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domingo, 27 de diciembre de 2009

Rock sin Cafeína



I Té con Leche

Regresé de Nueva Zelanda con pocos artículos, no hubo mucho tiempo de empacar. Creí desde siempre que perder a mi padre sería algo insoportable, agónico. Pero allí estaba a punto de abordar, observando la pista de aterrizaje de soslayo, inmerso en algunos recuerdos y pasajes inconclusos. No había derramado ni siquiera una lágrima desde la llamada de mi hermana en plena madrugada. Me sentía descompuesto, inservible y expuesto a un invivible episodio. Al lado mío, en la sala de espera, había una pareja que se besaba amorosamente, y en un momento casi sincrónico, me daba una ternura escalofriante.

Llegué a la ciudad exhausto. Cumplimos los protocolos del óbito, y me dediqué a pensar algunos días cual sería el devenir de todo. Como era habitual, me estrujaba la necesidad de hacer música de forma incansable. Pasaba días enteros sin dormir, alimentándome de latas de atún con galletas saladas, acompañados de licuados gélidos de chocolate.

Sé que sonará extraño y hasta anacrónico, pero todo el tiempo tuve unas ganas incesantes de masturbarme. No pensando en aquella mujer idealizada y romántica que todo hombre lleva en sus chaquetas famélicas, sino recordaba el vaivén fatídico de las tetas de aquella sudcoreana que en una borrachera llena de excesos, injurié con drásticos empellones en el hemisferio sur.

Andar fastidiando con mujeres vacías, por lo regular deprime. Hay una tendencia misógina irreparable a quererlas abofetear después de hacer lo pertinente, pero ser filántropo es un cargo irrenunciable, así que tomé secuestrada las superfluas, clasemedieras e impersonales inmediaciones satelucas para resarcir mis ánimos perdidos.

Era suficiente hablar barbaridades derechistas, desabotonarme la camisa a medio pecho, y llenarme de colguijos, para hacerme paso entre alguna neófita atractiva, que bien se dejara impresionar con un poco de actitud 'roquera' y descafeinada. Por lo general me proponía hacerles el amor violentamente y si era posible denigrarlas un poco, que si con una mamada fuera de control en el coche, o frotando mi mano entre sus piernas en algún popero recinto. ¿Qué si soy un enfermo?, me detenía a pensar a veces, pero me justificaba mi calidad de artista, que me permitía promover la perversidad como un lujo, que solo pocos podíamos gozar a tope.


II Capuccino


Aún desconozco qué provocación divina propiné al cosmos, y conocí a Emilia. La primer característica de una perra verdadera es tener un nombre de monja sublimada, de recato, que imaginas remata con un escapulario escondido entre unos prominentes senos reprimidos. Es imposible impedir pensar que entre sus habilidades están el piano y una educación ecuestre bien fundada, así como un francés impecable. Pero yo olvidaba cualquier discurso de sofisticación inculcado, para centrarme en ésa silueta que me provocaba un júbilo y una efervescencia erótica, pasando a segundo plano mis desazonadas aventuras y amasiatos espurios y de poca monta.

Emilia era divina antes de todo, usaba un acento que me embelesaba por completo. Tenía diecinueve años, pero en aquel entonces no me parecía que haya tenido más de dieciséis, quizá por la suavidad de su figura, la profundidad de sus ojos verdes, o quizá por aquellos besos tiernos y transparentes que aprisiono en la memoria cual filibustero de niñas buenas.

Recuerdo haber estrenado sus encantos, en la tibia intimidad de la ausencia paternal un sábado cualquiera. Llovía fuertemente, y la poca luz de una tarde nublada iluminaba aquellas nalgas magras, que enfilaban hacia arriba, mientras pasaba mis dedos por el contorno de su espalda. Cuando se montaba a horcajadas y hacía un gesto lindísimo como quien conoce algo tan prohibido como exquisito, no podía evitar sonreír emocionado por la primicia; el retozar casi melódico de aquellas tetas escondía de tu alcance mis sentimientos verdaderos.

En el parque frente a mi ventana, había días donde esperaba horas esperando a que aparecieras, para bajar corriendo a sorprenderte.


III Espresso Doble

Sin embargo, algo faltaba. Uno puede remediarse la vida con artículos de lujo, como Emilia. Pero hay un momento irremediable y lleno de sinceridad, cuando sabemos que seguir en la autocomplacencia y el olvido de lo esencial, es únicamente cavar nuestra tumba más y más hondo, en episodios fantásticos.

El autoengaño es deplorable, como cuando evitaba escuchar sus canciones de pop mal logrado en el auto, o cuando criticaba mi oficio sin dividendos, mi música, y hasta aquellas noches que pasaba en vela remediando unos acordes.

Un día despierto, para alcanzar a ver por la ventana como salías en aquél auto, el mismo día de tu cumpleaños, acompañado de un sateluco infame. Me recorrió un escalofrío que culminó en un instantáneo dolor estomacal. Pasé el día escuchando algunos discos viejos, y recordando bajo la intimidad de mi habitación, la historia a la que me aferré, y que pudo ser tan retráctil.

Fué tan vil, que me enteré de tu abandono por la red social feisbuk, cuando subías a la red tu nueva relación, y aquél galán insulso y fan de Luis Miguel, comentaba en tus lindas fotografías mojigateces abominables.

Y ése mismo día huí hacia el norte.

lunes, 21 de diciembre de 2009

No puedo deshacerme de la humedad de tu recuerdo...



Aún recuerdo el prístino olor de tu perfume. Pensar que nos conocimos en un restaurant de comida peruana, es aún para mí conmovedor. Te veías preciosa y me sonreíste mientras me pasabas un limón que no era realmente un limón, sino una lima. Dentro de mi frivolidad crónica, me parecía lindísimo que estudiaras arte y hablaras un poco de español, o qué tal tu estatura casi perfecta apenas unos centímetros menor a la mía, y tu complexión delgada y fina. Nunca fui bueno para el francés, pero en inglés la llevábamos bien. Te hice reír mucho y no sé como, quizá era mi acento; mi simpatía me hizo acreedor a un 'tur' guiado al día siguiente.

Regresé compungido, pero al menos quedamos de vernos al día siguiente. Mi viaje era corto, y ya me quedaban pocos días. Con los año reconozco que no dormí aquella noche, imaginaba el color de tus pezones y recreaba aquél francés que se te resbalaba de cuando en cuando.

El día siguiente fue espléndido en todos los sentidos. Había muy poco hielo por las calles, y mucho sol. Recorrimos gran parte de la ciudad a pie; al principio fue extraño, pero me embobaba tu risa y tu sencillez, parecía todo ser tan fácil a tu lado... creo que nunca había sonreído tanto en un solo día. Me sentía brioso y a veces hasta desconsolado, creo que lo efímero de verte bajo el sol que no salía hace días, y tomarte de la mano bajo aquellos árboles de hojas secas, me producía una melancolía indescriptible, y a la vez una erección irrenunciable.

Por la tarde pasamos a tu departamento y por fin hicimos el amor, había mucha luz aún, y así me grabé todo tu cuerpo en la memoria con tanta facilidad. Tenías unos gemidos tenues y me lacerabas la espalda con tus dedos apretándome cada vez, y la temperatura de tu cuerpo era ideal. Recuerdo que pasamos parte de la noche en un estado casi catatónico, lo más cercano un placer no-terrenal.

Por la noche saliste al bar donde eras 'bartender'. Te veía como quien se encuentra en shock, como quien se encuentra con la vida de un golpe, y se fascina con las flor más bella de su jardín. Cuando regresamos, secretamente conté el dinero que me quedaba, y esperaba al día siguiente para sacar lo que fuere necesario y no regresar a México.

Pasaron días fascinantes, en un vaivén envidiable entre la catársis de tu cuerpo y aquél invierno que no alcancé a ver huir por completo.

Y a veces así, desde hace ya muchos años y noches, me levanto lamentándome de haberme ido, sin los güevos de quedarme o de robarte, y con los calzones mojados que de cuando en cuando tu recuerdo me extravían.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Las Putas Agradables




Siempre he sentido un afecto personalísimo por las putas de profesión. Hay una inercia espléndida entre marmaja y muerte chiquita que me sigue cautivando, y quizá muy en el fondo, causándome envidia. Una envidia conceptual, quizá corrupta. Uno se prostituye de formas diversas en ésta pinche vida, pero nunca por causas tan nobles como aliviar a espasmos vigorosos y bien remunerados, el libido de otros.

Sí, prestar la nalga a precio convenido suena envidiable, hay cosas mejores aún. Uno se olvida pronto de la mentecatería de estar vivo, en el tercer mundo, y ya peor aún, jodido. A pesar de encontrar razones suficientes para aplicar la mandaverguez(sic) de ideales, uno incluso se asocia y reproduce, para rematar jugando a la moral y a la seriedad, agonía de la edad adulta. Encuentro cada minuto razones suficientes para dedicarme a la fanfarronería, los tragos, la opulencia y la auto-complacencia, de manera irrevocable, e irremediablemente con miras fúnebres. Porque hay momentos donde es preciso patear embarazadas y cagarse en la vía pública, porque ser incorrecto es de lo más correcto cuando nada parece tener sentido.

Y lo mejor de todo, es ser un cocainómano irredento y gastarse en juergas estridentes dinero a raudales, usar y vivir un tórrido romance con alguna rica excéntrica y despampanante a quien le concedemos cualquier clase de capricho sexual en una habtación de lujo, riéndonos de la vida entre "coke", sábanas suaves y botellas de champaigne que quizá derramemos en sus comisuras para, con la mandíbula torcida, recorrerlas y secarlas. Y reírnos una vez más.

No ha cambiado la vida, pero me divierte reabrir Diablo Guardián para saber que debí haber sido una puta cocainómana, incorregible. Y que me caen bien las putas.

sábado, 14 de noviembre de 2009

El Departamento de la Confusión



Hay veces que nos confundimos por pendejos, por distracciones, por desgano. Realmente encontraremos pocas ocasiones donde haya una intención directa de confundirnos. Pero yo soy ferviente admirador de la teoría que en éste país existe un sistema concreto de distracción y confusión de ciudadanos. Y dirán algunos mochos derechistas que soy un chavista-lopezobradorista descanicado (sic), viendo moros con tranchetes. Yo lo aseguro, no sé concretamente cómo, hay un departamento de estado sin nombre dedicado a hacernos güeyes.

Les platico: desde mis años mozos, ya iba yo demostrando habilidades para la vagancia y el embauque, habilidades que, unos llamarán defectos, pero que independientemente de su clasificación me han venido acompañando irremediablemente, hasta el punto donde decidí vivir de ellos. Hay quien me puede llamar vividor, pero me gusta más los que me llaman embaucador, porque hay diferencias sustanciales y concretas: el embaucador hace uso de la razón, la aritmética simple y una que otra operación algebraica, así como de google y elementos subjetivos para su existencia, mientras el vividor encuentra una sola fuente para mantenerse. Me ando desviando por cierto. Retomando, en aquellos años ya me daba por platicar imbecilidades con cualquiera que se dejaba profetizar. A mí me gusta pensar que recolecto opiniones, sí alguien se ha dado cuenta, a todo mundo interrogo, y espero sus opiniones más certeras en todos lados. Es mi forma natural de hacerme de información privilegiada; uno obtiene más en una buena plática que por algún otro canal formal.Y desde siempre he privilegiado el canal de la plática, la chorcha y la tertulia. Por eso me molesta muchísimo hablar por teléfono cualquier asunto que tome más de tres minutos platicar. Es impráctico, costoso, y poco placentero.

En aquellas pláticas asombrosas con taxistas, limpiadores, ejecutivos, panaderos, tenderos, empleados, empresarios, luchadores, prostitutas, árbitros, médicos, abogados, proxenetas, políticos y clientes, me he dado cuenta de que ése departamento de estado, realmente existe, y es completamente eficaz. Y es que no hay tendencias, en realidad todos queremos lo mismo, con algunas pequeñas diferencias, que los colores partidistas y las supuestas izquierdas y derechas, centros y demás divisiones, sólo acrecentan. Lo que sí encuentro es una excelente labor de confusión, del estado.

Y es que es fácil confundir. Y la televisión es un aparato perfecto, embriagador. Aquél 24 horas que todos recordamos, una institución de la transformación oficial, de la línea, del control ciudadano, se ha transformado en un sistema enorme y diversificado, pendiente, astuto, lleno de aliados, privilegiado de presupuesto, de concesiones, de poder. Y es que en éste país no habría un boicot más interesante que el que le debiéramos poner a los medios, por mentecatearnos a cada instante, por la irresponsabilidad de informar barbaridades.

En un país de confundidos y religiosos va a ser difícil cambiar algo.

lunes, 19 de octubre de 2009

¿A quién vender?



Ojalá todo se redujera a vender la patria. En el mundo de los mortales (y de los que leen éste blog), vender la patria es algo tan lejano como el acto elastiquisimo (sic) de chuparnos el pito. Por más que el acto mercantil fuere tan sofisticado como privatizar, desmembrar o aniquilar para-estatales y dependencias, eficientes o no, ó fuere un acto vulgar como hacer un fraude electoral, vender el sesenta por ciento del territorio nacional, y ni siquiera cobrarlo bien.

La verdadera historia es que ningún mercachifle ha sido capaz de vender la patria, para bien o para mal. Y creo que en el evento de tener que tirar un poco de lastre, a cambio de algo (lo que sea), hay muchas más cosas qué vender:

Correligionarios del Yunque y demás asociaciones puritanas : En éste país debemos, por risible que suene, satanizar desde la base a la religión. Somos un país de drogadictos y narcotraficantes, qué más da. Hay que injuriar los símbolos eclesiásticos, y desmembrar la estructura violenta del Yunque en nuestro país.

Sinaloa: Éste es un caso más complejo que el anterior. Pero hay que advertir que Sinaloa y toda la cultura sinaloense gira a través de la aspiración a ser mafioso y decadente. Cáncer que al parecer se ha recrudecido en otros estados como Chihuahua. Lo complicado en éste caso, es que no se está teniendo una solución concreta, ya que se está garantizando la insolvencia moral venidera del estado y sus habitantes a través de la poca participación preventiva en éste aspecto. Un estado donde los niños pequeños quieren ser narcotraficantes de grandes, implica problemas graves a posteriori.

Falsa Izquierda : Esto incluye a casi todo el PRD actual. Un partido político de poca monta, que ha cambiado de ser una opción política viable, no por su organización o diligencia, sino por la poca viabilidad de los demás partidos. Tuvo un par de ocasiones históricas desperdiciadas, y hoy por hoy, funge, y fungirá de no haber cambios sustanciales, como la comparsa política del nuevo siglo, bloqueando a la verdadera izquierda a quien le urge, cual olla de presión sin salida, regular la presión interna que en éste país crece cada día.

Pienso que de éstas tres entidades deberíamos deshacernos lo antes posible. Pueden desmembrar, y sacar de cauce los verdaderos sueños de éste país. Los sueños tuyos y míos, amigo progresista, modernista y nacionalista a la vez.

Yo aún intento desde mi trinchera defender mi patria. Desde ésta esquina verdaderamente revolcada, tan cerca de negarme a hacerlo e irme a vivir a Chula Vista; tan cerca de la mediocridad per se de mi generación perdida, sin empleo y sin mayor misión colectiva que coger como conejos y embriagar como cosacos. Yo aún pienso que hay que tomar riendas en la medida de cada una, pero en la proporción de todos.

lunes, 5 de octubre de 2009

Aniversarios Reprobables y sus Costos:





200 Años de la Independencia de México - 600 millones de dólares
Aniversarios de bodas de parejas que ya no tienen sexo - Sin gastos
Cualquier aniversario tijuanense - 15 millones de pesos con Alejandro Fernández
Aniversarios del timo fiscal llamado Teletón - 440 millones de pesos
Aniversarios de empresas que nos meten el fierro (ej. Cemex, Monte de Piedad, Banamex) - 1 millón de pesos en publicidad, a cambio del placer de restregárnoslo.
Aniversario del Movimiento de 1968 - El costo de escuchar retóricas impertinentes de políticos en torno al pasado.

lunes, 14 de septiembre de 2009

A que no sabíaN



Les voy a decir unas cuantas cosas del algunos del colectivo recolectivo que quizá no sepan. De sus integrantes, de mis percepciones y demás información prescindible para alimentar su procrastinación de lunes en la mañana ó domingo muy tarde.

Guffo es pocamadre. Lo conocí en Monterrey y ama locamente a su mujer. Si yo fuera hembra, dejaría que me fornicara intensamente sobre algún lugar exótico, y más importantemente, que me hiciera el amor con ése bigote de bandolero del amor. Sí ustedes lo leen, y no lo conocen, y aún así aman sus dibujos y sus redacciones de quimeras suaves, en vivo no tiene nada de mala leche. Espero el momento en que visite tierras del noroeste para invitarlo a beber vinos de la localidad, a comer langostas del Pacífico, y a conocer escenarios podridos locales de ínfima diversión nocturna.

Manuel es una persona odiosa. Un ex decadente. Sin embargo en la vida somos socios e incluso tenemos una cuenta mancomunada en banorte, de la cual solo podemos cobrar cheques contra firma consensuada de ambos. Es más romántico que ojete, y a veces es tan artístico que se sale del contexto natural de la vida misma. Ama los bosques, la comida sana (háganme el puto favor), y a pesar de que lo lean renegado, paga $250 pesos por cortes de pelo a la moda. Ah, y cada miércoles lo veo en la sala riéndose de los comentarios de su anónimo stalker.

Borregata es claramente más inteligente y culta que su guey, pero claramente se deja ganar para no verse en aprietos de egos. Es simpática, y más cuando bebe hasta el punto de no regreso donde entra en un proceso contracíclico de elucidaciones de peda y puede convertirse en un torbellino de intelectualidad emborrachada. Lo más importante es que maneja en todas las demás ocasiones un gusto refinado, y una presencia agradable y a veces imperceptible, que me hace pensarla como un vestido negro de Chanel o como el tronido de una botella de vino tinto recién destapado. Qué poético.

Y de mí, solo puedo revelar que pasé la infancia entera degustando mis propios mocos, so pena de una cachetada entera de mi madre cuando me cachaba.

lunes, 24 de agosto de 2009

Para tí Clasemediero



(Hoy me voy a pasar el tema semanal por el arco del triunfo, so pena de expulsión o carta administrativa del colectivo)



En estos momentos debo andar cumpliendo dos días sin fumar, lo que hace sumamente complicada la escritura de éste post. Mi amigo inseparable, el cigarro, tendrá que irse para siempre, debido a complicaciones de urgencia médica de su servidor y escritor de ésta gaceta incendiaria que se publica los días domingo o los lunes muy temprano. Aunado a éste de por sí tortuoso acontecimiento, ahora también me apego a una dieta estricta capaz de convertir a cualquier cristiano rebosante, en un pordiosero famélico.

Para aquellos que osen llamarme por teléfono en el transcurso de ésta semana que inicia hoy bello domingo, y hasta la próxima y requete-próxima semana, temo decirles que me encontraré en estado de irritabilidad esporádica, debido a mis convalecencias, y a mí recién forzada renuncia de uno de mis vicios natos, ya que decía mi madre que en el parto, ya cargaba bajo el brazo un paquetito de camellos.

Mientras yo escribo mis estupideces, acerca de mi última batalla contra la nicotina, y mientras ustedes seguramente, somnolientos están en sus aposentos laborales esperando la hora de comer, la agenda nacional se rebana entres o cuatro pedazos al mismo tiempo. Y eso, por escoger un número azaroso, y poco dramático. ¡Nos está llevando la chingada!, anuncio a todos y cada uno de mis compatriotas, camaradas y amigos, por igual, en la cola de las tortillas, en la fila del banco, por teléfono, por vías electrónicas y hasta por twitter (arcaico modelo de red social, que irónicamente cada vez emula ser más y más novedoso). La vida maravillosa me ha rodeado de gentiles personalidades e intelectuales, que bien no sirven para mucho en el porvenir de ésta nación, pero parecen escucharme cuando les detallo con mis cortos dedos las amenazas y los pobres resultados que en todos los sentidos está entregándonos ésta nación. Esto, salvo unos cuantas amistades necias, que aún hoy, hacen cara de desapruebo, y gesto de nobles venidos a menos, y con calma me repiten la perorata mediática, impulsándome a punta de bruscos improperios, y necias argumentaciones, a su secta maldita de clasemedieros satisfechos.

Sí, tú. Clasemediero y clasemediera bonita que comes tres veces al día, y que tienes dieta de alto contenido proteíco y grasoso, por favor, comienza a valorar que en éste país necesitamos que utilices todas esas calorías que el campo y ganadería mexicanos hemos invertido en tu engordamiento, y probablemente, con los años, invirtamos en tu rehabilitación y hasta sepelio, en que utilices ése órgano olvidado, en analizar el devenir colectivo.

Por el momento, quisiera hacer una lista de la mediocridad punitiva de algunas frases ya recurrentes, de aquellos crudos de votar en 2006, o

La crisis es mundial.
Recuerdo cada vez que escucho ésta frase, aquél refrán: "Problema de muchos, remedio de tontos". ¿Ustedes creen que la crisis es mundial? Entonces seguramente nuestro modelo está muy bien, tan bien, que seamos el país de América Latina que está sufriendo los peores estragos de la crisis.

El presidente está enfrentando al narco.
El presidente se está haciendo pendejo a falta de un programa concreto para goberanar y reformar la nación. El presidente está demasiado comprometido con los grandes evasores de impuestos, y con los ricos. El programa económico de Calderón es: socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.

Hay que pagar impuestos parejo.
Ésta es una frase temeraria, y ahí es cuando recuerdo otro refrán bonito: "No hay nada peor que un pendejo con iniciativa". En México no hay impuestos parejos, y es la imbecilidad colectiva de los clasemedieros, de la que se aprovechan propuestas como gravar a los enfermos y a los hambrientos, en un intento de llevar un intento de nivelación fiscal, a oídos de tí, clasemediero bonito y pudiente, que pagas tenencia de auto nuevo. Los grandes corporativos, los ricos de verdad, difieren desde hace muchísimos años sus responsabilidades impositivas. Ellos financían campañas mediáticas a favor de quien proteja sus celestiales intereses.


El mexicano defiende que lo roben y lo ahorquen con tal de no sentirse naco.

Por favor, dejen de sentirse nacos. Tú clasemediero, y clasemediera bonita, seguramente, como todos los clasemedieros, sí hurgamos en generaciones atrás, somos parte de un proyecto de nación. Quizá tuvimos bisabuelos, abuelos, o padres jodidos. Que se beneficiaron y salieron adelante a través de políticas que hoy quedan cada vez más en el olvido, o instituciones como la UNAM, que educaron a generaciones sin recursos y puedieron darles una profesión. Ya deja de sentirte potentado, deja de argumentar estupideces. Hay 45 millones de mexicanos en la pobreza. Y nos vamos a ir todos directito al hoyo, sí no reaccionamos. Piensa. Lo que quieras, pero piensa.

Y dejen de fumar, es malo y produce problemas de erecciones.

lunes, 17 de agosto de 2009

El lujo de tenerte



La palabra lujo me provoca éxtasis. ¿Y a quién no?. Y a un pobre diablo como yo, o como tú, quizás, nos llegan de a poco, y peor aún, tenemos una lista de lujos por saciar.

Aún hoy, siento la necesidad de entrar a relojerías y probarme modelos ansiados, y cada vez que puedo, ése Tag Heuer Carrera de extensible de cuero, ó un maravilloso Officine Panerai. Sí a las viejas les excitan las bolsas, ¿por qué a mí no deben producirme el mismo efecto los relojes?. Pero, siendo sincero, tengo una lista de pequeños lujos , que son los que me mantienen vivo, y alejado de más relojes.

Ejecutar una rutina deportiva de lo que sea, lo suficientemente ardua para hacerme sudar, y dejarme esa sensación esperanzadora de volver a probar un trago de agua helada, e inmediatamente después tomar una ducha fría que me quite el aliento.

Levantarme a las once de la mañana, y tomarme un café perfectamente proporcionado, leer las noticias, despacio, aventarme las editoriales o hasta los reportajes multimedia.

Tomar una siesta en mi cama de espuma de Memory Foam justo después de comer, babear la almohada y despertar a las seis de la tarde.

Comer lentamente en un gran restaurant, acompañados de unos tragos hasta que se agote el sol, el dinero, o la buena plática.

Beber una cerveza helada en situaciones específicas: como primer alimento después de una noche desastrosa de copas, a las cinco de la mañana, después de una gran peda de Vodka, o tomando el sol en algún paradisiaco lugar.

Prender un cigarro post-orgásmico, post-buenacomida, y antes de tirarle una soga a Satanás.

Desperdiciar un domingo entero viendo programas de alto contenido chatarra, así como con grandes cantidades de comida a domicilio.

Y el mejor: recostarme a tu lado, y percibir tu olor, ése que me calma los nervios, y que dibujes miles de figuras en mi espalda hasta conciliar el sueño. Y encontrarte a mi lado a la mañana siguiente, y ver tu boca sonreír adornada del lunar aquél que tanto me encanta. Y entender que soy un pobre diablo con tanta suerte.

lunes, 10 de agosto de 2009

Lucky Pig



Me dio un ataque de ansiedad, de esos que acompañan mis crudas famélicas. Recuerdo que más joven tenía erecciones incontrolables a la mañana siguiente de beber mucho; las recuerdo melancólico y seguro de que mi nivel de triglicéridos me negó aquél bono matutino de cualquier borracho saludable. Primero, se me atora en el gañote una flema pegajosa y hasta sólida, que me incomoda hasta hacerme pensar que estoy al borde de la asfixia. Me asusto, me incorporo, y corro a buscar un vaso de agua fría que me refresque. Cierro la boca y comienzo a respirar por la nariz en un tono marcado, insufrible. Siento de nuevo la resequedad en mi traquea y repito la operación. Me asusta la asfixia.

Unas veces intento dormir, de soslayo y con la boca abierta. Es lo más rico, aunque el peso sobre mis hombros y cadera se vuelve insoportable llegado el mediodía, y me tiro boca arriba, sudoroso. Ahí recobro un poco la conciencia, y me pienso como una foca asoleada buscando alivio en el aire fresco. Me da hambre por ahí de las tres de la tarde. Me ducho en agua caliente, por lo regular toco mi estómago, el cual siento caliente, muy caliente. Cargo un mareo que me obliga a recargarme sobre el azulejo de la regadera, mientras intento alcanzar algunos recovecos de mi humanidad. Me seco, detallando cada parte de mi cuerpo. Antes me pesaba en la báscula, ahora la he pasado al desván, donde funciona mejor.

Me gusta pensar en aquél año, donde estábamos juntos, ¿ya?. Recuerdo perfectamente las regiones de tu cuerpo, una por una; podría dibujarlas de memoria si quisiera. Recuerdo el confort de tenerte, y la ternura que me provocaba ver la figura de tus hombros que quedaban justo frente a mis ojos. Desprenderme del calor de tus brazos, me propinaba una resaca inmediata, persistente, que aligerabas sonriendo aún dormida, exigiéndome dormir un poco más. Fue el año que gané la lotería ¿recuerdas?.

Aún tengo presente cuando te abrazaba justo después de la noticia, y me veías incrédula. Nos fundimos en un beso ambos llorando. Se me viene todo a la mente como un relámpago del cual solo queda el eco de un trueno lejanísimo. Me volví loco enseguida, y te volviste menos importante cada vez. Y me excitaba más comprar propiedades o hacer todo aquello que la retícula de mi medianez no me hubiera dejado imaginar. Y perdí los estribos con el peor de los gustos. Aún recuerdo la última vez que te vi, gritando histérica en aquel casino de Las Vegas (sigh). En la meca de la diversión para changos unineuronales hiper-financiados, creyéndome haberme ganado la lotería, encorsetado de mentiras mundanas. De la espectacular toxicidad de unas monedas cómplices.

Me escondo entre mis grasas de pena, para esconderme hasta de mí, porque comprendí que ver esos hombros afilados era el premio mayor, y ya era demasiado tarde.

lunes, 3 de agosto de 2009

Exfóliese usté



Cuando unos es joven, flaco, puntiagudo, poco carismático y experimentado, tomamos decisiones dramáticas. Yo decidí ser empresario a los 17. Qué estupidez. De haber sabido la verdad hubiera elegido ser dentista como mi padre, y poner implantes sobre-preciados, trabajar poquito y jugar al feisbuk y a geekear en internet de banda ancha esperando mi próxima cita. Tengo sueños lujuriosos con un consultorio lleno de elementos auto complacientes: un Playstation, un Xbox, y un Guitar Hero; un sillón de auto-masaje electrónico; una Macbook Pro; una televisión de Wide-Screen LCD; dos millares de CD's y suscripciones a Netflix y Gamefly. Todos para hacer antesala de mi próxima

Recuerdo mi primera suscripción de Expansión, con la que pasaba horas tratando de entender tanta pendejada, cifras millonarias inconmensurables, terminología gringa de extrema clase. Esos párrafos impenetrables, que leía después de una chaqueta adolescente con cargo de conciencia, resaltaban mi torpeza y lejanía de ser, años después, alguno de los jocks incandescentes de la portada.

Nunca le hice mucho al sortilegio. Sólo le aposté a ésta vida con el ingenio de un niño que le exigen decidir, a veces antes de su primer palo, la vida entera, ayudado de dos, tres subjetividades de la abuelita que te dice que eres bueno pa los dineros, o peor aún, instado por las insatisfacciones paternales subyacentes que te quieren ver del médico que no fuiste, o titulado de la carrera que nunca terminó. Cumpliendo sueños de otros.

Yo puedo decir que decidí ser empresario cuando vi una portada de esa revista maldita en el Sanborn's de la calle décima, local chilanguísimo y único en la Tijuana de los noventas, donde mi padre se iba a leer las revistas en sus tiempos libres entre cita y cita, donde vi a un güey bien-parecidísimo vestido de tacuche con cara de éxito y una corbata finísima, haciendo cara de "todos me la pelan". Ahí me dejé llevar, truncando mis sueños infantiles de muchos años de ser astronauta, auspiciados por mi primer telescopio, y una sarta de libros de astronomía que mi padre me compraba.

Nacer en un país frijolero, de privilegios y privilegiados, de inequidad y de injusticia, de una derecha que no es derecha, es el paisaje de aquella portada que nunca vi. En tiempos muy bruscos, me arrepiento sin saberlo pensando en aquel consultorio ultra-equipado, y qué tan bien me vería con una impecable y pulcra filipina blanca con mi nombre bordado. Otros días, los más, me veo en esa portada. Son los días cuando sé que arrepentirse es miedo, es pánico reprimido, es el recurso más melancólico para exfoliarnos en la sala de masajes de la vida.

lunes, 20 de julio de 2009

Venganzas Decentes




El espectro político nacional es más que escalofriante. Me pregunto sí la venganza política-electoral con el enaltecimiento del partido revolucionario, en realidad nos hará justicia. Hoy, algunos años después del cambio de color ( y sí, solo de color) en el ejecutivo, parece desvanecerse ese azul delicado, que a gritos y pisotones de tepocatas de aquél mandatario incorregible, quería pintarnos de fuerte y promisorio.

Hoy el partido de la guerra contra el narco, ha firmado la renuncia. Se ve la desesperación en sus actos, en los estados que acorrala, en las bestialidades que responde, y por último, en los ojos y las canas del espurio. Las curules están dadas, y con ellas el frenón colectivo de cualquier iniciativa truculenta más. God Bless.

Por otro lado, ya juegan a la victoria la Gaviota, el candidato oficial de la telera, y por supuesto Televisa. Visité Toluca hace unos meses, y vi muchísima obra pública. Un juicio bastante barato para juzgar el desempeño de un gobernador. Sin embargo, bastante certero para integrar una imagen pública de esfuerzo, y de no desvío de recursos. Ya casi un "cliché", pues.

Y en lo completamente real, a los electores nos queda corto el menú. Yo nunca he consentido la inclinación derechista absurda actual, ni la ingobernabilidad que, seamos sinceros, viene del más allá, tricolor. Tampoco consiento ver a Peña Nieto en el festival del día de las madres del canal 2, haciendo insufrible lo evidente.

A veces sueño mexicano, en revoluciones, en ingobernabilidad de la buena, de la del corazón. En que la sinrazón de ser movidos por los intereses de un puñado de pelajustanes, no es más grande que cien millones de agraviados ciudadanos. Me siento engañado con su IFE, y con sus guerras, y con mis pagos impuntuales de IETU que bien podría beberme en forma de botellas de Jägermeister.

¿Cómo me vengo yo, simple mortal empobrecido de un gobierno como éste?, ¿les escupo su escritorio?

Hace unos días pasaba por un bar de la calle Sonora, y veía una multitud en un partido de México. Gritando, mentando madres, vestidos de colores. Desde ya hace unos meses repruebo cualquier alegoría a la selección.

Pensaba en sí tuviéramos tantita pasión por lo demás. Por no tirar basura en la calle, y por no dar mordidas, y por pagar impuestos. Por manejar lo menos ebrio que se pueda (jaja), y lo más importante, por pensar, sí, pensar, aunque sea dos minutos al mes por algo más productivo que la tabla general de alguna copa que no ganaremos en lo deportivo. Por ser menos huevones y dejar de escuchar las peroratas de las televisoras, y por dejar de leer mis pendejadas post-adolescentes en recolectivo para abrir un pinche periódico y formar nuestros propios juicios, de aquellos temas que nos aquejan de verdad.

Me da tristeza de la buena, saberme parte de los cien millones de imbéciles a los que pertenezco. ¿A ti también?. La venganza comienza pensando.

lunes, 13 de julio de 2009

Tribulaciones Incendiarias




Garantizar la supervivencia moral se basa en no mirar hacia atrás ni hacia abajo. Máxima que se aprende viendo hacia abajo, y cayéndose, o viendo hacia atrás, y retardando el recorrido. Escalando y enamorándose puedo uno entender ambos aspectos con sencillez.

Por lo regular no me arrepiento de lo dicho ni de lo hecho. Cuando me recuesto en mi comodísima cama de dimensiones sobradas, duermo tranquilo. Mi sueño galopa cada día hasta aquello de las 8 de la mañana, y en los días nublados, quizá hasta las 9, sin interrupciones. Sin embargo, aquí pondré sin que sea necesario, cosas por las cuales cualquiera no dormiría.

1. No tener un chile enorme. Sé que hay penes enormes, no hay que hurgar más allá de una película porno inter-racial de aquellas que se traficaban entre las mochilas de secundaria, para saber qué queda fuera de nuestros límites. No imagino qué hubiera sido de mí cargando con 2 libras de aparato sexual por la vida, ni tampoco sí hubiera obtenido mejores calificaciones sexuales.

2. No ser alto. Tuve una novia que me dijo que para ella yo era casi perfecto, que sacaba 9.5 porque simplemente, no soy alto. ¿Dónde estriba el reto en ser alto o no? Lo mismo que guapo o no. En nada. Es solo una cuestión congénita. Por lo regular, la gente realmente alta que conozco, es realmente estúpida y torpe. Con una contadísima excepción de un amigo de mi vieja realmente simpático. Prefiero agilidad, portabilidad y desempeño.

3. Deber unos cuantos cientos de miles de pesos. Hace meses que me dejaron de llamar de American Express, y me sentí desconcertado, y, sinceramente, solo. Les llamé incluso, para ver cómo estaban, y sí habían reconsiderado acerca de su actitud de marcarme a las cinco de la mañana, para llamarme hijo de puta, come cuando hay, ratero y demás ovaciones. Cuando me dejaron de llamar Santander, Inbursa, y Banamex, meses después, sentí que quizá me habían olvidado para siempre, ó, en cambio, habían formado una alianza para secuestrarme. No ha pasado, y vivo tan feliz sin tarjetas de crédito. Pago con monedas y billetes como campesino después de la cosecha. Qué importa ya.

4. No tener dinero para comer. Sí alguno de ustedes ha estado en el embrollo de la bancarrota de lleno, sabrá lo culero que se siente no tener para comer. Quién no haya tenido sensaciones similares, no ha vivido. Y para mí, son unos pinches juniors. Pensar qué hubiera sido sí tuviera lana, ya es una cuestión demasiado absorbente, cuando en realidad estás pensando en comerte lo que queda de mayonesa con los dedos, acompañada de un crutón de ensalada.

5. No tener empleo. Creo que lo peor que puede tener uno, es un empleo formal, así bonito, con tu seguro de gastos médicos, tu horario, tus vacaciones, y tu meta semestral. Realmente es muy difícil para mí concebir ése esquema de nuevo. Me gusta trabajar en calzones, bañarme tarde, y tomar decisiones en shorts. La eficiencia no tiene nada qué ver con la puntualidad ni con la vestimenta.

Y así puedo seguir, pero tengo que cenar algo.

Recapitulando, el tema central es somos quienes somos. Los ejercicios del hubiera sólo me han servido para llorar, para sentirme pendejo, y tristemente, ajeno. La vida ya pasó, y sí tienes más de 12 años te darás cuenta que va pasando muy rápido. Que eres un chaparro, arrogante, mamón, empedernido, idealista de cajón, endeudado y obsoleto. Y que además, si hubiera sido, es porque nunca será.

domingo, 5 de julio de 2009

Ejercicios Cívicos



Hoy como buen ciudadano, me planté en mi casilla asignada en punto de las 12 del día. Esfuerzo mayor para cualquier crudo hedonista como yo, que más pensaba en desayunarme un caldo de mariscos o unos tacos de carnitas, que en quién iba a vivir de mis impuestos por tres añotes, con sueldo de padrote. La verdad no me incomoda mucho cuanto ganen, seamos realistas: el país puede pagar mucho más. Me incomodó mucho más ver la casilla vacía, y una sarta de seudo-ciudadanos y representantes de los partidos, que seguramente, doblaban el número de votantes.

Sufragé gustoso, me pusieron una tinta endeleble muy rebajada, situación que yo pienso que fué planeada por el OXXO para no darme el café gratuito que prometió a todos los votantes. Eso sí, me compré un Bon Ice de tres varos a un anoréxico vendedor ambulante, que se veía muy preocupado por la baja clientela, tan diferente a los pasados comicios.

De regreso a casa de mis padres, meditaba sobre el vale-verguismo colectivo, y realmente hasta podría entenderlo, pero no apoyarlo. Concuerdo que nuestra situación es innegablemente triste, en términos concretos de narco, crisis, seguridad y demás conceptos trillados. Lo que no acepto es un pueblo mediocre, desangelado, conforme. Chingado, un pueblo sin alma. Recuerdo las crisis de antes, y la cara de mi papá cuando los intereses hipotecarios se volvían impagables, y voltearme a ver con un gesto de Pedro Infante a punto de gritar: Torriiiiito. Recuerdo pasar todas las tardes de aquella crisis de 1994, en el consultorio de mi padre, leyendo y releyendo la revista Proceso, con ánimos de entender, de participar, de ser parte de esa crisis que en realidad no me incumbía. Ni me afectaba. Recuerdo una comunidad afectada, pero viva, dispuesta a progresar.

Hoy veo, además de poca participación, un conformismo que apesta a mierda. Un pueblo que ya no pretende indagar, sino aguantar. Cuando ciertos mamones hablan de revolución, de límites sociales, me río. En México nos hemos vuelto un pueblo de cobardes, de mediocres; unas mulas vitalicias. No es cuestión de política, ni de políticos. Es cuestión de corazón y de coraje.

Desde niño, me emociono mucho cuando llego al Zócalo. Aún me produce una emoción indescriptible. Sigo leyendo el proceso cuando me sobran 30 pesos, y sigo tratándole de encontrar solución al rompecabezas desde mi humilde trinchera. Sigo votando; no he fallado ni una vez, ni fallaré. Quizá todos se rían de esa democracia que pregono puede llegar, quizá sea un idealista que sólo llegará a ser un idealista veterano y derrotado. Pero aún tengo ganas de hacer lo único que está de mi lado: no cambiar el corazón por el hartazgo.

domingo, 28 de junio de 2009

Refranes Miserables: Contigo Pan y Cebolla.




Pablo y Lourdes vivían en un pequeño y deprimente departamento en la zona norte. Lourdes había estudiado filosofía y claramente llevaba meses sin trabajo. Trabajaba de meserá en un pequeño restaurante, actividad que no soportaba. Pablo, en cambio, tocaba en una banda, de esas qué persiguen llegar a su primer "demo", sin llegar nunca, variando su tendencia desde un claro metal, pasando por un sonido patético qué emula ser electrónico, hasta terminar (desesperados), en un franco intento de agradar a las masas. Obvio, esto último no era rentable.

La poca suerte de ambos no llegaba más allá de aquellos 500 varos semanales qué le rolaba la madre de Lourdes desde Michoacán.
Sólo ellos sabían lo difícil qué era vivir su amor. Pablo la veía ojerosa cada tarde des pues del trabajo, triste. Así, le ofreció recortar un poco más los gastos, buscar formas, todo con tal de que ella pudiera hacer lo que la hacía feliz: escribir.

Pablo pasaba los días vagando o ensayando con el grupo. Terminaban cada ensayo con una plática larga y densa, con muchas humaradas de mariguana, y con esa esperanza suicida de seguir su música. El hambre apretaba por debajo de la piel, y cada vez eran más miserables: alacena vacía, caminatas interminables a cambio de no gastar en autobuses, carencias y lo más importante: esperanzas marchitas. La emoción que los llevó a estar juntos para siempre, como repetían, se apagaba. Eran un par de autómatas de un precario sistema hecho para todos, pero menos para ellos, para ese par de amorosos incandescentes, revolucionarios, poetas.

Pablo por fin, a través de un buen amigo consiguió un trabajo. No cualquiera: consistía en pasar droga a Estados Unidos en una camioneta. Él estaría un poco menos expuesto, ya que no sería el conductor sino el copiloto de una Isuzu Rodeo '97. Hacerlo un par de veces por semana, representaba cerca de 500 dólares. Suficiente.

La trama comenzó con una reunión previa, en el multi-familiar panamericano. En un departamento en el tercer piso, donde los recibió un hombre de mediana edad, de pelo lacio, cortado a maquinazos para dejarlo evidentemente erizo. Era moreno, y tenía una camisa de "Los Padres", el equipo sandieguino de béisbol. Llegaron, y el amigo de Pablo lo saludó como si fueran grandes compadres, grandes pretéritos. Miró con desconfianza a Pablo, lo saludo muy tenue, observándolo. Prendió un cigarro, mientras apagaba la televisión que transmitía un programa de noticias. Hubo una plática entre ellos, hasta que un silencio prevaleció. Se miraron entre ellos, y pidieron claramente con el gesto, y con la dirección de la plática, que Pablo saliera unos segundos. Quién sabe qué acuerdos se hayan hecho dentro.

A la semana siguiente, hicieron el primer trabajo. Recogieron la camioneta en la colonia Libertad. Lista. Se instalaron cómodamente, y un hombre les dio instrucciones con mucha amabilidad. Les dijo que él cruzaría con ellos en otra línea, y les hablaría con el tiempo suficiente para que eligieran la línea correcta, aquella con el vista aduanal, que a ojo de buen cubero, se exhibiera como el menos arduo y minucioso en sus revisiones. También les habló de lo peor: una revisión secundaria probable, donde lo más importante eran los nervios. Para blindar aún más los errores, omitió decirles en qué parte del auto escondían los enervantes. Cruzaron, diligentemente y sin mayor problema. Ese mismo día recibió un adelanto de su primer pago: 150 dólares.

Regresó con rapidez al departamento, pensando en el camino cómo iba a explicar lo del dinero, pero quizá después de que fueran juntos al cine y a cenar. Quizá había muy poco que explicar y mucho qué hacer con ese dinero: pagar algunas cuentas pendientes, comprar comida y un pequeño lujo. Al cabo había más por delante. Le diría a Lourdes alguna mentira; que la banda había conseguido unas humildes fechas en un bar, o que de plano se lo había encontrado. No paraba de pensar en su cabello, y la caída tan finísima que siempre ha tenido en sus hombros. A verla sonreír una vez más, aunque sólo fuera por el efímero patrocinio de dinero fácil, pero qué importaba ya -pensaba -. Cuando llegó , recorrió la cortina de la entrada a su cuarto, y no había nadie. Encontró una nota:


Me siento miserable y sola, te lo he querido decir desde hace mucho, pero sé que en parte es culpa mía. No tengo dirección en la vida, y entenderás que esto es lo mejor. Te quiere, Lourdes.

domingo, 21 de junio de 2009

La Naturaleza /de/la/ Contradicción



Las contradicciones monopolizan nuestras acciones. A veces es simplemente aburrido pensar en que todo tenga lógica o sea completamente a nuestro antojo. Que las calles estén limpias, que las familias y las parejas sean felices, que no haya calentamiento global, ingobernabilidad, hambre, sed, putas, asesinos en series y casinos de apuestas. Me imagino leyendo el periódico en una utópica realidad llena de atribuciones fantasiosas. Pudiera pensar en encabezados como: México Gana El Mundial de Fútbol, Israel y Pakistán festejan en el Festival de Medio Oriente, o que Estados Unidos de clases de español obligatoriamente.

Tratamos de llevar todo al grado de la coherencia y la razón. Ambas falacias nos han dado ciencias soberbias que además se hacen llamar exactas, independientemente de su utilidad tecnológica, también fungen como paliativos dogmáticos. Saber que 1 + 1 dan 2, con exactitud, nos da esa sensación de paz. 1 + 1 = 2, a huevo. No hay más que pensar. Sin embargo la vida se presenta en números más misteriosos. La objetividad se inventó para olvidar la subjetividad.

En el campo de la subjetividad crecen las contradicciones, y con ello los pendejos que las hacemos o las creemos. Sí me gustas, pero no puedo andar contigo; fulminó mi corazón a los catorce años aquella güereja de ojos medio verdes y medio grises. Y así empieza uno la vida, con mamadas como éstas. Dios existe pero no lo puedes ver; me repetían las monjas durante el cuarto año de primaria, para persuadirme de contener aquél rumor agnóstico que profesaba entre mis compañeros, y que empezó a crecer conforme mi hereje padre me aconsejaba lecturas religiosamente incorrectas y obscenas. Así aprendemos la primera enseñanza compleja de nuestras vidas: a contradecirnos.

Sí, pero no. Un artilugio mental gravísimo. Sí, pero no. Miente, disfraza y provoca vértigo.


Sí, pero no. Mata.

domingo, 14 de junio de 2009

El Club de los Perdedores



Es difícil cuantificar cuantos días o situaciones hemos perdido, al grado de esperar volver al momento exacto, donde tomamos aquella decisión pendeja, irreversible, poco favorecedora, que nos costó una lana, una vieja (o dos), una calificación, el éxito que vemos con celo en otro que aceptó, que hizo; quizá haya miles de situaciones qué recordar. Hagan el ejercicio.

Yo he hecho miles de estupideces. Es más, sigo realizándolas consuetudinariamente. Creo que entre las cosas que menos me preocupan es fracasar. No porque sea muy exitoso, solamente porque ya no llevo la cuenta de mis fracasos, y eso es suficiente para olvidar que la vida me entregue al final una boleta con "puros dieces", como dproponía mi mamá para negociarme algún nuevo juguete a cambio de algo, que sinceramente, madre, no nos beneficiaba a ninguno de los dos.

En el campo de la estupidez, del riesgo, del fracaso, me considero experto. He hecho todo mal alguna vez: caí, reprobé, repetí, fallé. Hoy tengo unos cuantos años fracasando. Sin embargo, ésta capacidad de nulo asombro al fracaso, la comparo con la de otros fracasados consuetudinarios. Hoy por hoy, mi círculo de amistades cercanas se compone de fracasados como yo. Llega uno a una etapa, por ahí de los casi y más de treinta, donde te das cuenta que la gente no busca nada, sino solo está evitando que se la lleve el tren, la verga, el chamuco o su personaje favorito de horror. Su miedo más característico es a fracasar. A perder. A caer.

Y ahí estoy yo. El que aún no tiene planes de casarse, y no tiene una hipoteca (suicidio financiero popularísimo, tema de otro post). Y me río, y los veo como les llega el atardecer, como ven crecer su cuenta de afores, y como empeñan las alhajas para pagar sus compromisos, sus casas, para que a la cuenta de algunas décadas, digan con tono de campesino enorgullecido de spot de "Solidaridad": ésta casita es mía. Snif.

Y ahí se nos va la vida hermanos. Intentando no caer, ni pensarlo en público. Burlándonos de quien se arriesga, de quien pierde. Y sólo les puedo decir que la vida no vuelve. Que no nos dan una segunda vida, por trabajar sesenta horas semanales, y que, seguramente, su cuenta de Afores se la van a transear unos culeros de cuello blanco. Y esa casa a la que abonan mensualmente, la están pagando tres veces, y beneficiando a un financiero que anda en sandalias en las bahamas, viviendo la vida que le financían con su mojigatez, y con su miedo clasemediero.

No me importa. Seguiré el fracaso sonoro del cual hago gala, a pervertirme en las entrañas de los miedosos. De los empleados y de los que sacan dieces.

Sólo recuerden. No vuelve.

lunes, 8 de junio de 2009

¿Cómo ha sido colaborar con otros autores con estilos y personalidades tan diferentes?


Como blogger, participar en Recolectivo es una gran experiencia. Las tallas de los autores, la gran exposición que se tiene, las retroalimentaciones en forma de comentarios, y ése tema semanal que hay que escribir a costa de todo.

Me gusta el concepto de Recolectivo. Es demasiado real, y eso me apetece sensacional. Para empezar, la selección de autores es completamente arbitraria, y carece de metodología práctica. El plantel se ha integrado de perfiles que van de similares a mutuamente excluyentes: periodistas, adolescentes ególatras, criminólogos, blogstars, moneros, empleados, locutores, y otras escorias innombrables. Esos perfiles le dan un mosaico entretenido de opciones al lector. No hay nadie mejor que nadie, sólo estilos diferentes.

Por otro lado, no conozco a todos personalmente, si acaso sólo a algunos. Eso hace éste proyecto aún más sui generis y virtual. No cabe duda que me encanta leer los post de chilangelina, la crudez de Daniel, la ficción de Luis, los textos impecables de Beto, los monos de Guffo, las sorpresas de Manuel, la sensibilidad de Rox o la chica de los tacones que odia a los hombres, por mencionar los primeros que se me vienen a la mente. Pero, eso sí, me gustaría conocerlos a todos personalmente, invitarles una buena chela.

Por mi lado, he sido un blogger muy irregular. Geek confeso, pero socialmente aceptado y hasta mimado. Estudié una carrera de poca afluencia de culturosos, por eso lustro mi calzado y me recorto la barba dos veces a la semana. Cualquiera que me viera un día normal por la calle, no adivinaría que escribo en Recolectivo, ni siquiera que escribo. Pensarán que soy un jock-superficial y megalómano. Que voté por el espurio, que mis amigos y yo hablamos de nuestros viajes a Miami en el jacuzzi de algún fitness club, así como comparando nuestra capacidad de compra de gadgets redentores e inútiles antes de nuestra primera hipoteca.

Pero no, ya he dicho muchas veces que saqué menos de 8 de promedio. Y no diré exactamente cuanto por pena. Demandé a algunos ex-empleadores, defraudé a American Express, y me masturbé severas veces en la pubertad pensando en una prima sabrosísima. También fui expulsado de un colegio, y he robado varias cosas de autoservicios y tiendas departamentales. Hacienda me persigue, sin embargo boicotié al sistema y ahora tengo el trabajo de tus sueños. Me levanto a la hora que quiero, y fumo sin desayunar. También oriné muchas veces la virgencita de Guadalupe que yace en la carretera de la Rumorosa.

Entonces, la pregunta es.

¿Recolectivo me querrá en su panel, siendo un blogger sin miles de seguidores, tampoco una eminencia literaria, y mucho menos un culturoso comprometido?

domingo, 31 de mayo de 2009

Sueños Idiotas

DOMINGO, 31 DE MAYO DE 2009



Me dieron ganas de escribir, hoy que perdí el sueño. Siempre pierdo el sueño en hoteles, más cuando de antemano sé que debo dormir menos de mi cuota normal: 8 horas. Ojalá fuera de paso, pero es un triste City Express. Entre que soñaba y que daba vueltas en la cama, en ese estado entrañablemente soporífero, donde sientes el sueño recorrerte despacio por todo el cuerpo, dejándote disfrutar una languidez envidiable, tuve que ponerme a pensar, desgraciadamente. Luego prendí la computadora, y ando tratando de armar éste post a base de muchos sueños, de ésta noche y de muchas, quizá de años.

¿Se han puesto a pensar qué están completamente solos?. No sé exactamente en qué momento empecé a estarlo. Pero hoy definitivamente lo estoy. Quizá la única diferencia entre ser niños y adultos, es que comprendemos como engañarnos, como olvidar preguntar, cómo conformarnos, cómo discernir entre sueño y realidad.

Mi primer sueño idiota fue aquella niña de cara perfecta, que conocí a los 8, o 9. Creo que se llamaba Denisse. No estoy seguro, pero todavía recuerdo sus delicados caireles negros casi azulados, que peinaba con un listón rojo precioso. Si la veo pasar algún día por la calle, no nos recordaríamos mutuamente. Ella menos a mí. El día que encontré los huevos, tan escasos a esa edad de enviarle unos chocolates a través de un amigo, no estuvo en su salón. Luego pasaron muchos días y tampoco estuvo. Le terminé regalando los chocolates a mi amigo. Se había ido. Se fue el amor de mi niñez. Me dejó con mis chocolates y toda mi debutante ilusión, pensando, aventado a mi suerte en el escalofrío tijuanense de sus recreos de viento frío con sol, pensando qué había podido suceder. Definitivamente busqué ayuda, no podía acabar así. Pero cualquier adulto respetable me daba explicaciones mediocres: ya vendrán otras, así pasa, hay miles de niñas. Aplastar los sueños.

Me enamoré de muchas niñas, que con los años desarrollaban características infames: senos, curvaturas perfectas y juveniles, cinturas heterogéneas, piernas sedosísimas bajo faldas cuadriculadas, tacones, maquillaje. Uf. Cada año qué pasaba se ponían mejor y más deseables. Les pude llamar ninfas entonces. Con algunas hubo cosas rescatables, con otras simplemente cosas. A pesar de que todo estaba tan devaluado para mis años post-pubertos, seguía soñando con sus nuevos cuerpos, quizá con penetrarlas o perpetrarles los combos más indecentes que el intercambio de películas porno me había podido presentar. Venirme en su boca quizá, como un negro lo hacía con una trigueña en un video que vi más de cincuenta veces, mismo que estaba grabado en una computadora, en la clase de informática de secundaria. Pero siempre soñé con Denisse, con caminarla por algún paraíso terrenal, con reírnos columpiándonos en alguna jungla tropical. Y con amarla, y tocar sus caireles negros, con que me diera un beso con sus ojos abiertos, tan grandes.

La vida te enseña a llorar por sueños que se deshacen. Porque los hombres también lloramos, ¿saben?. Uno ya no llora por las ninfas, sino por las Denisse que crees encontrarte, enajenarte y hacer eternas. Que se van, o simplemente les dices adiós porque no son quien pensabas. Porque prefieres jugar a cazar curvaturas perfectas y juveniles, en lugar de invertirle más aspavientos a quien definitivamente no te hace sentir más y más solo. Y te vuelves por periodos cortísimos un Serge Gainsbourg local, bohemio y ebrio, enamorando incautas para sentirte un poco más digno, para evitar pensar en tu sueño, y dejar de delatar tu falta de huevos, pero eres irremediablemente un soñador en huelga.

Después, sigues buscando a Denisse. Pero ya tienes un auto, una vida, un empleo, y hasta unas responsabilidades. Quizá hasta ya viajaste un poco por el mundo, y te besuqueaste unas francesas con olor a pastel. Quizá también te las cogiste, o, ¿por qué no?, ahorraste unos Euros y le pagaste a un par de putas en Madrid para que te negaran simultáneamente la existencia de tus sueños. Quizá hasta tienes una relación seria, o dos. Pero todo es lo mismo. Ya las guapas y dulces niñas de la pubertad, sólo están buscando un semental que se quiera casar con ellas, y hacerlas olvidar sus puterías nombrándolas señoras.

Hace unos días, me encontraba con un amigo, que me platicaba de un gran embrollo, pero grande, con su mujer. Y me decía, dulcemente, que la iba a perdonar, porque era el amor de su vida. Porque eran almas gemelas, porque con los años el amor era más que un par de tetas, era platicar hasta el amanecer, sentirse coincidir en temas esencialísimos. Era saber que no podrías encontrar alguien mejor. Y lo más importante, sentirse amado con la misma intensidad con la que amas.

Y me sentí completamente solo. Y entonces pensé tanto en tí Denisse.

lunes, 25 de mayo de 2009

Embaucadores: los profetas de las esperanzas inocentes.


Las esperanzas, ni las más incipientes, llegan de forma tácita. Hay que ser embaucado por ellas, por su frágil inocencia que nos enamora, que nos conecta con esa parte emocional, que nos motiva a tomar las decisiones más torpes y fulminantes.

El agente de transmisión es, siempre e irremediablemente un embaucador. Finísimo individuo, que desdibuja fríamente las asperezas de la esperanza, para mostrarnos qué tan lisa puede ser.

Las putas. No es necesario visitar la zona roja, para encontrarlas. Por lo general hay de diferentes precios y gustos. Su verdadero trabajo, como malamente los medios, el clero, y las asociaciones asustadizas proclaman, no es dar sexo-servicio. Nunca. Su servicio es claramente más extenso y profundo. Una verdadera puta reivindica. No sólo es una mama-falos experimentada, no, no, no. Deslizar por debajo de sus medias oscuras que paran hasta media pierna en un coquetísimo liguero, un par de billetes, y cerrar un clamoroso negocio que asocia fluidos corporales compartidos y manoseos compungidos, da esperanza a un viejo rabo verde, foguea a un adolescente amateur y redime a un panista casado y malcogido. Las más brillantes quizá hagan parecer el precio, un mero requisito que no debe siquiera mencionarse. Aquellos clientes más tacaños quizá osen regatearles a éstas musas fantásticas la partida que les abrirá el paraíso de sus conchas cálidas, situación nunca recomendable, ya que compromete la calidad del ínfimo clímax deseado.

Los eclesiásticos. Mamarrachos sagrados. Su comportamiento suele ser semejante al de las pandilllas debido a que se dividen los territorios por medio de legiones, solicitan donaciones obligatorias, juzgan y absuelven comportamientos irregulares de sus agremiados. Su labor principal es a todas luces propagar la palabra del "Señor", mismo que nadie conoció, sin embargo según comenta, todos tenemos en nuestro corazón (what!?). Tienen toda clase de parafernalia para adjudicar presencia y encono en su club de fans: camisetas, veladoras, estampillas intercambiables, colguijos, y un libro que lleva como dos mil años en el top de ventas mundial. Dan reuniones semanales en sus diferentes sucursales, en las cuales hay un conductor estrella que utiliza un vestuario muy sobrio, y da una charla repartiendo esperanza a través de historias sumamente pachecas, muchas extraídas del libro de cuentos que hicieron unos "bloggueros" rudimentarios africanos. Se lleva a cabo un protocolo bastante conocido por sus asiduos asistentes, donde se paran y se sientan rítmicamente en momentos específicos, y repiten mantras complicadísimos completamente coordinados.Al final hay un ambigú gratuito con ostias (sin cajeta) y vino, que reparte personalmente el conductor. Dan esperanzas inocentes, astrales y del más allá (uy, uy uy), siempre y cuando uno mantenga vigente su membresía, a través del pago puntual de una corta anual llamada "diezmo", el acatamiento estricto de sus reglas omnipresentes, y la veneración contínua de sus super-héroes máximos: una "vírgen" llamada María que se reproduce sin coger, un mago barbón muy vintage que te duplica la despensa entre otros trucos documentados, y un conductor internacional muy viejo que tiene una especie de sucursal matriz en Europa, que da conciertos multitudinarios constantemente. Éste último al parecer no hace trucos mágicos cómo el barbón que comentaba anteriormente.

Los Vendedores. Gremio excepcional al cual pertenezco desde hace muchos años. Aquí el embaucador es completamente obvio. Quiere embaucarte y ostenta su posición agraviante bajo títulos de exposición de riesgo controlado: asesor comercial, agente, amigo o hasta hermano. Gozan de malísima fama, debido al gran déficit de reputación que le producen los agremiados menos sofisticados, o temporales. Por lo general la ética es muy personal, en el caso de estos roedores. La sensación de ser abusado es inminente, pero depende de la calidad del agente, para, en un proceso muy parecido al de la puta, reducir todo a un gran trato entre amigos, donde lo adquirido parece tomar dimensiones ultra-emocionales y satisfactorias. En los niveles más exclusivos y de alto nivel, suelen emplearse especímenes muy experimentados y atractivos, para llevar la experiencia a un grado de mayor confianza y poco riesgo. Estos últimos dan la apariencia de no necesitar las ganancias resultado de sus negocios, y además parece que al aparecerse te están dando una oportunidad ínfima.

Los Líderes Políticos. Carecen de mucha preparación. Protegen intereses de gremios compactos y numerosos, dependiendo la tendencia. En la Francia de hace muchos años, se definieron dos bandos de embauque: izquierda y derecha, debido a que en el Senado, se armaron dos clicas mutuamente indigeribles, mismas que agarraron canchas diferentes cada que se armaba la legislada del país Galo. Los de la izquierda protegían a los jodidos de la vieja Francia, los miserables, los obreros, los artistas malpagados, los vendedores de espadas, las putas y algunos chiapanecos que ya estaban habitando por allá, muy jodidos también. Los de la derecha, protegían los intereses de la burguesía, de los nobles, los bonitos, y los que comían tres o más veces al día y cagaban fresas. Así, estos bombones, embaucaban a la población con campañas políticas, repartiendo esperanzas sobradas, a los dos bandos, independiente de a quien beneficiarían en última instancia: a ellos mismos. En México hay varios bandos, una dupla histórica represiva y últimamente mocha, y unos idealistas motorolos desorganizados con un líder de pronunciación chistosita. Las esperanzas más inocentes en México: "Prepárense para la riqueza", "Ya llegamos al primer mundo" y "Sí votan por mí, derogaré la tenencia".
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