viernes, 27 de noviembre de 2009

Fantasmas



Madame Bovary descansa al pie de mi cama esperando que yo termine de hojear por enésima vez un número viejo de Esquire. Fanny y Alexander pierden gradualmente la esperanza de que algún día prefiera terminar de ver su historia a repetir incansablemente la segunda temporada de Grey’s Anatomy. En situaciones similares se encuentran el Quijote, y Pip, y Marcello de La Dolce Vita, y muchos, muchos otros que ya han desaparecido de mi lista mental de pendientes eternos. No es que no disfrute su presencia, o que me aburran sus conversaciones, o que encuentre sus historias complicadas e incoherentes. Es simplemente que soy otro fiel creyente de los productos light.

Al igual que tú, encuentro en la ligereza un alivio constante a todos mis problemas. Un refresco bajo en calorías, un pie de limón que no acabe anclándose a mis caderas, una casa nueva pagada a cómodas y eternas mensualidades, una lista de consejos para cuidar el medio ambiente sin sacrificar mi estilo de vida, un blow job en un baño público sin preguntar nombres: ¡Lo quiero todo, lo quiero ahora y lo quiero endulzado con Splenda! Y si nada de esto funciona programaré una micro liposucción el lunes durante mi hora de comida. Quiero todos los placeres y beneficios inmediatos, sin batallas, sin complicaciones y sobre todo, sin consecuencias.

Que mi vida es ya demasiado complicada como para agregar las pretensiones culturales de un irlandés anti social y ensimismado que no sabía poner puntos y comas en sus novelas. Que mi concepción del mundo está demasiado revuelta y no necesito sumarle las masturbaciones mentales de China Adams. Que estoy constantemente confundido y abrumado y no pensar siempre es más fácil que pensar.

No es que sea idiota e ignorante. Soy inteligente e informado, leído y escribido, con el capital cultural suficiente para descifrar, comprender e incluso aplicar todo aquello que francamente me da hueva. Ése es precisamente el problema. Mientras más leo más me falta por leer. Mientras más estudio más entiendo que la educación no sirve de nada. Mientras más sé más comprendo que nunca sabré nada. Y mientras más hago más me resigno a que no hay nada por hacer.

No creas que esto lo admito muy tranquilo y sin penas, mi desencanto me causa conflicto interno y por eso escribo de ello. Pero por más batallas existenciales que tenga sospecho que siempre llegaré a la misma conclusión: "Soy quien soy, no hay nada que pueda hacer al respecto", como recitaba religiosamente John Malkovich casi al final de Dangerous Liaisons.

Hay demócratas de la cultura – o demócratas en general – que se atreven a declarar que cualquier persona tiene en su andar diario constante acceso a todos los códigos, símbolos y elementos necesarios para entender cualquier producto cultural. Estas personas parten de la idea mencionada al principio y declaran que si Le Monde es igual al ¡Hola! y una pintura de Picasso equivale al último anuncio publicitario de HP, entonces todos los seres coexistentes en una misma sociedad comparten exactamente el mismo capital cultural sin importar sus diferencias sociales, educacionales, económicas o políticas.

Le llaman al fenómeno Literatura Fantasma y declaran que ésta hace que tú, yo y el pordiosero que vaga por las vías del tren vestido de mujer seamos igual de capaces de leer y comprender la Breve Historia del Tiempo pues hemos sido sometidos a los mismos estímulos culturales en nuestra vida diaria. Si se piensa bien la idea es condescendiente y aberrante.

No digo que el vagabundo travesti sea idiota y no pueda captar o procesar lo que sucede a su alrededor. Tampoco digo que sus circunstancias socioeconómicas se lo impidan - aunque en realidad, esto tiene mucho que ver –. Es que simplemente nuestro desconocido vagabundo ha aprendido a ver el mundo desde cierta perspectiva que se ha formado a través y gracias a su estilo de vida. Esta perspectiva no incluye a Godard, o a Kerouac, o a Schiele y no tiene por qué hacerlo. Probablemente él ha estado tan expuesto a los estímulos necesarios para desarrollar una atracción por la literatura y las artes como yo lo he estado a los que me convertirían en un excelso ingeniero bioquímico o un afamado futbolista; sin embargo, hemos ignorado esos estímulos y hemos reaccionado ante aquellos que por una u otra razón estamos condicionados a responder.

Cualidades físicas, coeficiente intelectual, educación, estado de salud, inteligencia emocional, familia, amigos, escuela, vecindarios, género y una infinita cantidad de factores que reunidos y combinados crean las condiciones de nuestro contexto y nuestra parcialidad. Muchos de estos factores son biológicos, químicos, neurológicos, producto de la naturaleza o de noséqué ser místico fuera de nuestro alcance, pero la gran mayoría son elementos sociales, producto de nosotros mismos y la interacción que tenemos con aquello(s) que nos rodea(n).

Y si yo tengo probada influencia en todo mi derredor, tengo también probada responsabilidad sobre ello. Mis decisiones de vida, conscientes e inconscientes, han dado forma no sólo a lo que soy si no a lo que los demás son. Por lo tanto, que Estela esté lavando baños en la casa de alguna familia de nuevo dinero para pagar las terapias de recuperación de su marido y la comida de sus cincuenta y cuatro chamacos es en parte mi responsabilidad. Si yo estoy escribiendo esta serie de bestialidades para aprobar un curso de mi sobrevaluada educación universitaria es porque tuve la oportunidad de poder ingresar y cubrir el costo de esta sobrevaluada educación universitaria; y esa oportunidad no salió de la nada, si yo la tengo es porque alguien más no la tuvo, alguien más podría estar en mi lugar en este momento, alguien que jamás conoceré pero a quien ya afecté con mi mera existencia.

De ahí viene la Literatura Fantasma: el concepto redentor de todos los males que yo y los otros niños ricos, cultos y mimados hemos infringido en el mundo.

Debemos hacer extensivos los códigos y lenguajes de la alta cultura, pretender que están al alcance de cualquiera y que aprovecharlos o no es una decisión individual. Debemos abrir el arte a todos, hacerlo accesible al pueblo, tirar perlas a los puercos y después quejarnos de que no saben apreciarlas. Debemos adaptar el reino de Hamlet al mundo de la piratería mexicana e ir a montar la tragedia en versión clown a la explanada del mercado local más cercano para tranquilizar nuestras consciencias cuando el público se retire extrañado pues no sabe si debe ser o no ser.

El vulgo no puede ser educado. Los plebeyos no desarrollarán jamás sentido artístico. La alta cultura nunca llegará a los barrios bajos. Pero el intento se hizo. Porque en estos días todo es intento. Intención, pretensión, simulacro, antesala, promesa, posibilidad sin realizar: herencia de nuestra cultura light, que podría dejar de ser ligera.

Yo podría tirar mi Esquire a la basura y terminar de leer Madame Bovary para aprovechar a pleno las conflictivas ventajas de ser un beneficiado por la sociedad, pero me basta con saber que tengo a la adúltera dama a mi alcance cuando lo desee. Podría dejar de consumir los productos masivos de los que tanto me estoy quejando y buscar el fondo, la gravedad y el significado en todo, pero me basta saber que tengo el capital cultural suficiente para descifrar a Shakespeare como descifro a JJ Abrams. Podría dejar de quejarme y realmente hacer algo para cambiar este contexto social que tanto me confunde, pero me basta con engañarme y decir que este escrito es capaz de hacer una diferencia. Podría incluso hacer un mucho mejor texto que éste, pero me basta vivir con el fantasma de lo que nunca pasará.

Y no es mi culpa, ¡es de Sony Entertainment Television!

9 comentarios:

Puck you!! dijo...

Excelente enfoque, pésima narración; largo y lento; mucho pinche cantifleo, ni siquiera pude terminar de leerlo por que mis bostezos me cerraron los ojos... el enfoque daba mucha tela de donde cortar pero lo desperdiciaste transcribiendo tu confusión e ideas sin ordenar la respecto....

Anónimo dijo...

eres mas puto y pendejo que mi verga , te voy a matar por puto




reydeweyes

Beto dijo...

Puck you!:

Perdona, colgué la versión sin editar y aunque ya le he hecho varios cambios y quité unos cuantos párrafos tienes toda la razón: mucho pinche cantinfleo. Si te gusta el enfoque te invito a que hagas algo con él, sería bastante interesante leerlo.


Reydeweyes:

¿Tu verga es puta y pendeja? ¿O tú eres puto y pendejo y no te gusta admitirlo? ¿Has desarrollado un trastorno disociativo hacia tu falo para cubrir tus inseguridades? Si es así por favor ven e intenta matarme: ¡me encantaría conocer a alguien con semejante desorden de personalidad!

Adolfo dijo...

A veces la cultura moderna es más light que la ignorancia. Para muchos basta ser culto con leer o tener lentes de pasta, chanclas y morral; pero la cultura está quizá en maldecir los alrededores para reinterpretarlos de manera humanista.

Una cultura light de los cultos en andar con libros bajo el brazo bebiendo café sin aportar nada a la cultura más que epígrafes y notas; por eso comparto un tanto tu visión más activa de la cultura.

Felicidades.

Anónimo dijo...

Siempre es interesante saber que la gente "acomodada" como tú —que roba oportunidades a otros que no pudieron, no merecieron o se les negó, como quiera que sea esa realidad inexpurgable— desperdicia la oportunidad de cultivarse por mera decisión y no por incapacidad... De verdad me preguntaba si siquiera tenían la capacidad de rechazar la cultura y optar por lo light o nomás no había conexiones neuronales.

Yo mera, sino quién

Manuel dijo...

A mi si me gusta como escribe este bato. Me genera mucha ternura - de la buena, y muy sincera - leer cuando asume tener el capital suficiente para descifrar a Shakespeare...

Ah, la arrogancia de los jovenes. Y eso que yo soy uno, eh. Ejem.

Pero bueno, leyendo esto me acordé del buen Edgar Morín y su Le Stars:

"Al fin y al cabo, en las sociedades burocratizadas y aburguesadas, es adulto quien se conforma con vivir menos para no tener que morir tanto. Empero, el secreto de la juventud es éste: vida quiere decir arriesgarse a la muerte, y furia de vivir quiere decir vivir la dificultad".

Así que probablemente lo tuyo no sea la arrogancia de la juventud. Sino la comodidad de tu inminente adultez.

Mucho cuidado que no te pille viendo sitcoms.

Saludos. Buen texto.

Turner dijo...

Creo que consumimos modernidad, vemos Dr. House, escribimos en blogs, seguimos el cliché del gafapasta que escuha death cab for cutie, por las mismas razones que podríamos recurrir a la cultura clásica.. porque nos agrada y porque lo escogemos. Sentimos que algo está aportando a nuestras vidas. Porqué habría de desestimarse, porqué fué hecho en los 2000's?
Al igual que somos producto de nuestras circunstancias, nivel educativo, estrato socioeconómico, también lo somos de nuestra época, de la cultura popular en éste momento histórico.

Beto dijo...

Ahm, pequeñas aclaraciones:

Tu mera, pa' resentimientos de clases bajas hay muchos blogs marxistas y obreros que recibirán tus malos sarcasmos. Gracias.


Manuel, aunque te dé ternura de la buena para nada me creo capaz de descifrar a Shakespeare; es sólo parte de la lógica del texto y la Literatura Fantasma.

En lo personal, no me interesa descifrar nada...


Turner: Totalmente de acuerdo. Es riquísimo - en todos los sentidos - este consumo.

Gracias.

La Crónica dijo...

No te molestes en terminar Madame Bovary, la mujer es irritante...

A mi lo que es a mi, me encantacomo escribes, aunque si te desprecio por ser rico y acomodado y te culpo de todas mis carencias

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