sábado, 13 de febrero de 2010

En tránsito



Un marzo volé a Montreal para tomar un bus a Quebec. No llegué a tiempo del aeropuerto a la estación de autobús, y el último se fue sin mí.

Viéndolo del lado amargo, no hay peor cosa que dormir en una estación o en un aeropuerto. No hay nada abierto, más que máquinas de papitas. No hay nada que te haga extrañar más la comida de tu casa que comer papitas extranjeras en la madrugada. El tiempo se detiene, y te haces más alerta viendo tantos extraños, intentando divinar sus intenciones, y es imposible conciliar el sueño aunque se pudiera dormir en esas sillas baratas pegadas con descansabrazo entre cada asiento.

El taxista que me llevó del aeropuerto a la estación estimó que menos del veinticinco por ciento de los residentes de Montreal hablan inglés, pero entre mi miserable francés y gestos, pude mendigar un cigarro de un hombre que discutía impacientemente por teléfono, lo cual después supe que es una ofensa increíble puesto que en ese entonces costaban por lo menos el cuádruple que en México.

Viéndolo del lado agridulce, la soledad y el aislamiento puede ser sumamente agradable. Desde el momento en el que te conviertes en un número al pisar un puerto, y fluyes entre los mares de extraños- las diferentes caras y gestos, solemnes y desconectados. Pasas multitudes y vidas enteras al ir del lado contrario en un escalador, y al intentar leer los ojos de diferentes tintes, no hay nada. Y se van, quedando una fresca imagen en tu cerebro de sus caras, su ropa, sus olores, para luego desvanecerse y reclicarse en tus neuronas.

Estos son los momentos donde te llega un sentimiento de emoción que a veces no se puede contener y se escapa en una estúpida sonrisa. Donde tú decides quién ser, donde puedes reinventarte, fingir que eres un cojo, o un retrasado mental. Donde por un momento nadie sabe tu nombre, y nadie sepa en qué parte del mundo estás exactamente.

"Está en tránsito", murmullan algunos en su interior, al acordarse de ti.

Me percaté de mi estúpida sonrisa, al tiempo que vi una rubia algo sucia, con Crocs y curitas en todos los dedos. Escribía en su diario, ocasionalmente viendo el reloj. Maté algo de tiempo jugando en mi laptop, al tiempo que me la veía e intentaba descifrar qué clase de persona era la viajera. Su cabello maltratado, envuelto en una cola, al igual que su calzado, me hablaron de una mujer que intentaba pasar desapercibida, pero que a la vez moría por que alguien se interesara en ella, preguntándole por qué todos sus dedos estaban heridos.

Pasé horas entretenido, viéndola como se levantaba para estirarse, escribía un poco e intentaba dormirse, sin suerte. Iba y venía al baño pero no estaba tomando agua. Yo sé que sintió mi presencia, puesto que siempre volvía a una silla lo suficientemente cerca de mi para estar en el rango de mi vista, y de reojo vi su cabeza virar hacia mi cuando compró comida chatarra de la triste máquina.

Antes del amanecer, anunciaron la llegada del autobús a Quebec. Para ese entonces llegaron otros viajeros, la mayoría en condiciones frescas, quienes se mantenían al margen de nosotros los desvalagados.

Con mi mochila, ocupé dos asientos estratégicamente, y la rubia hizo lo mismo, algunos asientos enfrente. Al llenarse el bus, un hombre gordo se sentó a su lado, pero ella se quitó, y para mi gran sorpresa, se vino a sentar conmigo.

Afortunadamente hablaba inglés y entablamos una conversación natural, casual- y curiosamente tuvimos mucha química. Ella venía viajando desde algún pueblo de British Columbia, y tenía una semana sin parar, todo para ver a su hermana quien acababa de tener su primer hija. Éramos de la misma edad, y fue algo muy cómodo para los dos encontrarnos. Hice caso omiso de sus dedos, pero sí le pregunté qué tanto escribía en su diario. Unas cosas del doctor, me dijo. Así lo dejé, y cuando ella me preguntó por mi laptop, le dije que estaba escribiendo un libro. La hice reir unas cuantas veces.

No pude dejar de pensar en lo que ella estaba escribiendo. ¿Cosas del doctor? No se veía embarazada, ¿habría abortado? ¿Tenía una enfermedad terminal, y era éste su último viaje? La forma en la cual abruptamente evadió contestarle una simple pregunta a un extraño que nunca iba a volver a ver, despertó una curiosidad incontrolable en mí.

Lamentablemente insistí mucho en leer su diario, y me dijo simplemente que no tenía por qué decirme y se quedó callada, fulminando nuestro ritmo de conversación. Me quedé viendo un tiempo por la ventana intentando ignorarla, y me quedé dormido. Unas cuántas paradas antes de la mía, ella se bajó y se despidió, dándome su email en un papelito.


Llegando a Quebec, corrí ocho metros de la estación a un taxi en medio de una tormenta de nieve, y casi muero. Tras darle direcciones, esta vez en quebrado francés, me recargué en la ventana viendo la nieve.



Perdí el papelito con su email, y no recuerdo su nombre. El libro que escribía nunca lo terminé.
Pero todo sigue en orden, como debe de ser. Porque cuando pisas un puerto eres un número, y cuando llegas a tu destino, eres otra persona. El tránsito entre ellos nomás lo conoces tú, y para el caso, jamás existió.

15 comentarios:

YoSabina dijo...

A veces, yo también trato de pasar desapercibida, y estoy en algún lugar esperando que alguien se dije en mí. Que me quiera por ser yo. Que desee más que mi cuerpo.

No sé quién he sido y aún no puedo saber quién seré.

YoSabina

Alejo Carpentier dijo...

Impresionante.

Pancake dijo...

Ella es uno de esos desconocidos que marcan momentos de nuestras vidas.
Al final, fue bueno que hubieses perdido el autobús.

Ave Fenice dijo...

Yo creo que se moria de ganas de contarte lo que escribia en su diario, solo que se estaba haciendo del rogar.

Anónimo dijo...

por el modo en que la describiste.. para mi que tenia schizophrenia. que pedo con las curitas en los dedos? escribia en su diario sus emociones para luego entregarselas a su psicologo.

se acordara de ti? ;)

Anónimo dijo...

que hueva

Anónimo dijo...

Maestro (es como decirte pendejo acá en México), Estás perdiendo el toque...,a quíen quieres agradar o quedar bien ?, 'mames...

salaverga dijo...

De tantas veces que he perdido el toque me dan ganas de tatuármelo para que ya no dejarlo por todas partes, o de perdida colgarlo en un llaverito

Anónimo dijo...

El comentario y opinion aqui mostrado es mi responsabilidad: chinga tu madre salaverga por no quitarle el librito y ver que chingados decia.

Las replicas a mi opinion son responsabilidad de cada autor y/o lector, asi que tranquilos vatos!

Anónimo dijo...

El de arriba es PUTO

Anónimo dijo...

Pinche salaverga, no sabía que también escribías "en serio" por así decirlo, pero que chingón. Ahora en lugar de leer tu blog de pendejadas voy a tener que leer este también jaja. Igual que con el blog del Falso Profeta.

Tampoco sabía que eras de Hermosora Sonillo.

daniela sfm dijo...

cierto muy cierto. que bonito, que libertad en ese inter.
me gustó mucho el último párrafo.

Anónimo dijo...

YoSabina dijo...
... y estoy en algún lugar esperando que alguien se dije en mí.


dije o fije?

Que me quiera por ser yo. Que desee más que mi cuerpo.

Ayayay has de estar muy buena hijaputa.

No sé quién he sido y aún no puedo saber quién seré.


Vuelvo a decirlo, pinche vieja mamona y pretenciosa.

Juan Pablo Castillo dijo...

Jajaja pinche raza que deja comentarios en serio... no sean así, pongan puras mamadas, para eso es esto =)

P.D. La vieja tenía curitas en los dedos porque estaba aprendiendo a surcir pero no tenía dedal ;(
P.D.2. El we que puso Hermosora Sonillo se llama Gus Barraza y estudia medicina en renombrada escuela y le gusta salaverga jajaja
P.D.3. Salaverga no mames! Mi nuevo jefe se parece un vergo a ti caricaturizado! Lo vi, y el bato así: haz de cuenta que se escapó de uno de tus cartoons. Pinche sensación cagante de no poderte orinar en su cara de la risa.

Anónimo dijo...

Ya sube el del sábado ):

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