sábado, 11 de julio de 2009

La Virola Enamorada



Me valió madres y me gasté todo el dinero en las maquinitas. Según yo lo haría rendir jugando sólo en las que me consideraba bueno: Karate Champ, Galaga y Arkanoid; pero llegó un morro mejor que yo –creo que era sobrino del dueño de "Las Chispas"- y, entre reta y reta, también me hizo perder las monedas con las que regresaría a casa.

Busqué a unos amigos que horas antes me había topado en el lugar –uno de ellos se acababa de robar el Shadow rojo de su mamá-, pero ya no estaban. No me quedó de otra mas que pedir aventón. Salí del lugar y caminé de espaldas sobre la banqueta: con el brazo levantado y el pulgar extendido. A esas alturas ya había superado la vergüenza de las primeras veces que uno pide ride: esa de que te vea algún conocido o –peor aún- la vieja que te gusta.

Pasaron 20 minutos y nadie se animó a levantarme. Pinche gente. La gente no da "raite" (así dice un amigo) por mamona, no por desconfiada. De hecho, en aquellos tiempos de narcosatánicos, robachicos y viejos del costal, era más osado pedir aventón que darlo, pues existía el riesgo de que nos subiéramos con un pinche-cafre-loco-homosexual-caníbal-depravado-con-piel-de-lagartijo-bajo-la-piel-humana y nunca más volvieran a saber de nosotros.

A la media hora, ya con el brazo entumido, se orilló un coche: un LTD, de ésos enormes que parecen lanchas y salen en todas las películas de los hermanos Almada. El alivio que sentí al pensar que sería rescatado y no tendría que caminar hasta mi casa se desvaneció cuando vi que en el interior del cacharro venía una familia entera: toda amontonada. Chingado.

-Oiga –me dijo con muchos huevos el bigotón sombrerudo que iba al volante-: ¿dónde queda el Club de Leones?
-Ah, sí: está sobre la avenida Terranova –respondí.
-No somos de aquí, no me diga nombres de calles: dígame cómo llegar –aclaró el hombre.
-Ah, ok… mmm, pues mire... se va aquí todo derecho y…
-A ver, mejor súbase y llévenos, cabrón –me ordenó el pinche ruco llevado.

“De esto a nada”, pensé, y me subí como pude a la parte de atrás. Apretujadas y sudando venían un par de señoras muy gordas y muy perfumadas, dos niñas con vestidos y moños de color rosa chíngame-la-pupila y una joven como de mi edad que tenía un ojo virolo y labio leporino; la cual me sonrió de manera grotesca al ver que me sentaría encima de ella, pues las niñas de los vestidos rosas iban en el regazo de las gordotas perfumadas.
El coche arrancó con dificultad envuelto en una estela de humo azul.

-A ver, pinchi chamaco, ¿dónde queda esa chingadera de los leones? -me dijo el conductor.

Con una mano le fui haciendo indicaciones y con la otra detenía el tapiz color vino del techo que colgaba y me tapaba la visibilidad.

Por fin llegamos al Club de Leones. Los pasajeros de enfrente salieron y aventaron los asientos hacia adelante para que pudiéramos salir los de atrás. Me estiré para que despertara la nalga que se me había dormido durante el trayecto y moví el cuello en círculos para no quedar chueco de por vida. Extendí la mano para despedirme del sombrerudo bigotón y darle las gracias por el incómodo aventón.

-No, usté no se va de aquí: mi hija necesita bailador –dijo señalando a la virolita de labio leporino.

Reí con modestia. Pensé que era una broma. Le dije que muchas gracias por la invitación, pero que en casa me esperaban y tenía que hacer tareas escolares. Le volví a extender el saludo, pero Sam Bigotes no estaba bromeando. Agarró mi mano y la apretó con fuerza:

-Usté no se va de aquí, no sea joto; si el baile apenas va a empezar. ¿O le va a hacer el feo a mi hijita?

¡Ay, amachita! Sudé frío. Iba en serio eso de ser pareja de la virolita. Lo que más me preocupaba era que la muchacha ya me estaba viendo con ojos de amor -virolos, pero de amor- después de que me tuvo encima de ella todo el camino. Yo nomás me quedé ahí parado, temblando y barriéndome el sudor de la frente con la mano. Una de las gordas perfumadas –supongo que era su madre- hacía bromas de connotaciones amorosas: decía que después de esa fiesta seguía mi boda con la virolita, que nomás se reía y no me quitaba la mirada de encima -bizca, pero mirada al fin-.

Pero como los dioses nórdicos paganos son muy grandes, resulta que el ranchero bigotón había olvidado las invitaciones del quinceaños en el coche y tuvo que ir por ellas. Fue entonces que aproveché y dije: “Patas chuecas: ¿pa´ qué chingaos son?”, y salí corriendo despavorido.

Nomás escuché los gritos de la virolita –que aparte era gangosa- a mis espaldas: “¡Babáaa, Babáaa! ¡Ed bushasho de jue!”(Traducción: ¡Papáaa, papáaa! ¡El muchacho se fue!) También alcancé a oír que uno de los hermanos -o tíos o primos- que iba en la parte de adelante del coche, dijo: “¡Jijoelaverga, corre como chapulín el desgraciao!”

Para cuando Sam Bigotes reaccionó, yo ya había cruzado dos lotes baldíos y había salido por una calle en contra que daba a un parque.

Corrí y corrí y corrí. Si no hubiera corrido de manera tan cobarde, ahorita estuviera casado con la virolita de labio leporino y Cuasimodo fuera mi hijo el más guapo.

29 comentarios:

Daniel dijo...

Esa calle Terranova en la Vister Mota. A mero arriba hay una iglesia. De ahí solíamos tirarnos en avalancha, toda la calle pa abajo. Dos tres veces nos dimos en la madre. En la calle Brasil vivia una morrita muy buena y en primera avenida, en la Leones, vivia mi compa el Otto de la Garza. En un baile del club de leones me enamoré de una prima. Recuerdos de mis 12 añukos. DSB

Alezzzzzz dijo...

Jajajajaja, quien sabe, a lo mejor tenia EXCELENTES sentimientos ¿eh?

Anónimo dijo...

JAJAAJAJAJAJ buenísimo relato.

MarillTachiquin dijo...

Jajajajaja yo me imagine el club de Leones de paseo de loa Leones (ni idea si es el mismo) y que "te" recogieron alla por el metro hospital xP Ese fue mi mapa mental.

Estuvo muy buena la historia, y del se;or bigoton jajajja

Diana dijo...

excelente post..

excelentes dibujos..
saludos..

Rosada dijo...

Pobre, a lo mejor y ese labio leporino tenía buen sabor.

Anónimo dijo...

pinche guffo, d¿onde quedan las leyes contra la discriminación?

Tendré que hacer que la comisión nacional de los derechos humanos pase por tu blogg.

Ahhhh y que la secretaria de hacienda le heche una revisada a tu venta de playeras, por cierto fabricadas por niños de 8 años en condiciones infrahumanas.

mugroso dijo...

Estuvo suave tu relato cuasimogino, empezar el dia carcajeando. Saludos Guffo.

Vetepé dijo...

Que salvada!

Dib dijo...

Pinche goey culero.
Traumaste a la chava de por vida.

Israel V.R. dijo...

Muy buena traducción del cucho al español

OGRRE dijo...

JAJAJAJAJA....."ojos de amor-virolos, pero de amor" ....JAJAJA
Muy bueno, felicidades y saludos.

Reign dijo...

Jajaja buenísimo!
Mejor cásate conmigo, Guffisito, tengo un ojo de vidrio pero acomodo bien bonito mis cajones n_n

Anónimo dijo...

¿Por qué algunos se cree escritores? Nunca vas a llegar a ningún lado con tus textos. Mejor sigue vendiendo cajas de cartón.

Alter Ego (100% libre de clon) dijo...

no tiene nada de malo tener labio leporino, yo tengo y soy muy feliz a pesar del rechazo social

Diana dijo...

ke culero guffo pero me rei mucho jajajaja

César dijo...

jajajajaja


Estuvo bueno, yo hubiera hecho lo mismo.

Luis dijo...

jajajajajaaja

(y creo que nadie entendio la referencia a "V")

Indie gente dijo...

ahaha hasta le hiciste su caricatura a la virola horrible ahaha guffo culero XD

Rox dijo...

Desde chiquillo tan galanazo.

:D

Morinakemi dijo...

Joar joar joar, te pasaste de verga!

En fin, detesto a la gente con discapacidades/defectos físicos. Quieren ser tratados como humanos normales, mendigos extraterrestres extraviados.

Eres genial.

Anónimo dijo...

Oye no me lo tomes a mal... pero creo que si te equivocaste, seguro sigues soltero a la fecha...

Se te fue tu chance.

Eo dijo...

simplemente puedo decir: jajajajajajaja

tus hijos cuasimodo y bush

Anónimo dijo...

Vaya... por fin alguien saco sentido del humor... pero no deja de ser un mugrero este Recolectivo de nueva alineacion

mezquitic dijo...

No por cagar el palo pero 2 cosas: Karate Champ, Galaga y Arkanoid no son de reta (bueno karate Champ 2 si) y la otra, el Sombrerudo segun no era de ahi, hasta donde regreso por las invitaciones?

Anónimo dijo...

al carro, buey.

Guffo Caballero dijo...

Gracias a todos por comentar y buen inicio de semana.

Antes se jugaban retas hasta en el PacMan. Consistía en que llegaba un güey y te retaba a que él hacía más puntos que tú o llegaba a un nivel más avanzado. Si te ganaba, le dabas una ficha; si tú ganabas, él te daba una ficha. Así de sencillo.

Anónimo dijo...

che wuey, si el labio leporino solo es en el hocico no en la panocha cabron.. que OGT eres cabron, le hubieras hecho el favor!

Kyuuketsuki dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJA que relato tan chingón Guffo, ora si te la mamaste

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