martes, 31 de agosto de 2010

¿Cuando dejaremos de contar?




Mataron a Manuel dos días antes de que renunciara al periódico donde fui reportera durante diez años. Aunque suene kafkiano, esta es la historia de mi renuncia, no de la muerte del hombre que también amé todo el tiempo. Y es que al hablar de mi renuncia, de alguna manera estaré hablando de él, y eso me reconforta. Me hará sentir menos egoista.

El día que murió me tocó la guardia: debía quedarme en la redacción hasta las once de la noche, sola, con el último editor sentado frente al monitor, tecleando mientras yo diluía las horas viendo fotos en facebook y escuchando las transmisiones bruñidas del escaner policiaco a la espera de noticias de último momento. Eran las ocho y cinco de la noche, y oí el reporte de un policía reportando a central, en esos códigos ridículos, el hallazgo de varios cadáveres.

No había ningún fotógrafo; tomé mi cámara y manejé bien adentro del Cañon del Sainz, al sureste de la ciudad, en sus linderos. Antes de llegar a un desarrollo de interés social, luego de pasar dos kilómetros de baldios y basureros clandestinos, de tejabanes podridos, chozas desperdigadas cada cien o doscientos metros, separadas entre si por parapetos de llantas y tablones de cascajo, me hallé a una patrulla que detenía el paso hacía una vereda que descendía sobre un llano insondable, y donde las luces de media docena de vehículos, sus faros y sirenas, y el vaivén de las lámparas de mano, eran el único punto de referencia. Prensa, le dije. Y me dejó pasar.

El camino apareció con las luces de mi auto. Manejé ciento cincuenta metros solo para descubrir que enmedio de los vehículos, en un perímetro de veinte o treinta metros cuadrados estaban apilados, como islotes de carne fusiforme, los cadaveres de un número incalculado de hombres. Ninguna mujer, me dijo un oficial que se me acercó, sin que se lo preguntara. Había también otros cuerpos tirados ahí y allá, víctimas dobles de la pereza de sus asesinos. Uno de esos era Manuel. Lo descubrí enseguida, y fue como si él hubiera querido que así fuera: al tomar la primera foto.

Al comprobar en la pantalla de mi Canon, ahogué el horror y su grito en un mareo inevitable que parecía atornillar mi cuerpo en el llano, entre el salto de luces y los destellos de otras cámaras. Es él, musité. Adentro de mi cámara llevaba también otras fotos que le había tomado. En la última sonreía con la boca y con los ojos, levantando su mentón hirsuto y altanero, con medio rostro ensombrecido y el cabello desordenado cayendo por la frente.

Atónita, continúe tomando más fotos alrededor del perímetro. Llegaron los peritos, llegó el forense. Llegaron también unos de inteligencia militar con unas lámparas enormes que estallaron sobre los cuerpos, emblanqueciendo la sangre y la tierra por igual. Yo jamás perdí el control, me dije. Y tampoco lo perdí ahí. Luego escuché que un militar le preguntó a uno de forense ¿cuántos son? Y el otro le dijo: cuarenta y siete en total.

Me recobré del estupor cuando tuve al editor a lado mio exigiendome la nota. Había regresado al periódico y me decía cosas como: escríbela ya, que ya debemos cerrar edición. Manoteaba, también. Yo asentía asombrada de haber logrado regresar, pero descubrí que no podía teclear, que no había podido escribir un solo párrafo, y que frente mio estaba la luminosidad del monitor, blanca y recalcitrante, como el flash violento que descubrió el cuerpo de Manuel.

¿Qué podía escribir? Que habían hallado cuarenta y siete hombres muertos en el Cañon del Saenz, en un llano baldío, un bolsón inhabitado de Tijuana, en un abrupto entre dos cerros sin nombre, llenos de tropiezos, malezas y espesuras. Hombres anónimos, desconocidos; apilados como ofrendas de terracota y carne. Parias irrelevantes que se apelmazarían en las planchas del anfiteatro de la ciudad, fotografiados para el almanaque de muertos sin identificar. Ahí va el hombre que yo amo, me dije. Y él no es otro número.

No es estadística, no es cálculo, no es una tacha, ni rayón, no es muesca, o una diagonal temblorosa en el cuadernito de corte italiano del policía que escucha atento al muertero contar uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho...

Me negué a escribir la nota más impactante del día. Debía poner el nombre de Manuel completo o escribir nada: anunciar que murió, que todos sepan que el hombre de mi vida había muerto. Que ya no existiría, y que con él también murieron los padres, los hombres, los hijos, los amantes, enemigos, amigos de otros. No eran cuarenta y siete cadáveres. Meneé la cabeza y le dije al editor que no escribiría la nota. Histérico e impaciente, señaló su reloj: las doce y media de la noche. Había retrasado una hora el cierre del periódico. Su rostro iracundo era la frialdad numismática de todos los muertos del mundo enumerados para aparecer en las notas de los periodicos del planeta: cien muertos en Irak, cien más en Somalia, cien otros en Afganistán, cien más en Colombia, otro ciento en México, en Sierra Leona, en la esquina más improbable del mundo, cien, cien y cien, y de pronto miles, y la única muerte del mundo que parecía ayudarme a comprenderlo todo, era la de un solo hombre, uno pequeñito, insignificante, endeble, enterrable, lamentable, hijo de una mujer y un hombre como todos nosotros, y el amor único de toda mi vida.

Era como si el asesinato de un solo hombre fuera la crónica de todos los muertos de este mundo. Una crónica larga, pues los muertos de este mundo se cuentan por miles. Y es muy difícil dejar de contar.

20 comentarios:

Anónimo dijo...

No mames, no mames, no, no, no mames, que buen post.

ARRASTRANDOSE POR EL TROMPA DE MANATI dijo...

marioneta equina: oye

administrador: que pedo?

marioneta equina: hazme un favor

administrador: si dime

marioneta equina: por favor borra todos los comentarios ofensivos en contra de mi nekros

administrador: jaja ¿y eso?

marioneta equina: porque ya no soporto que se metan con mi trompudo pelon

administrador: ah ok. no te preocupes, cada vez que alguien diga PUERCO JOTO LATINO lo borrare, porque en verdad me diste lastima.

marioneta equina: GRACIAS! muchas gracias! es lo madre que insulten a kuruni, a andreinski, a manuel, a daniel, al huevo etc etc, que no se metan con mi tropitas de marrana prieta

administrador: jajaja eres un puto, pero te hare el favor nomas porque te arrastraste bien ;)

marioneta equina: gracias, por fin podre dormir tranquilo.

Anónimo dijo...

Te entiendo, uno lee a diario sobre la muerte en todos lados, pero cuando el nombre de la persona es alguien que se aprecia es donde el tiempo se detiene y se necesita dar un respiro.

miles, o millones o uno. tienen significado para las personas que los han perdido.

es algo que no se le desea a nadie. pero igual todos vamos a morir en algun momento.

Anónimo dijo...

Te la jalaste Manuel, es la primera vez que me nace comentar.
Muy buen post!

Anónimo dijo...

tsss hermano te la rifaste aprovechando tambien te la rifaste que viejonon traias la otra vez mejor que la culturosa con la que andabas lo malo es que te dejo el gusto por el periodismp

Yordi Rosado dijo...

El de arriba fui yo como anónimo :D

Anónimo dijo...

jajajaja pinche manuel, siguiendo los pasos del puerco joto latino de comentarse como anonimo festejandose sus pendejadas XD

Adriane dijo...

Rodaron lagrimas por mis mejillas, realmente es triste como el humano ha perdido la humanidad, valga la redundancia... pero es la verdad, mucha gente lee en el periodico y ve en las noticias que mueren un sin fin de personas y no se les achica el corazon... o muchos por morbo miran fotos amarillistas las cuales revuelven el estomago de cualquiera. Es texto bastante fuerte y que hace recapacitar. Felicidades :)

Anónimo dijo...

chingon post manuel, tambien la escenificacion de la marioneta equina ARRASTRANDOSE por su pelon mongolo

Panochudo-82 dijo...

¿creen que me importa un bledo que se burlen de mis labios de oruga? ¿o de mi calva deforme como papa? o mis ojos de mongolo violado por un gallo joto? ¿o de mi cuerpo de marrano abiertamente homosexual? YO SOY FELIZ! siendo un puerco joto latino asi que ni pierdan su tiempo PUTOS!

Anónimo dijo...

Adriane dijo...
Rodaron lagrimas por mis mejillas

Pinche vieja mamona!!

danm dijo...

Muy buen post! Te rifaste, sinceramente te rifaste!

Comentario serial no. 0002124 dijo...

Muy bueno, la verdad. Te la rifaste, la verdad. Opino lo mismo. Totalmente de acuerdo, la verdad. O sea, la verdad.

Pro Manuel dijo...

Buen post, Manuel, te felicito, eres de los pocos que escriben bien en esta pocilga.

Daniel dijo...

Maese: Simplemente me tomo un whisky a su abstemia salud, pues estas letras lo merecen. De verdad, de lo mejor que ha hecho usted.

Anónimo dijo...

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