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domingo, 3 de mayo de 2009

Mis Súper Héroes sin Calle.




Drileros Extraordinarios. Un par de personajes que inspiran a la trácala desinhibida. Un par de héroes. Un par de ojetes y de visionarios.


Charles Ponzi. El maestro de la estafa.


Nacido en Lugo, Italia en 1882, llegó a Estados Unidos de Norteamérica en 1903, con apenas unos dólares en la bolsa.Trabajó como lava-trastes, mesero, asistente y tiempo después gerente de un banco, y finalmete fue arrestado por falsificar un cheque por una cantidad menor, pasando unos años en la cárcel. Luego, estuvo inmiscuido en el tráfico de inmigrantes ilegales de Italia a EEUU donde nuevamente fue aprehendido.

Ponzi regresó a Boston donde conoció a una ninfa, con la que se casó, su nombre era Rose Maria Gnecco. Después estableció una compañía de publicidad donde fracasó de nuevo.

Por cuestiones del destino, recibió un IRC (International Reply Coupon) por medio del correo. Estos timbres postales, permitían que alguien en un país, se lo enviara a un destinatario en otro país destinatario que podía usar éste timbre para pagar el coste de una respuesta. En el país de orígen, estos timbres tenían un valor, que podía ser cambiado en el país del destinatario, por timbres postales. Cuando los valores eran diferentes, y mayores en el país de orígen, existía una ganancia. El negocio funcionaba así:

Comprar estampillas postales en Italia a un costo bajísimo.

Cambiarlas en Norteamérica por timbres a un precio más alto.

Vender las nuevas estampillas adquiridas.

Éste sistema, someramente ingenioso, era completamente válido, legal y proveedor de sustanciosas ganancias, incluso iguales a más del 300%.

Ponzi comenzó a crecer el sistema, donde fundó un aparato para atraer inversionistas que eran pagados con réditos inigualables. La companía se llamaba Securities Exchange Company. Con inversiones que se duplicaban en menos de tres mes, la catástrofe financiera era inminente, al grado que el sistema se convirtió en un simple espejismo, donde el dinero de los nuevos inversionistas solamente pagaba las ganancias de los nuevos. La fiebre del dinero afectó a varios, que hipotecaron sus casas, e incluso invirtieron sus ahorros de por vida, para ingresarlos al sistema, y, sin retirar los emolumentos obtenidos.

¿Por qué sucumbió el esquema? . Porque la cantidad de inversores superaba la oferta de estampillas en el mercado en circulación, donde éste, el estafador más grande de la historia, pudo mantenerlo a flote mientras el flujo de dinero a través de nuevos clientes seguía fluyendo, mientras los primeros eran pagados de una ganancia inexistente. Cuando publicaciones y periódicos cuestionaron el sistema y enjuiciaron su seguridad y autenticidad, el flujo de dinero paró, descubriendo la estafa.

¿Y Ponzi? Fue descubierto por el gobierno de Massachusetts, aprehendido, y finalmente deportado a Italia. Pasó sus últimos días en Brasil, pobre y trabajando para un aerolínea.

Hoy por hoy, éste italianito sigue siendo una leyenda, y una inspiración para algunos, como Bernard Madoff. Pero esa, ya es otra historia.



Víctor Lustig, el mejor vendedor de la historia.





Éste fue un checo nacido en Bohemia. Víctor, quien antes se dedicaba a fotocopiar billetes, ésta vez se mandó a hacer hojas membretadas, tarjetas y parafernalia gubernamental, para reunir en un famoso y lujosísimo hotel en París a media docena de reconocidos empresarios franceses de la industria del metal, a una reunión muy secreta. Enganchó a los prospectos, diciéndoles que el gobierno parisino pretendía vender la torre Eiffel, para utilizar el metal como "Scrap" (metal de deshecho que se puede reutilizar para tareas diversas: como contrapeso, para cortarse en menores tamaños y darle así un re-uso). Los paseo en limusina por los alrededores de la torre, para inspeccionar el producto en venta.

Ésta torre fue construída para un festival, mientras que su exposición en la ciudad desde un principio fue temporal. Después de la segunda guerra mundial, y con la recuperación paulatina francesa, estaba en un malísimo estado, debido a que los costes de manutención eran elevadísimos, tanto que llevaba tiempo sin pintarse.

El trato incluía como fecha límite para la oferta, el día siguiente. Andre Poisson, fue el más interesado. Éste empresario era el menos poderoso y reconocido de los seis en la industria metalúrgica, y quería ganar atención y respeto cerrando éste glamoroso trato. Poisson, en un principio cuestionó a Lustig, acerca de la veracidad de la oferta, objeción que con maestría manejó y en una nueva reunión, donde le indicó a Poisson haber ganado la licitación, confesó su necesidad de hacerse de una partida extra de dinero, siendo que su pobre sueldo de burócrata era insuficiente. En términos claros, era muy corrupto. Poisson uno de los más pendejos de la historia, quedó totalmente tranquilo, y además le dio una mordida en efectivo, y entregando la cantidad convenida por la compra de la torre al día siguiente.

Lustig escapó a Vienna con su socio, a vivir una vida aderezada de champagne, juergas y mujeres. Poisson nunca denunció a la policía, apenado de haber caído en una estafa tan burda.

Lustig quiso repetir la fórmula tiempo después, pero uno de los seis empresarios denunció a la policía, sin embargo, escapó antes de ser atrapado.

sábado, 2 de mayo de 2009

Cuando conocí al verdadero Hulk


Nunca me perdí la serie de Hulk, aquella de los ochentas donde salía Lou Ferrigno. Era tanta mi fascinación que, cada que dejaba verduras en el plato, mi madre me decía: “Cómetelas porque si no, no te pones como Hulk”. Entonces obedecía: llevaba los vegetales a mi boca, masticaba, tragaba y hacía muecas y gruñidos, como si estuviera transformándome en el musculoso hombre verde.

En aquel tiempo mi abuelo tenía una granja a las afueras de la ciudad, donde sábados y domingos se reunía toda la familia. El hermano menor de mi madre -que en aquella época levantaba pesas- hizo una borrachera ahí, con motivo de su cumpleaños; borrachera a la que fue invitado mi padre, quien cargó con todo y su hijo de 7 años.
Recuerdo que uno de los amigos de mi tío, de ésos con los que iba al gimnasio, estaba igualito a Hulk. Ese día, mientras los adultos se empedaban, yo estaba muy entretenido sobre un montón de tierra roja viendo cómo una marabunta devoraba sin piedad a un escarabajo rinoceronte. En eso, que llega mi tío, me carga, me lleva con su amigo y me dice –sabiendo lo fan de Hulk que era-: “Mira: él es el verdadero Hulk, güey; el que sale en la tele”.
Su amigo sonrió bonachonamente, me frotó la cabeza y, cerveza en mano, levantó el brazo para endurecer el bíceps. Quedé fascinado.

El lunes llegué bien emocionado al colegio, contándoles a mis amigos que había conocido al verdadero Hulk. Todos se rieron. Incluso la maestra -una gorda cínica hija de puta- me pasó al frente del salón para que les platicara a mis compañeros “cómo Hulk se había salido de la televisión y se había hecho mi amigo”.
Llegando a casa les conté a mis amigos del barrio. Sólo dos me creyeron. Incluso esos dos se empezaron a juntar más conmigo porque querían conocer a Hulk. El día que lo conocieron, no lo podían creer.

El paso del tiempo se encargó de desenmascarar tal mentira, aunque creo que duré más años creyendo en el falso Hulk que en Santa Clos y los Reyes Magos.

El año pasado, en una posada familiar, llegó mi tío con su esposa y otra pareja a saludarme:

-Mira, güey, ¿te acuerdas de él? –me dijo señalando a su amigo.
-Mmmm… no… -respondí mientras saludaba y me presentaba.
-¡Es Hulk, güey!… ¿ya te acordaste de él?

A mi niño interior le brillaron los ojos. Soltamos una carcajada en común, nos dimos un abrazo y no pudo reprimir el típico “hacía mucho que no te veía: ya estás bien grande, cabrón”. Su esposa puso cara de no entender nada de lo que hablábamos.

Puedo presumir que de niño conocí al verdadero Hulk. Así lo creí siempre, ¿cuál es el problema? También puedo presumir que a mis 32 años, el niño que fui sigue vigente y tiene sus héroes personales: héroes de carne y hueso que no saben que lo fueron y lo siguen siendo. Lo siguen siendo simplemente por mantener vivo ese niño.
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