domingo, 8 de noviembre de 2009

Impulroca, una colonia rasposa


Parte de mi infancia transcurrió en una de las colonias más ordinarias del Estado de Mexico. Aunque a tres calles de mi casa ya era Distrito Federal, los que ahí vivíamos nos negabamos a ser incluidos en el término de chilangos. Pobres ilusos.

Impulsora Popula Avícola era el ostentoso nombre registrado en las oficinas de Catastro, sin embargo, de avícola sólo tenía el nombre, en cambio lo de popular le venía de perlas, de eso me di cuenta cuando los fraccionamientos aledaños comenzaron a cercar y colocar puertas metálicas para dosificar la entrada o paso de los que vivíamos en la "Impulroca".

Nadie quería intimar con nosotros, los populacheros y nacos colonos de la Impulroca.
Es por eso que los de Bosques , Valle, Prados y Plazas Aragon nunca admitían que conseguían mejores precios y productos en el apestoso mercado y tianguis de la colonia. Polvosa hasta decir basta, orgullosa locación de cuatro películas del consagrado actor Alberto Ballesteros. Referencia obligada de ufólogos desde que un aparato metálico cayó pocos minutos antes del eclipse total de Sol el 11 de julio de 1991. Célebre por varias explosiones en bodegas de fibra de vidrio, salió varias veces en Primer Impacto como nota principal de los hermanos Brenan.

U
n sitio muy pintoresco, sobre todo si tenemos en cuenta que los primeros habitantes eran personas como doña Ofelia, mi abuela, quien en una partida de canasta ganó un pequeño terreno en la essquina de Hacienda de Solis y La Noria. Como le parecieron pocos los metros cuadrados donde construyó su primer local, adquirió casi la totalidad de la manzana con la que hizo jugosos negocios por concepto de compraventa.

Mi santa abuela, cuya obesidad prematura no le impedía calzar tacones altos y utilizar entallados vestidos hasta la rodilla, fue la primera en llamar Impulroca a la colonia , como las calles eran de tierra, incitó a los vecinos a pavimentar en breve aunque fuera con cemento y piedras, de ahí que las vialidades quedaran boludas y con ese aspecto de piedra pomex, es por eso también, que justo la esquina de mi casa tuviera una falla estructural en el asfalto provocando cerca de 358.7 accidentes fatales en solo seis años.

Cuando había un choque, a mis primos y a mi nos encantaba treparnos a la zotehuela y desde ahí contemplar el amasijo de carne y pelos prensado entre el volante y el asiento del conductor. En cierta ocasion pudimos adelantarnos al suceso funesto y ver con absoluta excitación como un chimeco (ineficientisimo y peligroso medio de transporte por antonomasia) arrolló a una familia completa (padre, madre, hijo y bolsa del mandado) dejando visceras expuestas y el zaguán de un vecino de enfrente totalmente sumido.

Pero no solo me gustaban los choques, también disfrutaba contemplar el desfile aéreo cada 16 de septiembre, con la cabeza echada hacia atrás y una sonrisa idiota y babeante imaginaba que esos F-150 dejaban caer bombas sobre la torre Latino o el edificio de la SRE que se percibían a lo lejos, muy apenitas por encima de las parabólicas del fraccionamiento Bosques de Aragón, en mi casa no teníamos parabólica como era de suponerse, teníamos una antena larguísima de aluminio que en más de una ocasión atrajo algún rayo desperdigado en el frío de una tormenta eléctrica.

Cada 27 de noviembre se celebraba la fiesta de la iglesia, curiosamente ostentaba un nombre por la mañana, Iglesia de la Medalla Milagrosa , y por la tarde, Iglesia Vespertina de la Santa Reencarnacion Dolorosa, el número de adeptos en uno y otro horario variaba considerablemente, y era de esperarse teniendo en cuenta la carga semántica que cada un6 ofrecía al mercado de almas.

Era un fiestonón en grande, una prueba más de lo absurdo que la palabra ahorro devenga en los católicos. Había puestos de comida grasosa a reventar; alcohol suficiente para cauterizar a media trinchera de la primera guerra mundial; juegos mecánicos cuya estructura oxidada no impedía que el más precavido se subiera en ellos hasta vomitar, o hasta que el transformador tronara en chispas multicolor justo en el momento en el que la Krakatoa Turbo Max estuviera en el punto más alto de su parábola convirtiendo ese momento de diversión asegurada en tu boleto de tres pesos, los segundos más aterradores de tu vida; el apagón era típico, si no había uno no se podía decir con seguridad que hubiera habido pachanga.

Era este momento, cuando el sacerdote de la parroquia, aprovechaba para dar la señal y quemar cerca de una tonelada de cohetes y castillo pirotécnico incluido. Los fuegos artificiales se prohibieron años más tarde cuando en pleno transe extático el padrecito en cuestión, queriendo emular a San Nemesio se arrojó al fuego purificador de los buscapies. Lejos de conseguir la canonización, se ganó las mentadas de madre y rechifla de la prole que ni su investidura y las quemaduras de segundo y tercer grado en el 58 % de su cuerpo pudieron evitar.

Como orgullosos impulsorenses, la mayoría de los que ahí vivían gustaba de ponerle Impulsora a sus comercios, sin embargo, el pleito comenzó cuando en lugar de una Farmacia Impulsora había tres, dos tortillerías, tres recauderías, cinco fondas, dos molinos, 17 tiendas de abarrotes, ocho dulcerías, cuatro neverías y dos dispensarios médicos, todos con el nombre Impulsora, hasta que a falta de entendimiento y poca disposición por cambiarle el registro a los locales, se comenzaron a enumerar y rotular Impulsora I, II, III, fue así que aprendí a los numeros romanos.

Una colonia que mal o bien sobrevivía gracias a los que ahí vivían, sin mayores desgracias de la que pudiera tener un pueblo chico, pero como en todos lados, las cosas cambian. Fue en 1996 cuando, a pesar de la objeción de los vecinos, se abrió el primer antro de la colonia: Bar La Rasposa, llamado así por una bebida aguardientosa que poco a poco ganó adeptos entre los colonos. Pasaron de ser rasposos a raspados.

De ahi pa'l real, todo fue en declive, la Impulroca dejó su tan bien ganado sitio como lugar populachero para convertirse en templo de perdición y lugar de origen de la "rasposa", bebida 100% embriagante y según mi abuela Ofelia, la causante de todos los males que ahora afligen a la colonia.

11 comentarios:

SK dijo...

Borregata! Se te extrañaba!

Anónimo dijo...

Borregata eres una pinche morbosa, ojalá cuando atropellen a uno de tus familiares te guste.

Anónimo dijo...

Pfff.... así o más inventado el final del texto... de todos modos estuvo chida la descripción de tu lugar de vivienda...

Juan Rico

Rox dijo...

Yo vivía también cerquísimo del DF y me imaginé perfectamente todo tu escenario.

ya se te extrañaba :)

•••[Mädisoη]••• dijo...

ha! cuantos choques, cerca detu casa.

y q bebida tan rara.

MarillTachiquin dijo...

Soy yo, o las letras cambian de tonalidad de negras a grisaceas cuando leo este post? o.O;

Hermes dijo...

a huevo k si se hacen medio grises las letras!!! damnit, este es de los mejores escritos ke he leido en bastante tiempo. tk care, baee ;)

borregata dijo...

De antemano gracias por sus comentarios público bonito.

Listo y solucionado lo del color de las letras, en cuanto al pinche final forzado con calzador, pensaba modificarlo y hacer de este un post interactivo, pero nel, recolectivo no es un "vloj" paternalista así que ni modo.

Daniel dijo...

Bueno, en Monterrey existía una colonia llamada Granja Sanitaria, en donde no se ciraban pollos ni había sanidad alguna. Durante tres años y medio yo también fui mexiquense, habité en el municipio de Huixquilucan y por supuesto, jamás me consideré chilango. Un gusto enorme volverla a leer. DSB

Dr. Cepillo dijo...

FELIZ CUMPLEAÑOS BORREGATA

Mucho alcohol y pocos sobresaltos

OAB dijo...

Y que decir de los panuchos que vendian en las noches por alla.

Blogalaxia