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viernes, 2 de enero de 2009



Busqué un vaso que no tuviera un gato dibujado y me fue imposible. Gatos sonrientes en tazas y siluetas de gatos en vasos de vidrio.

Serví vino en la taza y en el vaso, optando por darle el más lleno a la mujer que se encontraba desconsoladamente llorando en la cocina, su maquillaje chorreando su cara y sus pies sucios y descalzos.

"No pasa nada" mentí sin emoción, "yo te ayudo al rato a ir por él a la cárcel."

"Pero no es justo, no hizo nada!" sollozó desconsoladamente.

"Shhh. Todo va a estar bien."

Limpié sus lágrimas negras con mi pulgar, y la abracé y en mi pecho lloró y me embarró de babas. Le susurré un flujo interminable de estupideces, y acaricié su cabello despeinado entre mis dedos. Aspiré su perfume y mi reflejo en un reloj -de gato- delató mi sonrisa torciéndose en una mueca desfigurada. Mis pupilas se dilataron.

Un gato me observó detenidamente desde un sillón.


**


Desorientado salí al balcón y prendí un cigarro.

Mis labios secos se partieron ofreciendo su carne viva.



Un silencio absoluto me pareció totalmente inesperado. Volteé para todos lados esperando que llegara, pero no la vi por ningún lado.

Aplasté el cigarro contra la pared y de pronto vino a mí, impuntual pero infalible.

Empezó como una pulsación en mi sien, y de pronto, gloriosa y ardiente me invadió de lleno una poderosa cruda.

Una carroza voló por el amanecer, conducida por caballos negros que emanaban fuego por sus fosas nasales.

Jesucristo rey los golpeaba salvajemente con un látigo con púas, mientras reía salvajemente, cosa que hizo que un helado escalofrío viajara por mi columna vertebral.

Pelos blancos de gato me cubrían por todas partes.

Finalmente el sol se asomó de lleno detrás del horizonte, una inmensa bola de fuego de destrucción.

El sol, malhumorado y furioso, estalló sobre toda la creación, trayendo luz del paraíso sobre la tierra de mundanos, consumiendo todo lo que alcazaba la vista.

Mi respiración se agitó y caí de rodillas, paralizado sin poder quitar la vista de él.

Sudor de sangre se derramó sobre mi frente y mi boca exhaló humo negro y espeso.

Levanté mis manos implorando, y siete arcángeles bajaron del firmamento y tomaron turnos para empalarme con siete largas lanzas las cuales disparaban sin esfuerzo, mi cuerpo quedando inerte como títere.

Un octavo arcángel bajo impulsándose con sus poderosas alas negras gritando en miles de idiomas diferentes al unísono, y una vez sobre mí sacó una poderosa espada, la cual con un solo movimiento de arco hizo una cortada recta en mi abdomen, mis entrañas expulsándose como magma volcánica en un ardor que no puede describir el lenguaje humano.






"Necesitas raite?" me dijo ella lavándose los dientes.

"Pero vamos a los mariscos primero"

jueves, 1 de enero de 2009

Vamos a contarnos los raspones



¿Como para qué corazón?

Tengo suficiente Ibuprofeno en mi cuerpo como para abastecer a un pequeño país, además de las dosis industriales de Theraflú (mi placebo predilecto) que he tomado, y por las cuales nadie puede juzgarme porque estoy legítimamente enferma. Dicen mis tías (y supongo que las tías de todos) que como empiezas el año lo terminas... igual por eso cada año nuevo me enfermo jajaja

Nada te da perspectiva como amanecer junto a un bote de kleenex usados, litros de agua y el pastillerío necesario para sobrevivir a la posguerra.

Hacer balances no es lo mio, por algo soy abogada y no contadora, así que aprovechando el ánimo dopado y moribundo que corre por mi pequeña persona, les puedo decir que fue un año de reafirmación. Por fin terminé de dejar ir a un persona con la que estuve dos años (que tratándose de mi son un par de vidas). Sí lo amaba, al final ya no, ni tantito, lo cual siempre he sostenido me parece tristísimo. Las relaciones, los matrimonios, y todo lo de enmedio, al final se resume a decidir si esas pequeñas, pequeñísimas cosas que te molestan, que no soportas, pueden más que todo lo bueno, que lo divertido, que los lunares de la espalda. Al final es decidir si él lo vale o no. En este caso no, y es, repito, tristísimo.

Pasado mi estado de interdicción novieril, me enfoqué en mis planes malévolos, algunos me salieron muy bien, hasta con estrellita pegada en la frente. Uno se me salió por dos segundos de las manos, al final recuperé el control, y sólo salí medio raspada, lo cual está bien, a mi me gusta vivir para que me pasen cosas, muchas, muchas.

Laboralmente bien, muy bien, pero eso me lo merezco porque trabajo muchísimo, y porque ya que no me voy a casar con un duque, es justo que mi padre vea bien utilizado todo el dinero que invirtió en mi educación.

Ah si, también fui la mala del cuento... otra vez, jaaaaa. De eso ni reniego, porque me lo gané, a pulso. Esa experiencia reafirmó dos cosas que ya sabía (y que nunca hago, pero de repente hace falta que las fuerzas superiores me pateen el trasero para que no se me olviden): No ceder a la peer presure, y no desobedecer la brújula moral de mi cuerpo, que se ha probado es infalible.

Extrañé a mi abuelo tanto, tantísimo. Tres años ya.

Un montón de mis amigas se casaron, malditas sus ganas de joder al prójimo. Hasta a una despedida bíblica fui (acerca de lo cual no hice post porque me provoca un brote psicótico). Definitivamente todavía no estoy para eso (no que algún día no pueda estarlo).

Entre otro montón de cosas relevantes pero que no vienen al caso. Aceptar las consecuencias, eso es todo, aceptar que todo lo que te pasa es, al final del día, consecuencia de tus actos, de tus decisiones, y también de tus no decisiones. Como decía un compañero de carrera: "Total, dijo la sumadora".

Recuento de daños


miércoles, 31 de diciembre de 2008

12 meses


ENERO:

*Me gradué de la universidad
*Empezé el año con Petronilo

FEBRERO:

*Se metieron a robar a mi depa en Rocapulco, se llevaron mi lap con mi tesis y unos tenis y chacharas de mi hermano.
*A mediados de mes empezé a vislumbrar la idea de largarme de ese rancho.
*A finales de mes ya estaba arreglando mi maleta y papeles para irme a la GRAN CIUDAD

MARZO:

*Les dije a mis padres que me subsidiaran mi estancia el DF, aborrecí depender de ellos aunque era necesario.
*Me mudé al DF
*Comencé de nuevo mi 3a tesis

ABRIL:

*Llego Lilián a vivir conmigo
*El metro comenzó a tener extrañas conducas hacía mi persona
*Comenzé a extrañar a mi rancho bien cabrón.
*Tuve mi primer encuentro cercano del tercer tipo con el Guitar Hero y el RockBand. Ósea conocí a este Mugroso

MAYO

*Bebimos con el fino y elegante. Al otro día algo no muy grato sucedió
*Vino Triquis y y junto con Lilián nos aventuramos en un estado alterado de la conciencia a un soriana a hacer compras inútiles a las 12 de la noche.
*Conocí hartos bloggeros en un bar aca chidillo de la roma. Un día a la semana nos juntamos para tomar cerveza y hablar de cosas bieeen culturosas.
*Me fui a desestresar a jugar como enana al papalote con el Mulder, Lilián y Huevito Kinder

JUNIO

*Estaba hasta el cuello con la tesina
*No hice mucho y me largue a mi pueblo de vacaciones
*Poblemas con Petronilo
*Le empezé a tener aversión a los días Jueves a causa del viernes

JULIO

*Huí dos veces dos de la justicia por andar tomando el lugares públicos en mi pueblo
*Volví a ver al pecador después de meses sin verlo. Algo se movió ahí
*Estuve a punto de morir y que mi cuerpo fuera encontrado a las orillas de una playa desconocida o comida por los tiburones. Me andaba llevando una ola.

AGOSTO

*Comí mi primera torta Picnic del metro Hidalgo
*Por segunda vez en el año estuve a punto de morir en un choque automovilístico (exageración) con Lilián, y otros bloggeros.

SEPTIEMBRE

*Primer día de mes; mi cumpleaños, el cual me agarró en el KM 69 de la carretera México-Pachuca, después me fui a vagar por la ciudad desierta en la madrugada con Petronilo.
*Sobreviví al caer de la piramide del Sol
*Terminé mi Tesina
*Me propuse ser asquerosamente millonaria
*Terminé con Petronilo

OCTUBRE

*Se empezó este blog
*Participe de botarga de alcohol para un programa de televisión nacional que nunca saldrá al aire, snif. pero me pagaron yeii!!
*Conocí el depa del amor, cof cof, digo del rock, donde Kabeza le dió una cucharada de su propia medicina a Luis. Tóma eso!.
*Me puse a dieta
*Entro en acción el Pecador

NOVIEMBRE

*Básicamente me la pase pecando
*Consegui trabajo, bueno, bonito y cercano
*Bebí harto yommy
*Lilián me abandonó

DICIEMBRE

*Llegue cruda mi primer día de trabajo
*Me inscribieron a un concurso de baile, para ganar un premio que no gané
*Amueble mi cuchitril
*Fui a mi pueblo a que dos hombres se pelearan por mi (ay que romanticooooo, not)
*Y me volví asquerosamente millonaria

Este año fue bueno, de los mas o el más importante en mi vida, me deslinde de muchas cosas y de personas, unas buenas otras ojalá lo hubieran sido, pero se les agradece el paso por mi vida. De igual manera este año conocí a mas gente que en años anteriores, muchas de ellas espero conservar.

Fue un año bueno. Aunque ahora que lo pienso ni tanto... estuve a punto de morir en varias ocaciones. Chin.

All the stuff you left me with is way too much to handle, but I guess you don't care.











En el universo Marvel, la ciudad de Nueva York, después de años de sufrir daños constantes por las batallas de los súper héroes, ha sido legalmente declarada “Perpetual disaster area”, incluso el gobierno ha instaurado un fondo federal para cubrir los daños: “The superfund”.

Durante el 2007, mi vida hubiera podido ser declarada de igual forma; una racha de diez meses de desastres, desgracias y daños, todos apilándose en un enorme montón de mierda que tuve que tragarme cucharada tras cucharada.

Durante el 2008 las cosas cambiaron y la reparación de los daños comenzó; aun así, el año fue una montaña rusa: empezó bien, se descompuso, luego se descompuso más pero después se recuperó y ahora termina bien, muy bien.

En realidad, nunca he sido mucho de recontar los daños, porque eso implica tomar una calle de doble sentido.

Por lo general, uno sólo piensa en el daño que le han hecho, en las heridas y en la forma de vengar las propias cicatrices en alguien más. Pero pocas veces pensamos en el daño que nosotros ocasionamos, y, oh, vaya que si he dañado gente, muchas veces permanentemente.

Ni siquiera puedo justificarme diciendo “No era mi intención” porque da exactamente igual; el daño es el mismo no importando que sea intencional, accidental o colateral, lo importante es hacerse o no cargo de él.

Y aquí, de nuevo, la cosa se pone difícil, ¿Qué tan dispuestos estamos a hacernos responsables por el batidillo emocional que le provocamos a alguien más? ¿Hasta donde nos hundiríamos en la mierda en la que metimos a alguna persona para darle una mano?

Siempre he procurado reparar mis errores, a veces con un poco de éxito, la mayoría sólo ocasionando más daño. De nuevo, no tengo como justificarme. Uno va viviendo como puede, y llegado el momento, tal como decía Hesse, hay que destruir un mundo para seguir nuestro camino. A veces uno se detiene e intenta resarcir el daño, otras veces uno sólo puede encogerse de hombros y decir “Lo siento”, sabiendo en el fondo que, cuando alguien, a su vez, destruya nuestro mundo, probablemente recibiremos el mismo trato.

El único consuelo es volverse cínico. Eso o no dañar a nadie, lo cual equivale a no vivir.

Y no vivir no es lo mío, menos ahora que estoy construyendo un mundo que luego, seguramente, tendré que destruir.

martes, 30 de diciembre de 2008

Ejercicio 13: Recuento de (sus) daños.


Había sido un duro día de trabajo. Estaba parada sobre un borde de la acera, pintándome los labios, tarea nada fácil por que la luz de aquella calle vacilaba y se apagaba por largos ratos. Uno de los zapatos me apretaba, y cada vez que me acercaba a un auto en marcha me decían palabrotas. Eso cuando no llegaban los más chicos del barrio a lanzarme huevos y demás basura orgánica, lo que hacía que cualquier esfuerzo por caminar careciera de importancia.

En esos pensamientos andaba cuando vi con el rabillo del ojo un auto viejo que se detenía causando mucho estrépito. Le di una segunda mirada; no parecía un carro, más bien tenía un parecido increíble con una corcholata pisoteada y oxidada por las lluvias ácidas de ese año, que nunca faltaban.

Hubiera sido un auto bonito, pero las ventanas rotas, el parabrisas desteñido y los mensajes de amor y despecho escritos en el polvo de la capota dejaban lejos cualquier presentimiento de que ese cacharro sirviera para algo. Seguí aparentando que me pintaba la boca. La barra de bilé comenzaba a desaparecer por la fricción y ahí mismo divisé una mano grande salir de la ventana, hacía señas que dejaban ver algo de desesperación, me quedé viendo la escena sin saber qué hacer. Hasta que finalmente decidí acercarme; nada podía ir peor esa noche.

Olvidé que uno de mis zancos esclavizaba mi tobillo y sentí dolor desde el primer paso, ya había comenzado a caminar en esa dirección, así que elevé la barbilla, me acomodé el vestido y seguí caminando a pesar de la tortura. Llegué al auto y me asomé. Una cabezota salió a darme la bienvenida sin asomo de modestia, era muy grande y parecía bastante pesada. Me asusté y lancé un quejido agudo. Era un hombre, y puso cara de perplejidad cuando vio mi reacción al admirar su abundante casco. Hizo una mueca de sacrificio por sacar la cabeza de aquella lata abandonada, y pude observarlo a la luz. Tenía la piel llena de cicatrices provocadas por el acné, tenía unos ojos saltones marcados por unas largas pestañas que cualquier chica de mi oficio envidiaría. Estuvimos así, largo rato mirándonos, analizándonos...cuando de mi honda reflexión me aparta una oleada de tufo: algo de cigarrillos, whisky rebajado y un olor de mujerzuela. Fruncí el ceño, dispuesta a darle una cachetiza a éste miserable, como se le ocurría bañar mi rostro con su aliento corrompido. El hombre este hacia unas expresiones con un aire lánguido, una mímica difícil de entender. Por ultimo, abrió mucho los ojos, me apretó el antebrazo, y dejó caer su cabezota sobre el descuidado volante, produciendo un ruido seco, sordo.

No me moví, sólo sentí mi corazón brincar un poco y apreté los dientes, pero solo tantito.

A lo lejos escuché una botella estrellarse contra el piso de tierra mojado. Me dieron escalofríos. Cabrones. Pendejos. Lo que yo quería era voltear hacia todos los lados, hacia la izquierda, hacia el frente, y me hubiera encantado poder voltear hacia arriba y maldecir, pero lo único que deseaba era pensar que no había nadie mirando aquella escena. Decidí tranquilizarme. Respiré profundo. Repasé el Padre Nuestro.

Sentía muchas ganitas de llorar, pero recordé el trabajo que me costo maquillarme los ojos, y me aguanté. No quería ver al señor, me daba mucho miedo la forma que tendrían sus labios, la expresión de sus ojos muy abiertos, de cómo su cara amenazaría a mi conciencia.

Mil cosas atravesaron mi mente, pero nada que yo pudiera utilizar para ese pequeño pormenor. Quería hacer un plan, algo que no me pudiera salir mal, algo con muy pocos riesgos. Di vuelta al auto, abrí la puerta teniendo mucho cuidado, se veía tan arcaico y decrepito; no quería que chirriara.

Me metí con cuidadito, y deje la puerta a medias para no hacer más ruido. El señor seguía con la cara deformada por su propio peso sobre el volante, su camisa manchada de un liquido claro y algo viscoso...y ya no pude ver, la luz de la calle se apagó.

No se que me motivo a escoger aquella calle para ejercer mis derechos de trabajadora, y más ese día, que iba marcándose con sucesos bastante desagradables. Traté de inclinar el asiento, pero no pude, me quede solo así, con los brazos cruzados y una actitud pusilánime y vergonzosa. Oí unas risas, y unos diálogos de lo más fastidiosos, nefastos, aburridos…

Volvió la luz.

Tome al señor de la nuca y jalé hacia mi cuerpo, para que no pudieran verme. Yo, la piruja del barrio, tapándome con un cadáver embetunado con esperma añejo. ¿Por qué tenia que pasarme eso a mi? ¿Por qué no a la de tres calles adelante? Dios no te quiere por piruja, fue la respuesta mas apropiada que se me ocurrió.

Me quede así, quietecita, como por dos minutos y medio, tal vez tres, tal vez más, siendo pesimista.

El señor estaba bien nutrido, sin duda, su sesera comenzaba a cortarme la circulación en las piernas recién depiladas.

La confusión se me fue rápido. Aventé al señor lejos, estire las piernas, me salí del auto sin pensarlo, como perseguida por Belcebú o uno de sus amigotes.

Di vuelta a ese fierro retorcido una vez más, lastimando mi tobillo aun más, estimulando a que me diera más coraje y de esa manera mas fuerza y energía …? No lo sé. Pero ya adentro del coche y en el lado del conductor…hice milagros. Lo moví con todas las fuerzas que pude, y quedo como muñeco de trapo. Un muñeco de trapo mojado en leche.

Encendí el coche, pero me arrepentí rápidamente. El ruido ronco y fragoroso que lanzó me puso de malas, lo que menos quería era llamar la atención. Conduje cerca de una hora, una hora y media, tal vez más siendo pesimista. Y cuando sentí que mis niveles de adrenalina me marcaban cero….frené. Así de golpe. A lo loco. A lo pendejo también.

Este pinché muerto me esta dando muchos trabajos. Debería cobrar por mis servicios funerarios. Escarbé las bolsas del señor con mucho asco, pero decidida. Saqué su cartera, pero seguí buscando. El sudor frío. Mis ampollas en el pie. Mis piernas tiesas. Eso debía costar más que una cartera. Seguí rastreando, hurgando, arañando. Listo. Entre mis nuevos y recién adquiridos tesoros había un calcetín, dos dados, y una bolsita de nueces que saqué de entre sus grandes manos.

Me encontraba en una desgracia, una calamidad, una catástrofe…y no pude evitar sonreír.

Me bajé del coche, dispuesta a enterrar el cadáver y rezarle dos rosarios, como a cualquier hombre digno de respeto. ¿Pero, y si encontraban el coche? ¿Y si encontraban el cuerpo del viejo pervertido? Igual yo no lo había matado, pero tampoco llame a la ambulancia, a los bomberos, a la policía.

Me dio mucho miedo. Y me volvieron las ganas de llorar y me aguante por supuesto. Saque un cigarrillo corriente y comencé a fumar como desesperada. Con el cigarro se me bajaron los nervios, la angustia. Pasaron unos minutos, y sentí ganas de arrancarme las venas con los dientes. A la hora de mostrar mi elegante manía de robar, había dejado mis huellas por todo el auto. Mema. Idiota. Imbecil. Que ingenua puta madre.

Pensé en limpiar todo el auto…pero ¿con qué? ¿A punta de lagrimas y de arrepentimiento? Busque un pedacito de tela, algo que hubieran dejado en la basura que me sirviera. Nada. Cerillos. Pañales usados. Vidrios. Me desesperé y seguí aventando la basura a dos manos, como una estúpida. Algo de entre la basura que lanzaba era más pesado que el resto. Era una botella de vidrio. Era whisky.

Menos mal, podría pasar al menos un buen rato, relajarme, dejar que el calor de la bebida bajara por mi cuerpo y me quitara la inquietud de encima. Pegué mis labios ya despintados a la boca de la botella. Tomé el primer trago. Me calmé.

Calmada estaba, y aun así no podía encontrar alguna herramienta limpiar, ni para enterrar al pobre cristiano.

Se me ocurrió una idea brillante; el fuego destruye. No me pareció fácil vaciar la botella sobre el cabezón. La bebida no estaba para tirarla. Pero de tirarla a probar las dulces rejas de la penitenciaria…ya no quedaba líquido en la botella de vidrio.

Recé. Perdóname Diosito, no me queda de otra. El color brillante del fuego iluminó toda la carretera. Me dieron ganas de reírme. Me dieron ganas de brincar.

Me alejé, cuando escuche un murmullo, un hilo de voz. Pero estaba tan feliz que no tenía la mente en otra cosa. Me recargue sobre un árbol grueso, para abrir mis regalos. Inspeccioné la cartera. Tarjetitas, unos cuantos billetitos, moneditas, dulcecitos, nada mal.

Entre las tarjetas se encontraba una que llamaba particularmente mi atención. El fuego comenzaba a extinguirse, pero aun así noté que tenía unas letras mal hechas.

Me acerque poquito al fuego, tratando de proteger mi rostro de las chispas.

Sentí el corazón frío. Las manos temblorosas. La mente me dio vueltas. Sentí ganas de llorar, y esta vez no me aguanté. Lloré a raudales, importándome poco las pestañas postizas. Me desmoroné. Para después releer la tarjeta:


Maximiliano Bautista. Muy enfermo. Tipo de sangre A, Síndrome de Diógenes. Alérgico a las nueces. Favor comunicarse con la Sra. Lorenza De Bautista.

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