
Mientras observo la cantidad absurda de coches y escucho atentamente, como mi piel se hace vieja cada segundo de tráfico, añoro la lejanía de la ciudad y los kilómetros de lote baldío que pueden extenderse al infinito. Mi abuela venía de un pueblo. Ella, callada y adusta como era, a veces rompía su silencio para platicar de los árboles, los chapulines, los riachuelos de su lugar de origen. Platicaba de como mataba a los conejos, de cuánto costaban las tortillas y de su padre que deseaba tener un niño, en vez de una niña. -Cuando muera, me gustaría ser un perro, no... mejor perro no, un árbol, para que nadie me esté chingando.
No rompía el sueño para decirle que los perros se chingan a los árboles.
Sin embargo, prefería imaginarme ese árbol enorme, en medio de un cerro, su sombra extendiéndose al sol de medio día. Es una imagen que a veces recuerdo, mientras los microbuses tocan sus cornetitas desesperadas y los taxistas se mientan la madre los unos a los otros. En el metro cierro los ojos, y miro a esos conejos escaparse en los matorrales, mientras una niña espera a que estos se atonten unos minutos y espera docilmente a que se apendejen, para que les pueda tronar el pescuezo. Una vida de pueblo no caería mal, pienso de vez en cuándo, mientras escucho al vecino platicar y carcajearse mientras toma, que ya está ahorrando para abrir su narcotiendita.


Nuestros bloggers no los selecciona el azar, ni un dedo en el cielo, ni un niño de la lotería nacional; nosotros los seleccionamos de acuerdo a su peculiaridad y estilo de escribir.
Srta. Pelo Irritante adolescente con complejo de Peter Pan. De calvita sexy y gracioso caminar. Aspirante a mimo. Ha usado el mismo par de zapatos en los últimos 7 años y sólo se baña los domingos .Dicen que es rara: lo es.


Yo soy Ella. Costeñita en el exilio. Alcohólica en proceso con la habilidad para permanecer dormida largas horas ininterrumpidas. Con tendencia a caer y accidentarse. Los internets la odian y ella odia el aguacate.
Falso Profeta.





4 comentarios:
no hay nada como la vida campirana, pero solo para vacacionar un rato y despejarse.
Saludos
Sí, a veces irse al campo a respirar aire "limpio" es muy bueno, relajante, gozador, muy sensual.
Vivir ahi, quien sabe...al menos yo no sé si podría, porque mientras más te acostumbras a la ciudad, es más difícil adaptarse al campo de por vida(a menos que no tengas opción).
Bieeeen!... me dio risa eso de que los perros se chingan a los árboles, jajajaja.
Yo cuando muera QUIERO SER YO DE NUEVO, pero sin morderme las uñas,jajajajajaja, Ntc.
Saludos y abrazos.
No cabe duda.
Desde que yo me fui, aqui escribe puro pendejo mediocre
Snif... Me gustó.
Saludos.
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