martes, 23 de junio de 2009

Consideraciones sobre la Ceguera Tijuanense


La primera vez que conocí la ceguera tijuanense – una ceguera retórica, de ceja alzada y de indignación prefabricada -, tenía trece o catorce años y habían violado hasta la inconciencia a la pequeña vecina de la señora Quevedo.

La señora Quevedo personificaba la indignación. Y también fue mi primer contacto con una indignación engendrada por la violencia de ciudad, por la inseguridad, y no por los niños famélicos del África, ni por las guerras y otras causas que suelen ser más bien abstractas para aquellos que viven en la complacencia de la estabilidad y el primer mundo.

La escuché por primera vez en la banqueta, cargando su enorme bolso negro, de boticario pero también de anticuario, hablando con mi madre sobre las primeras ejecuciones, pillajes y desmanes que circulaban en las noticias, en el semanario Zeta, cuando solía ser una publicación que invitaba a la intriga y no a la nostalgia o la pena ajena.

Por aquellas fechas, los narcojuniors comenzaron a brotar, y el arquetipo del jovencito de buena cuna pero con inclinaciones al poder y el tráfico de influencias se puso en vigencia absoluta, y junto con ellos, en la esquelas pequeñas o traseras de los periódicos leías delitos secundarios, como el acoso sexual a empleadas de maquiladora y también invasiones masivas de predios, junto con algunos homicidios de poca monta (jerarquizar el asesinato y muerte de un hombre suele ser una actividad propia de la opinión pública y los medios de comunicación, quienes otorgan juicios de valor según el impacto que provoque).

Entonces la volví a escuchar en una radiotribuna, que fueron muy populares durante los noventas, y la señora Quevedo arremetía con ahínco persignado, apostólico y con advertencias apocalípticas a una sociedad que, aseguraba, caía en descomposición, aderezando sus soliloquios y espumarajos con reflexiones que culminaban siempre en un refrán. Refranes de muchos tipos, e incluso se jactaba de ellos y el público y el locutor parecían esperar el momento cuando cerraba su participación con esas frases elaboradas por el patetismo colectivo disfrazado de sabiduría popular y absoluta. Recuerdo que mi padre me señaló la radio – aparato sempiterno en los anaqueles de mi familia – y me dijo con sorna que escuchara a tremenda loca sin quehacer echarle pestes a medio mundo.

A la pequeñita, sin embargo, la violaron en el más absoluto silencio y discreción. Nadie supo del asunto: ni los periódicos ni la radio ni la televisión. Quizá solamente el Ministerio Público; pero no estoy seguro, y menos si la había violado un primo de treinta y tantos. Mi madre sí se enteró, y también otro vecino que trabajaba como bombero, que ayudaron a la madre – soltera, con un rostro absurdo que asemejaba una estatua remota dentro de una covacha que se incendia con solemnidad – a atender a su hija y llevarla a la clinica 20 del Seguro Social. Si intentaron persuadirla para que denunciara, no me consta, pero el rostro amargo, triste e impotente de mi madre me invitaba a reflexiones inefables y angustias prematuras.

Supuse que la señora Quevedo tomaría el teléfono para incendiar un poco la radio, y que esta vez mi padre escucharía con seriedad. ¡El asunto había sido en nuestra calle! Y mi padre es de humor negro, pero tampoco le gusta reír en medio de las tinieblas. Sin embargo, nada. En absoluto. La voz aguda y agrietada de doña Quevedo salió al aire con puntualidad, pero nada de la niña violada; ningún comentario, y peor que el silencio, la omisión provoca desazones que demandan explicación.

Día y medio después mi madre le preguntó a Quevedo, en la banqueta, si había escuchado sobre el asunto contiguo a su casa. Cuál asunto, preguntó la mujerona de cincuenta y pocos. El de la niña, insistió mi madre. La señora alzó una ceja – la izquierda, supongo – y volvió a decir que no, y antes de que mi mamá pudiera seguir evidenciando su inconciencia, un desconocimiento que irritaba a una mujer que se había autoproclamado como voz de la profecía criminológica, alzó los ojos con muchísima suficiencia y dijo: si no salió en los periódicos o noticieros yo no me entero; para mi es como si no hubiera pasado, y ojos que no ven, corazón que no siente, doctora.

Y cada vez que pienso en el crimen de esta ciudad, y su sociedad, en su gente que circula como sangre en pleno shock hemolítico, intento concebir como pueden cohabitar y convivir con todo lo que sucede, y todo lo que creen que sucede, y peor aun: todo lo que no saben que sucede, y que puede acontecer, que aguarda ahí, quieto y silencioso, avecinado en forma inofensiva, acumulado como montículos de basura cuyas pestilencias más profundas son las que terminarán por aplastarnos.

12 comentarios:

xmonkeynutsx dijo...

primerooo ¡¡¡ ... aahh y para de mamar esta mu largo el post...

borregata dijo...

Me ha gustado mucho este post. Tijuana se presta para aplicar muchos refranes, sabiduría popular diría mi abuela inexistente, lo único que provocan es que te sientas menos pendejo ante las desgracias como cuando haces tres horas de línea para comprar garbage al otro lado. Mal de muchos, remedio de tontos, a menos que tengas Sentri. Lo mamón es que hay veces que los refranes se contraponen. Agua que no has de beber déjala correr y entonces que putas hago con eso de más vale pájaro en mano que siento (bonito) volando. Tons qué picho, cacho o dejo batear.

De seguro habrá lectores pendejos que quieren leer sobre tetas, culos y miasmas envolventes fatídicas de la riberam pero a mi me ha gustado este post

César dijo...

Me gustan tus posts de tetas y culos.

Pero éste también es muy bueno.

Daredevil Tam dijo...

De todo el tiempo que tengo leyendo el sitio esta es la primera vez que me llega a doler un post...

cudik dijo...

esta muy bueno, no digo que no, pero se lee muy largo pues es muy pesado y se leen rebuscadas algunas palabras...

El Contador Ilustrado dijo...

dificil dificil

Anónimo dijo...

Hoy por ti, por eso te limpio el culo dejando un cometario super profundo, para que despues tu me limpies el culo en mis posts. Si la culpa no la tiene el indio, ...

Anónimo dijo...

Hoy por ti, por eso te limpio el culo dejando un cometario super profundo, para que despues tu me limpies el culo en mis posts. Si la culpa no la tiene el indio, ...

Fede Fiesta dijo...

hmmm, muy pocos comentarios. La verdad la verdad a mi si me gusto.

Saludirris.

Manuel ven a mamarme la verga dijo...

CHINGAS A TU PUTISIMA MADREEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!! >:D

KE+DA dijo...

que cara de puto tienes cabron. ¡MATATE! :)

Anónimo dijo...

La verdad es que no lo lei y me debes dinero xD!

Blogalaxia