeza llorando y la madre?
Dios: Mmm.. seguro que era yo? Bueno total, qué tiene?
Diablo: Pues qué onda no tienes otro vato por el estilo? Estoy aburrido hasta las madres y ya llegué al prestige nivel 10 en el Call of Duty, ni me dieron armas nuevas ni nada por cierto, pinche perdedera de tiempo.
Dios: Pues a ver no sé.. mira que tal ese wey que está en su cocina? Ese que anda medio pedo abriendo algo con los dientes?
Diablo: El de camiseta amarilla?
Dios: No wey ése, ESE wey. Hizo su primera comunión y luego creo que la confirmación. Se me hace que va a misa, no me acuerdo bien pero es bien fiel según yo. Agárralo y pues si pasa la prueba me lo regresas no?
Diablo: Salsa pues, ahí te ves puto.
Dios: La tuya pinche cara de fundillo.

El diablo voló con su escoba mágica desde el noveno círculo del infierno, llegó por el freeway I-10, dió vuelta a la derecha, y llegó a Tempe, Arizona, donde se encontraba una oveja de Dios en estado de profunda ebriedad, queriendo abrir algo con los dientes.

El diablo lo observó unos segundos, se trono los dedos y dijo "Prueba esto, hijo de Dios"

Crack.



El Diablo le habló a Dios para presumirle pero el cel lo mandó al buzón porque Dios estaba tirando un cague meteórico en el ojo rojo de Júpiter, y tras un chasquido ambos se olvidaron para siempre del valeroso individuo, la criatura de Dios, el alma inocente, en una triste noche fría en la ciudad de Tempe, Arizona.


***

Chiste cagado

Esta un vato en su primera cita con una morrita, super nervioso el vato y para acabarla de chingar se esta super cagando ya no aguanta, en eso el vato empieza a voltear para todos lados no mames que hago, y la vieja toda callada porque el vato bien callado y la vieja acomodandose el pelo pensando que esta gorda, pero luego se le quitan las ganas y todo bien

Cosas que prestas y nunca te regresan


viernes, 9 de enero de 2009

Devoluciones



IV

Luego de la muerte de Raúl, Pedro se hundió en el culo de una cantina atestada de viejos panzones con frentes grasosas, mesas de patas raquíticas y música de José Alfredo.

Llegó en la tarde, pidió una botella de cualquier cosa. Unos viejillos de hígados callosos se le pegaron entre risas y saludos y no seas codo invítanos una. Pedro dijo que sí, que se sentaran, y aquello pronto se convirtió en una peda alegre, con un par de ruquitos siguiéndole la corriente a la euforia de un Pedro machacado.

Canción tras canción, broma tras broma, los ancianos contaron las mismas historias que habían contado durante 27 años. Pedro fingió creerles, quiso creerles y pidió otra ronda. Luego otra. Así hasta que las historias eran un círculo interminable pero jodidamente reconfortable.

Nadie tocó el botón equivocado. Nadie dijo algo sobre muertos, bachitas y mujeres ausentes. No hubo una provocación, sólo de repente a la mitad de una carcajada sonora y prolongada, Pedro se levantó de la silla, golpeó la mesa y le reventó un botellazo en la jeta al viejo que tenía a su izquierda. Luego volteó a su derecha para moler a vergazos al otro viejo pero pronto lo detuvieron los de la mesa de atrás.

Pataleó, maldijo y finalmente cayó hincado hecho una magdalena ebria, un niño desprotegido buscando amparo en los linderos de la mierda.

Matías, el cantinero, conocía a Don Pedro y por eso evitó que el numerito pasara a mayores. Lo metió a la bodega, trató de calmarlo pero aquel no escuchaba, nomás estaba arrinconado balbuceando y moviendo en negativa la cabeza.

Pedro le pidió a Dios que le regresara Raúl. Lo pidió con las mismas fuerzas con las que años atrás, cuando era un mocoso, le pidió la resurrección de Doña Estela, su madre. Era Dios, caramba, se suponía que el tipo tenía los poderes mágicos necesarios para volver a la vida a quien quisiera, tal como la biblia cuenta que lo hizo su hijo Jesús.
Pero Dios dijo que no y le propinó una patada estomacal que le hizo vomitar chupe, frituras y algo de sangre. No había más qué tratar.


Tras sufrir las ambas negativas Pedro se volvió ateo. Años después se casó con Sarita por la iglesia, sí, pero sólo porque ella insistió, ya que en realidad él no confiaba en alguien que jugaba con la felicidad básica de sus contribuyentes. "Dios es un grandísimo cabrón" pensaba. Y sí, lo era; tanto, que después de divorciarse de Sarita, Dios dijo "ahistá, Pedrito" y un sábado de peda en Puerto Madé, así como quien quiere hacer las paces y a la vez cagarse de la risa, no le regresó a Doña Estela ni a Raúl sino a la mujer-monstruo.

Grandísimo cabrón.

No me lo regreses.



Me lo regresas.

La verdad, nunca presto mis cosas, ni aún cuando sea alguien "especial". Cuando presto estoy dispuesto a abandonar el objeto. Es un bien material o espiritual que ya no es para mi. Prestarlo, darlo o dejarlo y permitirse al abandono, hace más dulce el regreso si este llegara a existir y, supongamos, le da un poco de nobleza al recuerdo del préstamo.

Cuando leí la propuesta, "Me lo regresas", me pareció que la frase la decía un niño. "ME LO RE-GRE-SAS", "TODAS LAS CANICAS SON MÍAS" y "NO ME MO-LES-TES", dichas por el mismo chamaco caprichoso, el mismo día. Tal vez, si se tratara de dinero, me imaginaría a una señora gorda, de esas amables y carismáticas, que cuando son ofendidas se transforman en unas perras malditas. No le regreses algo a una de esas señoras, y tu vida se convertirá en un pequeño infiernito cada vez que la vuelvas a ver. Dar algo, y esperar su regreso, no sólo es el egoísmo concentrado (el cual no es necesariamente malo), sino una falsa ilusión de pertenencia sobre nuestras cosas.

Existen los compadres o los hermanos desenfadados, que se prestan a las novias. Ellos no se dicen: "Me lo regresas". Más bien, se dicen cosas como: "Qué te aproveche", "Pídele esto" o "Usted úsela hasta saldar la dueda compadre". O las mujeres infelices que se prestan los contactos de los amigos fieles: "No me lo regreses, haz que te pague el cine y los cafecitos durante un mes entero", "Ya tengo mi coche, así que quédatelo" o bien "Pues mira, ahorita no tengo novio patán... puedes quedártelo un ratito en lo que yo me busco a mi misma".

Para evitarme a las seños malditas, a los escuincles caprichosos y a los compadres alegres, lo presto y suelo añadir un "No me lo regreses".

Agustín Fest

Regrésame el derecho




En un comunicado inesperado, el gobierno del Distrito Federal declaró ilegal el suicidio. Millones de personas se desconcertaron en demasía y estallaron en llanto. Sofía, pequeña emo consumada, se quitó la vida al enterarse de tan execrable noticia. Para sorpresa de los ciudadanos, y molestia de la ONU, fue condenada a cadena perpetua.

Sofía pasará el resto de su muerte tras las rejas.

jueves, 8 de enero de 2009

Préstamo




miércoles, 7 de enero de 2009

No me lo regreses.


Hace algunos años mientras manejaba rumbo a la Cd. de México acompañado de uno de los ingenieros mas antiguos de la empresa —su numero de nomina es el 4, lo juro— puse en el estereo la banda sonora de Conan The Barbarian (una joya de Basil Poledouris). El inge inmediatamente me preguntó si me gustaba Conan. Me sorprendió que reconociera la música y así una cosa llevo a la otra y nos enamoramos y resultó que el era fan de los relatos de Conan y, cosa más sorprendente, fanático perdido de la ciencia ficción.

En ese entonces yo me creía un conocedor del género. ¡Oh, qué inocente era! El inge no sólo había leído lo poco que yo conocía, además estaba familiarizado con un montón de autores y obras que yo ni siquiera había escuchado. Pocas veces me he sentido tan humilde y lleno de admiración, snif.

Al final de la platica el inge me dijo: “Luego te traigo unos libros”. Yo dije que sí, gracias y ahí quedo la cosa. Unos días después me llamo y me pidió que fuera a verlo a su oficina. Fui y resultó que no se había olvidado de aquello y me dio algunos libros de ciencia ficción, ediciones viejísimas, de los sesentas y setentas, puras joyas, pues. Después de babear un poco, le dije:

—En cuanto los termine se los regreso.
—No, quédatelos.
—Nooo, ¿Cómo cree?
—Sí, en serio. Mira, mis hijas no los leen y de que estén ahí haciéndose más viejos a que los leas tú que sí los disfrutas, pues mejor te los doy.

Le agradecí sinceramente y leí todo con avidez. Unas semanas después me volvió a llamar y me entrego otro paquete de libros. Eso sí, pregunto que me habían parecido los demás, en parte para saber si en verdad los había leído y en parte para comentarlos con alguien. ¡Como lo comprendo ahora! Entiendo su frustración al no poder compartir con nadie su amor por la ciencia ficción.

Desde entonces, sin falla, el inge me ha estado entregando libros y más libros. Al principio podía seguirle el ritmo; trataba de leer todos los que me daba antes de la siguiente entrega, pero hace un par de años me rendí y bromeando le digo, cuando me entrega más, que en cuanto termine la tanda de hace seis meses le sigo con esa. Cada que nos encontramos en los pasillos nos ponemos a platicar sobre CF mientras la gente nos ve raro. No se cuantos libros me ha dado exactamente, pero calculo que son más de cuatrocientos (he llenado dos libreros y seis repisas), de los cuales apenas y he leído la mitad.




Y todo lo anterior me causa un conflicto enorme, porque odio prestar libros, no se diga regalarlos. No me imagino haciendo lo mismo que el inge, por lo menos no ahora. Tal vez dentro de muchos años cuando este viejo y amargado, si encuentro a alguien que aprecie la ciencia ficción igual que yo, lo haga.

No me gusta prestarlos por dos razones: así he perdido muchos (aun me duele mi Miles de Millones de Sagan y La Noche del Océano de Lovecratf) y porque la gente no sabe cuidar las cosas. Me emputa que maltraten los libros; alguna vez casi asesiné a alguien porque me regreso un libro completamente deshojado sin siquiera disculparse. Y pocas cosas me cagan tanto como ver libros rayoneados; si necesitan hacer anotaciones, pongan a su madre a gatas y ráyenle las nalgas, cabrones.

Ahora solo presto mis libros bajo dos circunstancias: cuando estoy seguro que me los van a regresar o cuando en verdad necesito compartir algo. De esta manera, logré que Rox se enamorara de Ricardo Garibay y Robert Silverberg y que Mulder y Changos conocieran a Ibargüengoitia. De igual manera a varias personas les he presentado a Jardiel Poncela, a Robert Heinlein, Theodore Sturgeon, Frederick Pohl…

Por cierto, si alguien, en alguna borrachera, se llevó de mi casa mi Muero por Dentro de Silverberg, sólo regréselo y algún día, dentro de muchos años, después de que haya perdido mis facultades mentales y este agonizando en mi lecho de muerte, lo perdonaré, ¬¬.

martes, 6 de enero de 2009




1. Si el que lee esto posee mi libro de La Virgen de los Sicarios, devuélvamelo, marica.

2. El Mario Flores llevó a mi casa a una chica y clarito noté como ella me chingaba uno de mis billetes secretos de cien usd. Le dije al guey y me dijo que apenas la desnudara los recobraría. El billete sigue extraviado y ya pasaron dos años de eso. Te quiero, Marito, tenía el cabello chino, se justifica.

3. También me gustaría que me fueran devueltas ciertas fases: cuando topé por 1era vez ciertas pelis, el México que ya no existe, las clases de historia Universal (debí atenderlas), mi postura de no emplear teléfono celular, la paciencia para con un videojuego.

4. De hecho debería, a la manera de “spotless mind”, existir un artificio que te borrara las películas y los libros que has leído. O tal vez no. ¿Será que carecer de memoria es sinónimo de felicidad? Una mujer cuya sonrisa aparecerá en los libros de la SEP de tus nietos me dice que no, que nada más me gusta como suena. Seguiremos informando.

5. Anoche el Joven Poeta Verga Cruz y yo sostuvimos, en la medida de lo posible, una charla excepcional acerca de poesía de la buena, diseccionamos Paris, Texas y emulamos una trama única que bien podría acapararnos las sonrisas y los tragos lo que queda del siglo. El problema no es ese, sino que para variar no me acuerdo de nada.

lunes, 5 de enero de 2009

Mano a mano hemos quedado


- ¿Cuándo quieres que te regrese tus cosas? - me preguntó después de mandarme a la chingada.
- Recuerda que yo pago al contado, así nunca me falta un beso - contesté con altivez y a ojos furiosos.

Él nunca supo que solía responderle con frases de canciones de Sabina y que los adjetivos que le ponía mientras montaba a horcajadas su prominente vientre eran de Garibay. Que mi retorcido sentido del humor lo había heredado el odiadísimo ex y que abuelié mi forma de andar. Y que la manera de chupársela... ¿Realmente es necesario ir ahí?

-¿Qué? - me dijo sin entender.
- No quiero nada, quédatelo, tíralo, haz lo que quieras - le respondí y me fui con pasos largos.

Métetelos por el culo, pensaba sin voltear atrás.

Son sólo cosas, pusilánime aquel que al terminar solicita algo de regreso. Tal vez sea porque no se quedó con nada más. Que no valora un beso eterno, cuando la eternidad se muere con el reproche de algún vigía mojigato. Que la mirada ansiosa de tenerle y las noches de desvelo a su lado son sólo botellas en el mar.

¿Por qué buscar algo más cuando te quedas con una indecente alfombra sucia de vino derramado, con su olor en la almohada y el corazón amargado?. Ahora sigue el insomnio, las pesadillas, los cigarros. El miedo, el deseo, el desamparo. Esos, ¿A que dirección te los mando?.

Jamás volveré a su olor, a mis manos en su cabeza, a su silencio dándome la espalda. Nunca más habrá madrugadas de regreso a casa, ni borracheras a cubas bien cargadas. Siempre me quedará su risa, la manera de moverme, la mierda que ha aumentado y que sigo cargando.

-¿Si?- Contesté al celular
- Oye, el anillo de mi abuela... ¿Me lo regresas?
- Te regreso una mierda- y colgué.
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