sábado, 26 de septiembre de 2009

La niña de la casa abandonada


Subiendo por Cedros -la calle que topa en el parque- se puede ver a un costado, entre maleza, una casa abandonada.
Tenemos prohibido entrar ahí. Mamá dice que en ella se esconden robachicos, la mamá del Pollo dice que ahí se meten los albañiles a tomar caguama y la mamá de Chícharo dice que se nos puede venir encima.

Compramos galletas de chocolate, paletas con acidito y refrescos en bolsa; pedaleamos calle arriba y nos sentamos en la acera de enfrente a contemplar la construcción. Pasamos horas viéndola e imaginando todo lo que pudiera haber dentro. No pensamos en robachicos, albañiles borrachos o derrumbes; soñamos con hacer una fortaleza en la que no entren las niñas, cazar fantasmas, descubrir pasadizos secretos y encontrar tesoros en túneles llenos de murciélagos.

A veces, cuando empieza a meterse el sol, sentimos como si alguien nos observara desde una de las ventanas rotas. La piel se nos pone de gallina y más ganas de entrar a explorar nos dan.

Un sábado por fin decidimos desobedecer a nuestras madres y entramos en la casa abandonada. El olor a orines es insoportable. En uno de los cuartos hay papeles y fotos quemadas y una mancha negra de hollín en la pared. En otro, un colchón agujerado -con los resortes de fuera- y ropa tirada sobre añicos de vidrio. En el cuarto del fondo, basura de todo tipo, unas bolsas de yeso petrificadas y un hueco en el techo.

Pollo encuentra un estuche de algo –unos lentes, tal vez- que se pone en el cinturón y, por su espontánea sonrisa, noto que se siente Batman. Chícharo encuentra la base dorada con forma de elefante de una lámpara. Yo husmeo entre el montón de fotografías chamuscadas y encuentro la de una niña más o menos de mi edad.
Salimos de la construcción y guardamos el secreto.

Ahora, cada que paso por la casa abandonada, imagino que la niña de la foto está asomada en una de las ventanas. Me da miedo voltear y más miedo volver a entrar.
Me he olvidado de cazar fantasmas, de buscar pasadizos secretos y encontrar tesoros en túneles. Ahora, contagiado por las historias de los adultos y los noticieros, imagino matrimonios deshechos, padres divorciados, niños abandonados, secuestrados, abusados, violados y hasta ritos satánicos.
Ahora soy como los adultos: que ven el lado realista y oscuro de la vida, ése que le roba el brillo que antes tenía; el brillo que le daba la imaginación.

8 comentarios:

Aryana dijo...

Lo peor de esas casas, es que aunque la ciudad crezca, se vuelva ruidosa, escandalosa, alrededor de esas casas pareciera que el tiempo se detuvo, hay muchísimo silencio. Y es cierto, cuando era chica yo pensaba en historias de fantasmas, ahora que veo casas abandonadas, siempre pienso en muertes sin testamentos y pleitos familiares.

Buen Post.

buho dijo...

un saludo maestro, sabe q me laten de a madres sus escritos., lo que son las cosas, de niños aveces quisieramos ser adultos, y cuando adultos quisieramos ser niños, lo ultimo si se puede, ahuevo que si, solo que el maldito que diran se lo impide a muchos, yo soy un niño en el cuerpo de un... mmmm, que se es a los 22 años, ilumineme.


buenas vibras

Anónimo dijo...

no no no..... cuando eres niño obviamente tienes un organismo joven y sano en el esplendor de sus facultades...... cuando eres adulto tu organismo inicia su decadencia y tu mentalidad cambia y se inclina " por el lado oscuro de la vida "...

decadencia dura y pura pues..... hechale salud a la vida guffo !!!!!

Morinakemi dijo...

Fuck! No mamessssss, que buen pooooossssttt!!!

Ay guffo, me recordaste esa magia de la imaginacion de cuando uno era niño, no sé, este post me parecio muy nostalgico, tal vez porque estoy escuchando muy bonita musica de explosions in the sky y me siento bien raro...

bonito relato para ser tan corto, buen fin de semana!!!

Dib dijo...

Lo mejor de todo fue el refresco en bolsa.

Rox dijo...

brrr!
tu narración es impecable, cruda y real.

MUY CHINGÓN

dèbora hadaza dijo...

Lo siento Guffo, todo iba bien, el relato es interesante y vívido, pero el final se te aguadó.

Anónimo dijo...

Tus escritos están bien chingones Debora, soy tu fans zzzzzzzzz...

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