miércoles, 14 de julio de 2010

El poder de unos huaraches.





Estábamos sentados en la banqueta de la tiendita frente a los edificios cuando vimos llegar un camión de mudanzas. Esto era cosa de casi todos los días (debido al tamaño del conjunto habitacional) y no nos interesaba demasiado. Por lo regular estas mudanzas significaban familias con hijos pequeños, pero de vez en cuando llegaban adolescentes que o bien se asimilaban al grupo de la colonia o se alienaban completamente, no había medias tintas.

Pero muy de vez en cuando, teníamos verdadera suerte y la nueva familia contaba con una hija de nuestra edad que además era bonita.

O esta vez, a mis diecisiete años, así me lo pareció.

Cuando vi por primera vez a Karla (supe su nombre gracias al Tunas, que atendía la tiendita de enfrente), fue enculamiento a primera vista. Tenía el cabello larguísimo, negrísimo y chinísimo. Sus ojos eran enormes y su nariz grande pero bien formada; se reía con toda la cara y su voz era suave. Usaba tenis converse con faldas largas y vaporosas, chalequitos y morrales de jerga y todo el tiempo traía audífonos; creo que escuchaba cosas como Mano Negra y La Maldita vecindad. Sí, era jipiosa.

En ese entonces yo era malo; usaba botas mineras, pantalones rotos y tenía el cabello largo. Escuchaba a Pantera, Sepultura y Iron Maiden. Era rudo con mis amigos y ellos eran rudos conmigo, y todos juntos éramos rudos con el mundo porque a esa edad los hombres somos muy idiotas y muy simples y creemos que el mundo funciona a patadas e insultos (después crecemos y seguimos siendo idiotas y simples, pero entendemos que el mundo funciona con sexo y dinero).

Afortunadamente Karla llegó a vivir al mismo edificio que mi amigo la Liendre, así que tenía el pretexto perfecto para estar ahí y saludarla cada que salía de su casa por las tardes. Ella me devolvía el saludo tímidamente y yo pensaba que estaba impresionada por mi dominio del mundo.

Una vez la encontré sentada en las escaleras; se había quedado sin llaves y esperaba a su mamá. Fue la oportunidad perfecta y me senté con ella. Platicamos un buen rato, me contó que estudiaba en la prepa Sur y que terminando quería viajar y luego estudiar sociología. Yo le contaba de lo rudo que era porque escuchaba metal y me juntaba con muchos vagos a tomar caguamas. Ella se reía quedito mientras tejía una pulsera.

Pasaron unas semanas, durante las cuales la vi cada vez menos; supuse que estaba en exámenes finales y no me preocupé, de todos modos ya era algo casi seguro. Yo seguí rudeando por el mundo esperando las vacaciones, cuando seguramente podría verla todo el día.

Hasta que un día la vi salir de su edificio acompañada. Él era chaparro y flaco. Traía el cabello en rastas y usaba huaraches de suela de llanta. De su hombro colgaba un morral artesanal y su playera tenía impresa una planta de mariguana. Iban de la mano y se dieron un beso.

Putos hippies.


14 comentarios:

John Smith. dijo...

Lo que no sabes, es que los huaraches eran con suela de llanta deportiva de Ferrari.

Lástima chavo.

Rodia dijo...

jaja, pobre perdedor n_n

Manuel dijo...

Le hubieras pegado.

Joel BD dijo...

Si, la verdad ahora tu historia no checa con todo lo demás, ¿no que muy cabrón? yo creo que más bien tú eras de los alienados...

Pinkrobot dijo...

Te sorprendería el efecto que causan los hombres hippies, pero si de algo sirve todo el encanto se desvanece cuando

a) hueles su cabello
b) te invitan a la primera manifestación

Y quién sabe, a la mejor con unos huaraches la hubieras hecho

elvis dijo...

los híbridos en el amor jamas han funcionado, lo maravillosos de las tribus urbanas es eso precisamente, darkestos con darketos, hippies con hippies, fresas con idem, y asi hasta el infinito... el deslumbramiento por el gusto fisico se desvanece cuando afloran los gustos de cada quien...

Anónimo dijo...

a mi me gustaba en la preparatoria una chica que era hippie...

el unico problema entonces es que yo no era ni madres, ni para bien, ni para mal.

luego todo cambio y me vlvi importante y ya me quiso.

nicierto.... sniff.

CASYNS dijo...

Como eres pen..sante, esa risita era una invitación clara a que le buscaras,bueno ya ni llorar es bueno.

Mefistofeles dijo...

Por qué haces que recuerde que cosas tristes??, pinches mugrosos recontrapiojosos hippies ¬¬

Anónimo dijo...

Tus escritos dan tanta hueva que ya ni trolearte es divertido. Snif.

Anónimo dijo...

herp derp derp derp herp herp =)

Anónimo dijo...

Huevo, tu mamá es hippie?

Anónimo dijo...

No, su mama es Hombre... Ah no esa es la mama del falso.

MelEscarcega dijo...

Putos, putos hippies..

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