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domingo, 12 de abril de 2009

El día más largo.


Los días son más largos en domingo.
Con un poquito de calor "global" y "primaveral".
Y sin una cajetilla de cigarros.

jueves, 9 de abril de 2009

Días de 48 horas



El señor Nalgabruta alzó la vista al cielo y contempló con los parpados casi cerrados el sol en medio del cielo. Tomó un sorbo de agua de su cantimplora y reanudó su caminata por el desierto. Se dirigía al lugar donde había aterrizado dos días antes.

"¿Aterrizado? Partido la madre contra la corteza terrestre describe mejor lo que pasó" se corrigió el señor Nalgabruta.

Media hora más tarde estaba ante un agujero de 20 mts de diámetro y uno y medio mts de profundidad. En el fondo descansaba la cápsula en la que había viajado desde la Luna. Cada vez que miraba el crater se felicitaba a sí mismo por haber construido la cápsula a partir de una cámara de semiéstasis. De no haberlo hecho se habría convertido en una pulpa de sangre, tejido y huesos cuando la cápsula hizo contacto con la planicie de la otrora huasteca mexicana.

- ¿Buena cosecha, señor? - dijo el bot cuando los sensores de la cápsula detectaron que se acercaba.

- Sí – dijo sacando de su mochila un recipiente de dos litros repleto de gusanos de maguey. - Voy a cocerlos. Otras diez cosechas como esta y tendré suficientes provisiones para el viaje al sur.

El señor Nalgabruta quebró ramas de los huizaches cercanos y prendió una fogata. Puso una de las planchas del recubrimiento de la cápsula desprendida en el impacto sobre el fuego a manera de comal y echó ahí los gusanos de maguey. Cuando estuvieron cocidos, el señor Nalgabruta devolvió la mayoría de los gusanos al recipiente y se sentó a la sombra de un raquítico huizache. Metió su cantimplora en el manantial que hizo aflorar cuando llegó con su cañón sónico, bebió agua, masticó algunos gusanos y se recostó en el suelo. Miró a través de las ramas del huizache al sol. Este seguía en el mismo sitio que cuando lo vió después de cosechar sus gusanos.

- Dime de nuevo bot. ¿Cuánto dura el día? - dijo el señor Nalgabruta.

- Cuarenta y ocho horas.

El señor Nalgabruta repasó sus cálculos mentales.

- Sigue sin cuadrarme.

- No hay posibilidad de error, señor. Las observaciones hechas después del aterrizaje concuerdan con las que hicimos cuando estaba ud en la Luna. El periodo de rotación de la Tierra dura 48 horas ahora– aseguró el bot.

- Yo esperaba que el día terrestre después de 100 millones de años durara más, pero no 24 horas más. El momento angular que la Luna le quita a la Tierra no basta para explicar que la rotación del planeta se haya alentado tanto.

El bot no dijo nada. El señor Nalgabruta continuó.

- La única razón que se me ocurre por la que la Tierra gire así de lento es alguna catástrofe cósmica. Antes del desastroso aterrizaje que hiciste...

- Lo siento señor. Hice lo mejor que pude después las maniobras de pánico que ud hizo cunndo se nos atravezó en el camino toda esa chatarra espacial en órbita aglutinada por gravedad – dijo el bot.

- No me interrumpas bot que estoy recapitulando. Antes del desastroso aterrizaje que hiciste estabamos cartografiando. De acuerdo a los vectores de las placas tectónicas que se obtenían via GPS cuando yo era niño, los continentes no tendrían que haberse movido como lo han hecho. Antes de partirnos la madre alcanzamos a ver que África se ha echado sobre Europa tragándose el Mediterraneo. Eso era esperado. Lo que fue toda una sorpresa es que la meseta continental de America se hubiera fragmentado dejando a América del Sur pegada al Antártico junto con Australia, a Canada y a Groenlandia convertidas en el polo norte y a EU y México convertidos en una isla en medio de cuatro océanos, dos de ellos nuevos– dijo el señor Nalgabruta. - El que la Tierra gire tan lento y América se haya dividido como la hecho se puede explicar no con la caída de un meteorito como el que decían que aniquiló a los dinosaurios, sino con la caída de un chingo de esos meteoritos. En algún momento de los últimos 100 millones de años, la Tierra recibió impactos que deben haber alterado la tectónica de placas y su rotación.

- Esa teoría catastrofísta suya está muy bien, señor – dijo el bot. - Pero no explica el último hallazgo que hice.

- ¿La débil señal de radio que detectamos 5 segundos antes del impacto? ¿La que no has vuelto a detectar por haberte quedado medio enterrado en ese agujero junto con la cápsula? Por eso iré yo a investigar. Reprodúcela de nuevo - dijo el señor Nalgabruta.

De las potentes bocinas de la cápsula salió música.

- Si no hubieras arruinado la cápsula ya habríamos llegado a la fuente de esa señal de radio que debe estar a ochocientos kms al sur de aquí. Quizá sean los últimos remanentes de la humanidad. ¿Cuántas especies en el planeta conoces que hagan música? Lo que no me gusta es que caminar bajo un sol que le quema a uno la choya durante 32 horas no va a dejar mucho de mí - dijo el señor Nalgabruta.

largos días



miércoles, 8 de abril de 2009

6:15


... 6:30... 7:15... ya no llegué al spin, ja... ok ok, ya levántate, odiolevantarmeodiolevantarmeodiolevantarme... 7:30... No le voy a hablar tengo que comprar jabón neutro... no le voy a hablar, cabrón desgraciado... Otra vez se me hizo tarde, bendita cafetera super nice que se programa... No le hables, no seas pendeja... Como odio a la gente, pinche vieja ¡muévete! Malditas viejas, no sé cómo las dejan subirse a un coche nada más porque saben encenderlo, si no son licuadoras... Esto se vence mañana... No le voy a hablar, ¿y si le mando un mensajito? ... No, mejor no, qué sufra... si cómo no, seguro dejó de comer... Ah el contador, ya jubílese por lo que más quiera... No le voy a hablar... Para mi un jugo de toronja gracias, y más café... No, pues no sé, no me ha hablado, obvio que yo tampoco güey, si tampoco le voy a rogar, por mi que se muera... otro cigarrito pues, mi gastritis me ama... ahora sí, el término... ¿y si le marco? Ya para sacarme la duda... Enfócate estúpida... una ensalada, y un pedacito de pastel, sí, compensemos mis necesidad afectivas, ¿por qué no? Ok, voy a dejar de vigilar el radio... "No por verlo initerrumpidamente va a sonar" muy pinche gracioso ¿no? Pero no le he hablado, ni lo haré, por mi que se muera... ¿Si? Ahhh qué onda amiga, ¿cómo estás? no, no nada, todo perfecto, ¿tú qué rollo? Ah órale, vamos al rato por unos drinks ¿no? Tengo que platicarte, sí, ey, jajaja no estúpida, él se lo pierde, jajaja claaaaro pobre pendejo, hasta cree jajaja sale, besos... ¡¿Qué?! No te rías imbécil, que tú estás peor que yo... ¡El término! Enfócate... Mensajito, maldito nextel que no he pagado, juegas con mis sentimientos... Nolevoyamarcar, así tenga que cortarme un brazo, y la lengua, y hasta las pestañas... Igual sí lo veo mucho sí suena, la mente es muy poderosa... Alguien debería apidarse de mi y drogarme hasta el estado de interdicción... No le voy a hablar, no no no no soy fuerte, no puedo perder la posición de poder... jajaja ok ok no perderé las dos rayitas de dignidad que todavía me quedan, ja... ¿Quién? Ah si, dígale que me marqué a las cinco y lo revisamos... Tengo que mantenerme ocupada, no le voy a hablar, es más, si me habla, no contestaré... 6:15... ¿Qué onda? Sale, ahí te veo, órale, ajá, sale golfa, bye... Me siento Snoopy cuando ve fijamente hacia la puerta... Unas aspirinas y un agua mineral, y unos trident de menta... Si logro dejarlo a él, puedo dejar de fumar, he dicho... Creo que eso ya lo había dicho antes, ja... mmm "Qué onda, nada más te escribo para saber cómo sigues" No no no borrar borrar, estúpidas aclaraciones, "nada más" c'mon ... Llegas justo a tiempo para confiscarme el celular, no, te dije que no le iba a hablar, yo también estoy muy orgullosa de mi... Sí ya sé que no va a sonar porque lo vea fijamente... Pues no, equis, por mi que se muera, si él no está dispuesto a admitir que la regó no tengo nada que hacer con él, cerdo egoísta... Igual y si le hablo nada más de rápido, sólo para ver que las cosas hayan quedado claras, ¿si verdad? Ok ok, no le hablo, ¿ni mensajito? Los mensajitos son inofensivos, sí te estoy poniendo atención paranoica, que tu jefe es un imbécil, eso ya lo sabemos... Pues tampoco me le estoy escondiendo, si él quiere sabe dónde encontrarme, igual no me habla porque piensa que no le voy a contestar... Ni estoy fumando tanto... No estoy revisando mis mensajes, estaba viendo la hora... Sale nena, te marco el fin *beso al aire*... te amooo más que a la balada de un niño cantaaaando bleh o está esa canción o anuncios, el universo me odia... Me rehuso a desmaquillarme... No le voy a marcar, primero muerta... Pero no voy a poder dormir hasta que le marqué... 11...Mañana trabajo, tengo que dormir... Hasta que no hable con él no voy a estar tranquila... No, no le voy a hablar... Bueno, mejor sí, pero nada más una vez, para darle como un cierre al asunto... o sea, tampoco es tan grave, y así ya me tranquilizo y dejo las cosas por la paz... ok ok... ahora.... respira respira... no cuelgues... Hijodeputa ¡contestáme! Sabía, sabía que no debía marcarle, soy una estúpida estúpida estúpida... ¿Amiga? Pues le marqué, ya sé tarada, cállate, ahorita me regañas, ah ¡pues que no me contestó! ¿Sabrá que soy yo y no me quiere contestar? No no no aguanta, ¿y si está con la pinche vieja del antro? ¿O con el pendejo de Jorge? No mames, ¿será que no me quiere contestar? ¿Será así se joto?

Voy voy voy... bueh si es importante volverán a marcar.

Tic tac tic tac



Y es cosa de que salga negativo, porque va a salir negativo; y si sale positivo? 20 horas para arreglar las cosas, para que me diga: Nada pasa Julita, todo bien; sólo tenía ganas de verte. 15 horas para verla de nuevo, y su cara en fulgor de la mañana y yo voy a ser el tonto por haber querido verla después de tener una semana lejos. 5 horas y empiezan las vacaciones. 3 y saco el pavo del horno. Sólo una hora y media para salirme de este perro día; para llegar a la casa y Luisa con el mantel puesto, con la comida a punto de servir. Y cuando la desconecten, cuando pase esa hora y nada, adios: adios a mi mamá, adios le dirán todos (adiós mamá). Porque no puede salir positivo; la casa, mis papás, y la comida, y la escuela, y la pinche necesidad de siempre, de siempre y nada. 2 horas y media y coloque la jeringa sobre el pavo; le inyecta el vino con cuidado y firme, poco a poco, pero de una. 19 horas y media; ya sé! un mensaje: Hola Danito, cómo estás? Y si nos vemos más temprano? Es que te extraño mucho... te quiero! Y ella estará en la entrada, con el abrigo, y mi maleta pesará, mucho, pero la dejaré y ella con su sonrisa: hola! 5 horas 5 horas 5 horas 5 horas; llegaré de golpe, me tiraré en la cama. Sueño, mucho sueño, dormiré por días, por semanas, y adiós a la pinche escuela, adios a todos, como si quisiera saber de ellos fuera de aquí. Papas al horno, mantequilla, arroz a la mantequilla. ¿Mole? Ojalá que esté muy enchiloso, y qué me vas a preprarar, Luisa? No, no puede salir positivo. Salió positivo?

Uno más, uno más y ya no lo molesto: Danito Danito te extraño mucho. Oye pero de qué quieres hablar? Por qué no mejor me hablas? Es necesario que nos veamos?... Te quiero mucho mucho! El parque de la esquina, el cine, una comida en el Martiano, globos en la entrada de su casa; les hablaré a todos. No. No, No le hablaré a nadie: sólo ella y yo, este día es para ella y yo, al inicio de la estación. El vino debe quedar bañando al pavo, y empieza tic tac tic tac, cuando salga y ya le pondré el vino, si es que a Carlos le gusta. Y si no, que se lo coma seco, o que coma algo más. Quiero dormir, quiero dormir. Positivo? Está bien; desconéctenla. Tic Tac Tic Tac. No señor, no llegó la carta, la vuelvo a enviar? Si, la vuelvo a enviar, perro del mal, papas al horno, mantequilla, y enchiloso, muy enchiloso. Y si ya no me quiere? Me va a cortar, obviamente me va a cortar. No, Dani no es así, me lo diría todo en persona, él no es así. Hola Dani, oye, adivina que! iré de vacaciones a Canadá, quieres que te aparte boleto? no eso no... A Canadá: vamos! yo te invito el boleto, ya sé que es inesperado pero vamos! Y por qué no dejamos esa "reunion" para otro día? Adiós mamá. Podremos ir a la función de Esperando a Godot, y luego al Martiano. No, no puede salir positivo.

Luisa? Oye quieres que vayamos a comer o así está bien en la casa? Te quiero, mamá. Ah perdón por despertarte Dani; estabas dormido? creí que estabas despierto; oye, de qué quieres que hablemos mañana? Es que tengo boletos para Canadá. Está bien, desconéctenla. 3 horas 3 horas 3 horas madre que deje de hablar ya la vieja a quien le importa? a mi no, cállese cállese, cama cama dormir, comer, tirarse, cama, cama, y un juego a las 11 de la mañana en la cama. Puedo ponerle mayonesa, y puerros. Vinagreta, lechuga, un poco de nueces... retrasarlo cinco minutos, y si se pasa de tiempo? Puedo cortar los puerros y ponérselos después del vino. Le pongo las nueces junto a los puerros... No salió positivo, verdad?

YA CÁLLESE! Largo, fuera, déjeme en paz; déjeme largarme! 5 minutos, 6 minutos, 9 minutos: 3 minutos?! Perdón Daniel, si, me espero a mañana. Canadá es muy bonito por las tardes pero... si, mañana en la tarde, perdón Daniel. Si, vuelve a dormir, perdón por despertarte... te quiero! Mole? Mole del bueno? Si, en un par de horas salgo, Luisa, si... no, comamos en la casa, si. Y el cable desconecta a mamá, y los señores desconectan a mamá; Adiós mamá.



Negativo negativo, que no salga positivo. Buenas noches, Daniel. No, este plan de dia no funciona, no... muevo la cena una hora más tarde, vamos a la función, le compro los globos mientras ella va por las maletas, llamo al servicio para que nos espere un coche afuera de la estación, y luego Hola esperando a Godot! No, cena a las 7, la función mañana; parque a las 5, o parque a las 6. Y comemos mejor en el Martiano y vemos a Godot a las 6. No, esperen: esperemos 5 minutos más. Pero las nueces se ablandan con el vino; o quedan igual? Le puedo poner apio en vez de puerros, y le agrego 6 minutos más, por si acaso. Y no le pongo vino y el vino me lo tomo yo, y así por si no le gusta el tinto de todas maneras comerá pavo.

50 minutos 50 minutos; avanza manecilla del demonio, hija de tumadre rechirriata avanza, no no no no no no; una hora todavía?! Mole enchiloso, del enchiloso. Y papas al horno, ensalada, aceitunas rellenas. No señor, no me llegó el oficio, deje lo busco (papas al horno, arroz, Luisa con vino en la mesa, y por primera vez se me antoja el vino aunque sepa a diablos. Esperando a Godot, esperando a Godot; y ella y sus arranques por irse a Canadá.




No, el vino aparte y el pavo lleno de puerros. O apio. 3 horas, 50 minutos, 40 minutos, que tengo a mi mamá ensartada en el hospital, conuncarajo! Está bien, no va a llegar; desconéctenla. Cómo que salió positivo? No, hazte otro, ten. Tengo tres, hazte otro. Que no, puede estar equivocado! te digo que te hagas otro, no puede salir positivo, no puede...no mamá! no sé donde está el vino!

Uno de esos días.



Sucedió uno de esos días, uno de esos calurosos y largos, larguísimos días ¿Saben? Cuando el sol se queda colgado del cielo tanto tiempo que parece que el hijo de puta no bajara nunca de ahí. Uno de esos días que se alargan mientras a uno se le encoge el alma.

Me encontraba sentado frente a un vaso de whiskey, observando como se derretían los hielos que flotaban indolentes en el líquido ámbar. Tomaba el vaso con las dos manos, dejando que mi estado de ánimo —en aquel día, destructor— calentara el contenido, violando con ello una antiquísima regla etílica. El humo de mi cigarro se elevaba en volutas frente a mis ojos.

De pronto, una sirena no más grande que mi dedo meñique salió a la superficie del líquido y mientras flotaba sin esfuerzo alguno, me miró largamente. Después se encaramo a uno de los hielos y sacudió un poco su rizado cabello.

  —Hola —dijo ladeando la cabeza.

  —Hola —respondí curioso, acercándome un poco al vaso.

  —Si vienes conmigo —dijo después de un momento con una vocecilla encantadora— te daré besos y caricias, sueños e ilusiones. Te diré cosas que nunca has escuchado y pensaras cosas que nunca habías pensado; beberé de ti y tú respiraras de mí; pondré una estrella de mar en el hueco de tu corazón y un poco de coral sobre tus viejas heridas. Si vienes conmigo, seremos uno y dejaremos de ser los dos.

Yo la escuchaba en silencio, pensando en lo que me decía. Al ver que no respondía, elevó un poco el tono de voz.

  —¿Qué dices? ¿Vienes? —preguntó de nuevo, mientras acomodaba indiferente un par de escamas sueltas en su piel.

  —Me gustaría, me gustaría mucho —respondí—. Pero no puedo.

  —¿Por qué no? —espetó un tanto desconcertada.

  —Porque, has de saber —dije mientras encendía de nuevo el cigarro que se había apagado— que amo a las mujeres. Las amo como seres completos y complejos. Amo la suma de sus partes. Pero también amo cada parte de ellas, cada detalle, cada minúscula pieza de su rompecabezas. Amo sus cabellos, amo sus ojos, sus sonrisas. Amo sus espaldas, sus caderas, pero sobre todo, amo sus piernas. Claro, sus pechos, sus nalgas, todo es importante, por supuesto, pero no son nada frente a un par de torneadas piernas. Piernas largas, tersas, delicadas, hermosísimas piernas de mujer. La mayoría de los hombres se pierden en una mirada, en una sonrisa, creyendo que ahí descubrirán la verdad, su verdad, pero se equivocan. Una mujer puede velar sus ojos; puede ocultar una sonrisa, pero a sus piernas no puede callarlas. Las piernas de una mujer lo dicen todo: si las muestra, si las esconde, si le gustan o las odia; si las cuida y las consiente o si es negligente con ellas. Incluso si nos las niega o las entrega; todo eso dice mucho de una mujer. Claro, si sabes observar.

  —Así que eso piensas —dijo ya claramente molesta.

  —Así es, y como podrás deducir de todo ello, por más que lo desee, por más que me atraigan tus placeres y promesas, tus ensueños o utopías, jamás podría amar a una mujer que me no me hablara de si misma a través de sus piernas; una mujer que careciera de una parte tan importante de su ser. Imposible.

Hizo un pequeño y encantador mohín. Levantó una ceja despectivamente mientras se acercaba a la orilla del ahora diminuto hielo.

  —Tú te lo pierdes —dijo altivamente y se sumergió en el líquido con un ágil y grácil movimiento.

  —Sí —respondí, pero ya no pudo escucharme.

Con el cigarro en la boca, hice girar el vaso entre mis manos, logrando que el diminuto y solitario pedazo de hielo en el que tan sólo unos momentos antes la sirena descansaba desapareciera, luego solté una bocanada de humo y de un trago apure el liquido restante.

La sirena nunca regresó y desde entonces, en esos largos, larguísimos días, jamás pongo hielo en mi whiskey.


martes, 7 de abril de 2009

Ausencia



Es tan corto el amor
y es tan largo el olvido”
-Neruda

Toda la casa olía a él. Aún se escuchaban sus pasos alejándose y ella ya lo extrañaba como loca. Para no empezar a sentirse sola se fue a la recámara, a envolverse un poquito entre las sábanas de su cama tan alta, donde a veces ella se acostaba con él, tímida primero, con franco descaro después, retorciéndose de felicidad todavía anoche.

Era curioso ver cómo la casa cambiaba cuando él no estaba. Las paredes se veían más altas, los espacios más angostos. Cambiaban también los colores: se volvían opacos, deslavados, como de película setentera. Cambiaba la textura del piso, que se sentía más duro, y cambiaba el ambiente general: un eco extraño hacía que sus pasos resonaran más. Con cautela, calculando cada movimiento, caminó más despacito; nada, las pisadas retumbaban como si fuera un gigante.

Se sentó junto a la ventana, justo donde un cachito de sol le alcanzaba a dar en la frente; entrecerró los ojos, se estiró un poquito. De pronto un sobresalto: el motor de un auto, muy parecido al de él. No, no era. Se recargó sobre el brazo del sofá, con franca resignación.

Qué sed. Con toda la flojera del mundo decidió ir a la cocina por agua. Tomó con tanta desesperación que le escurría por el mentón, le mojaba el pecho, salpicaba el piso. Qué placer tan simple, beber agua. Pero qué ausencia tan larga, la de él, que le borraba cualquier placer.

Con mirada indiferente volteó hacia el reloj de pared. Ella no sabe leer el reloj, obvio; de nada le serviría. Dicen que un año de vida de un perro equivale a siete años de un humano. Pero entonces, los siete siglos que ella siente que han pasado desde que él se fue, ¿serán apenas instantes para él? Se le agita el corazón tan sólo de pensarlo.

La angustia la lleva a sentarse frente a la puerta: las patas traseras flexionadas, las delanteras derechitas; el mentón en alto, las orejas alertas, la plaquita con su nombre oscilando bajo el cuello. No mueve la cola, pero a veces se sacude un poco por la tensión de la espera, con la mirada puesta en el cerrojo de la puerta, esperando, esperando a que vuelva. Porque cuando él no está, los días se vuelven eternos.

No, no more Bad Town...



Para Tania

Hoy, en mi trabajo, vi algo que me hizo reflexionar.

Un tipo, de corte ejecutivo, del departamento de planeación y finanzas, llegó a la sucursal desde la matriz en la Ciudad de México. Era flaco, y lo que me impresionó era su cabello tan engominado, que parecía un casquete sólido e impenetrable. Estaba peinado hacía atrás, con las puntas cayendo sobre su occipucio, erguidas levemente, ufanas.

Tuve mucho tiempo para meditarlo. Las horas en mi trabajo corren despacio; soy un guardia de seguridad, prácticamente el mandadero de todos, el de menor rango y cuantía. Hace poco me exigieron que recortara mi barba, y al encontrarme con hijos de puta como ese, quisiera preguntarle al mundo entero, incluso los que nada tienen que ver con el corporativo, ¿qué carajos les hace mi barba, y por que ese casco de la vulgaridad, ese casco del mal gusto es más tolerado?

Nadie conoce mi pasado, ni saben como vine a parar aquí, cuidando el acceso de las oficinas, llevando una bitácora rancia, e intentando releer los libros viejos de mi madre, porque tampoco me alcanza para comprar novelas nuevas. Leo a H.G. Wells, a Daniel Defoe y Robert Louis Stevenson. ¿A quién no le agrada releer La Isla del Tesoro o Robinson Crusoe?

(Me gusta la parte donde Robinson sube la colina, y ya en la cima, descubre que está solo en una isla. La releo muchas veces hasta alcanzar el llanto, y lloro cuando nadie pasa por la puerta, lloro quedito, y lo disfruto, como si fuera onanismo oftálmico).

No quiero tampoco que la gente de ésta empresa descubra que tienen un guardia de seguridad literato. Si éste fuera otro país, leer no tuviera nada que ver con el trabajo, así que no pido reconocimiento. Además, al menos yo puedo leer de vez en cuando. El trabajo de mi esposa ese sí es todavía más agónico y lento.

Ella trabaja como gritona en un programa de televisión. De esos con shows en vivo, concursos, entrevistas y monólogos. Es palera pagada. Cuando veo el programa de las dos de la tarde, conducido por un imbécil relamido como el ejecutivo que vi hoy y por una fulana emperejilada con ropa de colores pasteles y maquillaje excesivo, puedo escuchar los gritos y algarabía del público, y cuando me concentro, distingo los de mi esposa, y dejo de pensar en la cumbre de Crusoe, y mi imaginación se llena de tardes, cuando el día termina pero comienza para los dos.

Llego y me quito el uniforme, y veo mis botas Martens y sonrío, porque en el corporativo no se han dado cuenta de mi último bastión de integridad. Luego contemplo mis hombros y mi pecho, y sonrío de nuevo, por que ahí tengo mis tatuajes, y soy de nuevo yo, todavía inacabado, hasta que llega ella.

Entra callada; está tan afónica de tanto gritar que solo me mira y el parpadeo de sus ojos me sugiere que solo Knowledge de Operation Ivy puede iniciar las cosas a la perfección. Yo estoy de nuevo en jeans, en mis botas, sin camisa, y ella era lo último que necesitaba para ser de nuevo punk, ella es la mohawk que no puedo usar, ella es todos los atavismos que he tenido que abandonar. Pienso de nuevo en Robinson Crusoe, que no tenía que rasurarse ni cortarse el cabello, ni vestirse bien, pero estaba solo, estuvo solo por tantos años, y yo no le envidio, porque la tengo a ella, que conjuga todo lo que el tiempo me arranca para regresármelo.

Los dos bailamos ska, sonrientes, callados, en nuestro ínfimo departamento. Bailamos Bad Town de Operation Ivy, y luego Ghost Town de The Specials, y el espectro de un día largo es de nuevo aire condensado que se renueva, abriéndose como una flor silvestre gigante, perezosa, en cuyo interior duermen todos los que deben olvidarse de si mismos ocho largas horas diarias.

lunes, 6 de abril de 2009

Modular

A veces no es lo que uno dice, si no como lo dice. Me doy cuenta que lo que dije en aquella mañana de Lunes no fué lo que la hizo dejar de volver, sino la manera en que la miré para decírselo. Y no es que no la extrañe mucho, es que no estoy acostumbrado a caerme así... y el maldito orgullo me hizo que, una vez que bajaba la escalera de caracol rumbo a la calle, no saliera corriendo a abrazarla, sino que puse música muy fuerte y me puse a hacer aseo. El primer día me funcionó. Para el Miércoles, con amargura empecé a empacar sus cosas.

Entonces, mientras comía cereal en las mañanas y gelatina por las noches, empecé a ensayar las palabras exactas en las que reflejaría mis sentimientos. Intercalaba en "te extraño" y "te amo" palabras de reproche velado, de generosidad sentimental, y es que me interesaba dejarle en claro que estaba yo regalándole una oportunidad más. Suertuda. Pero no. No salí a buscarla y llegó el Viernes. Los Viernes, si mal no estaba, eran los días en que llegó a irse con su "amigo" Adrián desde hacía ya 5 meses... y yo no lo sabía, pues estaba engolosinado jugando a las escondidas, follando con otras y palomeando con los cuates. Eso pasaba y yo, arropado en mi cama, viendo la tv, me la imaginaba bailando, tomándose una cerveza, moviendo el culo al ritmo de una vulgar cumbia, me imaginaba su voz, modulando las palabras para pedir un acostón que, de una vez por todas, me mandara a chingar a mi madre con todo y el tono de magnanimidad que pensaba imprimirle a mi "ya pues, chingado, te quiero".

Estaba ya dormido cuando soñé que aquel Adrián, que nunca conocí, estaba dándole un tremendo cogidón. ¡Putazo! me paré en chinga y me vestí como un dandy, le marqué a su celular, y antes de que timbrase al menos una vez, corté la llamada. No, no tenía moduladas ni afinadas las palabras para que me abriera la puerta, menos aún las piernas... yo no quería charlar, sino llegar y avasallarla sexualmente... darle una de esas que tanto le gustan, que la hacen gemir a muerte y apretarse contra mi cuerpo, pero... no, no era hora.

Me fui, en cambio, a un bar en el que, sabía, ella iba junto con su grupito de amigas. ¡Ah, y el hijo de puta del Adrián!... Si, funcionó la seda y el perfume, la actitud y la mirada... entonces ensayé mi entonación y mi dicción, no fuese a perder el toque. Amanecí el Sábado todavía montando a Jessica. Tan pronto encontré pretexto, la subí a un taxi y adiós... pero no estaba listo para llamar a ese celular de nuevo. Desempaqué sus cosas, las acomodé primorosamente, cepillé su chamarra de cuero, mala idea ponerla junto con su toalla... acomodé las fotos en el espejo y reinstalé su cepillo de dientes en el baño... era cosa de que acomodara bien mis palabras, hacerla venir y al ver el despliegue de lindura, ya no querría irse a escondidas con nadie más. Pero no llamé.

Por la tarde, vino Arlem a verme. Le entregué sus trabajos terminados y el Domingo se fué, una vez que terminé de mitigar la soledad. Pensé en que, si estuviese haciendo una película con mis acciones diarias, no querría que ella la viera. Bueno... que nadie la viera, a decir verdad. Pasé el Domingo inventando historias fantásticas de como salí a hacer unos reportajes, de como me costó esquivar balas y cañones con el fin de sacar una fotografía... pero de nada sirvió porque menudearon las chelas y me quedé dormido temprano.

Empezó otra semana y justo cuando pensé que tenía finalmente mi discurso hecho, se me adelantó la casualidad y me la encontré en el centro de la ciudad. Ella, hermosa y segura de si misma... nada de tristeza, y eso modificó una vez más mi discurso, por lo que me escondí tras unos tipos formados fuera del banco. Se fue. Mi idea se fué también. El Martes vino el Gobernador, hubo rueda de prensa y con los colegas, se hizo la tertulia. Perdí la amistad de Pepe, pues ya al calor de los sones besuquee a su novia. Pepe se fué enojado, apenas dos tres intentos de darme un par de cachetadas marraneras. Su novia se fué conmigo... bueno, su ya-no-tan-novia.

Y llegó el Viernes de nuevo, y Alicia, la ex de Pepe, excitada por a novedad, pasaba la mirada cada que llegaba a acostarse conmigo, me empezó a preguntar por quién era la de la foto, de quien eran los converse rojos chiquitos... preguntas que evité guardando las cosas obvias en un cajón. No me funciona todavía el discurso ideal para hacer que Eréndira vuelva conmigo. La amo, de verdad que no me imagino la vida sin ella, sin su amor tibio, sin sus besos... pero ella cometió el error de querer cobrarse mis gandalladas de igual a igual y ahora... sé que me extraña y yo quiero pedirle perdón, pero no hallo las palabras correctas... mientras que eso pasa, Alicia dice que conoce un hotel con tina. Habrá que seguir ensayando.
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