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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Abercionario




Ha llegado la orquesta, han puesto a los ilustres miembros de la filarmónica al final de la escalera, junto a la piscina. Desde hace seis horas los invitados no dejan de llegar, y presentimos que nunca dejarán de hacerlo. O, más bien, el último invitado llegará cuando la fiesta, la honorable fiesta, dicen -todos los que llegan y se sientan, para celebrar y tomar fotografías-, haya concluído. Nuestros padres -tíos de Rosenda, Eugenio, Marco, Antonia, Susana, y tantos primos más- se empoltran, y no salen, obviamente jamás saldrán de ahí, de la parte central de su mesa. Se levantan, para variar, y les toman fotografías -les han pagado, cuentan todos -después yo rectifiqué- para que aparezcan en todos los diarios, revistas, en el noticiero -hemos comprado una flamante televisión con el único fin de ver esta velada, una noche después, a nivel nacional- y casi se me olvida -pero seguramente a ningún otro más que yo, cuentan, dicen por ahí, pero sé que habrá otro por allá- casi se me pasa recordar que ni yo, ni la abuela, ni el abuelo, Renata, Rosenda, Eugenio, ni todos nosotros, tenemos por qué ver -y ¿por qué habríamos de?- ver -veremos, pues- un evento en el cual nosotros estuvimos. Tuvimos que hacer reencarnar a Napoleón -o hacernos de la vista gorda- para situar las mesas en lugares estratégicos, de tal manera que la familia Piña no tuviera que lidiar al lado ni con la familia Duarte ni con los Farfán, aún así, debían estar, al igual que los Lugo, cerca de los Garibay, que ahora son practicamente familia después de que Garbie Lugo -amiga de Rosenda, mi prima- eligió por tercer novio -aunque único, debemos afirmar ante la sociedad- a Fernando Garibay. Así pues, los G. y los L. pueden convivir, pero jamás estar cerca, y nunca por sobre todo, por ningún motivo debíamos situarlos junto a los Farfán y tampoco a los Villa -que son muy amigos de los Piña, y nosotros creemos que es porque Piña y Villa se parecen, -aunque no riman-. Después de tres mil ocho mil vueltas -no tantas como debería y más de las que estaba dispuesto a hacer- se nos ensarta el banquete; y a comer todos, mis primos cuentan, a nadie le gusta la comida, pero al perro le gusta y si a la mascota le gusta entonces a todos les gustará -como cuenta mi abuela, que odia a todos, detesta a los invitados, y le parece sencillo relacionar a los presentes con cachorros de cruza entre macho callejero y perra fina- ; sopa de calabaza -la hago mejor que yo, y a nadie engañan: sopa enlatada a la que quitan la etiqueta, y cobran mil por plato; quinientos y quinientos por mezclar talento con etiqueta -etiqueta que han quitado, aunque no me consta, de la lata-. Latas, latas, qué latas; y qué bodrio, como dirían en los programas doblados, qué horrible -como diría mi abuela- y qué culero -como rectificaría finamente yo- ver bailotear por ahí a mis primitos hijos del diablo, con celular para hablarle a sus compañeritos, y otro celular para comunicarse con santa -y santa ebrio, en el polo norte, ha roto relación con su esposa -se fue en uno de los renos, se llevó el trineo completo- Santa contesta sus mensajitos -jojojo, feliz navidad!- ¡Feliz feliz! les dirá a mis padres, y aun así no me imagino a Santa llegando en mitad de la noche para abrazar a mis padres y vomitarle en el hombro a mi madre -líquido blanco, con vestido azul, y qué pésima combinación, diría la familia, dirían las revistas, diría la televisión Nacional- "Wow, estoy en televisión Na-cio-nal". Tocan con enjundia -diría alguno de mis tíos rancheros -que son casi la mitad- los honorables miembros de la Filarmónica -agregarían mis otros tíos, el cuarto de tíos que me quedan, esos que mandan a sus hijos al extranjero para que aprendan inglés y conozcan Disneylandia- ; tocan fabuloso cada uno, y por sobre todo, todos juntos, pero también cada uno, los agraciados miembros de la Filarmónica, la canción favorita de mis padres, con la cual recuerdan, así sin más, ya para no perder la costumbre, aquél lejano día de abril en que se conocieron, y aquél lejano día de abril en que me concibieron, y después, aquél lejano dia de junio cuando contrajeron nupcias, con el vestido blanco como el vómito de santa, blanco como la nieve, blanco como una estrella, blanco como la horchata, blanco como las perlas -perlas en el vestido de mi madre, que figuraba, tal vez, como forrado del vómito de santa, o con los restos de la Horchata de una tal Michoacana-. Toquen entonces, la cancioncita, iluestres miem-bros de la Filarmónica; toquen esa que se saben de memoria de mis padres; la que mi madre pone cada día, cada noche, después de pelear con mi padre, porque de nuevo llegó ebrio, y porque la ama y la quiere tanto tanto tanto que hasta le confiesa que la ha engañado. Esa cancioncita, esa misma cuentan -no me consta, dicen por ahí, mi madre lo afirma, mi padre podría corroborarlo- que él coloca, él recuerda, cuando ve a Marissa, hija de los Duarte -que odian a los Piña y se llevan con los Villa- y la invita una copa, dos, todo el fin de semana, y ahora piensa, la ve desde ahí, cerca de los Camarena, en su mesa platica con Armando, "Lo odio tanto, a él no lo quiero"- le dice a él, y él piensa, mi padre ha de pensar, que no ha olvidado la canción, así como tampoco a mi madre; y la ve a su lado y es vomitiva, horrible, despreciable; una avestruz constipada con cara de tuerta; y gracias a todos por la visita, gracias a todos por pasar por aquí; por celebrar esta unión, este momento. Por celebrar a mi esposa, ave de corral, y lo mucho, poco, nada que me importa, ni recordaré, gracias a sus aplausos, a la Filarmónica; a mi razón atiborrada por los años y por si acaso, creo que tal vez, por una desmesurada cantidad de alcohol.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Fin de temporada



Se picará a los niños como tienden las redes para pescar.


Se vuelve insoportable salir cada mañana, y luego en las noches, con los anzuelos, las linternas y nuestas caras desmañanadas, la piel de roble, y ahí vamos otra vez sobre el agua, a ver qué nos trae la marea. Ojalá me quedara varado un día de estos; ojalá, en verdad, pudiera estar en mi casa, cenar a las 9 de la noche en vez de recorrer las aguas verdes, las fundidas en petróleo, y no tener que saber más de eso. Y ahí están, todos flotando, con la espalda al aire y la nuca recibiendo al cielo; ahí están despellejados, sin cabello, o la camisa hecha jirones, y nosotros tumbamos las redes y nos vamos sobre ellos, sobre los niños que recogemos y tenemos que meter al bote. Sus rostros se borran; no tienen nada.


Al llegar a tierra, deberemos entrar a nuestras casas, y ser recibidos por nuestras mujeres; ellas corren, ellas corren, sus figuras se intensifican conforme corren, conforme avanzan, hasta que las siluetan tomar forma, se detienen ante nosotros y las nuevas cargas; y nosotros, todavía, debemos sonreír y parecer triunfales; debemos rasgar con lo poco que nos queda de vitalidad, una sonrisa suave, aguda, y decir: "Ya llegamos" -como si no supieran que ya llegamos-



Pescar a nuestros niños como trofeos. Pescar a los infantes, ya muertos. Algunas vez se escaparon, y casi por mentira, pero aún se escapan y los encontramos muertos, con la panza tomando agua en el mar, y la espalda destrozada, la columna desenterrada entre la piel, casi saludando al sol. Y hubo en tiempo en que los teníamos en casa; en que les escuchábamos reír, llorar, correr por los pasillos y salir a la calle para volver cenicientos, con la mugre pintada al cuerpo y sonrisas tontas catapultadas en la cara.


Pero ha acabado el tiempo de los niños; nos hemos olvidado de ellos. Ahora nos conformamos con ir cada día, cada noche, en un barco desorbitado y redes viejas cansadas de ser usadas, para traer con ellas los cuerpos blanquecinos, plastificados, de niños flotantes en el mar; de niños que han olvidado reír y sólo quieren correr, y se ahogan, y mueren y se hechan a perder y son tragados por las moscas. Estas revolotean en el día; inspeccionan cada cuerpecillo y se van sobre ellos; les pican, les pican como buitres.




Se picará a los niños como tienden las redes para pescar. Perderemos a nuestros niños, y los perderemos aún más.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Indie-gente



Mi hermano, antes de querer ser todo un magnate y vomitar oro hasta por las orejas, quiso ser vagabundo. Pues sí, no es como que la orden de pensamiento más lúcida, pero es la realidad. Recuerdo aquellos días en que llegó muy decidido a la puerta de la cocina y le dijo a mi madre:


-Cuando sea grande voy a vivir en la calle.


Y ella soltó una pobre carcajada, como quien escucha un inocente chiste. Mi hermano se alejó de la cocina, ante la idea de que mi madre había captado en buena manera su noticia. Tuvo que pasar mucho tiempo para que ella comprendiera no se trataba de un error ni una broma de niños; él realmente quería vivir en la calle.


Debería haber una carrera para ser vagabundo. Materias de lo más bonitas como:



Decorar tu basurero I
Convivencia con gatos de callejón (avanzado)
102 maneras de aprovechar tu vómito.
Recetas mágicas con vómito (Se requiere de la materia anterior)
Seminario de las ampollas en los talones.
Uñeros prácticos y sin dolor




Posiblemente yo la tomaría, y así me ahorraría mucho tiempo de estudios inútiles que seguramente nunca practicaré. Hubo un tiempo en que mi sueño era ser pintora, cocinera, diseñadora de modas, sí, sí, y luego llegaban las verdaderas metas a las cuales aspiraba: madre de casa, señorita con especialidad en estudios internacionales y administración de empresas (¿Esa madre realmente existe?) e incluso un cursillo por ahí para uñas de acrílico. Claro que con mi poco talento, a lo que realmente debería aspirar, indudablemente, es a algo sencillo como mecatrónica o bioquímica.


Las personas inteligentes, todas ellas, por montón, van a arremolinarse y armar barullo en la facultad de Vagabundos; si ya los estoy viendo. Creo que me volvería loca al intentar que mi basurero se viera más oxidado que el de mis vecinos, pero después de todo es lo que la suerte me tenía preparado: no-ser vagabundo. Aun así, dudo bastante que las escuelas estén dispuestas a hacer una carrera destinada a ello. Pero si así fuera, no dudo que tendría mucho éxito. Incluso ya se me ocurrió mi tesis, y la premisa con la cual me presentaría para hacer mi posgrado:



Yo. amo. los. puentes.


Sin embargo, no deja de ser un sueño de ilusos. No me imagino estudiando ahi, ni teniendo compañeros que sudan dinero correr por los pasillos porque se les hace tarde para su clase de Fonética y fonología del indigente. Sería todo un logro poder crear un vocabulario... qué digo, un idioma! para los vagabundos. Ya si eso no resulta, puedo conformarme con amarrar un paliacate a un palo y viajar por el mundo como Cantinflas en su caricatura, pero sin tanto estilo y con más pendejadas en el camino.



No sé; creo que si tuviera la suerte de ser vagabundo, no tendría que preocuparme por un friego de cosas que debo afrontar semana con semana.



Lavar los platos.
Subir a autobuses.
Combatir el crimen.
Limpiar mi casa.
Añorar una mascota.
Apreciar el buen vino.
Tocar la trompeta.
Soñar con ser choper.
Escribir en Recolectivo.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Tres y dos son cuatro



Corto césped para el señor Álvarez. Corto césped para el señor Álvarez, que posado en sus muñones, me ve cortando césped desde su ventana. Y en la casa contigua, Marcela Nieves corta el césped de una forma distinta que yo que, usando podadora, corto el césped del señor Álvarez. Éste vecino que tiene de lado Marcela Nieves, lleva tres años sin hablarle y sin pedir de vuelta sus tijeras para podar. Y ella corta las flores, les quita de más, con tijeras para podar el jardin que le regaló su esposo hace año y medio. Las tijeras del señor Alvarez, desde la bodega, contemplan la suciedad en las esquinas y aguardan por ser entregadas. Pero el propietario, Edmundo Álvarez, de 43 años, ha olvidado sus tijeras y ha olvidado a aquella amada mujer de templado carácter, y de mejillas encendidas, por contemplar, en vez, a la joven que corta su césped con podadora y que ignora a sus muñones, y las tijeras, y el fallido rompimiento con su vecina; mujer fría y de mejillas frías, que mira a la joven desde el jardín, y poda con tijeras las flores marchitas.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Lo tenía



Tia Rosenda coloca una semilla de garbanzo enlodada en La Maceta. Marianita grita El borracho y tres de los siete van y quitan el garbanzo.




Mi carta está casi vacía.




¿Por qué jugamos? Pinche juego para lisiados mentales; aquí no gana el más listo o inteligente, tampoco el más rápido. Aquí gana el primero que corre con la suerte de llenar su carta. Tengo un IQ de 135 y sólo tengo cuatro garbanzos en mi juego; algo está mal.



Podríamos jugar Scrabble, Domino, Ajedrez, Damas chinas, y les partiría la madre, pero ¿Lotería?



Vaya ineptos. Y todavía pierdo mi tiempo sonriendo, con un garbanzo inmundo entre los dedos, garbanzo que nunca de los nunca pondré sobre La Dama o La Sirena, porque curiosamente no tengo a ninguna de esas viejas en mi carta. Pero la imbécil de Renata rápido la ubicó en su plana, mientras que yo, con mi IQ de 135 ensartado en el ombligo, tengo sólo cuatro garbanzos. Cuatro míseros garbanzos; ¿De qué me sirvió terminar una carrera y hacer un posgrado? ¿De qué me sirve saber tres idiomas, pintar en óleo, tener una sonrisa perfecta, si no puedo poner siete malditas fichas en mi juego?






El catrin




El cotorro




El bandolón






Y siguen corriendo las cartas. Vale, que avienten otra, no hay pedo. Ya sé que no voy a ganar de todas maneras. ¿Perdón, dijo El cantarito? Ah, no, no sabía que era El músico; escuché mal, tía -vieja pendeja-. Sí, Renata, ya vi que vas ganando por las esquinas; qué bonito, sí... Y se van a regocijar cuando ganen, como si fuera un triunfo verdadero haber tenido la carta adecuada en el tiempo adecuado, como si realmente se necesitara pensar para ganar esta madre. Sí, Renata, ya vi que ganaste: fe- li- ci- da- des. ¿Cuánto ganaste? ¿Cincuenta pesos? ¿Tanto? Uuuuh, ¿ y qué me vas a invitar?





Renata, tia Rosenda y Marianita se levantan. Julio me ve enajenado; sí, un partidito de ajedrez después de este calvario; creí que nunca lo pedirías.




¿Mande, tia? Sí, qué lástima que tampoco gané esta. No tengo suerte, ya ve. ¿Cómo? No, claro que no; soy malísimo para la lotería tia.Si, ya sé que cualquiera puede ganar, pero supongo nunca he tenido la fortuna de que me toquen todas las cartas. Pues no, no es mi culpa que nunca salga El cantarito, o La botella, o La araña.




...



¿Cómo que esos los pasaron desde el inicio? Claro que no; las hubiera escuchado. Bueno, pues tampoco pasaron El pez, ni La Chalupa, o El borracho.






No, ni madres; igual los primeros si pasaron, pero esos no los escuché; se habrá confundido tia.





...




Sí, entiendo... qué cosas. No, vaya usted; me quedo jugando ajedrez con Julio, pero gracias. Sí, gracias tía, gracias...






...






Supongo que un IQ de 135 no te exonera de ser tan pendejo como para no escuchar tus cartas en la lotería.

miércoles, 29 de julio de 2009

Por ahora y sin ahora

Seguramente cuando muera me arrepentiré de haber sido tan buena persona. De haber tenido una familia, un esposo, un perro sonriente al que su pelaje se ilumine bajo los rayos que caen del manzano en nuestro jardin. Me arrepentiré tambien de invitar a mis padres a vivir con nosotros. De criar a un par de vastagos como ejemplo de una vida limpia y sin errores, y con la clara ilusión de ser una mujer ejemplar. Muerdo mis sábanas por la noche al sentir a mi esposo a mi lado; al tener en el mundo un mar de añoranzas que quisiera masticar, y una botella plagada de sueños que jamás me animaré a realizar.

Aun asi, me despierto y sirvo café, hago un desayuno, sonrío en la mesa, apago la televisión, acompaño a los niños a la escuela y les doy un beso en la mejilla. Qué porquería de existencia. Quisiera estar ahogada todos los días, al fondo de mi escritorio, llena de papeles y manuscritos que nunca me animaré a publicar y que leeré con la fija idea de que son buenísimos y mucho mejores de lo que se edita hoy en día. Seré especial. Pero mis expectativas se reducen a ser buena y sonreir. No estoy loca pero me gustaría estarlo.

Quisiera que me dejaran sola, que se olvidaran de mí. Los dientes de mis hijos me hacen vomitar; la respiración de mi esposo es de menta y putrefacta. Lo siento por las mañanas, por las noches, en las tardes que llega a la sala y quiere ver televisión conmigo. Jamás la menta había sido tan asquerosa. Jamás un par de ojos pequeños me habían resultado tan enfermizos. Quiero gritar y en vez de eso hago omelette. Deseo largarme por las noches y tirarme a una gorda; que escupa sobre mí, que grite y se convierta en perro, cerdo, elefante, en grulla quejumbrosa, en un manojo de nervios. Quisiera que mis manos se hundieran en sus grasientas caderas y al sacarlas tuviera un par de muñones. Pero despierto y es Esteban pidiendome agua y un cuento. Es Rosalía con miedo a volver a la cama y un oso gastado en la mano que implora lo suelte y lo deje ir. Sonríe; te lamentarás de cualquier forma.








Te lamentarás más, incluso, si no te permites soñar. 




Soñar que los destrozas, que te largas, que les cortas la garganta. 


miércoles, 8 de julio de 2009

Otro más que se nos va.

Te han llamado el Da Vinci moderno por una simple razón: es verdad. Compras el lienzo y las pinturas, una batita que combine con el juego y comienzas a dibujar. He visto que entras a tu cuarto; te aislas y no sales, hasta horas después, hecho un vomito de arcoiris en la cara y con la ingenua esperanza de que has progresado en demasía. Eres un Dios. Hoy no dormiste; entré al cuarto y estabas hecho un cadáver; capa sobre capa, y no hay oportunidad para borrar. Continuas con la pintura, y tu maldito espíritu se ensarta en cada centímetro que le pones a la cara de esa mujer tan fea que siempre dibujas. Dices que es tu musa; ninfa que te visita por la noche, ninfa que te obsesionas por pintar. Y en el lienzo nada más queda el retrato quemado de una figura tonta y sin alma; un ostión al cual le has absorbido todo, y no queda nada.

Pero eres el artista de la familia, el rey; la vergüenza de quienes esperaban ganaras dinero y ahora te dicen que vayas a Francia y a Japón; que compitas en Italia, que te apropies de España, que seas amigo de los Argentinos y les mentes la madre a los gringos. No entiendo a los pintores, no te entiendo a ti. Ustedes no intentan encapsular sus ideas en una tonta y larga frase que posiblemente los demás ni entiendan. Ustedes vomitan sobre el cuadro, le ponen color y después dicen que es un retrato de su mente. Pero no es cierto; lo que dejan ahi es justamente lo que ya no quieren en su cerebro, porque no es tan grande, ¿Verdad?, mi cerebro no es bestial como el tuyo, ¿tengo razón? Abrí la puerta de tu estudio el otro dia y ni me viste entrar.

Creo que tenemos problemas, creo que tú y yo necesitamos hablar. Pero cuando lo intento me dices que no estás en condiciones, que tu azul no sale, o no habrá sido anaranjado; no sé, no presté atención despues. Me gustaría saber qué se siente crear, qué se sentirá ser un artista. Porque yo no soy un artista, ni estoy cerca de serlo. Soy tal vez una copia mal hecha de todas aquellas figuras que una vez solíamos admirar, y de las cuales te has olvidado porque adoptaste un estilo propio, y te ensartaste una vida y ahora eres especial. Yo quedé relegada y te veo progresar; no me molesta, pero me pregunto si algún dia me verás como has visto a tantas de tus fantasías torcidas. Esas que te despiertan por las noches y no te dejan dormir. Las que te empujan de la cama hasta el caballete y después mueves la mano, hipnotizado.

Entonces vas a la librería, esas donde hasta el guardia te ve despectivo y vas a la sección de arte. Tomas los libros, te sientas y los hojeas hasta que sueñas morir, hasta que el arte te harta. Ves hoja por hoja, robas ideas y lo llamas Influencias. Y usas especificamente aquello menos conocido para que no noten las similitudes; has hecho bien. Dinerales gastados, dinerales perdidos; en clases de pintura, en un profesor particular, como el que expone sus cuadros en el museo regional y lo invitan a comer y sale en los periodicos y en la televisión y se la lleva en los bares y es el éxito con las mujeres. De esos quieres llegar a ser; por eso los contratas, por eso te les pegas. Y entonces te elogian hasta la muerte, transpiran emoción y después te ofrecen alcohol.

No importa, no sirve; al final, vuelves al estudio, te embargas, no sales y abres la puerta cuando el cuadro ha terminado, cuando ya no queda nada. Ríete, sé tu mismo, dame un abrazo, ignora mi comentario, pero no te molestes cuando tras horas exhaustivas me muestres tu trabajo y yo busque la manera de decir, o no decir, que la pintura en la que has escupido tu alma y dejado toda esperanza, me remonta a aquel lejano cuadro que hubiste de enseñarme en secundaria. 

miércoles, 1 de julio de 2009

Sí quería y ya no.




No entiendo la incapacidad sobrehumana de las personas de llegar temprano a un lugar. El ochenta por ciento de las veces que hay una reunión, salida, lo que sea, casi siempre las personas llegan tarde. No; -tarde- para mí no son quince minutitos; son 25, 30, 40; pinche gente que toma la palabra puntualidad, la enmarca, y la pone en la pared junto a su certificado de imbéciles, valemadre, herederos de un pueblo esclavizado y con bigotito de telesecundaria. Yo he llegado tarde, ¿has llegado tarde? Todos hemos llegado tarde. Ahora conjuguen conmigo: Ellos llegan bien pinche tarde.

¿Por qué menciono la puntualidad? No sé, ligo eso a la idea de que puedes llegar tarde, pero finalmente, estar en el lugar indicado. ¿Por qué? No sé, porque la gente se ensarta la idea de que pueden hacer las cosas de la fregada, llevarse consigo a un friego de patudos, pero hacerlo despues de todo. Al respecto opino algo muy sencillo: Merdah. Me da cosita cada que veo un programa, un comercial, propaganda de los partidos, y de repente los engranes bien pinche oxidados de la gente comienzan a ... oh, FUNCIONAR. -Mira, quesque ahora las cosas si pueden salir biens- -Mira qué boneto; se nota que le echan ganas a los nuevos programas- -Ay viejo, cuando tengamos nuestra casita de nosotros vamos a comprar de esos sillones 'eda?-


Soy de esas personas que si algo no les está gustando en absoluto y no hay nada que hacer, o se cansan, terminan por dejarlo e irse . Que si eso es correcto, que si te van a estigmatizar de Mediocre, flojo, absurdo, hipócrita, falso, pendeho, valemadrista, me tiene sin cuidado. ¿Saben qué sucede cuando alguien me insulta? Lloro. Así como he mencionado que siempre he estado harta y me ha enfadado en sobremanera la escuela, habrá de serles fácil creer cuando menciono que yo faltaba constantemente. Si un día abría los ojos, bostezaba, y me daba cuenta de que las ganas por no ir eran insoportables, me inventaba algun dolors y asi me quedaba en casa. A veces me metía tanto en mi papel, que de verda' terminaba malita, no sé porqué. Supongo que el poder de la mente es bien grande, y más todavía cuando se es un asqueroso flojo sin ganas por hacer algo en la vida.


Por obvias razones, tampoco hacía mi tarea generalmente. Lo peor era que, teniendo una gran oportunidad de hacerlas entre clases, no lo hacía. Me castra la idea de andar haciendo todo a carreras y arrastrado nada más por cumplir. Yo usaba, en vez de eso, el tiempo en, no sé, ver directito al sol hasta que me dolían mucho los ojos, ver los focos para que me hicieran estornudar, quedarme dormida sobre la butaca... pero ¿hacer la tarea? No, qué ofensa.






Sólo conozco a un tipo de gente que alienta eso de TERMINAR ALGO, por la paz:





Estás bien fea.
Tus entradas me dan weba.
Deberían sacarte de Recolectivo.
Escribes de la chingada.
Un mandril fluorescente lo haría mejor que tú.
Me cagas.
Me das asco.
Me das risa; ya muerete.
Pinche morra que ni escribe bien.
Mediocre sin cabeza con aires de grandeza.
Imbecil desmejorada con el cerebro de Pizzerola.
Que te saquen y metan a alguien más.
Que te saquen y luego te degollen.
Vergüenza de bloggeros.
Escoria de Twitteros.






Por experiencia, si estoy leyendo un libro y ya a la mita' sigo sin encontrarle el jugo, lo tiro a la desvergüenza. Si me hablan por MSN y me harto, cierro la conversación y me salgo; a veces le aviso a la persona que la voy a eliminar. Lo único que siempre termino, pese a T O D O, es la comida, porque tirarla es malo y si la desperdicio va a aparecer un niño de la calle en mi ventana por la noche, se pegará al vidrio y lo llenará con sangre de chivo.


Mi práctica solución por en veces dejar las cosas me ha acarreado mucho odios. Me pregunto si algun dia la humanida' se iluminar'a y pueda notar lo genial y buena gente que soy. Todos los días rezo por ello. Y porque si no, al menos usen el cerebro... nomás tantito, ya saben, para que varíe la cosa. Pero si ya han hecho todo lo posible para que su hamster le dé duro a la rueda y nomás no pasa nada porque es GORDO y no tiene salvación, la mejor salida y la más práctica solución: Ya no lo intenten; total, ni pueden.

miércoles, 24 de junio de 2009

Ok, polisha.




Me castran los refranes.

 
Recuerdo que cuando era niña, mis papás se la llevaban diciendo: Dime con quien andas y te diré quien eres.


Obviamente mis papás ignoraban que en la primaria me llevaba con las más zorritas de mi salón. Les digo Zorritas porque así era cómo todos les decían. Teníamos 10 años y unas veían a tipos de prepa, otras admiraban a sus madres -que eran prostitutas- y muchas otras cambiaban besos y más besotes por cositas que les regalaban mis compañeros. No sé exactamente la definición de Zorra, pero sí sé la que las personas se han encargado de dar, y de ella me baso para decir, nuevmaente, que mis compañeras eran unas zorritas.


Recuerdo que ninguna hacía la tarea, sólo yo -y más o menos- , jamás sacaba diez en los examenes, no era muy sociable, tampoco la niña más simpática, pero la pasaba muy bien con ellas y nos reíamos de las mismas cosas. Dato curioso: todas tenían mejores calificaciones que yo. A todas les caían mejor las personas, y eran más populares; bonitas, accesibles, sociales, ¿tiernas? No sé. Pero creo que también me buscaban porque yo era de las pocas personas que no las miraban raro, que no hablaban mal de ellas y mucho menos de sus mamás.

En secundaria, me vi rodeada de amigos asquerosamente inteligentes, como si los hubieran poseído cuatro chamucos al mismo tiempo. Eran los que siempre tenían diez, a los que invitaban siempre a concursos, los que se llevaban el primer lugar en calificaciones en sus respectivos salones y en la generación. Tuve, si la memoria e ingenuidad no me fallan, una amiga que resultó ser de las personas más inteligentes que he conocido. Yo continuaba con malas calificaciones; dejaba todo para el último, nunca me esforzaba mucho, me salía constantemente de clases, inventaba excusas para no ir a la escuela, o ya dentro hacía uso de mis galas de mitomana para inventarme más enfermedades y largarme de la escuela. Aun asi, eran mis amigos, y no creo que en algun momento su inteligencia me resultara contagiosa, ni mi estupidez e irresponsabilidad se les pegara un mínimo. 

En la preparatoria, practicamente no tuve amigos. Y los escasos con los que me llevaba, no pertenecían a mi escuela y además resultaron ser todo lo que mis padres no querían que yo fuera. Tenía amigos briagos, fumadores, junkies metodistas, que dejaron la escuela, con tatuajes y perforaciones -y eso para mis padres, era el apocalipsis, uuuuuy- , vidas familiares mucho más disfuncionales que la mía y unas ganas de comerse al mundo tan grande como mi necesidad por tener amigos y ser la favorita de todos. Con ellos compartía mis gustos en música, el humor, y el gran desinterés por casi todas las cosas.


Mis padres los veían con desdén y los llamaban -Los greñudos-; pese a eso, ni siquiera sabían nada sobre ellos, cuando mucho y conocían sus nombres. De ahí que jamás me prohibieran -mucho- verlos, porque si se hubieran enterado que un 80 por cierto de su tiempo la pasaban alcoholizados o drogados, les habría dado el ataque y me hubieran amenazado con borrarme del arbol genealogico si continuaba frecuentandolos. 

Podría seguir con las descripciones de los -amigos- que he tenido, pero creo que se entiende mi punto, y ciertamente no está entre mis metas hacerles ver a las personas el tipo de gente con las cuales me he llevado y la clase de relaciones que he tenido con cada una de ellas. Basta decir, supongo, que todas hasta cierto punto resultaron ser muy distintas a mí, y al mismo tiempo compartíamos más similitudes de las que cualquier persona podría imaginar.

Siempre he creido que, no sé por qué, atraigo generalmente a las personas catalogadas como -lacras de la sociedad- .Aquellas que no son precisamente simpáticas ni los modelos a seguir que los estandares te imponen. Fui amiga de esas personitas en secundaria, y resultaron ser muchas cosas, menos rotundos ejemplos a seguir. ¿Habrá pasado lo mismo con ellos? ¿Decía algo de sus personas el que me reconocieran o admitieran como amiga, o tan siquiera, semejante?

Segun el refran que mis padres me cantaleaban, sí.


Ni siquiera estoy segura de lo que eso significa, pero me agrada de cualquier forma, sentirme parte de -un grupito-, aunque eso significa pertenecer al grupo de los que no tienen grupito.


Quien sabe. Tal vez sí se llevan más conmigo les salgan unos ojotes como a mí.
O resulten detestables para mucha gente que ni los conoce.




Tal vez, no sé, hasta terminen escribiendo en un blogsito que trascenderá en su vida mucho menos de lo que se podrán imaginar.

miércoles, 3 de junio de 2009

Extraño mi detergente en polvo Foquita



Doo Dah: ¿Por que decidiste aceptar participar en Recolectivo?





¿Y por què no?


Pues me gusta tres friegos escribir, al igual que todos los demás que escriben aquí (Si mi ingenuida' no me falla) y cuando webo llegó a proponerme, sobre una nube rosa azucarada y vestido de ninfa de los bosques, que si me interesaba entrarle a Recolectivo, me quedé pensando: "Mmm... ¿acectaré? ¿no? ¿si? ¿si no acecto me matan? ¿si acecto, me chupará alguien el alma?" Pero luego recordé que de todas maneras había entregado mi alma hace años a cambio de una bolsa de detergente en polvo Foquita, así que acepté.

Antes me habían invitado a participar en otro colectivo (que pol lespeto no mencionaré *chinese pride*) pero desde la primera semana me empezó a dar weba; todos eran muy pretenciosos, todos querían, además, que fuera un "Recolectivo underground" (con esas mismas palabras me lo describió aquella pelsonita que me invitó), pero entonces no entiendo la verda' eso de "No quiero que nadie me lea! el mundo es horrible! la gente es basura, no aprecian las buenas cosas como lo que escribo, cosas de calida'!) Pinches basuras pretenciosas; si no quieres que te lean, por qué shushas lo andas subiendo a interne' y aparte decides activar los comentarios... pero bueno.


El caso fue que, llegué a ese colectivo, y cuando intenté dar mis sabias y sinceras opiniones (jiji) sobre algunas entradas, se me fueron encima quesque yo era bien tira mierda, que no había que morder la mano que mece la cuna (CROAAAC!) y demás mamadas... pero me aguanté. Conforme avanzaron las semanas (y hasta la fecha) noto que quienes comentan entre sí son, casi siempre, los participantes de ese mismo colectivo, y siempre echandose flores, sobre lo sublime y per-fec-to que quedaron los posts, y eso a mí, me da harta weba. Presenté mi renuncia como a las tres o cuatro semanas, porque ni a ellos les gustaba lo que yo escribía, ni a mi me gustaba estar ahí, y más que nada seguía ahí para cagar palo, la verda'.


Ya después habrían de invitarme a esta secta de gente con ego ego (estamos formando un sistema solar con el de cada uno; quisiera ser saturno, porque estaría bien perro, yu nouuuu) Y fue algo bueno, la verda'. No me arrepiento, no sé por qué habría alguien de arrepentirse. No es como que la gran cosa, pero tampoco es tan equish a, no sé, estornudar mientras te quedas viendo el foco del techo (que no es taaan facil). Me agrada escribir aquí, y leer los comentarios, tanto los buenos como los castrantes (que son los más divertidos y a los que no les presto atención, ob-via-men-te)

Sí, creo que es una de las principales razones por las cuales me gusta escribir aquí; no, no es que gracias a esto me pueda leer un poco más de gente que en mi otro blo', y tampoco es el reto de a ver si me sale algo descente para el tema de la semana (algo que aparentemente nunca logro, según muchos): NO. Lo que amo de Recolectivo es la gente que llega diciendome por qué mi post apestó, por qué deberían sacarme, por qué mi entrada estuvo de weba, por qué no me muero, por qué no me lleva el diablo del ombligo hasta las tepocatas del infierno...


Todo eso hace mi día, sinceramente.




Ah, y tambien las casitas con alberca y carro que me prometen, juju.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Tuvimos un papá pirata.



A mí me producía risa, a veces envidia, ver cómo los padres de mis amigos parecían tener profesiones "normales". Los niños de mi cuadra y los de mi salón se arremolinaban en los recreos, con las bocas empapadas de jugos y pedazos de dulces atascados en las muelas mientras decían "Mi papá es doctor!", "¿Ah sí? Pues mi papá es bombero", "Mi papà es carpintero y me deja hacer sillitas con él". Martinsito Díaz siempre nos molestaba con que su padre era político ("Mi papá gana más dinero que el de ustedes"), pero entonces solía decir Luis Flores: "Qué tonto eres; mi papá es policía y se va a llevar al tuyo", "¿Por qué?", "Por rata", ya a eso le seguía un enfermizo "Maestraaaaaaaaaaaaaaaa"

Me daba envidia, porque no podía decir exactamente lo que mi padre era. No me hubiera costado trabajo afirmar: "Mi papá es pintor; tiene un taller en su casa y hace pinturas", pero eso no era lo que me preocupaba. En realidad, era su otra dentidad aquello que siempre me remordía por las noches. Yo jamás le dije a nadie, pero es obvio que los demás se daban cuenta, porque mi papá no ponía afán siquiera en ocultar. Así como les digo, es verdad: Mi papá era un pirata.

No, no tenía un barco, ni el sombrerito. Tampoco tenía una pata de palo, aunque él jurara que sí. Ojalá fuera de esa manera, pero mi padre se creía, muy por dentro suyo, un verdadero corsario. Era de imaginarse; desde que lo recuerdo, cuando tenía yo cuatro años, él ya hablaba con acento de irlandés, y el potente "Yiarf!". Nunca supimos la causa de ello, pero mi mamá solía decir que mi padre siempre tuvo esa espinita de poder ser pirata, desde que eran novios, y así se había casado con él. ¿Les da risa? ¿No me creen? Debieron de habernos acompañado a los viajes familiares, o incluso a cada salida, cuando él nos llevaba a una tienda, a la escuela, a un museo, a pasear por los parques.

Yendo en el carro, todo apuntaba a que volvería a suceder aquello que siempre rogábamos porque no ocurriera. Tal vez era cuestión de suerte; ¿Cómo no serlo? pero el caso es que, la mayoría de las veces que salíamos de viaje, había un desafortunado coche varado en la orilla de la carretera, que rogaba por auxilio e incluso un poco de atención. Para cuando mi padre comenzó a hacer esto, mi madre ya había muerto; ya de pequeños hubimos de acostumbrarnos a su ausencia, a la idea descarnada de que el único lazo paterno que teníamos con alguien, correspondía a una persona que hablaba chistoso, que a veces caminaba cojeando y que después tuvo la hermosísima idea de conseguirse un perico. Mi padre tenía, como ya dije, un loro común y corriente, al que le gustaba enseñar palabras como "A la plancha!", "Marinero!", "Sirena!", "Maldita ballena!!" pero con el tiempo el animal se volvió viejo y gordo; más gordo que viejo, y ya le daba pereza decir tantas cosas, incluso se olvidaba de la existencia de mi padre.


Pero como iba diciendo, en aquellos casos donde encontrabamos, durante nuestros viajes familiares, a un coche varado, mi padre ràpidamente detenía el carro y salía de él. No, no esperen que mi padre intetara hacer la buena obra del día: Cuando lo detenía, era señal de que hablaría con nosotros sobre un tremendo plan para poder abordar el otro automóvil: Nos miraba por el espejo de enfrente, con una mirada incendiada de energía, y de lo más acusadora. Se ponía un parchesito que sacaba de la guantera, y entonces decía entusiasmado "Muy bien, corsarios: Está ante nosotros un nuevo navío solo, indefenso, y nosotros vamos a ir por él!".


No importaba cuánto intentáramos detenerlo; porque al final, el relato proseguía (siempre) en una escena con mi padre hablando raro, cojeando, e intentando "negociar" con las personas del otro coche, que para entonces ya se volteaban a ver, extrañadas, y hacían muecas de incomprensión. Algunos inocentes sólo creían que estaba jugando, y le seguían el juego. Pero ciertamente era embarazoso estar ahí plantados un buen rato, con un hombre que intentaba decirles cómo habían perdido su objeto más preciado y cómo debían obedecer a su nuevo Capitán. Ya al final lográbamos convencerlo ,todo el tiempo, de que nuestro Capitán debía ser misericordioso, y permitir que el barco siguiera su camino; porque ciertamente ya tenía una gran acumulación de tesoros, y deíba darles una oportunidad. El hombre carraspeaba, volteaba a su alrededor. Y terminaba por acceder, resultando todo un alivio que decidiera no continuar con su teatrito, y se retiraba sin decir nada, sin disculparse, hacia nuestro coche, con el paso de quien ha perdido una pierna, pero el espíritu muy en alto, por ser tan benévolo bucanero.


Ya dije lo que sucedía generalmente; entonces me creerán cuando les comento que mis hermanos se hartaron pronto de eso. Así es; para cuando ellos ya tenían 13 y 12 años respectivamente, yo era la única que seguía soportando sus desventuras. Ellos ya estaban hartos; no le contestaban, lo ignoraban. Cuando él hablaba y hacía un nuevo plan, sólo se miraban entre ellos, y se ponían sus audífonos, para no tenerlo que escuchar. Y yo observaba con la mirada clavada, a un hombre con destellos de luz espolvoreada en sus ojos, y un alma de niño tardío que parecía brotar por cada una de sus venas. Yo siempre le seguí el juego; le di una oportunidad.

Pero sus deseos se extinguieron, no sé exactamente qué día, y desde entonces, nada de parche, nada de caminar cojeando. El loro lo regaló, porque de cualquier forma ya estaba en sus últimas. Y nunca volvió a hablar con acento tropical. Y me alegré de ello, cuando ocurrió, pero fui una tonta; ya no tenía a mi padre conmigo, y nadie lo hacía. Cada quien en su mundo, mis hermanos estaban felices de que hubiera acabado su etapa como corsario. Mi espíritu, en cambio, se desmoronaba cada que veía a mi padre, frente a un lienzo, con la cara en blanco y la pintura también. Se le corrió el amor por las cosas, casi tanto como la vida de mi madre. Y sólo entonces desee que volvieran sus días de juegos y ocurrencias, pero eso jamás sucedió.


Veo a mi padre hoy en día, como quien ve a una estatua vieja, desgastada, perdiendo cada vez con mayor intensidad sus líneas. A veces todavía vamos por nieve en el coche, o salimos de viaje. Entonces se me viene la ilusión, de que veamos un carro en la orilla, y que él detenga el nuestro. Mi corazón hace Stop en esos momentos, e imagino que me mira por el espejo, que desliza y tantea su mano por la guantera, y que de su boca se asoma un pequeño colmillo, en vísperas de una temprana sonrisa... pero no pasa nada. En esos momentos, no sé quien es más iluso: Si él, por haber tenido aquella etapa ridícula de pirata, o yo, por desear y esperar, que un día vuelva.




Generalmente pienso que lo era él, por desconectarse de la realidad. Pero al notar todo lo que ha pasado, me doy cuenta de que, indudablemente, yo lo soy más.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Yo ní sé.




Entrevistador: Bien, podemos comenzar. A ver, ¿Qué lo impulsò a ser blogger?
Blogger: Creo que el ocio y las ganas de escribir. Y que alguien leyera lo que escribo, no sé. Algo así.

E: ¿Fue difícil hacerse de su séquito de lectores/ fans?
B: ¿Difícil? ¿Por qué? No. Pues uno escribe y los lectores son quienes deciden si quedarse o irse. No es de si es fácil o no, la verdad.

E: Pero una norma se debe cumplir, no? Digo, por algo los blogstars tienen sus seguidores.
B: Es que no sé, todos tienen cosas en común y otras distintas. A algunos los aman por ser mamones, por criticar todo, por contar cosas divertidas, por salirse de "lo normal". Otros simplemente escriben ridiculeces, no sé. No creo que un blogstar piense siempre sobre si lo que va a escribir dejará muchos comentarios o no. Pero hay otros que sí lo hacen, la verdad.

E: ¿Tú por qué crees tener seguidores?
B: No sé; me han dicho que por mi manera de contar las cosas. Eso es algo que sí nos distingue; supongo que todos tenemos un estilo muy particular, y eso engancha, para bien o para mal.

E: Pero también tienes haters
B: Pues claro que los tengo; un blogstar no podría serlo sin fans y sin haters también. Los más perros son los anonimos, que curiosamente, casi siempre son los haters.

E: ¿Te molesta entonces, tenerlos?
B: Es que es bien divertido. La gente muchas veces se clava con lo que uno escribe, y por unos parrafitos que ponemos a la semana, ya creen que nos conocen y que nos las saben todas. La verdad pocas veces es asi, por no decir nunca. Desde el momento en que nosotros elegimos qué escribir, muy bien podemos estar adoptando una posición falsa de lo que realmente somos. Pero resulta, eso sí.

E: Bueno, pero es que se Blogstar tiene sus ventajas.
B: ¿Tú crees? Pues sí, ponle que tus palabras llegan a muchas personas que de otra forma no lo haría, y además conoces personas. Hasta de cierta forma te haces de "un nombre", aunque sólo sea por internet. Muchos se lo toman en serio y se sienten famosos y la gran madre por ser leído, amado y odiado por lectores, pero la verdad es que ser blogstar tampoco es como que trascienda mucho en tu vida, sólo en casos muy especiales.

E: ¿En la tuya lo ha hecho?
B: Pues es que yo ya llevo tiempo escribiendo. La única diferencia es que primero te leen pocos y después ten leen muchos y le toman demasiada importancia a lo que tienes que decir.

E: ¿Te enoja que te odien?
B: No sé si me odian, y en todo caso, no. Las personas que te escriben mierda al parecer están ardidos. Pero no sé con qué cara volverían a comentarte que tu post apesta y no vales madre, si un dia decides pasar por su blog y le dices que a ti te gusta lo que ellos escriben. Si eso pasa, lo más seguro es que se calmen; sólo quieren reconocimiento, y eso es bien pinche triste: pero aquí todos queremos algo de atención.

E: ¿Crees que cambie en la vida de alguien si tiene un hater?
B: Yo qué sé... es que tú tienes tu vida: vas al trabajo o a la escuela, tienes una familia, deberes, gustos, y a un fulano que te lee se le viene la fabulosa idea de odiarte porque llegó a la lúcida conclusión de que le caga lo que tú escribes. Entonces, mientras tú a esa personita ni la haces en el mundo, ésta se toma la molestia de ser anonimo, de dejarte comentarios, de leerte, de seguirte, de poner atencion en los detalles para marcártelos. Hasta te dedica un poco de tiempo para recordar debe pasar a tu blog y pensar en donde tirará mierda esta vez.

E: Entonces es algo triste, no crees?
B: Es triste por todos lados. Uno, porque ahí va y escribe en el blog cuando podría estar haciendo algo más productivo. Y el otro por andar al pendiente del blogger, aunque eso es más sanguijuela todavía.

E: Qué piensas sobre los que te odian y dejan esos comentarios?
B: Honestamente, que son unos imbéciles; por tomarse tan en serio lo que un mandril con computadora escribe, y porque si no les caigo bien, es que son unos idiotas. La verdad, soy una gran persona, encantandor, y no tengo por qué caer mal. A quien yo le frustre es porque no tienen mucha materia en el cerebro y no saben reconocer lo genial que soy.

E: Eso es un ego muy grande.
B: Es ego de Blogstar. Y los lectores son los que se encargan de dar esa etiqueta, no uno. Ellos son los que aprueban todo o lo rechazan; son los que se toman nuestras palabras en serio o bien, aprenden a ser más ligeros y pasar el rato nada más. La gente odia a muchos que se dicen "mamones" porque según ellos, lo son. Pero creo que muchos simplemente son ellos mismos, y es la gente, con su complejo de inferioridad muy bien escondido, los que solos se sienten a la defensiva, porque según la otra persona los ataca o hace sentir mal.

E: ¿Entonces no es culpa del blogger?
B: Pues claro que no; uno nada más escribe. ¿Qué culpa tenemos nosotros de que las otras personas estén conscientes de su inferioridad? Nosotros sólo escribimos, ellos son los que solitos nos dan vida, porque sólo hacemos algo que hacen millones de personas. La gran diferencia es que, en algún punto, lo estamos haciendo bien. Si no fuera así, no tendríamos ni la etiqueta puesta.

E: ¿Hacemos una pausa? Sirve que hablamos sobre algo fuera de tema.
B: Sale, está bien. ¿Te has fijado cómo está el cielo últimamente? Es azul.

miércoles, 6 de mayo de 2009

GTA: Sinaloa




Para ser sincera, nunca he sabido bien cómo hablar de mi rancho, ni qué rescatar de él. Bueno sí, tiene dos cosas muy buenas: la comida y sus mujeres. Fuera de ahí, creo que mi rancho es de las cosas más deprimentes que me ha tocado ver. Ay sí, soy una exagerada, por qué comparar mi pueblo con las cosas más tristes, cuando hay miles de lugares en el mundo donde toda la población pasa hambre, donde en vez de ver a un leon en la tele, lo tienes junto a ti mientras lavas la ropa en el río puramente contaminado del lugar, y ni es tan feo además. ¿Y qué? Sigo pensando que es feo, aburrido, triste, y siempre me da como alegria saber que ya no vivo ahí.

Remontémonos al momentito en que nací. En primer lugar, ya tenía el estigma marcado de mi padre: hombre conocido de una familia reconocida en un lugar que nadie debería disponerse a conocer. Comencé a leer antes de saber leer, y sin embargo, en mi pueblo sólo hay una biblioteca: pequeña, demacrada, donde nadie se para mas que para hacer tareas. Hay tres preparatorias, y desde que tengo memoria ha sido así. No hay cine. No hay cafés. No hay bares, pero hay algunas cantinas de mala muerte donde encuentras viejas celulosas y bien correteadas. Las verdaderas zorras están afuera: en las escuelas, en las aceras, en las taquerías, en los salones de belleza, ¿ya entendieron mi punto? mi pueblo tiene muchas mujeres así.

Sinónimo de honor: casarte con un narco y que te compre una casota. Usar uñas acrílicas enormes con brillitos y demás colguijes. Zapatos de tacon. Pelo hasta la cintura, alaciado como si fueran las babas del diablo, teñido de wero o de un negro saca corchos. Las mujeres/chicas/pubertas tienen muy fijo su futuro y metas. Esto es, que un hombre con dinero las pele, y que se las lleve y un dia, tal vez, taaaal vez, se case con ellas. Por eso si se dan una vuelta por mi pueblo podrán encontrar muchas camionetas con hombres de distintas edades esperando a las muchachitas en las secundarias y preparatorias. Claro, para mantener tan alta población de esa calidad, se necesitan dos cosas: tiendas de ropa y estéticas. Mi pueblo vomita salones de belleza y tienditas de ropa, como si las hubieran sembrado.

Ahora bien, tan apreciables mujeres sólo pueden ser merecedoras de un gran hombre. Trabajador, vivaracho, varonil, suspicaz. Por fortuna, todo eso te lo puedes ahorrar si tienes una buena pistola y una camionetita para asombrar a los suegros, y a la criaturita en cuestión, y a la familia, y al pueblo en general. Suena como telenovela, pero en mi rancho entran niños con armas a las escuelas, y nadie se da cuenta. Ya que lo notan, el niño amenaza a todos y menciona el nombre de su papá o de donde es. Todos se hacen los de la vista gorda, y las clases continúan. En las secundarias ya hay gatos que trabajan para narcos, aunque sea de los más bajos puestos. Sin embargo, ya por eso se creen dueños del mundo y extorcionan a quien se les pegue la gana. A los alumnos, a los profesores, ¿no me entediste? ¿quieres un plomazo entre los ojos?

Y en cuanto a héroes, tambien ahí tienen muy delimitado quienes son: los que usan sombrero, andan seguidos de guaruras, botas de piel de avestruz y que se las bailan todas. Realmente el nar-co es un modelo a seguir: los aman. Estoy segura de que algún dia les harán una celebración tipo Spiderman en la tercera película. El día que murió uno de los cabezales, hace ya muchos años, el pueblo entero estaba en duelo. Decían que era una gran persona, que les dolía mucho la pérdida, le compusieron su corrido para no perder la costumbre, todo el pueblo, o la gran mayoría, andaba de luto y fue al entierro. Hubo banda, los féretros eran de oro, tocó la banda El Recodo, dicen, y fue una gran fiesta.

Obviamente allá todos saben lo que hace cada quien. Muchas veces sabes con quien meterte, pero a veces no. ¿La brillante solución? pintarles el pelo a todos los que trabajan en eso, según el rango. Los cabezales mandaron que todos sus trabajadores, desde los gatos, se tiñeran el pelo del color respectivo al rango que manejaban. Eso no es todo, no nada más ellos se lo pintaban, sino sus mujeres e hijos también, para poderlos identificar. El día que eso comenzó, todas las estéticas estaban ocupadas. Se dice que entraron por montones exclusivamente para que se les pintara el pelo a la marabunta de personas que iban llegando.


Hubo un tiempo en que la gente intelectual, los sabios, los trabajadores, los honestos, eran gratificados y alabados por el vulgo. Tenían en un pedestal al señor escritor, todas querían ser la esposa del pintor, todos querían besar al músico y que les dedicara una canción, admiraban al escultor y hasta los bailarines tenían su séquito de fans. Nah, ya no. Seguro hay lugares hoy en día donde las cosas aún son así, pero en mi pueblito no. Cuando pensé de niña, que si pintaba un cuadro bonito, o escribía un lindo cuento, podría llegar a ser reconocida y admirada (yo varias veces lo pensé, cuando era niña) eso se fue desmoronando al pasar el tiempo, y realmente no me importó. Jamás alguien como yo, o como tú, o como alguien más, podrá ser alabado mientras no les asegures a todos vives en una casa donde cada órgano tuyo puede dormir en una habitación distinta, donde tus zapatos de cocodrilo en peligro de extinción cuestan más que mi casa entera, y donde no eres encantadora, risueña y te sientas en la pierna de un señor bigotón.




No odio mi pueblo, ni lo desprecio; simplemente no me agrada. Además, es inspiración de textos que de pronto tengo que escribir, como éste. ¿Ya ven?

miércoles, 22 de abril de 2009

De aquí al cielo




Angélica había sido problemática, pero no tan seguido. Y con la nueva directora, todo empeoró. Cuando entraba al dormitorio le decía: "¿Te expulsó ahora sí? ¿Qué pasó?", pero ella decía "Nada, no pasó nada". A veces le creía. A veces en verdad pensaba que no había sucedido nada, pero pasaba el resto de la noche sin hablar y mirando la ventana. Seguro está enamorada.


-Esa muchacha llega siempre aquí tan insolente, con su sonrisa... hasta parece que le gusta ser castigada; Dios guarde la hora en que la directora decida correrla, y los pobres padres vengan a reclamar.
-Pero ella es todo un ángel, una dama.
-Sí, muy propia. Quien creería que tan joven y ya es directora de una institución como esta.



La he acompañado y la esperaba afuera de la puerta... pero no salía. Llegué a creer que las palabras de la direc la empalarían, con fuerza, después de que Angélica cruzara el umbral de la dirección. Se tardaba tanto, que yo debía regresar a clases. Ella volvía mucho después, con la cara limpia y la expresión borrada. La vimos el otro dia, ¿verdad? Sí. Saliendo del baño de hombres, con Armando Nungaray. ¿Ah si? Yo la vi con Martin Campos. Ay, ni amigos tiene; sólo Caro, y se me hace que por ser su roomie.


-¿No supiste? La encontramos en el jardin; tenía la camisa abierta y desfajada, leyendo un libro, con un cigarro en la boca.
-¿Fumaba?
-Si, que el cielo nos ampare. No sólo eso, también con aliento a alcohol. Por si fuera poco, te digo que tenía la camisa completamente desabotonada.
-¿Y qué le dijeron?
-Que las muchachitas decentes no andan así por el mundo; que se cubriera. Le ordenamos que dejara de fumar y apagó el cigarro sobre el tronco del árbol. La mandamos con la directora... pero la muchacha ya iba en camino.


Anoche se quedó en el suelo, fumando, y la escuché llorar. Volteé hacia ella y le pregunté que si estaba bien. Su cara estaba dirigida hacia la ventana, ella me quedaba de espaldas. Podía ver sólo su nuca cubierta de pelo, y su cabeza parecía una casa que despedía humo por la chimenea. Son unas tontas. Alguien le ha de gustar, y mucho.

-¿Qué vamos a hacer contigo? ¿Otra vez detención? Pasa, la directora te está esperando.


Se burló de la profe y dijo que su esposo no le cumplía. La maestra se puso roja y la jaló. Pero ella se soltó. Y la muy tonta le dijo: No se moleste, yo sé cómo llegar a la dirección. La direc ha de ser la única que la pone en su lugar, quien sabe qué le dirá. Pero lo está, me cae que Angélica está bien prendada de alguien.


-¡Besuqueandose con un muchacho, y de último grado! Eso no hacen las muchachitas bien. La directora está muy molesta. Pasa, pasa, antes de que se enoje más. He intentado escuchar por la puerta, y nada de nada. A veces sale en treinta minutos, pero a veces tarda horas.


Pareciera que me cambian a mi amiga cuando sale de ahi. Como si volviera del infierno. Casi no duerme, ni come. Leticia cree que está enamorada, pero el otro día la vieron en el jardín con uno, y no era Joel. Aun así, hay alguien que le gusta mucho, bastante. Sí, a Angélica le ha de gustar Joel. No, la vimos con uno de tercero. ¿Qué les pasa? Joel anda de novio. ¿Qué? Si, con una de segundo. ¿Y entonces? Pues es una zorrita y ya.

-Se va ir al cielo la señora directora. Mira que aguantar tanto a esa muchachita del demonio sin recibir nada a cambio; sólo un santo.


Angélica, Angélica, ¿Por qué lloras, por qué te portas así? Pero nunca responde; se recarga en la cama y llora, sin cesar.

-Le gusta la mala vida. Entro a la dirección para ver a la directora, y está tranquila, animada. Le digo: "Esa muchachita es de lo peor". Y sonríe nada más, y dice después: "Si ¿verdad? De lo peor..."


Esa niña está enamorada, puedo apostarlo. Si no es de Joel, de alguien más. Pero piensa en alguien, que no se haga. Yo conozco esa mirada, la gente hace idioteces cuando anda lela, cuando alguien le gusta hasta las entrañas. Ella no nada más se anda besuqueando; alguien la tiene mal. Esa vieja besa raro. ¿Besa rico? Hasta con rencor. No mames. Te lo juro, no es cariñosa como las otras, no te mira, besa con los ojos abiertos. No la he besado. ¿No? No... pero el otro día me acompañó al baño.


-La señora directora es buena, buenísima. Mira que soportar tanta indecencia de esa criatura, y nunca correrla.
-Seguro le ha de tener esperanza a esa muchacha descarriada.


No, a Angélica no le puede gustar nadie; dice que todos los tipos de aquí son unos delicaditos y cobardes, que le caen mal y la desesperan. Los besa y juega con ellos, pero no le gustan.


-La señora directora... tan buena ella...
-Sí ¿eh? Y cuando sale y la vemos, ni enojada ni molesta; siempre tranquila.


Angélica, anda. Algo tienes, no te lo guardes. Yo sé que no es Joel...


-Tan comprensiva ella... recibe a esa muchachita en su oficina tantas veces, sin quejarse, sin correrla.


...¿Entonces qué te tiene así?


-Es la piedad, Martita; Dios es grande.

miércoles, 15 de abril de 2009

I'm only sleeping



"Sí, sí, ya me levanto", y sí, a levantarse. Entra mi padre dando un portazo en el cuarto, y con los ojos de perro recién nacido volteo a verlo y me pongo la almohada en la cara. "Levántate!" grita, y me lanza un almohadazo. "Si por ti fuera nunca te levantaras! nunca haces nada!!" y se va, imprimiendo las suelas en el piso; y se va.

Las palabras entran de tope a mi oído: "A tu edad yo estaba levantado desde la madrugada!". "Tu tía a tu edad se hacía cargo de los siete hermanos, preparaba la comida, limpiaba la casa" y así se la llevaba, recordándome por qué yo era una escoria haragana. Qué ejemplos mi tía y él... qué bazofia me tocó ser.

Escucho los gritos de los niños que juegan en la acera... hasta un pájaro se arrima por la rama de mi ventana. Comienza a cantar; y yo "aaah, qué bonito" y me zambuto dentro de las sábanas a ver si me encuentro unos 5 minutitos más que le sobren al cuarto y pueda dormir hasta que entre mi padre de nuevo y me grite.

Casi no distingo la habitación con el resto de mi sueño. Comienzo a caer dormida; me despierto.

Me quedo viendo la pared y pienso: Es cierto, ¡qué porquería estoy haciendo con mi vida!. ¿Qué hago en vacaciones? Tragar y dormir. Leer y dibujar. ¿Qué hago en periodo de clases? Leer, dibujar, escuchar música, escribir, quedarme viendo los puntitos del techo boca arriba, y los días se me van como agua: sin sabor, sin poderlos detener. No soy una estudiante modelo y jamás me he esforzado en serlo, aun cuando podría. Mis trabajos los hago siempre horas antes de entrega. Mientras mis compañeros y conocidos se matan agregando más cosas a su curriculo y andan por todos lados, mis aspiraciones se resumen en poder dormir, leer algo que me guste, hacer un garabato y escribir una línea decente que me encante.

A mi edad Kurt Cobain ya era muchísimo más depre que yo, Rimbaud ya había tenido sus experiencias homosexuales y escrito cosas bien fregonas. Lennon ya se había juntado con los otros inglesitos, Bambi ya había visto morir a su madre frente a él y con ello recibió un shock merecedor de escribir algo más trágico que Los hermanos Karamazov. Los niños héroes habían salvado el castillo y hasta con un pedazo de tela enrollado encima.

A mi edad ya eran personas con futuro, ya trazaban su camino a un estrellato que seguramente yo nunca conoceré. Capote ya había publicado en el New York times y seguramente todos los pintores famosos ya estaban embarrados de óleo y temple antes de que cumplieran la segunda década. Hay niños con la mitad de mi edad que tocan fregonsísimo un instrumento, y europeos que hablan el doble de idiomas que yo. Tengo compañeros con un futuro brillante, a quienes buscan personas mayores porque los han dejado con la lengua en el suelo por verlos tan entusiastas, tan emprendedores, tan muévele-muévele.



¿Y yo? Déjenme dormir.



Pues sí, que sean personas productivas, que hagan algo con su vida. Yo sólo quiero dormir, y estar en la cama si se pudiera, por siempre. No quiero comer, no quiero ir a la escuela, ni buscar un trabajo para mantenerme y tragar algo. No me interesa conocer personas, ni bañarme siquiera. Mejor en la cama, y leer. Llega un punto incluso donde escribir ya no es necesario, porque empieza uno a dictar las cosas mentalmente, y con eso basta, la verdad. ¿Que me estoy perdiendo del mundo? ¿Que hay tantas cosas por hacer? Ya lo sé; pero prefiero dormir.

No miento cuando me visualizo en unos cuantos años bastante flaca (sí, más), ojerosa, increiblemente pobre y bien pinche víctima de alucinaciones y delirios. Me veo tirada con la cabeza sobre la mesa de un bar de mala muerte, inconsciente, y con Pau Pau de fresa escurriendo por la mesa y mi pelo. A la edad de todas esas personas célebres, de mis compañeros, yo tengo la lista de metas de un niño de 5 años (sin la parte de ser bombero, do'tor, astronauta y policía)


Bien: les doy permiso a todos para que sean gente ilustre que se volverá famosa, que cosechará triunfos, saberes y experiencias inigualables. ¡Les doy el privilegio de que se rían después y me escupan en la cara!, porque a mi edad ya serán lo que yo y mucho más: personas de envidiar.

Sí, no tengo una banda, ni he escrito obras de literatura. Mucho menos he dibujado algo onírico que despierte pasiones y lolitas; ya sé.





Pero a tu edad, ya sabía quien era y lo que me interesaba ser: nadie.

miércoles, 8 de abril de 2009

Tic tac tic tac



Y es cosa de que salga negativo, porque va a salir negativo; y si sale positivo? 20 horas para arreglar las cosas, para que me diga: Nada pasa Julita, todo bien; sólo tenía ganas de verte. 15 horas para verla de nuevo, y su cara en fulgor de la mañana y yo voy a ser el tonto por haber querido verla después de tener una semana lejos. 5 horas y empiezan las vacaciones. 3 y saco el pavo del horno. Sólo una hora y media para salirme de este perro día; para llegar a la casa y Luisa con el mantel puesto, con la comida a punto de servir. Y cuando la desconecten, cuando pase esa hora y nada, adios: adios a mi mamá, adios le dirán todos (adiós mamá). Porque no puede salir positivo; la casa, mis papás, y la comida, y la escuela, y la pinche necesidad de siempre, de siempre y nada. 2 horas y media y coloque la jeringa sobre el pavo; le inyecta el vino con cuidado y firme, poco a poco, pero de una. 19 horas y media; ya sé! un mensaje: Hola Danito, cómo estás? Y si nos vemos más temprano? Es que te extraño mucho... te quiero! Y ella estará en la entrada, con el abrigo, y mi maleta pesará, mucho, pero la dejaré y ella con su sonrisa: hola! 5 horas 5 horas 5 horas 5 horas; llegaré de golpe, me tiraré en la cama. Sueño, mucho sueño, dormiré por días, por semanas, y adiós a la pinche escuela, adios a todos, como si quisiera saber de ellos fuera de aquí. Papas al horno, mantequilla, arroz a la mantequilla. ¿Mole? Ojalá que esté muy enchiloso, y qué me vas a preprarar, Luisa? No, no puede salir positivo. Salió positivo?

Uno más, uno más y ya no lo molesto: Danito Danito te extraño mucho. Oye pero de qué quieres hablar? Por qué no mejor me hablas? Es necesario que nos veamos?... Te quiero mucho mucho! El parque de la esquina, el cine, una comida en el Martiano, globos en la entrada de su casa; les hablaré a todos. No. No, No le hablaré a nadie: sólo ella y yo, este día es para ella y yo, al inicio de la estación. El vino debe quedar bañando al pavo, y empieza tic tac tic tac, cuando salga y ya le pondré el vino, si es que a Carlos le gusta. Y si no, que se lo coma seco, o que coma algo más. Quiero dormir, quiero dormir. Positivo? Está bien; desconéctenla. Tic Tac Tic Tac. No señor, no llegó la carta, la vuelvo a enviar? Si, la vuelvo a enviar, perro del mal, papas al horno, mantequilla, y enchiloso, muy enchiloso. Y si ya no me quiere? Me va a cortar, obviamente me va a cortar. No, Dani no es así, me lo diría todo en persona, él no es así. Hola Dani, oye, adivina que! iré de vacaciones a Canadá, quieres que te aparte boleto? no eso no... A Canadá: vamos! yo te invito el boleto, ya sé que es inesperado pero vamos! Y por qué no dejamos esa "reunion" para otro día? Adiós mamá. Podremos ir a la función de Esperando a Godot, y luego al Martiano. No, no puede salir positivo.

Luisa? Oye quieres que vayamos a comer o así está bien en la casa? Te quiero, mamá. Ah perdón por despertarte Dani; estabas dormido? creí que estabas despierto; oye, de qué quieres que hablemos mañana? Es que tengo boletos para Canadá. Está bien, desconéctenla. 3 horas 3 horas 3 horas madre que deje de hablar ya la vieja a quien le importa? a mi no, cállese cállese, cama cama dormir, comer, tirarse, cama, cama, y un juego a las 11 de la mañana en la cama. Puedo ponerle mayonesa, y puerros. Vinagreta, lechuga, un poco de nueces... retrasarlo cinco minutos, y si se pasa de tiempo? Puedo cortar los puerros y ponérselos después del vino. Le pongo las nueces junto a los puerros... No salió positivo, verdad?

YA CÁLLESE! Largo, fuera, déjeme en paz; déjeme largarme! 5 minutos, 6 minutos, 9 minutos: 3 minutos?! Perdón Daniel, si, me espero a mañana. Canadá es muy bonito por las tardes pero... si, mañana en la tarde, perdón Daniel. Si, vuelve a dormir, perdón por despertarte... te quiero! Mole? Mole del bueno? Si, en un par de horas salgo, Luisa, si... no, comamos en la casa, si. Y el cable desconecta a mamá, y los señores desconectan a mamá; Adiós mamá.



Negativo negativo, que no salga positivo. Buenas noches, Daniel. No, este plan de dia no funciona, no... muevo la cena una hora más tarde, vamos a la función, le compro los globos mientras ella va por las maletas, llamo al servicio para que nos espere un coche afuera de la estación, y luego Hola esperando a Godot! No, cena a las 7, la función mañana; parque a las 5, o parque a las 6. Y comemos mejor en el Martiano y vemos a Godot a las 6. No, esperen: esperemos 5 minutos más. Pero las nueces se ablandan con el vino; o quedan igual? Le puedo poner apio en vez de puerros, y le agrego 6 minutos más, por si acaso. Y no le pongo vino y el vino me lo tomo yo, y así por si no le gusta el tinto de todas maneras comerá pavo.

50 minutos 50 minutos; avanza manecilla del demonio, hija de tumadre rechirriata avanza, no no no no no no; una hora todavía?! Mole enchiloso, del enchiloso. Y papas al horno, ensalada, aceitunas rellenas. No señor, no me llegó el oficio, deje lo busco (papas al horno, arroz, Luisa con vino en la mesa, y por primera vez se me antoja el vino aunque sepa a diablos. Esperando a Godot, esperando a Godot; y ella y sus arranques por irse a Canadá.




No, el vino aparte y el pavo lleno de puerros. O apio. 3 horas, 50 minutos, 40 minutos, que tengo a mi mamá ensartada en el hospital, conuncarajo! Está bien, no va a llegar; desconéctenla. Cómo que salió positivo? No, hazte otro, ten. Tengo tres, hazte otro. Que no, puede estar equivocado! te digo que te hagas otro, no puede salir positivo, no puede...no mamá! no sé donde está el vino!

miércoles, 1 de abril de 2009

Restart




Cuando mi abuela murió todos parecieron olvidar los detalles obvios: que nadie la quería, que aguardábamos ese momento con ahínco desde hace años, y que nadie tenía por qué estar llorando su muerte. La casa de mis abuelos de pronto se inundó por tantas personas, y más personas que decían estar dolidos por la pérdida de la familia. Después lloraban y venían los discursos solemnes, y al final, las ganas de que se repartiera la herencia, de que la mujer le hiciera un bien al mundo.

Todos parecían heridos. Pero en realidad no muchos hablaban de su muerte, porque la atención se redigiría a mi hermana; la persona más despreciable del mundo, según mis primos. No sé realmente si lo fue, pero las personas estaban encantadas en recalcarlo cada que tenían oportunidad. Tampoco sé si mi hermana se diera cuenta; en realidad creo que nunca le importó. En el funeral se escuchaban las olas de llanto, los mares de lágrimas; el cielo se defragmentaba sobre una familia numerosa que seguía un guión teatral al pie de la letra, con honores. De tan negro que vestíamos, tan negra la atmósfera, casi sentí que alguien realmente se estaba muriendo. Y mis primos llegaban y saludaban con mucho pesar, y mis primas se daban besos en las mejillas que sonaban más de lo que sus labios impactaban con las caras de las otras.

Mi hermana rezagada, en un rincón, sin levantarse, en una silla, con algo entre manos: su game boy. Y todos volteaban a verla mientras decían lo mal nieta que era, la inmundicia de persona que mis padres habían creado. Yo la miraba con mi mano tomada de la de mi madre, y deseaba estar con ella; compartir su suerte. Cuando mi abuela ya estaba mal, agonizando, las últimas semanas, su casa era anfitrión de una reunión protagonizada por todo tipo de alimañas: las urracas viejas de mis tias abuelas, mis tios borrachos con cinturones y puros, mis primas idiotas vestidas como zorras, mis primos imbéciles que miraban a mis primas las zorras, y todos parecían unirse de pronto sólo para hablar de mi hermana, que llegaba de la mano de su novio y acaparaba casi toda su estadía en prendarse en sus brazos como koala y besarlo como si ella fuera la moribunda. Casi los entendí.

En el hospital, días antes de que mi abuela muriera, pareciera que mi familia se arromolinaba en los pasillos, en las estancias, mientras lloraban por el futuro asegurado de mi abuela, cuando lo que seguro hacían en sus casas era practicar sus firmas una y otra vez, para firmar papeles, para que se vieran bonitas cuando a mi abuela se la llevara el diablo, o Mussolini, o quien fuera. Todos afligidos, todos apesumbrados, y mi hermana rondaba de pasillo a pasillo demasiado preocupada, hablando con enfermeras, con intendentes: le urgía demasiado saber si había una red inalámbrica dentro del hospital, y cuando por fin supo, ahí la teníamos todo el día en la estancia, incluso en la habitación de mi abuela, platicando con sus amigos y con su novio, descargando música de internet.





Han catalogado a mi hermana como un monstruo. A veces creo que lo es. A veces siento que se olvidan de lo más importante: que al igual que ella, por ahí ronda se supone, el mismo tipo de sangre... o más o menos. Y por mis venas también.


Si mi hermana es un monstruo, ¿también yo lo soy?




Los lamentos del funeral se desbordaban por las ventanas, recorrían los pasillos. Era una inundación de titanes. Y de pronto guardaron silencio, y comenzaron a orar. Después de eso nada, silencio de nuevo. Todos buscaban su salvación, a la orden de pensamiento "Si, si, me duele, me duele; me duele mucho"... Cuánto silencio. Y el funeral quedó catapultado, sellado, cuando todos parecieron llegar al silencio más sublime, y la atmósfera fue interrumpida: un GAME OVER, desde la esquina donde mi hermana jugaba Game boy.

miércoles, 25 de marzo de 2009

El llanto del diablo



Nuestros gritos ensordecían, quemaban; como un infierno de voces y almas. Saltábamos ante sus miradas, y entonces parecíamos arder. Casi podía presentir el nuevo espectáculo y lo que iba a pasar, pero obviamente siempre era algo distinto. La prensa hablaba: "hijos del diablo: corrompen a nuestra juventud", y a nosotros nos encantaba ser los engendros de satan y estar ahí gritando concierto tras concierto. Se habían acabado las noches en vela junto a nuestros padres, expectantes ante un disco enorme y corroído, mientras ellos con cara de sublimidad cerraban los ojos, sonreían y después terminaban por decir: "Pero qué hermosa pieza!"

No, ya no estábamos en esos días, ya no nos mirábamos en la estancia junto a ellos. Podíamos escuchar sus reclamos tras la puerta, los demoledores: "¿Qué es ese ruido? ¡Y bájale a tu música; a esa porquería!", y pareciera que eso nos alentaba a subirle todavía más y a disfrutar con más sabor cada nota, cada nueva banda que íbamos encontrando. Era oficial: al mundo le encantaba. No importaban las notas amarillistas, o las letras de caín; el fulgor, la necesidad, la adrenalina; el nuevo sonido que había escapado desde las puertas del infierno para llegar a nosotros y sentirnos endemoniados.

Hombres blancos tocando música de negros que aclamaban nunca estar satisfechos. La nariz de un judío resaltar por debajo de un gorrito y una armónica gritándoles a todos: "¡No te creo! ¡Eres un mentiroso!". El bigote de un tal Eric, que obviamente no pertenecía al cielo y le cantaba lágrima por lágrima a su hijo muerto. Cuatro caballeritos de Liverpool con peinado de basinica volvían locas a nuestras primas, y mi madre lavaba los platos mientras solía decir: "Pero qué muchachitos tan indecentes... y con ese corte de pelo tan largo!" pero a quién engañaba? ella tampoco podía quitar los ojos de la televisión.

Todo eso y más era lo que amábamos, lo que nos hacía sentir vivos. Por fin podía decir: "Esto es música de verdad, y por esto vale la pena luchar", y ya no había quien me dejara atrás: muchos otros pensaban lo mismo. ¿Que si éramos unos herejes? ¿Que si íbamos camino a la perdición? Qué importaba... Y si era por molestar a la autoridad, por sentirnos rebeldes, o por encontrar un poco de salvación en acordes, silencios y un nido de gritos aglutinándose en nuestros oídos, realmente no importaba; que Gabriel tocara su trompeta, y ya habría oportunidad para reivindicarse e intentar ganarnos después un pase eterno para la entrada del cielo.

El mundo los amaba, el mundo los odiaba. Cada concierto, cada nota en los periódicos, cada revista, los programas en horario familiar por la noche, las giras, los posters, los discos escondidos debajo del colchón, todo eso se convirtió después en pantalones que destrozábamos a propósito, en ventas masivas de guitarras en las tiendas de música, cortes de pelo para hombre en las mujeres y pelo largo y descuidado en los chicos. Ya nada podía cambiarlo: el infierno estaba reinando.

Y de pronto, al correr los años, como una estampida y sin que nos diéramos cuenta, todo desapareció. Tras unas cuantas décadas todo parecía esfumarse. Los alaridos, los himnos de aquellos tiempos, las inconformidades, los reclamos del hombre de la armónica en primera plana, el cuarteto dividido y corrompido, se convirtieron en fantasmas, en mitos urbanos de: "Te acuerdas de aquél concierto? de aquella canción?" y ya a nadie parecía interesarle, como si hubieramos entrado en un vortex y eso jamás hubiera existido. Las nuevas personas que compartían la edad que nosotros una vez tuvimos, se encontraban hiptonizadas por muchachas rubias y chicos idiotas que apenas y podían sostener una guitarra, por negros forrados de diamantes que sólo parecían querer olvidar a sus ancestros esclavos, modelos que cantaban o querían cantar, pubertos que decidían iniciar una nueva banda de rock y sonaban a los lamentos más patéticos y tristes del pop. Todo aquello era lo nuevo, y a las personas les parecía encantar.

Como un ensueño viejo quedó la imagen de mí escondiendo mi música, y si tengo tiempo, me encierro con calma, coloco el vinil e escucho nuevamente la música de satan: pero ahora parece ser dos, parece que hay tres. Escucho en conjunto cómo llora Eric desde el infierno, y es el lamento del diablo también, que llora al haberse extinguido su infierno, al tener en vez de eso tepotacas de un demonio remasterizado y con lipstick, que ni siquiera está dispuesto a defender su reino. Entonces lo supe: las figuras de esos nuevos músicos que se dejaban venir, la imagen asquerosa de una rubia sosteniedo la guitarra desde abajo y tocándola como si escribiera en un teclado.

...Así que ese era el grito de ésta generación, y esos eran los alaridos del nuevo planeta tierra. Cuando lo entendí, lo acogí. Cerré la puerta, mis ojos, volví a colocar el disco, me dejé caer y comencé a llorar: lloré junto a Eric, junto al demonio, y sólo entonces entendí que el fin del mundo estaba cerca.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El chicocote



Como ya nadie lo usaba, me pareció sencishícimo tomarlo y a ver qué hacía con él. Nadie lo iba a extrañar, y si eso sucedía, significaba que yo tendría que soportar la misma cantaleta de nuevo... y de nuevo. Cuando mi roomie tiene novio, es la persona más feliz del planeta, for real; desborda alegría, vomita sangre de la fascinación, le dan ataques epilépticos y se hace llamar, no sé, Iliana Ulianovna, y a mí me beneficia porque siempre hay como que buenas vibras en la casa. No importaba con quien estuviera, con quien se metiera, de quien se enamorara, porque había una cosita que así, de rigor, no podía faltar. Usaba aquél chicote como quien inauguraba una nueva plaza: ¡Pasen, pasen, y vean al nuevo dude de quien me he prendado! ...y aunque no fuera ese el significado, así lo dejaba ver siempre. Llegar a las pinches 4 de la mañana a despertarme para contar que algo no había salido bien: "Es que no me dijo nos vemos mañana" y yo con la almohada casi asfixiandome boca abajo ("Tranquila, fuck, es tu novio de tres años..."), "Él colgó primero el teléfono!" ("Goe, tenian 15 mins despidiendose; le doy GRACIAS de que haya decidido ser pionero"), "Hoy no me dijo Te amo" ("No mames...") y así me tenía una hora, dos, en la oscuridad hasta que a ella se le ocurría que podía ser buena idea dejarme dormir un par de horas.

¿Cómo fui a desviarme? Estaba hablando del chicote. Pues sí, ese chicote era el alma de sus relaciones. Lo usaba para hartas cosas, ob-via-men-te... digo, además de las habituales. ¿Qué tanto hacían con él? Pues no soy como que muy fans de espiar a la gente cuando está en el matadero, pero apuesto todas las cartitas de Pokemon de mi hermano ("Qué onda, Gus, estás en la tele!!") a que yo le hubiera dado mejores usos. Chicote para amarrar mi pantalón por estar flaca de más y no querer comprarme uno nuevo. Chicote para atar al perro a la cerquita del café. Chicote para cuando me daban mis arranques suicidas y no encontraba de qué colgarme. ¿Problemas con tu tarea? Dale un chicotazo al profe y dile "Yo soy de Sinaloa, vato!!", y cuando alguien no creyera en tu palabra, decir "Yo te quiero, goe!" y ZAZ, que le ensartas un chicotazo en plena espalda, en el estómago, o en la boob, tal vez en el cuello, ¿en la cabeza? y luego decir "Es el chicote de la amistaaaaad".

Ya sé que pude haberme conseguido un chicote para mí y dejarle ese a ella, pero es que estaba bien perro, y además nadie lo usaba. Mi roomie tiene esas tendencias sados, y hace tiempo era darky, cuando tenía la necesidad de chingarse la imagen de su Familiafelizdeanunciokellogs. Pero desde que comenzó a usar ropa de colores, como que toda su ira la descargaba en ese chicotito que amaba; era como el WOW de sus relaciones, de sus temas de conversación, y a mí no me interesaba, pero como ella era tan feliz que pagaba más de renta que yo, de nuevo: ¿quién la quieleeee, quieeeen?. Y pues ¿qué tenía de especial? que no era un chicote propiamente: no, no era de cuero, ni de tela, o plástico. No tenía puas, ni calcomanías de Asterix el Galo, mucho menos olía a chicle. No había costado mucho dinero ni tenía texturas de primer mundo, no: era un vil cable de televisión con todo y el enchufe. Al principio me preguntaba: ¿les irá bien a los vatos? ¿No les dará como... cosa? Meh, al caso era lo mismo; ella lo amaba, ellos la amaban, y yo amaba pagar una miseria de renta, jiji.

A veces me pregunto por qué habrá estado tan metida con esa shusha. ¿Será látigo a mi roomie como mantita a Linus? ¿Freud tendrá que ver en esto? Ah, perdón: Freud SIEMPRE tiene que ver en todo, qué tonta. ¿le habrá salido caro y ahora le pesará deshacerse de él? Me imagino los infomerciales con un doble de Tom Cruise presentando el pedazo de cable de TV ("Shame sha!!") O tal vez lo lamió Martha Stewart y ahora TODOS quieren tener el cablecito. Me imagino a mi roomie usándolo conmigo cuando no quiero pagar la renta, o cuando la casa es un desmadre porque no me levanto del sillón hasta pasar Silent Hill y la sala huele a queso y nachos. Pero el chicote ahí está, y yo lo quiero. Dudo usarlo para lo mismo que ella, pero tengo como setentaydiez ideas de qué sí hacer con él: creo que escribiré un libro sobre eso... o un instructivo... ¿y si lo uso para mi ensayo de Literatura Española del siglo XIX?... No sé, tal vez sólo termine escribiendo un post sobre él... ¿en Recolectivo? pfft, no sé.





We <3 chicote

miércoles, 11 de marzo de 2009

Crónica de guerra



Sí, todo comenzó una tormentosa tarde del '74, mientras mis hombres y yo aguardábamos en trincheras por allá en Vietnam...


En realidad no era el 74, sino el 2005... y yo no estaba en Vietnam, sino en Sinaloa. Mucho menos estaba acompañada de mis hombrrres; estaba sola... sola. Por alguna extraña razón, dentro del sistema educativo nacional, a los prepos el país les pide que realicen servicio social antes de graduarse, y a mí me pareció sencillo hacerlo en una escuela de idiomas sabatina para niños. La verda' es que hasta ahí iba bien la cosa, porque yo no hacía más que cuidar la puerta en los recesos para que los pequeños animales no se salieran y no demandaran a la escuela porque estos resultaban atropellados/secuestrados/violados/llevados a alguna iglesia local, pero nunca pensé que eso traería feas, muy feas consecuencias. Así es, ellos me timaron; jugaron bien feo con mi mente y me hicieron creer que era sólo un servicio social. Pues no, no lo era: ese dia perdí mi inocencia.


Así es, ese día dejé de creer que los niños podían ser inocentes y amigos de los animalitos del bosque.


Todo iba bien, me dijo el director: "Cuida la puerta que conecta el jardin con el pasillo principal para que los niños no hagan desastre durante el recreo". "Si señor director, todo muy bien señor director". Y unas horas después ya me tenían cuidando una reja con la misma diversión que Moby ve un pedazo de carne. El receso comenzó y todo iba bien: los niños compraban en la cooperativa dentro del jardín, otros jugaban, otros presumían sus pinches juguetes costosos y los había quienes sólo se quedaban del otro lado de la reja y me miraban raro (...). Pensé: Vale, no hay problema, así son los niños.

La única condición era que, si un niño pedía permiso para tomar agua, debías dejarlo entrar y vigilarlo hasta que regresara al jardín. Jiji, yo lo estaba haciendo per-fec-ta-men-te, estoy segura de que si existiera un premio para "Muchacha de 17 años que cuida la puerta para que los niños no entren y hagan desastre y se reproduzcan y ensucien el piso durante los recesos" yo lo hubiera ganado; de hecho, estoy segura de que fantaseé con ello durante unos segundos, y por eso nada más, desprendí mi atención de la reja. Para cuando volví de mi Lapsus pendejus, tenía a una marabunta de niños pegados a la reja como zombies mientras gritaban "Aguaaaa, aguaaaa" y ya, les dije que se metieran en pares.

Todo iba bien; veía acercarse el premio de Muchacha de 17 años que cuida la puerta para que los niños no entren y hagan desastre y se reproduzcan y ensucien el piso durante los recesos... y entonces sentí una manita en mi mano. Voltee y estaba del otro lado una niña que me decía "Maestra, Martín no volvió" (¿Maestra? Maese! estos niños que no respetan; si por mí fuera los tendría en el patio incados sobre los ladrillos y oliendo chiles oreados bajo el sol...).


En fin, como no lo vi adentro, un niño me dijo "Yo vi que se fue a la bodega" y ahí me tienen rastreando a la pequeña criatura, con la imagen de los chiles quemándose más utópica que nunca. Abrí la puerta de la bodega y ahi estaba. Le dije: Hey tú, ya te encontré. Pero al parecer ese no había sido el punto, porque en eso ya podía escuchar una bomba de pasos y gritos que invadían ehm... adentro. Y ya, salí con el niño jalado del brazo y para entonces ya estaban todos los demás adentro saltando, tumbando cosas, gritando, ensuciando el hermoso piso de no-mármol. ¿Así que ese era el plan? Those rat bastards, me tenían rodeada, jaloneandome de los brazos, y yo vuelta loca, mientras por azares del destino estaba parada donde hasta al final del pasillo daba la oficina del director, y por la ventana él me miraba sentado en el escritorio con cara de "Vas a ver cuando te agarreeee" mezclada con una de mucha, mucha weba que decía "Y ni pienses que te voy a ayudar".

El lugar se volvio un caos; comencé a tomar a los niños en trios mientras los empujaba para que regresaran al jardin. Los jalaba, los volvía a empujar, comencé a decirles cosas que sus castitos oídos no debían escuchar, y seguí agarrándolos. En una de esa tomé bien pinche molesta a uno mientras le decía: "Salteeeee" y el niño nada mas me vio casi llorando y contestó "Yo no estudio aquí!" (...luego me di cuenta de que era el hijo de la que atendía la cooperativa). Y ni sé cómo me las arreglé pero al final logré sacarlos a todos de nuevo... eso sí, el pasillo quedó hecho un reverendo desmadre y cuando volteé a la ventanilla del direc, él seguía con sus jueguitos en la compu...



No, no estaba en Vietnam, ni era el '74, y me faltaron muchos hombres ob-via-men-te... pero ni la matanza del Tlatelolco fue tan sangrienta como ese mugre día:





Hay niños que NO son regalitos del señor.
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