martes, 16 de febrero de 2010

Fortuna



De fortuna, Fortunato nomás tenía el nombre.

Cuando le pasaban el balón para anotar, siempre pasaba algo: le daba un calambre, se torcía el tobillo, el viento soplaba y le movía la jugada. Cuando estrenaba pantalones se atoraba en una reja y se le rompían de atrás; para acabarla de amolar, era el día en que no había encontrado calzones limpios. Si lo pasaban al pizarrón era para resolver algo sin respuesta (las maestras nunca saben nada). La niña que le gustaba, la única que un día le habló, murió tras un sarampión. Si lo llevaban de vacaciones a Acapulco, llovía; si iban al campo, las vacas cagaban de más. A Fortunato le gustaba comer, pero a los que guisan se les pasaba la sal, o el azúcar, o el chile, o el limón. O el detergente, como le pasó un día que la cocinera que confundió la bolsa de harina. Un día se hizo una torta de chorizo; resultó que era vigilia.

Fortunato decidió romper con la desventura y empezar a pisar fuerte, con tal mal tino que el segundo pisotón lo dio en una coladera floja; la pierna se le fue hasta el fondo y el golpe cayó en la entrepierna; le amputaron un huevo y parte del otro, porque al médico se le fue el bisturí. Los días de convalecencia le trajeron, eso sí, la sonrisa de una enfermera bonachona que lo cuidaba con sus manos callosas; buscó intimar con ella, pero los transexuales no eran lo suyo –aún sospecha que el salpullido en las nalgas pudo deberse al desaire.

Fortunato estudió matemáticas, los números no se equivocan y había que jugar con la probabilidad. Compró un cachito de lotería y eligió números primos que en su caso eran más bien hermanos, todos juntitos; se subió al Metro y perdió el boleto que al día siguiente hizo ganador a un carterista. Cuando lo supo se dio de golpes contra la pared; le hizo un hoyo justo a la altura de una viga que se le vino a incrustar en un ojo. Para mala suerte, el único que tenía bueno.

Cansado de su mala fortuna, reunió lo poco que tenía y lo vendió; lo único que conservó fue el auto. La venta de garage no fue buena, pero mil quinientos pesos ya son algo. Lástima del semáforo en rojo que se pasó, y de que no traía licencia y no había pagado la tenencia; el tira que lo detuvo ese día cenó jamón serrano. Como sea, en su auto y con los ochocientos pesos que le quedaron, enfiló hacia el hipódromo: a ganar o perder todo de una vez. Ochocientos al número seis, el mejor de los caballos.

Ese día el agua contaminada hizo que a los caballos les diera chorro a media carrera. Ganó el número tres, que en realidad era un burro.

Ignorando el cristalazo que le dieron a su auto y tratando de hacerlo arrancar, vio venir al único hombre que le apostó al caballo malo: un tipo con la mitad del rostro cacarizo que recibía billetes al por mayor. “Pobre, con esa cara chueca, el desafortunado”, pensó Fortunato volteando al espejo y viendo su perfil afiladito, su copete perfectamente engominado. “No cabe duda que en la vida no se puede tener todo”.

18 comentarios:

Botica Pop dijo...

¡grande, señora! qué manera de cumplir sus promesas.

Miguel A dijo...

Hacía mucho que no leía tu recolectivo. Prometo hacerlo más seguido porque es muy bueno. Para empezar, ya le dí "Add to Favorites". Saludos.

Ave Fenice dijo...

Ya tenia ganas de leer algo más o menos gracioso. Aunque no me reí como quería. Eso ya es personal.

Dib dijo...

Excelente texto.
El final fue perfecto y no mamar, que la chavita se muriera de sarampión no tuvo abuela... tus textos son los únicos que nunca me decepcionan.

Squall Leonhart dijo...

Juar juar juar!, lo primero que yo hubiera hecho fuera cambiarme el nombre, por Venturino, o Kevin Guadalupe.

YoSabina dijo...

Siempre vemos en otros lo que queremos ver en nosotros mismos.

YoSabina

elvis dijo...

antes tenía el mismo consuelo de fortunato; ahora me estoy quedando calvo.......... :(

La Diabla dijo...

No ps pa que te digo que no sí si jejejje pobre tipo!

midlenight dijo...

http://www.cyber-radio.info/index.php?pagina=radio


muy buena estacion

Vie[n]na dijo...

al principio crei que hablabas de alguien real...
ese tipo de suerte no se la merece nadie! XD

Reavenboee. dijo...

positivismo.?

buen relato.
saludos.

Pancake dijo...

Ignorance is a bliss they say...

Rox dijo...

Me encantó. Pa que vean que aquí también se encuentran cosas felices y no cursis :)

PurpleK dijo...

no podría estar más amolado el tal Fortunato..

PurpleK dijo...

me encantó el final, por cierto

Chilangelina dijo...

Eh, pues pobre pobre, pero no se confíen, que todos tenemos algo de Fortunatos.
Gracias por leer, oigan :D

Manuel dijo...

Supremo!!

Anónimo dijo...

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