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domingo, 2 de noviembre de 2008

Me voy a comprar una casa



El 24 de abril de 1989 Claudia Mijangos asesinó a sus tres hijos con un cuchillo de cocina en el interior de su propia casa: dos niñas de 11 y 9 años y un niño de 6. Se dice que éste último alcanzó a correr y fue perseguido por su madre a lo largo de la casa hasta que lo alcanzó y le quitó la vida.

Este caso es bastante conocido en Querétaro y últimamente a nivel nacional gracias a que fue mencionado en un programa de televisión.

Yo vivo en la colonia donde eso ocurrió, así que sí, esa casa está muy cerca de la mía (también estudié en la escuela en que iban los críos y me dio clases un maestro que trabajó con ella, que era vocal). Cuando conocí el caso supe que te podías meter a la casa, yo tenía 13 años y como todo buen adolescente morboso, fui a meterme. Íbamos mi hermano, mi vecino Juan, otro amigo que se llama Mario, mi carnalazo del alma “el Topes” y yo.

La casa tenía una reja blanca a la que le faltaba un barrote. Suficiente para que pasara por ahí una persona de proporciones normales. Una vez en el patio, por la ventana frontal te podías asomar y ver el interior de la casa moviendo un poco las cortinas, el vidrio estaba roto y había un pedazo sujeto solamente por la parte superior (con el que me corté la nariz en una visita posterior, jo). La puerta era de madera y estaba bien cerrada, sin embargo, había cuatro “ventanitas” alrededor de la puerta, una de ellas sin vidrio. Por ahí, agachándote y de lado también podías entrar, si no eras gordo. Ninguno de nosotros lo era, así que entramos.

No había muebles pero sí cosas como cubiertos e incluso los exámenes de la primaria de varios de los niños tirados en el suelo. También había restos de fogatas, basura y manchas de pintura en varias partes de la pared de la casa. El inmueble tendrá aproximadamente unos 200 metros cuadrados, pero está construido de manera que la casa tiene sólo como 7 de frente por chingos de fondo, entonces entras y recorres cuarto tras cuarto y sientes que no llegas al final. En la parte de arriba tampoco hay gran cosa, sólo queda la bañera y ya.

Después de esa visita inicial, con fines solamente de reconocimiento, “Topes” y yo regresamos unas cuatro o cinco veces, llevábamos a las chavas de la secundaria para meterles un buen susto y de paso ligárnoslas. Él se metía a un cuarto del segundo piso y mientras yo les mostraba uno contiguo, él golpeaba la pared con un cortinero y gritaba como vieja. Siempre salían disparadas, bajaban las escaleras de un salto y en menos de lo que se viene el Falso ya estaban afuera y en la banqueta de enfrente.

Había que cuidarse de los vecinos porque si te veían le llamaban a la patrulla y esos sí que te metían un susto, patitas para qué las quiero. Fuera de eso, nunca vi nada paranormal ni digno de atención. De hecho el llavero (una argolla gigante tipo llavero de carcelero o toallero de baño) que tengo desde hace 10 años lo encontré tirado ahí y no me ha seguido la maldición para nada.

El problema es que hace tres años el caso fue presentado por Carlos Trejo en Otro Rollo. Yo pasaba diario frente a la calle donde está esa casa, y a partir de entonces siempre había grupitos de curiosos afuera queriendo entrar. Los vecinos ya estaban hasta la madre. Durante un tiempo hubo una patrulla de tiempo completo estacionada frente a la casa para ahuyentar a los visitantes. Finalmente se levantó una barda sin puerta. Ahora nadie entra.

Algo que causa mucho revuelo es el hecho de que la mujer se encuentra libre. Hay varias versiones, yo sabía que vive en el DF. En 1989, después de varios estudios se determinó que ella sufrió demencia temporal y por lo tanto no fue castigada por sus crímenes.

Hay una cantidad tremenda de versiones y mitos que se han creado a partir de este hecho, desde posesiones diabólicas hasta nexos con el narcotráfico. Les dejo dos links para que lean un poco más si les interesa:

Link 1

Link 2

En la actualidad la casa se vende a $40,000. Una verdadera ganga considerando que costaría fácil $2,000,000 de no ser por contar con tan trágico pasado. Yo, escéptico por convicción, con gusto me la compro, nomás dejen acabo de pagar mi coche (en Diciembre, ¡ajúa!) y ahorro esa lanita para invitarlos a una bonita peda.

Ahhh, y el tema era terror, ¿verdad? Hace rato me eché un faje pero no cogí… creo que me van a dar blue balls, ¡¡¡tengo miedo!!

Dig diggity dog dang ya'll



*BONUS POST*

Anoche saliendo del Blockbuster (Run Fatboy Run 2.5/4 estrellas) se pone en verde el semáforo a la 1AM pasaditas en eso empieza a pitar un cabrón atrás desesperadamente. Por cierto cuál es la prisa que llevan si se ponen a pitar .03458 milésimas de segundo después de que se pone en verde? Al menos que vayan rumbo a las olimpiadas neta que métanse el claxon por el esfínter. Por cierto, sabían que en Angola o uno de esos países jodidos comen esfínter de puerco frito?

Total mi amigo que es de Sinaloa y cree que por eso es antibalas empieza a mover el carro diestra y siniestra, bloqueando el paso al pickup levantado "con rines". Jajaja puro pedo no tenía rines pinche pobre. Total empieza este wey a pegar frenones y la chingada tu sabes típico road rage a toda madre.

Y ya yo nomás sacando unas curitas leves porque ya igual tengo 25 años y ya no da mucha risa esas madres, yo nomás quiero leer revistas de puros y golf y checar el índice del Dow Jones.

Total en eso empiezo a ver dentro del carro una bolita bailando. Entonces volteo yo hacia atrás y veo que desde el interior del carro hay una luz roja, que parecía sirena en eso digo "Saben qué, es chota este cabrón".

Pues mis huevos era chota, veía la luz roja grandota porque me estaba apuntando en el ojo con un láser.

Pinche cagapalos, pensé. Morrito cagón con láser, es como que Halloween todavía, y qué cagapalos.

El carro de atrás pegó un duro acelerón para rebasarnos, y se empareja un pinche redneck apuntándonos con el láser.

Un láser pegado al cañón de una Glock.














Yeeeeeehaw! Get r' done!

Se mantuvo aputando suficiente tiempo para que los tres nos quedáramos callados y luego lentamente se fue a meterse entre unas callecitas.




Chin, lo hubiéramos seguido para apuntar las placas, comentó uno de nosotros.

Ya sé, respondí, mientras los tres bien hombres vimos una movie, ninguno aceptando que se asustó.

Cuidadooooooo jóvenes buuuuuu se les aparece Clavis Dixon en la noche! Yeehaw!!!!!

sábado, 1 de noviembre de 2008

Tres noches



Esto es una historia verdadera.

En el año 2002 pasé tres noches solo cuando vivía en Hermosillo, en una casa rentada de la colonia Pitic. Cada noche me visitó una aparición.

La primera noche ocurrió que me desperté porque alguien entró a mi cuarto, y en la oscuridad ajusté mis ojos y vi a un amigo que decidió arruinar mi sueño y entrar a mi casa, a las cuatro de la madrugada.

Lo escuché subir por las escaleras y se paró frente a mi cama, pero sin decir nada. Lo vi y estiró su mano hacia mi, pero no me pude mover. Después vi que su cara no era la de un amigo, sino de una cara con ojos negros hematoma y la boca al revés. Intenté gritar pero no pude.

Desapareció en bolitas y me pude mover.

Me quedé viendo la televisión- un canal que se veía jodido, hasta que amaneció.


La segunda noche abrí los ojos y me despertó alguien que me estaba platicando una historia, sentado en la esquina del cuarto en una silla. Me hacía preguntas y me llamaba por mi nombre, meciéndose en la silla.

Me contaba la misma historia, y hacía pausas para mi contribución pero no podía moverme ni hablar.

Después desapareció.


La tercera noche abrí los ojos y estaba alguien vestido de blanco parado en mi cama, pero inclinado viéndome.


No hay palabras para describir el terror- el pavor frío que sentí esas tres noches. No creo en nada. Pero los vi despierto, con los ojos abiertos. Iba a la escuela barbón y desvelado, pero insistía en dormir en esa misma cama todas las noches. A la cuarta noche ya no pasó nada.

Después de un encefalograma sin resultados hablé con Dr. Google y descubrí por qué me visitaron los espectros esas tres noches.

Parálisis de sueño alucinatorio.


Causado por mi compañero de toda la vida, el insomnio.


No por eso dejó de ser menos real lo que vi, y a través de los años he sido visitado por diferentes monstruos unas quince veces.

Una vez vi encima de mi una mujer con ojos saltones quien agitó la cabeza haciendo un chillido como un tren frenando.

Otra vez vi un viejito que abrió su boca revelando dientes de tiburón enormes.

Bebés gateando inocentemente.

El diablo.

Mi regalo es maravilloso, nunca aburre ver esas extrañas figuras que se aparecen torturándome. Lo bonito es que salen de mi cerebro, y me causa gracia que tanta imaginación tengo y que torcido y mal está mi id.

Leí por ahí que en ciertos casos extremos el parálisis de sueño alucinatorio puede ser fatal. Han encontrado muertos con la boca abierta torcida y los ojos pelados, paralizados en los últimos instantes de terror, frente a alguna gran quimera gritando a doce mil decibeles y vomitando sangre.


Con mi gran amigo y fiel compañero el insomnio, se garantiza la longevidad de mi don, y se incrementan -aunque poquito- las posibilidades de que algún día se me detenga el corazón al sentir ese disparo de adrenalina helado en la oscuridad.


Nunca me pasó tan seguido como esas tres noches, pero me sigue pasando.


Pero ya nunca abro los ojos.

El Ataque de los Empleados Bancarios Zombies


Sábado pasado. Suena mi teléfono celular a las 7 de la mañana. "Algún novedosito que quiere ser el primero en felicitarme por ser mi cumpleaños", pienso, y contesto harto emocionado.

-Bueno…
-¿El señor Gustavo Fernando Caballero?

Un escalofrío me recorre el espinazo. Inconfundible el tono de voz y la forzada amabilidad. No hay duda: es un pinche empleado del banco.

Las deudas y el tiempo me han enseñado que si les cuelgas y te les escondes, más te joden. De hecho, en su desesperación, comienzan a acosar a seres inocentes, como a la mamá o la abuelita de uno, que luego ahí anda toda mortificada pensando que a su nietecito lo van a meter a la cárcel con el Mochaorejas por deber 600 pinches pesos del seguro del coche y una camisa “de vestir” del C&A..

En vez de adoptar mi posición de patada de grulla a la Karate Kid, me relajo -es mi cumpleaños- y trato de hacer entrar en razón al cerebro de gorgojo que osó despertarme sin ni siquiera cantarme las del Rey David, snif.

-Sí, él habla. A sus órdenes.
-Buenos días señor Fernando (nadie me dice Fernando, sólo los pinches empelados del banco), mi nombre es Hijoeputa, le llamo de Créditos HSBC para informarle que…

Lo interrumpo.

-Ya les había dicho que les voy a pagar el 30 de noviembre. Me hablaron antier y hace una semana y les dije lo mismo.
-¿Cuál es el motivo de su atraso?
-Me cambié de casa, di mes de renta y depósito, le tuve que hacer algunas adecuaciones y pagué la tenencia atrasada de mi coche. Me quedé sin dinero. Ya les había dicho eso, no sé por qué me siguen llamando.
-Sí... Entiendo...
-El treinta de noviembre les pago… anótele ahí, por favor.
-Sí… Entiendo...

El imbécil hace como que anota algo, y luego dice:

-¿Y no habrá manera de que pague el lunes?, porque le vamos a cobrar intereses.
-Cóbrenme los intereses que quieran, ya les dije que les voy a pagar hasta el 30 de noviembre.
-Sí... Entiendo… ¿Y no habrá manera de que le pida prestado a algún familiar o a algún conocido para que pueda realizar su pago el lunes y no cobrarle intereses?

Me quedé "de a cuatro" (ignoro cómo sea eso, pero así me quedé). No pensé que cayeran tan taaan bajo, al grado de mendigar.

-¡Le voy a pedir prestado a tu chingada madre! - aventé el celular a la verga y traté de dormir.

Lunes. Suena el teléfono celular a las 7 de la mañana. Grave error: no checo el número del que llaman y caigo en la trampa.

-Bueno…
-Buenos días, ¿señor Gustavo Fernando?

La misma pinche voz educada y cagante de los empleados del banco.

-Sí, el habla. Ya les dije que…
-Buenos días, señor Fernando, le hablamos de Créditos HSBC…
-¡Que ya les dije que les voy a pagar el 30 de noviembre! ¿No entienden o qué?
-A ver, primero que nada, no se altere; no tiene por qué ser grosero y…
-¡Tengo dos putas semanas diciéndoles que les voy a pagar el 30 de noviembre, que me vale madre que me cobren intereses, que lo único que quiero es que me dejen de estar chingando tan temprano y que le dejen de estar hablando a mi abuelita!
-Señor: le recuerdo que esta llamada está siendo grabada –dice desafiante.
-Ah, pos qué bueno, para que le den "rewind" y le pongan “play” tantas veces quieran ¡¡¡ir a chingar a su madre!!!

Creo que se van a enojar mucho cuando se enteren que el 30 de noviembre es domingo, jijiji.

viernes, 31 de octubre de 2008

Post que ni es de espantos



Para escribir este post me rompí la cabeza intentando recordar qué es lo que más miedo me ha dado en esta vida. Alguna vez tuve un susto tipo los de Huevo (aquí un post al respecto, muy curioso por lo anacrónico: el aborto era ilegal, los celulares no traían cámara, nadie tenía iPod, el iPhone ni lo soñábamos, etc.), también pasé noches envuelta en cobijas no por frío sino por miedo después de leer cuentos de Lovecraft o hablar de física cuántica con mis amiguitos, y de pequeña tuve mi fantasma personalizado (post al respecto aquí, también me gusta mucho, léanlo ándenlennn). Pero además de que ya escribí de esas cosas en el pasado, como que les faltaba punch y entonces no mames de qué escribo y.

Hurgando en los archivos de mi empolvada y vetusta pecesota, encontré fotos de un periodo literalmente oscuro de mi pasado: cuando coqueteé con la idea de ser DARQUETA. Jijijiji. A continuación una imagen donde se evidencia este sombrío trance:



(Bueno, ya, no se burlen tanto, qué quieren, nadie nace sabiendo qué personaje ser en la vida, hay que experimentar, etcétera.)

(Está bien, búrlense. Pero no olviden burlarse también de Mario, que se sentía igualmente darqueto y en esa foto traía un saquito de ciertopelo que le robó a su mamá.)


¿Ya se burlaron? Bueno.

Pues me acordé del instante en que más miedo he tenido en mi vida. Y no, no fue cuando me vi al espejo vestida de ciertopelo y peluche negro. Ahí les va:

Una navidad, mi papá falso me regaló un paquetón de ropa simplemente horrorosa, que además era como 56 tallas más chica que la que me correspondía, pues el güey soñaba con que algún día yo dejara de ser un tamalito y me vistiera como una pendejita fresa normal (¡¿era mucho pedir?!). Gracias qué lindo qué gusto feliz navidad ya me voy a poner a dieta sale bye nos vemos la próxima navidad pum.

Días después, mi mamá me acompañó a cambiar esas horripilancias. ¿Y qué escogí yo? Pues más horripilancias, pero horripilancias de ciertopelo, encaje y color oscuro. Con el dinerillo que sobraba de la devolución, compré un libro de Saramago (¡espantos!). Y yo muy contenta con mi shopping, tralalalalá.

Tonses mi mamá y yo tomamos un taxi, y ahora sí viene el momento de espanto: De pronto se subieron dos güeyes profiriendo frases asustamepanteoneras: Ahora sí ya se las llevó la chingada, ya valió verga, etc. Van a decir que qué maricona yo, pero mi vida pasó frente a mis ojos y entré en un estado de conciencia rarísimo, de parálisis, de miedo absoluto, porque ps no sólo iba yo a ser violada-torturada-asesinada, sino mi santa madre también, o sea NO MAMAR.

¡Peeero! Luego luego los asaltantos se alivianaron y nos dijeron que no nos iban a hacer nada, que sólo querían varo. Ahí la cosa se puso normalita, nomás le sacaron lana de las tarjetas a mi mamá, y adiós joyería con calaveritas de plata, bai bai, y nos fueron a botar a una colonia bien culera pero ps nos regresamos a nuestra casa y ya.

Ahora viene el lado positivo de esta historia, que prueba que "no hay mal que por bien no venga" y ese tipo de dichos de abuelita:

1. Se llevaron todas mis nuevas prendas darquetas, lo que entorpeció y terminó frenando mi proceso de conversión en una persona explícitamente ridícula (bueno, ahora soy ridícula también, pero con colorcitos).

2. Al día siguiente yo tenía una cita con este el güey de este post, un darqueto con el que NO SÉ POR QUÉ CHINGADOS quería yo. Así con su fealdad y su darquetez me robaba el sueño el muy condenado baboso. PERO llegué a mi casa tan espantada después de asalto que ps le llamé y le dije: no, sabes qué, no quiero salir de mi casa en una semana, mejor lo dejamos para luego. Y entonces ya nunca salimos y yo me salvé de darme besos con semejante especimen de la noche.

3. Me ahorraron la joda de leer un puto libro de Saramago.

***

Ahora lo único capaz de espantarme es la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (¡ya me voy a portar bien Sr. Contador!).

PROHIBIDO FUMAR


¿Algo inusual?... No, todo estaba bien, como todas las mañanas, el edificio a oscuras, sin ruido y el cubo de escaleras que ya de por sí me da miedo subir con la imaginación echada a andar… me di cuenta hasta que encontré el equipo de transmisión encendido y trasmitiendo estática y una especie de aullido que iba y venía, estaba medio tenebroso ese ulular en el ruido, hasta le bajé el volumen al monitor de aire y me senté a esperar que fuera hora. Pero entonces, desde la silla de operación, escuché aquel quejido lastimero y me paré en chinga. Como en otras ocasiones, le eché la culpa al par de perrazos prisioneros de la azotea del vecino, de quienes el aire se encarga de traer sus aullidos de frío hasta el vestíbulo. Pero… aquí está sellado contra ruidos… y el quejido se repitió acompañado por un golpe seco. Supongo que mi sonrisa de valor se vio falsa, pero aún así me salí a ver. La línea de luz debajo de la puerta del cuarto de bodega me hizo pensar… ya otras veces se le había olvidado a Carlos el dejar todo apagado y cerrado, pero… ¿todo el equipo?... entonces, algo se azotó contra la puerta de aglomerado y yo brinqué del maldito susto.

Cuando estábamos transmitiendo desde la calle Morelos, en el tercer piso, se contaban historias de fantasmas. Roxana me contó que alguna vez vió pasar a alguien a través del vidrio que dividía la cabina y el pasillo a la oficina. Grotescamente, la silueta aquella, a raíz que avanzaba se iba encogiendo, como bajando una escalera fantasmal. El mismo Carlos me confesaba haber escuchado ruidos demasiado fuertes como para ser el aire e incluso una vez, se asomó a tiempo para ver una de las sillas girando levemente, como si alguien se hubiera levantado apresuradamente… a lo mejor tanta historia me había sugestionado aquella noche que sonó la línea 1 y solamente escuchaba una respiración pesada y pastosa… luego, el reflejo de la cara blanca como la cera en la televisión del enlace satelital… yo dije “¡como de película!”, intentando bromear de nervios con nadie, pues a pesar de sentirme observado, la razón me decía que estaba solo, encerrado en aquel tercer piso.

Un sollozo. Un quejido débil… si no hubiera estado ahí parado a las cuatro con cincuenta y dos de la mañana, en una oficina planeada para repeler los ruidos, seguro que no lo habría escuchado con esa aterradora claridad. Lo que de plano me hizo dar un par de pasos atrás con un inevitable estremecimiento, fue el escuchar arañazos en la imitación madera de la puerta… aquella cosa encerrada, sin la menor duda, estaba intentando incorporarse dentro del cuarto. Se me cayeron las llaves, pero por mi madre que no iba a agacharme y perder de vista las sombras que partían la raya de luz, que eran el mapa de mi miedo, diciéndome si aquello intentaba alejarse, acercarse o salir. Jamás en la vida había estado tan asustado, jamás, pues detrás de la puerta, a dos metros y medio por el pasillo en tinieblas, una voz destrozada y apagada dijo mi nombre. Retrocedí, seguramente descompuesto de miedo, hasta la cabina y cerré la puerta con seguro. ¡Vive Dios que aquí no se mete!

El ingeniero Sevilla, cuando estábamos mudándonos a éste nuevo edificio, me lo dijo: “En tu nueva cabina sellada estás a salvo hasta de los cetegistas que vienen a querer tomar la estación”, claro, me lo dijo en son de guasa, y sea lo que sea aquello, me cae de madre que no milita en ninguna CETEG, ni sindicato… pasaron algunos minutos sin que atinara a hacer nada… y de pronto, una idea me hizo respirar: llamar a la policía. Pero, resulta que la gerencia tiene bloqueadas las líneas para hacer llamadas… ¡pinches llamadas!... ahora, venía lo chingón: ¿Cómo se marca al 066 desde celular?... ¡pues a la chingada!, así tenga que marcarle mil veces, no pienso salirme sin que haya apoyo… agarré el teléfono. 0-6-6… “estimado cliente. Su llamada no puede ser completad…” y que suena la línea uno, con ese timbre irritante, como de punto de chequeo en el reclusorio: ¡Trrrrrrrrrrr! Y brinqué. Levanté la bocina despacito, como si así le imprimiera complicidad a quien estuviera del otro lado… escuché… nada… y de pronto, como salida del séptimo círculo del infierno, esa pinche respiración otra vez. Una de dos: o me orinaba del miedo, queriendo escuchar algún indicio, o simplemente arrancaba las dos líneas. A la verga, me enredé el cable en la mano, preparando el tirón, cuando, la respiración aquella dio paso a unas palabras que se me han quedado grabadas con fuego en el alma “Julio… pinche Julio… ¿eres tú?”

Dice mi abuela Cira, que cuando un espectro te anda persiguiendo, o simplemente se te queda mirando fijamente, soltarle una ráfaga de majaderías lo hace retroceder… de cualquier manera, no sé rezar una chingada, así que… “!claro que soy Julio, pendejo, ¿a quién querías hallar a esta pinche hora en cabina, pedazo de mierda?... ¡vas y ching…” y del otro lado, mi interlocutor fantasma, se suelta a llorar con una desesperación que achiquita mi alma y mis huevos en el proceso. - ¿Carlos?... no mames, pendejo, ¿dónde estás?... ¿Qué pinche pedo te cargas? – ni me responde todavía y en mi cabeza se hace una luz… abro corriendo y voy a la bodega… aún con el horror de hallarme algo que ninguna mente en su sano juicio ha tenido que presenciar, abro la puerta, atascada con el cuerpo desvanecido de Carlos del otro lado, lo toco, le hablo… ¿Qué chingados está pasando?... entonces, como un muñeco de resorte, Carlos se sienta de golpe y me agarra del cuello de la sudadera y ahora sí, oficialmente estoy al borde de la locura.

Aquel sujeto de la bodega es y a la vez no es Carlos, con la cara arañada en su rictus de desesperación, con la ropa hecha un desastre y balbuceando cosas que no entiendo, o no quiero entender, los labios rotos y con las costras todavía brillando ante la luz amarilla y enferma de un encierro horrible. Entonces, en la pared de vidrio de la estación, escucho golpes insistentes. El velador fue quien llamó a la policía. Tardo en abrirles… Carlos no me soltaba y tuve que doblarle los dedos y darle un par de golpes.

Ya con Carlos bajo recaudo, el gerente mirándome sin creer del todo la historia y el pendejo del Ministerio Público queriendo que confiese que soy un maniático que torturó a Carlos hasta dejarlo hecho una piltrafa, me canso de repetirles lo que me dijo mi compañero durante todo el rato en que no podía sacarlo. Me doy cuenta que fue un error, no van a creerme lo que pasó… y es que mi cerebro tampoco quería, por eso es que las frases terribles de Carlos me sonaban como gruñidos en un principio… la mujer fantasma de la calle Morelos vino junto con la mudanza… una vez más, los ruidos y el valiente Carlos que salió a ver, motivado por escuchar entre otras cosas, una tos grave, a punto de la asfixia… aquel fantasma parece solamente no darse cuenta que se murió de tuberculosis o algo peor, y tratando de decirle algo al aterrorizado Carlos, lo hizo encerrarse y estuvo durante cuatro horas torturándolo con su voz, sus quejidos y su cara que aparecía intermitentemente en las persianas, en la ventana, con su tos desgarrada detrás de la puerta y sus dedos queriendo pasar bajo el marco… pobre cabrón.

Eso fue lo que pasó. Y aunque no pude leer el parte del Ministerio Público, yo también puse una loza de olvido forzado a aquella madrugada de terror. Todavía no tenemos quien reemplace a Carlos en su turno de cierre, creo que después de todo no es tan increíble la historia que sacó el Vértice, aderezada por su reportero fantasioso, acerca del chavo al que enloqueció una muerta. Al menos, en lo que aparece otro valiente, estoy cubriendo el turno de Carlos, gano más y estoy pensando seriamente en comprarme un coche… solamente hay un problema… como esta oficina está sellada, es prohibido fumar, así que anoche que me salí al cubo de las escaleras a darle el golpe, escuché detrás de mí una débil tos…

Ni siquiera voltee a mirar. Pisé mi cigarrillo y volví a la cabina, bien cerrada, a ponerme los audífonos para no escuchar nada. No me pagan por escuchar, y después de todo… ella ya está muerta… pero no seré yo quien se lo diga. No señor.

jueves, 30 de octubre de 2008

Dos sustitos


En esta ocasión, presento un texto y una historieta.
El texto ya lo había puesto en mi blog hace mucho, pero seguramente muchos que leen este blog no lo habían visto, prometo no volver a postear refritos.
(Pero el texto se adaptaba al tema)
Y por si el texto no cubre las expectativas, dejo una historieta que hice expresamente para éste H. blog. (si la historieta tampoco cubre las expectativas pos... ni modo... acudan con su monero favorito)

I.
Había una vez dos niños que eran amigos y vecinos. Se llamaban Herculano y Agapito.
Al salir de la escuela cada uno se iba a su casa a soportar a sus respectivas familias, y a comer sus sagrados alimentos que les hacían sus mamás.
A Herculano le gustaba que le cocinaran alcachofas e hígado de tiburón, mientras a Agapito le encantaba el pollo con berenjena y mostaza. Pero eso no importa, el asunto es que después de comer y hacer sus tareas, se salían a jugar a la calle. Uno de sus juegos favoritos era ir a una casa abandonada e ingresar a ella e imaginarse que eran detectives o cazafantasmas. Pero bueno, eso tampoco importa.

Un día, sus respectivos padres salieron en la noche a una fiesta swinger o algo así. Ellos no sabían qué era eso, pero no les importó, pues los iban a dejar con una niñera de nombre Porfiria en la casa de Agapito.
Estaban los dos amigos viendo unos videos de Valentín Elizalde que la niñera había llevado, cuando de pronto sonó el teléfono. Porfiria, que estaba en la cocina haciéndose una margarita clandestinamente, contestó la llamada. En eso, una voz como la de Sean Connery le susurra:
-"Mmmm, qué bonita faldita traes..."
-"Jijiji (sic), ay gracias, la compré en rebaja, ¿No está muy rabona?" -contesta sonrojada la niñera.
-"No, para nada, además ese tatuaje de calavera que tienes en donde termina la espalda es muy sexy, ¿no te dolió cuando te lo pusieron?" -le dice la voz
-"Ash, no es una calavera, osea, ¿Jelouuu?, es un caracol maya, ay osea qué naquito eres... además ni me dolió porque el que me lo hizo es hiper-profesio... un momento, ¿Quién eres?, ¿Cómo sabes qué traigo puesto?" -dice la ya friqueada Porfiria.
-"Ah, pues porque te estoy viendo... ¿Qué se siente cuidar a dos niños muertos?..."
-"¿¡Qué?!", grita la niñera al salir corriendo sin colgar el teléfono, a buscar a los niños.

Pero no están. Porfiria corre por toda la casa tratando de hallar a los infantes sin ningún éxito. Se regresa a la cocina, le da un trago a su margarita, hace un gesto de desaprobación, toma la botella de tequila y le echa más a su copa, se desabrocha un botón de la blusa, eructa, luego toma el auricular y vocifera:
-"¡¿Dónde están, qué les hiciste?!"
-"Yo no les hice nada, tú fuiste la culpable. ¿No sabías que si ves videos de Valentín Elizalde recibes una llamada y luego te mueres?" -pregunta la gutural voz
-"Ay, ni al caso, osea, ¿Jelouuu?, yo tengo mil años oyéndolo, y no me ha pasado nada weee" -responde Porfiria dándole sorbitos a su margarita.
-"Pos no, no te has muerto porque tú sí eres fan, pero los que no son fans y se burlan; reciben su merecido..."
De repente Porfiria cree entender, abre los ojos como huevos estrellados, toma el auricular con las dos manos, se lo acerca a la boca y dice con la voz temblorosa: "¿V-v-valentín?"

********

II.

miércoles, 29 de octubre de 2008

ESTÁ VIVA!!!! VIVA!!!!



(Este Post es un reciclado, lo escrbí hace un año en mi blog, pero que por el tema de la semana, viene bien al caso)

Este caso verídico ocurrió el 25 de septiembre del 2003, cuando recién acababa de entrar a la universidad, y fui, después de un mes sin ver a mi familia a visitar a mis papás…

Estaba yo poniéndome bella y primorosa porque uno de mis mejores amigos, “El Remo” iba a pasar por mí para irnos a tomarnos unas chelas con los amigos, cuando entra mi madre y me dice.

Madre: A dónde vas a salir Petronila?

Petronila: Voy al parque a dar la vuelta con mis amigos (léase: voy a tomarme unos cuantos litros de cerveza con mis amigos)

Madre: Pues fíjate que esa vuelta va tener que esperar…

Petronila: Ah chingá y porque?

Madre: Porque tu abue está enferma, tu tía que la está cuidando necesita ir a un mandado y yo voy a ir con ella, entonces para que no se quede sola, necesito que te quedes con ella hasta que lleguemos. ¿Qué dices?

Petronila: Pus yo digo que no, pero si digo eso, usted me va a mandar muy lejos a traer los refrescos, así que… pus ya que.

Llegó el remo y le dije:

“ni modo, nos tendremos que esperar en casa de mi abue a que lleguen mi mamá y mi tía de leerse las cartas (yo juro que a eso fueron), y mientras llegan jugamos póker”

Llegamos a casa de mi abue, que no queda muy lejos de la mía (bueno de mis papás), abrí, subimos las escaleras y… grite:

Petronila: abueeeeEEEEE!!!

Abue: (con voz casi inaudible y de viejita cara de pasita) aquiiii en el cuartoooo, oh cof cof cof

Petronila: ohh abuee mire nomás que joven se ve!!!

Abue: Y ese quién es???

Petronila: es mi amigo abue.

Abue: (con voz alarmada) Nooo a mi no me mientes!!!! Tú vienes hacer cosas sucias, vienen a picarsee!!!*

*(Picarse: dígase del acto aquel en que dos personas de sexos iguales o diferentes juntan sus cuerpos para intercambiar fluidos y hacer bebés)


Petronila: Nah abuee tranquila yo no vengo a picarme con nadie, usted duérmase, yo voy a estar jugando cartas en la sala, vale? Mi tía y mi mamá vienen en un rato.

Abue: dormirme??? Tus narices!!!, ayúdame a levantarme, me voy a la sala contigo, no voy a dejarte sola en mi casa con un hombre!

La levanté, la senté en su mecedora, se puso coser unas servilletas para las tortillas (¿no que muy enferma?) y mientras, el remo y yo, apostábamos en clave cuantas chelas se iba a disparar el que perdiera.

Yo estaba de espaldas a mi abue y el remo frente a ella, de pronto, veo que se queda quieto viéndola y me dice:

Remo: Wey…

Petronila: aja, aja, (viendo mis cartas) si yo 3-4 tu me debes 5-7 ehhh.

Remo: Wey!, wey!

Petronila: QueeeEEE?? (Levanto la mirada y lo veo con cara de espanto)

Remo: no mames, tu abue se murió. O.O (ojos de venado lampareado)

Petronila: QUE?? (Volteo a ver a mi abue y… moooocosssssss).

Aún recuerdo la escena…

Mi abue al lado de la ventana, sentada en su mecedora con los brazos extendidos (así como Cristo crucificado), la servilleta tirada en el suelo, la cabeza viendo al cielo, los ojos cerrados, la boca abierta y la luz de la tarde iluminando su cuerpo inmóvil.

En ese instante sentí que mis órganos vitales se hicieron licuado de papaya y plátano, la mente se me puso en blanco y no supe como jijos reaccionar. Todo era MIEDO.

Petronila: no mames wey!!!, no mames mi abueeee!!

Remo: Que hacemos??

Petronila: Perame, perame (me meto al cuarto de mi abue, abro su ropero, y saco una sábana blanca)

Remo: No mames que vas hacer.

Petronila: La voy a cubrir (yo estaba muerta en pánico, ni se me ocurrió fijarme si estaba respirando, pero es que estaba toda pálida, casi verde, pero sólo estaba dormida)

Ya después de cubrir a mi abue, vino la histeria y el terror:

Petronila: (llorando) Wey mi abue!!!, espérame aquí voy a ir por mi papá, o por alguien, no te muevas!

Remo: (más pinche que nada y muerto de miedo igual) No, no mames, no me dejes aquí solo con tu abue, vamos juntos, al fin y al cabo que no se va ir a ningún lado…

Petronila: Jálate pues, pero rápido, mi abue!!! buaah buaaah.

Bajamos las escaleras y ya cuando íbamos a abrir la puerta escuchamos una voz espectral que decía:

(Para esto imaginen a mi abuela con la cara más enferma, entre verde guacara y blanco gasparin, envuelta en una sábana blanca, solo asomando la cabeza desde el primer descanso de las escaleras)


Abuela resucitada: A dondeee vannnnn!!!!, mala gente!!!, ya se van a picar!!!!, me dejan sola!!!, malditos!!!, degenerados!!!!, depravados!!!, me taparon para que no los viera!!!.

Petronila: Abue!!!!!! viveeee!!!! No está muerta!

Remo: VERGA!!!! (Con la cara más pálida, los ojos más abiertos y saltones que jamás he visto en mi vida).

Ahora sí que… ¡Asústame panteón!

Ni les digo, ese día el remo se puso una peda que lo dejó en calidad de bulto a causa del susto… yo fui acusada por mi abuela por intento de homicidio y de querer usar su casa como motel. Ese fin de semana me la pase encerrada en mi casa más amargada y castigada que la jodida.

Cuatro palabras.


Nunca he sido una persona asustadiza, ni siquiera de niño. Que recuerde, nunca me dio miedo la oscuridad o los fantasmas y jamás tuve un monstruo debajo de la cama. Nunca le tuve miedo a Dios, por lo que me fue muy fácil dejar de creer en él a los dieciséis años. Por la misma razón, nunca me han asustado los demonios –o ángeles- y no me da miedo ir al cielo o al infierno. La muerte me parece solo un trámite engorroso e inevitable.

Con esto no digo que yo sea el hombre más valiente del mundo, claro que no. Simplemente, creo que estoy desensibilizado. No recuerdo una sola película de terror que me haya incomodado siquiera. La ultima que vi, REC, solo me hizo respingar una vez, pero solo por reflejo a un ruido fuerte, no por que no supiera que la simpática señora gorda aparecería enseñando los dientes.

Es por eso que nunca le he encontrado chiste a los cuentos de terror; no sé porque la gente considera como la máxima prueba de valor el pasar la noche en un cementerio, ¿Qué? ¿Un muerto se va a levantar y te va a apalear con su fémur? No sé quien dijo que hay que temerle más a los vivos que a los muertos.

Pero –aquí viene el gran pero-, yo, como el 98% de los hombres, le tengo terror a una sola cosa. Existe algo que a cualquier hombre en sus cabales le hiela la sangre. Cuatro simples palabras que, a pesar de su inocente significado, contienen una carga de horror que pocos hombres pueden soportar sin derrumbarse presas del miedo más absoluto y acalambrador. Cuatro terribles palabras pronunciadas por una mujer muy seria:

No me ha bajado.

Juro por los veinticuatro testículos de los doce apóstoles de Jesus que no hay nada en este mundo más aterrorizante que esas cuatro palabras.

Cuando una mujer suelta esta cuasi sentencia de muerte, se nos caen los calzones, en parte por el temblor de piernas, en parte por la cagada que les acabamos de soltar. No he conocido a un sólo hombre que por lo menos no trague saliva ruidosamente y empiece a sudar frío. Después del golpe inicial, sufrimos una transformación muy curiosa: nos volvemos idiotas y siempre, siempre, preguntamos la misma pendejada:

¿Estas segura?

No, pendejo, no esta segura si se le inflamaron los senos, si tiene cólicos, si le dan calambres y sobre todo, si le esta escurriendo sangre por la vagina, idiota.

Sigue la negación:

¡Pero tomas pastillas… ¿verdad?!
¡Pero solo te lo metí poquito!
¡Pero si me vine afuera!
¡Pero si ni me vine!

(Y la más pendeja que me han contado: ¡Pero si ni te veniste!)

Después, invariablemente, sigue un interrogatorio que dejaría al senador McCarthy como un principiante.

A ver, ¿cuando te tenia que bajar?
¿Es normal que te atrases? ¿Cuántos días? ¿Suele pasar en tu familia?
¿Qué día te bajo el mes pasado? ¿Y el anterior? ¿Y el ante anterior?
¿Y no sientes como que te va a bajar?

Durante todo este interrogatorio es obligatorio que uno mire concentrado hacia el vientre, como si poseyera visión de rayos X y buscara el endometrio para hacerlo descamarse a pura fuerza de voluntad.

La siguiente etapa consiste en un concienzudo análisis matemático lleno de razonamientos implacables que hasta nos convierte en especialistas en medicina reproductiva:

Veamos, si te había bajado el 2 y lo hicimos el 12, para entonces estabas en tu ciclo infértil, los óvulos aun no bajaban, entonces no debería haber ningún problema. Además, no me vine y el liquido seminal contiene una minima cantidad de espermatozoides, así que es muy poco probable que de haber quedado un ovulo sin desprenderse, se fertilizara… ¿No será amenorrea? (¿No serás un pendejo?)

Así leído se oye muy bien, lo malo es que en la realidad se dice con la mandíbula temblando y las manos sudorosas.

Después viene el horror de los días siguientes, la espantosa espera.

Durante esos días el universo se confabula en nuestra contra y en la televisión pasan única y exclusivamente comerciales de Kotex, tampones, condones y pañales. En todas las películas invariablemente salen embarazadas y bebes berreantes. No hay donde esconderse. Si llegamos a salir con los amigos a tomar unas cervezas, es posible que por un momento se nos olvide nuestra desgracia, pero no por mucho tiempo. Cualquier comentario, cualquier referencia, cualquier cosa tan sutil como unas papas con salsa Valentina nos trae de vuelta el horror. ¡Y es cosa de que uno no puede vivir así, por Dios!

Reencontramos la Fe perdida y a veces hasta retomamos creencias que nunca tuvimos.

Oh Gran Shiva el Destructor, si me salvas de esta, prometo aprenderme tus 1008 nombres y recitarlos todos los días de corridito.

Durante este tiempo de horror y desesperanza todo lo vemos negro. Imaginamos que dentro de nueve meses nuestra vida llegara a su fin. En verdad os digo que un hombre puede tocar fondo y nunca más recuperarse del golpe. He visto, derrotados, a hombres cabales abandonar definitivamente las vaginas y dedicarse únicamente al sexo anal, no importando el género. Una cosa tristísima, pues.

Pero mientras tanto, durante días bombardeamos a la portadora del útero del terror con llamadas al celular cada media hora.

Ring:
— ¿Ya?
—No, yo te aviso.

Ring:
— ¿Todavía no?
—Que no.

Ring:
— ¿Y si brincas?
—*click*

Ring:
— ¿Aún no sientes nada?
—No y me estas poniendo más nerviosa y así menos me va a bajar.
— ¿¿O sea que sí te va a bajar??
—*click*

Ring:
—Oye, ¿recogiste las camisas de la tintorería?
—Al rato paso por ellas.
—Ok… ¿Nada, ni una gotita?
— ¡Que no!

Y así hasta que se nos acaba el crédito o nos apagan el teléfono.

Y por fin, cuando después de habernos resignado y despedido mentalmente de nuestro futuro y haberle dedicado un minuto de silencio a nuestra irresponsable vida, llega el día más hermoso de la historia, cuando ella dice las palabras mágicas:

Ya me bajó.

El color nos regresa al rostro, el pulso se vuelve fuerte y el ánimo jubiloso. El futuro brilla luminoso de nuevo. Con los brazos en jarras reímos retadoramente hacia el cielo, ¡Ha Ha Ha! Invitamos a los amigos a comer a la cantina y bromeamos y reímos. Muy serios nos prometemos que nunca más permitiremos al horror regresar y brindamos por la invaluable tranquilidad mental, ¡Salud!

En la noche ya estamos cogiendo sin condón otra vez.

martes, 28 de octubre de 2008

AY NANA...


1.


2. De chico me asustaban mucho los vagabundos. Pero los veía como sucursales o anexos de mi verdadero miedo y actual obsesión: el demonio. A quien juro haber sugerido visitándome al menos una noche entre las cortinas de la casa en que la infancia se me iba con cada pestañeo. Luego leí a Bulgákov y me di cuenta de que tales visitas además de bien narradas pueden ser muy comunes.

A los vagabundos les seguí temiendo toda la primaria.

No creo en los fantasmas, desempeñan el papel del pasamanos en las escaleras, una forma incluso mensa de tener algo de qué agarrarnos cuando la verdad es que al morir, morimos y se acabó. Tan, tán.

2. Ahora bien, en dos ocasiones se me han aparecido fantasmones:

La primera fue en un camión regresando de Celaya. Lo que nadie sabe es que además del Cruz Azul, mi amor futbolístico en alguna ocasión le perteneció en parte a tal escuadra ahora inexistente. Venía de un Amecira uno, Celaya cero, demolido. Vi en la ventana del autobús un sujeto haciendo la parada. No se detuvieron a recogerlo. Luego pasó el resto del viaje nocturno sentado a mi lado. Lo juro. No me asusté. Dormí plácido hasta casa. Viendo las constelaciones en metro La Raza fue que me di cuenta: “Verga, era un pinche fantasma”.

La segunda fue en mi estancia de nueve meses en un Extended Stay del viejo Tejas. Viví tal fase en una habitación con recámara, cocina y baño a manera de muégano. Todas las noches sentía ya dormido, la presencia de los inquilinos ulteriores calentando sopas, meando o recostándose a mi lado. Tampoco me asusté. Me aliviaba pensar que eran energías atascadas. Acaso mi presencia en este momento beba reclinado en la cama mientras una señorita de Denver se masturba.

3. Le temía a la soledad pero ya no. Tampoco a la vejez. Los vagabundos ahora me caen bien. No quiero llegar al cliché de que son unos genios pero en el fondo cuando veo a uno medito y reflexiono siempre concluyendo que son sujetos excepcionales. Le temo a ciertas crudas, ya lo he dicho. Le temo a que le pase algo feo a quienes más he querido.

Ya no sé bien si a la gente la mueve la tristeza o el miedo. Éste segundo sobresale en las personas que toman decisiones y ganan quincenas ostentosas. El verbatim por excelencia de los patrones: “Tengo miedo, tengo miedo”.

Las pelis de sustos me gustan aunque en plena situación alarmante me basta con mirar mis agujetas o hacer ruido con los hielos para regresar al hecho de que aquello es sólo un filme que no cabe en la realidad bajo ninguna circunstancia.

Salvo con Kurtz (ambos). Quién de paso ha sido la persona que más pinche miedo me ha provocado en toda mi vida.

Otros episodios del terror: la carta de despedida de Virginia Woolf. El final de Climbing up the walls. La desconsoladísima carta de despedida de Virginia Wolf y el desquiciante final de Climbing up the walls. La devastadora carta de despedida de Virginia Wolf y el brutal final de Climbing up the walls.

Ejercicio 4: Asústame...



El otro día estaba más aburrido que la chingada sentado en medio de mi habitación viendo fijamente a la pared sin algo mejor que hacer, cuando de pronto...

... se enciende el televisor en un canal nacional abierto donde transmitían 12 corazones, un programa de cholos y latinos indocumentados en los United States (sí, como Salaverga) en busca de amor con otras mujeres latinas de esas que se tiñen el cabello de güero con agua oxigenada y se les salen las lonjas por sus pantalones entallados, todo con un toque zodiacal o un pedo así. A la mierda pensé. Le apague bien asustado en el momento que salió un cabrón con una toga en la cabeza diciendo compatibilidades en signos. Asqueado le encendí al Gears of war, así nomas se volvió a poner el canal, a chingar a su madre me espante y mejor me puse a verlo (además la conductora esta buena). Eso sí es tenebroso y no chingaderas.

Un tal Herminio Ciscomani de Phoenix Az encontró su corazón: Beverly Suárez que es empleada en un Big Kahuna's Burguer en El Paso, Tx.

Fin.

lunes, 27 de octubre de 2008

Dos fiestas de espantos y un susto




Fiesta 1.
- ¿Qué onda con tus amigos gandallas, eh? - Me aventaron como "indirecta" mis compis del trabajo, cuando realmente lo querían decir era: Corre a la chingada a esos malandros

Estábamos en una fiesta de disfraces que yo organicé. Desde cobrar, hasta adornar el lugar y hacer de comer cosas espantosas -pero deliciosas- lo hice yo, con apoyo de dos achichincles. Supongo que esa fue de las últimas veces que anduve de "organizadora" de fiestas, antes de que la gente en general me cayera como hotcakes con mermelada en mañana de cruda.

En la semana, había invitado a la mentada fiesta unos amigos. Ellos no se convencían mucho a ir, ya que mis compañeros de trabajo eran, básicamente, muy ñoños.

Ya con todo preparado, me disfracé de Hada de las Flores, usando mi vestido de quince años con mil metros de crinolina y brillos en el cuerpo. Como pude me subí al coche y antes de ir a la mentada fiesta, pasé a dejarles a mis amigos -desde ahora, los malandros- un mameluco, para que uno de ellos se disfrazara de Horny Baby. Aún no se habían decidido en ir-y no estaban lo suficientemente borrachos- por lo que me subí a mi coche (esta vez me empujaron para entrar) y me dirigí a la fiestecita.

Todo iba bien, cuando me habla al celular mi amigo, al que llamaré Huevo Luis Malandro1 Jason.

Jason: Oye, si voy, pero vamos algunos más.
Hadita: Bueno, tu caile, nomas no coman.
Jason: Si, no hay pedo.
Hadita: Ora, chinga tu madre.
Jason: La tuya pinche vieja.

(clic)

No tardaron en llegar el Malandro1 disfrazado de Jason y Malandro2 disfrazado de Horny Baby, seguidos de algo así como 10 individuos disfrazados de Malandro 3 al 12. Considero apropiado comentar que estos individuos son la seriedad personificada, de traje y correctitud a full. Pero ya que iban disfrazados de malandrines, entraron en papel y se pasaron a la casa sin siquiera preguntar por mi y se aplastaron en la sala después de saludarme.

Los ñoños corrieron a la cochera espantadísimos.

Intentando minimizar el detalle, estuve un rato platicando con los malandros esperando a que llegaran mas ñoños y no hubiera más que integrarse y juntos bajo el influjo mágico de los litros de alcohol.

Fue entonces cuando la dueña de la casa, disfrazada de Hada Azul, me dijo:
Hada Azul: ¿Qué onda con tus amigos de gandallas, eh?
Hada Dorada: Ah no te apures, no van a comer.

Efectivamente, ESA era su preocupación. El ambiente se puso extremadamente tenso, porque cada vez que pasaba un ñoño, los miraba con ojos de "muere Bill Gates, ¡viva el software libre!".

Mis compañeros me estuvieron jodiendo más y los malandros se dieron cuenta. Entonces comencé a decirles:

-Oigan que pena, no creí que se fueran a poner así...

Lo que ellos interpretaron

-Vayanse a la chingada pinches nacos malandrines

Y se fueron, sin dejarme siquiera terminar de hablar. Al día siguiente, Jason me dijo que se querían regresar a madriarnos, y junto con el Horny Baby tuvo que contenerlos, uy.

Hace poco la dueña de la casa me confesó que todos se estaban cagando del susto, uy.


Fiesta 2.
-¿Tu y cuantos mas?...Putito
Y que se arman los madrazos ante la gritería de todas las presentes.

Esta segunda fiesta no la organicé yo, ni los malandros que se colaron eran mis amigos. En esa ocasión me disfracé de Gloria Trevi e iba con mis amigos Avril Lavigne y Sergio Andrade (no se disfrazó... así es de rellenito, mujeriego y regio).

Todo iba bien, aunque los adornos y comida no eran ni la mitad de divertidos que la Fiesta 1. Los malandritos de rancho no habían hecho drama y mis amiguis y yo estábamos hablando del porque una integración de componentes horizontal es mas efectiva que la vertical, pero menos testeable.

De pronto, un malandrito de rancho hizo un comentario sobre una compañerita, que su novio consideró altamente ofensivo y se lanzó a madrazos. Y fue cuando lanzó esa gran frase que abrió este relato. Apenas y se pegaron, a decir verdad. Los separaron y los malandrines rancheros se quedaron afuera de la casa.

La anfitriona-loca se puso histérica -los malandros eran amigos de su hermano- y empezó a sacar a los rancheros que aún quedaban en casa. Afuera, los malandros querían entrar y la otra les gritoneaba.

-Jorge- bueno, su hermano- vete a la chingada de aquí con tus amigotes!!
-¡Cálmate pendeja! déjanos sacar nuestras cosas
-¡Les dejo sacar una mierda!!

Y así varios comentarios con ese nivel de fineza.

Como no se iban, le habló a la policía. Entre tanto desmadre, no se había dado cuenta que aun había 2 rancheritos en la casa, más específicamente en el baño, cogiendo.

Cuando nuestra anfitriona se dio cuenta, se volvió loca tocándoles la puerta. Como la casa es de dos pisos, mis amiguis ñoños y yo estábamos acurrucados en un rincón de la planta baja, escuchando el diálogo, que afortunadamente era a gritos y se desenvolvió mas o menos así:

Compañera Loca: Salgan del baño cabrones!!
Vieja ponedora: No salimos! VETE
Compañera Loca: Salgan les digo! **comenzando a pegar la puerta como puerco encajado**

**Salen los cogelones del baño y baja el wey abrochandose el pantalón. Sale de la casa sonriendo**

Compañera Loca: ¿Por qué estabas cogiendo en mi baño pinche puta?
Vieja ponedora: ¡Puta tu madre!
Compañera Loca: Te voy a partir tu madre! ya verás!

**Gritos, mas amenazas, golpes contra la pared, patadas, jaloneos y todas esas finezas que distinguen a un buen catfait.**

Por fin bajó la vieja ponedora, mientras la dueña de la casa les seguía gritando de cosas. Cuando se fueron los malandrines rancheros, el drama continuó, gracias nuestra amable anfitriona que se puso a llorar con berridos, pidiéndonos perdón de episodio antes transcurrido. Lo que más me daba risa, es que la vieja nos narraba una y otra vez como se habían peleado en la planta alta.

-¡Y rasguñe a la puta! - gritaba haciendo la mímica correspondiente con las manos.

Nos curamos el espanto con borrachitos de puebla y nos fuimos de idem a un antro en con la esperanza que mi amor imaginario se prendiera de mis medias rotas y greña alborotada.


El susto de la mañana siguiente

CUIDADO, NO APTO PARA CARDIACOS. Os lo advertí.
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