sábado, 10 de abril de 2010

Vale más un café








Cuando llegué al cuarto aventé la llave y la libreta sobre la mesa blanca con logos de coca-cola. Entré al baño y abrí una llave del lavabo. Con ambas manos me aventaba agua en la cara. Levanté la mirada. El espejo estaba repleto de esas diminutas manchas de pasta dental. Mis ojos atravesaron las manchas hasta chocar con mi cara. La frente grasosa; las gotas se deslizaban hasta llega a mi barba de ralos pelos para saltar y estrellarse contra el lavabo. La llave seguía abierta; el agua salpicando mi playera y el sonido del líquido me hicieron regresar el casette hasta el momento en que ese chorro tibio y color caramelo oscuro bañaba mi cara.

Los estúpidos creyentes de los horóscopos y demás basura esotérica dirán que poseo algún tipo de poder sobrenatural cuando les asegure que hoy, en el momento que lo vi entrar por el marco de la puerta con ese caminar encorvado, en pelo largo y los ojos huidizos, supe que el día de mi venganza estaba cerca. Que mi mal humor se iría para siempre.

Llegué al Acólito por causalidad. Esa tarde caminaba sin rumbo por Ezequiel Montes cuando vi las nalgas de Edna afuera del local. Me gustó el lugar: todos los muebles estaban hechos de madera antigua, la decoración era publicidad de los 20´s y era pequeño y acogedor. Sería mi santuario de inspiración y de creación de allí en adelante. Cargaba libreta y lápiz todos los días, y pasaba largos ratos tomando café sobre la coja; el nombre con que bauticé a la silla que ocupaba.

Otro día más. Ocho horas sirviendo café maricón y bísquets con mantequilla en este lugar ranchero e hipócrita. Ocho horas de pie ante un mostrador enmarcado en cuatro paredes donde lo tradicional es sinónimo de cursilería: los mochos queretanos que tengo por jefes no se conformaron con hacerme vestir como sirvienta de monjas amargadas, también “adornan” sus paredes con cuadros del siglo pasado. Ocho horas de estar aguantando escritorcillos y burócratas calienta-asientos que sólo vienen a engrosar la grasa acumulada en su cintura, a leer el periódico o a retacarse de café corriente en una falsa búsqueda de inspiración. Ocho horas que no debiera estar viviendo: la paga es mala y las propinas casi inexistentes.

Si acaso tengo un respiro es cuando los clientes vuelven de donde no debieran haber salido; esto casi siempre ocurre a las 4 de la tarde, cuando se reinicia el horario de oficina. Pero eso no ocurrirá hoy. De nuevo en aquella mesa pegada a la puerta está el mirón que se cree poeta acariciándose sugestivamente los pocos y desordenados pelos que le salen en la cara. Suele venir por las tardes y consumir cuanto café descafeinado puede, mientras escribe poemas o dibuja formas pornográficas en su pequeña libreta de piel. Sé que esto es lo que hace ya que hace algunos días, mientras fue al baño, espié su “creación literaria” y puedo asegurar que Arjona tiene más calidad.

Sufría crisis de ideas constantemente. Trataba de que todo lo que me rodeaba invadiera mi ser para crear mi poesía. Me reusaba a asistir a uno de esos talleres de la ciudad; un poeta no puede ser creado. Tal vez cuentistas o novelistas, pero un poeta no. La poesía es literatura en su estado más puro. La poesía tiene que nacer del propio ser. Pero a veces la cadencia no surgía y comenzaba a tambalearme de un lado a otro sobre la coja, golpeaba la mesa con el lápiz o movía la pierna derecha como si un french poodle cogiera con mi tobillo. La inspiración no llegaba por más que Edna, mi musa, se contorneara con ese trajecito negro con delantal y diadema blancos. Me encantaba verle las nalgas cuando se acercaba a las otras mesas a ofrecer café e inclinarse. Incluso cuando la observaba en esa posición tan sugerente, apuraba el café sorbiéndolo como si me estuviera empinando un plato de sopa, para que Edna se diera cuenta y se acercara a mi mesa.

La calidad de los escritos del poetito me importa tanto como los métodos de reproducción de las zarigüeyas africanas, sin embargo, su manera de tomar café está a punto de mandarme al manicomio. No existe lugar en esta minúscula cafetería en la que no se escuche su slurppp seguido de un ahhhh. Al poetito no le enseñaron buenas costumbres, ya que toma a sorbos cualquier líquido, sin importar la temperatura o consistencia del mismo. No sé si su sorbetitis me tiene obsesionada, ya que puedo jurar que escucho cómo succiona su propia saliva apenas levanta su brazo con la taza de café. Como si no fuera suficiente con los ahhhs y slurpss, el cabrón tomó como favorita la única silla coja de la mesa y suele balancearse sobre ella. Neuronas de mi cerebro mueren con cada taka-taka de madera contra madera provocado con el movimiento oscilatorio del poetito. Nada me quita la idea de que el individuo es un degenerado sexual a pesar de su pinta de estúpido inofensivo. Que su reiteración de slurpss y taka-taka aunado esa manía de no quedarse quieto, no son más que una fijación obscena relacionada al sexo.

Cuando Edna se acercó a la mesa, preguntó si deseaba más café; yo asentí con la cabeza, pues ni siquiera la miré a los ojos por ver su cintura. Mientras Edna me servía, mi ojos resbalaban por sus nalgas; después por las piernas cubiertas por unas medias, que cubrían una piel más sedosa y fina que las propias medias; mis ojos cayeron rendidos a sus pies apretados dentro de unos zapatos negros que sólo utilizaría una vieja. Todo fue como un rápido escaneo; porque Edna aún me servía cuando mi brazo izquierdo se puso tieso y tembloroso como un pene a la altura de sus nalgas. Estuve a punto de tocar ese glorioso trasero, pero al terminar de llenar la tasa Edna se dio cuenta de la mano palpitante detrás de ella. Edna tiró un manotazo primero, después me empujó y caí por culpa de la coja. En mi caída me llevé conmigo el mantel, la tasa recién servida, que me cayó en los testículos, y mi libreta a un lado. Ya estando en el piso Edna me chorreó: me vació la cafetera en la cara y la playera. Por un momento sentí que me ahogaba al sentir todo el chorro en la boca, pero lo peor de todo es que mi libreta también salió dañada: mis hermosos poemas habían quedado liquidados. Me levanté tomando la libreta y salí corriendo. Edna todavía me grito desde la puerta: “¡no te vayas sin pagar, cabrón!”.

Acerté al mirarlo de reojo mientras le servía más descafeinado. Por mi mente no pasaron despidos o demandas, la mía fue una reacción natural al ver mi decencia amenazada. Juro que la caída al suelo del poetito por la cachetada que le di no fue intencional. Pero al verlo ahí tirado, indefenso y asustado cual perro medio-atropellado, no pensé dos veces el vaciarle la cafetera en su rostro. El café estaba tibio, ideal para la gentuza impeda que visita este lugar y en correspondencia a las propinas que suelen dejar. Debo confesar que aunque hubiera estado caliente se lo hubiera derramado. Y es que con cada chorro vertido, todo el fastidio y enfado que cada slurp y taka-taka me habían ocasionado quedaron atrás.

Cerré la llave del lavabo. Me quité la playera y me sequé la cara. Me acerqué a la mesa y hojeé mi libreta. Mis poemas diluidos en manchas de café. Mi obra perdida por unas insípidas nalgas.

Ahora sé que es mejor una jarra de café para calmar el mal humor que una botella de tequila.

8 comentarios:

Rox dijo...

Sí, son dos autores: el invitado me mandó su escrito por mail y se me ocurrió hacer la contraparte del texto acorde al tema.

Creo que es clarísima cuál cacho es la mía.

Juzgue usted si el invitado se comió mi escrito, snif.

elvis dijo...

Le faltó erotismo... las nalgas de Edna pueden dar para mucho más... por ai algún onanismo del poetucho finamente tratado... para futuras referencias les recomiendo chutarse íntegramente lo mejor del mil chistes (páginas centrales con mayor énfasis) y algunos números de sensacional de chambeadoras que encuentren rezagados en un puesto de revistas usadas (huelga recomendarles que al terminar de leer estos últimos desinfecten su manos con gel antibacterial y un chorrito de windex)... saludos!!!!

Anónimo dijo...

Que huevaaaaa...

Kuruni dijo...

A mi se me hizo curioso el ejercicio. Me gustó el final.

SeleniuxBR dijo...

a mi si me gusto....esta original el escrito

Anónimo dijo...

A mi lo que me dejo pendejo fueron los ojos de ese wey, no mames pinchis ojos resbalaban, atravesaban, caian ala verga con esos ojos... o seran quitapon como los del señor cara de papa?

Chias.

la toya jackson dijo...

¡¡¡MUERTE AL PUERCO JOTO LATINO!!!! (ulises axel)
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Anónimo dijo...

Man, really want to know how can you be that smart, lol...great read, thanks.

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