lunes, 7 de septiembre de 2009

Acentos



Su nombre es Eliseo. Es el muchacho que todas las madres quisieran tener. En la escuela, un alumno ejemplar, aquel que es bueno en lo académico, dueño de la simpatía de los profesores y compañeros. Tiene habilidades, toca el acordeón y por si fuera poco, tiene un físico como de habitante de la villa asolada por el Grinch, vaya... menudo y simpático. Eliseo estaba ya por salir de la Técnica 9 cuado llegué yo. Expulsado de la José de San Martín, la Moctezuma y la San Martín de nuevo. Yo solo quería salir ya de la secundaria y para mi mala pata, Óscar, mi secuaz, amigo y seguidor en todos mis desmanes acababa de llegar a la secu tres días antes que yo. Gracias a las quejas de la mamá de "la móscar", fué llevado inmediatamente al grupo de Eliseo y yo, ya desprovisto de estigmas, me quedé en el grupo de ganadería.

Con mis compañeros, el éxito fué casi inmediato. Ser un renegado tiene su encanto para la banda, ser atento y cordial atrae a las compañeras y hacer bien las tareas, participando en clase, puede engañarlos a todos. Más o menos fueron quince días para empezar a cambiar el rumbo de mi vida escolar. Fué cuando me llamó el Director a firmar unos papeles que decían que estaba yo muy jodido y que me responsabilizaba de mantener un promedio que me sonaba inalcanzable, pero ¡que diablos! ¡En la pinche vida había tenido yo una beca! Y ahí empecé a ganarme cierto prestigio. Jugaba al basket y hacía mis entradas en triple emulando al Magic, a Barkley... con Jordan me metía poco, aunque terminaba los partidos con una buena cota de puntos en mi cuenta personal. Llevaba el uniforme limpio, claro, en la medida de lo posible, porque para mi "limpio" significaba no dibujarle svásticas o calaveras aprovechando la cuadrícula del pantalón, o no llevar la camisa, recién rescatada de la mochila, arrugada como chicharrón y con botones perdidos.

Me di cuenta de que no sería fácil borrar de un plumazo todo mi pasado, pues Óscar, se había encargado de contarle a sus compañeros de apicultura muchas de nuestras correrías, coregrafió muy bien sus charlas en las que nos peleábamos con los del barrio de El Tecolote, que nos brincábamos la reja para escapar a robar melones al INI, que una vez me rajé la ingle con el alambre de púas, que Nancy "la marranita" habría sido mi novia tres meses, mismos en los que apenas le dirigí la palabra y me cortó con una carta escrita en papel de estraza. Vaya... muchos de los detalles que ahora me daban pena eran ya del dominio popular, pero ni hablar, ese al que describía Óscar era yo.

Pero un buen día, a mediados del año escolar, llegó nuestro Maestro Asesor y repartió tres hojas fotocopiadas y engrapadas a cada uno. Una era una lectura de diez posibles y el resto, ejercicios de ortografía, gramática y demás yerbas. Con toda la naturalidad del mundo, pues no le vi problema alguno, terminé y entregué, pues ya me andaba por salirme a comer gorditas de chicharrón del otro lado de la carretera, en´ca "el guayabo" Debo haberlo hecho rápido, pues el maestro, sorprendido, se puso a calificarme ahí mismo a falta de otro menester. Hasta donde me atacaba una de chicharrón con guacamole llegó Ramón a contarme el éxito obtenido en esa prueba, y me ego se elevó cuando me dijo que el Maestro les mostró de lejitos mis hojas absolutamente llenas de palomitas, poniéndome de ejemplo con los demás. No sabría más de ese ejercicio hasta tiempo después, yo mientras, seguí esmerado en entrarle a la selección de basket.

Teníamos clase con "el armadillo" cuando llegó mi Maestra de español a sacarme del salón. Empecé a pensar en todo lo realizado durante los últimos siete días, ¿ahora, por que me van a castigar?... pero no, llegamos frente a donde estaban los dos mejores de cada grupo, de los tres grados, echándose una amistosa batalla de lectura y redacción. En lectura, según los tres Maestros, fuí derrotado por Blanquita, muchacha harto fea y gorda, como tortuga ninja sin cáscara, pero quesque leer era su gracia. En la escritura es que resulté tener los mismos aciertos que Eliseo, mi némesis natural, y lo recuerdo, con gesto déspota saludándome y diciendo algo como "vamos a desempatar, pues" Blanquita, con todo y que era fea como cucharada de mocos en ayunas, fué al salón, triste de quedar en cuarto lugar de cuatro lectores, a decir que estaba yo en aquella competencia por ser el mejor. Madres. Todos mis compañeros se salieron de la clase inútil de el Profe Armando y estaban pegados a los vidrios, apoyándome. Ahí supe que no estaba perdido, que podría tener alguna esperanza de no terminar despachando medios kilos de tortillas o cargando dos garrafones a la vez cuesta arriba en la colonia El Calvario.

Y tras una andanada de cien palabras, las cuales teníamos que apuntar en una hojita, resultamos empatados de nuevo. Vamos, otra vez: retórico - caléndula - cívico - artrítico - rústico - homínido - dentífrico - y así, otras cincuenta palabras que escribíamos como si el certamen fuese de velocidad y de pavoneo. Muy orondos, entregamos ambos el papel y llegó la calificación: Empate.
¿Otras cincuenta? - me dijo aquel figurín, con cara de superioridad. "Échame doscientas y una prima" - le respondí, burlón. Las razones de mi mala leche se debían a que ya estaban sus compañeras también echándole porras afuera del salón... ¡ah!, y que sus primas estaban bien sabrosas.

Raquítico (tu pájaro) - monóxido (suena a macaco cagado) - híbrido (Eliseo, mitad machín y mitad vedette) - iba yo completando entre dientes las palabras de tan fáciles que se me hacían. Eliseo ya sudaba levemente y me miraba con risa nerviosa cada que paraba de escribir. Ambulancia (necesitarás una) - atavío (si, de campeón) - y así. Cincuenta palabras que se fueron en chinga. Maestros risueños calificando de nuevo. ¿Eliseo? - Se levantó mi maestra favorita, la nalgona: cuarenta y nueve aciertos, dijo, triunfante. Mi asesor se puso de pie, incrédulo. Cincuenta. ¿Cincuenta? - Preguntó la de la abundante región nalgatoria con cara de sorpresa. Si, señores: Cincuenta.

Y empezó la gritería. Eliseo puso una cara de macaco comiendo salsa búfalo que a la fecha no se me olvida. Mis compañeros, bien a toda madre, entraron a felicitarme y yo, con cara de "no hay pedo, a diario le gano a un tipo de éstos, y luego voy a nadar con tiburones y apago fogatas con el culo" A la distancia, me parece una escena de esas de película en que el héroe, ya bien dado a la chingada derrota al enemigo con una magistral serie de patadas voladoras.

Lo que no supe, sino hasta algunos años más tarde, es que mi Maestra favorita, la culona, estuvo haciendo trampa, al calificar a Eliseo ayudándole con acentos, puesto que desde el principio le gané, pero la dirección de la Técnica se aferró a que él nos representara en el Estatal de Ortografía y Gramática, pero no, fuí yo, con todo y trampas que no hacen sino aumentar mi triunfo. Por cierto, le gané porque escribió "ambulancia" con acento: ambulancía. ¡Ah! y dos meses después, durante el homenaje, me entregarían ambos premios, el de primer lugar de la escuela, y el estatal. No he visto a Eliseo desde hace años.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen porno:
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El mecartistrónico dijo...

A mí me pasó algo similar, pero en primaria, en la Olimpiada del Conocimiento (antes "Ruta Hidalgo"). En mi generación tocó un cambio de plan de estudios en el que enseñaban las delegaciones del DF ya no en cuarto, sino en tercero... por lo que toda una generación pasamos sin saberlas. Todos, menos el ahijado del director de una escuela, que casualmente sí se enteró que iban a venir en el examen --todas y cada una, valiendo hartos puntos-- y las sabía bien.

Aún así, el pendejo no pudo ganarme... y cuando él y su maestra pidieron revisión para ponerme un tache en "invernación" que yo puse y era "hibernación", descubrimos que me estaban tranzando diez puntos a la hora de hacer la suma final, y con más ventaja le gané. Tómala puto.



A la fecha sigo sin saberme las delegaciones.

Cholo C324r dijo...

delegaciones'?? pinches chilangos pendejos de mierda


en cuanto al post, tu iletrado y marasalvatrucha bebé con SENOS, asi es Isaac, ese analfabestia

Alter Ego dijo...

No sabría decirte cuan evocador resulta éste texto para mí; de mis días en la secu cuando era el más wey (y por mucho)en ése arte negado para mí de saber escribir no sólo de forma correcta, sino chingóna.Pero a pesar de ello, les daba en la madre a los más picudos del salón cuando se trataba de exponer tema frente al pizarrón, y al igual que en tu relato, los pinchis maestros ojetes me regateaban los dieces "nada más" porque me juntaba con los apestados de salón quienes, al verme ganarle "a los buenos", se ponían de pie y hacían la Roqueseñal ¡já!

Caray, creo que todo el pinchi día voy a estar recordando esos días de la secu tras haber leído éste excelente -cómo diría aquel- " Apelmazamiento" de letras.

Óra.

Anónimo dijo...

chinga tu madre, cucaracha chilanga lamewebos numero 1 del cholo mara

Álther Ego dijo...

Muy chido post, hacia rato que no se leia algo chido por aquí, muy muy bueno!!!

wac wac dijo...

Ya tenemos suficiente con un alter ego como para que salgo otro. Lo bueno que el de "la vela" no es chilango ni pendejo como la cucaracha chillona que siempre viene a empinárseles a los de recolectivo y ni así lo pelan.

wac wac wac.

verdugo-82 dijo...

Abraza mi verga gruesa y caliente PODEROSO niño!!

OOAAAAAAAAAARRR

Danielov dijo...

Todavía recuerdo cuando en tercero de secundaria participé en el concurso interno de ortografía. Saqué el segundo lugar del plantel solamente porque no sabía como se escribía "lontananza". De hecho, esa era la primera vez que escuchaba la palabreja, así que a mí me sonaba "en la hongananza". Así la escribí, pffft.

De todos modos me gané mis $600 varos, que me ayudaron a acabar de juntar para mi Gameboy Color, fóquin yeah!

Eo dijo...

chido, a mi me paso algo así bien curioso, participe en una competencia academica en la secu, en segundo año y cuando nombraron a los ganadores de segundo no aparecí yo, pero cuando pasaron a tercero dijeron mi nombre ajajaja

reclamamos y al final dijeron que habia sido un error (chanchullo) y que habia quedado en segundo lugar, fui el primero de los perdedores jajaja

Folósofo dijo...

Jajajjajaja.....
Buena historia, siempre hay mara q se cree mejor...
Ta bueno q le hayas dado su lección.

avicena13.wordpress.com dijo...

Sí, sí. Entretenido, aunque para marcárselas de campeón hay que andar con cuidado. Si no queda uno de patético.

Te recomiendo que empieces a escribir "fue" en vez de "fué" y "fui" en vez de "fuí". Que ya hace muuuchos años que se estableció la regla sobre diptongos e hiatos.

Anónimo dijo...

Es una bronca leerte.

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