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sábado, 10 de abril de 2010

Vale más un café








Cuando llegué al cuarto aventé la llave y la libreta sobre la mesa blanca con logos de coca-cola. Entré al baño y abrí una llave del lavabo. Con ambas manos me aventaba agua en la cara. Levanté la mirada. El espejo estaba repleto de esas diminutas manchas de pasta dental. Mis ojos atravesaron las manchas hasta chocar con mi cara. La frente grasosa; las gotas se deslizaban hasta llega a mi barba de ralos pelos para saltar y estrellarse contra el lavabo. La llave seguía abierta; el agua salpicando mi playera y el sonido del líquido me hicieron regresar el casette hasta el momento en que ese chorro tibio y color caramelo oscuro bañaba mi cara.

Los estúpidos creyentes de los horóscopos y demás basura esotérica dirán que poseo algún tipo de poder sobrenatural cuando les asegure que hoy, en el momento que lo vi entrar por el marco de la puerta con ese caminar encorvado, en pelo largo y los ojos huidizos, supe que el día de mi venganza estaba cerca. Que mi mal humor se iría para siempre.

Llegué al Acólito por causalidad. Esa tarde caminaba sin rumbo por Ezequiel Montes cuando vi las nalgas de Edna afuera del local. Me gustó el lugar: todos los muebles estaban hechos de madera antigua, la decoración era publicidad de los 20´s y era pequeño y acogedor. Sería mi santuario de inspiración y de creación de allí en adelante. Cargaba libreta y lápiz todos los días, y pasaba largos ratos tomando café sobre la coja; el nombre con que bauticé a la silla que ocupaba.

Otro día más. Ocho horas sirviendo café maricón y bísquets con mantequilla en este lugar ranchero e hipócrita. Ocho horas de pie ante un mostrador enmarcado en cuatro paredes donde lo tradicional es sinónimo de cursilería: los mochos queretanos que tengo por jefes no se conformaron con hacerme vestir como sirvienta de monjas amargadas, también “adornan” sus paredes con cuadros del siglo pasado. Ocho horas de estar aguantando escritorcillos y burócratas calienta-asientos que sólo vienen a engrosar la grasa acumulada en su cintura, a leer el periódico o a retacarse de café corriente en una falsa búsqueda de inspiración. Ocho horas que no debiera estar viviendo: la paga es mala y las propinas casi inexistentes.

Si acaso tengo un respiro es cuando los clientes vuelven de donde no debieran haber salido; esto casi siempre ocurre a las 4 de la tarde, cuando se reinicia el horario de oficina. Pero eso no ocurrirá hoy. De nuevo en aquella mesa pegada a la puerta está el mirón que se cree poeta acariciándose sugestivamente los pocos y desordenados pelos que le salen en la cara. Suele venir por las tardes y consumir cuanto café descafeinado puede, mientras escribe poemas o dibuja formas pornográficas en su pequeña libreta de piel. Sé que esto es lo que hace ya que hace algunos días, mientras fue al baño, espié su “creación literaria” y puedo asegurar que Arjona tiene más calidad.

Sufría crisis de ideas constantemente. Trataba de que todo lo que me rodeaba invadiera mi ser para crear mi poesía. Me reusaba a asistir a uno de esos talleres de la ciudad; un poeta no puede ser creado. Tal vez cuentistas o novelistas, pero un poeta no. La poesía es literatura en su estado más puro. La poesía tiene que nacer del propio ser. Pero a veces la cadencia no surgía y comenzaba a tambalearme de un lado a otro sobre la coja, golpeaba la mesa con el lápiz o movía la pierna derecha como si un french poodle cogiera con mi tobillo. La inspiración no llegaba por más que Edna, mi musa, se contorneara con ese trajecito negro con delantal y diadema blancos. Me encantaba verle las nalgas cuando se acercaba a las otras mesas a ofrecer café e inclinarse. Incluso cuando la observaba en esa posición tan sugerente, apuraba el café sorbiéndolo como si me estuviera empinando un plato de sopa, para que Edna se diera cuenta y se acercara a mi mesa.

La calidad de los escritos del poetito me importa tanto como los métodos de reproducción de las zarigüeyas africanas, sin embargo, su manera de tomar café está a punto de mandarme al manicomio. No existe lugar en esta minúscula cafetería en la que no se escuche su slurppp seguido de un ahhhh. Al poetito no le enseñaron buenas costumbres, ya que toma a sorbos cualquier líquido, sin importar la temperatura o consistencia del mismo. No sé si su sorbetitis me tiene obsesionada, ya que puedo jurar que escucho cómo succiona su propia saliva apenas levanta su brazo con la taza de café. Como si no fuera suficiente con los ahhhs y slurpss, el cabrón tomó como favorita la única silla coja de la mesa y suele balancearse sobre ella. Neuronas de mi cerebro mueren con cada taka-taka de madera contra madera provocado con el movimiento oscilatorio del poetito. Nada me quita la idea de que el individuo es un degenerado sexual a pesar de su pinta de estúpido inofensivo. Que su reiteración de slurpss y taka-taka aunado esa manía de no quedarse quieto, no son más que una fijación obscena relacionada al sexo.

Cuando Edna se acercó a la mesa, preguntó si deseaba más café; yo asentí con la cabeza, pues ni siquiera la miré a los ojos por ver su cintura. Mientras Edna me servía, mi ojos resbalaban por sus nalgas; después por las piernas cubiertas por unas medias, que cubrían una piel más sedosa y fina que las propias medias; mis ojos cayeron rendidos a sus pies apretados dentro de unos zapatos negros que sólo utilizaría una vieja. Todo fue como un rápido escaneo; porque Edna aún me servía cuando mi brazo izquierdo se puso tieso y tembloroso como un pene a la altura de sus nalgas. Estuve a punto de tocar ese glorioso trasero, pero al terminar de llenar la tasa Edna se dio cuenta de la mano palpitante detrás de ella. Edna tiró un manotazo primero, después me empujó y caí por culpa de la coja. En mi caída me llevé conmigo el mantel, la tasa recién servida, que me cayó en los testículos, y mi libreta a un lado. Ya estando en el piso Edna me chorreó: me vació la cafetera en la cara y la playera. Por un momento sentí que me ahogaba al sentir todo el chorro en la boca, pero lo peor de todo es que mi libreta también salió dañada: mis hermosos poemas habían quedado liquidados. Me levanté tomando la libreta y salí corriendo. Edna todavía me grito desde la puerta: “¡no te vayas sin pagar, cabrón!”.

Acerté al mirarlo de reojo mientras le servía más descafeinado. Por mi mente no pasaron despidos o demandas, la mía fue una reacción natural al ver mi decencia amenazada. Juro que la caída al suelo del poetito por la cachetada que le di no fue intencional. Pero al verlo ahí tirado, indefenso y asustado cual perro medio-atropellado, no pensé dos veces el vaciarle la cafetera en su rostro. El café estaba tibio, ideal para la gentuza impeda que visita este lugar y en correspondencia a las propinas que suelen dejar. Debo confesar que aunque hubiera estado caliente se lo hubiera derramado. Y es que con cada chorro vertido, todo el fastidio y enfado que cada slurp y taka-taka me habían ocasionado quedaron atrás.

Cerré la llave del lavabo. Me quité la playera y me sequé la cara. Me acerqué a la mesa y hojeé mi libreta. Mis poemas diluidos en manchas de café. Mi obra perdida por unas insípidas nalgas.

Ahora sé que es mejor una jarra de café para calmar el mal humor que una botella de tequila.

lunes, 15 de febrero de 2010

Just can't get enough


A Gabriela no le era difícil tener un orgasmo. Había aprendido a controlar sus músculos, a buscar la posición exacta contra su clítoris y si fuera necesario, a hurgar dentro de su imaginación alguna fotografía que garantizara el gran final.

De joven, a ella le gustaba pensar que de nada sirvieron las amenazas de las monjas cuando a los 19 años ya estaba teniendo sexo en un Volkswagen verde. Entonces, se creía toda una fémina liberada. Sin embargo, estaba a muchos hombres-luz para tener la maestría que ahora posee y que el diccionario debiera tener bajo la palaba coger.

Pero los años aparte de grasa en la cintura traen sabiduría y ahora, Gabriela era más selectiva en lo que “amores” se trata. El día anterior podía haberlo hecho, ¿por qué no? Besaba del nabo, por eso no. Y es que a punta de malas cogidas aprendió que nunca hay nada bueno detrás del exceso de baba o de la falta de besos. Para esos idiotas que llegan a los 30 sin saber besar o que sólo se dedican a manosear, el dejarlos con las bolas azules le causaba más placer que un orgasmo.

Pero aquél era otro día. Gabriela cerraba los ojos y se concentraba en el placer que da la sangre arremolinándose en su mojada vagina, en su respiración agitada, en el corazón que se azota con prisa contra su pequeño pecho izquierdo. El pelo agitado, la boca semiabierta y las largas piernas temblando contra la cama fueron el inicio de aquellos espasmos que electrizaron su vagina, arquearon su espalda y detonaron en intensas descargas que tocaron cada nervio de su ser.

Es lo que tienen los orgasmos, te recorren el cuerpo y te obligan a dejar lo que eres para convertirte en un animal. Eres todo hipotálamo, neuronas frenéticas, conexiones sobrecargadas. Eres egoísmo puro, no importa que la vecina escuche, la economía se caiga o el trabajo que te espera por la mañana. Solo importa el placer. Tú placer. También dicen que con los orgasmos se enseña el alma.

Quizá el alma de Gabriela está en la garganta, porque comenzó a gritar su nombre. Y para cuando e orgasmo llegó a los ojos, comenzó a llorar.

Gabriela apagó el vibrador y lo aventó contra la pared. Un sonido seco asustó al perro que dormía en el piso y que huyó con la cola entre las patas. Acurrucada en posición fetal, aún sentía el remanente del placer que unos segundos antes había alcanzado. Pero su garganta se había abierto y no había vuelta atrás. Continuó gritando su nombre, aunque ahora los gemidos eran de dolor. Las lágrimas salieron como si hubieran estado amontonándose en sus ojos muchos días y supuso que lo extrañaba más de lo que alguna vez iba a aceptar.

Hay quienes en el dolor encuentran placer. Pero pasar del placer al dolor debe ser algo antinatural, pensaba Gabriela. ¿Por qué esa crueldad? ¿Por qué los músculos antes relajados ahora se tensan y los puños quieren golpear? ¿Por qué tiembla y siente el estómago apachurrando los pulmones evitándole respirar? ¿Por qué lo que construyeron se hizo polvo?

No buscó respuestas y se entregó al llanto como lo hizo al orgasmo. Recordó la línea de su espalda y esas nalgas que ella solía agarrar sin pedir permiso. Su “hey, te van a ver” y la sonrisa contradiciendo la voz que reprendía. Desenterró quien sabe de dónde la piel erizada, el olor de su cuello, la barba que acariciaba y los lunares que recorría.

El acorde más ochentero que existe interrumpió sus pensamientos. La voz del Gahan decía que no puede tener suficiente. Ella tampoco pudo y por querer de más, ahora no podía tenerlo.

jueves, 20 de agosto de 2009

Horario de verano.



A veces, el tiempo es el aliado justo del desamor; pareciera como si Cronos fuera amante del sarcasmo y moviera lentamente los hilos para que las historias encajaran en contextos no creíbles, en donde el horario de verano lo manda todo a la chingada.

Existió en algún momento un Hijodeputa (en lo sucesivo, Mateo) al cual se le ocurrió la genial idea de cruzar por la vida de Mi Muñeca Fea (en lo sucesivo, Anna) después de que otro Hijodeputa (de este no es necesario ni la mención del nombre) viniera y la humillara, la hiciera sentirse herida, usada a un punto tal, que solo le faltaría preguntar ¿Cuánto te pago? Se atravesó en ese momento en el que somos capaces de tomar de la mano a la primera persona que oferte solo por redimirnos, solo para sentir que no somos la mierda de personas que nos hicieron creer.

Y así sucedió, entre mensajes fortuitos y algunas salidas casuales, se fueron generando expectativas, sueños que no tenían de respaldo más que la "buena intención", y si, Anna se enamoro de Mateo, de su olor, de la palabra justa para robarle una sonrisa, de todo lo que era cuando estaba con él, se descubrió enamorada un día que ya ebria el numero de celular de Mateo era el único que recordaba, y el único que quería marcar, y así lo hizo.

El resto de la historia son detalles, cosas que no se cuentan por dos razones, número uno, solo tiene sentido para aquellos que lo viven, número dos, siempre hay que dejar lugar a la imaginación y a la privacidad. Pero avancemos en ella hasta el punto en donde sabemos que las historias son buenas, cuando son dos los protagonistas, si luego agregas a una tercera y la mano del Tiempo, esto se convierte en punzada en el corazón.

Resulta que el Señor del Karma (si, el es el verdadero autor de las desaventuras de mi Muñeca Fea, digamos que yo solo escribo la versión de los cover´s) encontró un saldo pendiente que Anna tenia con él, al parecer la lección de la paciencia no estaba bien aprendida, problemas burocráticos y unos traspapeleos de las oficinas divinas terminaron decretando un receso en el caso "Mateo-Anna" en la espera del aprendizaje de Mi Muñeca Fea de la lección correspondiente, con la intención de un final feliz para dicho caso.

Pero en ese Tiempo, llego ella, la novia de toda la vida de Mateo, la "oficial", la que iba al bautizo del primo, y su suegra llamaba “mija” por mero cariño, la que no era ni bonita, ni agraciada, pero era la novia preparatoriana, y había que reconocerle el "merito" al primogénito. Si, aquella novia que su única ventaja sobre mi Muñeca Fea se llamaba rutina (Chingado, cuando aprenderemos que "rutina" jamás será la respuesta correcta para estar con alguien).

Y mi Muñeca Fea lo sabía, y por supuesto que dolía, dolía mucho eso de estar pagando deudas pasadas, dolía saber que se pertenecían pero nadie lo sabía, le dolía no poder gritar la farsa que Mateo estaba viviendo, le dolían los besos que le daba a ella y no le pertenecían. ¡Carajo!, el punto es que dolía.

Lo trascendental es que no le importaba, Anna estaba dispuesta a darse toda ella, por trozos de Mateo, aunque lo suyo era el comercio, la transacción le pareció justa y acepto ser la "no oficial".

Una buena noche, después de tantos besos a escondidas, de manos presurosas que se mueven debajo de la ropa y arriba de la culpabilidad, Anna se visito de un poquito de dignidad, se puso perfume, leyó algo de Coelho y se prometió que no volvería suceder nada entre ellos hasta que la situación se aclarara, era todo o nada.

Después de días sin saber de Mateo, y antes de poner el pie derecho en la puerta de su casa después de un largo viaje, su celular sonó, y sin necesidad de ver la pantalla, ella sabia quien era quien la buscaría esa noche, luego del habitual "-Bueno-" vendrían las preguntas de rutina ¿Que me cuentas de nuevo? ¿Porque te has desaparecido? Mira que creí que te habías olvidado de mí, hay como crees... Hasta que llego el contundente ¿Voy a tu casa? que jamás sonó como una pregunta, y por llego también el si automático, no razonado.

Después de las platicas que solo tienen como objetico el despistar la verdadera razón de la visita, de algunas sonrisas fingidas y algunas negativas fingidas, Mi Muñeca Fea olvido a Coelho y las promesas que se había hecho, guardo en la guantera la dignidad que la revestía esa tarde y decidió permitirse el placer culposo de un beso.

No sé si Al Señor del Karma le acababan de cortar la televisión de paga, no había nada interesante en twitter o la barra de comedia de televisa le parecía una porquería, el punto es que estaba aburrido, y mando hablarle a Cronos, que puntualmente asistió a la petición del Karma y atravesó la mano en nuestra historia justo cuando Anna ya sentía el aliento de Mateo en sus labios.

Algún conductor, en algún punto recordó que tenía que recoger alguna cosa y decidió regresar hacia algún lado, y estacionando su automóvil detrás del de Mateo encendió las luces (maldito horario de verano), en el lugar exacto para que estas molestaran a Anna antes de ceder al beso, en el lugar exacto para que Anna volteara y encontrara grabado sobre el vidrio trasero del automóvil un corazón dibujado por la novia de Mateo, la “oficial”, en el lugar exacto para que Anna se sintiera en el lugar Inexacto.

A veces, el tiempo es el aliado justo del desamor, no Anna, tú no eres la culpable, tal vez no debiste haber llamado la noche que estabas ebria, tal vez Mateo debió llamar antes de que llegaras de tu viaje y no pudieras verlo, o un poco después ,cuando tus pijamas y Morfeo fueran mejor compañía que él, tal vez llegaste demasiado temprano a la vida de Mateo y aun es un niño, Tal vez llegaste tarde y ya le pertenece a alguien más, pero no llegaste a tiempo.

No Anna, no es tu culpa no eres la primera en eso de los amores compartidos, no lo eres, el horario de verano, y los amores triangulados (en tu caso, a veces amores piramidales) algún día nos terminan dando en la madre a todos.



Alonzo.

sábado, 25 de julio de 2009

Un "ganar-ganar"...



Rogelio y Arturo llevan odiándose toda la vida. Las razones se desconocen, sólo se sabe que su odio empezó desde que compartían la misma cuna... Sí, son gemelos.

Competían siempre en todo y para todo. Era demasiado el deseo de ambos por dejar de parecerse entre sí y por eso buscaban ser superiores el uno del otro... Pocas veces lo conseguían: Si hoy uno humillaba al otro, mañana el otro humillaría al uno.

Su relación era bastante rara. Nunca se les ha visto llevarse bien y ambos dejaron la casa de sus padres a los de veinte años. Aún así, cuando se encontraban en las reuniones familiares o en cualquier otro lado, siempre terminaban peleando... Su odio era puro y sin razón, no fingían en absoluto.

Rogelio se fue a vivir a Italia y Arturo vive en Brasil: No se han visto desde hace diez años.

Hoy, ya con sesenta años cada uno, se han vuelto a encontrar después de que Rogelio le hizo llegar a su hermano una carta en la que relataba todos y cada uno de los pleitos que habían tenido, y en donde le explicaba la enfermedad que padecía. La carta terminaba así:

"En conclusión: Es bien sabido que nunca nos llevamos bien. No se sabe por qué, pero siempre terminamos en el mismo camino; el destino nos condenó a estar juntos aunque seamos incapaces de estar en paz. Las razones de nuestra rivalidad son incongruentes y sinsentido, pero inevitables. El motivo por el cual estoy aquí es absurdo, pero igual te ha de dar gusto... Nos odiamos y eso nunca cambiará.

Aún así, eres la única persona a la que me gustaría ver antes de morir... Por favor, ven a visitarme.

-Rogelio”

Arturo terminó de leer la carta y, sin cuestionar absolutamente nada, viajó a Brasil para un encuentro con el putete de su hermano (como lo hacía llamar).

En cuanto se vieron, por primera vez no hubo gritos ni insultos... Sólo silencio y miradas penetrantes.

Ambos estuvieron callados por bastante tiempo, hasta que Arturo se hartó y rompió el silencio:

—Ya. ¿Qué chingados quieres? ¿Perdirme tu última voluntad? Ja.

—Así es.

—¡¿Qué?! ¿Dentro de los síntomas de tu enfermedad estaba el volverte más pendejo?

—No, hablo en serio. Eres el único que puede cumplir con mi última voluntad. Después de todo, seguimos siendo hermanos, ¿no?

—Para mi chingada suerte, sí. A ver, dime... ¿Cuál es tu última voluntad?

—Mi última voluntad es que —ya muerto— me cortes el pito con todo y huevos, lo metas en un frasco con formol y coloques ese frasco junto a tu cara todas las noches antes de que te vayas a dormir...

En cuanto Rogelio terminó de hacer su petición hubo un silencio sepulcral y Arturo, por primera vez, no se avalanzó a golpes sobre su hermano...

Increíblemente ambos se carcajearon juntos y se abrazaron —sinceramente— por primera vez en su vida. Después de todo, cortarle el pito a Rogelio era un ganar-ganar para los dos.

Se iban a extrañar, pero ninguno era capaz de decírselo al otro...Y así fue: Rogelio fue enterrado sin pito y Arturo se sigue riendo cada que mira el contenido de su frasco.



Tumeromole.

sábado, 18 de julio de 2009

La mejor venganza.



Sinceramente, todo lo olvidé en dos meses, lo olvidé en verano, en la playa , helado de chocolate y fiestas familiares; dos meses de verano es el tiempo que se le da a los niños para que se olviden de la escuela y las desgracias que en ella ocurren, operaciones de quebrados, maestros que pellizcan las orejas y quizá un primer amor no de verano que te ha roto el corazón.

Casi terminando quinto año de primaria, mi mejor amigo, siendo también un mocoso, se agarró a mi novia que era poco más mocosa, una güerita hermosa, detrás de los baños, ah cómo me dolió la regazón del chisme por toda la escuela, sufrí hasta para pedirle a mi mamá que me cambiara a una escuela en las afueras de la ciudad, que no me importaba regresarme a pie bajo el rayo del sol que, si había un Dios, me haría el favor de matarme un día camino a casa.

Mi madre no me cambió de escuela, mi amigo no regresó para sexto y la güerita hermosa se me olvidó porque me compré una patineta que me divertía más y no me dejaba babeados los labios.

Veintidós años después debo decir que no soy fan del sexo casual, prefiero el causal sin que la causa sea casual, sin embargo hace dos noches me dejé llevar cuando conocí a una güerita en el bar que me recordó a aquel primer amor de la primaria, oh destino, en la mañana que retozaba en el cuarto del motel de alto perfil en el que nos metimos me dijo que es casada.

Su esposo es aquel ex mejor amigo gandalla que olvidé por más de dos décadas. La venganza nunca ha sido mi estilo, menos cuando se olvida lo sucedido; la venganza dicen que es un plato que sabe mejor frío, pero sin más, me supo mejor bien caliente.



Semidios.


jueves, 9 de julio de 2009

We could have ruled the world.



Sus ojos azules fijos como joyas de jade, cerrados ahora bajo sus párpados ligeramente lilas. La piel blanca y suave al tacto, como él la recordaba. Toda ella estaba ahí recostada con su belleza irradiando el espectro azulado de luz que iluminaba la habitación. Los labios de un color rosa quemado, casi rojo, que se lucían tan vivos como la primera vez que la había visto. El cuerpo delgado, como esculpido en mármol, de piernas largas y manos delicadas. De su cuello pendía una delgadísima cadena de oro blanco, y de ella, un dije en forma de estrella.

Pasó sus dedos discretamente por su cuello, apenas rozando, como si tuviera miedo de despertarla del ensueño eterno. “Mi estrella”, murmuró mientras sentía como su piel quemaba al contacto con la de ella. Un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal hasta llegar a la nuca. Ella siempre había tenido ese efecto en él. Avivaba sus sentidos, era como un depredador que percibía el olor de la sangre. Era… emocionante.

Su cabello largo y rojizo aún relucía con el brillo vivo de su juventud. El perfume era tan dulce, tan obsceno, tan vicioso, tan libre. Con la mano limpia entrelazó sus dedos con su cabello. El aroma explotó en su cara embriagándolo aún más de ella, volviendo su éxtasis más enfermizo y retorcido de lo que ya era.

Un hilo delgado de líquido cálido resbaló por su frente. Él se estremeció al sentirlo entre sus dedos y rápidamente lo limpió con una de las sábanas que estaban tiradas cerca en el piso. Con los labios temblando le besó frente, como lavando el resto de la sangre de su rostro hermoso. Continuó besándola, besó sus ojos, su nariz perfecta. Y se quedó congelado con sus labios pegados contra su mejilla por un largo tiempo, como si quisiera sentir cuando el último ápice de color se escapara de ella.

Poco a poco el calor se fue escurriendo del cuerpo inerte de la joven. La apretó contra su pecho para retrasar la fuga. Él nunca habría querido esto. Por una parte, su belleza parecía más divina que nunca, pálida y consagrada como una diosa intocable. Pero en el otro lado, la había matado, el ser al que más amaba sobre este mundo, si a eso se le podía llamar amor. La única persona que había encendido en él la pasión reprimida, que a los ojos de los demás era locura.

¡Pero ellos no entendían! No sabían nada de él ni de ella, de cómo se amaban. No tenían derecho a opinar. No eran dignos de ellos, de su amor, de su felicidad. Por que los demás estaban celosos de su felicidad. De todo lo que pudieron lograr juntos, de lo que vivirían. Celosos por que sabían que a su lado, él podía conquistar el mundo. ¡Todo lo que habría hecho con ella!

No le había dejado opción. Se amaban, pero ella no podía ver tampoco de que manera. Había permitido que los demás la cegaran de las posibilidades. Lo que podría ser, lo que él le ofrecía. Pero prefirió al director de quien sabe que empresa importante. Se fue de su lado, sabiendo que con él podía alcanzarlo todo. Lo que pudo haber sido a su lado, feliz, amada, eterna, hermosa, viva. Por siempre suya, felices hasta el fin.

Las gotas comenzaron a azotarse contra la sucia ventana del cuarto como desquiciadas exigiendo entrar. El frío de la noche aceleró el congelamiento de la mujer. Él la tapó con la misma sábana ensangrentada, acarició su cabeza y besó su cuello. Un relámpago iluminó la habitación seguido del rugido furioso del trueno que retumbó sobre la ciudad dormida. Se apretó aún más a ella y quitó delicadamente los cabellos de su oreja. Una sonrisa torcida y demente se dibujo en su boca y la abrió para canturrear una canción que había escuchado en la radio esa tarde cuando la fue a buscar.

“I used to roll the dice, feel the fear in my enemy’s eyes. Listen as the crowd would sing ‘Now the old king is dead! Long live the king!”




m.melon

viernes, 26 de junio de 2009

Refranero.






Salles.

jueves, 18 de junio de 2009

Sí, pero no.



El tema de la semana se escribe solo. Al menos así lo pensé desde que lo leí el lunes. Esa misma expresión, la repetí mil veces durante aquellos años hormonales y crueles que fueron mi pubertad.

Es mi contexto social el que me hace entender esa frase: Soy una mujer de 25 años, mexicana, criada en el más puro catolicismo de monjas rígidas y faldas almidonadas. Pasé 9 años de mi vida rezando rosarios, pidiendo indulgencias, haciendo ejercicios de caligrafía.

Si alguien sabe lo que significa SI PERO NO, soy yo. El arte de la seducción de las niñas de colegio de monjas de 14 años, se basa precisamente en incitar a que algo pase, sabiendo también que si llega a pasar, seguramente vas a salir corriendo.

En las clases de valores, las muchachas "locas" eran catalogadas como "fruta manoseada". Las monjas nos explicaban como las mujeres perdían valor según la cantidad de manos por las que pasaban, así como los autos se devalúan con cada dueño. También nos explicaron, que vestir de forma provocativa causaba en los hombres pensamientos impuros. Y Sor Luz nos aclaró que dichos pensamientos impuros serían también pecados nuestros, como pécoras propiciadoras del mal.

Mis amigas, más astutas y menos tímidas, tenían novios con voz de ninfo y radios nextel gigantescos. Ninguna, o casi ninguna, se atrevía a contar más que besos de primera base en las pláticas del receso. Sabían que de contar algo más, serían catalogadas como pirujas. A mis 14, yo solo sabía/intuía dos cosas: Que los novios eran cosa sumamente pecaminosa y que me moría de ganas de tener uno.

En un colegio de "puras niñas" la opción inmediata son los hermanos de tus amigas. Y aunque a mí me encantaba Fernando, el hermano de 23 de Ximena, jamás me hubiera pelado. Después, me gustó Gonzalo, el primo universitario de Mariana. Pero para mí, los hombres eran más misteriosos que cualquier otra especie animal. Un bisonte salvaje me hubiera resultado más fácil de entender.

Finalmente, Bibiana, muy preocupada por mi escasa experiencia, me consiguió un novio. Su vecino Julio, de 16. Le enseñó una foto mía, le preguntó si quería andar conmigo y el dijo que sí. En la tarde, por el ICQ, me informó: Ya dijo Julio que sí, mañana va a verte a la salida.

Ante las mirada clínica de mis amigas, conocí al tal Julio, en la puerta de la escuela. No creo que hayamos cruzado dos frases antes de que, acompañándome a mi casa, decidiera besarme. Nada de las conversaciones con mis amigas o las revistas de mi mamá me hubieran preparado para ese momento.

Anduvimos durante cinco meses. Cinco meses que deben haberle provocado el caso de Blue Balls más doloroso de la historia. Me encantaba que me besara. En realidad era bastante bueno. Pero yo no quería que le dijera a sus amigos que yo era una zorra, así que calculaba los perímetros permitidos y prohibidos. Podía tomarme de la cintura, pero nunca bajar la mano. Podía casualmente poner sus manos en mis rodillas, pero nunca subirlas más.

Mi casa, siempre sola por las tardes. Él y yo, en el sofá de la sala, en pleno conflicto de voluntades y paradigmas. Él lograba abrir un botón de la blusa escolar después de diez minutos de lucha y besos con cara de inocencia. A veces, lograba abrir otro botón más. Cuando sentía que sus manos se acercaban a zonas prohibidas, un impulso eléctrico me recorría la espalda. Me paraba del sofá e iba al refrigerador por Fanta. Ahora puede parecer risible, pero en ese momento, la única certeza que yo tenía era que NO QUERÍA SER UNA PUTA.

Como toda historia de novios pubertos, terminó cuando él se consiguió a una que sí aflojaba. Lloré en mi cuarto repleto de posters de Brad Renfro. Y lloré más por que su nueva novia iba en mi salón. Se llamaba Priscilla, y a partir de entonces, vio su nombre escrito en todos los baños de la escuela, con las palabras ZORRA y PIRUJA haciéndole compañía. (No fui yo quien hizo esos intentos de graffiti, en realidad fue Bibiana, la orgullosa arquitecta de mis amores con Julio).

Una vez, Bibiana escribió PUTA en uno de los baños. Las dos terminamos en la dirección, gracias a la llorona mosca muerta de Priscilla. Dos monjas nos dieron un sermón estándar, con las palabras DISTINCIÓN y MADUREZ repetidas al infinito. Creo que no hubiéramos tenido más problemas, de no ser por que Bibiana les preguntó, con todo el tono sarcástico que los 14 años te pueden dar –Oiga Sor Luz, y ¿Por qué nos regaña, si la fruta manoseada es Priscilla?- .

Ahí fue cuando llamaron a nuestros papás y pasamos una semana sin receso.

Semana durante la cual, aburrida en contemplar el techo repleto de arañas, alcancé a pensar una sola cosa: Julio ni valía todo el desmadre.

*****

Hace poco, lo volví a ver, en una de las fiestas de tres días de Bibiana. Está panzón y ya no se peina como Poncho de Mercurio. Pareció asombrarse que me voy de México y de que no estoy casada. Contador o gerente, creo. Nos tomamos un par de chelas y cuando me dijo –Ahora, ¿Si vas a aflojar?- respondí acercándome a su oído –Seguro, pero no contigo, cariño-

Habrá quien piense que fui una estúpida inmadura por permitir que las incongruentes instrucciones de las monjas me afectaran tanto. Pienso que, definitivamente, creer en su cielo alcanforado es una de las etapas pasadas que NO añoro. Pero también pienso que creerles durante el tiempo que les creí, fue lo correcto hasta que llegué a la etapa de mi vida en que supe madurar. A los 17, para ser exactos. Cuando, con el hombre pertinente en el momento pertinente, dejé atrás a las frutas manoseadas y a las putas. Cuando decidí que hacerLO, debía ser una decisión que involucrara únicamente a mi propio juego de certezas. Cuando me aferré a la espalda de un hombre, y con él, aprendí que finalmente, decirle SI PERO NO a tus propios anhelos es pura pendejada. Puta manoseada no es más que una definición peyorativa de algo tan personal, que resulta irrisorio pretender juzgarlo.


Y como corolario a mi historia, sólo alcanzo a esbozar dos conclusiones:

La primera es que los bisontes siguen siendo más fáciles de entender que los hombres, y la segunda, que Bibiana debería dedicarse a dirigir redes de prostitución.




CrisS


domingo, 14 de junio de 2009

Volver.



Me cuenta un familiar que en la prepa tenía una maestra que vestía de manera ridícula/atrevida para la época, como si no le importara nada, luciendo carnes (ya en decadencia) como si fuera una quinceañera bien dada.En cierta ocasión se pusieron a platicar amenamente, fuera de clases y ya en confianza le preguntó el porqué de tales extravagancias. La mujer no se lo tomó a mal, al contrario, y le contó que ella, en su época, nunca tuvo oportunidad de vestir así y ahora que podía pues no dejaba pasar la oportunidad. Sí, sabía que para muchos quedaba como una loca pero no parecía importarle, total, la vida es muy corta como para dejar de hacer lo que quieres por el qué dirán.

Hay una película de William Hurt que se llama “Second Best”. Es sobre un hombre llamado Graham Holt que nunca fue popular ni nada, más bien fue del tipo aburrido y medio ñoño. Ahora es un adulto maduro y solitario que se hace cargo de la oficina postal de una pequeña villa inglesa. Un buen día se entera de que en el orfanatorio local están promoviendo las adopciones. Después de un breve examen de concienca decide adoptar un niño. La trabajadora social está desconcertada: una de las primeras políticas del instituto es conceder la adopción solamente a parejas. Pero él lo explica muy bien: es estable, tiene un buen hogar y ya sabe que muy seguramente nunca tendrá pareja por lo que tiene sentido seguir adelante con su vida. Graham cuenta una anécdota con la que siempre me he identificado mucho. Que, durante sus últimos años de escuela, su madre lo enviaba religiosamente cada fin de semana a la ciudad para que asisitiera a bares y clubes nocturnos con la esperanza de que conociera a una mujer. Él siempre se quedó apartado en una esquina hasta que, con el paso de los años, su madre aceptó que la época de él había pasado y dejó de insistir. De ahí la película sigue mucho con el tema de lo que se puede dejar pasar (y quizá dar por perdido) y lo que no, tal vez por eso me llegó de una manera especial.

Verán, en mi vida creo que he sido como las personas de estas anécdotas. Nunca vi los Caballeros del Zodiaco o la serie esa de Gokú, jamás salí a la calle a jugar con mis amigos (de hecho nunca me junté con más de una o dos personas, si acaso y eso en los primeros años de la primaria), empecé a escuchar música hace apenas unos cinco años. Este tal vez sea un caso muy especial pues me costó trabajo darme cuenta que nadie te puede decir qué escuchar y qué no y sospecho que ese es uno de los aspectos por el que se dice que se insiste tanto en que la música es una forma de expresión y es típico el adolescente que pone la grabadora a todo volumen. Bueno, antes del iPod, cuando todavía se usaban las grabadoras. Nunca jugué futbol, jamás hice un viaje loco con mis amigos a la playa o algo por el estilo. No tuve un círculo de conocidos que siquiera se vistieran remotamente similar a mí, quizá el detalle que me ha afectado más notablemente porque ahora, dicen, no tengo gusto para vestir. No empecé a salir de noche a “socializar” hasta mediados de la universidad. Creo que sobra decir todo lo demás que no he vivido.

Yo me identifico más con Graham Holt que con la maestra aquella que vivía su primavera a destiempo. Es quizá difícil de entender a primera vista que no se trata de un darse por vencido o lamentarse, sencillamente aceptar la realidad. Si, ya sé, no he vivido, mi infancia-adolescencia debe haber sido un infierno y me voy a morir de viejo y sin haber amado. Que echando a perder se aprende y nadie experimenta en cabeza ajena. Pero realmente en muchos sentidos no me imagino a alguien lamentándose por eso, la vida de cada quien va por distintos caminos. Y vamos, no le veo mucho caso a tratar de “recuperar el tiempo perdido” porque ¿qué se supone que haga? ¿que empieze a ir a antros a mis veintimuchos? ¿que me haga amigo de los adolescentes de la cuadra y salgamos a experimentar con sustancias? (jojo, seguramente terminaría en la cárcel por perversión de menores) No quiero quitarle la validez a esas ideas, digo, nunca es tarde para ser un rebelde sin causa por imitación, mucho menos cuando finalmente se te empieza a quitar lo tonto y llegas a la tan ansiada edad adulta, cuando ya tienes aunque sea un poquito de noción de las cosas y de sus consecuencias y sobre todo cuentas con los recursos (no necesariamente económicos) para hacer de tu vida lo que te venga en gana y quizá hasta salirte con la tuya. Pero veo a excompañeros y amigos que a esta edad se están casando, muchas veces por causa de un embarazo, conocidos que eran la fiesta en persona y ahora, antes de los 30, ya tienen sus achaques: gastritis, cosas del riñon, rodillas con problemas que solo le harán mas difícil la vejez... y es extraño. En este momento de la vida en que a ellos parece que se les cierran las opciones, que comienzan a tener motivos para cansarse de las rutinas que antes les parecian tan cool, a no “aguantar lo mismo que antes”, yo me siento muy bien. Muy tranquilo y fresco, con mucha curiosidad y mucho entusiasmo por la vida. Pero sobre todo con una inmensa libertad.

No digo que lo que me ha tocado a mí sea mejor o peor que otra cosa ni que no haya sido un tonto, tampoco diré que no hubo momentos de frustración y a lo mejor hasta algo de envidia en ocasiones. Pero cuando me preguntan ¿no estaría chidísimo volver a tener 17? ¿A poco no fue la prepa la mejor época de la vida? Pues sí, tal vez sí. Pero ¿quisiera de verdad volver y hacer las cosas de otra manera? No, definitivamente. Porque para mi lo mejor de la vida lo estoy viviendo ahora.




Kurazaybo

viernes, 27 de marzo de 2009

8 de septiembre



Jodidas 7 de la mañana y ya estoy afuera del salón de clases, la puerta color rojo sangre indica que el tetramestre será un infierno, así es siempre, así son todas las puertas. Somos un grupo de alrededor de 10 e impacientemente esperamos a que llegue el profesor del que tanto hemos escuchado.

“Dicen que es un hijo de la chingada”

“Tiene casi un año sin dar clases aquí, no saben por qué se fue”
Les detengo y les digo que se fue a una importante escuela de Negocios en Estados Unidos a cursar una maestría, no saben cómo sé eso ni se los diré.

“Me da miedo”

“Si no me gusta, daré de baja la materia”

7:02 a.m.

El hombre viste pantalón negro, camisa a cuadros rojos, saco caqui. Odio ese saco. Zapatos Ferragamo. Cabello a la Maestro Limpio.

Abre la puerta de vidrio, pasa entre nosotros sin voltear a ver a ninguno a la cara, abre la puerta del salón y se dirige al escritorio. Su complejo de superioridad es palpable. Con la pura mirada hace sentir a todos como mierda. Ya usará las palabras.

7.11 a.m.

No ha contado absolutamente nada sobre él, está preguntando a cada uno sus nombres, edades, por qué estudiamos comunicación, si trabajamos y cómo nos vemos en el futuro. Su timbre de voz es terriblemente varonil.

8.30 a.m.

Sale del aula con el gesto de que nunca ha estado en esa universidad y de que no le importa nadie ni nada.

10 de septiembre

Me pongo una blusa escotada. Me siento mero adelante como la vez pasada. Sus ojos se desvían. Se acerca a tocar los índices de mi periódico, inevitablemente pienso que sería mejor que me tocara algo más.

Está por terminarse la clase y pregunta por un voluntario que pida el correo de todos y le mande la lista a él. Nunca he sido aplicada, nunca he sido voluntaria pero, de una forma que no logro explicar, mi mano se extendió mostrándome como la niña buena de la clase.

Por un motivo que no mencionaré, dice el apodo que todos ya conocíamos. Es el personaje de Eduardo Palomo en Corazón Salvaje, pero no sé la razón, ni la sabré. Le dicen Juan del Diablo y le va a la perfección.

Los “quizes” de finanzas y economía son el pan de cada lunes y miércoles. Sus formas de insultar a los alumnos hacen que quiera tenerlo encima de mí. El modo en que desliza el plumón para escribir símbolos que nadie comprende de dónde vienen sólo me hace imaginarnos en otro lugar, a solas.

Los muchachos se la pasan asustados, nadie puede replicarle nada, nadie puede cuestionarle por qué no estamos viendo nada relacionado con Comunicación Organizacional y por qué en lugar de eso, nos hace aprendernos cómo cerró el dólar y el barril.

Un miércoles decide que es buena idea arrugar por completo el quiz de una compañera, sólo porque no le parecieron las respuestas, y aventárselo de regreso. No se imaginan cómo se puso la güerita, vaya pancho que se armó. Del Diablo sólo se burlaba con una naturalidad y malicia que derrochaban sensualidad.

Levantarse a las 5 de la mañana resulta placentero cuando se trata de abrir Bloomberg para leer las notas principales mientras me seco el cabello.

Es la tercera semana de clases y algunas compañeras ya tiraron la toalla. Optaron por darla de baja y dormir una hora y media más. Bien por ellas.

El tipo, hasta para pedir ayuda con la PC es un mamón de primera, le gusta terminar la petición con un “es que yo soy Mac user”.

No puedo más. Al final de cada clase le digo a mi compañera que necesito que me coja ya, que simplemente es una bomba sexual. La cual tiene que explotar en mí, obvio.

Hablé con él. No se lo dije tal cual hasta el día en que salimos. Comienza el fin de mis días.

Durante los primeros dos tercios del tetra tuve 100 de calificación, cerré con un 98 a causa de mi asqueroso trabajo final. Me cogía cuando y como le placía. Al día siguiente me hablaba de usted pero la mayoría de las veces miraba en otra dirección para no entretenerse recordando mis senos rebotando y que no se le alborotara la hormona, como el decía.

No ha llegado noviembre y me doy cuenta de que he cometido la estupidez de caer por él aún cuando me repetí mil veces no hacerlo. Ese semblante tan diferente al que tiene cuando está sentado sobre el escritorio, esas palabras que pensé que jamás saldrían de su boca. Me estoy haciendo adicta a John Mayer y a una ciudad que no conozco.

“Eres el CEO de una importante compañía de producción sobre equis producto y una de tus máquinas se descompone. ¿Qué haces?” Cada uno formula una opción. Cada una es rechazada con sus risas burlonas y miradas de indiferencia, cada una es destrozada por sus métodos de analizar hasta el último detalle.

Mi propuesta tampoco fue de su agrado, es más, tanto le desagradó que levantó la voz de tal manera que no fue necesario explicarme qué estaba sucediendo.

Como buen hijo de la chingada esa tarde me hizo saber que no quería volver a saber de mí, no dio explicaciones y yo culpe a su lado femenino.

Eso sí, me sentía como pendeja en las siguientes clases, en los siguientes exámenes, Bloomberg era tedioso y San Francisco estaba hasta en las canciones.

Examen final. Reprobado.

Llega enero y el número que termina en 999 se marca en mi celular: “¿Quieres coger?”.

El apocalipsis se terminó para dar espacio a otro.

jueves, 29 de enero de 2009

21 de octubre de 2059.



Después de la exquisita comida, un poco de plática y algo de bebida, abandoné la sala de la casa donde estaban los invitados para subir, lentamente, al cuarto donde paso largas horas reposando. Al cuestionarme a dónde iba, les dije que era hora de mi descanso. Era una tarde soleada, hermosa, característica de las del mes de octubre.

Al llegar a esa habitación recordé que este día lo había sentido especial. Desde en la mañana me desperté sin el dolor de espalda que me había aquejado desde más de cincuenta años y que me despertaba todas las mañanas. Ese día no estuvo más.

Desde muy temprano me sentí muy relajado, con una tranquilidad inexplicable. En la tarde degusté la comida y tomé 3 caballitos de tequila, desobedeciendo, por fin, a mi doctor. Me sentí bastante liberado. Ahora es hora de descansar por fin. –Me dije alegremente.

Pasé al baño dado que mi vejiga vieja empezaba, apenas, a darme pequeños problemas. -Salí a mi padre y a mi abuela de sanotes.- Pensé al momento. Al salir del baño tomé asiento en el viejo sillón que tanto me agradaba. Saqué de la bolsa de la camisa mis lentes, los abrí y me los acomodé en la cara para ver mejor las fotografías de mi vida que guardaba en mi viejo álbum digital personal, el cual no era compatible con otros formatos modernos de archivo de fotos. Con torpeza y lentitud para no equivocarme dado el temblor de mis manos, propio de la edad, digito mi número personal de acceso.

De entre las fotos surgen aquellas de mis padres junto a mis hermanos en distintas épocas y lugares: la playa, las reuniones familiares, los viajes. Veo con alegría y suspirando de emoción y nostalgia, desde mi infancia hasta mi vejez. Reflexiono sobre lo rápido que se fueron estos 88 años y pienso que fui muy afortunado al repasar las fotos, esas de cuando mi mamá me vestía de charrito para los bailables de 10 de mayo; mi titulación de licenciatura y de maestría; mi protesta al cargo de Juez; mi boda con mi amada esposa Busi; mi primer y único hijo; la boda de éste y el nacimiento de mis nietos; las bodas de mis hermanos; mis suegros con sus comidas en la terraza de su casa; todos mis amigos y los momentos más increíbles que pasé con cada uno de ellos; aquélla perra Leslie que tanto quise hace más de 50 años y con la que aprendí a cuidar a un ser vivo; de mi primera casa; de mi hijo y su esposa; de los hijos de mis hermanos; de todo lo que he vivido en la vida. Al estar repasando las páginas de la memoria de mi historia derramo una lágrima; me lleno de recuerdos de muchas personas y de las vivencias con ellas; empiezo a sentirme aún más nostálgico y melancólico.

En una última reflexión pienso que fui feliz, muy feliz; tal vez más de lo que hubiera querido pues ahora extraño tanto a todos y a todo. Se ha ido poco a poco la vida y a la vez muy rápido y con ella los seres que amé: abuelos, padres, suegros, dos hermanos, algunos o casi todos mis amigos, mi perra; muchas personas que compartieron la vida conmigo y que en su momento dejaron consejos y enseñanzas que me sirvieron para hacer más llevadera mi vida.

Cierro los ojos y empiezo a sentir un frío intenso que recorre todo mi cuerpo con cada recuerdo que viene a mi memoria, sé que es hora de descansar, por fin, ya que empiezo a sentirme tan distinto y tan distante de esta vida a la cual ya no pertenezco, la mía quedó atrás, la rebasé. Siempre quise llegar a viejo, en realidad lo anhelaba aunque nunca pensé lograrlo, pues siempre viví con miedos y con angustias, sí fui feliz pero aún así siento que no viví como tenía que hacerlo. No obstante me siento satisfecho. Ahora sólo me resta descansar.

Espera ¿Piensas descansar sólo? – Se escucha una voz en la entrada de la habitación.

Este, es que yo…- traté de responder.

Durante años hemos descansado juntos, no me excluyas de este momento, fue nuestra ilusión dormir juntos hasta el último momento, ¿no lo recuerdas?- Me interrumpió su voz, entrecortada y cansada por la edad.

¿Sabes? Gracias por compartir tu vida conmigo, por llenarla de amor, te amo como el primer día. Le dije a mi esposa Busi que se acomodaba en nuestro viejo sillón y recargaba su cabeza en mi pecho.

Y yo a ti - y con un beso cerramos nuestros ojos ese día, el día de mi cumpleaños 88.

Sólo sentimos como nuestros dos nietos, nuestro hijo y nuestra nuera, nos taparon del frío acomodándonos la frazada que se había deslizado por nuestras piernas hasta caer, suavemente, al suelo.




Joel Ojeda

martes, 13 de enero de 2009

Mea maximus culpa….


Juan se la pasaba alardeando acerca de lo bueno que era en la cama, al grado de autoproclamarse “El rey del cunnilingus”, cuando la única experiencia que tenía era la de lamer la entrepierna de su noviecita, y eso, con las bragas puestas (ella era virgen y era lo más que le permitía, nada de dedos y caricias sin braga de por medio). De ahí en fuera, el único otro acercamiento que tenía con una vagina, era a través del monitor y un sitio porno.

A menudo contaba con fascinación la manera en que su novia se contoneaba y gritoneaba como puerco degollado cuando él hacía uso de su lengua palanca-de-Volkswagen, técnica que había creado a partir del conocimiento obtenido de un e-book adquirido vía mercadolibre. Trataba de hacer más creíble su mentira y ocultar su perversión presumiendo lo delicioso que era lamer y saborear la entrada y salida de lo que él llamaba “la fábrica de la vida”, alegando que no había nada más maravilloso que besar la cueva de donde todos alguna vez salimos. Dejaba claro que siempre supo que ser rey cunnilinguniano sería su hobbie, recalcando una y otra vez que su afición empezó desde niño cuando se comía su duvalín sin cucharita y dejando el empaque completamente limpio, con la pura lengua.

Ante todo lo anterior, los amigos y conocidos de Juan se mostraban sorprendidos y atentos a sus relatos en donde frecuentemente mencionaba una nueva técnica o posición.

Todos sabían y creían lo bueno que era este individuo en la cama, menos Sofía, su siempre respetada noviecita. Sofía ignoraba todo lo que alardeaba Juan (iba en otra escuela y no tenían amigos en común), ella sabía que él era virgen y lo mucho que disfrutaba su macho masturbándose viendo videos de amateurs fogosas frente a sus webcams. “La suculenta Sofía”, como la llamaba Juan, confiaba plenamente en que juntos ella y su amado dejarían la vida célibe para arrancar, de manera irrefrenable, con su vida sexual… una vez que ella estuviera preparada.

Por su parte, Juan no sentía culpa alguna al crear tanta mentira, al contrario estaba seguro de lo espectacular que podría ser en la cama y se lamentaba el no poder echarse a la práctica como era debido. Él sabía que no estaba enamorado, pero estando con Sofía era la única manera de estrenar su fusil.

Pasó un año más de alardes, hasta que llegó la celebración de su segundo aniversario de noviazgo con la suculenta. Ella le dijo a Juan desde un mes antes que el día del segundo aniversario sería “el día”, por lo que Juan se la pasó viendo más vaginas que nunca y localizando el clítoris en todas y cada una de ellas (en su monitor, claro está). Llegó el 5 de septiembre, Juan adornó con flores y velas el departamento amueblado que tenían sus padres a la espera de ser rentado en una colonia cercana a la suya (lugar donde tantas veces le había lamido las bragas a su respetada noviecita). Compró una pizza, un vino espumoso; se aseguró de que sonara bien en el estéreo el soundtrack de “Last Tango In Paris” y una vez seguro de que todo había quedado listo fue por Sofía.

Ahí estaban “El rey del cunnilingus” y “La suculenta Sofía”, sentados en el piso de la sala momentos después de haberse terminado media pizza y un poco alegres por el vino espumoso. Los dos se miraban con sonrisa nerviosa, él sabía que ella al fin se iba a dejar y ella sabía que él se la quería coger. Juan se puso de pie, camino hacia el estéreo, le puso play y sonaron los primeros acordes de tango Barbieriano… Juan y Sofía se dirigen al cuarto, abrazados, al vaivén de la música…

Al llegar al cuarto, la suculenta empuja y sienta bruscamente al rey cunnilinguniano a la orilla de la cama para darle a Juan la mejor mamada de su vida. He ahí los dos enamorados, uno mirando hacia el cielo mientras tira del cabello de la otra y la otra haciendo la mejor sonata de guturales jamás inventada… Justo antes de que Juan termine, Sofía se levanta, se desnuda de arriba, se quita el pantalón y se tira a la cama con las piernas abiertas y sólo las bragas puestas.

Juan se levanta, se queda parado a un lado de la cama y la mira perplejo, no era la primera vez que la suculenta le hacía tremenda jugarreta:

Juan: P-p-p-pppp-pero… tú dijiste que…
Sofía: (Se ríe) ¡Ya sé! ¡Quítame los calzones!

Ni un tigre saltaría con tanta precisión sobre su presa como lo hizo el rey, le brincó directo a la yugular y comenzó a besarla desde el cuello hasta el ombligo, sin ignorar las tetas. Ya en el ombligo comenzó a jugar con la lengua hasta llegar al mismo punto de siempre: lamer sobre las bragas. -¡Que me los quites!- gritó ella muy desesperada, estaba más mojada que de costumbre y Juan sonreía con soberbia de saber lo que se aproximaba…

Y llegó el momento, clavó sus dedos entre el borde de las bragas y la piel de la suculenta, comenzó a bajarlas lentamente sin que ésta le interrumpiera con el clásico –Espérate, todavía no--, las terminó de bajar con los ojos cerrados, las zafó de las piernas sin abrir los ojos, sonreía, al fin tenía las bragas en sus mano derecha y no en la punta de su lengua; se lanzó con los ojos cerrados y un cálculo perfecto directo a la entrepierna, llegó, olió, sonreía y por fin… abrió los ojos!...

Miró atónito la fábrica de Sofía, su cueva era peluda y fea comparada con la infinita cantidad de vaginas que habían desfilado por su monitor… no podía creer lo que estaba ante sus ojos, ni lo grande que era el hoyo en su estómago… quería salir corriendo… estaba mudo y paralizado…
Un -¡¿Qué esperas?!- lo sacó de su trance, reaccionó, se levantó de ahí y se acostó a un lado de Sofía:

Sofía: ¿Qué pasó?
Juan: No puedo…
Sofía: ¡¡¡¡¡¡¿QUÉ?!!!!!!
Juan: Es que… no eres tú… soy yo.

Sofía le escupió en la cara y le mentó la madre para después levantarse, vestirse en tiempo récord y salir casi corriendo del departamento… Juan es un culero.



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Tumeromole

viernes, 9 de enero de 2009

No me lo regreses.



Me lo regresas.

La verdad, nunca presto mis cosas, ni aún cuando sea alguien "especial". Cuando presto estoy dispuesto a abandonar el objeto. Es un bien material o espiritual que ya no es para mi. Prestarlo, darlo o dejarlo y permitirse al abandono, hace más dulce el regreso si este llegara a existir y, supongamos, le da un poco de nobleza al recuerdo del préstamo.

Cuando leí la propuesta, "Me lo regresas", me pareció que la frase la decía un niño. "ME LO RE-GRE-SAS", "TODAS LAS CANICAS SON MÍAS" y "NO ME MO-LES-TES", dichas por el mismo chamaco caprichoso, el mismo día. Tal vez, si se tratara de dinero, me imaginaría a una señora gorda, de esas amables y carismáticas, que cuando son ofendidas se transforman en unas perras malditas. No le regreses algo a una de esas señoras, y tu vida se convertirá en un pequeño infiernito cada vez que la vuelvas a ver. Dar algo, y esperar su regreso, no sólo es el egoísmo concentrado (el cual no es necesariamente malo), sino una falsa ilusión de pertenencia sobre nuestras cosas.

Existen los compadres o los hermanos desenfadados, que se prestan a las novias. Ellos no se dicen: "Me lo regresas". Más bien, se dicen cosas como: "Qué te aproveche", "Pídele esto" o "Usted úsela hasta saldar la dueda compadre". O las mujeres infelices que se prestan los contactos de los amigos fieles: "No me lo regreses, haz que te pague el cine y los cafecitos durante un mes entero", "Ya tengo mi coche, así que quédatelo" o bien "Pues mira, ahorita no tengo novio patán... puedes quedártelo un ratito en lo que yo me busco a mi misma".

Para evitarme a las seños malditas, a los escuincles caprichosos y a los compadres alegres, lo presto y suelo añadir un "No me lo regreses".

Agustín Fest

martes, 23 de diciembre de 2008

Tortilla Souvenir Oracle


Es una broma que yo deba coordinar, supervisar y aplicar las pruebas de antidoping en el corporativo donde trabajo. Pienso en las docenas de graduados del tec de monterrey, de la ibero, pienso en los pilotos y sobrecargos megalomanos, y también pienso en los empleados de baja ralea haciendo fila - esa fila sempiterna que todos hacemos en la vida - para orinar en un vasito y dejar que unos laboratoristas diluciden todo lo que se meten o fuman.

Es absurdo que casi a mis treinta años haya decidido dejar de tomar y de utilizar cualquier tipo de droga, por entretenida que fuesen. Medito en ello mientras en una junta con un comite planeamos las fechas dispuestas para las pruebas y discutimos la política del corporativo para los empleados que obtengan resultados positivos. La imaginación me permite contemplar los múltiples arquetipos que la sociedad tiene para seccionar a sus drogadictos o usuarios. Pienso en el cocainomano prepotente, el heroinomano tembloroso que te ruega por una moneda, en el cristalón o crackhead irritable y paranoide o en el fumado apático que arrastra las palabras y los pies.

Supongo que pensar en drogas me refiere al recuerdo. Remembranza: aunque drogas y recuerdos no sean conceptos coherentes entre si. Yo estoy completamente incapacitado para satanizar las drogas; le tengo más miedo a los recuerdos, a decir verdad. Decir esto me conduce a mis diecisiete años, cuando fumar marihuana en la preparatoria era uso y costumbre, y la diversión era inconciencia plena.

Recuerdo que con Iván y Roberto nos dirigiamos a la colonia Libertad, parte alta por supuesto, uno de los tugurios más viejos de Tijuana, a comprarle mota a la doñita. Su nombre era ese: doñita. Caminabamos una hora y media para llegar a su casa, justo antes de las últimas clases de la tarde, y llegabamos a una puerta común, una casa vulgar, y tocabamos y salía un mujerón. La primera vez que la conocí estaba cocinando tortillas de harina, y nos invitó a pasar.

Iván era un fanfarrón, un imbécil de esos que dicen conocer todo el mundo a los diecisiete años, y cuya visión de las cosas se reduce - paradójicamente - a pretender probarlo todo y luego presumir que no le pueden contar nada. Roberto era callado - era por que ya esta bien muerto - y creo que solo lo vi caminar, asentir, fumar marihuana y asaltar a un mocoso de la secundaria anexa a la preparatoria donde nos conocimos. Los tres pasamos y la vieja amasaba un bulto voluptuoso que estiraba y envolviía con las manos mientras volteaba con los dedos las tortillas que cocía con diligencia en un comal requemado.

La casa estaba impecable. Olviden el concepto de picadero. Incluso más limpia que la casa de mis padres. La mujer nos comenzó a explicar que cocía tortillas de harina para su esposo, que vendía burritos en una moto por todo el parque industrial de Otay. Nosotros asentimos, y ella nos sonrió y nos preguntó cuanta motita quieren muchachos. Antes que Iván le respondiera también nos dijo fumense uno conmigo chamacos, para no sentir que solo los enveneno.

Y entonces con rapidez teatral sacó de una alacena un frasco reciclado de vidrio y del interior pellizcó un trozo de hierba que desmenuzó en una hoja de arroz tendida y diminuta sobre la mesa donde amasaba. Luego tomó ambas cosas y con una sola mano - una sola mano, lo juro - enrolló el cigarro y se lo puso en la boca. Lo encendió con caladas violentas, y siguió calandolo mientras tomaba el rodillo y extendía una bolita de masa. Perturbado, miré hacía el comal y descubrí una tortilla que se inflaba temblorosa; señora, le dije, esa tortilla se esta inflando, no se le vaya quemar.

Ella me dijo que una tortilla inflada era de buena suerte, y quien se la comía se casaría con una buena mujer y tendría una vida muy buena, y sin más la levantó, la palmeó, le untó poquita margarina y me la ofreció en un taco que enrolló también con una mano. Con la otra se quitó el frajo de mota de los labios y se lo ofreció a Iván, y él fumó y yo mordisquee la tortilla, que resultó ser una de las mejores tortillas que he probado en toda mi vida.

Un mes después los tres haciamos fila en la universidad local para solicitar fichas para el examen de admisión. Nos divertiamos mirando a la gente y las chicas ir y venir. En realidad yo estaba infinitamente aburrido, y en las mesas de inscripción, al llegar, te preguntaban a rajatabla ¿carrera? Y luego te pedían el nombre y enseguida te mostraban la caja registradora para que pagaras los derechos. Para salir de mi fastidio les pregunté a mis amigotes si ya había decidido carrera, e Iván me dijo que Ingenieria en Sistemas y Roberto habló de Contabilidad. Yo no sabía que escoger y se los dije, escoge me dijeron, no seas pendejo.

Confundido y aburrido, saqué una moneda de cinco pesos, la arrojé al aire, la recibí y la cubrí y dije socarrón que aguila era filosofía y cara sería derecho.

Ahora han pasado más de diez años de eso, y soy abogado y criminólogo y coordino las pruebas de antidoping para una aerolinea, y pienso en la viejita y su estúpida tortilla inflada, y su presagio me impide recordar el sabor, algo que me encabrona sobremanera.



Jesús Manuel Lomelí.
www.chango100.blogspot.com

domingo, 14 de diciembre de 2008

Tener los oídos libres


No tengo i-Pod, ni quiero tener. Tampoco tuve nunca walkman, disckman ni reproductor mp3. Mi celular tiene espacio para varias canciones, sin embargo solamente guardo dos, que son mi ringtone y mi alarma. ¿Por qué? Por que creo firmemente que si tienes los oídos ocupados con chicharitos blancos administrándote pequeñas (o grandes) dosis de decibeles, te estás perdiendo en definitiva la banda sonora que ya venía incluída en el paquete.

Con el tiempo aprendes a escuchar más allá de el diario paso por Los Temerarios en el camión al centro y te sorprendes con esa armonía universal, en la que todo cuadra, y te deja escuchando "My girl" en el camino de regreso a tu casa. Una canción que jamás hubiera estado siquiera entre las finalistas, pero que ahora ameniza tu primer contacto con el mundo exterior después de haber dejado el pudor, el sudor y el último pedacito de infancia en la cama de tu novia. Ficha técnica: My Girl - The Temptations, Ya no soy Virgen (Enero del 2005). Todo gracias a un radioescucha que decidió subirle el volumen, sin saber que su buen gusto musical terminaría por repercutir haciéndote cantar My Girl cada vez que terminas de vestirte después de que te desvisten, aún ahora, cuatro años después y con esa novia convertida en exnovia

O el clásico momento dramático de nuestras vidas, acompañado por la clásica canción dramática del momento. ¿Para qué quitarle la magia? Con los oídos libres hubieras notado que el camionero se dió cuenta de tu cara de sufrimiento y decidió cambiarle de la Ke Buena a Kiss FM para acompañarte en en tu dolor, mientras se escurrían unas lagrimotas por tu cara, suspirabas ruidosamente, y ¿por qué no? la lluvia azotaba en tu ventana. Ficha técnica: The Blowers Daughter - Damien Rice, ¿Por qué no me ama? (Marzo del 2005).

Dos años después, tu y la co-protanista de "Ya no soy Virgen" y "¿Por qué no me ama?" 1 y 2, están juntas de nuevo, sin embargo empiezas a sentir que es cuestión de tiempo para que se estrene "¿Por qué no me ama? 3" y se complete la trilogía. "Tenemos que hablar", y quedan de verse en tu casa al otro día: muerte lenta. Ella llega por fin, se saludan con un beso forzado y se acuestan en la cama en sentidos distintos. Diez minutos después hay suspiros leves y lagrimas escurriendo, tanto en tu cara como en la de ella. No es tán dramático y berreante como "¿Por qué no me ama? 1" en el 2005, sin embargo duele igual. Se ofrece a darte un ride, el cual aceptas mientras te secas las lágrimas. Ya en el carro prendes la radio después de un rato para cortar el silencio incómodo. Como si nada aparece Cindy Lauper, llenandote los ojos de lágrimas, las cuales que tratas, sin lograrlo, de retener. Sientes una mano sobre la tuya, apretándola, mientras el sol te da en la cara. Ficha técnica: Time after Time - Cindy Lauper, ¿Por qué no me ama 3" (Marzo del 2007).

Después de tantas canciones encontradas al paso, me niego a interferir en el proceso natural de las cosas. Aún así tenga que soportar a veces a Los Temerarios. Es el precio que se paga.



Goma Rosa.

viernes, 5 de diciembre de 2008

La Historia Del Guerrillero


¿Mi nombre? No puedo recordarlo. El dolor es muy intenso como para tratar de recordar justo en este momento. Me sofoco, me asfixio, y las heridas sangran profundamente. Mi carne grita, pero sólo yo la oigo. Me pierdo, cayendo lentamente en los brazos de la insensibilidad que me da el morir.

Creo que es mejor comenzar por el inicio, en esta hora del final.

Mi nacimiento fue muy esperado por mucha gente. Esperaban que yo siguiera los pasos de mis ancestros… Ellos, que lucharon sin tregua contra la opresión hasta que ya no pudieron luchar más. Esperaban que, al nacer yo y aceptar mi "misión", su vida mejoraría y tendrían un momento de alegría, de regocijo, pues yo era alguien prometedor. Creo que esa esperanza de tantas personas es la que me ha puesto en esta situación tan agonizante.

¿Qué puedo decir? Yo nací en la miseria, en la pobreza extrema. Mis compañeros de juego fueron el lodo de los charcos y el viento entre los árboles.

Yo nací, sólo.

Mi nacimiento no fue fácil. Un censo, algo relacionado con los impuestos… ¿qué se yo? Nunca quisieron decírmelo. Mi madre y su esposo tuvieron que viajar a la provincia, al lejano pueblo de mi padrastro. Nunca supe a ciencia cierta la razón. ¿Para pedir dinero? ¿Para censarse en otro lugar y pagar menos? No lo sé. Ella, la mujer estaba esperándome, me cuenta que su esposo me odiaba, porque yo lo hacía ver como un poco hombre.

Mis paisanos son una sarta de hipócritas. Esperan cosas que nadie en su sano juicio esperaría. Les agrada entretenerse bebiendo, mitigando su dolor, y llegar a casa a golpear a sus esposas. Todos son machos, pero lloran cuando mueren sus bestias de carga. Les agrada dilapidar sus vidas pero odian que los vean besando a sus hijos, porque mis paisanos piensan que eso es ser homosexual.

Mi madre tenía un embarazo muy adelantado y cuando llegamos al pueblo empezaron los dolores de parto. Ella gritaba, pero nadie la quiso ayudar… quizá porque, o estaban muy cansados, o no deseaban darle su ayuda a una desconocida, pero estoy tentado a pensar que en realidad fue porque no había ni un solo médico en el pueblo. Siendo provincia, tuvo que parirme en condiciones insalubres y no le dio septicemia por haber tenido buenos anticuerpos. Su esposo, en cambio, era dichosamente feliz. Dijo que si realmente llegaba a ser quien decía que yo sería, soportaría esa prueba. Si no, moriría y por fin ya lograría tener hijos propios para callar las voces que lo ridiculizaban. Para felicidad de mi madre, no morí. Crecí, gané fuerza y gané algunos conocimientos.

Tomé conciencia del mundo que me rodeaba, de la podredumbre en la que vine a vivir.

De niño, eres niño y eres feliz, pues no necesitas muchas cosas.

Gané muchas alegrías. Mis salidas a campo abierto, a recoger bayas silvestres, jugar a "escondidas" en el taller de mi padrastro, cuidar a mis hermanos cuando mi madre se ausentaba o como cuando celebramos mi cumpleaños con una tarta de frutas, las cuales mi madre había robado en un momento de descuido del tendero…

Está bien: la realidad es muy diferente. La realidad es que crecí muy amargado. La realidad es que yo tuve mucho más tristezas que alegrías. ¿Por qué yo no tenía los costosos juguetes de los vecinos? ¿Por qué ellos iban a la escuela y yo no? ¿Por qué en sus casas había agua, mientras que yo tenía que ir a acarrearla a un pozo infecto que estaba a más de tres kilómetros de distancia de mi casa? Recoger leña, evitar animales ponzoñosos, que mi frente literalmente se derritiera bajo el sol abrasador, los días buenos, tener dolores de estómago por hambre… Los malos, ni recordarlos. Perra vida.

Mi padrastro siempre me contestaba, áspero y fastidiado de mí, un "Aquí nos tocó vivir".

Éramos muy pobres, y para ayudar a mi ahora creciente familia (el esposo de mi madre empezó a tener hijos a lo bruto, como todo buen macho) tuve que granjearme como aprendiz de carpintería. Ya fuera haciendo mesas de ébano para el exitoso hombre de negocios, que nos miraba con asco a mis hermanos y a mi trabajando y que, después de mucho regateo, daba dinero bueno, pero insuficiente; o sillas de bebés para la familia con más tristezas que nosotros, que nos pagaba con lágrimas, sollozos, agradecimiento y la poca comida que les sobraba, me di cuenta de las grandes diferencias entre esos dos mundos irreconciliables.

Los ricos trataban como basura a los pobres, y los pobres solo tenían consigo su miseria y su dolor. Los ricos comían hasta saciarse, y los pobres sólo podíamos hundir en el suelo las uñas y apretar los dientes. Los ricos daban fiestas, banquetes, zalamería y vicios. Nosotros solo teníamos suelo para compartir con más gente. Y a veces, ni siquiera eso: los recaudadores de impuestos, feroces ápices de la explotación, protegidos por una ley diseñada en contra de nosotros, se llevaban "legalmente" muebles, casas, recuerdos valiosos y, a veces, vidas consigo. Los pobres sólo podían soportarlo con tristeza. Sólo podían tolerarlo, como una bestia de carga tolera los golpes de su patrón.

Pero yo no.

Yo no.

Mi madre era idealista, optimista y, sobre todo, era una guerrillera. Su esposo, a regañadientes, pertenecía tibiamente a ella, porque era un hipócrita conformista que huía de la confrontación (¿Recuerdan cómo nací? Eso también encaja en el viaje). La gente de la guerrilla amaba a los niños pequeños, y mucho más a los bebés, porque ellos eran los más moldeables. Sin embargo, cuando tenía dos años el gobierno detectó a esos "indeseables" que querían una "revolución".

¿Su crimen? Tratar de conseguir mejores condiciones de vida.

El gobierno actuó rápido contra ellos, masacraron a sus hijos, y a los padres que los defendieron.

¿Nosotros?

Huimos, como siempre lo hemos hecho…

Pero yo dejé de huir. Me uní a la guerrilla cuando era joven.

Tendría acaso 15 años cuando mi primo-hermano mayor, "Juanito", me habló de ella. Sus leyes, sus métodos, su ideología… pero sobre todo, me habló de nuestra familia. En el pasado habían sido grandes terratenientes, gobernantes justos, líderes carismáticos, dirigentes rígidos, brillantes militares. Pero habían conspirado contra ellos en su apogeo y un día, después de mucha sangre y vidas, los derrocaron. Ahora, marginados del resto del mundo, parias entre los demás rostros, escoria social que al gobierno no le importaba, nosotros seguíamos en secreto peleando contra ese gobierno usurpador, espurio e ilegítimo, que con su caricatura de legalidad vendía esclavitud y pobreza a todos nosotros: el pueblo, los gobernados, la masa social.

Nosotros éramos la guerrilla. Ese degradado brazo armado, que hacía temblar al gobierno.

Tenía 30 años cuando asumí el mando. El mando absoluto. Y dejé la guerrilla subversiva, que no nos dio resultado, y la convertí en guerrilla ideológica… La convertí en algo muchísimo más peligroso…

Salimos al mundo exterior, sin ocultarnos de nada o nadie, voceando en las calles, concientizando a la población. Yo sabía al menos leer y escribir por haber estudiado en un monasterio perteneciente a nuestro movimiento (fachada de civilidad y buena ciudadanía), y tenía un gran poder de palabra y convencimiento para atraer a las personas que nos rodeaban. Nunca me vieron sonreír, pero si me vieron llorar. Ellos, mi gente, necesitaban ser despertados. Ellos, mi gente, necesitaban saber que debían pelear por ser libres. Ellos, mi gente, debían saber que la respuesta ERAN ellos, no un líder que los sacara mágicamente de sus problemas. Su trabajo, su fuerza, su esperanza, su determinación, su atrevimiento… Por tres años y medio, diariamente, les di el mensaje directo y sin hipocresías: "EL CAMBIO NACE EN USTEDES". Yo ERA como ellos, pues yo también era un viento de cambio.

Ellos… ¡Ja! Ellos nunca entendieron el mensaje.

Escogí a nueve de mis seguidores más fieles y a dos de mis propios hermanos para repartir nuestro mensaje en todo el territorio nacional. Nuestra resistencia era pacífica (ironía de esta vida), y nunca incitamos a la violencia… actuamos dentro del marco de las leyes y no hubo quejas de nosotros, y sí muchos elogios. En el fondo, todo mi propio odio y amargura sirvió sólo para que estuviera al nivel de las personas a quienes les prestaba más atención (madres solteras, prostitutas, alcohólicos, golpeadores, drogadictos… gente de la peor escoria social). Poder saber lo que ellos sentían, saber qué es estar igual o peor de lo que yo estuve en mi ahora lejana infancia era mi carta de triunfo. No fueron pocos los que me pidieron una revolución, una guerra civil abierta. No quería una lucha radical, pues el gobierno tenía armas, dinero, crueldad y represión para repartir. Además, tenía a muchos infiltrados.

Escogí a un infiltrado como una de tantas "mano derecha". Yo sabía que él era un traidor, pero el refrán es cierto: "Mantén a tus amigos cerca, y a tus enemigos aún más cerca". Lo seguía, lo espiaba, sabía que información le daba al gobierno de nuestras actividades, pues yo mismo se la decía de frente… y para que no sospechara, le confié muchos secretos. ¿Que cuántas personas en el movimiento? "Muchas". ¿Cuánta simpatía nos tenían? "Pues la suficiente, ¿o tú que crees?". ¿Cuándo regló por primera vez mi hermana más bonita? "Bueno, no es tu asunto, pero aún así te lo diré…".

Lo hice nuestro recaudador y tesorero oficial (y después de hacerlo, en mi cuarto me reí como un niño de él a sus espaldas, pues yo odiaba a los recaudadores) y estoy seguro que sacaba buena parte para quedársela. No lo culpo, quizá su infancia también fue difícil. Yo me hacía de la vista gorda, pues sabía que él era una sabandija más en este mundo, un hombre sin escrúpulos o lealtad.

Y un hombre así no puede resistir mucho tiempo las tentaciones.

Me entregó a la semana en que, llegando a la Ciudad Capital como uno más de tantos provincianos, fui recibido por una infinidad de gente que conocía nuestro movimiento y estaba unido hasta los huesos a él. El gobierno, asustado, me invitó amablemente a compartir una charla con ellos, y cuando me negué por enésima vez (al saber de sus "charlas"), me arrestaron por "conspiración", "sedición", "terrorismo"… basado en las pruebas (falsas todas ellas) de aquel tesorero que nos vendió por tan poco. ¿Qué pasó con él? Bueno, traicionó al movimiento para lograr ser el líder supremo… y ni siquiera era una buena ambición, pues de adelanto le dieron 30 salarios mínimos. Me enteré que cuando confirmó que el gobierno lo asesinaría también, pues ya no les servía de nada, decidió acrecentar su cobardía y suicidarse.

Un juicio ilegal… una pantomima de "defensa de la soberanía y aplicación ejemplar de la ley"… testigos comprados… tortura… sentencia de muerte… combinado perfectamente con la humillación pública.

Eso es en lo que acabó la esperanza de miles.

Eso es lo que gané al final.

Gané estos clavos en manos y pies, los 40 latigazos en mi espalda desnuda, morir en una agonía inimaginable, desangrándome lentamente, exhibido públicamente en esta cruz, coronado con espinas y un infame cartel encima de mi cabeza, que se mofa abiertamente de mí y de mis ideales…

Y el mundo, aún después de tanto tiempo, sigue sin comprender el mensaje…



Zeta.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Y nunca que le salieron dientes.


Hay un incidente en la familia que durante años ha sido sepultado en la memoria de mis padres, cuando es sacado a colación -muy rara vez-, el que lo menciona sólo obtiene una mandada al chile digna de una olimpiada. Y es que hace mucho tiempo, en el baño del kinder, le enterré un lápiz en la vagina a otra niña. Gulp. Lo único bueno a mi favor es que fue el extremo del borrador, no el del filo, pero aún así se dio un escándalo entre las maestras que no llegó a más sólo porque el padre de la otra escuincla dictaminó: fue un accidente, son sólo niños.

Aaah...pero no, no fue por mero accidente. Ni siquiera fue porque le tuviera coraje o me cayera mal o lo que se pudieran inventar: fue por simple y mera curiosidad. Desde antes de que yo naciera, en mi casa han tenido chingo de libros, todos de muy diversos temas, entre ellos claro, sexo. Al ser yo una infanta a la que sus padres no ponían mucha atención por el trabajo y sólo era custodiada por una nana telenovelera, pues obvio me dedicaba a "leer" -porque a los 4 años sólo me sabía el "mi mamá me mima" y eso no ayuda mucho a esa edad- lo que cayera en mis manos o lo que estuviera mal colocado, entre ellos, varios libros sobre sexualidad, altamente explícitos para ese tiempo, pues traían ilustraciones todas típicas del pene y la vagina, de posiciones sexuales y lo que más me traumatizó: el embarazo y parto. Horror, vivía obsesionada con la idea de cómo podía caber algo tan grande por ahí, cómo le hizo para entrar, si sólo tendría yo eso o a quién más le había pasado tal desgracia. Por mera coyona nunca hice el experimento en mí (a huevo que no), pero ese día, sí, ese día que encontré a mi amiguita (éramos del mismo salón) secándose las sacrosantas partes frente al espejo del baño, nada más le dije, "a ver déjame ver" y mocos, va para adentro el lápiz. La verdad no recuerdo si gritó o no, pero las que dieron el pitazo fueron otras escuinclas que en ese momento entraban y nos captaron justo en el movimiento. Mi castigo no fue severo, mas que nada por la reacción del papá, pero eso sí, ya nunca, pero nunca de los nuncas, me dejaron ir al baño cuando otra niña andaba por allá, y en el recreo me vigilaban, no las fuera yo a violar (auch).

Al crecer, opté por dejar de pensar en hacer ese tipo de experimentos, pero la vagina y sus misterios fueron mi obsesión durante mucho, mucho tiempo; con las amiguitas de la primaria platicaba -de forma muy disimulada- de cómo eran sus entradas, si eran rosadas, morenas, que si una tenía una formita como diferente a las demás, que si su mamá les decía que no se tocaran ahí porque se les iba a infectar, etc., etc. Yo sólo tomaba apunte mental de todo esto, comparándolo con lo que leía para ver si era cierto. Llegué al punto en que durante las pijamadas organizaba concursos tipo atrévete: atrévete a mostrarnos tus pechos (dos tristes bolitas en crecimiento), atrévete a comerte un huevo crudo, atrévete a salir semidesnuda a la calle, atrévete a mostrarnos tu vagina. Y bueno, entre tanta obsesión, mis padres decidieron darme una plática para que ya se me bajara la brama, lo cual les sirvió para aprender más, porque la que terminó dando cátedra fui yo.

Así pasaron 7 años de rendirle culto al ente de donde salimos todos, porque a diferencia de otras niñas y de lo que diga Freud, yo nunca tuve envidia del pene; yo estaba feliz con mi hendidura que no se veía con la ropa pegada, que no abultaba cuando abrazabas a alguien mucho tiempo, que olía a aloe y que todos tenían miedo de que de repente le salieran dientes. Pero todo eso cambió el día en que la menarquía se hizo presente y entre gritos de me muero me muero y llanto y sangre y sonrisota de mi mamá, llegué a la pubertad. Por lo que sabía, ya me esperaba que eso sucediera tarde o temprano, pero los libros me decían que a los 12 ó 13 años te sucede, no que recién cumplidos los 11 ya te iban a decir: ya estás hecha una mujercita. Ahí se acabo la obsesión, porque no es lo mismo adorar un lugar limpiecito que otro del que sale un endometrio muerto cada mes; eso sí, todas mis amiguitas y familiares y demás dieron un suspiro de alivio cuando por fin me interesé en los penes, admítanlo, el primer novio fue algo así como, "¡no nos salió lesbiana la niña!". Y ya.




A ti, niñita de segundo de kinder desvirgada en el baño con el borrador de un lápiz:
¿tienes una vida sexual feliz? Espero que sí.



Niabel Hattori.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Confusión Temporal.



La habitación se llena de ruido de truenos y luz brillante, pegas un brinco a la cabecera y desde la cama medio intentas abrir los ojos para identificar la causa del desmadre que interrumpe tu sueño con Scarlett Johansson en pelotas, pero las lagañas y el resplandor no te dejan ver bien, colocas la mano derecha extendida sobre las cejas para buscar la causa sin que te quedes ciego, de seguro la maraña de cables que tienes atrás de la TV y que nunca te dignaste acomodar ya provoco un corto, nueve clavijas en el mismo enchufe enlazadas con alambritos sueltos no podían traer nada bueno…

Al fin la luz disminuye su intensidad y el ruido cesa, solo para revelar que frente a ti hay un anciano vestido algo así como los timbiriches en el rencuentro, ósea bastante ridículo para su edad, con un traje azul y amarillo chillón y un cinturón atascado de foquitos, piocha blanca de chivo…

Oo…ahhhhlaverga…

-Levántate…

-¿Satán?

-No pendejo, soy tu yo del futuro…

-¡Lo sabía!, ¡a huevo!, sabía que esa madre que nos vendieron en la fiesta de ayer no era nada saludable, genial, finalmente lo conseguiste, te metiste algo de dudosa procedencia y en consecuencia se te treparon los animales al cerro, cu cu, cu cu… pero nada más que vea al mollejas le voy a romper su madre…

-No, reverendo imbécil, yo soy tu, solo que vengo del futuro, he venido a decirte que estas desperdiciando tu vida…

- ¬¬ a ver, ¿Quién putas dices que eres?, ¿no basta con mis padres, el jefe del trabajo, mi vieja, los malandros de las entradas?, ahora hasta yo mismo me vengo a cagar por adelantado…valgo madre.

-La vida que llevas no es saludable ni remotamente productiva, no te va dejar nada bueno.

-Si mama…, no, a ver, espérate, si eres quien dices que eres…parece que logre viajar en el tiempo, eso esta mega chingonsisimo, ¿Cómo que mi vida no me trajo nada bueno?...

-No creerías lo que vas a tener que hacer para poder realizar este viaje…

-No creo que sea peor de cuando el manco de afuera del metro me pidió que lo llevara al baño y le ayudara.

-Créeme, es peor, mucho peor… y con mas pelos, bueno, el caso es que para que no termines haciéndonos la vida una mierda a los dos he traído una lista de tareas que debes realizar, debes cumplirlas todas y cada una, con eso habremos logrado cambiar lo que será tu patética historia.

-¿Qué no se supone que me tienes que llevar a ver mi pasado y el futuro para que luego me arrepienta y un niño cojo cene pavo?

-Esos son los espíritus de la navidad pendejo, ay pinche pedazo de bestia…

-Ah, ya, vale…a ver, presta, deja le hecho una hojeada a la lista


Ay amasita…

1.- Tener una vida social, declararte antisocial pero saliendo a divertirte con tus amigos, para despistar.

2.- Comenzar una estricta dieta a base de alcohol.

3.- Bajarle las viejas tus amigos.

4.- Cogerte a la mama de uno de tus amigos para alcanzar el nivel "Grand Master hijo de la chingada cabrónius maximus".

5.- Leer muchos libros de ciencia ficción.

6.- Rentar las películas de los libros que leíste, lo que básicamente es hacer lo mismo en menos tiempo, con mejores efectos especiales, luego quejarte por que cambiaron la trama y platicarles el libro y la película a todos spoilereando los finales.

7.- Vaciar la Papelera de Reciclaje.

8.- Empezar un blog con filosas y agudas críticas sociales, ensayos, humor sofisticado y reflexiones pseudo-filosóficas.

9.- Enviar decenas de mensajes diarios al twitter con tu celular.

10.- Odiar a los hijos de puta que te bombardean con mensajitos de texto.

11.- Conocer en persona gente de Internet, excepto a chica_mami_sexy6969, que en realidad es un negro y fornido científico loco radical extremista con deseos de viajar en el tiempo.

12.- Hacerte otro mail, cambiar tu número de teléfono y comprar un arma de fuego, jurando jamás volver a conocer en persona a nadie de Internet.

13.- Aburrirte del blog al y abandonarlo, luego abrirlo otra vez pero pasártela gran parte del tiempo jugando al Xbox360.


-Oye… ¿No se te hace como que es mucho trabajo?

-¡Cállate!, no seas huevón, lo hago por tu bien, ahora debo irme me espera un negro en el futuro, digo, un negro futuro, bah, no olvides hacer lo que te dije al pie de la letra y tu vida será exitosa y feliz… nos vemos, me despido, hasta nunca… Luis, nada más.

-Espera, ¡oye……. Cabrón espérate….! No mames…!

Ruido de truenos y luz brillante…. La habitación se queda vacía oliendo a pachuli # 5…

-Yo soy Zero, ¿quién chingados es Luis?



Zero.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Atrapado en el acto


Te cruzan muchas cosas por la cabeza cuando estas con los pantalones en las rodillas, mientras tu suegro abre la puerta del estudio y observa lleno de rabia como su virginal hija deshonra el nombre de la familia arriba del escritorio en doggy style…

La noche transcurría como de costumbre, estás sumergido en el habitual zapping nocturno a la televisión, pero lo más interesante que has encontrado hasta el momento es escuchar como en ocasiones al cambiar de canal, se forman frases simpáticas con el audio entre canales…

Para lavar mejor la ropa…click… las colegialas del amor, marca ahora…

La epidemia de diarrea… click… el rico aroma que envuelve tu hogar…

Tu celular suena, claro que también vibra, tiene juegos y emepetres, pero ahorita en este momento, suena…

Es tu novia, lo que te extraña es que te llame a esta hora de la noche, son casi las 11 y hace tres horas la dejaste en su casa, piensas que las mujeres no se cansan de hablar nunca mientras e avientas el control remoto al sillón contiguo, donde el gato lanza un chirriador maullido al recibirlo en la cabeza, chin…

-¡Miguel ¿qué le haces al gato?…!

-Nada….

El teléfono suena por tercera ocasión, al fin lo contestas pero en la pantalla una escena sexosa captura tu atención, en ella hay una rubia que se quita el sostén, despacio, despacio, está a punto de mostrar los senos cuando el ruido proveniente del auricular te recuerda que en el teléfono hay una llamada esperándote… joder.

- ¡Bueno, ¿bueno?….! ¿estás ahí?...

- Sí, bueno, ¿qué paso?

- Ay, ¿Qué crees?, que mis papas se fueron a ver a mi tía, me metí a bañar y cuando salí, me estaba secando el pelo y se me fundieron los fusibles…

- Pues cámbialos…

- Es que no sé como… ven, ayúdame, por fas...

- Ahí voy…

- Gracias amor…

Mientras te pones una sudadera para salir el gato te mira y sisea algo que muy probablemente en el lenguaje gatuno sea el equivalente a un chinga a tu madre, el gato planea una venganza terrible y lo sabes, así que bajas las escaleras de dos en dos, y para sentirte más intrépido te robas unos fusibles de la caja de herramientas que se encuentra debajo, en el umbral de la puerta revisas que traigas llaves, antes de salir le informas cariñosamente a tus padres que no se preocupen…

- ¡Ahorita vengoooooo!

Tres cuadras después.

Ding dong

La puerta se abre y se te corta la respiración, tu novia te abre en bata, con el cabello mojado, probablemente no hay nada debajo de la delgada tela y el agua que le escurre por el cabello, se muerde el labio coquetamente cuando ve la cara de pendejo que acabas de poner, pero no puedes ocultarlo, sonríes cuando pasas junto a ella pero en este momento has dejado oficialmente de pensar, aquí las hormonas llamando, hemos tomado el control, ríndase…

Te lleva tomado de la mano hasta el fondo de la casa, en el patio trasero esta el switch principal, esta es la primera vez que entras, después de tres semanas de noviazgo jamás pensaste que tu primera vez en su casa iba a ser algo parecido, pero no pones detalles en la decoración, ni siquiera criticas las horribles figuras de porcelana que adornan algunos estantes y que en otras circunstancias habrían sido el blanco de una sisañosa carrilla, el compas de las caderas y la bata te tienen por completo hipnotizado, parece que a final de cuentas dios existe y escucho tus ruegos esta noche, ¡tómala por culo Nietzche!.

Cambias los fusibles, desafiando a la poderosa electricidad, la luz regresa por todas las habitaciones de la casa, tu novia sonríe y te pregunta…

- ¿Cuánto le debo señor?...

- Pues unos 300 pesos…

- Hijoles, no tengo tanto dinero…

- Si quiere nos arreglamos de otra forma…

Besos, besos, besos, en lucha, con fuerza, uno contra el otro, contra las paredes, la puerta del cuarto contiguo se abre y la levantas, ella te abraza con las piernas y en menos de lo que te das cuenta están rendidos al instinto, en el fondo de la habitación un escritorio te grita con fuerza: por aquí, aquí…

Diez minutos después la puerta que se azota, rompiendo el encanto, revela a un caballero bastante encabronado, cuya mirada clava todo el contenido asesino en tu persona, piensas muchas cosas, se te escapa una risita nerviosa incluso, buscas las palabras adecuadas pero ¿Qué puedes decir en un momento como ese?...

· ¡Ciérrale pinche pervertido!

· ¿Qué no le enseñaron a tocar?

· ¿Me permite un segundo?, ya voy a acabar…

Te cruzan muchas cosas por la cabeza, tu vida pasa en segundos frente a tus ojos, pero tres palabras se imponen, tres palabras que las gobiernan a todas…

Ya

Valió

Verga

Tu suegro se lanza contra ti, tres pasos (o intentos por que los pantalones en los tobillos hacen más difícil la maniobra) hacia atrás y por alguna extraña razón se detiene, contempla tu pene que lo señala como dedo acusador, lo que solo acrecentó más su ira, me cae de madres que puedes ver como eleva su ki, está a punto de alcanzar el nivel sayan 4 y tú estás a punto de convertirte en eunuco.

Ya no tienes alternativa, corres y te quitas a puntapiés los zapatos y dejas atrás el pantalón, tu novia en un acto heroico se interpone entre el futuro asesino y tu corres y atraviesas la sala que como era de esperarse está llena de gente, pero no te detienes, te miran azorados mientras al pasar entre ellos solo atinas a decir…

- Con permiso, buenas noches…

Y ahí empieza la carrera más angustiante de tu vida, tres cuadras corriendo desnudo de la cintura para abajo, ni siquiera las filosas piedras del asfalto son capaces de detenerte, flash se quedo pendejo a lado tuyo, afortunadamente no se te atravesó una patrulla en el camino, o hubieras tenido que fingir que escapabas del vampiro fronterizo que intentaba violarte.

En casa al fin, no traes llaves, pooooota madre… ni modo de tocar, mientras escalas hacia la ventana entiendes a la perfección lo que significa el concepto de aire polaco.

Al fin en la recamara, con las rodillas raspadas y el corazón a punto de abrirte literalmente un boquete en el pecho, te tumbas en la cama exhausto a contemplar el techo y descansar un poco, hoy vivirás, por casa de tu novia es mejor no volver a aparecer, cierras los ojos, cuando de la nada un dolor punzante te atraviesa en el área de los testículos, gritas y te incorporas para saber cuál es la causa, aterrado observas como el gato te clava las uñas, sin piedad, profieres un estruendoso chirrido, mientras piensas, ya valió verga, ora sí.

Zero.
Blogalaxia