lunes, 10 de agosto de 2009

Pequeño lujo de gorra


Después del check out uno se va sintiendo forastero en el hotel en donde hace unos minutos era huésped "distinguido". Caminar por aquellos pisos de mármol parece inapropiado porque te sientes como un arrimado. Los gorditos de la recepción siguen siendo cordiales contigo, pero de golpe se les ha borrado la amabilidad extra que tenían antes de que entregaras la llave de tu habitación.

Yo soy un ciudadano de Holiday Inn para abajo, pero gracias a mi trabajo he visitado hoteles ostentosos en los últimos cinco años, sitios en los que jamás hubiera pasado una noche si el gasto corriera a cargo de mi cartera. O sea que soy un consumidor de hoteles de lujo que saluda con sombrero ajeno.

Antes de que llegue el Super Shuttle que me llevará al aeropuerto, me meto a echar el último cague del viaje (siempre hay un último-último) al baño del lobby (siempre vacío, ¡bien!) y entonces me pregunto si no habrá una cámara que me vigila. Después de todo, no tendría yo nada que estar haciendo allí, pues ya hice el check out y ya no pertenezco a la élite de los que siguen hospedados.

Saliendo del baño me quedo sentado por más de una hora en el lobby, que es una especie de mueblería ecléctica en la que hay salas de cualquier diseño y sillones con todos los tonos de café y verdes que puedas imaginar. Soy un ex huésped y por eso envidio a los que siguen registrados; me siento celoso de la libertad con la que se mueven, entran y salen en las mejores y peores fachas. Algunos se pasean en traje de baño y hay otros en pantalón de vestir y corbata, nadie ni nada puede obligarlos a seguir una regla de etiqueta porque por el momento son los "dueños" del hotel.

En cambio yo, el ex huésped, debo comportarme y descartar la idea de subir los zapatos al sillón para evitar que los empleados de seguridad desquiten su sueldo. En unos minutos me iré, ya no soy prioridad para nadie, si acaso el encargado de los equipajes sigue muy atento conmigo quizá esperanzado a que saque mi último billete de a dólar. Ningún otro lugar como los hoteles para descubrir la diferencia entre pertenecer y no pertenecer.

Mientras estuve registrado me bastaba con levantar el teléfono para que mis deseos fueran órdenes. Los empleados más aplicados, como Luis el de la barra, se aprendieron mi apellido y me saludaron en español durante mis visitas al bar. Pero con el estigma de haber hecho ya el check out soy la antiprioridad de Luis y Compañía, pues ahora ellos tienen otras necesidades multirraciales qué satisfacer.

Afuera, la ciudad, -cualquiera-, puede hacerte click o no, puede gustarte o no, pero un hotel si es bueno se distingue por abrazarte a tu llegada y hacerte sentir bienvenido, único e importante. Lo malo es que a la salida, después de un "esperamos que haya disfrutado su estancia con nosotros" se acaba el encanto y te sientes como un pordiosero que soñó que era Sultán.

Sin el respaldo de "tu" hotel regresas a la vida real a pelártela y partírtela.

6 comentarios:

El hombre de hielo dijo...

Yo al hacer el check out, además de todo lo que mencionas me siento "el sospechoso". Y no es que antes de salir del cuarto haya cagado sobre la biblia del cajoncito del buró, pero extrañamente siento que ellos sospechan que algún desmán hice antes de dejar el cuarto.

Kózmica dijo...

Yo adoro estar en hoteles. De niña viajé un montón, todo el año y antes no había camiones directos, siempre teníamos que transbordar en Monterrey para llegar aquí. Pasé por tantos, hasta moteles de paso, a veces nomás a bañarnos porque mi papá nos daba recorrido por la ciudad.

Me encanta estar en un lugar que sé, haga lo que haga, no tengo que limpiar. Me gusta ver por las ventanas una ciudad desconocida, ver la gente, imaginar qué hace.

Añoro todo eso.

Un saludo!

Pedro Ek dijo...

¡Oh sí! me recordaste cuando yo también me daba mis "pequeños lujos" en los hoteles; ya que me dedicaba a instalar sistemas informáticos hoteleros, y por ende, me hospedaba en el mismo lugar donde trabajaba. Habitaciones con jacuzzi, comidas en los restaurantes del hotel, etc., todo sin pagar un solo centavo y sin preocuparme, siquiera, por dar propinas.

chilangelina dijo...

Uy Ñets, hasta parece que vienes viajando con nosotros...

fakir dijo...

se fijaron que se dio el lujo deno bajarla al banio? o era de esos banios autoflushables?

Afasia Anómica. dijo...

Muy bueno y muy cierto , solo una cosa: no todos los de las recepciones somos gorditos... habemos unas flaquitas bien bonitas *codazo*guiño*codazo* y si ya haciendo check out nos vale madre su existencia.

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