
Tuvieron que pasar varios meses para que surgiera la oportunidad de volver a salir con alguien. No porque no hubiera con quién, sino que con el tiempo me he hecho más exigente y sangrón.
Pero con ella era diferente. Angélica sí llenaba mis expectativas o al menos eso parecía, creía. Pues el único "pero" era que no la conocía en persona. Platiqué con ella por el messenger y nos entendimos bien, vivíamos en la misma ciudad, los dos estábamos solos, así que no vimos ningún problema en citarnos para conocernos.
Quedamos de vernos en "El Centenario" céntrica cantina de la ciudad. Llegué primero, no pasaron ni 5 minutos cuando ella ya estaba ahí. No mentía la foto de su perfil del messenger. Era muy guapa y con una sonrisa que me dejaba la cara como el más idiota de los emoticones.
Cuando tomamos asiento mi cabeza elucubraba más de lo normal en esas situaciones. Pedimos una cerveza y comenzamos a platicar de no me acuerdo qué cosas.
Cuando ella iba a la mitad de su cerveza, yo ya pedía la tercera.
Y así con la exaltación y exitación de estar con alguien como ella, imaginándome mil cosas al tiempo que ella reía mientras ponía su mano en mi hombro como cuidando de no caer al estarse riendo de no sé qué bobadas que yo le decía, yo seguí pidiendo y tomando cervezas, embelesado.
Como ciudad que se respete de mantener la moral y buenas costumbres, algunos establecimientos cierran a ciertas horas. Osea que nos corrieron y nos tuvimos que ir a un antrito que está a 3 cuadras de ahí. Oficialmente estaba borracho, salí observando el suelo buscando alguna línea que me guiara para no evidenciar mi ya nula coordinación. No recuerdo si se dio cuenta real de mi estado, sólo tengo vagas imágenes de ella riendo y sosteniéndome del brazo. Yo iba, por muchas razones, casi levitando.
Al arribar al antrillo ese me encontré con muchos conocidos quienes me saludaron mientras abrazaba a quien se dejara. Mi compañera se encontró a unas amigas, me las presentó y yo las besaba y abrazaba como si fueran amigas mías que no había visto en años.
Una de ella nos preguntó qué estábamos tomando, le dije que veníamos llegando y me extendió un vaso. Me dijo -Mira es un (y mencionó el nombre de alguna bebida extraña que sólo los borrachos podrían pronunciar)- le di un trago y le dije: -esto está muy dulce, mejor pídanme una cerveza en lo que voy al baño.
De entre punchis punchis y emos en rehabilitación me fui abriendo paso hasta llegar al WC. Lugar por demás singular, pues el antro este en sus años mozos, era una casa vieja, así que sólo había un retrete y una tina, la cual es ab-usada para orinar. Como soy un caballero me rehuso a depositar mi agua de riñón en un mueble que fue fabricado para darse baños de espuma, mínimo. Un tipo que seguramente también era un caballero estaba usando el retrete para mear, así que en lo que lo esperaba, me recargué en el marco de la puerta, volteé hacia el lavabo y me vi en el espejo. No lo hubiera hecho: Guillermo del Toro se hubiera extasiado al ver mi cara; más pálida de lo normal con tintes verduscos y mis ojos amarillos con las venas rojísimas. Abrí la llave del agua, me eché un poco en la cara y el tipo que ocupaba la taza del baño se fue. Empujé la puerta del baño tratando de cerrarla. Me puse frente al retrete, me desabroché la bragueta, me saqué el paquete y ... ¡CUAZ!
Sentí un golpe a un lado de la frente y en un codo.
No sé cuánto tiempo pasó.
Abrí los ojos y me deslumbró el foco del techo, vi cuatro cabezas que me observaban, sentí unas patadillas en un zapato y escuché murmullos de los que sólo pude distinguir un: "Es el Kabeza, güey, es el Kabeza"
Traté de reincorporarme apoyando los codos en el piso, pero los miados y mugre dejada por zapatos me hicieron resbalar. Los cuatro expectadores se convirtieron en rescatadores y cada uno se repartió una extremidad. De entre mis rescatadores reconocí a un viejo amigo que me levantaba de un brazo y me decía:
-Güey, te vamos a sacar, pero guárdate el pito, que lo traes de fuera.
-Hazme el favor completo cabrón, le dije mientras le guiñaba un ojo.
(Ok, esto no es exacto, es un chascarrillo para romper la tensión)
Y así cuatro personas me sacaban de entre pubertos que bailoteaban y murmullos del gentío: "Es el Kabeza"... "pinche Kabe ya se lo madrearon"... "Ah, no mames, ¿es el de los dibujitos?"...
Ya en la calle, sentado en la banqueta le pregunto a mi amigo rescatador: -¿Qué me pasó güey?
-No sé, entré al baño y ahí estabas tirado.
-Chin, sí, me duele la frente creo que me pegué ahí. Chale, me desmayé.
-Ya le pedí un Red Bull a un mesero para que te alivianes. ¿Andas muy pedo?
-Sí, gacho. Mejor dame un "ride" (aventón)
-Pos ¿con quién vienes?
-No me acuerdo güey, me siento muy mal.
-A ver, deja avisar a mis compas.
Se metió mi amigo al antro de la perdición y pasaron algunos minutos que me parecieron horas. Comencé a sentir cosquilleos en las manos, sentí sudor frío en la frente y sobacos, además de muchas ganas de orinar. Me puse de pie y recargado en la pared me fui derechito a mi casa. Caminando me iba deteniendo en rejas, postes, paredes y árboles. Todo objeto estático me servía para no desfallecer. Al pasar por el Parque Lerdo me detuve en el kiosco puse mi cabeza en una de sus muros e hice lo que iba a hacer antes de azotar en el baño del terror.
Llegué a mi casa, me quité los zapatos y me metí a la cama.
Al otro día, después de la consabida cruda. Me dispuse a hacer mi trabajo diario. Preparé mis papeles y plumas. Encendí la computadora, se abrió el messenger al tiempo que se abría una ventana que gritaba un:
"Angélica dice: y tú dónde te metiste??????"Provocando que hiciera lo que todo hombre que se respete debe hacer: Poner el estado "No conectado" en lo que reseteaba mi memoria y se me ocurría qué decir.