jueves, 25 de marzo de 2010

Desencanto familiar + Hocus Pocus de Kurt Vonnegut



Va un antecedente literario.

En Hocus Pocus de Kurt Vonnegut, el protagonista, Eugene Debs Hartke, tiene una vida azarosa. Por ejemplo, su papá quien tenía un proyecto muy raro de recuperación de prestigio personal después de ser descubierto con los chones en los tobillos mientras se intentaba coger a una señora que no era su esposa, decide que Eugene ingrese a West Point, una academia militar. Esa decisión tuvo como consecuencia que pasara algunos años en Vietnam hasta el momento "en que la caca llegó al ventilador" como describe los últimos días de la ocupación gringa.

Más tarde en la novela, cuando Eugene ya no es un soldado profesional y tiene una chamba comodina como profesor en una universidad donde los alumnos son ricos e idiotas, es despedido con la acusación de corromper las mentes jóvenes e impresionables de sus pupilos (lo que era una acusación sin fundamentos pues las mentes de sus alumnos eran impenetrables como piedras). Ese mismo día encuentra trabajo enseñando en la prisión vecina a la universidad y años más tarde cuando hay una fuga masiva de reos y estos toman como rehenes a los ocupantes de la universidad, Eugene es acusado de orquestar la fuga y el secuestro. Llega al final de la novela enfermo de tuberculosis en la biblioteca de la universidad adaptada como prisión temporal poniendo por escrito la cadena de acontecimientos que lo llevó a su situación actual y contandole al lector qué tuvo una vida intensa y para dejarlo claro señala que el número de gente que mató coincide con el número de mujeres que se cogió.

De todas las ocasiones que "el destino le juega chueco" a Eugene Debs Hartke, la que me parece más notable es la siguiente. Durante su estadía en West Point, Eugene conoce a una joven que le cuadra y de la que se enamora. Ella y su madre habían emigrado de su pueblo natal buscando que la primera se biencasara debido a que en su lugar de origen les habría sido imposible concretar esas ambiciones. Eso es porque la familia de la mujer de Eugene era conocida por producir orates irremediables.

Eugene se casa con la joven sin saber que el cerebro de ella es una bomba de tiempo lo mismo que sus genes y se reproduce. Cuando Eugene percibe que su suegra y más tarde su mujer dan señales innegables de deterioro mental que culminan en la demencia y la locura, ya es tarde. Ya tienen hijos que también enfrentan el destino de su mamá. Hagan lo que hagan, sin importar sus logros y sus ambiciones, los hijos de Eugene terminarán locos y dementes mucho antes de llegar a viejos.

Fin del antecedente literario.

Esa parte de la historia de Eugene Debs Hartke hasta hace poco creía que retrataba mi futuro, pues según las lenguas más viperinas en mi familia materna, mi abuela, la mamá de mi mamá se habría vuelto más loca que una cabra. Destino que mi mamá y yo compartiríamos.

Esa creencia ha sido reforzada porque no conozco a mi abuela materna, así que los relatos de una prima de mi mamá sobre la locura hereditaria de la abuela, no tenía yo manera de verificarlos. Pero desde que me contaron eso, cada ocasión que mi mamá se portaba de forma irracional no sabía si achacarlo a tontería común en la que caen todas las mamás o si era indicio de que la canica ya se le estaba botando. Examinar el comportamiento de las carnalas de mi mamá tampoco arrojaba luz a la cuestión. Tengo una tía que tiene la costumbre de limpiar a manguerazos su casa tres veces al día y después les pasa el trapo a las piedras del jardín. No sé si es porque ve los mismos bichos que Howard Huges o nomás tiene calor.

Por lo tanto la última década la he vivido pensando que mi racionalidad, de la que tan orgulloso estoy, y un servidor nos íbamos a tener que decir un tierno adios mucho antes de que me bajaran a mi tumba.

Esa perspectiva de mi futuro se desvaneció hace unos meses, cuando mi mamá fue de vacaciones a su tierra natal y encontró a mi abuela nonagenaria más sana que todos nosotros y no sentada en la rama de un árbol con todos sus enseres como yo me la imaginaba.

Bah.

pd. Está disponible en PDF Hocus Pocus para el que lo quiera leer. Léanlo, es muy bueno.

5 comentarios:

Anónimo Anónimo dijo...

No pierdas la esperanza, yo conozco a una señora loca de remate, pero solo a veces. Puedes hablar con ella y parece la persona más normal del mundo, pero ha estado en el manicomio, no puede salir sola a la calle y tiene q tomar medicinas muy chonchas. La cosa es que solo se pone loca a veces, cuando le dan sus "crisis".

Joel BD dijo...

yo creo que aún tienes esperanza de volverte loco, te has fijado si te tardas más en depurar tus programas que antes? lo que si es seguro es que antes escribías mejor, esto vale pa pura m"#$%&

Eu dijo...

Chale, tan chido que se siente que un tío te diga -En todas la ramas de la familia hay alguien loco y se me hace que tu eres el de la tuya- y a tí te quitan la ilusión.

El Contador Ilustrado dijo...

quiza perdiste un poco de ese "algo" que te hacia especial

Vigo dijo...

Que noooo. Si tuvieras antecedentes de por ejemplo esquizofrenias quizás si podría haber un pequeña incidencia en la probalidad de que se reprodujese, pero creo que el riesgo es mínimo.
En mi opinión es la pobreza y la soledad los que vuelven a la gente "loca", en mucha más importancia que los genes.
Pero bah! no soy médico y hablo por hablar ;D

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