martes, 19 de mayo de 2009

Le Temps Retrouvé



Crecer ha implicado desencantos profundos que ya no deseo describir ni explicar. Y más que desencantos, el paso del tiempo ha modificado mi visión de las cosas, y me resulta difícil saber si mi perspectiva está deteriorada, libre o desengañada.

Parte de avanzar por el intrincado devenir supone también hallar el peso de los años en mis contemporáneos, y con ese hallazgo vienen los recuerdos, la remembranza de lo que fueron y la comparación casi siempre atroz y poco favorable con lo que ahora son.

Nadie ha logrado sobrevivir a los años, me digo. Y es verdad. Me encuentro a una infinidad de excompañeros de preparatoria, de secundaria, de universidad, y todos me parecen una lamentable gavilla de desesperados, de ruinas convertidas en instituciones de rutina y pequeñas alegrías y amarguras. Ha sido imposible encontrarme a un hombre que no sea ahora un tipo panzón, alcohólico funcional, empleado o empresario de mediano o poco éxito, e incluso aquellos con un notable curriculum denotan el desgaste incipiente por el que todos habremos de atravesar.

Me encuentro a mujeres, que antaño solían ser jovencitas retozantes y frescas, engreídas, deseosas de enamorar al fulano más popular, al del automóvil lujoso, al rebelde, y no he podido platicar con ninguna a la que el tiempo no le haya pasado la pesada factura de hijos, maridos infieles, relaciones abrasivas, embarazos no deseados, abandonos, desamores, desazones, fracasos y la invariable caída de aquellas carnes gloriosas que paseaban cuando tenían dieciséis o diecisiete años.

Todavía recuerdo a aquella amiga que me gustaba en la secundaria, y que al hallarla veintitrés años después descubrí que detrás de aquella insolencia que la caracterizó durante su adolescencia estaba una mujer con un terrible miedo a la soledad y al rechazo. Recuerdo que después de tomar un café nos metimos a un motel a tener el sexo más triste que se puede tener a los treinta y siete años.

Pensé en Alejandro, aquel viejo amigo de la preparatoria que cuando se emborrachaba me hacía pensar en Hemingway, y como su cabello lacio y rubicundo se cayó, y su cuerpo fornido, sus hombros anchos y su rostro atajado y varonil se fue demacrando a partir de los veinticinco años, cuando el amor de su vida lo abandonó por considerarlo poca cosa, un hombre mediocre que no podía complacer sus gustos y que sin embargo sacrificó sus mejores años para que ella pudiera terminar su licenciatura.

Todos están jodidos, pensé mientras me subía sobre el cuerpo de aquella amiga, y me topaba con carnes más bien flácidas; todos nos hemos hecho viejos e imbéciles, me dije mientras trataba de sentir algo, cualquier emoción, por acostarme con quien fuera la tipa más hermosa de la secundaria donde estudié.

Ni siquiera sentí satisfacción cuando me hallé a Jazmín, afuera del gimnasio lujoso donde asisto. La reconocí por su estatura y su cabello café y voluminoso. Le pregunté si había estudiado la preparatoria en la Lázaro Cárdenas, y me dijo que si, y que me recordaba. Seguía siendo muy guapa, pero ahora sonreía más: era más amable, y por supuesto más accesible. En la escuela hubiera sido remota la posibilidad de aproximarme tanto, y ahora ahí estábamos, como un par de convalecientes de la edad, saliendo de correr y nadar para evitar que la grasa nos termine de joder, platicando naderías sobre el tiempo y sus consecuencias, sobre aquello y lo otro. Estás esperando que el valet traiga tu carro, le pregunté, y me respondió que no, que esperaba a su novio.

Cuando llegó, venía manejando un Mercedez Benz clase C de lujo y sentí una sonrisa de estoicismo dentro de mí. Ella se despidió con mucha dulzura, e incluso me dio un beso en la mejilla. Yo alcancé a atisbar el interior del auto y el conductor, su novio, era Enrique, el idiotita más torpe de la escuela, el zoquete y mentecato que jugaba Dungeons and Dragons y que sacaba buenas notas. Era igual de horroroso que antes; nada en él parecía distinto. Cuando le vi, supe que me había reconocido. No conté con que bajaría saludarme, o a platicar conmigo. Eso hizo después de abrirle la portezuela a Jazmín. Quién iba a decirlo, Enrique, le dije. Si, dijo él.

La chica más solicitada de la preparatoria arriba de tu Mercedez, le dije, sin toque de amargura ni envidia: de verdad estaba contento por todo lo que parecía tener. Si, volvió a decirme: y no fue difícil; en realidad aparecí en el momento indicado, cuando todo parecía haberle resultado mal y después de experiencias amargas y desesperanzas muy dolorosas; ya está medio vieja, pero es mejor tarde que nunca ¿no?

Asentí. El me vio con esa mirada cliché de yuppie con éxito y sentí lástima por sus logros de conquista tardía, de carroñero resignado. Creo que seguí asintiendo hasta que subió a su auto para largarse y dejarme ahí, con la nuca rígida y el estómago lleno de ironía. Recordé lo que me dijo un amigo que no he visto en muchos años: Muchos nos hemos tenido que tragar nuestras esperanzas y anhelos, por eso es mejor esperar nada, y así al menos nadie se burlará de ti.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Una buena entrada de lo que podría pasar si nos encontraramos a aquellos que fueron compañeros en algun momento. ¿Habran todos realizados sus sueños, uno que otro daría una sorpresa con su vida o acabaremos viejos y desilucionados?

Daniel dijo...

Y bueno, todo aquel que estudio la prepa en Tijuana a principios de los 90, tuvo algun compañero de la generación narco junior, que vivieron la ilusión de una riqueza temprana, una muerte joven y en el peor de los casos, una prisión prematura. Por cierto, este tema de la decadencia adulta es de los más recurrentes en todos sus textos. Un abrazo. DSB

César dijo...

Ya que te acepten en la Interpol y te paguen 5000 euros mensuales, para que dejes de escribir textos decadentes, y hables de la convención anual de mercenarios master.

freud´s daughter dijo...

"por eso es mejor no esperar nada, asi nadie se burlará de ti"...
agghh, la historia de mi vida: una especie de "sufrir" para no sufrir...

Juan dijo...

Soy yo?, o el texto está de hueva?

Guffo Caballero dijo...

...pero a los eternos galanes como tú y como yo -más como tú, snif- eso de la edad, las prominente barrigas, las arrugas o pasar de moda con las chavitas, no debe de preocuparnos, ¡¡¡ajuuuaaaa!!!

Manuel dijo...

Anónimo: la desilusión es padecimiento propio de los ilusionados; hay que vivir, no ilusionarse: solo vivir.

Mi buen Daniel: Esa recurrencia ha de ser simple y sencilla melancolía, jajaja.

Cesar: Te debo un premio a la imprudencia e indiscreción, snif.

Freud´s: Cogito ergo sum...?

Juan: Mientras lo hayas leido, estimado Juan... A lo mejor solo eres huevón, y por eso nadie te puede culpar ni señalar.

Y Guffo... está comprobado que la edad no perjudica a los chabelos del amor como usted y yo, snifirili.

borregata dijo...

Hasta hace poco mantenía la esperanza de comprobar que el tiempo habían tenido un efecto positivo en mi y esperaba con que los demás lo reconocieran.
Para evitar encontrarme con zoquetes triunfadores o ganadores en decadencia he dejado de ir a las reuniones de la secundaria, prepa y hasta de la universidad, no soporto que digan, “Estás igualita” con el tono velado de “Sigues siendo la misma mamona de siempre”. Putos, qué van a saber, si ya hasta uso brasier.

El Belo dijo...

Cuanta verdad hay en este post. Te encuentras gente que antes no eran nadie y ahora son muy exitosos y otros que antes eran "el muchacho chicho de la película gacha" o la chava de la escuela que antes era imposible que te dirigiera una mirada y ahora los vez y dan bastante lástima.
Creo que lo mejor fue pasar por el tiempo en un término medio, no inadvertido, pero sí sin esa etiqueta que después se vuelve una losa pesada en tu vida.

Isabel dijo...

uuufff... pesado leer e identificarse.

Ivan dijo...

Me vinieron a la mente , los galanes de secu y prepa, aquellos con toneladas de gel en el cabello, cadenas de oro y brackets, los he vuelto a ver y todo lo contrario, pareciera que sus kilos de mas, las carnes colgantes de la esposa y sus niños por los lados les averguenzan y pasan de largo cuando me ven. Complejos tardios, son aquellos que se burlaban a veces de mi cuerpo con huesos visibles, ahora cuando veo evitan mis saludos solo puedo sonreir con cierta lastima. No es que sea un adonis , pero a mis 32 años puedo presumir que la vida no me ha tratado tan mal en mi aspecto fisico. Veamos cuanto me dura este gusto.

chilangelina dijo...

Por eso dicen que cuando hay reuniones de ex alumnos, los que van son los que están mejor que antes... los otros ni se aparecen.

Caníbal dijo...

"sentí lástima por sus logros de conquista tardía, de carroñero resignado."

Esa frase está poca madre =)

Anónimo dijo...

me recordo a mi amor platonico de la secundaria... con hijo de padre que la abandono a sus 21 años, ahora tiene 26.... yo tengo 24 y estoy con alguien de 21....

Kurazaybo dijo...

Buen post =)

sAngelle dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sangelle dijo...

Es raro pero, creo que a mis 29 años me siento aún más viva de lo que pude haberme sentido en la secundaria y preparatoria. Sí, se repiten las historias de casamientos y des-casamientos, traiciones, ilusiones destruidas y bla bla bla...

Y sin embargo se hace presente la experiencia ante la vida que no existía en años anteriores, y así con todo, trato de mantener algo de credibilidad ante ciertas situaciones (aunque me digan ingenua, no me importa).

La clave está: en vivir como quieres vivir, hacer lo que de verdad te gusta hacer y saber que lo estás haciendo bien! (aplica en tu trabajo, en tus decisiones, en el sexo, en todo)

El resultado de esto deriva en que la gente que recién me conoce coincide en calcularme unos 23 a 25 años, así que concluyo que la edad que tengas no importa siempre y cuando te sientas bien contigo mismo.

sangelle dijo...

Es raro pero, creo que a mis 29 años me siento aún más viva de lo que pude haberme sentido en la secundaria y preparatoria. Sí, se repiten las historias de casamientos y des-casamientos, traiciones, ilusiones destruidas y bla bla bla...

Y sin embargo se hace presente la experiencia ante la vida que no existía en años anteriores, y así con todo, trato de mantener algo de credibilidad ante ciertas situaciones (aunque me digan ingenua, no me importa).

La clave está: en vivir como quieres vivir, hacer lo que de verdad te gusta hacer y saber que lo estás haciendo bien! (aplica en tu trabajo, en tus decisiones, en el sexo, en todo)

El resultado de esto deriva en que la gente que recién me conoce coincide en calcularme unos 23 a 25 años, así que concluyo que la edad que tengas no importa siempre y cuando te sientas bien contigo mismo.

mariposa dijo...

experiencias hay muchas, todos tenemos momentos en los que estuvimos en la cima y otros en los que nos sentimos peor que caca de perro, si regresamos a nuestros anhelos de secundaria... no conozco a nadie que los haya cumplido al 100%
Es muy lindo recordar, y nos traslada a momentos melancolicos y nostalgicos, pero en definitiva mi futuro son solo las consecuncias de lo que hoy constuyo
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