Mostrando entradas con la etiqueta Pillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pillo. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de enero de 2010

Instrucciones precisas para convertirse en un nuevo aristócrata:



Aristocracia.

(Del gr. ἀριστοκρατία).
1. f. En ciertas épocas, ejercicio del poder político por una clase privilegiada, generalmente hereditaria.
2. f. Clase noble de una nación, de una provincia, etc.
3. f. Clase que sobresale entre las demás por alguna circunstancia. Aristocracia del saber, del dinero

Real Academia Española © Todos los derechos reservados



1) Gane/ robe/ adjudíquese un puesto de elección popular, si es en la Cámara de Senadores está usted en la Hora del Gane y ya dejó pendeja a la Kippy Casado.

2) Vuélvase Cardenal de un rancho bicicletero wannabe y manipule a las masas (ojo, se necesita ser misógino de mierda, homofóbico y un reverendo pelotudo; absténgase de aplicar si no reúne los requisitos) mientras obtiene de ellos dádivas y regalos.

3) Conviértase en director de una empresa transnacional y después aplique a la candidatura presidencial de su país, prometiendo cambios y democracia.

4) Una vez completado el paso 3, gane la candidatura y cásese con una airhead con ínfulas de princesa, realice fraudes millonarios y deje en pelotas a su país; no es necesario saber leer, pero si se quiere lucir, cómprese un Maratón y apréndase las respuestas de la categoría: cultura popular.

5) Si a usted no le alcanzó el seso (o las palancas) para ser Presidente de la Nación, confórmese con una gobernatura, eso sí, una vez que llegue al puesto y sólo después de mentarle la madre a sus "súbditos", róbeles lo que les queda (madre ya no mucha, que conste) y constrúyase una iglesiota re-grandota con la que pueda seguir sometiéndolos con leyes "profamilia", bien bonitas todas ellas.

6) Si usted más bien se considera todo un intelectual entonces júntese con sus parientes y amigos y construya un grupo de poder; secuestre a la Universidad de su estado y, cual feudo, gobierne como el Santísimo Padre donde su reino no tendrá fin. Eso sí, disfrace sus robos con ferias internacionales del libro y construcciones de teatros, bibliotecas, etc. Así, si lo critican dígales que la lana es para construir más prepas y campus universitarios donde ahora si no va rechazar miles de estudiantes. OJO: huya cual rata en quemazón de cualquier auditoría pública.

7) Ya si de plano usted resultó más cabrón que bonito, cómprese una televisora, pero cómprese la más grandota, conviértala en monopolio y entumezca el cerebro del pueblo, así usted será más poderoso que ni el propio Presidente. Después cómprese equipos de futbol y produzca realities donde, no conforme con transmitir basofia, cobre por verlos; forme grupos musicales tootsie pop donde salgan muchachitas vestidas de colegialas y maquilladas como putas golpeadas, y ya que tiene todo esto póngale la cereza a su pastelote organizando un Teletón (con lo que además el pueblo pagará sus impuestos). Es usted un genio, ¿no le digo?

8) Ahora que si es usted un red neck de un estado sureño, con una infancia difícil sin resolver (un niño interno lastimado, es como le dicen) vuélvase Presidente de la nación más beligerante del mundo y para desquitarse con la vida vaya y hágale la guerra a países del medio oriente, eso sí, ricos en petróleo. Mate millones y millones de ambos lados (soldados y enemigos), todo eso financiado por su pueblo y diga frases como: "we will fight terror with terror" y repita un chingomadral de veces: "God bless America" con banderita izada y toda la cosa pa' que amarre.

9) Si todo lo anterior falla conviértase en un líder sindical charro, sólo tiene que aguantar vara, chutarse los desfiles del Día de Trabajo y llevar las tortas de jamón a los acarreos, pero eso sí, podrá usar un relojote de oro, tener una camionetota de lujo y salir con viejas teiboleras aunque a usted ya no se le pare ni yendo a bailar a Chalma. La ventaja inigualable es que a usted lo sacan por las patas por delante antes de dejar el cargo, literal.

10) Este último recurso es a prueba de fallas: róbese la patente de unos polvitos "nutricionales", cóbreles regalías y funde su propia empresa cambiándole las primeras sílabas al nombre original. Ya que el negocio reditúe, compre a plazos el equipo de futbol más popular de su país y constrúyales un estadio ultramoderno, esta vez jineteando el dinero de la afición, off course. Eso sí, dese baños de pueblo asistiendo a los partidos y use sandalias porque es cool, aunque lo hayan bajado del cerro a claxonazos de pick up, oh yeah!

lunes, 21 de diciembre de 2009

La cerca



Cuando ladraron los perros nos dimos cuenta que algo andaba mal. Los ladridos a mitad de la noche eran una mala señal.

Abrimos los ojos y un minuto después se escuchó la descarga, el grito ahogado y el golpe seco de un cuerpo cayendo sobre el piso. Un escalofrío me recorrió la espalda; no dijimos nada, nos paramos de la cama y nos vestimos, yo temblaba y supe que él también tenía miedo aunque habíamos hablado de esto muchas veces. Siempre supimos que llegaría este momento.

Él tomó la mochila que teníamos preparada, con la cobija y la bolsa de cal, en una mano y la pala y el pico en la otra. Cargué el rifle y me lo eché en la espalda, nunca me gustó cargarlo pero ahora se sentía más pesado que nunca, como un lastre. No quería salir de la habitación, sabía que al volver yo no sería la misma y tal vez nunca más volvería a dormir.

Tenía que preguntarle, la idea me estaba volviendo loca y necesitaba escucharle decir que todo estaría bien, pero no fue así:

-¿Qué pasa si hay más allá afuera, si sólo uno trepó pero hay más esperando a que salgamos?
- Por eso llevamos el rifle- me contestó.

Podía sentir su miedo, el plan era muy estricto y lo debíamos seguir al pie de la letra: él saldría, revisaría el cuerpo y cavaría la tumba mientras yo me quedaría adentro, activaría la cerca nuevamente y montaría una guardia hasta que terminara de cavar y enterrar al hombre.

Hacía cinco años que no salíamos, que la cerca no se abría, pero lo peor estaba por venir. Lo sabíamos pero era mejor no decirlo.

No podía dejar de temblar y mientras caminaba podía sentir el rifle rebotando suavemente contra mi cuerpo, de pronto me detuvo antes de salir y me dijo casi suplicando:

-Tienes que calmarte, no puedes cavar la fosa tú, este es el plan y debemos seguirlo.

Asentí y me forcé a dejar de temblar. Salimos, estaba amaneciendo y el cielo comenzaba a clarear. Los perros nos siguieron en silencio pero unos metros antes de llegar al lugar donde el cuerpo había caído, se les erizó el pelo, aullaron y retrocedieron.

-Es la muerte -dije- ellos sí la ven.
-Nosotros también -me dijo.

Ahí estaba. Tenía los ojos abiertos y era joven, más que nosotros. Un hilito de sangre salía de su talón derecho; el zapato había volado varios metros.

Él cubrió el cuerpo con la cobija después de revisar que estuviera muerto, lo envolvió cuidadosamente y comenzó a cavar. No habíamos llevado agua y después de una hora mis labios estaban secos, sentía cómo se agrietaban producto del frío y de la sed.

Ninguno decía nada y mientras él cavaba, yo apuntaba a todo y a nada con el rifle. Estaba aterrorizada, temía que hubiera más y que estuvieran esperando un descuido, si así fuera la orden era disparar. Nunca le había disparado a nada que no fueran latas o botellas, aunque mi puntería era muy buena después de tanto practicar a la fuerza, él me hacía practicar noche y día, incluso bajo la lluvia...

-Esto nos puede salvar la vida -me repetía siempre y, bajo esa premisa, lo obedecía.

No sé cuánto tiempo estuvo cavando y yo apuntando, pero ya no sentía frío, mi cuerpo estaba cubierto de sudor y gruesas gotas corrían por mi cara y cuello. De pronto, todo se puso negro...

Abrí los ojos lentamente, dolorosamente. Pude ver la palangana con agua y algunas toallas junto a él; lo vi sentado, tenía los pantalones sucios y los ojos rojos de no dormir, sus botas llenas de lodo y el rifle sobre la mesa.

-¿Que me pasó? -pregunté.
-Te desmayaste y después tuviste fiebre por 3 días.
-¿Lo enterraste?
-Sí.
-Lo siento -le dije.

Nos abrazamos y mientras el llanto nublaba mi vista, me susurró al oído:

-Pensé que cavaría mi propia tumba.
Blogalaxia