jueves, 1 de octubre de 2009

La decadencia me pone contento



Hace un año, había mandado mi pseudochamba de Softtek a la chingada y me preguntaba si podría pagar las cuentas que se acumulaban escribiendo prosa en vez de código computito. Para averiguarlo, investigué cuál era el concurso literario más a la mano que tenía, y durante una visita al Museo de Arte Popular Mexicano, me enteré de una convocatoria que se cerraba en una semana para hacer un texto dirigido a niños y jóvenes cuyo tema versara sobre alebrijes. Escribí, imprimí copias, las engargolé, entregué mi texto lleno de esperanzas y un mes después supe que no había ganado ni una mentada honorífica. De esa experiencia extraje la conclusión de que enviar textos apresurados y mal pergueñados a concursos, como medio de subsistencia, era mala idea.

Este ejercicio que acabo de hacer, un recuento del estado de las cosas de hace un año, cada vez que lo efectúo me deja con impresiones muy raras. No importa si lo que me ocurría hace un año consistiera en hacer recorridos por lugares paradisiacos en compañía de gente amada, o si hace 12 meses estaba yo en peligro de ruina, muerte y destrucción, o si hace 365 días estaba sumergido en una rutina secasesos y abyecta, el resultado es el mismo: la ineludible percepción de que todas esas cosas le pasaron a un fulano más afortunado o más jodido que yo y que sólo tiene en común conmigo los nombres y los apellidos.

Además, los cortes que he hecho para sentarme a examinar la evolución o el deterioro personal, en plazos arbitrarios, rutinarios y convencionales (navidades, inicios de año o cumpleaños) como instrumentos de conocimiento, los veo muy insatisfactorios. Yo prefiero recurrir a otro tipo de análisis para saber dónde estoy parado. Por ejemplo, cuando por inevitable casualidad debo hacer acto de presencia en algún lugar que hace tiempo no visitaba, procuro hacer una pausa en el trajín diario para poner atención en las circunstancias de la visita previa y la actual. Pero ojo, no me fijo en mis circunstancias personales (esas me valen madre), las que veo son las circunstancias del lugar donde me hallo.

Y en esas ocasiones, cuando percibo que estoy rodeado de pura decadencia, digo “las cosas están yendo por donde deben ir” y soy feliz.

Ha de ser por eso que me siento a gusto aquí. Cuando todos ustedes sean polvo este blog va a ser una ruina magnífica.

5 comentarios:

Rox dijo...

Pues la decadencia no sólo te pone feliz, hace que escribas desde un punto de vista único.

Anónimo dijo...

Por qué no, aprovechando el aniversario, hacen una limpia?
Duda, Beto y este paquete, fuera.
Por amor de Dios.

El Contador Ilustrado dijo...

EL diccionario define la palabra aniversario como......

Jack dijo...

O sea que pasaste de ser un computito mediocre a ser un escritor mediocre.

Anónimo dijo...

Pues tu trabajo de computito no lo conozco, aunque seria muy interesante seguro aprenderia algunas cosas y como escritor eres la neta

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