domingo, 13 de diciembre de 2009

Instrucciones Precisas (Final).


Bue, después de un rato, este es el final de la serie "Instrucciones Precisas". Cerré los comentarios en las entradas anteriores para dejarlos abiertos al final. Si no has leído la serie, puedes encontrarla en un sólo post en el Árbol. Gracias por leer.

Rod recargó el mentón sobre su mano, en la otra, apenas sostenía el libro del abuelo. Un tanto más débil, o más cansado, y podría caerse. Pero eso no estaba destinado a pasar. Todo el camino que había recorrido, haría que sostuviera ese libro con fuerza y en ningún universo, ninguna variante posible, donde Rod existía y estaba sentado en ese trono, era posible que lo dejara caer. No era exactamente un trono, era un asiento de comando. Alguien se acercó entre las sombras que había a sus espaldas, una mano oscura se posó en su hombro y lo apretó, no se sabía si era para reconfortarlo o empujarlo a seguir el camino. Rod sonrió. Frente a él, la Tierra se sostenía y continuaba girando orgullosa. Estaba a 960 kilómetros. La atmósfera de la Tierra... hace unos días la había abandonado.

-o-o-

Años antes, Rod despertó en medio de un lote baldío, dentro de un jeep. La noche anterior recibió una noticia de Lisa: "Piedra y Mano de Oro ya estan en nuestro territorio". Cuando despertó y recordó eso, sonrió satisfecho, buscó una moneda en su bolsillo y echó un volado. La moneda decidió que el primero en morir sería Mano de Oro. Antes de sacar el teléfono satelital y comunicarse con Lisa, ya había un grupo de guerrilleros con la instrucción de llevarlo. Dejó el jeep, se metió a una de las camionetas de los guerrilleros, y ansioso, movió esa moneda entre sus dedos, durante las dieciseis horas que duró el viaje.

-o-o-

-¿Qué crees que esto signifique? -preguntó Rod, mirando a la Tierra. Se levantó del asiento de comando y caminó por una larga sala, que no tenía nada más que el asiento, ventanas que demostraban la inmensidad del espacio y un mueble que sostenía un libro. Caminó a ese mueble, dejó "Instrucciones Precisas" del abuelo y después levantó el otro. La portada contenía símbolos aparentemente incomprensibles-. ¿Sabías qué este libro se llama "Instrucciones Precisas", como el de mi abuelo?

-Rod... esto es mucho para mi -dijo Lisa-. Esto es... mucho. ¿Por qué me trajiste aquí?

-Te sigo necesitando, ¿por qué más si no?

-Rod... esto me sobrepasa.

-Eres el único ser humano sobre la tierra que puede estar conmigo en este momento, y si esto te sobrepasa, imagina si arrastro a alguien más aquí. Te necesito Lisa.

Lisa se acercó a Rod y cuando miraba los símbolos de la portada, había algo en su mente que se anulaba. No podía verlo durante mucho tiempo sin sentir que su cordura podía destruirse. Apartó la mirada del libro y miró la Tierra, a través de la ventana. Eso es algo que conocía. De lejos, pero lo conocía. Estuvo en esa nave espacial durante dos semanas junto a Rod. En ese tiempo, él se quedó observando la portada de ese libro como lo haría un obseso. La nave, por dentro, simplemente se reacomodaba a los deseos o necesidades de sus habitantes. Ofrecía habitaciones que eran cómodas para Lisa: salas, cocinas, jardines. Lisa, aún cuando podía avanzar de cuarto en cuarto y encontrarse con la sala de la abuela, el jardín donde pasó su niñez o su habitación de su primer departamento como mujer independiente, no podía quitarse de la cabeza que era una intrusa. Estaba en la casa de un dios, y no quería estar ahí para que este apareciera, la excomulgara y la mandara derechito al infierno.

Pero la nave sabía. Presentía la ansiedad mental de Lisa, y la relajaba. Continuamente la analizaba para tenerla contenta y bajar su guardia. Ambas sabían que era cuestión de tiempo antes que se acostumbrara y perdiera su realidad humana. Lisa pasó varios días en la cocina, mirando como Rod lo hacía con el libro, uno de los cuchillos para picar verduras.

-o-o-

El encuentro entre Rod (Homúnculo Junior) y Mano de Oro, se dio en Ciudad del Carmen. El libro del abuelo, decía que si dos Dueños se encontraban, se anularían los poderes y tendrían que luchar entre ellos a mano limpia. La gente alrededor no podrían entrar al círculo de batalla, si no querían ser despedazados por los rayos "divinos".

Mano de Oro era un hombre grande, robusto, de unos cuarenta años, pelo corto y rapado como militar. Rod lo interrumpió en el momento que trataba de hacer negociaciones con el grupo guerrillero más fuerte para que este tomara control del territorio y anexarlo a Guatemala. También se encontraban diplomáticos, escoltas, y un pequeño ejército. Rod los vigiló unos días antes de dar la orden de entrada. Llevaba un grupo pequeño, sólo para detener aquello que no podía ver, lo demás lo manejó tronando los dedos y despedazando a la gente alrededor de Mano de Oro. Esta pequeña guerra duró un par de horas, hasta que ambos hombres quedaron frente a frente.

Rod tuvo miedo cuando Mano de Oro se acercó y su sombra pareció envolverlo. Tenía un rostro duro y serio. Sus manos eran grandes, y se veían fuertes, como para destruir el cráneo de un niño con un poco de presión.

-¿Dónde está Homúnculo?

-Murió. Soy el nuevo Dueño.

-Ah, ya veo -dijo Mano de Oro, despectivamente. Su voz grave no ayudaba a que Rod recuperara la confianza. Un círculo de luz delimitó el espacio de la pelea. Mano de Oro volteó a su alrededor para reconocer la presencia del círculo.

-Hace años que no peleo con otro Dueño. Hace muchos años. Homúnculo era como tú, no tenía un físico para pelear. Por eso todo lo hacía aquí -dijo el Dueño, y señaló su sien-. Eres como él. Delgado, débil, ansioso, cínico... crees que lo mereces, crees que puedes llegar con esa sonrisa y tu mente mal educada a donde quieras. Te voy a enseñar niño.

-¿Conociste a mi abuelo? ¿Peleaste con él?

-Hace muchos años, nos vimos en la frontera para hacer negocios. Debieras saber que las peleas entre Dueños sólo permiten un ganador. Debo reconocerlo: Tienes el valor para pelear. Pero no eres inteligente... eso a tu abuelo le sobraba. Era un hombre muy inteligente. Aquí se terminará esto.

Rod leyó el libro antes de pelear y sabía las reglas. Tenía que matar a Mano de Oro o sacarlo del círculo. También sabía de las negociaciones. Si gastaba el tiempo en charlar y preguntar, era para darle una imagen a Mano de Oro. Si todo salía bien, esa imagen le permitiría ganar la pelea. Pero ahora que estaba ahí... Mano de Oro extendió ambos brazos y se acercó a Rod, en pasos lentos y calmados. No había más tiempo para charlas, ni para juegos elocuentes. Rod apenas podía verle los ojos sin sentir temor. Ese hombre lo trituraría. Fue un estúpido al creer que podía ganarle a otro Dueño, alguien que tenía años planeando, entrenando su cuerpo, controlando las vidas de millones de personas.

Rod lo esquivó por la derecha, pero sintió que lo tomaban del brazo y le doblaban el cuerpo. Escuchó el sonido de sus huesos y coyunturas. Se arrodilló y Mano de Oro le puso el pie sobre la espalda, para mantenerlo doblegado.

-Pobrecito guerrero -dijo Mano de Oro, y Rod tragó tierra.

-o-o-

-El libro me responde. Estos símbolos son un código, sólo si los observas puedes descifrarlos. Requiere mucho tiempo traducir el lenguaje de quien lo haya escrito. Fueron semanas observando la portada para descubrirlo. Por un momento pensé que me volvería loco...

-He tenido la misma sensación, Rod -dijo Lisa-. Sólo que no tengo la voluntad para ... verlo. No puedo. Se borra si lo intento. No puedo verlo... Rod... ¿no tienes todo ya? ¿No tienes todo lo que un hombre puede desear? Regresemos Rod. Terminemos aquí el camino... vámonos al juego que ya conocemos, por favor. La nave... la nave me quiere aquí, hace lo posible por arrastrarme a esto y yo siento que debo negarme, que todavía puedo decir no.

Rod abrió el segundo libro, Instrucciones Precisas, en una página al azar. Descubrió con agrado que ya reconocía algunas palabras, pero tenía que seguir mirándolo. Lisa se pasó una mano por la cara y se mordió el labio inferior. Hizo lo mejor que podía hacer... servir a Rod, seguirlo en el juego, demostrarle que podía estar a su altura. Iba a una cocina y hacía un café, preparaba un pan con mermelada, le dejaba un chocolate caliente, o tomaba asiento y se ponía a leer cualquier libro en el mundo para dejarlo solo. Podía ver cualquier programa televisivo que deseara o escuchar cualquier album musical que se le antojara en cualquiera de las habitaciones. La nave lo anticipaba, como ella lo hizo con Rod en algún momento.

Empezó a llevar el cuchillo consigo. Quería estar protegida, en caso de que alguna cosa monstruosa se les apareciera. Caminaba los pasillos y cuando apenas se acostumbraba a su oscuridad, y pensaba que algo terrible se le aparecería al final, las luces se encendían y sus temores se veían disipados como si fuesen algo ridículo. De cualquier manera, todavía tenía el cuchillo en las manos. Parecía que la nave confabulaba con todo para hacerle entender que su arma era una protección necia. Caminó a la habitación donde Rod estaba leyendo el libro y se recargó en una de las paredes, sólo para observarlo. Empuñaba el cuchillo con fuerza. Entendió, gradualmente, que ese cuchillo era la decisión más importante de su vida.

-o-o-

Rod sacó un pequeño espejo de su bolsillo con su mano libre y aprovechando la luz del círculo, cegó por un momento a Mano de Oro. Jaló su brazo prisionero, se arrastró con el cuerpo adolorido y trató de levantarse. Cuando ya estaba más o menos en pie, vio que Mano de Oro se frotaba la cara y empezaba a reírse como un perro. En un sólo ataque Rod sentía que ya estaba perdido, y su risa, su maldita risa no ofrecía ningún apoyo.

-No es tan importante, ¿sabes? Tenerlo todo. No lo es -dijo Mano de Oro-. La verdad es que estoy cansado muchacho. No puedes ganar esta batalla, y estoy aquí porque necesito saber que pretendes. Hiciste algo para traernos a dos Dueños a tu territorio. No te costó mucho trabajo. Eres igual de inteligente que tu abuelo.

Mano de Oro dejó caer su mano y miró gravemente a Rod.

-Quiero saber qué pasa si soy el único.

-Es imposible. No puedes ganar el mío. Ve como estás arrastrándote, como tienes el brazo molido, ¿y quieres seguir peleando? Te ofrezco algo: Dejemos de luchar, dame el territorio, delimita aquí la frontera y todo regresará a la normalidad.

-No entiendes... es imposible regresar. Quiero saber a dónde estamos yendo y por qué. Necesito saber qué somos, o quienes somos. Necesito saber ¿qué estamos jugando?

Mano de Oro se acercó a Rod, y aún cuando este intentó luchar, lo levantó del cuello de manera muy sencilla, con un sólo brazo. Después, lo dejó caer contra el piso y volvió a carcajearse. Rod sentía que estaba a punto de desmayarse cuando escuchó la risa del hombre otra vez.

-Pídelo. Dí que me darás esta parte del territorio. Dilo ahora.

-No puedo... necesito llegar al final.

-Entonces te permitiré llegar al final, muchacho. Estoy cansado, todos los otros Dueños estamos cansados, igual que tu viejo. Llevamos en esto más de cinco décadas, y nuestros padres o abuelos antes que nosotros. Sin embargo, no llegarás sin sufrimiento. No puedes llegar si no te duelen los huesos, o te rompemos la boca, te partimos un brazo o te cortamos los huevos. ¿Entiendes?

Rod se sentó en el piso, sorprendido miraba a Mano de Oro.

-Todos los dueños pactamos un acuerdo, porque igual que tú... necesitamos saber en qué estamos y la única manera de hacerlo, de lograr que alguien conozca la verdad, es si llegas allá. Pero no puedes llegar sin antes sufrir un poco. Tenemos un papel que jugar.

-No entiendo... -dijo Rod.

Mano de Oro sonrió, caminó a Rod, lo levantó y lo desempolvó. Después le dio un puñetazo en el rostro que lo aventó unos cuantos metros más. Rod levantó la cabeza, y con los ojos entrecerrados, la boca llena de tierra y el brazo definitivamente roto, miró como Mano de Oro caminó fuera del círculo y la luz se lo tragó. Rod se desmayó. Cuando despertó, por primera vez conoció el rostro de Lisa, quien esperaba a que Rod despertara en el hospital de pemex, en Ciudad del Carmen.

-o-o-

Lisa recordó que todos los otros dueños cumplieron su promesa a través de los años, después de diversas guerras y Rod abusaba de su inteligencia, de su cuerpo, de su necesidad por saber para atraerlos a él, y a su sed de conocimiento. Piedra dijo que no deseaba que ningún descendiente suyo tuviera poder. Los otros tres, Grumos, Sangre Artificial y Cerebro Estático (como se hacían llamar) daban excusas similares. Eran igual de viejos que Mano de Oro, o que Homúnculo (entre los cuarenta y sesenta años). Cedieron sus territorios no sin antes maltratar a Rod, exigirle el sacrificio del cuerpo, de la mente, de mancillar su espíritu. Lisa estuvo ahí, y era Lisa quien empezó a derramar lágrimas por esas personas que aún cuando lo tenían todo, no deseaban nada ya. Llevaban tantos años en el juego que lograron ponerse de acuerdo para salir del atolladero, el enorme empate que cambiaba ligeramente con los años, sin ofrecer respuestas a los enigmas.

¿Quién y por qué?

Con la muerte de Cerebro Estático, el dueño de Asia y un pedazo de África... Rod se convirtió automáticamente en el dueño del mundo. Lisa todavía recuerda la llamada que hizo Rod, donde gritaba extasiado que lo había conseguido, que era hora de buscar respuestas reales y en la mitad de sus balbuceos, se cortó la comunicación. Rod había desaparecido del planeta. Durante meses lo esperó y mientras tanto, ella... ella y su liderazgo, con un puñado de personas, las asistentes de los otros Dueños, mantenían el mundo como la humanidad lo conocía. Sólo México estaba jodido más allá de todo reconocimiento, pensaba Lisa, ¿pero cuándo México no está jodido? No fue difícil instaurar un nuevo gobierno y solicitar ayuda humanitaria. Tampoco lo fue pagarle a los grupos de guerrillas para que cesaran actividades y destruir los otros pocos, que aún deseaban una anarquía, la revolución total. No fue fácil sentar las bases de un nuevo inicio, ya lo demás dependía de... pues, ¿quién?

En esos meses, Lisa entendió el sacrificio de los Dueños. Pretendían que Rod comprendiera que su camino no sólo llevaba la sangre de los inferiores, sino de los iguales. Que esa sangre podía ser su sangre. El sacrificio era un recordatorio para que Rod buscara la verdad, lo que había detrás del espejo, las reglas de un juego extraño y cruel. Rod se comunicó con Lisa eventualmente-. Mañana cuando despiertes, ya no estarás en la Tierra.

-¿A qué te refieres que ya no estaré en la Tierra?

-Eso que te estoy diciendo, muñeca. Deja instrucciones a tus asistentes. Te necesito conmigo.

Al día siguiente, Lisa despertó en su habitación, pero las ventanas enseñaban una imagen de la Tierra, flotando. Estaba a 960 kilómetros de su verdadero departamento.

-o-o-

Lisa no entendía que estaba buscando Rod. No era lo mismo el coqueteo a través del teléfono y asistirlo en algo que conocía, a estar encerrada en una nave donde su jefe sólo despertaba de su sopor, de esa observación aguda, para musitar una serie de barbaridades e incoherencias. El cuchillo estaba ahí para recordar el sacrificio que Rod estaba ignorando. ¿La nave lo impediría? No lo sabía, porque la nave parecía estar llevando a que Lisa lo hiciera. Lisa, clávale el cuchillo. Lisa, ve las caricaturas y después, puedes matar a Rod. Lisa, sigue leyendo Madame Bovary, y después, puedes meterle el cuchillo a Rod por la oreja y empujarlo. Al fin que no está aquí... el Rod que conociste ya tiene tiempo que se fue.

Y a la vez se negaba. No podía creer que habían ganado el juego sólo para llegar a una nave espacial que contenía un libro y se adaptaba para ser lo mismo que en la Tierra. No podía permitir que la desesperación la llevara a cometer un acto cuya justicia era dudosa, porque no existía ninguna autoridad que le dijera si eso estaba bien, o estaba mal. Mientras Rod pasaba sus noches leyendo el nuevo Instrucciones Precisas, ella simplemente lo miraba y trataba de entender que debía hacer. Ahhh, pero esa respuesta... esa respuesta era tan borrosa como la portada del libro que no comprendía.

-Lisa... ya entiendo algunas cosas, acércate a escuchar.

Lisa se acercó a Rod, y le puso una mano en el hombro. En la otra empuñaba el cuchillo.

-Te lo voy a explicar una vez, Lisa... porque esto es difícil. Muy difícil. Tengo que elegir a diez Dueños para que manejen la Tierra.

-¿Qué?

-Cállate y escúchame mujer. Es el inicio apenas. El libro detalla la cantidad de recursos naturales, la capacidad intelectual de sus habitantes, el ritmo evolutivo... es un manual completo. Detalla muchas otras cosas más, pero necesitaría leerlo más tiempo. Lisa... llevamos muchos años sin una persona aquí, que nos esté dirigiendo. ¿Sabías eso? Por eso se entregaron... porque necesitaban un dirigente. Su sacrificio... Dios... esto aún no termina... tenemos tanto por hacer. Ya lo sospechaba, este es el segundo nivel... hay muchos más... debe haberlos. ¿Cuántos planetas y galaxias? ¿Cuántos universos? ¿Y si llegamos al final, quién nos espera ahí?

Rod se echó a llorar. Entre sus lloriqueos, balbuceó-: No puedo hacerlo solo... de verdad te necesito... si pienso llegar al final te necesito...

Lisa en ese instante miró la eternidad y en esa eternidad, miró su respuesta. No podía llorar como Rod. No en ese momento crucial, como otros tantos, donde él la había necesitado. Era sólo un niño después de todo. Ya habían pasado años, pero seguía siendo un niño.

-Espera cariño... ya veremos como lo resuelvo. Tranquilo. Necesitas descansar, y yo también debo hacerlo -dijo Lisa-. Hemos tenido unos días terribles, ¿sabes? Tengo un cuchillo en mis manos, y con eso pensaba...

-Tienes que hacerlo -chilló Rod-, si quieres que nos detengamos, debes hacerlo... No puedo con más, no hoy, ya no más... Te lo he estado pidiendo a través de la nave. Lo he estado sugiriendo... Es mi culpa. Necesito que lo hagas, pero no lo has hecho... te has resistido... no puedo dejar de leerlo, no puedo dejar de saber más y llegar... desearlo, desear el siguiente...

-¿Qué? ¿Matarte? Sí. Tal vez deba hacerlo, pero soy una empleada cariño. Sólo eso. Dame órdenes concretas. No me dejes las decisiones horribles.

-Lisa... no me voy a detener.

-Sé que no. Yo tampoco lo haré, no lo haré hasta que... nos acabemos mutuamente. Tú tratando de llegar al final, y yo resolverlo todo para que estés ahí. Dame instrucciones, las instrucciones precisas... y juntos llegaremos al final de todo esto.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

zzz...

Rodrigo dijo...

Wey, por favor revisa tus escritos antes de publicarlos....

MarillTachiquin dijo...

Interesante final. Todo es un ciclo al final de cuentas, y se regresa al origen una vez mas.

Muy buena historia, valio la pena la espera =)

Meta-Luis dijo...

Y sí que valió la pena.

El dialelo fue ideal... enfermizo y absurdo para una historia que no, definitivamente no, podía tener un final sencillo.

Bravo señor.

Anónimo dijo...

mmm, dejando de lado las fallas de forma y redacción, creo que es de lo mejor que he leído en Recolectivo, me encantó, aunque yo hubiera seguido al próximo nivel..

Anónimo dijo...

buen relato de principiante.

Anónimo dijo...

ya no veas anime cabron estas peludo.

Blogalaxia