domingo, 2 de agosto de 2009

Mi trabajo es arrepentirme


Mentir en las entrevistas de trabajo no es delito, al menos eso pienso cuando no tengo en mi pasado laboral algo de qué congratularme. Desde los 16 años he trabajado en los empleos más absurdos que un adolescente, primero, y un adulto joven, después, pueda tener acceso.

El primer trabajo que tomé fue en una botánica, ayudaba a Leidi (si Leidi no Lady) Guerrero a preparar tés y duchas para después de un aborto (eso sí ella nunca provocó uno directamente), pociones para atraer el amor, quitar la gota, impotencia y hasta el Sida.


Era realmente milagrosa. Con todo gusto podría dar fe de sus curaciones pero tuve que huir cuando le cerraron el local que funcionaba también como conexión con polleros y traficantes de armas. Así fue como conocí al Hacha, me prometió un trabajo sencillo, de pocas horas y mucho dinero. Obvio, no soy pendeja, me aseguré que no se trataría de trata de blancas y en efecto con mi cara y las secuelas de una varicela masiva ni quien me quisiera coger y pagar por ello.

El trabajo era sencillito, tal cual me lo prometió. Lo acompañaba hasta el hotel el Greco, cuya decoración recordaba una mala copia de de película de Mauricio Garcés. En el segundo piso, hasta donde llegaban los sonidos de la improvisada cantina de la entrada, se agolpaban varias decenas de personas, algunos en familia pero la mayoría sin compañía. Son “pollos” me dijo el Hacha y en seguida comenzamos a venderles burritos y agua para soportar el trayecto hasta un campo donde pizcarían hasta bien llegado el otoño. De la Bimbo, me dices ¿eh? No te creo Hacha si la Bimbo es mexicana, que tendría que hacer explotando paisas en otro país y además pagarles en dólar. Como respuesta solo alzó los hombros y me dio un billete invitándome a no decir nada a nadie so pena de mandar a golpearme. Con el tiempo me gané la confianza del tipo, y pasé de vender burritos a distribuir heroína y algo de crystal, también cambié de giro gastronómico y ahora lo que llevaba eran tortas pero a los del cuarto piso donde tenían secuestrados a los que sabían podrían sacarle mucho mas dinero a sus familias y no tener que conformarse con el pago único para cruzarse al otro lado.

Me iba bien pero a mi madre no le gustaba la idea de que no tuviera seguridad social y me urgió a conseguirme un empleo en una fast food donde por lo menos cotizara en el IMSS, además habrá muchachos de mi edad le dije al Hacha entre mortificada y un intento por convencerle, extrañamente no dijo nada y nunca más lo volví a ver.

Mi siguiente empleo fue en una pizzería, de botarga en el playland del lugar, el calor era insoportable pero nadie notaba si me lavaba o no el cabello, en ese momento no me llamaba la atención masturbarme pero uno que otro colega me comentaba como se hacía puñetas aprovechando el espacio interior, a decir verdad, nadie reparaba en la mano flácida del ratón Chuck y los espasmos arrítmicos que confundían con bailes, era solo hasta que llegaba mi turno que notaba el grosero aroma del semen cristalizándose en la entrepierna. Tuve que dejar un letrero: “No sean cochinos favor de usar aunque sea ropa interior”. Ese verano nos llegó la noticia de que un chico que usaba una botarga de Pluto murió arrollado por un carro alegórico en el desfile de luces de Disney ante la mirada horrorizada de cientos de niños. La carne quedo tan molida que fue imposible desprenderlo de su vestimenta, la imagen de un Pluto sanguinolento, muerto y enterrado me produjo una carcajada sonora y terminaron corriéndome ya que les parecía un insulto haberme burlado tan abiertamente de la tragedia de uno de nuestro gremio.

No batallé mucho para conseguir los siguientes trabajos, fui proyeccionista en un cine, en poco tiempo supe la diferencia entre una máquina cristie y una análoga, entre el scope y el flat, era sencillo, excepto cuando la cinta tenía que ser cambiada de plataforma o era exhibida en dos salas al mismo tiempo. La cinta era pesada y debía ser cortada y pegada con mucha precisión y rapidez, desde luego esa labor no la hacía yo, estaba destinada a los más fuertes y con experiencia, entonces me asomaba por la ventana contigua al lente y contaba a las parejitas que cogían en las ultimas filas, pobres, no saben que desde mi privilegiada escotilla se veía todo.

Poco después entré al business de las llamadas telefónicas, me pagaban un quarter por cada minuto que pudiera mantener jadeando al que estaba del otro lado la línea. Después de 10 minutos, la paga subía consecutivamente hasta colocarse casi a 50 centavos de dólar por cada minuto. Tuve que dejar el empleo, se me terminaron las ideas candentes y mi voz sufrió una terrible transformación, me quede afónica y emitía jadeos y frases soeces pero repetitivas a la menor provocación, defendí mi trabajo como una profesional, pero entonces tuve que decidirme por mi salud.

En los siguientes meses seguí cambiando de trabajo, como quien cambia de calcetines. Trabajé en un hospital psiquiátrico, en un casino, en una compañía lechera catando yogurt, fabricando bolsas para cargar perros, mostrando las bondades de un jabón arranca grasa, limpiando un incinerador de perros callejeros en Parral Chihuahua. De todo, hasta que terminé la universidad y decidí abandonarlo todo por un trabajo acorde a mi vida de profesionista, y así fue, entré a trabajar a este pinche lugar de donde me arrepiento profundamente de haber mentido, de haber omitido la referencia de todos a los que alguna vez les presté mis servicio, de haber fingido que era apta para el empleo, de meterme en camisa de once varas, pero sobre todo de que este sea el único trabajo del que se supone no tendría que avergonzarme ni arrepentirme.

Después de todos estos años en el Frontera lo único que espero es que alguien de recursos humanos se apiade de mí y me liquide con todas las de la ley.

10 comentarios:

Puck dijo...

Te tomas muy en serio eso de que el día tiene 24 horas con eso del post del domingo...

César dijo...

Yo más.


Además acá es hora del pacífico.

Y somos unos "one of a kind", el domingo es sagrado papá.

¿Qué no vas a misa?

Anónimo dijo...

Me encantó! ;D
He trabajado hasta de teibolera... es ahora que tengo un trabajo digno.

Jajaja :$
No me arrepiento de esas experiencias, fue penoso pero así es la vida, pasas de todo, y a veces logras ser mejor, otras no.

Dib dijo...

"Ese verano nos llegó la noticia de que un chico que usaba una botarga de Pluto murió arrollado por un carro alegórico en el desfile de luces de Disney ante la mirada horrorizada de cientos de niños"

Casi me meo con eso.

Felicidades. Buen texto.

Rox dijo...

ME ENCANTO!
Dinámico, gracioso, tiene todo. Vientos

Anónimo dijo...

ya que estas en la frontera deberias buscar trabajo poniendole unguento para las cortaduras en el ano a Manuel.

Ya vez como es de mañoso el muchacho ese, ahhh y su mamá trabaja también en la AV. Revolución.

Que bonita familia.

Manuel dijo...

jajaja ya reapareció el guey que insiste que mi jefa trabaja en la revolución.

Se nota que no conoce Tijuana; en la Revu solo hay negocios de curiosidades, bares desangelados y restaurantes aburridos. Las putas están en la Coahuila.

Como sea, a mi me encantó tu texto, Tania. Y por eso te mando un besote. Ya tendremos trabajos más bizarros en el futuro. Y nos reiremos de eso.

Te amo.

borregata dijo...

Puck: En efecto el día tiene 24 horas, no lo refuto. (Ta' bien, al próximo lo programo para que se publique el primer minuto del domingo)

César: Dos horas de diferencia es una gran ventaja para los que vivímos en el Pacífico. Además, para mi el domingo empieza a las 14:00 horas. Pura envidia provinciana.

Anónima teibolera: Yo con gusto le entraba al talón pero no doy la talla, ya no digo el ancho porque de seguro me alburean. Y sí algunas experiencias fueron penosas pero me pagaban bien.

Dib: Esa noticia fue totalmente cierta, creo que sí lo enterraron con todo y traje de Pluto, imagínatelo con la lengua de fuera y en un rictus motuorio.

Rox: Ojalá y mi curriculum sirviera para conseguir un mejor empleo.

Anónimo: Cierto estoy en la frontera y trabajo en el Frontera, pensaré lo del trabajo, con que me paguen. No sabía que la mamá de Manuel trabajara "también" en la Revolución, ¿tú trabajas ahí?, ¿vendes curios? nah eres un pinche troll al que me será divertido responder en un par de ocasiones más y después botarte.

Manuel: cuánto me vas a pagar por el jale que recomendó el troll de arriba? Yo encantada lo hago de a grapa

Palomilla Apocatastásica dijo...

Vaya que buen texto, ameno, contundente, ácido muy a tu estilo.
Yo solo sigo esperando el vestidito que tenemos pendiente :)

Saludines

Anónimo dijo...

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