martes, 30 de diciembre de 2008

Ejercicio 13: Recuento de (sus) daños.


Había sido un duro día de trabajo. Estaba parada sobre un borde de la acera, pintándome los labios, tarea nada fácil por que la luz de aquella calle vacilaba y se apagaba por largos ratos. Uno de los zapatos me apretaba, y cada vez que me acercaba a un auto en marcha me decían palabrotas. Eso cuando no llegaban los más chicos del barrio a lanzarme huevos y demás basura orgánica, lo que hacía que cualquier esfuerzo por caminar careciera de importancia.

En esos pensamientos andaba cuando vi con el rabillo del ojo un auto viejo que se detenía causando mucho estrépito. Le di una segunda mirada; no parecía un carro, más bien tenía un parecido increíble con una corcholata pisoteada y oxidada por las lluvias ácidas de ese año, que nunca faltaban.

Hubiera sido un auto bonito, pero las ventanas rotas, el parabrisas desteñido y los mensajes de amor y despecho escritos en el polvo de la capota dejaban lejos cualquier presentimiento de que ese cacharro sirviera para algo. Seguí aparentando que me pintaba la boca. La barra de bilé comenzaba a desaparecer por la fricción y ahí mismo divisé una mano grande salir de la ventana, hacía señas que dejaban ver algo de desesperación, me quedé viendo la escena sin saber qué hacer. Hasta que finalmente decidí acercarme; nada podía ir peor esa noche.

Olvidé que uno de mis zancos esclavizaba mi tobillo y sentí dolor desde el primer paso, ya había comenzado a caminar en esa dirección, así que elevé la barbilla, me acomodé el vestido y seguí caminando a pesar de la tortura. Llegué al auto y me asomé. Una cabezota salió a darme la bienvenida sin asomo de modestia, era muy grande y parecía bastante pesada. Me asusté y lancé un quejido agudo. Era un hombre, y puso cara de perplejidad cuando vio mi reacción al admirar su abundante casco. Hizo una mueca de sacrificio por sacar la cabeza de aquella lata abandonada, y pude observarlo a la luz. Tenía la piel llena de cicatrices provocadas por el acné, tenía unos ojos saltones marcados por unas largas pestañas que cualquier chica de mi oficio envidiaría. Estuvimos así, largo rato mirándonos, analizándonos...cuando de mi honda reflexión me aparta una oleada de tufo: algo de cigarrillos, whisky rebajado y un olor de mujerzuela. Fruncí el ceño, dispuesta a darle una cachetiza a éste miserable, como se le ocurría bañar mi rostro con su aliento corrompido. El hombre este hacia unas expresiones con un aire lánguido, una mímica difícil de entender. Por ultimo, abrió mucho los ojos, me apretó el antebrazo, y dejó caer su cabezota sobre el descuidado volante, produciendo un ruido seco, sordo.

No me moví, sólo sentí mi corazón brincar un poco y apreté los dientes, pero solo tantito.

A lo lejos escuché una botella estrellarse contra el piso de tierra mojado. Me dieron escalofríos. Cabrones. Pendejos. Lo que yo quería era voltear hacia todos los lados, hacia la izquierda, hacia el frente, y me hubiera encantado poder voltear hacia arriba y maldecir, pero lo único que deseaba era pensar que no había nadie mirando aquella escena. Decidí tranquilizarme. Respiré profundo. Repasé el Padre Nuestro.

Sentía muchas ganitas de llorar, pero recordé el trabajo que me costo maquillarme los ojos, y me aguanté. No quería ver al señor, me daba mucho miedo la forma que tendrían sus labios, la expresión de sus ojos muy abiertos, de cómo su cara amenazaría a mi conciencia.

Mil cosas atravesaron mi mente, pero nada que yo pudiera utilizar para ese pequeño pormenor. Quería hacer un plan, algo que no me pudiera salir mal, algo con muy pocos riesgos. Di vuelta al auto, abrí la puerta teniendo mucho cuidado, se veía tan arcaico y decrepito; no quería que chirriara.

Me metí con cuidadito, y deje la puerta a medias para no hacer más ruido. El señor seguía con la cara deformada por su propio peso sobre el volante, su camisa manchada de un liquido claro y algo viscoso...y ya no pude ver, la luz de la calle se apagó.

No se que me motivo a escoger aquella calle para ejercer mis derechos de trabajadora, y más ese día, que iba marcándose con sucesos bastante desagradables. Traté de inclinar el asiento, pero no pude, me quede solo así, con los brazos cruzados y una actitud pusilánime y vergonzosa. Oí unas risas, y unos diálogos de lo más fastidiosos, nefastos, aburridos…

Volvió la luz.

Tome al señor de la nuca y jalé hacia mi cuerpo, para que no pudieran verme. Yo, la piruja del barrio, tapándome con un cadáver embetunado con esperma añejo. ¿Por qué tenia que pasarme eso a mi? ¿Por qué no a la de tres calles adelante? Dios no te quiere por piruja, fue la respuesta mas apropiada que se me ocurrió.

Me quede así, quietecita, como por dos minutos y medio, tal vez tres, tal vez más, siendo pesimista.

El señor estaba bien nutrido, sin duda, su sesera comenzaba a cortarme la circulación en las piernas recién depiladas.

La confusión se me fue rápido. Aventé al señor lejos, estire las piernas, me salí del auto sin pensarlo, como perseguida por Belcebú o uno de sus amigotes.

Di vuelta a ese fierro retorcido una vez más, lastimando mi tobillo aun más, estimulando a que me diera más coraje y de esa manera mas fuerza y energía …? No lo sé. Pero ya adentro del coche y en el lado del conductor…hice milagros. Lo moví con todas las fuerzas que pude, y quedo como muñeco de trapo. Un muñeco de trapo mojado en leche.

Encendí el coche, pero me arrepentí rápidamente. El ruido ronco y fragoroso que lanzó me puso de malas, lo que menos quería era llamar la atención. Conduje cerca de una hora, una hora y media, tal vez más siendo pesimista. Y cuando sentí que mis niveles de adrenalina me marcaban cero….frené. Así de golpe. A lo loco. A lo pendejo también.

Este pinché muerto me esta dando muchos trabajos. Debería cobrar por mis servicios funerarios. Escarbé las bolsas del señor con mucho asco, pero decidida. Saqué su cartera, pero seguí buscando. El sudor frío. Mis ampollas en el pie. Mis piernas tiesas. Eso debía costar más que una cartera. Seguí rastreando, hurgando, arañando. Listo. Entre mis nuevos y recién adquiridos tesoros había un calcetín, dos dados, y una bolsita de nueces que saqué de entre sus grandes manos.

Me encontraba en una desgracia, una calamidad, una catástrofe…y no pude evitar sonreír.

Me bajé del coche, dispuesta a enterrar el cadáver y rezarle dos rosarios, como a cualquier hombre digno de respeto. ¿Pero, y si encontraban el coche? ¿Y si encontraban el cuerpo del viejo pervertido? Igual yo no lo había matado, pero tampoco llame a la ambulancia, a los bomberos, a la policía.

Me dio mucho miedo. Y me volvieron las ganas de llorar y me aguante por supuesto. Saque un cigarrillo corriente y comencé a fumar como desesperada. Con el cigarro se me bajaron los nervios, la angustia. Pasaron unos minutos, y sentí ganas de arrancarme las venas con los dientes. A la hora de mostrar mi elegante manía de robar, había dejado mis huellas por todo el auto. Mema. Idiota. Imbecil. Que ingenua puta madre.

Pensé en limpiar todo el auto…pero ¿con qué? ¿A punta de lagrimas y de arrepentimiento? Busque un pedacito de tela, algo que hubieran dejado en la basura que me sirviera. Nada. Cerillos. Pañales usados. Vidrios. Me desesperé y seguí aventando la basura a dos manos, como una estúpida. Algo de entre la basura que lanzaba era más pesado que el resto. Era una botella de vidrio. Era whisky.

Menos mal, podría pasar al menos un buen rato, relajarme, dejar que el calor de la bebida bajara por mi cuerpo y me quitara la inquietud de encima. Pegué mis labios ya despintados a la boca de la botella. Tomé el primer trago. Me calmé.

Calmada estaba, y aun así no podía encontrar alguna herramienta limpiar, ni para enterrar al pobre cristiano.

Se me ocurrió una idea brillante; el fuego destruye. No me pareció fácil vaciar la botella sobre el cabezón. La bebida no estaba para tirarla. Pero de tirarla a probar las dulces rejas de la penitenciaria…ya no quedaba líquido en la botella de vidrio.

Recé. Perdóname Diosito, no me queda de otra. El color brillante del fuego iluminó toda la carretera. Me dieron ganas de reírme. Me dieron ganas de brincar.

Me alejé, cuando escuche un murmullo, un hilo de voz. Pero estaba tan feliz que no tenía la mente en otra cosa. Me recargue sobre un árbol grueso, para abrir mis regalos. Inspeccioné la cartera. Tarjetitas, unos cuantos billetitos, moneditas, dulcecitos, nada mal.

Entre las tarjetas se encontraba una que llamaba particularmente mi atención. El fuego comenzaba a extinguirse, pero aun así noté que tenía unas letras mal hechas.

Me acerque poquito al fuego, tratando de proteger mi rostro de las chispas.

Sentí el corazón frío. Las manos temblorosas. La mente me dio vueltas. Sentí ganas de llorar, y esta vez no me aguanté. Lloré a raudales, importándome poco las pestañas postizas. Me desmoroné. Para después releer la tarjeta:


Maximiliano Bautista. Muy enfermo. Tipo de sangre A, Síndrome de Diógenes. Alérgico a las nueces. Favor comunicarse con la Sra. Lorenza De Bautista.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

me caga que postees tu, ni eres blogstar, pobre pendejo

Anónimo dijo...

Blogstar, que palabra tan mas estupida, quien fue el maldito friki capaz de inventar eso?

Caníbal dijo...

Tanto pedo para ese final... chales.

Falso Profeta dijo...

Una noche común en la vida de travesti de freddymático. ¿De qué color era tu labial, mana?

Anónimo dijo...

Este me llamo la atencion porque tiene toda la finta de ejercicio. No entendí la intención del final, si es gracioso o dramatico o que onda o si la mujer esta era la mama del hombre pero no me tomare la molestia de leerlo una segunda vez, como es obvio que no lo hizo su autor: palabras faltantes (Zimmer, checate "Calmada estaba, y aun así no podía encontrar alguna herramienta limpiar, ni para enterrar al pobre cristiano."), acentos que a aparecen y desaparecen, no saber usar las distintas formas de "porque" y cosas asi, terribles.

Se hace tedioso, aunque parece imaginado con cuidado.

Pido que quiten los comentarios anonimos una vez mas por favor.

Kurazaybo dijo...

Ah si se me olvidaba, la palabra "corrompido" es un caso muy interesante, no estoy del todo seguro de si aqui esta usada bien o mal. El caso es que existe como tiempo verbal pero no como adjetivo.

Zimmerman dijo...

El texto no es mío.

crypt angel dijo...

Entonces por que lo pones, ahora resultaste pirata, pendejo,se supone que si abriste esto es para que cada uno ESCRIBIERA algo que le saliera de la cabezota, no mames, si lo escribiste y la cagaste ten los huevos de decirlo bro, y si no es asi, la neta tambien quedaste mal por que no realizaste el "ejercicio". Chale y pensar que me caias bien.

Zimmerman dijo...

La idea de historia es mía, el texto o redacción es de Vicky Maldonado, este cuento iba a participar en un concurso de una marca de whisky, donde participabamos Vicky y yo en pareja o dueto. Lo publique porque ella sugirio que lo publicara. No le veo nada de malo. No es mi estilo de escritura. Saludos y feliz año a todos.

Anónimo dijo...

pendejo...

ESE POST TE LO HIZO VICKY!!!!!!
PINCHE IMBECIL SIN IMAGINACION.

APESTAS

PINCHE EMO, PRIMO DE CONIN.

NI SIQUIERA PUEDES HACER TU PROPIA MIERDA, TIENES QUE COMERTE LA DE LOS DEMAS.

crypt angel dijo...

No pus tantito peor............ Orale pues saludos y no seas huevon, chinguele a su changarro, y de hecho vicky escribe bien culerin

Anónimo dijo...

crypt angel huele a huevos ajenos

jesagu dijo...

Pss me parece bueno para cerrar esta anualidad.

De quien sea el texto, funciona.

Clap clap.

Anónimo dijo...

lo sabia eres un trasvesti consumado pinche principe de los putos.

Rey Lagarto dijo...

de ti y vicky la vizca no se hace uno

paty dijo...

excelente historia, uno nunca sabe lo que existe detras de un trasvesti, a mi si me gusto

Guffo Caballero dijo...

Mándame un mail cuando llegues a Monterrey para llevarte a la cantina de la iluminación.
Saludos.

Anónimo dijo...

Yo también te puedo mandar un mail cuando llegue, Guffo?

MinnaSade dijo...

No mames ratoncito de caño, que ridicula criatura eres... y yo que pense que tenias dignidad...

XDDD

Minna

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