lunes, 26 de abril de 2010

Las Ideas del Bestiario



Toda idea es ridícula por antonomasia. Es el nivel del histrión lo que la dota del patetismo necesario para que sea solemne o absurda. No es lo mismo un Che Guevara hablando de libertad que Andrés Manuel López Obrador, aun cuando la vida de este último contenga menos contradicciones. No es lo mismo tampoco Karl Marx que Groucho Marx. En realidad mucho del efecto en una idea converge en el interlocutor.

La idea, excepto para el que la concibe, es una estampa. El grueso de la gente, de nosotros los medianos, estamos acostumbrados a concebir a los individuos como ideas. Los heroes, personajes históricos, artistas y escritores o nuestros padres también son una idea. Los que escriben aquí también se las han apañado para concretar alguna idea en el otro.

Conforme crecemos y nuestro juicio se complica o se estructura, confinando métodos y sistemas, (de)construyendonos, terminamos pensando a través de definiciones. Es inevitable. Algunas son correctas y otras no. Pero tampoco importa, porque también el error y el acierto son variables sujetos a la temporalidad y el devenir. Nada es concreto ni categórico para siempre. La única verdad absoluta, quizá, es que todo es relativo.

De esa forma nos la arreglamos para dilucidar cualidades y defectos. Todos nos volvemos grandes antropólogos cuando de convivir se trata. Los más profundos sienten asir la condición humana en el fregadero social donde flotan. Y bueno, desde que apareció la psicología, cada vez es más fácil definir a una persona, adherirle ideas, tasarlo y reducirlo a esto o aquello. Es lo más sano. Es comprensible: si no lo hicieramos, probablemente la otredad nos volvería locos o nos matariamos todavía más.

De hecho, una de las explicaciones de la criminología postestructuralista recita que asesinamos cuando ya no existe ninguna idea que nos permita tolerar la vida del otro ¿A poco no dan ganas de matar cuando nos cansamos de decirle estúpido y desconsiderado al que maneja mal?

¿O de condenar a muerte al secuestrador, al narcotraficante, al violador y al asesino cuando el exceso de crimenes rebasa nuestra comprensión y dejamos de entender o hallar un porqué? ¿A poco no es más sencillo asesinar cuando cesamos de comprender al otro? Estoy seguro además que el homicidio y la ejecución serían prácticas todavía más generalizadas si la moral y las leyes no contuvieran al grueso de la población en este país.

Probablemente el asunto estriba en todo el almanaque de ideas que utilizamos como puentes entre uno y los otros. Vivimos y compartimos con la otredad a través de mediciones y tasas bien específicas. Una persona cualquiera, al final del día, habrá dejado en un número indeterminado de gentes impresiones variadas: habrá unos que lo consideren justo, otros que lo consideren estúpido, otros lo tacharán de transa, otros de idiota o ignorante. Unos lo llamarán triunfador y otros fracasado. Unos pensarán que es arrogante y otros se jactarán de conocerlo mejor y decir que en realidad es una persona muy sencilla y modesta. El ideario que cabe en un solo individuo basta para definir a toda la humanidad. Cada uno de nosotros es la medida de los otros, o quizá de toda una sociedad.

Sin embargo, es muy poco probable que al final del día nos digamos, después de haber convivido con dos, tres, cuatro o cien personas: hoy conviví simple y llanamente con seres humanos. Sería imposible. Unos me dirán que sin juicios e ideas respecto al otro sería imposible conocer a los demás, y nuestras relaciones serían perpetuamente superficiales o distantes. Unos me dirán que estoy rebasando un budismo trasnochado y que me estoy volviendo ridículamente humanista. Pero no lo sé. Quizá cabrían muchos ejercicios o ejemplos para analizar y concluir la mejor manera de relacionarnos con los otros. Yo puedo proponer uno: ¿cuantos de ustedes creen o suponen que saben algo de los que escriben aquí por lo que han leido?

¿Cuantos de ustedes han dicho: este bato es un idiota, o una puta, o una pendeja, o un mamón, o un pretencioso, o le gusta esto, o le gusta por aquí, o seguro se viste así y habla asá?

Yo si lo he hecho. Lo confieso. Lo hago por deporte, porque a veces es más sencillo edificar ideas sobre el otro, o quizá también sobre alguna situación o realidad. Es imposible no opinar o elucubrar ideas. Así somos las personas: tenemos que explicarnos las cosas de alguna manera. No importa que al final sea de la manera más ridícula: con ideas.

6 comentarios:

Elhomar dijo...

En Google Chrome las letras del post se desacomodan y aparecen a la derecha de tu foto, no se si sea un error que pudieran checar. Saludos y felicidades!

Anónimo dijo...

puto el manuel y todos sus seguidores (cuales!!!!!)

controlzape dijo...

Muy cierto. Los que me conocen después de leerme, por ejemplo, pasan por un ejercicio de desencantamiento que desemboca en puro repudio. Me dan lástima porque yo les llevo ventaja.

●•• √эиuⓩ ••● dijo...

Jajajaja!!! tienes toda la razón, y mejor ni te digo lo que estoy pensando en este instante después de leer tu post!!!

Daah... nada malo eh! buen dia!

Anónimo dijo...

Venuz
chinga tu madre.

Anónimo dijo...

estoy enamorada de ti

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