jueves, 19 de marzo de 2009

La Reliquia

El abad recibió la noticia y reunió a su comunidad.

- Mañana será un gran día. Nuestra humilde abadía tendrá el grandísimo honor de alojar, temporalmente, una de las más notable reliquias de la cristiandad. Por años se mantuvo en manos de herejes pero valerosos y principales señores que participaron en la última cruzada encontraron esta maravilla y en su peregrinaje a la Santa Sede la han traído aquí – anunció el abad entre estremecimientos de orgullo.

Uno de los monjes más avispados comentó en voz baja.

- ¿Otra astilla de la Vera Cruz? Si todas las astillas que se hacen pasar como provenientes de la cruz fueran genuinas, a Nuestro Señor no lo habrían crucificado en un par de tablas sino en todo un bosque.*

Las risas sofocadas de los monjes no molestaron al abad. Así de contento estaba con la noticia.

El abad giró instrucciones. Los monjes sacudieron el polvo de cada rincón de la abadía. Bajaron al pueblo y compraron viandas. Al otro día hicieron fila en los baños para lavarse y se vistieron como cuando celebraban la navidad.

Cuando la delegación de peregrinos que llevaba la notable reliquia arribó a la abadía, los monjes se alzaron de puntas para ver por en medio de los estandartes y los arcabuces de los guardias. Uno de los monjes, el más alto, alcanzó a mirar el contenido del rico relicario.

- Es un látigo – dijo a sus compañeros.
- ¡El látigo con el que fustigaron a Nuestro Señor! – dijo otro.

Todos se santiguaron.

Después de la ceremonia de recepción todos se fueron a descansar. Excepto un monje que de tanta devoción no podía dormir al pensar que estaba cerca de un objeto tan sagrado. No se aguantó las ganas y se levantó.

Los guardias dormían. El monje se acercó al relicario y lo abrió. Temblando tomó el látigo. Entonces lo inundó la culpa como si fuera una ola.

Aterrorizado se fustigó a sí mismo con lo que tenía más a la mano: el látigo; con efectos inesperados. Ese látigo no era como los otros que conocía. En lugar de provocarle escarinio y dolor, le daba placer. Mucho. Al segundo latigazo ya tenía una erección. Al tercero había tenido un orgasmo.

La exclamación que profirió despertó a los guardias. El monje se defendió. Juró que nada lo haría soltar ese látigo.

Al cabo de un mes la Santa Sede mandó una delegación a la abadía ante el retraso. Los delegados tuvieron que tumbar las puertas de la abadía. En el interior encontraron a monjes, peregrinos y guardias muertos. Todos tenían las espaldas hechas jirones y una sonrisa en la cara.

*Esta frase me la fusilé. Un aplauso al que mencione al personaje original que la dijo.

20 comentarios:

Anónimo dijo...

mierda

Carolina la que se cree un cronopio dijo...

Me suena a Rius. Como en la iglesia y otros cuentos. Aunque ahí está la idea, no sé si la frase como tal.
saludos:)

Anónimo dijo...

Pft, LOL.

silver-grillo dijo...

El efecto del látigo era que si el cura se golpeaba por penitencia o por culpabilidad se le venia una de las muchas atrocidades que ha cometido y la imagen se sentiría tan real que es cómo si lo estuviera haciendo. La primero que vio después del primer latigazo fue cuando violaba a un niño, lo cual le provoco mucho placer; ya que para ellos violar a un niño no es una atrocidad si no todo lo contrario.

AAN dijo...

Me gusta vuestro proyecto coral. Volveremos :)

Anónimo dijo...

Hay diversas variantes, pero probablemente te refieres a la frase dicha por John Calvin.

Nefesh Bleu dijo...

Ni idea de quién dijo la frase... pero el relato me recordó mucho a Patrick Suskind.

Bueno. Muy bueno.

Anónimo dijo...

Niurka, tal vez?

Anónimo dijo...

AAAAAAAaaaaaaaAAAAOOOOOOOOooooooooooOOOOOOoHHHHHHHHHHHHHUUUuuuuuuuuuuuUUUUuuuuuuuMMMMMMMMMMmmmmmm.......

mmmm......mmmm

.....
















(Bostezo).

Adrián dijo...

Me molestan sobremanera los posts interactivos pues dejan notar dos cosas: urgencia de atención y falta de originalidad.

Un detalle: al escribir "E hizo un descubrimiento sorprendente", das a entender que el sujeto estaba en busca de algo. Lo que ocurrió en el relato fue obra de la casualidad (o, como dices, del peso de la culpa) y no de investigación propia del monje ese.

controlzape dijo...

Ni Rius, ni Suskind ni Calvin, fue Eco usando a Guillermo de Baskerville en el Nombre de la Rosa.

controlzape dijo...

Adrian: Tienes razón esa frase es ambigua. La cambié. Si se te revienta una tripa por interactuar ya ni modo.

Anónimo dijo...

puta... pintaba bien y la cagaste... acabo siendo una vil mamada
y que chingue su madre el guey que no le gusta interactuar

Jouleman dijo...

Un orgasmo en el tercer latigazo?, yo hubiera esperado que el orgasmo llegara en el latigazo numero 20... por lo menos.

Anónimo dijo...

que literal tomo el tema, mas que la pendejada del cable de television de la escuincla!

Ouroboros dijo...

Guillermo de Baskerville al Explicarle a Adso de Melk porqué no creía que las reliquias de la abadía donde estaban eran reales. También le dijo que en Colonia había visto el cráneo de San Juan a los 12 años.

Todo esto en "El Nombre de la Rosa2 de Umberto Eco.

controlzape dijo...

Ouroboros: Clap!

Manuel dijo...

La idea es muy sólida. Pienso en muchos autores, de verdad, y eso se agradece, sin embargo, le faltaron más elementos visuales, y un poquitito más de alegorías y sugerencias.

Pero es bueno, fundamentalmente bueno.

Anónimo dijo...

Me parece que John Calvin menciono el tema de las astillas unos cuatrocientos anios antes. Ya estas como slumdog millionare...

davihds dijo...

no mamen yo apenas voy empezando con el libro y ya me lo chingaron con sus spoilers

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