sábado, 4 de abril de 2009

El chiste de los cangrejitos



Ver como a alguien a quien envidias le truena el culo frente a tus ojos es algo inigualable y es una de las delicias más satisfactorias en la vida. Un insulto sin dueño delata el alivio que se siente al ver un tropiezo, dada nuestra propia inseguridad. A todos nos gusta ver al prójimo fracasar. Niéguenmelo a mí, no hay pedo.

Pero niéguenselo mientras se ponen el shampú?

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Tienes razón, por eso cuando descubrimos que eres un gnomo obeso y de brazitos cortos, fue inigualable!.

Anónimo dijo...

jajajaja pues ahi si te chingo el anonimo salaverga....

Dr.Muerte dijo...

poderoso tridente ofensivo...

Falso Profeta dijo...

Buen post Guffo, yo opino lo mismo, eso del blogstarismo es una pendejada de lo más ñoñisisimo.

Saludetes!

Falso Profeta dijo...

uuup´s!

Carolina la que se cree un cronopio dijo...

jajajaja... emm..
1. que breve.

2. ni siquiera mis propios logros me alegran tanto como el fracaso de los que odio.

3. una vez en una menta de la suerte (si, ya no son galletas, son mentas con frases mamonas) decía:
"No temas a la competencia.. teme a tu propia incompetencia" y me awite :(.

4. el punto número 3 es idiota a más no poder.

5. adiooos :)

Ana Karen dijo...

Aaaah! Qué reconfortante es el dolor ajeno.

tyler dijo...

que bonita esta ana karen!

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