miércoles, 19 de agosto de 2009

Un cuarto al cubo.



Tenía yo dieciséis años y vivía en los edificios.

Gera tenía diecisiete y acababa de entrar a trabajar a Nabucco -un restaurante italiano- como repartidor. El cabrón se sentía todo un galán, aún cuando estaba gordo y le apestaba el hocico.

A las dos semanas nos empezó a presumir al Javi y a mí que se había ligado a una de las cocineras, que tendría unos veintidós años. Nosotros, chamacos que veíamos la barrera de los veintes como algo inalcanzable, obviamente no le creímos.

-Aja cabron, ¿Y te da masajes con harina?
-No, me cae que ya me la fajé.
-Ei, ¿Y cuantos años tiene? ¿62?
-Ohquelachingada, no esta tan fea, me cae que sí aguanta
-Simón, pa’ que te aguante ha de estar cabrona.
-Miren putos, ¿Cuanto que la traigo a mi casa y me la cojo?
-Ei.
-Ajá.

Gera vivía sólo con su mamá, que trabajaba todo el día, así que tenia su casa para el solo. Después de un par de días de estarlo jodiendo con lo mismo, nos dijo emocionado que ya había quedado con la cocinera, a la que había convencido de ir a su casa.

Nosotros, todavía incrédulos (jamás habíamos visto al gordo con una vieja, mucho menos con una más grande y que, sobre todo, quisiera coger con él) y lo seguíamos chingando.

Un día pasó por nuestro edificio y chiflando, nos llamo. Nos dijo que esa misma tarde tenia que pasar por la cocinera para traerla, y que lo esperáramos en su casa escondidos.

Ya en su cuarto, mientras el gordo según iba por ella, el Javi y yo buscábamos donde escondernos sin muchas ganas, porque estábamos seguros de que aquel cabron regresaría con algún pretexto y que no habría palo ni show ni nada. Yo traté de meterme entre la ropa del closet, dejando la puerta abierta.

-No mames, no quepo cabrón
-Que sí, ¿O quieres debajo de la cama?
-Ni madres, además, ni se va a hacer nada
-Uy, no mames, no se la acaba ese güey...

Javi se metió debajo de la cama y probó desde todos los ángulos si podría ver algo. Yo desde el closet y entre un montón de ropa, veía perfectamente la cama y al Javi debajo de ella. Cuando aún estábamos probando que tan cómodo seria y seguíamos tirándole mierda al ausente, oímos voces en la puerta; la del Gera y...la de una vieja.

El Javi se metió en chinga debajo de la cama y yo me apreté lo más que pude en la ropa. Gera entró con la famosa cocinera del amor, que era chaparrita, morena y bastante flaca, pero si se encueraba, nosotros no le íbamos a poner peros.

El gordo volteaba discretamente para todos lados, tratando de ver donde nos habíamos metido. Yo apenas y podía aguantarme la risa y el Javi, desde abajo de la cama, me hacía jetas, preguntándome a señas como estaba la vieja, pero yo no podía ni sacar la mano, así que aquel se desesperaba.

Empezaron a platicar pendejadas; el gordo estaba nervioso, decía más idioteces que de costumbre y lo peor, quería parecerse a Mauricio Garcés, adoptando aires de galán vividor. Yo tenía que taparme la boca con las manos para que no se oyeran mis risas y el pobre Javi se retorcía haciéndome señas frenéticas debajo de la cama.

Después de una corta platica de hueva, por fin empezó a fajársela. Fue un buen rato y a mí ya me estaba dando hueva, además se me acalambraban las piernas y estaba seguro que la cosa no iba a pasar de unos pinches besos y una agarrada de nalga. Pero entonces de pronto el gordo se levanto de la cama y de espaldas a mí, se abrió el pantalón. La cocinera estaba sentada sobre la cama y empezó a darle una mamada; ahí puse atención (no a la mamada, sino a que la posibilidad de ver pelos ya era real). Abrí un poco la ranura entre la ropa y Javi podía verme media cara. Le hice la seña universal –vaivén con mano en la boca y lengua en cachete- de que aquello ya se estaba armando. Él se retorcía más y más, ya que el pendejo desde donde estaba no podía ver ni madres.

Después de otro rato de examen oral, por fin el gordo empezó a encuerarla: le quitó el vestido, el brassiere y los calzones. Ella intentaba quitarle el pantalón, pero él obviamente se resistía; el cabrón sabía que lo estábamos viendo y le daba pena, porque además de culo gordo, era pito chico. Después de forcejear y de unas rápidas miradas nerviosas del Gera hacia el closet, por fin la cocinera le quitó el pantalón, pero el cabron logro dejarse la camisa. Tapándose, se puso el condón y empezó a darle.

Yo nomás le veía el pálido culito de pollo ir y venir en un vaivén piadoso -la agarro entre misionero y carretilla, parado a la orilla de la cama-, Javi seguía haciéndome jetas, porque ya sentía el rechinar de la cama. Yo le decía con señas que el gordo estaba exactamente frente a él. Entonces el cabrón sacó la mano y empezó a agarrarle la pierna a Gera; aún recuerdo la cara del Javi, una mezcla perfecta entre asco y risa. El gordo volteo en chinga y empezó a mover la pata como afilador; la vieja ni en cuenta. Llegó un momento en que Javi de plano sacó medio cuerpo de debajo de la cama y quedo justo entre las piernas de Gera. Viéndole el culo, me preguntaba a señas: "¿Se lo pico?" Yo me arqueaba de la risa contenida.

En eso estábamos cuando el Gera de pronto se detuvo y se levantó (no habían pasado ni 5 minutos, pobre eyaculador precoz). Después, cuando se dio vuelta para ir al baño, miró hacia el closet y por un segundo pude ver su cara rojísima. Salió del cuarto y la cocinera se incorporó un poco sobre la cama. Fue ahí cuando me regalo una de las vistas más hermosas que se pueden tener a los dieciséis años: se quedó abierta de piernas, metiéndose el dedo mientras se pellizcaba los pezones. Obviamente, el pendejo del gordo apenas la había calentado.

Y aquí entré en conflicto: yo, en mi chaquetera mente, veía como sus dedos me llamaban... ella seguía caliente, incluso se estremecía. Yo pensaba: "Si salgo, chance con lo caliente le vale madres, pero también va a salir el Javi y se va a armar un desmadre". Así me debatía yo, entre la calentura y la putería. En eso regresó el gordo y me tapó la vista; le susurró algo a la cocinera, se vistieron en chinga y se fueron.

Por fin pude salir del closet (no pun intended) y el Javi salió debajo de la cama. Cuando oímos que el carro arrancó, pudimos cagarnos de risa a todo pulmón.

-¡Pinche pito chico!
-¡Pinche gordo puto!
-Me la hubiera dejado a mí, que no mame.
-Yo casi salgo a cogérmela, me vale madre que me hubiera mandado a la chingada.

Prendimos unos cigarros para esperar a que regresara el gordo. Cuando oímos la puerta abrirse empezamos a joderlo inmediatamente, pero el cabrón entró todo sonriente al cuarto y ni caso hacia a nuestras burlas.

-¡Ahí está putos! ¿No que no...?

Mientras decía esto, se dejó caer sobre la cama y... CRACK.

Una pata de la cama se dobló hacia fuera, las tablas de la base crujieron rotas y el colchón se fue para abajo. Volteé a ver al Javi, que estaba con los ojos muy abiertos.

-¡Pinche gordo cabrón! ¡Me hubieras matado!

Nos meamos de risa. Poco después de eso, la cocinera del amor mandó a la chingada al gordo y empezó a cogerse al gerente del restaurante.


29 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja, que buen post! me cague de la risa! muy buena anecdota!

Alexander Strauffon dijo...

Recolectivo apesta mas que una entrepierna con gonorrea.

Mal, mal, mal. Cabroncitos pomposos.

El Tipo dijo...

Buena historia... la mejor cualidad es que parece que fue casi real...

En fin. Saludos.

Luis dijo...

Ja, es completamente veridica, pero ya me acostumbre a que no crean en mi adolescencia.

fakir dijo...

muy buena, neta... que fue de esos amigos?

Luis dijo...

Mmmm, Javi se fue muchos años de la ciudad, hace poco una amiga me dijo que regreso y que se lo encontro, me mando saludar, ja. Gera por ahi anda, lo vi por ultima vez hace un par de años, ya casado y mas panzon.

Do the Doo dah dijo...

Harto bueno, Webo.

Alegría Buendía dijo...

¿Qué le vió entonces la cocinera a Gera? panzón, con mal aliento y aparte malo en la cama.

Te regaló, sin saberlo, la intimidad de su sexo a cambio de 5 minutos con un "Pinche gordo puto". Pobre de ella, y pobre de todos. Cuantos momentos hemos regalado a los demás sin saberlo.

Buena anecdota !

Julio C324r dijo...

Ja ja, así mero es!

Álter Ego dijo...

Buena manera de interpretar 3 son multitud, sin caer en el clasico triangulo amoroso...
buen post huevo, tu y rox siempre se la rifan

P.s. Apoyo a alegria, cuantos no habran espiado...

tom dijo...

te fusilas un ay otra vez tus propios textos, luis. pero aún así está chido.

tom dijo...

quise decir "una y otra vez". pinche sueño.

Manuel dijo...

Siempre hay algo de gregario en la sexualidad de nosotros los hombres, ¿no?

Y quizá es lo que la vuelve más divertidad.

Excelente anecdotario, viejo. Saludos.

El mecartistrónico dijo...

Jaja, me cae que me encanta cómo escribes. Me estaba cagando de risa cada vez que describías al Javi.

--
(¿Cómo es que alguien sabe cómo huele una entrepierna con gonorrea?)

Liliane dijo...

¿Será que han hecho conmigo alguna vez? =O

Folósofo dijo...

Jajajajjaja...!!!
Buena historia

Anónimo dijo...

Deja Vu

Isabel dijo...

Ja, ja, ja. Escupí el agua.

PurpleK dijo...

no manchezz!! me encantooo el escritoo!! me tenias atacada de la risaaa y con una curiosidad infinita de saber cómo iba a acabar la historia. Gracias a Dios Javi salió a tiempo antes de que lo aplastaran... jeje

miss.kar dijo...

Pobrecita cocinera, casi me da pena por ella.

Nicotina dijo...

oh my gosh!!! que adolescencia!!!!! me encantó!

La.Angie dijo...

jajajajaaja.. pero que buena anecdota!

Daniel dijo...

Realmente me estoy cagando de la risa. A los 16 años, un amigo me hizo la misma apuesta. Llevó a la casa a una suripanta llamada Glenda mientras yo aguardaba oculto en el closet, que por ser de rendijas, pemitía ver perefectamente hacia afuera. La diferencia con esta historia, es que mi compa fracasó en el intento, pues la morra se puso en plan y la cogida no se armó. Por cierto, ya he dado con los otros títulos de Historia Universal de Asimov. Me los empezaré a quemar poco a poco. El del imperio romano son dos tomos y el del nacimiento de Estados Unidos tres. Ya habrá tiempo para comentar. Saludos.

mary dijo...

buenisímo, igual que en tu anecdota casi me meo de la risa!!!!!!!!!!!

César dijo...

Siempre terminan cogiéndose al dueño del circo.

chilangelina dijo...

Risas varias, clap.

¿Por qué el Manuel piensa que el caracter gregario de la sexualidad es exclusivo de los hombres? Esa obsesión por pintar una raya, por querer mantener el caracter etéreo, privado y virginal de la sexualidad femenina. Interesante.

outlaw dijo...

Pues ya lo dijeron todo, desde que te leo me ha agradado lo que nos has compartido y en tu blog tienes muchos escritos como este, que me han arrancado muchas carcajadas, gracias.

Eo dijo...

jojojo pinche gordo, neta que tu si tenias pornoaventuras y no jaladas jajaja

Anónimo dijo...

Strauffon esta ardido porque no le aceptaron contribuciones en Recolectivo..

Es un loser..

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