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lunes, 8 de junio de 2009

¿Cómo ha sido colaborar con otros autores con estilos y personalidades tan diferentes?


Como blogger, participar en Recolectivo es una gran experiencia. Las tallas de los autores, la gran exposición que se tiene, las retroalimentaciones en forma de comentarios, y ése tema semanal que hay que escribir a costa de todo.

Me gusta el concepto de Recolectivo. Es demasiado real, y eso me apetece sensacional. Para empezar, la selección de autores es completamente arbitraria, y carece de metodología práctica. El plantel se ha integrado de perfiles que van de similares a mutuamente excluyentes: periodistas, adolescentes ególatras, criminólogos, blogstars, moneros, empleados, locutores, y otras escorias innombrables. Esos perfiles le dan un mosaico entretenido de opciones al lector. No hay nadie mejor que nadie, sólo estilos diferentes.

Por otro lado, no conozco a todos personalmente, si acaso sólo a algunos. Eso hace éste proyecto aún más sui generis y virtual. No cabe duda que me encanta leer los post de chilangelina, la crudez de Daniel, la ficción de Luis, los textos impecables de Beto, los monos de Guffo, las sorpresas de Manuel, la sensibilidad de Rox o la chica de los tacones que odia a los hombres, por mencionar los primeros que se me vienen a la mente. Pero, eso sí, me gustaría conocerlos a todos personalmente, invitarles una buena chela.

Por mi lado, he sido un blogger muy irregular. Geek confeso, pero socialmente aceptado y hasta mimado. Estudié una carrera de poca afluencia de culturosos, por eso lustro mi calzado y me recorto la barba dos veces a la semana. Cualquiera que me viera un día normal por la calle, no adivinaría que escribo en Recolectivo, ni siquiera que escribo. Pensarán que soy un jock-superficial y megalómano. Que voté por el espurio, que mis amigos y yo hablamos de nuestros viajes a Miami en el jacuzzi de algún fitness club, así como comparando nuestra capacidad de compra de gadgets redentores e inútiles antes de nuestra primera hipoteca.

Pero no, ya he dicho muchas veces que saqué menos de 8 de promedio. Y no diré exactamente cuanto por pena. Demandé a algunos ex-empleadores, defraudé a American Express, y me masturbé severas veces en la pubertad pensando en una prima sabrosísima. También fui expulsado de un colegio, y he robado varias cosas de autoservicios y tiendas departamentales. Hacienda me persigue, sin embargo boicotié al sistema y ahora tengo el trabajo de tus sueños. Me levanto a la hora que quiero, y fumo sin desayunar. También oriné muchas veces la virgencita de Guadalupe que yace en la carretera de la Rumorosa.

Entonces, la pregunta es.

¿Recolectivo me querrá en su panel, siendo un blogger sin miles de seguidores, tampoco una eminencia literaria, y mucho menos un culturoso comprometido?

domingo, 7 de junio de 2009

El método mi reina...



Al conocer el tema semanal ¿Tienes algún método para decidir cómo abordarlo y qué rumbo tomará?

No, en lo absoluto, no tengo algún método para decidir cómo abordarlo y qué rumbo tomará.

Apenas tengo cuatro semanas participando en Recolectivo y resueltamente una, sin bombardearme de prejuicios y autocomplacencias, aunque para qué me hago pendeja es divertido leer los comentarios incluso los más ofensivos.

Lo más cercano que he estado de un método es pensar en el final y escribir el resto inmediato anterior. Por supuesto esto no siempre me ha traído buenos resultados, sobre todo en la universidad. Estudié Historia y aunque existe un método científico (sí así como suena, la Historia es una ciencia), nunca lo tomé en cuenta al momento de escribir en el IIH-UNAM. Siempre partía de la parte más cómoda, a veces, hasta tenía terminadas las conclusiones antes de poder afirmar con testimonios y fuentes secundarias la existencia de un hecho histórico.

Mi corriente favorita siempre fue la Microhistoria italiana, indagar a partir de un indicio individual -como el diario de un molinero en el siglo XVI- la ambientación de la clase subalterna, la forma en la que comían, rezaban, cogían y si no tenía con qué comprobarlo siempre existían las benditas hipótesis perfectibles, pero ese ya no era mi pedo sino de los sinodales y el cuerpo colegiado. En rigor, me dieron una patada en el culo, me dijeron que dejara de inventar las partes de la historia que faltaban, que ese momento de mi (flamante) carrera lo mejor era ponerme a documentar las fluctuaciones macroeconómicas del proceso de sustitución de importaciones, después hacer una maestría auspiciada por alguna paraestatal o empresa privada, luego poner a todos mis becarios a fabricarme una tesis doctoral y después (no antes) ya te me podría inventar que Maximiliano era joto o que a Porfirio Díaz le gustaba el chorizo verde de Toluca.

“El método mi reina, el método es el modo”, me decía cierto profesor y sinodal. Me di cuenta que el resto de mi generación siguió esas reglas, A para llegar a B. A pesar de quejarnos abiertamente de los paradigmas de Conacyt, de su falta de pericia para evaluar a los investigadores fui la única que continuó con esa rebeldía de pacotilla hasta convertirlo en diletantismo pragmático. Y sinceramente, me ha traído mayores libertades.

Entrevista



Has estado presente en algunos proyectos grupales (Big Blogger, Metatextos) ¿Por qué crees que te invitaron a participar en Recolectivo?

Algunas personas, tienen cara de que desearían coger durante todo el día, independientemente de que quieran hacerlo o no. Supongo que soy una de esas -aplicándolo a ese otro maravilloso aspecto de nuestras vidas llamado ... blog-. Salaverga me fue jalando poco a poco y en una de esas, me encontraba en una reunión donde Luis me explicó que se hacía y como. (Ahhh, de esa reunión la única espinita que me queda es que el Changos se quedó con la idea que soy un mamón. De verdad lo siento Changos). Me platicó de los super beneficios que tenía escribir en domingo, por ejemplo, que no me leerían en mi iglesia local y que entraban los lectores más fieles al proyecto. Parpadeé muchas veces. Después de todo, en Big Blogger, como en Metatextos, lo peor que puedes hacer (ego-wise) es publicar en domingo. No importaba, después de todo, mi blog-ego de quien sabe cuantos años esta tan vapuleado y chupado, que publicar en domingo no me pareció ningún beneficio o contra.

En Recolectivo, el único poder de decisión que tengo como colaborador es escribir y ya, algo que me pareció un cambio agradable. Muy distinto a los otros dos colectivos que se mencionan.

En Big Blogger, en algún momento empecé a funcionar como el coordinador de todo el show. Lo hice bien durante tres o cuatro años y luego me cansé. En ese aspecto tengo algo de experiencia (como manejar un colectivo pues), no puedo decir que tengo toda la experiencia del mundo porque sigue vivo (a su muy particular modo) y no he tenido el tiempo, ni la energía, para tomar las riendas de nuevo. El propósito del colectivo (entretenimiento al estilo de un "reality") era completamente distinto a este, la dinámica exigía retos, contabilizar puntos, controlar las entradas, que no se salieran del formato y que siguieran un lineamiento. En algún momento, tenía a personas como Plaqueta y Luis, que son conocidos por hacer lo que quieren y como gustan, haciéndome parir chayotes y resoplando, para exigirles que hicieran las cosas de cierto modo. No sólo eso, si no que tienes que buscar la mejor manera para decírselos. Ya había tenido experiencia con decirles las cosas a mi modo y ya, o el famoso "vamos a decirles las cosas como son", y eso, jamás funciona. No si quieres mantener con vida un proyecto.

Recolectivo es pura libertad en ese sentido. Sí, se encabronarán de vez en cuándo y tardarán años en ponerse de acuerdo en una que otra cosita... pero en realidad es muy sencillo: lee el tema, escribe sobre el tema. La dificultad yace en "escribir algo de calidad" sobre el tema, lo cual, es meramente circunstancial. La calidad termina definiéndola un lector. El escritor lo único que puede hacer, es desarrollar un tema sobre el cual nunca tuvo un control desde un principio. Tal vez escriba algo que se apegue totalmente, o se liberte y busque la ambigüedad - ese giro ingenioso- que permita desarrollarlo. Esos jueguitos tampoco importan cuando a un lector no le interesa. ¿Escribes para ellos o para ti? La respuesta a eso, es tan vacía como lo anteriormente escrito. Les digo, harta libertad.

En Metatextos mi participación, así como en recolectivo y big blogger, era de otro tipo. En su segunda etapa, entré un rato y participé, simplemente porque todos podían hacerlo. Algo que es muy complicado cuando hablamos de ficción, de cuento, y de un estilo taller, es que todos alzan el cuello y gustosos procuran exponer a sus peques, sin que otros interrumpan. Los defienden con los dientes. Un montón de chamaquitos que se exponían frente a otro montón de chamacones, y los niños malos hacían pedazos los escritos de los niños regulares y buenitos, y así. Fue cuando me dije: ¿Por qué no ser un niño malo un rato? Así que jugué en ese aspecto, criticando los escritos de otros y publicando los míos para que fueran igualmente despedazados. No diré que "uffff, crecí muchísimo como escritor / bloguero", pero me divertí como enano.

Como ya tenía experiencia en herramientas web, fue cuando nos juntamos el trío de metatexteros: Beam, Renato y un servidor, para agrandar el proyecto de Metatextos. Si antes cualquiera podía participar, ahora lo puede hacer todo el mundo. Trabajamos diseños, algunas cositas y ya. En Metatextos fui colaborador y apoyo para el cambio.

En Recolectivo sólo soy uno más, incluso creo que el menos apasionado por el proyecto. Estoy aquí por una sana y mera cuestión de entretenimiento. Propio o ajeno, no importa. ¿Me habrán invitado por eso? No lo sé, muy probablemente sí, eso... o porque bueno, los domingos necesitan un intendente... e incluso para barrer es necesario divertirse.

sábado, 6 de junio de 2009

Una persona más elocuente.



Siendo la radio tu medio principal de expresión ¿Qué ventajas encuentras en un proyecto como Recolectivo?

1.- Parezco una persona más elocuente. Generalmente en radio quiero (y necesito) contar un montón de cosas a la vez, hablo rápido, me equivoco y se me olvida cuál era el tema principal. Aquí me pueden apreciar con la cabeza más ordenada y eso me parece realmente agradable.

2.-Siempre tendré algo o muy estúpido o muy importante que decir. Y generalmente, no lo puedo escupir en mi programa de radio (ya me regañaron por ególatra, que en vez de poner lo nuevo de los Beirut quiero platicarles de mi vida íntima) así que pienso lograrlo acá de alguna forma u otra.

3.-No puedo escuchar a todos mis compañeros de RMX en sus espacios, en cambio, aquí sí puedo leer a todos los colaboradores (saludos muchachos, les invitaré unos tragos).

4.-Que en mi colaboración número 23 llegará una editorial emergente a proponerme escribir un libro de cuentos cortos ¡Te descubrimos en Recolectivo, te amamos, firma aquí! Hahahaha.

6.-Seguro pensarán que me soy una barbera con eso de invitarles alcohol a los Recolectivos, lo que ocurre es que yo llevé clase de Relaciones Públicas en la universidad.


viernes, 5 de junio de 2009

Índigo neurótico



- Siendo el más reciente colaborador, ¿qué tan dificil es subirse a un tren en movimiento como Recolectivo?

- Creo que he convertido en costumbre eso de treparme a trenes en movimiento. Por alguna razón siempre soy el nuevo, el recién llegado, la flamante adición de un grupo. Supongo que encuentro infinitamente atractivo descifrar códigos existentes, conocer dinámicas e interacciones ajenas y probar constantemente mis habilidades de ajuste y cambio ante cierta situación. O quizás soy un completo huevón que jamás podrá iniciar algo exitosamente y prefiero integrarme a lo seguro y en marcha, no sé.

De cualquier manera, no es fácil ser el nuevo: todos te miran raro, te pierdes los chistes privados y no puedes evitar la sensación de estar siendo observado y evaluado muy de cerca. Y juro que no es sólo mi paranoia crónica que siempre me orilla a pensar que todos me odian secretamente. (¡Sí te odian, sí te odian!)

Me parece un proceso bastante natural, la verdad; sí hay una fase de prueba, de ajuste de expectativas, integración y naturalización en la que el nuevo integrante del grupo sufrirá de ataques nerviosos constantes al imaginar el rechazo de los demás. Durante este periodo es completa responsabilidad del nuevo suprimir su neurosis, sonreír, verse bonito en la foto y decir a todo(s) que sí.

También hay otra opción: podrías hacer caso a tus instintos autodestructivos, subirte al tren en movimiento e intentar cambiar su rumbo, o mejor aún: descarrilarlo. Podrías causar caos y conflicto; intentar derrocar el sistema, destruir lo preestablecido y correr el excitante riesgo de ser expulsado a toda velocidad y arrollado por la locomotora. Pero actualmente estoy medicado, en terapia y bajo cercana supervisión siquiátrica para ese tipo de cosas, así que que simplemente sonreiré.

Lo cierto es que el resto de los autores de Recolectivo facilitan el proceso de adaptación. Todos han sido bastante cordiales y agradables y... (¡y sí! Cordiales y agradables, pero están dementes. ¡Dementes! Se la viven mandando correos electrónicos para supuestamente ponerse de acuerdo aunque jamás llegan a nada, absolutamente nada. Bueno, hablan de cuánto se quieren mutuamente, de mandar fotos en pelotas de cada uno de los integrantes y de regalarse ositos con mamelucos. Cada correo nuevo que llega a mi bandeja sólo logra confundirme más y más sobre lo que debo hacer. La verdad, ahora ya no recuerdo bien quién es quién, ni que estoy haciendo aquí y sólo sé que le tengo mucho miedo a Luis. Además, eso de implantar un chip que libere toxinas mortales directo a mi corazón si decido no escribir un viernes me parece un poco exagerado. Ah, y Guffo tiene un plan ultra secreto que ni puta idea de qué es, pero he concluído que tiene algo que ver con la desaparición de la Señorita Pelo y planes de asesinar a Plaqueta. ¡Es que están locos! ¡Locos! Y si los dejamos seguir actuando seguramente...)

- ¿Y...?

- Y nada... ¡Todos ellos son una maravilla!

Un karma, una maldición.



¿Que aspectos de ser periodista ayudan a la hora de escribir en Recolectivo?

Ser periodista es un karma, una maldición, un mal vicio eterno del que es imposible rehabilitarse, una baja pasión de la que quiero mantener alejado a nuestro hijo. Sin embargo, justo es reconocer que este oficio del que he vivido y sobrevivido por más de 16 años, me ha enseñado dos o tres cosas de la vida. Ser periodista es, ante todo, un oficio de huevos, voluntad y mucho sentido común.

Respondiendo de manera específica la pregunta, diré que trabajar en un medio impreso te forma una disciplina a la hora de escribir. Aprendes que el cierre de edición no espera ni conoce prórrogas y aprendes el significado de escribir una nota en cinco minutos cuando ha pasado la media noche, la máquina está rugiendo y traes 16 horas de trabajo intenso encima. Aprendes a escribir con plazos, bajo presión y con diferentes estilos.

Jamás le diré a Recolectivo que no tengo el texto del viernes, porque aprendí a jamás decirle a un editor que no tenía el reportaje de la semana o la columna de todas las tardes o la reseña de los domingos. Contra viento y marea las tenía que tener. Por lo demás, aunque el periodismo puede llegar a extremos inconcebibles de bajeza y prostitución, lo cierto es que es un noble oficio que te hace conocer y dimensionar tu entorno a profundidad descarnada. No sólo conoces de cerca y a veces en la intimidad el rostro del poder y sus trucos, sino que influyes decisivamente en él desde tu trinchera (hoy que estoy del otro lado, dimensiono lo mucho que un gobernante se rige por los medios) Pero de la misma forma que conoces a los poderosos y a todos aquellos que rigen o influyen en la vida de tu entorno, conoces los más profundos abismos de tu sociedad.

Gracias al periodismo he podido conocer asentamientos, personajes mundos y realidades de nuestra ciudad, que miles de tijuanenses ni siquiera imaginan que existen. Haber visto decenas, acaso cientos de muertos, haber platicado con tanta gente que después fue asesinada, haber visto tanto dolor, tanta traición, tantas esperanzas hechas mierda, te hace ver que la realidad es una gran creadora de novela negra.


¿Cuál es el problema principal de participar en un proyecto colectivo de este tamaño?

De entrada debo aclarar que para mí Recolectivo no representa un problema, sino un placer. Escribir no es para mí un medio, sino un fin en sí mismo, un acto hedonista y masturbatorio. Escribir con libertad de criterios y estilo es placer en estado puro. No soy escritor en el sentido literario del término ni pretendo serlo, pero desde hace años me gano la vida creando textos. Soy tal vez escribidor o tundeteclas. Escribo decenas de miles de palabras al día. Ahora mismo, que llevo cuatro meses ganándome la vida fuera de un medio, me siguen pagando por escribir, por comunicar ideas a través de la palabra escrita.

No me llena de orgullo escribir comunicados, redactar desplegados, discursos o posicionamientos oficiales, pero al parecer lo hago bien, pues me pagan por ello, a la par de que sigo colaborando externamente con medios periodísticos, específicamente con tres. Salvo un espacio semanal de reseña literaria en televisión, caigo en la cuenta de que todos mis pendientes laborales tienen que ver con escribir. Dado que para la comunicación oficial me apego a estrictos criterios y manuales de estilo, tener un ejercicio de libertad como Recolectivo es un deleite. ¿Problema? Mmmmm, no, no es un problema. Es en todo caso un reto de no caer en lo ordinario y lo repetitivo o en el lugar común, pero estos retos también son hedonismo.


jueves, 4 de junio de 2009

¿Que tal es tener a Luis a cargo del changarro y correteándolos a todos?



Pues no podría hablar por todos, pero para mi es natural, intramuscular y casi casi transparente.

Para que un proyecto funcione, siempre es necesario que una persona coordine, por así decirlo. En el caso de Recolectivo, muchas veces es un puto desmadre. Neta, dejas de checar gmail un par de días, y aparecen correos KILOMÉTRICOS, de los que francamente no se entiende ni madres.

Ahí es la parte donde entra Luis, con su adorable seudoneurosis, a poner un poco de orden, repartir beerslaps, e insultar al Caníbal (yo te quiero corazón, beso).

Yo no me involucro mucho, simplemente posteo el día que me toca (generalmente), del tema que toca, y le aviso a la Gerencia *cofluiscof* si es que voy a estar ausente durante un periodo considerable de tiempo, primero por educación, y segundo para que no me den una patada en el trasero.

A mi parecer, es la persona más adecuada, es el que tiene algún tipo de relación con todos los miembros, el que hace los acercamientos iniciales, etcetcetc. Después de todo, creo que es al único al que no se le puede tomar nada a mal, ja.

La bosta preferida



¿Cuál es, según tú, el post con el que te sientes mas satisfecho y por qué?

Primero una precisión. Bostas, no posts. Yo les digo bostas porque considero que con todo y que alguien escriba como el mismísimo Cervantes redivivo, al final, su producción literaria será una actividad parecida a la de ir a cagar: expulsar algo de las profundidades de uno.

En ese sentido, cada cosa que uno escribe provee de una satisfacción mínima. Sin llegar al extremo de declarar bendito el producto del teclado (ni el del vientre), creo que escribir lo deja a uno más ligero y aliviado que a los que les gusta vivir estreñidos de insensateces y dislates. Entre las excepciones a esta regla están escritores como Paulo Coehlo y Salvador Borrego, que no tienen remedio.

(La analogía cagar-escribir no llega mucho más lejos. A quien quiera extenderla le sugiero que contemple sus propias heces, las describa en un texto y recite dicho texto en la próxima cena de navidad para amenizar la reunión familiar).

Ahora bien ¿qué bosta me ha dejado más satisfecho? Eso depende de donde la haya yo evacuado para abonar el terreno. Por ejemplo, en un blog de crónicas de viaje (cuya dueña también escribe aquí), las fuentes de satisfacción son dos. En primer lugar, está la satisfacción que me proporciona el hecho de describir, sin sonar a recitación de wikipedia o a panfleto de oficina de turismo, algún sitio que me haya gustado visitar. Y en segundo lugar, me da gusto que algún lector llegue a comentar "qué lugar tan interesante, no lo conocía, voy corriendo a verlo con mis propios ojos". Ahí lo más satisfactorio ha sido lo que escribí de un panteón.

Por otro lado, en mi blog, la satisfacciones más grandes provienen de mostrar que no existe idea ni tan intocable, ni tan venerable, ni tan sagrada como para que no nos podamos pitorrear de ella. En ocasiones, como bono extra, recibo exabruptos que me indican que eché derecha la flecha. Tampoco es para echar cohetes al cielo. Muchos de los blogueros que no se limitan a decir nada más lo último que han hecho Google, Microsoft y Apple, o a autoproclamarse expertos en twitter, facebook y socialmedia (que es parecido a presumir experiencia en respirar), hacen en alguna medida lo mismo que yo: disentir.

Y aquí en Recolectivo la satisfacción (bueno, la mía) tiene otros orígenes..

Llevo, con esta, 15 bostas. Deberían ser 16. La que no posteé no lo hice por hueva, sino porque después de varios intentos continuaba sin gustarme. Para que yo pueda decir "ah, me gustó esto que acabo de escribir", primero tiene que cumplir con el criterio de que me haya divertido yo escribiéndolo. Sin embargo ese criterio aunque es necesario no es suficiente. El otro criterio que se tiene que cumplir consiste en que el texto contenga un elemento que le proporcione una sensación de cosa recién descubierta a lo que estoy diciendo. Aunque se trate de una narración sobre algo tan prosaico y cotidiano como freir un huevo, si tiene ese elemento entonces estamos hechos.

Es como dice Stephen King en On Writing (que recomiendo mucho que lean): narrar bien una historia se parece a descubrir un fósil. Usas tus herramientas expresivas para sacarlo a la luz lo mejor que puedas. No importa si es un trilobite diminuto o el esqueleto completo de un tiranosaurio.

Voy a ejemplificar esto que digo con un link de aquí mismo. En el tema "Señales del Apocalipsis" escribí una bosta que contiene dos textos. Ambos son ficciones. Uno me aburre y el otro me gusta mucho. El primero parece moraleja y tiene de emocionante lo mismo que un texto de Cuauhtemoc Sanchez o un gol en una final de futbol, es decir nada. El segundo me gustó mucho más. Me fusilé elementos de grandes como Niven y Clarke y conseguí armar una premisa (ese sería el fósil descubierto) que no me causara un bostezo: ¿qué pasaría si alguien despertara y descubriera que mientras estaba dormido la humanidad se extinguió? En el desarrollo de la premisa apareció el sr Nalgabruta que es un genio y un manirroto. Como Howard Hughes sin sus pinches fobias. Si no he escrito aquí más sobre el sr Nalgabruta es porque no todos los temas que proponemos se me antojan para acoplarlos a esa historia.

Para acabar con este preámbulo larguisimo, la respuesta seria que donde introduzco al sr Nalgabruta es lo que más satisfecho me ha dejado de lo que llevo escrito en Recolectivo. También fue satisfactorio enterarse de que había dos lectores que querían saber en qué continuaba. Creo que uno de ellos era mi mamá.

pd1. Las tripas reventadas de coraje de algunos anónimos siempre serán un plus de satisfacción. No me averguenzo en confesar placer de ser motivo de derramamientos de bilis. Me gusta imaginar que mis frases mal juntadas se convierten en una fuerza de la evolución que limpie un poco el planeta de tanto corajudo.

pd2. Otro manantial de satisfacción es cuando me corrigen ortografía. Da gusto ver que haya gente con al menos las mismas capacidades del corrector de ortografía de office. Nomás les falta aclarar si están haciendo un favor o están pidiendo chamba de corrector de estilo.

respuesta


Kabeza: ¿Qué hace un monero en un blog de ejercicios literarios?

A mi el dibujo siempre me ha salvado el pellejo.
Cuando estaba en la escuela me libraba de pasar al frente a exponer; yo era el que hacía las cartulinas con los mapas, la molécula partida en dos o los retratos de los héroes que nos dieron patria y libertad.
Cuando a algún maestro se le ocurría que los pubertos y pubertas del salón teníamos que destrozar nuestra dignidad y hacer una obre de teatro, yo era el que "diseñaba" la escenografía y ya no tenía que pasar por el ridículo de ser actor de reparto.
Cuando se requería que alguien pintara una manta o rotulara un cartel me hablaban y los maestros me perdonaban la vida. O cuando nos pedían un trabajo de muchas hojas, el 80% las llenaba de monos y así ahorraba horas de consulta en la enciclopedia Salvat y apantallaba a los incautos lacayos de Elba Esther.

Así que cuando me invitaron a colaborar en este H. blog, me dijeron que se pondría un tema para desarrollarlo (no me dijeron cómo) y sería bien popular y saldría con "chavas buena onda" (Huevoruchis dixit), pues acepté.
Nunca me dijeron que era un blog de "ejercicios literarios", ni lo he visto nunca así.
Además, la caricatura, cómic, monos, historieta o como se le quiera llamar no está peleado con la "literatura"
Aunque a veces no parezca, mis dibujos en ocasiones son profundas y sesudas reflexiones del devenir diario:

¡Literatura pura!

miércoles, 3 de junio de 2009

Extraño mi detergente en polvo Foquita



Doo Dah: ¿Por que decidiste aceptar participar en Recolectivo?





¿Y por què no?


Pues me gusta tres friegos escribir, al igual que todos los demás que escriben aquí (Si mi ingenuida' no me falla) y cuando webo llegó a proponerme, sobre una nube rosa azucarada y vestido de ninfa de los bosques, que si me interesaba entrarle a Recolectivo, me quedé pensando: "Mmm... ¿acectaré? ¿no? ¿si? ¿si no acecto me matan? ¿si acecto, me chupará alguien el alma?" Pero luego recordé que de todas maneras había entregado mi alma hace años a cambio de una bolsa de detergente en polvo Foquita, así que acepté.

Antes me habían invitado a participar en otro colectivo (que pol lespeto no mencionaré *chinese pride*) pero desde la primera semana me empezó a dar weba; todos eran muy pretenciosos, todos querían, además, que fuera un "Recolectivo underground" (con esas mismas palabras me lo describió aquella pelsonita que me invitó), pero entonces no entiendo la verda' eso de "No quiero que nadie me lea! el mundo es horrible! la gente es basura, no aprecian las buenas cosas como lo que escribo, cosas de calida'!) Pinches basuras pretenciosas; si no quieres que te lean, por qué shushas lo andas subiendo a interne' y aparte decides activar los comentarios... pero bueno.


El caso fue que, llegué a ese colectivo, y cuando intenté dar mis sabias y sinceras opiniones (jiji) sobre algunas entradas, se me fueron encima quesque yo era bien tira mierda, que no había que morder la mano que mece la cuna (CROAAAC!) y demás mamadas... pero me aguanté. Conforme avanzaron las semanas (y hasta la fecha) noto que quienes comentan entre sí son, casi siempre, los participantes de ese mismo colectivo, y siempre echandose flores, sobre lo sublime y per-fec-to que quedaron los posts, y eso a mí, me da harta weba. Presenté mi renuncia como a las tres o cuatro semanas, porque ni a ellos les gustaba lo que yo escribía, ni a mi me gustaba estar ahí, y más que nada seguía ahí para cagar palo, la verda'.


Ya después habrían de invitarme a esta secta de gente con ego ego (estamos formando un sistema solar con el de cada uno; quisiera ser saturno, porque estaría bien perro, yu nouuuu) Y fue algo bueno, la verda'. No me arrepiento, no sé por qué habría alguien de arrepentirse. No es como que la gran cosa, pero tampoco es tan equish a, no sé, estornudar mientras te quedas viendo el foco del techo (que no es taaan facil). Me agrada escribir aquí, y leer los comentarios, tanto los buenos como los castrantes (que son los más divertidos y a los que no les presto atención, ob-via-men-te)

Sí, creo que es una de las principales razones por las cuales me gusta escribir aquí; no, no es que gracias a esto me pueda leer un poco más de gente que en mi otro blo', y tampoco es el reto de a ver si me sale algo descente para el tema de la semana (algo que aparentemente nunca logro, según muchos): NO. Lo que amo de Recolectivo es la gente que llega diciendome por qué mi post apestó, por qué deberían sacarme, por qué mi entrada estuvo de weba, por qué no me muero, por qué no me lleva el diablo del ombligo hasta las tepocatas del infierno...


Todo eso hace mi día, sinceramente.




Ah, y tambien las casitas con alberca y carro que me prometen, juju.

El que mucho abarca poco aprieta.



Twitter, Blog y Recolectivo ¿De dónde sacas el tiempo y las ganas de escribir tanto?

Realmente ya no escribo tanto. Mi blog, como muchos ya han notado, lleva muerto un par de años. Claro, aún actualizo y cambio el diseño de vez en cuando, pero no es ni volverá a ser lo que fue allá por el 2005-2006. Ahora sólo avanza con la inercia ganada en aquellos tiempos.

Pero no me malinterpreten; es mi blog y me gusta mucho, simplemente ya no tiene la misma función que tuvo alguna vez. Ahora sólo posteo cuando algo me parece interesante o gracioso; ya no es lo demandante que llegó a ser hace un par de años.

Por otro lado, en Twitter no escribo, o bueno, no considero "escritura" los balbuceos, insultos, burlas, bravuconadas y comentarios sin sentido que componen el 90% de mis twitts. Por dios, sólo hay que ver mis números: voy para los 17,000 twitts ¿En verdad creen que algo bueno puede salir de ahí? Ja. Pero debo admitir que el formato de Twitter me encanta; aunque parezca increíble, me ha enseñado a condensar mis pendejadas en pocas y directas palabras, digamos que Twitter es el alambique en donde destilo idioteces de 90° GL.

Pero Recolectivo es otra cosa. Aquí siempre trato de esforzarme un poquito más, mucho más de lo que lo hacía en mi blog. Mucho se debe a algo que ya comento Ñets: en nuestros blogs tenemos nuestros lectores, que incondicionales o no, entran a leernos a nosotros; allá podemos andar en calzones o rascarnos los huevos porque es un lugar personal. En cambio en Recolectivo los lectores son otro publico; aquí, en cierta medida, hay que lucir un poco mas presentables porque al final de cuentas, nosotros los invitamos a leer; esto es una fiesta y nosotros somos los anfitriones. Tal vez las botanas o bebidas que ofrecemos no son del gusto de todos, pero no hay duda de que las presentamos con la mejor intención.

Sobre el tiempo que invierto, en realidad no es mucho, siempre he tenido facilidad para escribir -ojo, no digo que bien-, así que en cuanto tengo una idea concreta, comienzo a teclear y no me preocupo más que de darle un poco de forma, pero nunca me quedo trabado o a medias. Cuando tengo el nuevo tema en las manos, automáticamente pienso en el final de la idea y no en el principio. De hecho la mayoría de las veces sé exactamente como terminan mis posts y sólo es cuestión de escribir lo que va antes (lo cual me parece más fácil, porque ya sabiendo en donde esta la salida del laberinto, uno puede dar vueltas y pasearse lo que se le antoje hasta que decida salir). Casi nunca me lleva mas de una hora -por correcciones ortográficas o de estilo- desde que empiezo a escribir hasta que pongo el punto final. Y siempre, siempre al terminar un post para Recolectivo, siento una especie de alivio y satisfacción que me lleva a repetirlo la siguiente semana.

Supongo que de eso se trata esto.

martes, 2 de junio de 2009

Acá desde el sillón rojo


Tienes al menos dos blogs personales ¿Por qué entrarle a uno como Recolectivo adicionalmente?

Porque escribir en Recolectivo es como llegarle al postre. Mira, en mi casa, en un lugar que no es ni mi área de trabajo ni la sala, sino un pedacito intermedio, tengo un sillón rojo que es perfecto para echar la hueva. Cuando voy a escribir el post de Recolectivo agarro la compu, me jalo una mesita, me aplasto en ese sillón y le doy vuelo a la hilacha. Después de la chinga de todo el día, ese momento es pocamadre.

La cosa es esta: yo soy periodista y escribo un montón, todo el tiempo. Yo vivo de escribir; me pagan por ello y por esa razón, y por apego a la ética de mi oficio, cada vez que escribo debo hacerlo con los cinco sentidos y con toda responsabilidad. Salir a reportear es bien chido: hablas con la gente, viajas, puedes estar en lugares que de otra manera ni en sueños, lo mismo un canal del drenaje que una casa presidencial. Se presta para echar desmadre, para pasártela bien chingón; pero el momento de escribir es cosa seria. Ahí me toca ser objetiva, cuidadosa, y por los temas que abordo, la mayor parte del tiempo más o menos moderada. Y por esa razón siempre escribo en mi escritorio, nomás viendo de reojo mi sillón.

En mis blogs la cosa no cambia mucho. Escribo en tres blogs periodísticos –dos de ellos colectivos- y tengo mi blog personal. Este último ha sido mi oasis: es donde escribo con pseudónimo y miento madres y grito y me carcajeo y le echo porras a los Pumas y le pateo el culo al Calderón. Sin embargo el oficio me ha perseguido hasta allá, y de pronto, según me han dicho algunos, me pongo medio densa. Ni paper.

Recolectivo es otra cosa. Como ya lo conté una vez aquí, cuando me invitaron a Recolectivo lo primero que pensé fue: “y yo por qué”; pero antes de que se arrepintieran, de volada dije que sí. El asunto es que más allá del rollo periodístico, siempre he tenido el gusanito de las letras que le tiran a la ficción; no siempre me va muy bien, pero las ganas a’istán. Me gusta tomar personajes y de un detallito inventarme unos chorotes; me da por la primera persona, pero de las otras personas que no son yo. Me gusta probarme, ver si logro imprimirle a algunos textos un tonito urbano, un dejo chilango. De pronto me da por los relatos con un tono sexoso; de pronto se me antoja bajarle de huevos y escribir nomás “hablando”, como si habláramos tú y yo. Y para eso, y para mi enorme suerte, la fortuna bloguera me trajo a Recolectivo.

Ahora, lo chingón lo chingón, sin duda siempre es lo que comentan los lectores, me cae que ellos ni necesitan sillón: hasta sentados en un banquito luego me andan dando la vuelta. Pero mira, entrevista de una sola pregunta no es entrevista; así que con confianza, jálate el sillón rojo que está por allá y venga la siguiente pregunta.

Jaclard y la Entrevista



Días antes de morir, André Jaclard, asesor de Louis-Adolphe Thiers, pero también su gran amigo de la infancia, tuvo a bien responder la pregunta más estúpida que pudieron hacerle durante toda su vida como personaje político. Debido a su respuesta, en toda Francia, no hay ni existirá jamás una calle o avenida con su nombre.

La pregunta llegó a sus manos en una carta anónima, durante los últimos días de Abril de 1871. La Comuna de París había logrado el poder, y la caligrafía revelaba que había sido Anne Lemel, una vieja periodista anarquista, la que había redactado el documento, que tuvo la intención de distraer a André y así ganarle tiempo a Louis Auguste Blanqui para escapar de la detención y juicio.

(Debo ponderar al probable lector, en este punto, para que lea un poco sobre la historía de Francia posterior a la guerra Franco-Prusiana).

Sin mayores aspavientos, la pregunta fue ésta:
¿Cuál es el problema principal de participar en un proyecto colectivo de este tamaño?

André Jaclard primero interpretó la pregunta como una acusación. Ni Anne ni Blanqui sabían que él había sido uno de los conspiradores para entregar al arzobispo de París, Darboy, a los anarquistas. Luego de dos días de monserga íntima, paranoia y sodomía (práctica que solía relajarlo y ayudarle a pensar, según confesaría después en sus memorías aun inéditas), Jaclard logró la siguiente respuesta:

Uno de los problemas más intrincados del proyecto que inicié en la Cuarta Arrondissement era precisamente la estrechez del muro. La pequeñez del medio para tantísimas cosas fue, al principio, la fuente de todo entusiasmo. Siempre es un placer hallar, en lo reducido y limitado, los deseos de todo el mundo, como si pudieramos cubrir con la sombra de un pequeño arbusto los cuerpos de una veintena de amantes.

Mi interés era el futuro. El interés de todos los que después participaron, también era el futuro, pero definirlo fue, precisamente, el mayor problema. ¿A donde nos lleva ese futuro? ¿Cuantos caminos hay para llegar a el? ¿Es un futuro colectivo o cada uno de nosotros corre al punto donde convergen todos los futuros y todos los puntos?

Señores - recuerdo haber dicho -: Comenzaremos con esta pared. Cuando los alemanes lleguen, verán en ella el inicio de un proceso que ya no se detendrá. No, no soy anarquista; tampoco socialista. Mucho menos antisemita, como quizá podrían acusarme al invadir este distrito de París con mi proyecto. Lo mio es básico: Sueño con establecer el primer arrondissement gay de la ciudad, y que se me aplauda por ello.

Y señores, entérense: En París no solo hay anarquistas y gente irritada con los alemanes ¡También hay maricones! Y queremos nuestro espacio. Ese muro que recientemente se ha vuelto tan público como infame, no es otra cosa más que el primer microcosmos de una inmensa fila de confesiones y confesados. Los galimatías, las frases, los sueños, la poesía, los nombres, los aliases y la innumerable variedad de estilos y letras son el primer brote de una libertad que exige, y que además posee el espacio suficiente para que todas las exigencias del mundo quepan en el.

¡El espacio no es un problema! ¡Todos podrán decir lo que tengan que decir en nuestro paradójico muro de la mariconez y la esperanza!

Más de 120 años después, cualquiera que haya paseado y vivido un poco en París sabe que en la Cuarta Arrondissement se encuentran los lugares más frecuentados por la comunidad gay de la ciudad luz. André Jaclard, de alguna forma, habría dado vida e ideario a uno de los más grandes deseos que puede albergar cualquier homosexual metropolitano: Un sector maricón en la ciudad.

Lo que nadie podrá saber - y es quizá el motivo por el cual las memorias autobiográficas de Jaclard permanecerán ocultas e inéditas -, es que en realidad, esa pared pequeña - una de las cinco paredes que almacenaban un insignificante negocio de comida kosher - fue el primer experimento de micronarrativa de la Europa premoderna. Y yo, en honor a la prudencia y los arcanos confiados a mi familia, no pienso revelar lo que también podría ser utilizado, hoy día, para escribir el post perfecto y lograr la formula exacta e inequívoca para convertirse en blogstar.

lunes, 1 de junio de 2009

Desde el primer día.


¿Cómo es que un locutor de radio cae en un proyecto como Recolectivo?

Creo que la principal razón por la que vine a parar aquí, es la amistad que tengo con Fred. Una tarde, sin más, me planteó la idea y yo, que ya desde endenantes venía escribiendo, me incluí. Viene a ser más o menos como el ansiado desahogo a la vida cotidiana que de pronto me asusta, no me llena, me sorprende, me tira y me hace llorar. Recolectivo es más que el lugar a donde venir a escribir, le tengo cariño, leo a mis cofrades y me gusta mucho lo que hacen. Rara vez opino y es que muchos de ellos ya tienen a quienes les digan lo que ya saben: Son buenos.

No tuvo que ver la radio, pues, ni la Tv, ni las fotos para la prensa, las caricaturas o la mala leche, fué más que nada una idea en la que vine a encajar. Ahora sí que me padecen desde el primer día, con mis historias en las que generalmente alguien acaba mal, aprende una lección o simplemente me permite, a través de su vida chiquita y negra, hacer cosas que querría, reflejar mis días o desahogar uno que otro nudo en la garganta. Y claro, me ha servido para conocer gente chingona a lo largo y ancho de la red, por eso gracias y aunque ahora vengo saliendo de un severo trance personal, no dejaría pasar la oportunidad de volver y escribir en Recolectivo. A mi si me llena, me gusta... es como compartir una caguama un viernes. Un rito, un momento de calma.


(Casi) Sin miedo

¿Cuál es la diferencia entre escribir para Recolectivo y hacerlo para tu propio blog?

Tu blog es tu casa. Allí te rascas lo rascable porque vas acostumbrando a tus invitados cómo eres, tus mañas. No digo que allá tenga lectores incondicionales, pero hasta ahora la gente que me visita se ha portado cariñosa y amable, y cuando no está de acuerdo con lo que escribo plantea sus puntos de vista contrarios sin rayar en la mentada de carácter personal.

Tampoco sé si ese afecto sea temporal o simulado, pues he aprendido que algunos importantes blogueros fueron criando cuervos sin darse cuenta, siempre pasa, y ahora cualquier cosa que escriben es sujeto a linchamiento verbal.

Uno nunca sabe si darle vida a frankestein nos costará nuestra propia vida, pero de cualquier manera, te amen o te odien, desde tu blog puedes más o menos sondear para dónde van a ir las pedradas o las flores en cada post que publicas.

En Recolectivo es diferente porque uno "hereda" lectores por default. Recolectivo es como un departamento compartido cuyo caos funciona. Tu reto no es caerle bien a los que comparten contigo la casa, sino a sus invitados, a sus lectores, a sus fieles.

Antes de escribir para Recolectivo yo era un lector de Recolectivo. Me acuerdo cuando inició este proyecto que su alineación original era casi tan atractiva como la de los primeros Guns N' Roses (Slash, Izzy Stradlin, Duff MaKagan, Steven Adler, y claro, Axl), pero había una tendencia ponzoñosa en la que los seguidores de un autor hacían pedazos los posts de un autor ajeno a sus gustos. Ése era el riesgo: salirse de la zona de confort de tu blog para entrar a una tierra de nadie.

Cuando hubo algunas deserciones y me invitaron a entrarle no pude menos que poner cara de Miss Ñets con lagrimita incrédula y sonrisa de paréntesis pa' abajo. ¿Neta, quieren que yo escriba allí?, pero si soy bien rudamente simple en comparación a _________ (pónganle el nombre que quieran). La pregunta era: ¿Podría yo estar a la altura de quienes admiro?

Acepté la invitación con la actitud reservada de quien acepta una copa de veneno como aperitivo, a sorbitos me fui tragando el miedo de escribir para tanta gente que a veces trae la pistola cargada (sin albur), pero post a post fui venciendo el temor al rechazo y me relajé. Ahora me doy cuenta que más sencillo hubiera sido decir no y muchas gracias a la convocatoria; sí, hubiera sido más fácil, pero habría renunciado a este aprendizaje (¿alguien puede mandar callar a esos violines?).

¿Diferencias? No sé. Creo que ahora escribo tan a gusto aquí a como lo hago en mi blog. Poco a poco se ha disuelto esa intención de agradar a quienes nunca voy a agradar. Estúpida batalla ésa es (terminé hablando como Yoda).

Temas escabrosos



¿Has escrito algo aún cuando el tema semanal no te late o de plano te purga?

No ha habido algún tema que me purgue. Alguna vez me ha pasado es que la primera idea que tengo sobre el mismo se me hace muy común y corriente, sin originalidad. Esto, desde mi punto de vista, claro.

Si de plano no se me ocurre nada bueno, no hago post. Recolectivo no es para tirar cochinero, eso se queda en casa. Haciendo numeritos, tengo 30 de 34 escritos, sólo Luis me supera con 34 de 34 *cof*ñoño*cof*, por lo tanto tengo un 88% de efectividad en la creación de escritos con ideas frescas e innovadoras. (ajá)

Por supuesto, los temas que más me laten son los que relaciono inmediatamente con el sexo. El tema “Soy mejor que tu”, estaba más que pintado para la eterna lucha de sexos de la cual, ambos salen perdiendo. Al menos eso quise plantear en Entre sístole y diástole. Y por su puesto, está “Látigo erótico”, donde hice un cóctel de tequila, sado y deidades precolombinas. Tequila con limón es de mis favoritos.

Ha habido otros temas que ya tenía pensados y cuando llega el tema, me doy cuenta que embona perfecto. Para que puedas sentirte vivo lo escribí en mi cabeza un sábado de madrugada, manejando por Bernardo Quintana (ligeramente envinada) y escuchando excelente música (Tema: “Banda Sonora”).

En más de una ocasión, me la he pasado el fin de semana en la flojera / viaje /peda, por lo que ha habido un par de refritos pim-upiados o acontecimientos de mi vida sazonados. Sin embargo, esa misma premura me ha movido a sacar ideas rápidas. Para “Un toque de mota”, realmente estaba dopada enferma y así pensaba. Unos reyes magos que temen a los niños era un relato largo que no tuve tiempo de escribir, así que hice una minificción pseudopoética y me encantó.

Quizá para muchos lectores el tema semanal sea aburrido o le purgue, sin embargo, el enfoque y estilo que cada autor le imprime le garantizan la pérdida de valiosos minutos que jamás regresarán, JA!
Blogalaxia