viernes, 31 de julio de 2009

La excepción


Las niñas buenas siguen una importante serie de reglas durante las primeras citas: permite que te abran la puerta del coche, no uses vestidos demasiado cortos, come moderadamente, no bebas más de dos tragos, no hables demasiado sobre ti y sobre todo, jamás beses en la primera cita.

Las niñas no-tan-buenas rompen con todas las anteriores reglas: abren su propia puerta, usan vestidos de puta, comen vacas enteras, beben mucho más de lo necesario, hablan sólo de ellas y sus éxitos personales y lo peor, siempre se acuestan con el tipo en la primera cita.

El destino para ellas es bastante simple: las niñas buenas consiguen marido, las niñas no-tan-buenas consiguen infecciones urinarias.

Cecilia odiaba las categorías y se rehusaba a entrar en ellas. Su madre siempre le dijo que no dejarse encasillar la haría especial y la pobre se lo creyó.

Es cierto, ser la excepción a la regla funcionó en ciertos ámbitos para Cecilia. Sin ser exageradamente inteligente siempre destacó en la escuela y ser impredecible le resultó muy bien en su vida profesional. El carácter de una mujer que se esfuerza por jamás ser definida también le trajo grandes amistades y una muy deseada vida social. Y ni hablar de la satisfacción personal que da la ilusión de creerse única.

El único territorio jamás conquistado por la originalidad de Cecilia fue el amor. Resulta que en el romance las categorías existen por algo. Los hombres son seres bastante simples que necesitan separar a sus féminas en dos grandes grupos: las esposas y las amantes. Al primer conjunto van todas las mustias que suprimen todo lo que son en pos de un brillante anillo. En la segunda categoría se pone a todas las descocadas, cuyas vidas están fuera de control por falta de cariño y demás complejos afectivos.

El sistema es bastante simple y en ello radica su éxito. El gran problema en esta historia es que en tal ecuación no hay espacio para mujeres como Cecilia.

Al principio, la falta de hombre no preocupó en demasía a nuestra amiga. Después de todo, Cecilia vivía ya en el Siglo XXI y la era posterior a Sex and the City donde era completamente aceptado ver a una mujer sin compañía. Sin embargo, hay una razón por la que Carrie Bradshaw dejó las tiendas de zapatos y corrió a la oficina de gobierno más cercana para desposar a Mr. Big antes de cumplir 45. En esta sociedad moderna y de amplio criterio es disimuladamente aprobado ser la amante de alguien, hasta hay quien acepta ser lesbiana - o peor, divorciada-, pero sigue existiendo una palabra demasiado pesada para cualquier mujer que se respete: solterona.

Cuando las miradas indiscretas fueron intolerables y aparecer sin pareja en cualquier evento se convirtió en una descortesía social, Cecilia decidió encontrarse un marido. Y el mejor lugar para que una mujer madura encuentra pareja sin humillaciones en estos tiempos modernos es por supuesto internet.

Pero, como todos sabemos, un perfil en las más renombradas páginas en línea sólo logró conseguirle a Cecilia una penosa serie de mitómanos, pervertidos, adictos al sexo, cavernícolas, ermitaños y gordos, ninguno de ellos candidato para boda.

Cecilia se dio por vencida hasta el día que encontró a Jaime, un talentoso arquitecto bastante guapo, divorciado, con dos niños y un gusto por viajar, caminar por la playa y el buen vino. Cecilia y Jaime intercambiaron cautelosamente coquetos correos electrónicos por dos semanas y pasaron hablando por teléfono otro mes antes de decidir conocerse.

Su primera cita pintaba perfecta: cena en un exótico restaurante hindú y película antigua en la sala de cine de la universidad complementado por un paseo por la ciudad con estrellas, fuegos artificiales, música en vivo y todas esas cosas que salen en las películas.

Cecilia no siguió ninguna regla, se sintió en completa libertad de ser quién era, decir lo que pensara, beber cuanto quisiera y ordenar el platillo que deseara frente a Jaime. Él era el hombre perfecto, pensó incluso, hasta la hacía sentir mariposas en el estómago.

Al final de la noche, Jaime abrió la puerta del carro a Cecilia y la acompañó hasta la entrada de su casa. Platicaron un rato más hasta que él hizo la señal de despedirse. A ninguno de los dos les importó nunca la regla del beso al final de la primera cita y mucho menos a esta edad.

Mientras los labios de Jaime se acercaban a los suyos Cecilia sintió que las mariposas en su estómago se alborotaban más y más. Cuando él la tomó por la cintura las mariposas subieron por su garganta hasta su boca y salieron volando en una serie de fétidos escupitajos que terminaron sobre el pantalón y los zapatos de Jaime quien incómodamente se retiró entre disculpas y penas de su pareja. Cecilia supo que no vería a Jaime de nuevo y lamentó no haber entrado jamás en ninguna de las categorías.

Después de todo, hay sólo una regla que todas las niñas - buenas o no-tan-buenas - comparten: jamás comas curry en la primera cita.

19 comentarios:

Kentucky Freud Chicken dijo...

Si tuviera un sombrero me lo quitaría. Por algo eres el único @recolectivo que leo, qué buena historia.

Dale mis saludos a los robles.

LA DEL POST dijo...

TE PROHIBO ANDAR ESPIANDO MI VIDA... jajajajaja....buen post, magnifico. SIGO SOLTERONA PA SI ALGUIEN SE ANIMA.

Vero dijo...

Cualquier parecido con la realidad....

mariposa dijo...

bueno a final de cuentas en un matrimonio hay mas que eso, olorosos gases, incluso a veces espesos, pelos en baño, el escusado salpicado, el rastrillo con restos de gruesos bellos, y un masacote incapaz de servirse (o una fodonga mujer repleta de mascarillas que no sirven jeje)

y tienes dos opciones, seguir ahí o comprender que es mejor pertenecer al grupo de los "disimuladamente aceptados"

¿Qué es lo que te haría mas feliz a ti?... no a la sociedad.


besitos...

Vitus_Brgs dijo...

¿Vomitó curry?

Veía venir algo peor. Sangre, por ejemplo.

Muy bueno.

P.D: esta genial este blog.

Josuédric dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJJAJA!!!!!! Coool!!!

SeleniuxBR dijo...

ke triste y todo por comer curry!!!
ya ven lo peor no es el sexo ni el vino es el curry!!

dayanna* dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!!

te amo jajajajajaja!!

Manuel dijo...

Banal, frívolo y con ritmo. Es como si Bukowski y Houllebecq se hallaran y tuvieran un sexo lleno de ternura y uno de los dos (¡o los dos!) saliera embarazado y el producto decidiera ser escritor pero también psicoanalista para la revista Cosmopolitan.

Eso si, bastante estructuralista...

Saludos.

Roque dijo...

Sólo fue una razón más para casarse con él.

Roque dijo...

Sólo fue una razón más para casarse con él.

Anónimo dijo...

Este texto me quitó lo amargo de mediohaberleído las últimas mamadas de Guffo en su blog y en recolectivo.

Buen post compa, saludos.

Tritza dijo...

pueees.. que lástima es bi saber a que grupo de mujeres pertenezco!!

Isabel dijo...

Me identifiqué en taaaaaaaantas cosas, menos en lo del curry, ja, ja, ja.

Meryone dijo...

joder, es hora de establecer la tercera categoría

ahora entiendo muchas cosas (pero no pienso pertenecer a ninguna de las dos preestablecidas: en todo caso, seguiré siendo "ese amigo más")

besos

M* dijo...

Genial... te amo Bto!!!! Y sí de acuerdo con Manuel: psicoanalista de Cosmopolitan.

Vivienne dijo...

Jajajajajajaaja... Pobre mujer, mas triste su caso, tons mejor nos adaptamos a uno de los dos bandos?

*ஐʚïɞ Coconita ʚïɞஐ* dijo...

yo por eso no como nada!!!

saludos

Blanca E. dijo...

Jajajajajajajaja buenísimo...no puedo parar de reir!!

Blogalaxia