sábado, 22 de agosto de 2009



Estaba segura que P. tenía un nivel de autismo, o por lo menos, con eso intentaba reanimarme. Ahora veo hacia atrás: la verdad es que se trataba de una persona muy serena, muy cabal, pero sobre todo, muy prudente. Te escuchaba con sus ojos oscuros muy abiertos, no hacía gestos y yo, les juro, me quería morir diariamente en la universidad por él y con él.

Entonces, debo contarles una de las tantas situaciones en la que le demostré que era YO lo mejor de este mundo. Claro, como en todas las demás ocasiones, él fijó la mirada en otro lado y se quedó mudo.

P. era dueño de una nevería. Imagínense. Y como buena acosadora, ya sabía que sí lo visitaba un viernes a las seis de la tarde, estaría a punto de abandonar su turno y que su casa se encontraría sin sus padres y hermanos (conocía también los horarios de los susodichos) entonces mi plan era llegar, sacar cualquier pretexto para ir a su hogar y quitarle la ropa como una vez lo hice en su sala, que por cierto, era como una sucursal de la capilla Sixtina- explíquenme quién en esta endemoniada vida coge con una foto de Juan Pablo II en una repisa y viendo a la Sagrada Familia- pero yo estaba e-na-mo-ra-da, acuérdense que me quería morir por él y con él, así que hasta el episodio me pareció sumamente familiar, debido a que estuve en colegio de monjas toda mi vida.

Seis de la tarde y gran error. Llegué y P. no atendía el negocio: estaba su señora madre. Amable, como siempre, me invitó a esperarle. Invariablemente suelo iniciar una conversación con los temas más absurdos de la existencia humana y al ver una botarga de “Elmo” tirada en el suelo de la nevería, no se de donde surgió esta frase de mi boca:

-Siempre he querido usar una botarga. Me parece algo muy divertido.

Segundo pinche gran error. Al cabo de tres minutos yo ya estaba convertida en Elmo, dispuesta a bailar en la calle al ritmo de las canciones de moda del 2004, invitando a los transeúntes a visitar la afable nevería y soportando los malos tratos que cualquier niño de más de siete años le da a una botarga, y como se trataba de Elmo, mi dignidad estaba en los suelos.

Miriam: 0
Autista: 1

¡Ah! Todo esto con una temperatura de más de 35 grados centígrados, cabe destacar. En buen momento llegué de calenturienta a visitar a mi amado, y en mejor momento faltó la chica contratada por mi disque suegra para ponerse la botarga.

Las personas tocaban su claxon, muchos se burlaban, los niños me manoseaban toda, pero en mi cerebro, a pesar de la tortuosa misión, podía visualizar la anhelada recompensa: Sucursal Capilla Sixtina. Por favor Dios, ten piedad.

Pero Dios estaba ocupado en otros menesteres, sin duda. Una hora después, se apareció P. templado, íntegro, y claro, yo me quería morir por él y con él. No recuerdo sí le causó gracia que me convirtiera en animadora del negocio de su familia, conociéndolo tal vez ni lo notó. Me dijo que nos fuéramos, accedí y rechacé la nieve de café con cajeta que tendría de pago.

Llegamos a la casa, no recuerdo con que estúpido pretexto. Estábamos en la cocina, él con sus ojotes abiertos esperando lo que tendría que pasar, yo repasando cautelosa mis trucos y con la boca todavía cerrada. Se escucha el timbre, él va a la puerta.

Ex novia aparece en escena. Ex novia ya aplastada en la sala. Incrédula, avanzo con pasos retraídos desde la cocina hasta el sillón. La observo y me clava la mirada. La salude con una sonrisa de lástima, no hacia ella, sí no para mí: todo el show de Elmo ¿Para qué? P. le ofreció entrar a su casa y así, me hizo trizas el corazón y se le dio de comer al perro.

Los tres sentados, cada quien en un asiento diferente. Silencio incómodo para ella y para mí. Y él- que me parta un rayo sí no es cierto-tenía dentro de sí un vago discernimiento de que la escena que presenciaba no era correcta, y aunque un leve desconcierto azotó su inmutabilidad, respiró hondo, fijó la mirada hacia otro lado, se quedó mudo y volvió a la cocina por un vaso de agua.

Solas, las dos nos reímos sin decir palabra. Nos reímos por compadecer la una a la otra. Por solidaridad, hasta por simpatía. P. desde la cocina no nos escuchó, a P. probablemente, nunca le importamos.

7 comentarios:

Rox dijo...

juarjuarjuar "el nevero". chales, ¿Que tendrán los raros?

El Tipo dijo...

Interesante la historia de la botarga enamorada...

Elmo dice, NUNCA juntes a dos exnovias, puede ser peligroso.

borregata dijo...

Ja ja qué incómodo, de tu post deduzco:
A)Que no fui anormal por enamorarme del paletero.
B)Que es detalle kistch pero común tener al Papa Juan Pablo II en las habitaciones, y
C) A mi se me hubiera ocurrido otra cosa estando la ex novia ahí y un bote de helado de café con cajeta

fakir dijo...

autismo? es ofensivo

Hermes dijo...

aunque no fuera autista, si mi ex y una chava que me late se encuentran en la misma habitacion que yo y esta medio tensa la situacion, probablemente haria lo mismo que el... fantasia: alguien lo habra hecho en la iglesia, a mitad del sermon??? :D

Anónimo dijo...

tienes talento o te han sucedido cosas muy chistosas!!! me doble de risa lo juro. Monserrat

Anónimo dijo...

Buenasa historia.. lastima que hay gente que no se da cuenta de que tiene fuego hasta que ve las brazas...... saludos.!!!

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