domingo, 15 de noviembre de 2009

Se le olvidó vivir



Mi abuelo paterno murió el 4 de abril de 2007, justo después de rasurarse, frente a un espejo despostillado. Tenía 97 años de edad, los pocos documentos que tenía así lo indicaban.

Mi abuelo quedó huérfano durante la Revolución, unos jesuitas lo recogieron y le pusieron el nombre más católico que encontraron, Jesús de la Cruz, pero, si en el nombre los religiosos no se esforzaron tanto, su fecha de nacimiento fue un verdadero guiño a la simpleza, 1 de enero de 1910.

Cada año, desde que mis padres se divorciaron, mis hermanos y yo nos echábamos un volado para decidir en que casa nos pasaríamos la Navidad y el Año Nuevo, no sé porque razón la Nochebuena siempre era en cancha de los Brito y el aburridísimo Año Nuevo con mi abuelo “Chucho”.

Mientras todos en sus casas hacían la cuenta regresiva, tragaban uvas y se ponían calzones rojos, nosotros cantábamos la Mañanitas y le repetíamos con calma a mi abuelo nuestros nombres.

-No abuelo, no soy tu hijo, soy tu nieto y me llamo Alejandro.

-No abuelo, ya no tienes que ir a trabajar, en primera porque es Año Nuevo, tu cumpleaños y porque te jubilaste hace más de 30 años.

Mi abuelo no entendía su condición, y francamente nosotros tampoco, el tema se evitaba, quizá pensábamos que si no se mencionaba, pronto, hasta la misma enfermedad olvidaría seguir apoderándose de mi abuelo.


Vivir con él era lo más parecido a sentirte atrapado dentro de un video VHS que se rebobina una y otra vez, cada vez más deteriorado, cada vez más borroso. Justo cuando se levantaba de la mesa volvía a sentarse argumentando que tenía un hambre feroz ya que desde el desayuno no había probado bocado.


Cierta ocasión mi abuelo tomó las llaves, su gabardina y un paraguas, salió a la calle y se perdió. Mi padre y sus hermanos en la desesperación total se echaban unos a otros la culpa por el descuido. Unos vecinos encontraron a don Chucho en la colonia de enfrente, totalmente ensopado por la lluvia y el rostro aterrado.

No recordaba quien era. Ni su nombre, ni dirección, ni a ninguno de sus hijos que insistían en llevar adentro de la casa para que se secara, lo que sí recordaba era que tenía que recoger a mi abuela a su trabajo, una fábrica de medias que se había ido a pique en 1962. Por aquel entonces mi abuela también estaba en la decadencia, no pasó mucho tiempo para que muriera de cirrosis, sí era alcohólica y muy probablemente una mujer atormentada.

Pero volvamos a mi abuelo, ese día, después de que un médico lo revisara ya no se pudo esconder lo que era evidente. Tenía Alzheimer y el matasanos nos preparó para lo siguiente: “poco a poco se olvidara de todo, incluso de vivir”.

Mi familia en un intento por evitar la muerte de mi abuelo nos esforzamos en mantener vigentes sus recuerdos, comenzamos por grabar todo, lo convertimos en un testigo omnisciente de lo que ocurría a su alrededor. Tapizamos su casa con post-it y cartelones con instructivos de uso hasta para las tareas más simples, hicimos que todos usaran un ridículo gafete con nombres y parentesco. En fin, decidíamos que debía recordar y que no.

En la nueva vida que le inventamos a mi abuelo no hubo infidelidades, ni despidos, ni terremotos del 85, una vida de la cual sentirse tan orgulloso que fuera muy fácil aferrarse a ella.

Pero todo por servir se acaba, y mi abuelo cansado de vivir una vida que no era suya se dirigió hacia mi hermano y a mí, nos persignó, dijo que iría a recoger a mi abuela, se metió al baño y se rasuró.

Lo que sucedió después, todo mundo lo sabe.

Mi abuelo paterno murió el 4 de abril de 2007, justo después de rasurarse, frente a un espejo despostillado, con un agujero en la sien por donde se le escaparon los últimos recuerdos de una vida que ya no sabía si había llegado a vivir.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Veo que todos andan de vacaciones, pero ahora sí que te luciste.
Muy bien por tu escrito.

Eres sexy

Melquiades

Anónimo dijo...

Mamacita

Dib dijo...

¡Mergas con el final! O_O

Excelente texto.

Rox dijo...

Mi abuelo tuvo demencia señil y algo me dice que si no terminó como el texto, fue porque no se acordaba cómo hacerlos.

Muy bueno, felicidades :)

El Contador Ilustrado dijo...

historias en las que no hay mal final

El Tipo dijo...

Tu historia es excelente. Me recuerdas a los cuentos cortos de Marquez o Benedetti.

De verdad un placer leerte.

JP dijo...

Tu texto es envolvente y bellísimamente desgarrador.

Saludos.

Hermes dijo...

damn, un relato bastante sad..... con esa vida ni la pregunta de "porke?" aplica... tk care, baee

PurpleK dijo...

excelente escrito! me encantó

Libelula dijo...

Hola:D
Mi abuelo tiene 92 años y tiene demencia senil, si no es que Alzheimer.. y esa frase ultima me conmovio tanto:( pero si ellos no recuerdan lo maravillosos que fueron hay que recordarselos siempre... y que su ultimo recuerdo que escape sea ese!!
Saludos

Rekiem dijo...

Que buen post, gracias...

Blogalaxia