jueves, 22 de abril de 2010

La Evangelista



Cuando mis padres tuvieron claro que la tarea de que yo me aprendiera el evangelio para hacer mi primera comunión era una penalidad por la que no estaban dispuestos a pasar, le encargaron el trabajo a la vecina de enfrente que en sus ratos libres hacía de catequista.

La vecina tenía unos pocos años más que yo y estaba guapa. No sé a qué iban los demás catequizados pero yo iba con la esperanza de echar un ojo dentro de la blusa de la catequista.

La primera vez que asístí, dedicó la hora de catequesis a platicar de la vida de cristo. Estábamos sentados en el jardín, bajo un árbol enorme. Cuando llegó a la parte de que Jesús resucitó yo repliqué que estaba bueno el cuento pero que no me lo creía. que sería más creíble si Jesús hubiera salido diciendo "no se espanten amiguitos, todo fue pantomima". Mi evangelista se escandalizó.

- Mira a tu alrededor y dime si no ves la mano de Dios en todas las cosas - me dijo.

Hice lo que me pidió y contemplé al perro de la familia cagar en un rincón del jardín. Me quedé esperando a que la mano de dios saliera del culo del animal diciendo hola.

Concluí que mirarle las tetas a mi catequista no valía tanto disparate y me fuí a mi casa.

Años más tarde, la vecina intentó evangelizarme, aunque no había de por medio encargo de mis papás que, sensatos, ya habían renunciado a la idea de que yo hiciera la primera comunión. Interpreté los afanes misioneros de la vecina como una señal de que yo le gustaba y como se había puesto más guapa la dejé hacer. Cuando ella abría la boca para platicarme de jesús y sus chingados apóstoles, yo estaba concentrado en hallar un argumento que la convenciera a ella de bajarnos mutuamente los calzones.

Ahora puedo decir que me alegro de no haber encontrado un argumento que funcionara. Además de creer que la gente puede resucitar, mi evangelista creía que su meta en la vida consistía en mejorar sus genes con defectos imaginarios (le daba pena estar unos tonos más prieta que el resto de la población). Para lograr eso se fue a Alemania en pos de un señor que le hiciera hijos con genes que ella creía arios.

En la actualidad me la imagino feliz, inscribiendo a sus hijos a concursos como los dueños de perros de raza inscriben a sus chuchos.

Conmigo se hubiera frustrado. Yo nomás le hubiera dado hijos epilépticos e incrédulos.

6 comentarios:

El Contador Ilustrado dijo...

seguro que escuchar el nombre del señor en pleno acto carnal no tiene precio, mas aún viniendo(se) de una evangelista

●•• √эиuⓩ ••● dijo...

Aaah Pinches mocosos cabrones! con razón no aprenden ni madres!!! Si se la pasan pensando en tetas...

(Ay perdon! disculpe las molestias que esto le ocasione.. es que yo en mis buenos tiempos fuí catequista!:P)

Saluditos!

Manuel dijo...

Jejeje. Pinche Zape.

Good one again.

Saludos.

NikeNike dijo...

das hueva, solamente te burlas de las creencias de las personas.
eres un payaso

Anónimo dijo...

Shialessssssss....

Eres de lo peor control-zapendejo, que forma tan sutil y ardida de justificar que la fémina te mando a la "gaver" por que no te vio futuro económico ni profesional, situación que hasta nuestros dias te persigue.

Pobre fracazado, con razón tu hija se averguenza de ti y la lupe anda contigo por lástima.

ahhh ten los arrestos para admitir que el aleman le ofreció algo mas que tú y no borres mi comentario.

***PsIcOpAtA*** dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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