lunes, 17 de noviembre de 2008

Ejercicio 7: Obsesiones infantiles - Falso Profeta

Una de las cosas que más recuerdo de mi puerilidad eran las hormigas a las que observaba durante horas en el patio de mi casa. Había dos clases de hormigas, las rojas y las negras, y estas tribus siempre estaban en guerra, se mataban unas a otras.

A veces tomaba una hormiga de la tribu negra y la arrojaba en medio del festín de las hormigas rojas, las cuales generalmente eran más agresivas que las negras. El espectáculo era impresionante. Las hormigas rojas, al instante en que la veían, la atacaban, la sujetaban de las patas con sus tenazas y la picoteaban hasta la muerte. Lo que venía a continuación era aún más asombroso para un niño de mi edad: La llevaban hasta la entrada del hormiguero (una grieta en el concreto cerca de la puerta de entrada) le arrancaban sus extremidades y colocaban la cabeza de la hormiga negra justo en la entrada del nido.

“¿Por qué lo hacían?” Era lo que me preguntaba. Quizá para intimidar a otras alimañas y evitar que se acercaran, o para engatusar más hormigas negras y atraparlas como presa, o simplemente como trofeo decorativo y de orgullo tribal. Sin embargo yo lo quería ver como una exhibición montada por el despotismo de una reina malévola que castigaba a los que se revelaban contra ella.

Muchos minutos me embelesaba yo viendo decapitaciones por parte de verdugos rojos contra recolectores negros. Poco a poco me fui obsesionando con la idea de jugar al todopoderoso arrojando inocentes al sitio ritual de los sacrificios en mi honor. Y lo que más me entusiasmaba era el hecho de saber que tenía yo el poder de intervenir, si quisiera, y salvar a ese pobre recolector negro al que yo mismo había puesto en esas circunstancias.

A menudo, cuando la tribu roja estaba reunida alrededor de una hormiga negra, listas todas para descuartizarla cruelmente; asomaba yo mi dedo desde el cielo haciendo temblar su tierra. Las hormigas rojas huían despavoridas buscando refugio bajo las hojas y las pequeñas basuritas, mas no eran suficientes para escapar de mi furia divina… las aplastaba irremediablemente… La deidida vengativa del cielo las embarraba en el pavimento con la misma crueldad que ellas mataban a las hormigas rivales, una tras otra sin escapatoria…, era un apocalipsis cumplido y ejecutado…, todo quedaba destruido.

Pero también castigaba a la tribu de hormigas negras de vez en cuando, generalmente cuando brotaban muchas de ellas en los calores de agosto.

Tomaba yo una bolsa de plástico y la quemaba con un encendedor de modo que los pedazos calientísimos derretidos del plástico cayeran en donde las hormigas. Qué emocionante verlas huir. Lanzaba yo mis bolas de fuego desde lo alto e impactaban con fuerza sobre ellas quemándolas instantáneamente. Era un horror todavía más caótico aún que aquél donde mi dedo intervino y salvó a la pobre hormiga negra, aplastando después el nido de las hormigas rojas. Pocas sobrevivían, y las que lo hacían, quedaban para siempre lejos de su propio nido, posiblemente morían o se unían a otra colonia y les contaban lo sucedido sin que les creyeran. Todo serían meras leyendas hasta que, de nuevo, el Dios vengativo las destruyera.

Cierto día usé una medicina de mi madre y la vertí toda sobre un nido de hormigas rojas. Parecía magma debido a la consistencia semisólida del jarabe y que era de color naranja. Poco a poco el magma para la tos las alcanzaba y las cubría a todas causándoles la muerte, esta vez era un volcán que sacudía su sistemática vida. Sin embargo ese día hubo otra intervención salvadora y no fue la mía, sino mi madre. Me lo había advertido en varias ocasiones antes, y esta vez, ella había estado observando desde el segundo piso mis juegos psicóticos. Gritó mi nombre estentóreamente haciendo eco en todo el reino de las hormigas. Yo traté de huir, pero su largo brazo me alcanzó firmemente y me llevó lejos de allí, de ese mundo, para que, con su mano justiciera, me hiciera pagar por mis magnicidios omnipotentes y, principalmente, por malgastar una medicina costosa.

32 comentarios:

Julio C324r dijo...

Ahi si te la pelas.

La madre es sagrada.

Geraldiinn dijo...

: | yoo hacia lo mismooo .. solo que por el calor me enfadaba y mejor las dejaba... jojojo .. saludooos :*

Den dijo...

jajajajjaja
y hasta la fecha entre las hormigas corre la leyenda del vengador divina que un dia fue asesinado por alguien mas grande que el

Toncho dijo...

Yo era más un césar que un Dios. No destruía a todas, sólo seleccionaba dos suertudas de cada bando y las ponía en una cajita como de plástico transparente para ver quién sobrevivía.

...El vencedor era aplastado, una vez me mordió :S

Buen post!

zyrian dijo...

Muy buen post, este ejercicio promete.

El hijo de la chingada dijo...

Quien no hizo algo parecido de chiquillo?
Aunque quiza no todos tan megalomanos... Yo era simplemente un hijo de la chingada que le quitaba su miserable vida a hormigas seleccionadas al azar nada mas por chingar

Excelente narracion, como de costumbre

Saludos Falso

CACO dijo...

muy buen relato, yo recuerdo que hacia algo parecido solo que lo hacia en el patio de mi primaria. Recuerdo que habia una parte con muchas hierbas y se hacian los "rios" con el agua que las regaba y eso era mas divertido jejeje.

Luis dijo...

Las hormigas tambien tienen alma y tu eres un hijo de la chingada.

Falso Profeta dijo...

Ojalá que los insectos no cuenten en el balance que dictamina si uno se va al cielo o al infierno, sino, puta! hasta el noveno infierno de dante! en el mero centro de la tierra.

jess dijo...

Generalmente duraba días enteros siguiendo el camino de las hormigas para encontrar su nido.

Resultando así que conforme uno crece va perdiendo una de dos, o su jerarquía en el orden natural, o únicamente su capacidad de asombro.

Saludos.

ZERO dijo...

yo hasta la fecha mato cucarachas en la casa...

Juanito Escarcha dijo...

Existe poder más allá del poder divino según vemos.

El Pável dijo...

... ojalá no creas ni en el Karma ni en la resurrección...

... porque de lo contrario... ya te cargo la madre del comentarista número 6...

un saludo.

Wuisho dijo...

A simon era divertido ver ese mundo tan versatil, cuando mi primo consigio un lupa descubrimos que era mejor observar como morian lentamente quemadas que jugar supernintendo

mIeDoSa dijo...

Somos malos por matar hormigas???

Yo tambien las mato(todavia) ya no con el mismo gusto y tiempo que antes siguiendolas con una lupa.

Nos vamos a ir al infierno??

Rox dijo...

que maldito eres... algun dia la furia de dios caera sobre ti y lanchero serás.

Eo dijo...

que se siente jugar el hijo naturaleza y que luego venga la madre y haga lo propio?

jaja curiosa historia

Anónimo dijo...

inviten al chayo vazquez

klaudiax dijo...

sabias que los niños que lastiman a los animales pequeños(llamense..perros, gatos, hormigas e insectos en general), son propensos a desarrollar actitudes "pendejamente" asesinas?

creo que...aunque eras niño, eras un imbesil

larga vida a las hormigas!

weboneitor dijo...

"Mama me estas avergonzando ante mis subditos!"

El hijo de la chingada dijo...

Se escribe 'IMBECIL' y no imbesil,

Imbecil

GLOBO dijo...

jajaja inche FREAK!!

Falso Profeta dijo...

es que no tenia amigos :(

fernando dijo...

Ahora sabemos que el profeta ademas de psicopata, no tenia lana para jugetes...

Propongo una campaña de chingadazos a los niñitos pendejos que juegan a matar bichos y animales en el parque.

crypt angel dijo...

No mames¡¡¡¡¡ Tenias las tendencias de JLAH¡¡¡¡¡ No seran el mismo???

Anónimo dijo...

"es que no tenia amigos :("

@Falso:

Correcion, No tienes amigos

Anónimo dijo...

Lo unico que tiene el Falso es un pedazo de verga atorado en el culo!!

Anónimo dijo...

te envidio falso profeta, ojala que yo tambien la tuviera...

Bukofaso dijo...

Yo recolectaba miles de hormigas de esas que son de cabeza negra y cola roja y las ponía en un frasco de mayonesa que antes eran de vidrio. La imagen era aterradora y al final todas morían, miles de hormigas muertas, pero tantas bajas no significaron nada para su colonia, hasta la fecha ese hormiguero sigue vivo y las obreras siguen recolectando semillas de las malezas citadinas.

Anónimo dijo...

Jericho-José Emilio Pacheco

Josh dijo...

GREAT POST

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JuanCarlosSanchézTaboada dijo...

Chingón... soy nuevo leyendo a recolectivo , por qué dejaste de colaborar con estos orejones Falso?

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