martes, 8 de septiembre de 2009

Astronauta


“Tonto el que presta un libro, más tonto el que lo regresa”. Escuché la frase desde que era niña y la apliqué durante un tiempo razonable, pero ya saben: siempre hay una primera vez.

Lamentablemente, mi primera vez fue con un astronauta (¿a poco no se oye chido?). Cuidé libros de texto, novelitas infantiles, mi primer libro “colorado” y hasta uno de Og Mandino, que era una mierda pero estaba de moda. Nunca presté, al menos no sin que me prestaran a cambio (jeje). Pero un día sucumbí: uno de mis alumnos, bienportado, interesado, aplicadito y con cara de mustio, me pidió prestado un libro del que hablé varias veces en clase: Vuelta al mundo en noventa minutos.

Tal vez ustedes no lo saben, como no lo sabía entonces el grupo de púberes al que yo instruía en las artes de la lectura y la redacción, pero el libraco ese fue escrito por el primer astronauta mexicano, Rodolfo Neri Vela. Y el asunto viene al caso porque, ahora que todo el mundo habla del tal José Hernández, y que el mexicano para acá, y que el mexicano para allá, poco he escuchado que mencionen a Neri Vela, quien desde mi punto de vista tendría que ser un héroe generacional.

Neri Vela nació en Chilpancingo, Guerrero, y estudió en nuestra gloriosa UNAM. El tipo trabajaba en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes cuando el gobierno en turno tuvo a bien establecer un convenio con la NASA que terminó en que uno de los nuestros iría a bordo del Transbordador Espacial Atlantis en noviembre de 1985. Ese fue el buen Rodolfo: el primer astronauta mexicano (bien mexicano) que fue al espacio, y el segundo latinoamericano.

Neri Vela ha escrito varios libros sobre eclipses, estaciones espaciales, satélites y demás vainas, incluidos dos libros para niños; pero para mí, Vuelta al mundo… es el que resultó una joya. En él, con el lenguaje más sencillo y un tono tan carente de arrogancia que parece difícil de creer, el astronauta habla de su vida personal, de sus inicios en la ciencia, de cómo supo que sería él el encargado de ir a la misión y del entrenamiento que tuvo que recibir. Con bastante detalle narra algunas de las cosas simplonas que todos nos preguntamos siempre: ¿Cómo le hacen para ir al baño? ¿Qué comen? ¿Cómo duermen? Si un astronauta tiene un sueño cachondo en el espacio, ¿se le para? Cada una de sus explicaciones, envueltas en infinita sencillez, presenta a un Neri Vela absolutamente humano, completamente cercano.

Recuerdo incluso un pasaje crudísimo del libro: antes de irse, Neri habló con su novia sobre un posible matrimonio cuando él volviera de la misión espacial. Eso fue en agosto, cuando se iba a su entrenamiento de tres meses. El 19 de septiembre, con el terremoto de 1985, el edificio de Tlatelolco donde vivía la chica fue uno de los que se derrumbó, y ella murió. Recuerdo haber sentido con él la impotencia de no estar en el funeral, porque eso hubiera implicado romper la cuarentena y no viajar al espacio. Recuerdo también la admiración que sentí cuando el tipo narra la manera en que decidió continuar con la misión. Pero sobre todo, recuerdo la humildad y el auténtico asombro con los que el astronauta relata lo que sintió cuando vio nuestro planeta a través de la ventana, cuando nos vio desde allá.

Un poco después de que el libro se publicó, y cuando yo ya me lo había devorado, supe que Neri Vela estaría en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo firmando libros. Por supuesto, llevé el mío. El tipo, con una sinceridad apabullante, me agradeció el hecho de que hubiera comprado y leído su libro. Su dedicatoria fue muy cálida y yo me fui tan contenta. Porque oiga usted, uno podrá tener la edad que sea, pero hablar con un astronauta no es cualquier cosa.

Supe que Neri Vela sigue dando clases en la UNAM. A mí me sorprende que con tanta bola que le han dado a José Hernández (merecida, por cierto, desde mi punto de vista), los medios no hayan buscado más a nuestro primer astronauta. Me gustaría comparar impresiones, saber qué piensa casi 25 años después; me hubiera gustado escucharlo narrar el momento del despegue de la nave de Hernández y recordar todo lo que se ve cuando se le da la vuelta al mundo en noventa minutos.

Me gustaría también, desde luego, recuperar mi libro autografiado que por tonta le presté a mi alumno mustio y que nunca me regresó. Ya encontré a Neri Vela en Facebook, y si me responde, le voy a pedir que me ayude a conseguir uno. Lo malo es que sigo siendo tan tonta que de seguro lo prestaría de nuevo, porque me parece que hay tanta gente que tal vez no sabe esta historia y que la tendría que saber…

No me acuerdo del nombre de mi alumno, pero si por alguna razón el fulano permaneció lo suficientemente alfabeta como para leer esto, seguramente sabrá que hablo de él: devuélveme mi libro, idiota.

26 comentarios:

Squall Leonhart dijo...

Y un dato sin importancia, el unico hasta la fecha que ha puesto nuestra bandera en un parche de mision de la NASA.

Chingon el post.

Rox dijo...

Que increible experiencia.

Creo que la gente de ciencia, y en especial los astronautas y demás que les gustan las ondas espaciales tienen sentimientos mucho más humanitarios que la mayoría.

Mi libro favorito es Cosmos de Sagan. Sus palabras mueven cabrón.

Voy a buscar los libros de Neri Vela :)

efterklang dijo...

Yo estoy en contra de tanta fiesta que le hacen al tal José Hernández, ni es mexicano...

No me gustan los anuncios pero para mayor información...
http://elblogdelchango.blogspot.com/2009/09/el-astronauta-mexicano.html


Que buena experiencia la tuya, que mal por el cabrón que no te regresó el libro. Yo por eso no presto definitivamente.

Saludos

Eo dijo...

muy ilustrador mi querida chilangelina, yo era ignorante acerca de él y el astronauta mexicano actual ya me cansó, prefiero oir sobre este

editor dijo...

Eso no es novedá. Los editores mexicanos tienen seco el cerebro. No hay ideas novedosas en las coberturas. Y si, muchos intereses.

Merecen mas atención nuestros gángsteres políticos que los hombres de ciencia, los defensores de los derechos humanos o los ciudadano de a pie.

Reign dijo...

Oh Chilangelina, cada martes te quiero más :P

Excelente.

Jorge dijo...

Pues yo de noticias, ni en cuenta. Asi que ni sé de este tal Hernandez... Pero me alegró aprender algo nuevo (para mí, ya que la nota lleva más de 20 años), como esta experiencia que vivió Neri Vela.

A, si, sobre el libro: "El conocimiento debe ser gratuito, y para compartir" (no soy el alumno, jeje, pero si un tonto que presta sus libros, para que otros aprendan un poquito más de este bello universo). Chido post.

PurpleK dijo...

No puedooo creer que hayas olvidado la regla de NO PRESTAR los libross!!! Y que ese libro que prestaste haya significado tanto.. que corajee!! si volviera a ver al alumno ese, lo golpeariaa!!

Anónimo dijo...

me gusta pensar que cuando prestas un libro y no te lo regresan puede llegar a cientos de personas y que los lean

Soñador que soy

Folósofo dijo...

Ya veo q no hay q prestar libros..
Q bueno q un latino se astronauta.

fakir dijo...

Creo que cuando naces y creces en central valley y con padres mexicanos tratando de arreglar papeles, eso te hace mexicano. Como a Jose M. Hernandez, amigos y vecinos trataron de criar a sus hijos pensando como mexicanos, con las mismas filias y fobias. Además en el California DMV su descipcio’n principal sera’ “Mexican”… Total, yo también creci’ con la imagen de Rodolfo Neri mientras estudiaba física y lei’a enigmas de la tierra y del espacio… Si los medios y pu’blico en general consideran a Jose M. Hernandez mexicano, So be it. Me’xico necesita héroes que no carguen cuernos de chivo.

chilangelina dijo...

Squall, gran dato!

Rox, si encuentras "Vuelta al mundo..." avísame; yo lo quisiera leer otra vez.

Efterklang, José Hernández ES mexicano, como lo son los millones de migrantes que están en Estados Unidos chingándole (incluida yo). El que vivas en otro país no te quita ni tu nacionalidad ni el amor por tu tierra. Y chicos como José, que fácilmente podrían mimetizarse en la cultura gringa y no pelar, pero que se han esforzado por preservar su español, por conservar sus raíces y el orgullo por su patria, merecen todo nuestro respeto.

Eo, pos de eso se trataba.

Editor, suscribo ampliamente tu comentario.

Reign, gracias, snif.

Jorge, pues tienes razón, creo que por eso sigo prestando libros como güey. Pero cuando me muera voy a ir a dar a una biblioteca bien chingona, ya verán (en el infierno, pero chingona igual).

PurpleK, seríamos dos. Nomás pónganmelo enfrente, al güey.

Anónimo, yo comparto tu sueño. En serio.

Folósofo, pues yo ahora lo que hago es que los presto pero a cambio de otro. Así por lo menos siento que hice trueque y no que me vieron la cara.

Fakir, totalmente de acuerdo con lo de José. Y tu última frase es de antología, me la voy a fusilar.

avicena13.wordpress.com dijo...

Lo más curioso es que los libros que más nos gustan son de los que más hablamos y por eso los acabamos prestando (perdiendo) y nos quedamos sólo con los pesadotes.

Yo he regalado algún libro porque pensaba que mis amigos deberían leerlo y no quería sufrir con la falsa esperanza de que me lo devolvieran. Sin ir más lejos, convertí un ejemplar de "El llano en llamas" en "libro viajero" escribiendo una maldición en la portada a aquel que se lo quede y no lo regale a alguien después (o antes) de leerlo.

Vox dijo...

Yo no creo en prestar libros...por eso cuando alguien me pide uno, se lo regalo :)

Por otro lado...contra mi biblioteca de aprox. 1200 libros de papel, ahora mantengo una "biblioteca" de 20,000+ libros electronicos...y esos los puedo prestar cuantas veces quiera sin perder uno solo :)

Anónimo dijo...

Yo soy ingeneiro de telecomunicacion, y tambien admiro a Neri Vela, desgraciadamente yo solo he leido libros tecnicos de el, como el de lineas de transmision, con el que mis alumnos sufrieron lo inimaginable y terminaron odiandome a mi, y a Rodolfo Neri Vela. Intentare conseguir ese que mencionas

Anónimo dijo...

Yo soy estudiante de comunicaciones electrónicas y ese libro técnico de "líneas de transmisión" esta buenisimo, completo. Así puedo mandar a la verga a mis maestros y ser autodidácta.

Anónimo dijo...

Miren la chinga que les están poniendo:

http://ninjaperuano.blogspot.com/2009/09/los-inicios-de-un-nuevo-proyecto.html

chilangelina dijo...

Avicena, sí es cierto; ni modo que uno preste uno que no le gusta, ve'a? Lo del libro viajero es buena idea. El pedo es que este era autografiado, y pues sí cala...

Vox, yo-no-puedo aún hacerme a la idea del libro sin papel. Soy una ruca, snif.

Anónimo 1, léete ese que te digo, es como una novelita, bien sabrosón.

Anónimo 2, pues explícale eso a los alumnos del anónimo 1... :-)

Anónimo 3, nel, hubieras dejado el link activo y tal vez, pero copiar, pegar, esperar... hueva.

Anónimo dijo...

Lo ques es ser un pinche latino frustado que vive en el extranjero. Ojala tu no gastaras energias en decir pendejadas.

La Chica "I see ugly people" Yeye dijo...

la gente lo dice, sabes ke es cierto, pero aun asi lo hacemos y prestamos libros.
Yo preste mi libro "la tumba" autografiado por Jose Agustin (el primer libro ke lie en mi pubertad y el primero ke dejo pensando) y el idiota lo perdio... fue muy triste para mi :(
pero aun sigo prestando libros... uno nunca aprende

chilangelina dijo...

Anónimo, ¿eso qué? No mames, hasta para ser anónimo hay que ser creativo. Aplícate pa' la próxima.

Yeye, espero que el idiota haya valido la pena.

antonoso dijo...

Muy buen articulo lastima que tu libro autografiado de neri vela yo tambien vivi esos momentos en que tuvimos un astronauta

saludos

Karina dijo...

yo también recuerdo con mucho detalle el contenido de ese libro, qué padre saber de él despues de tantos años...

La Diabla dijo...

Auxilio!!!
no me deja abrir recolectivo...me aparece un cuadro ke dice ke operacion anulada...por ke!? ya me perdi de todo lo ke escriben!

Lepeka ♪ dijo...

¡aaaah! leer tu post es lo que me ha hecho el día hoy, soy de Chilpancingo y te puedo decir que Neri nació ahí pero vivó en un pueblo cercano llamado Zumpango del Río, en Chilpo sólo hay una calle con su nombre y casi nadie sabe quién es...

Anónimo dijo...

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