
–Mamá, ¿y como a qué edad es bueno empezar a tener "relaciones"?
–Pueeees, mmm, como a los 16 yo creo que está bien.
¿Qué tal el eufemismo-omisión? Juju. ¿"Relaciones" de cuáles? ¿Laborales? ¿Interpersonales? ¿Peligrosas? Ps no, a las sepsualessssss nos referíamos, claramente.
Pero bueno, el punto es que yo siempre le he hecho caso a mi santa madre, que es muy sabia, y si me dijo que a los 16 era la cosa, entonces a los 16 era.
***
6 de agosto de 1999. Hay huelga en la UNAM. Traigo trencitas –señal inequívoca de que no me bañé esa mañana–, suéter lila, playera XXXXL de los Misfits, Converse azul-piltrafa. Estoy en pleno trámite de cortar con mi novio de la prepa, que es lindo y guapo pero mitómano y se inventa mujeres perfectas (flacas, de Converse rojos y playeras metaleras talla S, con las que tiene citas imaginarias –con las mujeres, no con las playeras– que yo me trago completitas –las invenciones de las citas, no las playeras ni las mujeres–) para darme celos, y yo que no soy perfecta ni tengo Converse rojos ps me siento de la verga, y de plano hace unos días le dije: ya mejor ñe.
Me contaron que anoche quiso suicidarse con un cuchillo de mantequilla, pero hoy se ve sonriente, y me dice: ¿un faje de cumpleaños? Y yo: zas. Después del
acá comemos pizza en la cocina y yo le confieso que mientras la gente normal tiene la pesadilla de ir desnuda a la escuela, mi sueño recurrente más espantoso es que salgo a la calle sin zapatos (¡me hace despertar con sudor frío y ojos pelones a media noche!). Él intenta impresionarme y se va caminando de su casa al WalMart sólo con sus calcetines de rombos cafeses, y a mí se me pone la piel chinita. Me despido: sale bai bai, y me subo al metro y llego a mi casa y tengo 16 años y soy completamente virgen.
¿De cuánto sería el margen de error?
6 de agosto de 2000. Por más que lo intento, no logro recordar qué diablos pasó este día. Pero de una cosa sí estoy segura: nadie me dio pa' mis tunas.
6 de agosto de 2001. Preámbulo para esta fecha:
En la prepa érase que éramos
Mario, Edemege y yo, trío de machines perdedores inseparables. Hasta que un día Edemege se ganó una beca y se fue a estudiar a Gales. Lloramos y lo extrañamos y nos escribimos y así.
Después de un año de ausencia al fin lo veríamos de nuevo. Iba a andar un rato en el DF y estábamos ansiosos de pasarla tan bien como antes, los tres juntos. Pero oh decepción: había desaparecido el nerdito-gordito-metalero (uno de nosotros), y en vez de eso nos mandaron a un megalómano mamey que "olvidoú cómou jablar il espanioul", y que se cogía rubias por montones. Lo habíamos perdido.
Fue un mes horrible. Sólo hablaba de macroeconomía, deportes extremos, lanchas último modelo, pelirrojas mamavergas, dinero, triunfo, flora y fauna europeas, las mejores universidades del mundo, sus bíceps. Nos partía el alma y ya queríamos que se fuera a su nueva nación primermundista, que nos dejara en paz con nuestro mérol y nuestra prepa descarapelada y nuestras costumbres y nuestros cineclubes piojito y nuestras vidas en el rincón de las fiestas y nuestras solterías-hasta-nuevo-aviso.
Y, justo en mi cumpleaños, Edemege me dio el mejor regalo: se largó. Mario y yo lo fuimos a dejar al aeropuerto, él nos dirigió un par de improperios de despedida (
this country is shit, I cannot believe you don't have Starbucks, where am I supposed to get a sugar-free soymilk frapuccino?) y se trepó al avión. ¡Fiuf! De ahí nos fuimos a lo mero nuestro: concierto de Helloween en el Salón 21.
Claro, a mí el mérol y la prepa y las costumbres y los cineclubes piojito y el rincón de las fiestas me tenían muy ocupada para tener novio y ligues y avances en el terreno sexual. Ash.
Tic tac. A ver a ver a ver a ver a ver a ver a ver aquioras.
6 de agosto de 2002. Oquei, ahora sí ya todo está muy de la verga. Crecí con la idea de que mi vida sexual empezaría como la de la gente normal (¡Brenda Walsh de
Beverly Hills 90210, por ejemplo!), a los 16. Pero no, terminé mi primer año de edad adulta con IFE pero sin coger. Qué injusticia: en las prepas mexicanas ni siquiera hay
prom para que en el after los nerds nos tiremos a alguien y luego nos pregunten "¿por qué coges tan bien?" y nosotros respondamos "porque es en lo único en que pensamos".
Qué vergüenza. Virgen en la universidad. Van a creer que me estoy esperando al matrimonio. Se me van a atrofiar los músculos allá abajo. Luego me va a dar miedo confesarlo y entonces evitaré a los hombres porque qué pena y seré quinta
(jiji, qué tal el término) hasta los 107, como John McCain. En poco tiempo me convertiré en fenómeno de circo o en candidata a la presidencia sin posibilidades. Bujujujú.
Pero queda un rayito de esperanza.
Cuatro días antes de cumplir 19, AL FIN me di besos con el chairo por el que muero-derrítome-desmáyome-suspiro-retuérzome, después de meses de minuciosa y ultrapaciente conquista
(la cual merece un post aparte, ¿cuál dijeron que sería el tema de la próxima semana? ¿Conquistas artesanales de amor?). Ash, pero sólo besos, y ps obviamente quiero tirármelo (¡por favor!), aunque yo lo que de-verdad-de-verdad-de-verdad sueño es que nos tomemos de la mano y vayamos a comer helado y viajemos juntos por el país y el mundo y despertemos y nos miremos a los ojos y tomemos café y leamos La Jornada y vayamos a chairomarchas y nos digamos cosas cursis y nos amemos como sólo se puede amar a los pinches diecimuchos-veintipocos.
Agh, ¡agRrRghhHh! Ahora soy una ADULTA (sí, si me detengo a pensarlo ps técnicamente lo soy, y me da pánico) y estoy enamorándome y no sé cómo se come eso y no sé qué hacer y qué no y me mata la incertidumbre, porque yo qué voy a descifrar qué quiere ese chairo de mí, y qué tal que lo espanto y qué tal que lo aburro y qué tal que lo arruino todo. Así que hoy, por más mortificada que esté, no le brincaré encima, actuaré con cautela, respiraré profundo (pero no demasiado) y contaré hasta diez y sonreiré (pero no demasiado) y si se puede lo besaré (pero no demasiado). Pf.
***
27 de septiembre de 2002. Metro Auditorio. Nos subimos a un vagón semivacío. Pasa un vendedor ambulante y me compro un juego de diez cúters por quince pesos. Estoy preguntándome si los usaré algún día y para qué, cuando de pronto él, así de la nada, mi amado chairo me lo suelta:

¿Me quieres? Porque yo sí, y mucho.
Helada, helada, heladísima, engarrótesemeái; y luego la ráfaga de alegría subiendo por mi panza mi pecho mis brazos mi cabeza y mi sonrisa de estúpida y refulgiendo eléctrica por mis
110 mil pelos esponjados y entonces grito o más no grito ni digo nada y sólo doy un brinquititio y le doy un beso de esos para que entre la canción ochentera y el roll de créditos finales y la gente salga del cine y diga "ah qué pinche basura hollywoodense, mejor hubiéramos visto la de Reygadas que sí es de arte".
Pero no. El post no termina ahí.
Al día siguiente AL FIN "me hice mujerrrrrr", de una forma bonita y cursiñoña y cliché e inolvidable. Tanto, pero TANTO, que hasta me dieron ganas de que la "virginidad" hubiera significado para mí algo más que un pinche trámite vaginal, y entonces poder decir "¿pa' qué pinche tanta prisa si al final llegaría el hombrrrrre ideaaaal?". Ash.
Pero casi lo dije. Casi.