Mostrando entradas con la etiqueta Luis nada más. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis nada más. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Gracias.





Nos vemos.









viernes, 3 de septiembre de 2010

jueves, 26 de agosto de 2010

El Crimen Bicentenario.





Mi relación con el cine ha sido, desde que tengo memoria, un vaivén de amor-odio. Sobre todo en un aspecto en específico: los libros convertidos películas. Y recuerdo muy bien uno de los más grandes crímenes que ha cometido Hollywood y que me causo uno de los shocks mas traumatizantes que he tenido en mi vida: El Hombre Bicentenario.

Probablemente muchos vieron aquella película protagonizada por un Robin Williams ya gastado y repetitivo. De entrada, el cuento original de Isaac Asimov ganó el Nebula y el Hugo (que es como ganar el Tony y el Oscar) y está considerado como uno de los mejores relatos de ciencia ficción de la historia. En el, Asimov describe la el viaje emocional -y físico- de un robot que, después de doscientos años de existencia, logra ser considerado legalmente como humano. Asimov logra esto de un modo inteligente e interesante, poniendo al lector en los zapatos del protagonista y haciéndonos partícipe de todos sus conflictos y su lucha interna sobre su condición. Pero cuando vi la película, no podía creer que hubieran logrado convertir algo tan serio -como es el relato- en una burla grotesca. Williams logra una burda parodia del robot asimoviano; patética y "chistosita", y eso sólo por mencionar a uno solo de los personajes, lo en verdad imperdonable fue que cambiaran el corazón de la historia, dándole al final un significado totalmente diferente que desvirtúa completamente el mensaje que Asimov intentaba comunicar.

Desde entonces el mismo crimen contra Asimov se ha repetido con I, Robot, la película con Will Smith y según amenazas, rumores, se volverá a hacer con Fundación y El Fin de la Eternidad.
Yo, por mi parte, ya ni siquiera me molesto por esas barbaridades, para mí, el único Hombre Bicentenario, está acomodado en uno de mis libreros, lo demás, pues bien, hay cosas que es mejor olvidar, por salud mental.


jueves, 19 de agosto de 2010

Sin óbolos en el Diluvio.





Detenido a la orilla de un boulevard
Mirando los autos romper la noche.

Mi ventanilla se cubre con una cortinilla de agua sucia cada que un auto cruza por el charco junto al que estoy detenido. Cada que esto sucede, el sonido del agua estrellándose con un tableteo sobre el cristal me hace voltear instintivamente.

A lo lejos, relámpagos iluminan la noche. Las puertas del cielo se han abierto y un diluvio local se nos viene encima. Pareciera que todos los ángeles juntos salieron de sus barracones a orinar, como cualquier soldado borracho.

Intento leer, pero no me concentro. Apago la luz del techo y miro los autos que se detienen junto a mí. Personas que en medio del diluvio aún piensan en comprar aspirinas y botellas agua. ¿Que nadie se da cuenta de que es el Fin del Mundo? ¿En que momento dejamos de temer al castigo divino? Bah, hay peores formas de dejar este mundo que mojándose los pulmones.

Cancelen mi suscripción para la reencarnación, gracias.

El tableteo en mi ventanilla sigue. A mi derecha, a lo lejos, el Aqueronte sigue creciendo, sólo que no hay ningún Caronte a la vista y cada quien la cruza como puede. A diferencia del par de monedas que el viejo pedía, acá se pagan miles de ellas para asegurarse el cruce hacia el otro mundo —el seco—, vía tracción 4x4.

Algunas personas corren despavoridas, como si cayera gasolina. No recuerdo cuando fue la última vez que caminé —no corrí— bajo la lluvia. Supongo que fue hace años, cuando aún no portaba nada conmigo que pudiera perder al mojarse. Creo recordar el chapoteo de unos tenis y una avenida oscura. Creo recordar la hiedra, un sillón y aquella chimenea apagada. Ahí perdí mas cosas en otro tipo de humedad.

Un relámpago me devuelve a la realidad. Un par de fotografías del mundo son tomadas. Un estrobo descompuesto. Los ángeles deben seguir ebrios.

Enciendo el auto y me uno al lento fluir de los vehículos. Me dirijo hacia el Aqueronte. El viejo cabrón sigue sin aparecer. Está bien, no creo que valga la pena pagar por nada de lo que hay del otro lado.

El ocasional tableteo en mi ventanilla se convierte ahora en un golpeteo furioso. ¿Eso es todo lo que tienen? yo puedo orinar mas ruidosamente. Uno pensaría que en el cielo las borracheras provocarían algo más que un pequeño diluvio. Una razón más para hacer reservaciones en otro lado.


jueves, 12 de agosto de 2010

Una sola noche.




Fue hace muchos años. La había conocido hacía poco y después de mucho trabajo de auto convencimiento, me animé y un viernes la invité a un pequeño café dentro de una vieja casona. Las mesas eran de madera y estaban en penumbra, sólo eran iluminadas por una pequeña vela en dentro de un vaso de cristal de colores. Al fondo, un tipo rasgaba suavemente una guitarra. El mesero nos sugirió unos cuantos vinos, pero yo no tenía idea si ella tomaba o no, así que mejor pedí la carta y le enumeré los platillos para que escogiera algo. Ella decía que no a todo y al final sólo pidió un café. Yo no supe que hacer y también ordene uno, aunque no acostumbraba tomarlo. Mis planes para una cena romántica se fueron al carajo en ese momento. Toda la noche intente acercarme, pero no pude hacerlo; físicamente ella estaba ahí, pero emocionalmente estaba lejísimos. Ahí sentado, sin saber que decir o que hacer para lograr conectar, nunca solté la carta del menú. Le di vueltas en mis manos toda la noche y la releí docenas de veces mientras intentaba alcanzar a una persona que nunca había estado a mi alcance. La noche terminó en solitario.

Hasta la fecha, recuerdo casi todos los platillos y bebidas del menú de aquel pequeño café metido en una vieja casona; de ella recuerdo su nombre, pero no su rostro.

miércoles, 4 de agosto de 2010

1994





Suelo decir que todo ocurrió en 1994, y no es solo por que yo haya crecido en los noventas, pero es verdad, todo sucedió en 1994.

Algunos ejemplos: Todos sentíamos que en un tronar de dedos íbamos a ser parte del primer mundo con el flamante TLC. El primero de Enero se levantó en armas el EZLN (aún recuerdo las noticias, lagañoso, preguntándome si había despertado en otro país, donde se veían guerrilleros en la selva). Todavía estaba vivo y deleitando a las señoras Paco Stanley. Nino Canun preguntaba que opinábamos. El rocksito mexicano se componía de el Tri y sus 25 años, (¿Pobre soñador?) Mana roqueaba durísimo, Caifanes ya iba de salida con El Nervio del Volcán, Café Tacuba tenía Re al aire y Santa Sabina (de la que nunca, nunca fui fan) hacia lo mismo con Símbolos. Conocí al Haragán y CIA. Así como también a toda la fauna que componía el rock rupestre; Lira, Mara, Isis, Blues Boys, Bostik, Arturo Meza, Rockdrigo, Jaime Lopez, etc, etc.

A Colosio lo expulsaron del mundo de los vivos en Lomas Taurinas. Recuerdo que yo estaba en la calle vagando con mis amigos, cuando llegó uno y dijo "Mataron a Colosio" (frase que después se volvería chiste para todo), a mí no me cayó el veinte sino hasta en la noche, que vi las noticias. Recuerdo el desmadre que se traían en los medios.

Y lo más importante, por lo menos para mí.

Era el 8 de abril y yo iba regresando de Tequisquiapan con unos amigos (tengo ahí las fotos, las miro y no puedo recordar nada de lo que hice aquel día), me despedí de mis amigos porque iban a ir a un juego de básquet o algo así. Llegué a mi casa y al entrar, me dijo mi hermana: "Oye, mejor siéntate". Me reí y dejé mis cosas en el sillón. Me seguí hacia mi cuarto, pero ella repitió: "En serio, siéntate, Cobain se murió".

No sé porque, pero supe que no era broma, me quedé en pausa y dijo: "Sí, mira en MTV, han estado pasando la noticia todo el día" como zombi prendí la televisión de mi cuarto y me senté en la orilla de la cama. Estaba un video de no sé quien, pero iba pasando una cintilla negra que decía "El día de hoy fue encontrado el cuerpo sin vida de Kurt Cobain, vocalista de Nirvana, en el estudio de su residencia en Puget Sound, Seattle" y así seguía, repitiéndose ad nauseam.

Después de eso no recuerdo muy bien que pasó, en completo estado de idiotez llegué al auditorio en donde estaban mis amigos, y con solo verme supieron que algo andaba mal. Me senté en el suelo y creo que les dije "Se murió Cobain" y me quedé callado, hasta ahí llega mi memoria.

Tal vez parezca algo exagerado, pero yo tenía dieciséis años (catorce la primera vez que escuché Nevermind y me voló la cabeza) y al igual que un chingo de mocosos, había encontrado en Nirvana todo un mundo nuevo. Nunca llegué a idolatrar a Cobain al punto de santificarlo ni idealizarlo, pero en ese momento, con su muerte sentí un vacio cabrón; sólo podía pensar "¿Y ahora qué?" Eso fue lo que mas me dolió; saber que nunca iba a escuchar un nuevo disco de Nirvana. Poco después salió el Unplugged In New York, pero no era lo mismo. Desde la Muerte de Cobain nunca he esperado un disco con tanta emoción, ni siquiera uno de los Counting Crows (de los que me hice adicto en esas épocas con Mr. Jones).

Pero bueno, también en esos años sonaban Soundgarden con Superunknow (outshine! outshine!) y Pearl Jam con el Vitalogy, los Stone Temple Pilots y su Purple (tiempo después me cagó la madre Scott Weiland, por eso no soporté a Velvet Revolver, por mucho amor que le tuviera a Slash). Candlebox me encantaba (esos videos de Samuel Bayer), Sponge, Dig, Moist, Mother Love Bone, Screaming Threes, Mudhoney, Tad, Sonic Youth! (¿Se nota lo adolescente wanna-be-in-Seattle?) Guns´n Roses con los Use Your Illusion, (y como olvidar You Could Be Mine, banda sonora de Terminator 2, con unos efectos que en ese tiempo nos dejaron pendejos a todos) Pantera todavía andaba por ahí, igual que Sepultura y A.N.I.M.A.L. Metallica ya había sacado aquel polémico álbum negro. Björk, Tori Amos y P.J Harvey despertaban mis inocentes pasiones (si, P.J. Harvey, con todo lo fea que es, me encanta), Cranberries, Flaming Lips y Stone Roses se escuchaban, Perry Farrel traía su nuevo proyecto (que a mi me gustaba mas que Jane´s) Porno for Pyros, Trent Reznor sonaba con The Downward spiral. Creo que el reverendo alegría Manson ya le gustaba a muchos (a mi nunca). También, empezaban sus pininos The Offspring (You gotta keep 'em separated) y Green Day. Bad Religion y D.R.I por ahí estaban, y lo más sorprendente de esa epoca, un güero extraño que gritaba a los cuatro vientos que era un perdedor. En MTV pasaban Beavis & Butthead y todavía se podía escuchar metal en Headbangers (Carcass, At The Gates, Cannibal Corpse, SYL!, etc, etc.) con Alfredo Lewin. Aún era un canal de videos en donde pasaban videos. Recuerdo que dejé de ver MTV el día que pasaron un video de Luis Miguel, en ese momento supe que se había iniciado su lenta pero segura transformación en el intestino grueso que es ahora.

Yo ya había dejado la escuela y me dejaba el cabello largo, (que llegaba hasta media espalda el día que me lo corté), el futuro me tenia sin cuidado, mi novia me había dejado por un anciano (creo que tenía 22 algo así) y yo me pasaba todo el día en la calle, con mis amigos, patinando, gastando un paquete de pilas cada dos días en mi Walkman Sony, que estaba raspado, roto y pegado por todos lados con cinta de aislar. Mi guardarropa consistía en unas botas mineras, unos pantalones tan rotos que no se como se sostenían, una bermuda negra, tres playeras y una sudadera que no me quitaba ni para dormir. Todo eso me hacia merecedor, según mis amigos, del apelativo "Señor Elegancia en el Vestir, siempre listo para cualquier ocasión". Se avergonzaban de mí y no me importaba. Empezaba a ayudarle a un amigo a tatuar, y poco tiempo después la gente preferiría que yo hiciera todo, en ese tiempo me hice mi primer tatuaje yo mismo.

También ese año casi me mato en una moto. Una Caribe me centró con el cofre (supe que era Caribe hasta después, yo nunca la vi) y me hizo volar cuatro metros. Caí de cabeza, rompí el casco y me fracture la clavícula en tres partes. Anduve dos meses con un aparato en los hombros que me hacia caminar como Pepe el Toro.

Eso y mucho más pasó en 1994.

¿Y que ha pasado en todos los años que siguieron a ese increíble 1994?

Me hice mucho muy viejo. Conocí a muchas personas, muchas muy valiosas, otras no tanto. Pasé por mil aventuras y afortunadamente salí casi ileso de todas ellas. El futuro sigue sin importarme mas allá de lo necesario y no maduré casi nada, mi guardarropa ha aumentado muy poco, sí, pero no mucho. Tengo un poco más de tinta en el cuerpo, más canas en la cabeza, y más parches en mi corazón de pollo.

Pero aun puedo voltear y ver todo aquello que me hizo ser lo que soy, y puedo ver claramente que fue en 1994 cuando todo sucedió, lo demás solo es inercia. Lo siento por todos aquellos que no les tocó vivir esa revolución (tal vez aún no lo parece así, pero creo que el tiempo me dará la razón) y que sólo vivieron los desabridos finales de los 90´s y unos 2000 muy, muy extraños, pero que no tienen la fuerza y la inocencia que teníamos en aquellos tiempos cuando los CDs eran raros todavía y la falta de internet nos obligaba a buscar hasta debajo de las piedras cualquier cosa que uno quisiera.

Y aquí es cuando me levanto trabajosamente y con mi bastón le doy en la cabeza al primero que diga que los noventa no fueron maravillosos.


jueves, 29 de julio de 2010

La mamá de Paco.





El caso más vergonzoso de amor filial que he conocido fue el Paco, un compañero de la secundaria.

Paco era, de entrada, un idiota latoso. Era encimoso, metiche, llevado y además de todo, era de esos pericos sin imaginación que sólo repiten las bromas de los demás. Pero el karma le cobraba a Paco todo lo odioso que era de una manera brutal: su mamá era cristiana; peor aún, era de esas cristianas con iniciativa.

Varias veces, durante clases, su mamá llegaba a la escuela y primero, se metía con la directora a hablar durante horas sobre nuestros pecados (la directora era católica apostólica romana, pero las dos coincidían en que todos nosotros estábamos poseídos por Satanás) y la mejor forma para meternos en cintura. Después, a media clase, tocaba a la puerta y le pedía permiso a la maestra para pasar y darnos unos “regalos”.

Imaginen esto: Un salón de tercero de secundaria repleto de parias corridos de todas las escuelas públicas. La mamá de Paco pasando lugar por lugar regalándonos dulces y paletas, animándonos a visitarla en su casa, en donde tendría “unos refresquitos” para todos. Paco se hundía en su lugar y nosotros lo mirábamos con lástima. Luego nos burlábamos salvajemente.

Un día tuvimos que hace un trabajo en equipo; no recuerdo que fue lo que paso y porque no pudimos saltarnos la casa de Paco, pero al final quedamos de vernos ahí por la tarde.

A su casa llegamos el grupo de siempre, que incluía a varios de los más bestias y carrillas del grupo. Tocamos a su puerta y Paco nos abrió, haciéndonos pasar a una salita frente a las escaleras. Nos dijo que lo esperáramos tantito en lo que sacaba a su perro al patio de atrás. Nos quedamos parados viendo, en la mesa del comedor, muchos vasos y una jarra de agua. En ese momento, Pedro dijo, mientras abría la puerta que estaba debajo de la escalera:

-Paco, voy a pasar a tu baño.

Desde el patio escuchamos a Paco decir:

-Si, pas…NOOOO!

Pedro abrió la puerta y al “NOOO! “ de Paco se sumó el “AYYYY!” de su mamá, que estaba sentada en la taza con la falda en los tobillos. Pedro completó el coro con un “AHHH PERDÓN!” mientras cerraba la puerta con un azotón.

La señora nunca regresó a la escuela ni nos volvió a invitar a su casa. Creo que en el fondo, Paco estaba agradecido.


miércoles, 21 de julio de 2010

Dos perros.





I

Uno de mis primeros recuerdos es de cuando tenía unos cuatro o cinco años. Mi tío Roberto nos regaló una perra basset hound, (la de los zapatos, decía yo) y en un acto que supongo en el fondo tenía buenas intenciones, mi hermana la llamó Roberta.

Yo estaba jugando con mis carritos en el jardín de la casa y Roberta estaba echada sobre su cobija favorita. Supongo que en ese momento me pareció una idea genial usar el lomo de Roberta como carreterita montañosa y me acerqué a ella con mis carritos en mano.

RUUUUUUUUUUUUUUNNNNN -hacía yo con la boca mientras pasaba mi carrito por el lomo de Roberta.

Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr –hacía Roberta en respuesta.

RUUUUUUUUUUUUUUNNNNN –seguía yo acelerando por su cola, lomo y nuca.

Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr –seguía Roberta demostrando su inconformidad ante las carreras automovilísticas.

RUUUUUUUUUUUUUUNNNNN –Insistía yo, creyendo que Roberta le hacía coros a mi motor imaginario.

GRRRRRRRRRRRRRRR/ACK –Roberta me mordió en la cara.

Recuerdo el rápido movimiento de Roberta, su aliento en mi cara y luego algo húmedo escurrir por mi mejilla. No me espanté porque creí que era su baba, pero mi mamá, que estaba cerca y oyó el último gruñido, soltó un grito al verme la cara llena de sangre.

Roberta me mordió en la frente; uno de sus colmillos se clavó a medio centímetro de mi ojo, justo en la orilla del parpado. Aún tengo la cicatriz. Roberta vivió varios años más, pero nunca volví a jugar cerca de ella.

Desde entonces, cada que veo un basset hound, muy quedito y entre dientes, hago ruuuuuuuuuunnn.



II

El primo de mi amigo Javi tenía el bóxer más estúpido que he conocido, el Charly.

Cada que lo dejaban salir de la casa, lo único que hacía era perseguir a los autos que pasaban frente a su reja. Pero aquí es en donde entraba la estupidez del Charly, que en lugar de perseguir y ladrarle a los autos como todos los perros, lo que hacía era intentar morder las llantas.

Esa era la fascinación del Charly, tratar morder una llanta en movimiento. La calle en la que vivía estaba empedrada y cerca de un cruce, así que los autos pasaban no muy rápido, lo que en teoría ayudaba en su obsesión.

Desde la banqueta, veíamos divertidos como el Charly se echaba detrás de un auto estacionado, esperando. Luego, cuando un auto pasaba, Charly se arrancaba detrás de el, y sin soltar un solo ladrido, lanzaba todas las mordidas que podía hasta que el auto se alejaba. Después regresaba a su escondite a esperar el siguiente auto.

Esto nos divertía bastante, pero nunca como aquel día cuando el Charly logró cumplir su sueño.

No recuerdo que auto era ni como le hizo el Charly, pero consiguió morder la llanta. Y no la soltó.

¿Recuerdan esas caricaturas en donde un perro muerde a alguien en las nalgas y se queda ahí clavado?

Con la boca abierta vimos como el Charly, en un acto de heroísmo perruno, no aflojó la mordida cuando la llanta, siguiendo las leyes de la física, siguió dando vuelta. Y no la aflojó aún cuando la llanta dio varias, varias vueltas. El pobre Charly nomás daba costalazos en el empedrado, pero aguantó hasta que el conductor se dio cuenta de que traía a un perro en la llanta y se detuvo.

Aún sin soltar un solo ladrido, el Charly, hecho una mugre, regresó por la calle. Llegó frente a su reja y se echo a esperar el siguiente auto.

Charly era un idiota, pero era muy feliz.


miércoles, 14 de julio de 2010

El poder de unos huaraches.





Estábamos sentados en la banqueta de la tiendita frente a los edificios cuando vimos llegar un camión de mudanzas. Esto era cosa de casi todos los días (debido al tamaño del conjunto habitacional) y no nos interesaba demasiado. Por lo regular estas mudanzas significaban familias con hijos pequeños, pero de vez en cuando llegaban adolescentes que o bien se asimilaban al grupo de la colonia o se alienaban completamente, no había medias tintas.

Pero muy de vez en cuando, teníamos verdadera suerte y la nueva familia contaba con una hija de nuestra edad que además era bonita.

O esta vez, a mis diecisiete años, así me lo pareció.

Cuando vi por primera vez a Karla (supe su nombre gracias al Tunas, que atendía la tiendita de enfrente), fue enculamiento a primera vista. Tenía el cabello larguísimo, negrísimo y chinísimo. Sus ojos eran enormes y su nariz grande pero bien formada; se reía con toda la cara y su voz era suave. Usaba tenis converse con faldas largas y vaporosas, chalequitos y morrales de jerga y todo el tiempo traía audífonos; creo que escuchaba cosas como Mano Negra y La Maldita vecindad. Sí, era jipiosa.

En ese entonces yo era malo; usaba botas mineras, pantalones rotos y tenía el cabello largo. Escuchaba a Pantera, Sepultura y Iron Maiden. Era rudo con mis amigos y ellos eran rudos conmigo, y todos juntos éramos rudos con el mundo porque a esa edad los hombres somos muy idiotas y muy simples y creemos que el mundo funciona a patadas e insultos (después crecemos y seguimos siendo idiotas y simples, pero entendemos que el mundo funciona con sexo y dinero).

Afortunadamente Karla llegó a vivir al mismo edificio que mi amigo la Liendre, así que tenía el pretexto perfecto para estar ahí y saludarla cada que salía de su casa por las tardes. Ella me devolvía el saludo tímidamente y yo pensaba que estaba impresionada por mi dominio del mundo.

Una vez la encontré sentada en las escaleras; se había quedado sin llaves y esperaba a su mamá. Fue la oportunidad perfecta y me senté con ella. Platicamos un buen rato, me contó que estudiaba en la prepa Sur y que terminando quería viajar y luego estudiar sociología. Yo le contaba de lo rudo que era porque escuchaba metal y me juntaba con muchos vagos a tomar caguamas. Ella se reía quedito mientras tejía una pulsera.

Pasaron unas semanas, durante las cuales la vi cada vez menos; supuse que estaba en exámenes finales y no me preocupé, de todos modos ya era algo casi seguro. Yo seguí rudeando por el mundo esperando las vacaciones, cuando seguramente podría verla todo el día.

Hasta que un día la vi salir de su edificio acompañada. Él era chaparro y flaco. Traía el cabello en rastas y usaba huaraches de suela de llanta. De su hombro colgaba un morral artesanal y su playera tenía impresa una planta de mariguana. Iban de la mano y se dieron un beso.

Putos hippies.


miércoles, 7 de julio de 2010

¿Cuales son las posibilidades?




Estábamos sentados en la banqueta de la privada, cuando el Javi llegó corriendo, bastante agitado y acomodándose los pantalones.

-¿Y ora tú? ¿Que pasó? ¿Si fuiste? -le preguntamos, pero aquel apenas y podía hablar entre jadeos.
-Sí fui, no mames, no mames... –repetía.
-¿Qué? ¿Qué paso? -no nos alarmamos, porque entre jadeo y jadeo aquel se reía.
-No mames güey, no mames... -no paraba de decir.
-¿Qué cabrón? ¿Hubo pedo? ¿Qué te dijo? ¿Qué paso güey?
-No mames, no me van a creer, no mames...

Tendría yo unos quince años y vivía en los edificios de Primavera.

Todo comenzó unas dos semanas atrás, cuando el Javi empezó a hablarle a una chavita que vivía a unas tres cuadras, sobre la misma calle (la calle era larguísima, pasaba por tres colonias). Ella no tendría más de quince años y el Javi tenía diecisiete. Ella era calladísima, rara, siempre pasaba caminando con su hermana menor y su mamá, una señora chaparrita y güera a huevo, con buena pierna y cara de pocos amigos. No recuerdo exactamente como pasó, pero un día el Javi acabó fajándosela en los edificios del fondo (el H, el menos habitado y que estaba mas obscuro) y nosotros nos aventamos el numerito desde la azotea (las azoteas de los edificios eran nuestra segunda casa), cagados de risa por que aquel le metía mano por todos lados y ella nomás abría los ojos espantada.

Pasaron unos días y el Javi la mandó a la chingada, o mejor dicho, empezó a ignorarla. La chavita, que era muy, muy rara, no dijo nada y se desapareció. El Javi comenzó a frikearse; se la pasaba diciendo -No mames, le va a decir a su mamá y me voy a meter en un pedo -Nosotros no le hacíamos mucho caso, pero él seguía con su paranoia, hasta que ese día, chupando en la privada, entre bromas y carrilla, aquel se paró de pronto y dijo:
-No mames, mejor voy a hablar con su jefa antes de que se haga mas grande el pedo.
-¿Cual pedo cabrón? si ni te han dicho nada -le decíamos, pero aquel, como Gabino Barrera, ya no entendía razones.

Se paró y se fue, nosotros no le hicimos caso y seguimos en nuestro desmadre. Mas o menos una hora después, fue cuando llego corriendo a la privada.

-¿Qué? ¿Hubo pedo? ¿Qué te dijo? ¿Qué paso güey?
-No mames, no me van a creer, no mames...
-¿Qué cabrón? ya dinos...
-Me la cogí, no mames...
-No mames, ¿Ahí en su casa? ¿Qué, no estaba su jefa?
-No mamen, a su jefa, me cogí a su jefa...

Obviamente todos nos cagamos de risa, porque eso sólo pasaba en las películas. Todos lo dijimos, pero aquel se nos quedaba viendo y luego volteaba hacia la entrada de la privada cada 20 segundos.

-Neta, neta, me la cogí...

Nos contó que había llegado a la casa de la chavita cuando tocó, le abrió la puerta la mamá; lo dejó pasar y entonces él empezó a medio explicarle lo que había pasado con su hija. La señora escuchaba todo sin decir palabra, pero lo miraba muy raro, Javi se dio cuenta y se quedó callado, fue entonces cuando la señora le preguntó que porque andaba de cabrón con niñitas, cuando había mujeres que sí sabían lo que hacían. Javi no era nada pendejo y enseguida capto por donde iba la cosa, así que le siguió la corriente, y a los veinte minutos se la estaba cogiendo.

Fue ahí cuando escuchó abrirse la puerta de la cochera...era el marido, un cabrón gordo, peor encarado que ella. Javi se paró en chinga, se puso los pantalones a medias y se saltó por la barda del patio trasero, para llegar corriendo a la privada.

Todavía sin creerle, lo seguimos interrogando, pero él aseguraba que si había pasado,

-Es mas, cabrón -me dijo -Mañana vamos y nos la chingamos; está bien pinche loca y te apuesto que le lavo el coco y acepta.

-No mames, ¿Como crees? A lo mejor sí, te la cogiste tú, pero ni modo que jale con los dos, no mames -le respondí.

-Oh cabrón, mañana vamos y vas a ver que sí.

-Ei, mañana vamos -Le dije, convencido de que nos iba a mandar a la chingada.

Y al otro día fuimos. Yo estaba seguro de que no iba a pasar nada. No mamar, eso nada mas pasa en las películas porno, jamás le sucedería a un par de chamacos pendejos y calientes. Aún así fuimos, total, lo peor que podía pasar era que le dijera a su marido y nos pusiera una corretiza (era todo lo que nos podía pasar, en la colonia sabían que éramos tranquilos, pero que aun así éramos un chingo, y que entre la bola había dos o tres que eran realmente mafiosos).
Cuando Javi tocó la puerta, empecé a ponerme nervioso ¿Y que tal que sí pasaba? Cuando ella abrió, me saqué un chingo de onda, porque no dijo nada, nada mas nos dijo que pasáramos. El Javi entró sintiéndose muy chingón, pero yo estaba seriamente preocupado. Empezamos a platicar pendejadas; bueno, en realidad sólo ellos dos, porque yo estaba como tecolote, con los ojos como platos y calladito. De pronto Javi se la soltó:

-¿Quién va primero? -Yo voltee a verlo asombrado, primero a él y luego a ella, que dijo que no, que con los dos no. Claro, lo sabia, era demasiado bueno para ser verdad, pero aquel seguía insistiendo y después de un buen rato, la convenció. Yo me cagaba de nervios (tenia quince años y me iba a tirar a una señora junto con un amigo, ¿Cuantas veces pasa eso?). Nos metimos a uno de los cuartos y el Javi empezó a encuerarse al mismo tiempo que le quitaba la ropa a ella. En ese momento fue cuando estuve seguro; recuerdo que pensé: ¡A huevo! Ya con la señora en pelotas y acostada, Javi se trepó a la cama y empezó a fajársela; yo ya tenía los tenis de fuera cuando sucedió. Aja, era demasiado chingón para ser real: Se escucharon unos golpazos en la reja.

Cuando llegamos y nos dejó pasar, gracias a los nervios, tuve el buen tino de regresarme y poner el pasador de la reja, cerrando desde adentro. Ese simple hecho nos salvó, porque afuera estaban sus dos hijas como poseídas azotando la puerta y dándole de patadas. Yo corrí en chinga a la puerta de la casa y vi como zarandeaban la reja (que para fortuna era de esas completamente cerradas; ellas no podían ver hacia adentro, pero yo podía ver la sombra de sus pies), mientras la mayor gritaba a todo pulmón "¡MAMA! ¡¿¿¿QUE ESTAS HACIENDO???! ¡¡¡ABRENOS!!!" Lo que me asustó no era lo que decía, sino como lo decía. Ya habíamos notado que la chavita era medio rara, pero hasta ese momento nos dimos cuenta de que en realidad estaba loca de atar -igual que su mamá- y que seguramente no era la primera vez que pasaba algo así. Me di vuelta en chinga, sólo para darme de frente con el Javi, que venia saliendo de la casa. Nos quedamos viendo y dijimos al mismo tiempo "¡Por atrás!". Para todo esto, la señora no mostraba ninguna reacción, sólo se nos quedaba viendo sin decir nada, luego comenzó a caminar hacia la reja, con la clara intención de abrirla. Nosotros ya íbamos por la cocina y salimos al patio y entre risas nerviosas (sí, nos estábamos riendo), trepamos la barda y subimos a la azotea. Todavía nos regresamos hacia la parte de enfrente de la casa para ver como las hijas iban entrando como tromba, gritándole sabrá dios que cosas a su mamá. La menor volteo hacia arriba y nos vio, entonces, entre carcajadas, corrimos por las azoteas hasta el final de la cuadra, bajamos a la calle y seguimos corriendo hasta la privada. Cayéndonos de risa, les platicamos a los demás lo que había pasado; ahí fue cuando a todos les cayó el veinte: Teníamos a una pinche loca en la colonia, (desde entonces, haciendo gala de creatividad extrema, así se le conoció, como La Loca) y lo mas importante, una loca que quería coger. A todos les brillaron los ojos y empezaron a apuntarse. Javi, al ser el "conecte", se vio asediado de pronto con peticiones:

-No seas cabrón, dile que yo también quiero.
-Llévame a mi culero.
-Yo pongo la casa de mis jefes, que no van a estar
-¡Vamos a ver si ya se fueron sus hijas!

Podría seguir contando la historia, pero basta decir que sí, pasó todo lo que se imaginan. Hay varias anécdotas que se desprenden de esta, como cuando otros dos amigos se la llevaron en su carro, y cuando no quiso con los dos, la bajaron en pelotas, le aventaron la ropa y la dejaron ahí. Después de esa, que fue la ultima, no aceptó hacerlo con nadie mas (de todos modos, ya solo querían los mas chamacos y rezagados de la bola, a los que todavía no les tocaba)

Hace muchos años, caminado por el centro, la vi venir de frente. Me hice pendejo (yo venia con una amiga), ella sí se me quedó viendo, pero no dijo nada. También después conocí a un tipo, que estaba saliendo con la hija mayor (o La Loca menor, como la conocíamos), casi me orino de la risa pensando en contarle sobre su suegra, pero mejor no, hay cosas que es mejor no contar, como esta.


miércoles, 30 de junio de 2010

Un mal día para Tarek Hader.




El espacio tembló imperceptiblemente, y de pronto, una nave se materializo de la nada.

Tarek Hader se revolvió en su asiento y después de desabrocharse las cintas de sujeción, se estiró cuan largo era.

-Nunca acabaré de acostumbrarme a estos malditos saltos por el hiperespacio, siento como si me voltearan las entrañas.

-Es sólo autosugestión Tarek, en realidad únicamente se han podido detectar verdaderos malestares físicos en un porcentaje insignificante de los sujetos de prueba. -le respondió Borden mientras se liberaba de las correas -Y eso nada más en sujetos que nunca han tenido verdadera experiencia en cuanto a viajes espaciales.

-No me interesa, mis entrañas dicen otra cosa, pero basta, tenemos trabajo que hacer.

-Está bien, en un momento te daré las primeras lecturas.

Borden Durgan era el biólogo de la expedición, bajo el mando de Tarek, el Explorador jefe. Borden era un tipo grande, incluso mas que Tarek, que no era lo que se dice pequeño, pero era un tipo tranquilo, que amaba su profesión y los viajes espaciales, por lo que su ingreso en la división de Exobiología del Instituto de Exploración y Contacto de la Federación era algo que no sorprendió a nadie.

-¿Cómo están nuestras reservas? -preguntó Tarek hacia la nada.

-Bien, en un par de horas podremos dar de nuevo un salto, si hubiera necesidad, claro -contestó sacando la cabeza de una cabina en la parte posterior de la nave Vared Laskin, el navegante, tercer y ultimo miembro de la tripulación -Calculé con seis décimas el salto; espero que el hipermotor no se haya recalentado -dijo con una sonrisa en los labios.

-No te hagas ilusiones Vared, este mundo se ha vuelto muy importante de pronto y la central no permitirá que regresemos con las manos vacías, así que vete haciendo a la idea de que estaremos aquí un buen rato -respondió Borden muy serio.

-Así que cuanto antes comencemos, más pronto podremos largarnos de este maldito desierto estelar.

Tarek provenía de un sistema planetario que bordeaba los límites exteriores del centro galáctico, justo afuera del infierno del núcleo. Había crecido y hecho sus pininos espaciales en medio de una miríada de estrellas, apretujadas, hermosos racimos globulares que brillaban con una luz fría, pero al mirar ese conglomerado lumínico, uno sabía que estaba en casa; en cambio, en este extremo de uno de los brazos espirales de la galaxia, donde el espacio estaba prácticamente vacío, se sentía deprimido.

-Maldita sea, ¿A cuanto está la estrella más cercana?

-Parece ser que a unos cuatro años luz, minutos mas, minutos menos. -respondió Vared mirando una de las pantallas.

-Y en medio, nada, que desperdicio -contestó con un gruñido Tarek -Bien. Borden ¿los indicadores de biomasa ya pueden hacer alguna lectura preliminar a esta distancia?

-Recibo una señal muy débil, pero constante, podría asegurar que es correcta conforme nos acerquemos más, entonces el margen de error disminuirá, obviamente.

-Perfecto. Vared, conecta los motores secundarios y acércanos lo suficiente para apuntar todos los aparatos, y por favor, nada de juegos, no sabemos que puede haber allá abajo.

-Vamos Tarek, no hay ni una estación centinela en las afueras del sistema, ni siquiera detectamos estaciones en orbita geocéntrica, es obvio que todavía no salen del cascarón- contesto Vared.

-Necesitamos asegurarnos, no pienso explicar ante el consejo que perdí una nave sólo por que mi navegante dijo "Vamos, no hay de que preocuparse".

Vared se encogió de hombros y pulsó los controles. Dos pequeños chorros energéticos surgieron del morro de la nave, que enfiló hacia el plano de la eclíptica- El planeta crecía lentamente en las pantallas.

Un par de horas después, Borden no sabía que hacer.

-No sé que pensar de estas lecturas Tarek, nunca había visto nada igual.

-¿A qué te refieres?

-A que sencillamente en ningún manual viene que hacer en un caso como este, jamás había oído de algo así, las lecturas arrojan datos que de no estar viéndolos con mis propios ojos, no los creería.

-Borden, nunca fui muy bueno en exobiología, así que no entiendo cual es el problema, tenemos lecturas positivas de biomasa, señales que indican una civilización, si no muy desarrollada, si una que por lo menos empieza a utilizar energía nuclear.

-Eso es una de las cosas incomprensibles, los datos indican que han estado utilizando la fisión nuclear sobre la superficie.

-Eso es imposible, ninguna civilización sería tan idiota como para poner en peligro su propio planeta, por no hablar ya de su existencia; todas las civilizaciones contactadas han realizado sus pruebas en orbita, o en algún satélite, de otro modo es un suicidio seguro, un fallo en los cálculos y trastocarían los niveles atmosféricos, y sabes tan bien como yo que pasaría si el ciclo lumínico fuera alterado tan solo un poco.

-Eso lo sabemos tu y yo, y todos los científicos de la Federación, así que baja y díselo a ellos, que han estado fisionando material radioactivo sobre la superficie.

-Debe de haber otra explicación, ¿No tendrá algo que ver con los resultados de las demás lecturas?

-Si es así, no puedo ver la relación, vamos, esto es simplemente ilógico, ahí están, los detectamos, ¡pero no hacen nada!

-¿Y si nos acercamos y sobrevolamos un poco? -preguntó de pronto Vared, que había seguido la discusión de cerca.

-¿Y violar los acuerdos del Protocolo Drake? Sabes perfectamente que no podemos interferir por ningún motivo con una civilización que aun no esta lista, menos aún con una tan irregular como esta, de ninguna manera debemos ser una influencia para ellos, ya sea positiva o negativa.

-¿Y qué me dices del principio de incertidumbre? el simple hecho de observar, cambia al objeto observado -replicó Vared provocativamente.

-Deja esas sutilezas para los científicos de la Federación, ellos están allá y nosotros tenemos a este condenado planeta enfrente.

Borden volvió a sumergirse en sus instrumentos, fascinado por los datos que seguía recibiendo.

Tarek estaba molesto, no con su tripulación, sino con el mismo, esta debía ser una exploración de rutina; saltar, acercarse, tomar notas, decir adiós al planeta y regresar al Centro, con los archivos rebosantes de información totalmente inútil y predecible.

Todos los planetas que se habían encontrado girando al rededor de estrellas del tipo espectral G, (a la mitad su vida útil, lejos aun del momento en que deberían salir de la Secuencia Principal y volar en pedazos), no binarias, dentro de la zona orbital ecológica viable, arrojaban los mismos predecibles resultados, tanto que incluso existía una formula, El Ciclo Verhober, que pronosticaba, según datos fácilmente obtenibles, en que estado de desarrollo se encontraría la civilización de dicho planeta. Siempre había resultado, hasta hoy, el día en que el, Tarek Hader, Explorador jefe de la nave Groen Bloed se había topado con un planeta que se negaba a seguir el Ciclo Verhober, y eso, obviamente, molestaba a Tarek.

Se acercó y miró sobre el hombro de Borden.

-¿Que has averiguado? -preguntó resignado.

-Esto es fascinante Tarek, mira; según las lecturas del oscilador neurónico, el planeta esta densamente poblado, bueno, por lo menos en las partes que son factibles para la vida, si te fijas en esta zona -Borden señalaba una amplia zona desértica -así como en estas otras -señalo ambos polos del planeta -la vida es casi nula, pero en cambio, como es lógico, cerca del ecuador planetario es donde esta más densamente poblado.

-Por supuesto, es en donde el clima es más templado, y debido a la traslación del planeta, es la zona más estable en cuanto a la radiación de su sol, ¿se te ocurre un mejor lugar para vivir?

-Por supuesto que no, pero observa -Borden manipuló los controles, desplegando un amasijo de gráficas tridimensionales -estos lectores nos deberían mostrar una alta "movilización", cierta actividad, sin embargo, no lo hacen, ¡no muestran nada!

-Eso es imposible, eso significaría que simplemente están ahí parados sin hacer nada.

-Exactamente, esa es la única respuesta, no se mueven, simplemente están ahí, inmóviles.

-¿Pero entonces como es que seguimos recibiendo señales que únicamente pueden provenir de una civilización activa?

-No lo sé, pero tengo una teoría un tanto descabellada, mira esto -ahora Borden desplegó un holograma en el que se veía el planeta entero, iluminado con pequeñísimos puntos en toda su extensión -ajusté el capacitor de biomasa para que abarcara un espectro más amplio, y me apareció esto, sin duda, es otra forma de vida, y por lo que se puede observar, bastante activa.

-¿Y que te dice eso? ¿Cómo lo estas interpretando? -preguntó Tarek realmente interesado.

-Puede sonar como una locura, pero podría ser una especie de virus, o un simbiote, ya sabes, algo así como un parásito, y lo llamo parásito porque al parecer no esta siendo benéfico para los habitantes; al contrario, esta atacándolos, de una manera que no alcanzo a comprender.

-¿Y tiene dominados a todos los seres de ese planeta? ¿Los inmoviliza y hace lo que se le da la gana? ¿Estás loco? ¿Como se pudo haber desarrollado algo así?

-No lo sé en verdad no lo sé, pero tal vez el uso de la energía nuclear sobre la superficie del planeta haya tenido algo que ver, pudo haber desatado reacciones en cadena a nivel planetario, cambios de algún tipo, no tengo idea; pudo haber elevado la radioactividad natural del planeta, disparando los isótopos inestables de la corteza, qué sé yo, eso tendría que decirlo un Exogeologo.

-Pero aún así, ¿Cómo explicarías la aparente inmovilidad y falta de control de esos seres? -replicó Tarek confundido; esto iba mucho mas allá de sus funciones como explorador, esto era cosa de los expertos del Instituto.

-Te repito que no lo sé, pero si interpretamos los datos bajo esa luz, la única explicación posible es esa; los seres de este planeta están bajo el yugo de algún tipo de criatura, virus, parásito o simbiote, es todo lo que puedo decir.

-Esto es demasiado, me niego a seguir conjeturando sin tener más datos, esto lo tengo que informar al centro, si ellos deciden que regresemos y quebremos los protocolos, adelante, pero por el momento es todo lo que podemos hacer. Vared -se dirigió hacia el navegante, que durante toda la discusión no había abierto la boca; lo suyo era la navegación, los pársecs, los saltos, los motores hiperespaciales, no tonterías como planetas que se negaban a seguir ciclos incomprensibles -prepara el salto, nos largamos de aquí.

-¡A la orden Capitán! -contestó burlonamente Vared, mientras se escabullía hacia la parte trasera de la nave.

-¿Estás seguro de esto Tarek? -preguntó Borden mientras se sujetaba al asiento.

-Claro, esto queda fuera de nuestras funciones, no pienso acercarme más a ese maldito planeta hasta no saber que es lo que le pasa, vamonos.

Tarek sabía que hacia lo correcto, que otros decidirán que hacer con una anomalía planetaria así; el sólo quería explorar, encontrar y contactar mundos que no dieran esa clase de problemas, la clase de planetas como en el que el había crecido, soleados, calidos, en donde se pudiera vivir sin problemas, siempre bañados por la hermosa luz del sol, alimentándose de ella...

Tarek acomodó su plantiforme cuerpo sobre el asiento especialmente diseñado para soportar su rugosa piel; la clorofila circulaba velozmente por su interior, preparándolo para el trago amargo del hipersalto, la luz de la pantalla principal iluminaba tenuemente su rostro verdoso.

-Al demonio con un planeta en el que sus habitantes no pueden hacer nada para protegerse de un maldito virus, parásito o lo que sea, ¡Por la gran Diosa Verde! no me interesa -murmuró para sus adentros el ser-planta llamado Tarek Hader.

La nave tembló imperceptiblemente, y de pronto, se desvaneció en la nada.


miércoles, 23 de junio de 2010

Lo siento, Cervantes.





Nunca he leído el Quijote. Alguna vez, hace muchos años, lo intente, pero no pasé del primer capítulo. No por hueva, ni por difícil, simplemente, no me atrapó. Lo mismo me ha pasado con varios clásicos; por ejemplo, nunca he podido con Shakespeare, o con Benito Pérez Galdós. No creo que tenga nada de malo no haberlos leído; si uno tuviera que leer a todos los grandes, no le quedaría tiempo para leer a los chicos.

Aún así, muchos de esos considerados grandes, me han enganchado inmediatamente; puedo leer la Ilíada y la Odisea con singular alegría, lo mismo con Platón, aunque no le entienda ni a la mitad de lo que dice.

(Sin embargo, me gusta muchísimo leer, aunque muchos podrán considerar que desperdicio mi tiempo leyendo ciencia ficción, pero con eso crecí y no hay mucho que pueda hacer al respecto; tengo alrededor de setecientos libros del género, de los cuales apenas he leído un poco más de la mitad, por eso, cada que me topo y leo algún libro de cualquier otro tema, me siento culpable por las docenas que tengo pendientes y que en silencio me lo reprochan desde mis repisas)

Pero respeto a los que han leído al Quijote y pueden hablar libremente sobre él, en lo personal, debido a una tara mental, cuando escucho la palabra “Quijote”, automáticamente, lo primero que me viene a la mente, es aquella canción de José José, que dice: “Si me dejas ahora/ mi espíritu se irá tras de ti/ cabalgara día y noche/ sintiéndose soñador y quijote.” Lo siento, las borracheras tienen la cualidad de grabar a fuego en la mente ciertas cosas, por idiotas que estas sean.


miércoles, 16 de junio de 2010

No insultarás a la ciudad de tu prójimo.






En mis casi seis años troleando desde mi blog y un par desde este, he aprendido que hay algunas pocas sagradas en Internet sobre las que decir algo malo equivale a una blasfemia horrorosa. Una de ellas es hablar mal del lugar de nacimiento de alguien.

Por ejemplo, hace años cuando, en un ejercicio de obvio troleo, hablé mal de Chihuahua (sin haber puesto un pie en ese lugar en mi vida) los insultos de los chihuahuenses no se hicieron esperar. Principalmente, sus insultos podían resumirse en que: soy un ardido envidioso porque Chihuahua es el estado más grande, más rico, tiene las mejores carnes asadas y todos los hombres son muy hombres y muy altos (¿?).

Después hablé mal de Guadalajara, y los killos inmediatamente me crucificaron. En este caso, el insulto común fue que yo era un ardido envidioso porque Guadalajara sí era una ciudad cosmopolita y porque tenían las mejores mujeres de México.

Pero luego cometí uno de los mejores aciertos en mi carrera troll: en este video, insulté durante veintidós segundos a Puebla, y entonces, el acabose.

En mis seis años blogueando me han insultado de todas las maneras posibles e imaginables, pero nunca tan concienzudamente y con tanto odio como los poblanos, que, en un alarde impresionante de coherencia, molestos porque insulté su ciudad, se pusieron a insultar mi supuesta procedencia (hasta la fecha, he sido chilango, queretano, zacatecano, chihuahuense y hasta poblano renegado)

Aunque después de quitar los insultos paja, predominan dos:


a) Soy puto y seguramente un poblano me cogió y por eso los odio. Lo cual no tiene sentido; si soy puto ¿Por qué habría de molestarme que me cogiera un hombre? Incluso es un insulto suicida, porque se entiende entonces que puebla está llena de hombres que se cogen a los forasteros.


b) Que soy un indio prieto, naco y acomplejado que ya quisiera ser poblano y tener su educación, su historia y su cultura.


Este último insulto siempre me ha fascinado, sobre todo por cuantas veces se repite. Siempre he pensado que la forma de insultar de una persona dice mucho mas de su personalidad y prejuicios que cien platicas; escuchar a una persona insultar nos muestra inmediatamente que es lo que considera insultante, y eso, después de leer el florido vocabulario de los poblamos, sólo me hace pensar: Oh, Dios ¿Pues qué pasó en Puebla?

El mundo está mal, mal.


miércoles, 9 de junio de 2010

La Partida






2138 D.C

Se detuvo frente a la compuerta y manipuló los controles hasta que apareció un aviso en rojo sobre la pequeña pantalla frontal: "Peligro, exclusa al vacio", luego, lentamente giró la manija y salió. Dio un salto corto y cayo levantando un poco de polvo, que lentamente se volvió a posar alrededor de sus botas, después, cerrando tras de si la compuerta, se alejó dando pequeños saltos, no porque temiera salir disparado hacia el espacio, ya que por muy fuerte que se impulsara nunca podría superar la velocidad de escape de la Luna, pero aún así, en un descuido, podría alejarse demasiado de la superficie, lo que le restaría tiempo, tiempo que quería aprovechar al máximo.

Se alejó un par de kilómetros, hasta que encontró lo que buscaba. Se detuvo y miró en todas direcciones. Nada. Estaba solo. Desconecto el altavoz de su intercomunicador y se sentó mirando hacia el frente.

Ahí estaba, colgada como una gran esfera reluciente, con un brillo casi cegador. Se veía cubierta por grandes nubarrones y de tiempo en tiempo se dejaban ver, rodeadas de un hermoso azul, las grandes masas de tierra, ¿Era eso el Sahara? Sintió una punzada de dolor al pensar en el proyecto que le había tomado tantos años perfeccionar, así como tantos sacrificios; robarle terreno al desierto y convertirlo en tierra fértil y productiva, un oasis en medio de una tierra abarrotada por 10,000 millones de humanos. Casi lo habían logrado cuando ocurrió la desgracia.

Aguzó la vista y encontró lo que buscaba, unos pequeños puntos de luz alrededor de la Tierra. Eran las colonias espaciales que orbitaban el planeta. Muchas de ellas viajaban a la deriva, sin nadie en los controles que las mantuvieran funcionando; eran unos gigantescos sarcófagos orbitando un planeta que pronto seguiría el mismo camino...

Todo fue demasiado rápido, la epidemia se extendió velozmente. Mucha gente ni siquiera estaba enterada de lo que estaba pasando, pero cuando los comunicados oficiales del Gobierno Mundial salieron a la luz, todo se volvió un pandemónium.

Él y los que se pudieron reunir tuvieron que hacer todo el trabajo a una velocidad casi sobrehumana; los últimos días tuvieron que trabajar por turnos vigilando las instalaciones de las turbas enloquecidas que deseaban escapar del planeta, pero que de haberlo logrado, hubieran condenado a toda la raza humana. Aún así varios lograron escapar hacia las colonias orbitales más cercanas, contagiando a todas las tripulaciones y matándolas por completo. Irónicamente, algunas de esas colonias vacías sirvieron como conejillos de indias en las pruebas con los nuevos motores y portales neutrínicos que estaban desarrollando desde hacía décadas. Habían mandado apresuradamente algunas manejadas a control remoto, y cuando se pusieron en funcionamiento los nuevos motores experimentales, las naves enteras simplemente se desvanecieron, no sin antes sufrir una de deformación superficial. Por lo menos no habían explotado instantáneamente, lo cual habría sido el final. Ahora sabían que las naves habían llegado a algún lado, ¿Pero a dónde? Por lo que sabían, podrían estar en Cygnus o en Andrómeda, o a la mitad de las nubes de Magallanes, imposible saberlo, se necesitaba más tiempo para hacer más pruebas, tiempo que no tenían.

Así que se decidió, y se hizo todo lo que posible sobre la superficie de la Tierra, lo que no, lo harían en una pequeña escala en la Luna (a estas alturas ya ni siquiera las colonias orbitales más alejadas eran seguras; una nueva mutación del virus en forma de espora resistía el vacío y el frio interestelar, era sólo cuestión de tiempo para que llenaran el sistema solar) para afinar los últimos preparativos y después, pues bien, después descubrirían lo que podían hacer los motores neutrínicos.

Una luz parpadeo a cerca de su ojo izquierdo, era la señal del intercomunicador, estaban tratando de comunicarse con él.

-Adelante -la señal crujió.
-Estamos esperándolo capitán, todo está listo -esperó un momento y respondió. -Estoy en camino, comiencen la secuencia de carga neutrínica, yo confirmare a bordo -y corto de nuevo la comunicación.

Miró por última vez la Tierra, la cual se veía tan apacible que era difícil creer lo que estaba ocurriendo bajo sus nubes, sobre la superficie y bajo el mar. Todo tenía que salir bien, tenía que salir bien. Era la única posibilidad.

Dejó que sus ojos se inundaran con su luz y se dio la vuelta. De nuevo inicio sus rítmicos y largos saltos en dirección a su pequeña nave, la cual lo llevaría a la colosal colonia que orbitaba la Luna, esperando por él.




80346 D.C


El ser se detuvo y contempló el planeta que tenía frente a él. Una primera inspección visual no revelaba nada extraordinario. En los primeros siglos de la Expansión, parecía insólito que se encontraran tantos planetas tan similares, pero al pasar el tiempo, se volvió rutinario, al parecer la naturaleza era constante.

Bajó de la cápsula y lentamente miró a su alrededor. Al mismo tiempo que recibía las lecturas de la madre nodriza, él hacia las propias, cotejándolo todo con el neuroprocesador que se ubicaba en la parte baja de su frente, el cual funcionaba más rápidamente que cualquier maquina. Se concentró e imperceptiblemente cambió su estructura molecular interna y externa para hacerla compatible con la atmósfera de aquel planeta. Oxígeno y nitrógeno en su mayor parte, además de algunos otros gases en cantidades despreciables.

Con un toque en un micro panel de su antebrazo, su traje hecho de polímeros de sólo unas micras de espesor, pareció disolverse y entonces dejó que los receptores sensoriales de su cuerpo se inundaran con el caudal de información ambiental, y de pronto, mezclado con los miles de datos, algo disparó una alarma antiquísima imbuida en su neuroprocesador. Él ni siquiera sabía que dicha alarma existía y tuvo que cotejarla con la base de datos de la nave nodriza. Cuando supo de qué se trataba, un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

Era un trazo muy leve, casi imperceptible, pero ahora que sabía lo que buscaba, ahí estaba; un residuo de cierto antiquísimo código genético. Trató de separarlo de las demás signaturas químicas, buscando febrilmente en la enorme base de datos, y al mismo tiempo eliminado posibles yuxtaposiciones falsas o desechadas anteriormente. Para un observador externo, el ser solamente parecía estar meditando con los ojos cerrados, pero dentro de su compleja estructura neuronal, había una actividad inconcebible, y de pronto, ya no tuvo dudas.

Sus ojos se abrieron y en su rostro se dibujó una enorme sonrisa. Una búsqueda olvidada hacía milenios de pronto se había terminado; él la había encontrado. Después de casi 80,000 años, un hombre volvía a pisar la Tierra. Él era el primero, pero después vendrían muchos, muchos más. Habían regresado a casa.


miércoles, 2 de junio de 2010

This time when kindness falls like rain.






My friend assures me, "It's all or nothing."
I am not worried, I am not overly concerned.
My friend implores me, "For one time only,
make an exception." I am not worried.
Wrap her up in a package of lies,
Send her off to a coconut island.
I am not worried, I am not overly concerned with the status of my emotions.
"Oh," she says, "you're changing."
We're always changing...


La primera vez que escuché “Anna Begins” de los Counting Crows tenía diecisiete años. En ese entonces tenía una idea muy torcida de lo que era el amor y de lo que significaba estar listo para alguien. Dejé la canción para después.

It does not bother me to say this isn't love.
Because if you don't want to talk about it then it isn't love.
And I guess I'm gonna have to live with that.
But I'm sure there's something in a shade of grey,
Or something in between,
And I can always change my name
If that's what you mean.


Años después, viviendo otra situación en mi vida, tenía una idea más clara de lo que eran las relaciones, de lo que significaba negar y dejar cosas a un lado y de lo que para mí era y no era el amor. La canción empezó a tomar su lugar.


My friend assures me, "It's all or nothing."
But I am not really worried, I am not overly concerned.
You try to tell yourself the things you try to tell yourself
To make yourself forget. To make yourself forget. I am not worried.
"If it's love," she said, "then we're gonna have to think about the consequences."
But she can't stop shaking and I can't stop touching her and...


Hace no mucho, pude identificarme con mucho de lo que lo que cuenta Adam Duritz; supe a que se refería con aquello de “I'm not gonna worry about it anymore.”, aún así, seguía sin estar listo.


But I'm not gonna break and I'm not gonna worry about it anymore.
I'm not gonna bend, and I'm not gonna break. And I'm not going to worry about it anymore.
It seems like I should say, "As long as this is love..."
But it's not all that easy, so maybe I should
Snap her up in a butterfly net and pin her down on a photograph album.
I am not worried cuz I've done this sort of thing before.
But then I start to think about the consequences,
And I don't get no sleep in a quiet room and...


Es sólo ahora, diecisiete años después, que entiendo perfectamente Anna Begins. O tal vez es que sólo una vez que se está listo, es cuando no se necesita entenderlo.


She's talking in her sleep.
It's keeping me awake. And Anna begins to toss and turn.
And every word is nonsense but I understand and,
Oh lord, I'm not ready for this sort of thing.

Her kindness bangs a gong,
It's moving me along. And Anna begins to fade away.
It's chasing me away. She disappears, and
Oh lord, I'm not ready for this sort of thing.





miércoles, 26 de mayo de 2010

Buenos días doña.




Después de sufrir un accidente en motocicleta que me desfiguró deshizo la clavícula, a mis dieciocho años regresé —de nuevo— a vagar a mi calle. Uno de los amigos habituales trabajaba como ayudante de operador en una ruta de maquinitas a comisión.

Todos han visto maquinitas de videojuegos en las tienditas, farmacias, papelerías, etc, etc. Pues bien, esas maquinas no aparecen ahí por generación espontánea, tienen su chiste. Pero primero lo primero.

Un día este amigo llegó y me preguntó si quería echarle la mano unos días en su chamba, me pagaría proporcionalmente a lo que saliera y lo más importante, podría jugar todo lo que se me diera la gana en las maquinitas, gratis. Inmediatamente le dije que sí.

Al otro día temprano pasó por mí en una camioneta estaquitas y nos fuimos a casa de su jefe. Ahí me lo presentó, se llamaba Francisco, era de Torreón, media 1.85, usaba botas y a las 11 de la mañana ya tenía la sombra de la barba de las 5 de la tarde. En pocas palabras, era un norteñote que hablaba golpeado y decía “soda”.

En esa época estaban “intervenidos” (Las ganancias andaban por los suelos y de la matriz en Torreón mandaban a un interventor para que viera que estaba pasando) y el trabajo consistía en recorrer la ruta de las maquinas y si alguna no estaba dejando ganancias, había que reubicarla, lo que significaba darle las gracias a la doña de la tienda, cargar la maquina en la camioneta y buscar otro lugar en donde colocarla.

Era una joda, porque reubicábamos un promedio de 10 a 15 maquinas por día. Dejando a un lado lo cansado de subir y bajar las maquinas a la camioneta (cada una pesaba de 80 a 100 kilos) lo mas desgastante era convencer a los dueños de los negocios para que aceptaran las maquinas a comisión. La cosa era así:

Uno llega a la tiendita de la esquina que atiende una viejita. Primero había que darle un vistazo rápido y juzgar si había espacio para la maquina, luego, había que esperar que la señora se desocupara y nos pusiera atención. Después venia lo difícil, que es algo así: (este dialogo se repetía unas 20 o 30 veces al día)

—Buenas doña. ¿Cómo está?
—Bien joven, ¿Qué desea?
—Pues mire, le vengo a ofrecer una maquinita, ¿ya la vio? Esa que traigo en la camioneta.

Aquí podían pasar dos cosas: La señora podía decir “No, no, esas cosas no, gracias” o mostrarse interesada; si era lo primero, había que hablar mas, pero por lo regular se interesaban, luego era algo así:

— ¿Y eso cómo es o qué?
—Pues mire, yo le dejo la maquina aquí, sin compromiso, para que la pruebe, usted nomás la prende y le cambia las monedas a los muchachos. Yo vendría cada tercer día a revisarla. Sacamos el dinero, lo contamos, y de lo que salga le doy el 30%, ¿como ve?
— ¿Pero le tengo que firmar algo o poner dinero?
—Nada señora, ni firma ni paga nada, usted nomás la prende y ya, yo le doy su dinero dos veces por semana.
— ¿Pero eso jala mucha luz, no? ¿Quién me va a pagar lo que suba el recibo?
—Ah, mire, la maquina consume casi lo mismo que una televisión, y fíjese, para que la maquina nos convenga a los dos, tiene que sacar mínimo unos 300 pesos a la semana, de esos 300, a usted le tocan 90. ¿De cuanto le llega su recibo?
—Pues como de 300 pesos.
—Ahí esta, y eso es al bimestre; al mes mínimo la maquina le tiene que dejar 350 pesos, fíjese, la maquina le pagaría todo el recibo de la luz, incluyendo los refrigeradores y lo demás y aparte le quedaría dinero. No tiene pierde.

Por lo regular esto servía para convencer a la gente, hay que ser muy bruto para no ver el negocio, pero aun así, se sorprenderían de la cantidad de gente que no entendía. En esos días aprendí a odiar al mundo y la estupidez humana.

Si aceptaban, acomodábamos la maquina y la dejábamos lista. Por lo general para ese momento ya había una bolita de niños emocionados corriendo la voz de que “pusieron una maquinita!” y esperaban ansiosos para jugar. Entonces le dejábamos unos 200 o 300 pesos de cambio a la señora, le dábamos nuestro teléfono por si se descomponía la maquina y nos largábamos a buscar otro local.

Si todo salía bien, la señora nos hablaba al día siguiente, preguntando si podíamos ir a dejarle mas cambio porque ya se le había acabado, eso era música para nuestros oídos. Algunas veces teníamos que regresar el mismo día por la tarde.

Lo de los 300 pesos a la semana era lo mínimo para que fuera rentable para nosotros, pero había locales en los que la maquina dejaba 600 o hasta 800 pesos a la semana. Algunas dejaban tanto que incluso pagaban la renta del local. Las señoras nos amaban.

Resumiendo. Cuando levantamos la ruta, se fue el interventor. Mi amigo ya no le siguió y Francisco, el operador jefe, me pregunto si quería quedarme de ayudante, yo dije que sí y empecé a trabajar directamente con Francisco, lo cual era inevitable, porque en el negocio sólo éramos el y yo.

Empezábamos a las 8 de la mañana. Teníamos unas 80 maquinas en total, que dividíamos en tres rutas: lunes y jueves revisábamos unas 30, martes y viernes otras tantas y las restantes los miércoles y sábado. Dejábamos las más estables y para los miércoles y así a veces poder saltarnos los sábados.

Mi trabajo consistía en abrir la maquina, pasarle el cajón de monedas a Francisco —mientras el platicaba con la señora—, checar que funcionara bien; si la palanca o los botones fallaban, sacaba las refacciones y los cambiaba. Después revisaba la programación del juego y veía como iban los promedios; si estaban durando mucho jugando—lo ideal es que un duren de unos 5 a 10 minutos por moneda en promedio— le subía a la dificultad o cambiaba otros parámetros, como numero de vidas, de continues, etc, etc (Si, ódienme, yo era el responsable de que no pudieran pasar la segunda tercia en King of Fighters). Si el juego no estaba dejando, lo cambiaba. Todo esto lo hacia mientras Francisco contaba el dinero y le dejaba su comisión al encargado. Llegue a hacerme tan rápido que podía revisar una maquina y dejarla lista en menos de 2 minutos (cambiaba la programación del juego tan rápido que los chavos no podían ver siquiera que estaba haciendo). En cuanto acababa, ponía unos 10 o 15 credits y empezaba lo bueno, cerraba la maquina y decía hacia la bola de mocosos que tenía detrás de mí:

—A ver cabrones, fórmenle.

Y empezaba el desmadre. Por lo regular los mas vagos y grandes eran los que agandallaban a los demás. Casi todos nuestros juegos eran de peleas: los King of Fighters, Tekken, Samurai Shodown (Ipum!), World Heroes, Art of Figthing, Marvel vs Capcom, etc, etc. Y algunos como Puzzle Bubble, Snow BROS. (En el que yo era una VERGA; llegue a hacer las chuzas de todos los niveles) y varios mas.

Los niños ya sabían cuando llegábamos y me esperaban con ansias, ("¡El don de las maquis!”) porque después de patearles el culo (y siempre se los pateaba) nos íbamos y dejaba los créditos sobrantes para que se pelearan por ellos. En algunos locales (como el que teníamos frente a la prepa norte) había cabrones que si me daban batalla y me esperaban para la revancha. A veces Francisco terminaba y se quedaba esperando a que yo terminara entre mentadas de madre:

—Ándale! No tenemos todo tu pinche tiempo hijoelachingada!
—Pérate cabrón, nomás le parto su madre a este güey.

(Gracias a Francisco aun conservo un acento golpeado y medio norteño —del que mis amigos se burlan mucho—al hablar con extraños)

A veces organizábamos torneos y regalábamos cosas que venían con los juegos, como posters, calcomanías y de plano créditos.

Si toda la ruta andaba bien y no había maquinas que reubicar o reparar, acabábamos a eso de las 2 o 3 de la tarde. A veces incluso, aun parándonos a desayunar (ya teníamos ruta también para eso: las gorditas de San Roque los lunes y jueves, los quesocarnes de satélite los martes y viernes y las carnitas de Santa Rosa los miércoles) terminábamos a las 12 o 1 de la tarde y me quedaba todo el día libre. Fue en esa época, mientras Francisco manejaba de local a local, que leí cerca de 200 libros.

Al final de la semana, Francisco hacía cuentas y me daba el 30% de las ganancias. Eso duró como un año, me iba bien, pero lo mejor vendría después.

Como la ruta iba bien, de Torreón nos mandaron otras 20 maquinas, la ruta se puso mas pesada y como yo me llevaba muy bien con Francisco y el andaba viendo lo de su boda, decidió pedir otra camioneta a la matriz, partir la ruta y dejarme la mitad para que yo la manejara solo.

Entonces yo me busque a mi propio chalán, primero le dije a mi ex cuñado si quería jalar, dijo que sí y así nos pasamos unos meses. Yo mantuve la ruta saludable y en Torreón me agarraron confianza. Incluso mandaron a alguien para que “me conociera” y no hubo ningún problema.

Para ese entonces, Francisco estaba a punto de casarse y quería irse a vivir a León. Pidió una ruta allá y se la dieron, entonces vino de Torreón uno de los pesos pesados a hablar conmigo. Me ofrecieron quedarme como operador jefe a cargo de todo. Yo, por supuesto, acepté y después de firmar un pagaré por 400,000 pesos por las 120 maquinas que ya teníamos y las dos camionetas (yo firmé todo lo que me pusieron enfrente, total, si pasaba algo ¿Cómo iba a pagarles, con Tazos?) me entregaron la ruta.

Y ahí empezó la época de mi vida más decadente que haya experimentado jamás.

Yo tenía 20 años y era mi propio jefe. Sólo tenia que rendirle cuentas —por fax— a la matriz de Torreón una vez a la semana. De nuevo partí la ruta y le di la mitad a mi ex cuñado.

Los sábados tenia que depositar a la matriz la renta de las maquinas –de mi ruta solamente, deje que mi ex cuñado se encargara completamente de la suya-, que eran unos 12,000 pesos, de lo que restara, yo tenia que pagar gasolina, permisos, reparaciones, etc, etc. Aun así, la ruta estaba tan bien que había semanas en las que yo sacaba libres para mi 2000, 3000 o hasta 4000 pesos. (Si algún Queretano conoce el “Súper Lomas” de Lomas del Márquez y llegó a jugar en las tres maquinas que tenia ahí, gracias, muchas gracias)

Claro, había semanas malas o la época de vacaciones en donde a veces no salía lo de la renta y yo tenia que poner de mi bolsa para completar, pero por lo regular ganaba unos 8,000 o 10,000 al mes. Nunca gaste dinero como en esa época.

Visualicen esto:

Yo no tenía obligaciones y ganaba dinero groseramente, aunque gastaba en cuanto se me ocurriera, al final de la semana aún me quedaba dinero. Pagaba facturas del celular de 1,500 pesos (estoy hablando de hace 10 años), le invitaba TODAS las pedas a mis amigos (que en esa época también chalanearon conmigo; era acabar la ruta e irnos a chupar), invitaba los campamentos a Tequisquiapan, las salidas con las viejas y las cuentas de comidas. De aquella época de bonanza sólo me queda, físicamente, un reloj de titanio (un día entré a Sanborns, lo vi, pregunté cuanto costaba —3,000 pesos— y lo compré sin más) y un telescopio. Lo demás me lo chupé, comí, fumé y cogí. ¿De qué mejor manera se puede gastar el dinero?

Eso duró cosa de un año o dos, pero obviamente, las cosas no pueden ser tan hermosas por siempre.

En ese entonces entró otra compañía a Querétaro que manejaba maquinas. Los cabrones saturaron la ciudad; ponían maquinas en locales pegados a los míos, y, obviamente, la ruta bajó. Durante un par de meses estuve saliendo tablas y por otro lado, ya estaba hasta la madre. Mandaron un interventor y fue cuando todo se fue a la mierda.

Cuando lo recogí del hotel, me lleve una sorpresa, el que yo creía que era el interventor, en realidad solo era un ayudante, LA interventora se llamaba Vanesa, tenia mi edad y era una chulada de ojos verdes. Por mi mente pasaron todas las cosas que les están pasando por la mente a ustedes.

Pero no, resultó que Vanesa era una hija de papi (literalmente; su papa era uno de los pesados de la matriz) que sólo venia a vacacionar y echar desmadre mientras hacia como que trabajaba. Esto no hubiera sido problema excepto por un pequeño detalle: era una pendeja y me estorbaba en todo.

Chocamos inmediatamente. Entre su pendejez y mi hartazgo, logramos crear un clima de trabajo tan estresante que yo ya no veía la hora de que se fuera a la chingada. En las mañanas, cuando iba a recogerla al hotel para empezar la ruta, apenas se iba levantando porque estaba cruda o con un cabrón (irónicamente, se hizo amiguísima de mi ex cuñada y se la pasaban en el desmadre y hasta novio se consiguió). Todo el día se hacia pendeja y al final reportaba que yo era un pesado (y lo era) que no cooperaba con ella.

Después de un mes me harté definitivamente y llamé a Torreón para avisar que iba a entregar la ruta. Se apenaron sinceramente y me ofrecieron alternativas, pero ya no quise hacer las cosas mas grandes culpando a la vieja esta y sólo les di las gracias. Cuando al otro día fui a recoger a Vanesa –que venia particularmente odiosa porque se había peleado con su güey y quería desquitarse conmigo- con la sonrisa más sarcástica que me salió le dije que ni se molestara, que le iba a entregar la ruta y que teníamos mucho trabajo. Le arruine la semana y me sentí muy bien.

Entregué la ruta, le di las gracias, nos despedimos como amigos de toda la vida —y como diría Ibargüengoitia—, nos volteamos y nos mentamos la madre.

Ahora sólo me quedaba ver hacia el futuro con esperanzas; yo sabia que me esperaba algo grande, y así fue.

Y heme aquí, un exitoso bloguero…

…voy a llorar a la regadera.


miércoles, 19 de mayo de 2010

miércoles, 12 de mayo de 2010

La última respuesta.





Cruzó el espacio sin apenas rozar alguna de las poquísimas estrellas que agonizaban en todas direcciones. Se extendió y buscó, pero no encontró nada. No quedaba nada, no quedaba nadie. Sólo él, buscando incansablemente alguna chispa, algún destello de conciencia ajena a la suya. Había pasado mucho espacio y recorrido mucho tiempo escuchando la luz de las pocas y opacas estrellas que aún desafiaban a la entropía y se sintió cansado. Observó la radiación residual del éter moribundo y no tuvo dudas. Estaba solo: la Última vida del Universo.

Sabía que era el último, lo último. También sabía que sólo tenía que enfocar el pensamiento, un pensamiento en específico que terminaría con todo; sólo tenía que pensar en No Ser, en no existir, porque ¿Cómo puede dejar de existir la conciencia sino negando su propia existencia? No pienso, luego no existo. Pero no podía hacerlo; si apenas rozaba el borde de la idea, de ese clic instantáneo, su mente se retraía. Seguía buscando.

Se expandió de nuevo y flotó sobre eones durante millones de años luz. El Tiempo y el Espacio eran uno con él. Dejó fluir sus zarcillos mentales para que recorrieron la Eternidad en un instante, y justo cuando consideraba un vez más aquel pensamiento final, lo sintió.

Provenía del otro lado del Universo, lejos, muy lejos. Entonces pensó y le tomó un instante llegar hasta ahí. Con cuidado expandió de nuevo sus zarcillos etéreos y lo encontró. Era una pequeña chispa vacilante, apenas una idea, un diminuto soplo de pensamiento. Era exactamente el pensamiento contrario a lo que él tenía que pensar para terminar con todo. Y entonces supo que había llegado el momento, ya que sólo él y su último pensamiento se interponían en el camino. Dio una última mirada a su morada oscura, fría y muerta, al cementerio universal que alguna vez había sido su hogar. Su conciencia se expandió una vez más, tocando todo, abarcando el tiempo y el espacio en un solo pensamiento. Cuidadosamente envolvió el cadáver del Universo desde el primer nanosegundo del Big Bang hasta la última fusión del último átomo y luego ahogó el grito agónico de la entropía. Y sólo entonces, pensó en No Ser.

Una pequeña chispa negentrópica explotó y se expandió. La Primera vida del Universo.


Blogalaxia