sábado, 30 de enero de 2010

Entenderías



Me tropecé con una mujer, tirándole parte del trago encima. Me disculpé con una mueca, medio sacando la lengua. Me vió con cara de asco y seguí hablando por teléfono, tropezando con la multitud. Mi interlocutora se fastidió porque no le puse atención. Me quedaron mal las tetas, me dice. Tengo que ir a ver al doctor mañana.

¿Paso por ti o no? Me dijo que no pensaba que fuera buena idea, que ya sabía cómo andaba y se despidió. Hablamos cuando andes sobrio. Colgó.

¿Qué más daba? ¿No estábamos todos perdidos esos años?

Intenté participar en esos odiosos círculos, donde hablan de dinero, de gente, de malas ideas. Donde uno supone que alguien es narco, o puto, o los dos. ¿Qué más daba?

Supe que no tenía futuro mi noche. Otra más desperdiciada, una noche más que me costó siete días de salud. Tomé como no tienes una idea. Más bien, tomé como esas veces que ya conoces.

Embrutecido, asqueado, y decepcionado, fue cuando te vi por primera vez. Venías acompañada de Francisco, recién conocidos de la universidad. ¿Recuerdas ese momento tan claramente como lo recuerda mi corroída memoria? Te veías tan niña, tan torpe. Cruzabas tus piernas insegura, analizando la multitud, quizás con un toque de inocencia, o quizás todo tu cuerpo rechazaba estar en medio de esa podredumbre. De las pocas cosas que he tenido por seguro, esa noche supe que eras tú. Tú.

Intenté alejarme más de la multitud, más para que vieras que yo no era parte de ellos, que yo al igual que tú, sólo era un turista cuando te conocí. Tú y yo pertenecemos a otro mundo, ¿sabes? Yo supe en ese mismo momento, que haría todo por ti. Que iba a salvarte. Que querías ser salvada. Me di cuenta de tantas cosas en ese momento, pero me avergoncé de que me vieras, cubierto en esa placenta de falsedad, de mierda.

Revisé mis múltiples máscaras, barajeándolas como naipes, pensando en cuál te diera más gusto. Quería tomarte de la mano y rendirte una explicación, decirte que yo era alguien noble, que una vez ayudé a alguien menos afortunado. Que tomaría tu mano ligeramente y que moriría por ti si te hiciera feliz.

Me mordí las uñas de los nervios. Pensé en simplemente irme y encontrarte después en alguna librería. Lo pensé seriamente. Pero no pude, ¿sabes eso? A pesar de que temblé de pavor al pensar que pudiste haber visto a través de mi, y serte repulsivo. Y hubieras tenido la razón. En ese momento hubiera tomado mis facetas y falsedades y hubiera dejado todo por ti.

Te confieso que- pasé detrás de ti... y vi tus pies, mientras rítmicamente movías tu pierna cruzada. Me mordí el puño de lo perfectos que son. Casi muero porque pensé que me viste. ¿Me viste?

No sé cuánto tiempo pasó en lo que me hundía en mi dilema, pero Francisco me pidió que lo acompañara por cerveza. He de confesarte que lo odio, me causa asco. Pero accedí por un sólo motivo.

¿Cuánto vas a comprar? Me preguntó en el expendio. ¿Cuánto quieres por ella? Francisco se rió, inicialmente. Al ver mi cara como piedra, seca, se incomodó. No me jodas, me dice. Pensé que estabas pendejeando.

Cuarenta y ocho cervezas, le dije.

¿Es en serio esto? La acabo de conocer.

Saqué mi billetera sin voltearlo a ver y pagué por ti. Me dice el idiota- y de sólo recordarlo me da risa- ahorita vemos, dame chance. Pobre pendejo. Pobre- mierda. Desgraciado, ¿cómo se atrevió por un momento a pensar que iba a impedirme estar contigo? ¿Te pasó a ti por un segundo en la mente, que te iba a dejar ir?

Hice lo posible por embriagar a Francisco, y lo logré. Mientras observaba su declive, fue cuando nuestros ojos se encontraron por primera vez. Estabas hablando con algún idiota con bufanda. Te veías aburrida. Te vi que volteabas por todos lados, queriendo escapar. Me moría de risa por dentro. Le pediste cigarro tras cigarro, alcancé a oir que olvidaste los tuyos en el gimnasio. Entendí tu broma, ¿sabes? Yo sé que te decepcionaste de que nadie entendiera tu sentido del humor, pero yo siempre lo entendí. Exhalaste el humo, y volteando tu cabeza al lado, me viste. Me arrepiento de no haber estado preparado con alguna pose interesante, probablemente pensabas que me veía ridículo y solo. La fracción de segundo se me hizo eterna. Sentí electricidad, recorrer de mi sien a mis tobillos. Pensé en los tuyos- me pregunté si podían alcanzar tus orejas.

He de confesar que al garantizar la caída de Francisco agudicé mi propia embriaguez. Fue por eso que aprovechando un descuido, cuando saliste del baño, armado de valor líquido me paré frente a ti y enuncié: Y aquí estamos.

Conté los segundos, conté setenta segundos de silencio. Pero lejos de mis expectativas, lejos de sentirme nervioso, me sentí tranquilo. Tu rostro no expresó emoción alguna. Tu mirada encontró la mía. No me atreví a respirar. Se ahogó la música, se ahogaron las risas, los hielos girando en vasos vacíos- los ahogó el latido de tu corazón. Y esa noche supe que eras tú. Y súbitamente te fuiste.

Consideré matarnos, ¿sabes? Por minutos observé cuchillos de diferentes tamaños pegados a un bloque de imán en la cocina. Consideré morder mi vaso y masticar vidrios, y besar tu cuello con ellos, hasta ahogarme con tu sangre caliente.

Salí derrotado a fumar, cuando todos se estaban despidiendo.

Alguien convencía a Francisco de que se quedara, que no se fuera así. Fumé con tanta ansiedad que me quemé la lengua. Te vi despedirte de un par de pendejos. Mi mundo se colapsó. No pude controlar mis manos, y empecé a temblar de la rabia.

Supe que no tenía futuro mi noche.


Y entonces-

Te tomé del brazo, firmemente. Tu pelo se agitó con suavidad cuando volteaste la cabeza.

No te vayas.



Abrí la caja del pickup, haciendo un ademán de elegancia como para la realeza misma. Lo pensaste un momento, mientras te explicaba que Francisco estaba muy ebrio como para llevarte. Me interrumpiste y me pediste un cigarro, explicándome que dejaste los tuyos en el gimnasio.



Te cambié por cuarenta y ocho cervezas.

Entenderías. Yo sé que lo entenderías si supieras.

21 comentarios:

EEEH! dijo...

Holy crap! Ritmo ágil, interesante, bien escrito, sin pretenciones estúpidas... este escrito sí que está de poca madre.

Regresa. Por escritos como este vale la pena checar la blogósfera.

Ave Fenice dijo...

gracias por tan buen relato

Anónimo dijo...

escribe algo cura puto

Luis dijo...

jajaja pinche alien tan delicadito

Hermes dijo...

un trato justo

Manuel dijo...

Excelente, viejo, excelente. Algunos tropiezos insignificantes aquí y allá, pero excelente.

Hay que esperar que venga Alejo Carpentier a dar su opinión, jojo.

ulisex-82 dijo...

Tronco?? CORTO

Brazos? Peludos


by pervert

Anónimo dijo...

escribes genial.
-morder mi vaso y masticar vidrios, y besar tu cuello con ellos, hasta ahogarme con tu sangre cáliente-
me fascino esa oarte

Anónimo dijo...

que hace aqui el pedofilo? ni verguenza le da despues de que lo hicieron mierda en el blog chingatiBo

luismiguex dijo...

que chida entrada..
te hace entrar en la escena..

Landon Timothy Donovan dijo...

Hijo de Timothy Donovan y Donna Kenney-Cash, Donovan creció en Redlands, California, y asistió a Redlands East Valley High School. Como todos los jóvenes fue activo en el mundo de la gimnasia y fue invitado a asistir al taller de capacitación olímpico debido a su habilidad en todo el deporte. Donovan fue miembro de la clase inaugural de la Federación de Fútbol de los Estados Unidos en el programa de residencia Bradenton, Florida con muchos de los actuales jugadores de la selección incluyendo a Oguchi Onyewu, DaMarcus Beasley y Bobby Convey.

El Contador Ilustrado dijo...

trato realmente justo

Antonio dijo...

Anónimo dijo...
que hace aqui el pedofilo? ni verguenza le da despues de que lo hicieron mierda en el blog chingatiBo


no te confundas chilindrina chilanga, al que hicieron y hacen mierda ahi es a ti y a pabel, la marrana

Falso Profeta dijo...

me imaginé una vieja bien buenota de cabello negro.

Anónimo dijo...

Ese estilo de escribir apesta, es mediocre y la verdad francamente ya aburre.

Nada como la prosa digerida, he dicho.

Alter Ego dijo...

Chales con estos bastardos paranoides lameculos del pederasta.

Anónimo dijo...

¿48 cervezas? Te salió muy cara. Ninguna vale más de 2.

YoSabina dijo...

¡Joder!

Qué ha sido excelente forma de ganartela, distraer a tu "amigo".

¿Qué hacía ella ahí?

YoSabina

Anónimo dijo...

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