
Hoy como buen ciudadano, me planté en mi casilla asignada en punto de las 12 del día. Esfuerzo mayor para cualquier crudo hedonista como yo, que más pensaba en desayunarme un caldo de mariscos o unos tacos de carnitas, que en quién iba a vivir de mis impuestos por tres añotes, con sueldo de padrote. La verdad no me incomoda mucho cuanto ganen, seamos realistas: el país puede pagar mucho más. Me incomodó mucho más ver la casilla vacía, y una sarta de seudo-ciudadanos y representantes de los partidos, que seguramente, doblaban el número de votantes.
Sufragé gustoso, me pusieron una tinta endeleble muy rebajada, situación que yo pienso que fué planeada por el OXXO para no darme el café gratuito que prometió a todos los votantes. Eso sí, me compré un Bon Ice de tres varos a un anoréxico vendedor ambulante, que se veía muy preocupado por la baja clientela, tan diferente a los pasados comicios.
De regreso a casa de mis padres, meditaba sobre el vale-verguismo colectivo, y realmente hasta podría entenderlo, pero no apoyarlo. Concuerdo que nuestra situación es innegablemente triste, en términos concretos de narco, crisis, seguridad y demás conceptos trillados. Lo que no acepto es un pueblo mediocre, desangelado, conforme. Chingado, un pueblo sin alma. Recuerdo las crisis de antes, y la cara de mi papá cuando los intereses hipotecarios se volvían impagables, y voltearme a ver con un gesto de Pedro Infante a punto de gritar: Torriiiiito. Recuerdo pasar todas las tardes de aquella crisis de 1994, en el consultorio de mi padre, leyendo y releyendo la revista Proceso, con ánimos de entender, de participar, de ser parte de esa crisis que en realidad no me incumbía. Ni me afectaba. Recuerdo una comunidad afectada, pero viva, dispuesta a progresar.
Hoy veo, además de poca participación, un conformismo que apesta a mierda. Un pueblo que ya no pretende indagar, sino aguantar. Cuando ciertos mamones hablan de revolución, de límites sociales, me río. En México nos hemos vuelto un pueblo de cobardes, de mediocres; unas mulas vitalicias. No es cuestión de política, ni de políticos. Es cuestión de corazón y de coraje.
Desde niño, me emociono mucho cuando llego al Zócalo. Aún me produce una emoción indescriptible. Sigo leyendo el proceso cuando me sobran 30 pesos, y sigo tratándole de encontrar solución al rompecabezas desde mi humilde trinchera. Sigo votando; no he fallado ni una vez, ni fallaré. Quizá todos se rían de esa democracia que pregono puede llegar, quizá sea un idealista que sólo llegará a ser un idealista veterano y derrotado. Pero aún tengo ganas de hacer lo único que está de mi lado: no cambiar el corazón por el hartazgo.













Nuestros bloggers no los selecciona el azar, ni un dedo en el cielo, ni un niño de la lotería nacional; nosotros los seleccionamos de acuerdo a su peculiaridad y estilo de escribir.
Srta. Pelo Irritante adolescente con complejo de Peter Pan. De calvita sexy y gracioso caminar. Aspirante a mimo. Ha usado el mismo par de zapatos en los últimos 7 años y sólo se baña los domingos .Dicen que es rara: lo es.


Yo soy Ella. Costeñita en el exilio. Alcohólica en proceso con la habilidad para permanecer dormida largas horas ininterrumpidas. Con tendencia a caer y accidentarse. Los internets la odian y ella odia el aguacate.
Falso Profeta.




