domingo, 23 de noviembre de 2008



1. Una vez estuve a punto de ahogarme en un balneario. El chapoteadero tenía como 1.2 m. de profundidad, todos los niños que estábamos ahí no llegábamos al metro de estatura. Recuerdo que estábamos todos pinches aburridos nomás agarrados de las orillas con miedo de cruzar la alberca porque no sabíamos nadar. Hubo un momento en que mi aburrimiento fue tanto, y me desesperé a tal grado que pensé: “pinches niños maricones voy a cruzar la alberca nadando y les voy a mostrar que no pasa nada, a ver si se les quita lo agüitados a todos y se arma la pachanga”. Una cosa: yo no sabía nadar, pero como se veía bien fácil en la tele supuse que sólo tenía que imitar ese movimiento que hacían. Así que de repente me solté de la orilla y me impulsé con los pies hacia el centro de la alberca, empecé a bracear bien chingón y a mover las piernitas… no sirvió de nada. Estaba a media alberca ahogándome culeramente, luchando, recuerdo escuchar a algunos niños gritar pero yo sólo luchaba por poder salir del agua y tomar un poco más de aire. En ese momento mi infantil mente pensó: “yaaaa valí verga, me voy a ir por el tubo de la alberca y voy a llegar al mar donde me van a comer los tiburones”. Justo cuando estaba a punto de rendirme sentí cómo una mano gigante me tomó por la muñeca y me sacó de la alberca de golpe, era mi mamá. Yo tosí y tosí, me envolvieron en una toalla, y me quedé así, sentado en un camastro el resto de la tarde, con la mirada perdida y el orgullo destrozado porque no pude demostrarle a los demás niños que yo era un chingón. No, eso no me creó ninguna clase de trauma, a los dos meses ya estaba yo tomando clases de natación y rompiendo records mundiales infantiles, bueno, no me tomaron el tiempo, pero seguro que nadaba bien rápido.

2. En alguna ocasión un señor tocó a la puerta, yo estaba cerca así que me subí a una silla y me asomé por la ventana, él, que estaba rapado, pregunto si estaba mi mamá, yo le dije que sí y acto seguido, desde ahí, sólo volteo hacia dentro de la casa y grito: -Mamáaaaaaa, te habla un pelón-. Mi mamá salió toda apenada a disculparse mientras aquel cabrón sólo se reía.

3. Recuerdo que cuando tenía 3 años ya me urgía entrar a la escuela, le pedía a mis papás que me pusieran tarea y trabajos, el primer día de clases fue uno de los más chingones de mi perfecta infancia, yo no entendía como había cabrones que lloraban para que no los llevaran a la escuela. No sé si tenga eso algo que ver, pero nunca hice primero de kinder, entré directo a segundo a los tres años y desde entonces tomé un año de ventaja en la escuela que nunca perdí. Aplausos.

4. Una de las cosas que más disfrutaba era llegar a la casa al salir de la escuela, ver la tele y comerme una o dos tortillas con limón y sal, ahh que rico.

5. De niño era un tronco, no podía correr mucho ni muy rápido, jamás soñar con treparse al pasamanos y colgarse de cabeza como lo hacían otros niños, incluso le agarré miedo a los sube y bajas porque alguna vez estando arriba me fui hacia delante y me caí. Tardé como 6 años en subirme a una de esas cosas del diablo de nuevo.

6. Para hacer trabajos decorativos-manuales siempre he sido un asco. En tercero de kinder hicimos un adorno para el día de la madre. Pintamos un jardín y donde deberían de ir las rosas pegamos en forma de espiral una tira larga de papel de china que habíamos torcido previamente. Todos hicieron un trabajo poca madre, menos yo, que en vez de círculos chingones formados por un espiral hice algo así como nudos y amontonaderos. Dio la hora del lunch y mientras jugábamos entretenidos poca madre en el patio me llamó la directora. Me dijo que mi trabajo estaba muy feo y que lo íbamos a corregir, y así, de putazo arranco uno de mis nudos y comenzamos a cortar de nuevo papel de china rosa y a torcerlo, procedimos a pegarlo ahora sí, en forma de círculo. Me acuerdo que estábamos jugando bien chingón y que yo quería regresar al patio, pero todavía faltaba una rosa por hacer, entonces justo cuando la directora iba a arrancar ese otro nudo, le dije (ingenioso desde chiquito chinga): -no, no lo arranque, es que esa es una flor que apenas va a nacer, es un capullo-. La directora me dijo que estaba bien y me dejó regresar al patio a jugar con mis compiris. Yo fui muy feliz ese día porque me había hecho pendeja a la directora.

7. Una vez me quemé un dedo con el encendedor del carro. Recuerdo que lo presioné y se botó casi inmediatamente, lo tomé y esperaba ver al rojo vivo la parte que se supone se calienta, pero sólo se veía blanca y gris, como si tuviera ceniza, así que yo concluí que no servía, y para comprobarlo toqué esa parte con mi dedo. Ayyyyy amacita, nunca hubiera hecho eso, me metí una quemadota marca diablo, ahí andaba en el centro (lo admito, esta vez sí) llore y llore, mi mamá me llevo a una farmacia y me compró una pomada pero seguía doliendo igual de ojete, eventualmente se fue quitando, pero ahhh la madre, que feo dolió.

8. En alguna ocasión mis papás asistieron a un concierto en el auditorio más grande de la ciudad (Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez), yo era muy niño así que fui con ellos. Me dieron ganas de ir al baño, así que mi mamá me llevó, obviamente, como todos los niños de 3 años, al de mujeres. Después de desalojar mi pequeña vejiga, me lave las manos y mientras mi mamá comenzaba a lavar las suyas (pues había aprovechado la vuelta también), yo le grité: -a que no me encuentras- y salí corriendo del baño. Mi mamá desesperada salió, pero no vio ni mis luces. Más desesperada todavía fue por mi papá y regresaron a buscarme, mi papá entro al baño de hombres y nada, mi mamá pregunte y pregunte y nada, y justo cuando iban caminando hacia otra zona, se abre una puertita frente a ellos, donde el conserje guardaba trapeadores y cubetas y salgo yo de lo más contento gritando: -éjele, no me encontraaaaroooon-. Creo que no me regañaron, no sé, de todas las anécdotas que conté, ésta y la del pelón son las únicas que no recuerdo.

9. De niño me peinaba como Benito Juárez, sí, creo que las mamás mexicanas hacen eso honrando a uno de los pocos presidentes rescatables que hemos tenido en este país.

10. Cuando tenía entre dos y cuatro años, mi pasatiempo era pararme junto a las escaleras y con mi dedito tallaba una pequeña sección cóncava que había en la pared. Me quedaba parado durante minutos, todo cagado, tallándole ahí con el dedo y la uña. Después de dos años esa pequeña sección cóncava se había convertido en un agujero de dos centímetros de profundidad. En esa zona la pared era como de cal o algún material no tan duro.

*La mayor parte de esta entrada apareció en mi blog el 11 de junio del 2007.

12 comentarios:

Calleja dijo...

oyes.. pero no entiendo que tiene que ver esto con obsesion... chance el del hoyito en la pared...

Como que alguien tenia prisa pa ir a ver a su vieeejaaaaaaaa

Luis dijo...

Pues estas viendo que se le para una vez a la semana durante 7 minutos, a huevo se tiene que apurar.

Dib dijo...

Yo tenía (de hecho todavía tengo) la obsesión de hacer "remolinos" con mi cabello. Cuando era niño pasaba horas enteras simplemente haciendo eso. Ahora nada más un par de minutos.

Rosada dijo...

Muchos traumas para un solo cuerpo..pobre!

Anónimo dijo...

mulder...tu infancia es una weba

Anónimo dijo...

y no solo tu infancia, tu existencia tambien

Hattori dijo...

El encendedor de mi auto no sirve, buuuuh...



Y no lo comprobé como tú; intenté encender un cigarro y nada más no.



Saludos.

ZERO dijo...

El peinado de Benito Juarez deberia ser prohibido por la SEP.

sniff.

Anónimo dijo...

rescatable Benito Juárez??? pputa!

El hijo de la chingada dijo...

Mulder se la come

Osvaldo dijo...

Mulder, de hueva tu estilo, lee algo de SALA VERGA y veamos si hay mejora en tu pseudo fase de escribano...

KrizalidX1 dijo...

haha,no esta tan mal

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