martes, 10 de febrero de 2009

Celopatías, Fosas de Concreto y Suicidas Nostálgicos



Tengo la fortuna de haber escuchado historias bizarras y motivos absurdos de celos como para inspirar este post. He oído los razonamientos más peregrinos o peligrosos que pueden inspirar la idea de una persona amada cogiendo con otra. Y mientras no los padezca yo, debo reconocer que son divertidos y patéticos.

Tuve amigos que reprochaban e incomodaban a sus mujeres preguntándoles por los hombres que tuvieron. Querían detalles, deseaban saber si había falos enormes, humedad, eyaculaciones indecentes, besos apasionados, juramentos de amor, y si ella lo había disfrutado más y si cuando cogían pensaba en eso o recordaba alguna ocasión pasada para facilitarse el orgasmo.

Amigos y conocidos que lloraban – e incluso yo, cuando sufría de celos horripilantes – por haber llegado tarde, por no haber sido el primer amor de la mujer que ahora amaban, hombres y hombrecitos que sufrían e hipaban de borrachos mientras contemplaban un envase de cerveza a medio vaciar y decían: esos hijos de puta estuvieron con ella primero que yo.


A unos les dolía ser hermano de leche de tipos que despreciaban, y a otros, como a mi por ejemplo, les calaba profundamente pensar que hubo hombres dentro de la mujer que amaban, que no la merecían, que no la deseaban como ellos, que no pensaban que era la última mujer del mundo, porque de haberla amado tanto, jamás la hubieran perdido, jamás la hubieran dejado ir.


Puedo afirmar categóricamente que los celos son la forma más ridícula y peligrosa de concentrar toda la desgracia del mundo en cualquier de nosotros. Al padecerlos, somos infinitamente desgraciados, y agonizamos para fortalecernos y seguir rumiando, como una serpiente que se devora a sí misma. No terminamos de desmoronarnos, y entonces construimos un pequeño escenario, y recreamos ahí obras de teatro en donde jamás actuamos: apenas espiamos tras bambalinas, o en los fondos penumbrosos de los estrados.


Recuerdo que hace ocho años acudí al escenario de un homicidio en alguna colonia decimonónica de Tijuana. Llegué junto con la policía judicial pero en el lugar ya había un par de reporteros, los de siempre, deambulando café en mano. Los primeros policías en llegar procuraron acordonar el área, y tras ella, enseguida estaba el cuerpo de una mujer tirado en bruces entre bolsas del mandado. Bajo de todo se distinguía apenas la sangre, opacada por el lodo y la oscuridad nocturna. Le habían disparado cuando se acercaba al portón de su casa, apenas sobre la orilla de la calle. La colonia ni siquiera tenía alumbrado público e imaginé que lo último que vio fueron los destellos de la pistola antes de caer entre huevos, pan de barra y latas de atún y salsa de tomate.


Sucedió que el asesino llegó a la casa de la mujer, que no era otra cosa que un cuarto amplio construido con madera usada que incluía la cocina, la recamara y el baño, y se halló al nuevo amante, a otro hombre, un tipo cinco o seis años más joven que la mujer, y sin mediar demasiado le soltó ahí mismo tres tiros en el tórax que lo mataron en pocos minutos; es muy probable entonces que no tuviera intención de matar a la mujer, por que quizá al huir se la encontró afuera, y mientras imaginé el coraje inmenso que debió exacerbarlo, pude imaginarlo también disparando hasta matarla.


Recuerdo haber reconstruido todo lo anterior de una manera tan sencilla que me invadió una apatía inconmovible y decidí caminar alrededor de la cuadra sin motivo aparente, pero con deseos de burlarme de toda la situación y de maldecir un poco contra la ciudad. Cuando llegué a la esquina me hallé que la cuadra era aun más larga de ese lado, así que a la mitad decidí acortar camino por un callejón incipiente, con tapias a medio construir por ambos lados, en lo que parecía la construcción de un vecindario irregular.


En ese momento pensé en mi padre cuando construyó una casa horrorosa que tenia la particularidad de haber sido cimentada sobre una fosa de concreto. La idea de mi padre fue la de tener un piso subterráneo amplio y fresco para crecer y almacenar hongos japoneses; en vez de eso, el lugar se llenó paulatinamente de agua y se convirtió en un estanque que propició mosquitos hasta volver casi inhabitable el lugar. La apatía de mi padre rayó en lo cómico cuando de forma inexplicable un pequeño perro fue a dar al sótano donde tuvo toda una noche para morir ahogado sin que nadie pudiera hacer nada por sacarlo de ahí. Recuerdo que mi padre nos decía para tranquilizarnos que era imposible hacer algo por el perro, que nadie lo metió a morir ahí como estúpido, y que nos olvidáramos de él y de los mosquitos y nos durmiéramos. Probablemente la remembranza tomó sentido mientras caminaba entre el olor dulzón a humedad, cemento fresco y ladrillos, y me acordé de los chillidos intermitentes del animal fundiéndose en una sola nota, como un largo pitido que molesta a nadie.


Cuando me metí entre la obra gris no tardé en hallar al cuerpo del asesino, echado de costado aun con la pistola entre los dedos de la mano derecha y la lengua completamente afuera; uno de sus ojos estaba casi desorbitado y el otro hundido bajo el párpado entreabierto. Por lógica, el hombre había huido hasta llegar ahí donde se dio un tiro en el rostro, en uno de los pómulos, un lugar poco común para darte un tiro.


Avisé por radio de mi hallazgo y esperé la llegada de los muerteros del servicio forense. Mientras llegaban, hallé en la cara del hombre un rictus fortuito de remembranza, como si hubiese muerto en plenos recuerdos, o en el resultado final de un algoritmo íntimo, satisfecho de apagar todas las dudas. Cuando terminaron de recoger el cadáver, me invadió una envidia tan intensa que al evocarla me sonrojo.

21 comentarios:

salaverga dijo...

(y)

Hermes dijo...

buena forma de morir: sin dudas, sin temores, sin preocupaciones... solo uno mismo al final para despegarse de la vida

Dib dijo...

Me gustó un buen el texto.
En efecto, es una buena forma de morir.

Silvia Black dijo...

describo tu post como "perturbador" y es que los chillidos del perro ahogándose en tu pequeño estanque me perseguirán un buen rato T_T

Kuruni dijo...

Celos de un wey que asesinó y se suicidó por celos. Está original. Me gustaron las dos partes. Bien armado.

Tumeromole dijo...

Me acordé de aquella peculiar escena en "Ciudad de Dios", donde pasa algo similar.

Me gustó, me gustó.

Anónimo dijo...

¿EN DONDE ESTÁ NEB????????????

Luis dijo...

Ve a preguntarle y deja de molestar aqui.

- [ Dandy del Sur ] - dijo...

hey. excelente!!! un saludo
chido.. y lo de los celos lo sentimos todos... es una extraña furia que carcome.. pero creces y a veces no lo sientes o esa es la idea.. que no te superen!!;)

Rekiem dijo...

Los celos hacen de una persona un animal, es un lastre muy difícil de cargar, una de esas bolas de acero atadas al tobilo de las carícaturas... tienes que dejar el grillete a un lado aunque implique cortarte el pie.

Lenna dijo...

Uf que buen texto, pese a que me falta ese acentito en la "o" de la última palabra... Pero realmente me agradó leerlo pues uno espera simplemente una vertiente del tema y le diste un nuevo sentido sin dejar de llenar espectativas.

Aplausos de mi parte.

Lenna dijo...

Uf que buen texto, pese a que me falta ese acentito en la "o" de la última palabra... Pero realmente me agradó leerlo pues uno espera simplemente una vertiente del tema y le diste un nuevo sentido sin dejar de llenar espectativas.

Aplausos de mi parte.

Manuel dijo...

Gracias por tu comentario, estimada lectora, pero no lleva acento. Es sonrojo, sin acento. Cuando evoco esa envidia, me sonrojo.

Siento que era mi deber aclararte. Hasta luego.

Lenna dijo...

Tienes toda la razón, es acción en tiempo presente, dado que nos lo estas contando y te sonrojas en ese instante.

Eso me gano por leer rápido en la oficina.

Anónimo dijo...

Interesante narración! Muy entretenida :)

Lolita dijo...

Uooo por primera vez (bueno por segunda) alguien que me atrapa en recolectivo después de que empezó a bajar su calidad... Bravou

Caníbal dijo...

Chingón, muy chingón.

Nefesh Bleu dijo...

Muy bueno y perturbador. Lo imagino muy cinematográfico. Enhorabuena.

Anónimo dijo...

Estuvo chido, sólo que en algún momento sentí que te desviaste en la historia del perrito... que por cierto me pareció mucho más perturbadora :S

Christian dijo...

Hubo algún momento (por ahí de los 10) en que esto me hubiera gustado oirlo en una rola de taproot. Todo chafa. haha-

illian hawie lora dijo...

me gusto tu relato buena redacción, cautiva, sigue escribiendo no pares, en cuanto a lo de los celos, quiero la versión femenina, seguro te sale más aguda.

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