viernes, 16 de octubre de 2009

Los que sobreviven


Todo el que me conoce y todo el que se entera quién soy termina por preguntarme qué memoria guardo de aquel día. No puedo evitar la decepción de mis entrevistadores cuando respondo que el único recuerdo que tengo es la Cabbage Patch que mi papá me regaló cuando íbamos en el carro, camino al restaurante. La muñeca era morena, de ojos cafés, cabello castaño muy, muy rizado y las clásicas enormes mejillas rosadas; su etiqueta de nacimiento decía que se llamaba Joy Killian. Cuando abrí el regalo lo único que pude pensar fue que Joy - había decidido ignorar el Killian - no tenía el vestido rosa, los ojos azul cielo y el cabello rubio de Mackenzie Ruth, la cabbage de Sara, mi amiga del colegio.

Mi padre me preguntó si me había gustado la muñeca y sin siquiera esperar a que respondiera su pregunta - sus años como presidente lo habían acostumbrado a recibir una sola respuesta que, sobra decir, jamás era negativa - me dijo que fuera buena niña, me sentara a su lado callada y jugara con Joy hasta el final de la comida. Recuerdo pensar que Sara se burlaría de mi muñeca, de su overol con flores, sus enormes rizos y su nariz tan ancha. Y eso es todo. No guardo algo más en mi memoria sobre aquel histórico día.

Hay quienes dicen que es una lástima, pues soy la única sobreviviente que estuvo aquella reunión. Hay quienes incluso se molestan con mis recuerdos infantiles y vanos; consideran que es un desperdicio para la Historia que yo esté hablando de muñecas y riñas con compañeras del colegio. Olvidan que sólo era una niña y que - a diferencia de los demás en aquella mesa - no tenía idea alguna de lo que se estaba negociando entre carpaccio y botellas de tequila. Además, si recordara algo no desearía compartirlo, no veo razón para hacerlo: todos sabemos lo que sucedió aquel día, todos imaginamos cómo se negoció y pactó la venta del país y todos estamos conscientes de lo que pasó después de eso. ¿Especificar qué platillo ordenó cada uno de los comensales haría la diferencia?

Otra pregunta que me formulan constantemente - ya cuando creen haber ganado más confianza de mi parte - es si guardo o no rencor a mi padre por haber vendido nuestro país, nuestro México. Inmediatamente respondo que no, que si a alguien resiento es a quienes lo mataron y nunca dudo en agregar que ellos y yo nunca compartimos un país. Mi México no era para nada parecido a su México, la única similitud que compartían nuestros países era el territorio, y quizás ni eso. Había rincones de la nación que yo jamás conocí y a los que jamás me habría sido permitido dirigirme; imagino que ellos también se movían en fronteras diferentes, en realidades muy distintas.

Mi México no cambió mucho después de la venta. Mi papá dejó de ser presidente de un día a otro y pasó a ser un subordinado más... A las pocas semanas, a manos de un par de idealistas inconformes, mi padre fue asesinado. Esos fueron realmente los único cambios que experimenté. Por lo demás, mi estilo de vida no varió en mucho: una mudanza a otra ciudad, más seguridad a mi alrededor, más clases en inglés dentro de mi colegio de monjas... Por lo demás, mi México seguía siendo igual, no lo extraño pues realmente nunca lo perdí.

En cuanto al otro México, ese que se describe en los libros de historia actuales y aquel más idealizado que se pinta en los panfletos separatistas que cada día circulan menos, no veo porqué alguien lo extrañaría. ¿Para qué querría alguien volver a ese país? ¿Es por aquello que llaman orgullo nacional? ¿Y de qué sirve llamarse mexicano si no tienes qué comer? ¿Si tu país vivía sitiado por la pobreza, el caos, el hambre, el crimen y la corrupción podrías gritar con orgullo "¡Viva México!"?

A veces, quienes están más preparados, me responden que es mucho más que una cuestión de nacionalismo, que es un asunto de soberanía, autodeterminación e independencia; que al haber vendido el país mi padre deshonró la lucha de todos aquellos que hace 220 - ó 120 - años lucharon para que este país fuese independiente y para que sus habitantes decidieran cómo gobernarlo. No puedo evitar reírme ante tal planteamiento. Mi madre era la mujer más cercana al último presidente de la nación, la que lo escuchaba casi todas las noches desde su almohada; nadie mejor que ella podría contar la frustración de mi padre al darse cuenta que el país de ensueño que muchos se han construido no se podía gobernar. México nunca fue soberano, jamás tuvo la capacidad - o quizás la voluntad - de tomar sus propias decisiones, siempre se sometió a los deseos de alguien más: algún vecino más poderoso, algún empresario multimillonario, algún narcotraficante con más armas que el ejército. La autodeterminación en aquel país siempre fue una broma de muy mal gusto.

Y no. Por supuesto que no apoyo las revueltas separatistas que mis auto-proclamados compatriotas arman buscando una nueva independencia. Rechazo esas supuestas amenazas de guerra organizadas por los antiguos empresarios corruptos, militares sin funciones y líderes del crimen organizado que ya no pueden operar en este nuevo país como desean y vuelven a poner el discurso nacionalista al servicio de sus propósitos, como hace 220 - ó 120 - años. Tampoco respaldo a las ignorantes clases bajas que obedecen a sus nuevos caudillos creyendo, otra vez, que los criollos y los indígenas luchan por la misma causa. Y no me enorgullecería llamarme mexicana de nuevo, simplemente porque no me enorgullece pertenecer a un país de pobres, a un país de ilegales, a un país de eternas promesas, esperanzas y desilusiones. No me interesa ser parte de una nación de fracasos.

Eventualmente todo el que me conoce y todo el que se entera de quién soy termina por ofenderse y escandalizarse con mis declaraciones. Eventualmente todos dejan de preguntarme sobre mi padre, sobre mi país, sobre aquel día y sobre estos días. Eventualmente todos se marchan, seguramente a decir a sus conocidos que María Calderón es una traidora, igual que su padre.

19 comentarios:

Ulisa Marrana-82 dijo...

estuvo mas o menos el post, casi no me dormi.

Salsas loco.

Anónimo dijo...

estuvo genial el post XD, espero k se incluya en la lista de cuentos XD

Manolo

Manuel dijo...

Bueno, muy bueno, todos somos consientes, pero ha nadie se nos acciona el gatillo. hasta que estamos con la mierda a 5 arriba del cuello

Tritza dijo...

excelentttts!!!

Kyuuketsuki dijo...

Excelente, Beto. Te la prolongaste.

Lex Addictive dijo...

que buen final hasta me hizo llorar

Daniel dijo...

Y ojalá hubieras puesto que la Cabagge pasó a gobernar a la Nación Bajacaliforniana Libre y Autónoma. A su padre sin duda le pagaron con cheque de rebote. DSB

Mar dijo...

Comparto la opinión de tu María Calderón: de nada sirve el orgullo mexicano o el patriotismo si vives en una nación que no te da de comer.

Mejor que nos absorba EUA y con ello, todas las niñas podrían pronunciar correctamente el nombre de sus Kabage Patch.

Chido.

Anónimo dijo...

me gustó mucho! ya extrañaba los posts como este. ha habido varios buenos, pero la verdad es que van tres semanas de temas que están para aventar al baño y bajarle, y tu no caiste en lo obvio (como por ejemplo, en ese asco de tema que fue anónimo, lo obvio era hablar de los anónimos en los blogs y tú también variaste). muy bien!

Anónimo dijo...

PS. una disculpa si el que pone los temas eres tú y te pareció ofensivo mi comentario, no sé quién sea, pero quiero hablar con sinceridad. Los últimos tres temas han estado de fastidio. El de aniversario se entiende porque hay que festejar, pero habría que regresar a la normalidad antes de sacar más temas como estos. van tres semanas en las que en general considero que recolectivo ha estado algo aburrido.

Rox dijo...

Felicidades Beto, cada día soy mas fan! :)

EnNa dijo...

Muy buen post. El mejor (y eso que soy Kabeza-fanz) puesto que nos haces ver algo en lo que no hemos reparado... ¿será que en realidad a los de allá les fue mejor?

Yo creo que sí.

Gracias por compartir las letras ;)

Anónimo dijo...

que mamon

wp1957 dijo...

Pues sí.
Por mas que estudie, no hay trabajos o estoy sobrecapacitado.

Sueldos de risa para pagar servicios cobrados como de primer mundo.

Ahorrar imposible, pues hay solo lo suficiente para sobrevivir.

Y llegar a la vejez es de lo más triste en el país. IMSS con desabasto y pensiones de hambre.

chilangelina dijo...

Me gusta el texto en general, aunque... mmm.. no estoy segura de que el apellido Calderón tenga la fuerza necesaria para un escenario así. Se necesitaría una personalidad más "SalinasdeGortaricezca".

Por lo demás, el elemento de sorpresa al final, bien manejado; al menos para mí logró el efecto desado.

Saluditos.

Anónimo dijo...

te la mamaste

Anónimo dijo...

¡Casate conmigo!

Meryone dijo...

oh...

me siento entre extranjera (qué raro) y en un cuento de bryce pero mexicano

algo raro

besos

ps. en gachupilandia les llamamos muñecas repollo. y siempre quise una y nunca tuve

dayanna* dijo...

No mames, me tardé muchísimo en leer esta belleza.. Pinche TEC que me quita el tiempo y no me deja leerte.. WOW te amé aún más jajaja ;)

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